El ideario que me ha inspirado a lo largo de mi vida tiene como centro la construcción del Reino de Dios y su opción por los pobres, es decir una visión utópica. Mi posición en mi práctica como sacerdote y académico está marcada por este ideario, al relacionar las ciencias teológicas y las ciencias sociales lo he hecho desde este horizonte de vigilancia epistemológica, evitando que los prejuicios, religiosos o académicos, impidan ver que el horizonte se encuentra en la construcción de ese Reino.
Por ello, no me suscribo a cualquier paradigma teológico. Hasta el Concilio Vaticano II, se consideraban “lugares teológicos” (condiciones necesarias para la reflexión teológica) la biblia, el magisterio dogmático y la tradición. El método teológico era, pues, “deductivo” o doctrinal (“el discurso doctrinal es producido en un lugar distinto y distante de la situación de los sujetos receptores”).
El Papa Juan XXIII[1] añadió a dichos “lugares teológicos” otro más: los “signos de los tiempos”, es decir, hechos, movimientos, fenómenos sociales, etc., que constatan por dónde estaría actuando el Espíritu Santo en determinado momento de la historia. Esto, por supuesto, contando con el concurso humano, nuestra “complicidad” con él, aunque fuésemos un insignificante polvillo de arena, en una balanza bien equilibrada, ese granito podría ser determinante. Se trataría, pues, de un “método inductivo” de reflexión teológica, que surge de estar y participar en el mundo, por ello las ciencias sociales (antropología, sociología, etc.) son importantes.
Nuestro paradigma teológico, habrá que colocarse desde la perspectiva de Dios, es decir: desde los pobres, oprimidos, marginados, explotados, “sobrantes”, etc. Esto, en sentido transformador, en conformidad a la voluntad de Dios: colaborar a la construcción de su Reino, tal como la define el prefacio a la fiesta de Cristo Rey: “Reino de justicia, de paz, de verdad, de libertad y de gracia”
Tampoco se puede utilizar cualquier método de ciencias sociales. Según el imprescindible libro de Tomas Kuhn[2], las ciencias no conocen directamente la realidad, sino que requieren de algún modelo que la represente, consensuado por la comunidad científica. Ninguno de estos modelos se adecúa plenamente a ella; pero “la ciencia normal” puede trabajar con él; aunque queden algunas “anomalías” sin atender. Si dichas anomalías no importan mucho, pueden ser ignoradas; pero cuando dichas anomalías ignoran aspectos importantes ante los nuevos desarrollos, la investigación científica construye otro mejor modelo que reemplace al anterior. En las ciencias “duras” (matemáticas, física, química, etc.), esto se da sin problema; pero; pero en las ciencias sociales (historia, sociología, política etc.), los científicos no pueden ponerse acuerdo, pues no son “neutrales”, ya que cada cual está implicado en su propio objeto de estudio, con sus propios intereses u opciones. Por esta razón, los “paradigmas” sociales divergen según los respectivos intereses. Se requiere, pues, de un paradigma que visibilice las contradicciones de la sociedad, en especial, sus antagonismos[3].
Si “la vista de un punto es siempre un punto de vista”, es relevante la situación en la que el observador esté colocado. Hay una línea metodológica que delinea nuestro paradigma que busca descentrar la “objetividad” de la ciencia como forma de comprender el mundo y desvelar su parcialidad. Esta línea metodológica invita a denunciar también los sesgos cientificistas que excluyen de la academia lo religioso, olvidando que forma parte de la compleja expresión humana y que juega un papel importante en la configuración del orden social. Esta metodología que se distancia y critica el positivismo (remanente en el ejercicio científico de la actualidad) para postular un método que permita comprender la diversidad del mundo no desde la supuesta neutralidad, sino en favor de transformarlo desde un horizonte utópico.
Estas son las líneas generales que marcaron las pautas de mi trabajo y que les comparto para inspirar y orientar el proyecto que como una semilla guarda mi legado. Quien se sume será tierra fértil para hacerla crecer.
[1] Humanae Salutis. Constitución apostólica por la que se convoca al Concilio Vaticano II.
[2] Kuhn, Thomas: «La estructura de las revoluciones científicas», publicado originalmente en 1962.
[3] v.gr. el funcionalismo constata las diversas funciones que cumple una realidad social; el estructuralismo constata su configuración interna; el culturalismo, constata en qué momento, determinada realidad social se encuentra dentro del “contínuum folk-urbano”, etc.
Religión y sociedad
La presente Página pretende esclarecer la relación entre las ciencias teológicas y las ciencias sociales.
Tesis central: Abordar lo religioso, combinando las ciencias sociales y las ciencias religiosas, resulta heurístico para los interesados en la actuación de lo religioso en la sociedad.
Destinatarios probables:
1) Los académicos que investigan las funciones o efectos que las instituciones religiosas han desempeñan en la historia.
2) Aquellos creyentes comprometidos por la transformación de nuestra sociedad, conforme a los valores de la utopía de Jesús. Para ambos, las ciencias sociales no son algo irrelevante o accidental, sino una mediación necesaria.

Debe estar conectado para enviar un comentario.