Presentación

RELIGIÓN Y SOCIEDAD

La presente Página pretende esclarecer la relación entre las ciencias teológicas y las ciencias sociales. Tesis central: Abordar lo religioso, combinando las ciencias sociales y las ciencias religiosas, resulta heurístico para los interesados en la actuación de lo religioso en la sociedad.

Destinatarios probables:

1) Los académicos que investigan las funciones o efectos que las instituciones religiosas han desempeñan en la historia.

2) Aquellos creyentes comprometidos por la transformación de nuestra sociedad, conforme a los valores de la utopía de Jesús. Para ambos, las ciencias sociales no son algo irrelevante o accidental, sino una mediación necesaria.

Lo religioso se manifiesta a partir de la contradicción más radical y la más antigua: “Lo sagrado” vs “lo profano”.

  • Lo “sagrado” –lo Santo, lo “Numénico”, el Misterio- es esa experiencia ancestral que remite a lo ignoto y lo oculto; algo que fascina y aterroriza a la vez. Algunos lo llaman “Dios”; pero también podría tratarse de un espectro, un aparecido o incluso, algo satánico… cualquier cosa que cause ese temor peculiar – el “pavor”- que suscita el “sentimiento de creatura”. Esa experiencia ancestral es la que posibilitó dioses y religiones.[1]  
  • Lo “profano”, en contraposición, es el plano de los negocios, de las guerras, de las ciencias, de nuestras realidades cotidianas, utilitarias y rutinarias, donde habitualmente nos movemos y donde nada hay que no pueda ser conocido, estudiado o manipulado.

Ambos términos siempre están en contraposición, lo cual no excluye desplazamientos e interferencias:

  1. Sacralizando elementos profanos, es decir, rindiendo culto a los “ídolos”. No me estoy refiriendo a aquellas figurillas que representaban o simbolizaban deidades antiguas, sino, sobre todo,  la sacralización de poderes temporales, deificando las tendencias ególatras del “tener”, del “poder” o del “placer” egoísta.
  2. Profanizando elementos religiosos: cuando se hace uso profano de objetos, lugares o personas pertenecientes al ámbito de lo sagrado, o también, permitiendo que las instituciones religiosas sean utilizadas para fines temporales. Por ejemplo, los “Estados confesionales” y su “unión trono y altar”-, o también, para legitimar sexismos, clasismos, racismos, posiciones políticas contrarias o cualquier otro tipo de discriminación.

Relación entre ciencias sociales y ciencias teológicas

  1. Las ciencias sociales contribuyeron no poco a la crítica exegética que mejoró el conocimiento de la situación sociocultural del Israel antiguo, en general, y del medio en que vivió Jesús, en especial. Gracias al desarrollo de las ciencias paleontológicas y lingüísticas, nosotros, cristianos del siglo XXI, conocemos mejor ese ambiente que los mismos Padres Apostólicos del siglo II.
  2. Como misionero, la antropología mejoró el conocimiento de la cultura y religiones populares (agentes, ritos, mitologías), necesario para una adecuada evangelización de los pobres. También las ciencias sociales me abrieron la presencia en los sectores secularizados de la modernidad, especialmente, en el medio académico.
  3. Como testimonio autobiográfico del complemento entre mis dos vocaciones —sacerdote y científico social— expongo un par de ejemplos:
  • Antes de la reforma constitucional de 1994, el artículo 3° constitucional  proponía la rectoría del Estado en la educación pública, como “obligatoria, universal, inclusiva, gratuita y laica”. La interpretación jacobina de esta prohibición — “hablar de religión en las instituciones públicas de educación” — se extendía también a las ciencias sociales del medio universitario, donde lo debido, era prestar atención a la religión, simplemente como mero fenómeno social, especialmente en países religiosos como el nuestro. De modo que algunas monografías de los pueblos indígenas quedaban “falseadas” (en el sentido de Popper). Antropólogos de cierto renombre se desplazaban hasta las rancherías remotas y buscaban a los informantes más ancianos, para que les recordaran lo que sus abuelos les contaban acerca de los mitos, creencias o ritos antiguos…, pero no “veían”, por ejemplo, la acertada actuación de los sacerdotes oaxaqueños, quienes siguiendo las directrices del arzobispo indigenista de Oaxaca D. Bartolomé Carrasco, en la cabecera municipal se estaban oponiendo a los caciques. Como se pudo constatar posteriormente, aquellos prejuicios jacobinos hacían que México se encontrase en retraso respecto a investigaciones de otros países de Latinoamérica.

     Al incorporarme yo, en cuanto investigador del Instituto de Investigaciones Sociales, a la Universidad Benito Juárez de Oaxaca, y justamente por mi calidad de sacerdote (que ni la ostenté, ni la negué), pude convencer a mis colegas de que dicho tabú constitucional era una ideologización científica. De esta forma, abrí el tema religioso a la investigación social, conjuntamente con la capacidad organizativa del Dr. Elio Masferrer, de la ENAH. Esto desencadenó un boom de congresos, organizaciones, tesis, centros de investigación, publicaciones, etc., de modo que hoy se llevan a cabo anualmente unos ocho congresos de Ciencias Sociales y Religión en México.

  • Durante los debates previos a la promulgación de la mencionada Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público,[2] en el medio académico se conocía muy poco lo que realmente se estaba discutiendo. Ante esto, gracias a mi calidad de sacerdote, pude echar a andar un grupo de trabajo —“Iglesia, Estado y Grupos Laicos” —, financiado por el Consejo Mexicano de Ciencias Sociales (COMECSO), que también dio pie a varios congresos y artículos.
  • Tuve la oportunidad de dirigir mi Pastoral Social en línea transformadora, actuaciones de concientización y organización de los pobladores de zonas populares (la Colonia Hidalgo, de Tlalpan, “La Marranera” del pueblo de La Magdalena Mixhuca, entre basura habitacional y poblacional, y Las Vecindades de Puebla). Constato que lo exitoso de tales actuaciones se debió en buena medida, a la confianza que mantiene la figura del sacerdote entre nuestros pobres de la ciudad. Sin necesidad de distorsionar la Palabra del Evangelio, su comprensión teológica resulta muy esperanzadora y alienta al compromiso (vid mi curso sobre Pastoral Social Urbana Transformadora – en construcción).

PRINCIPIOS TEÓRICO METODOLÓGICOS

I  No puede haber contradicción entre una fe críticamente fundamentada sin interferencias ideológicas, y una proposición científica y objetiva sin interferencias ideológicas: es el mismo Dios que se manifiesta en la fe, en la historia y en la creación. 

  • El positivismo evolucionista de Augusto Comte, suponía que a lo largo de la historia, se fueron sucedieron tres estadios, siendo el “estadio mágico-religioso”, la cosmovisión primitiva, anterior a los subsecuentes estadios, “filosófico” y “científico positivista”. Esta corriente consideraba la religión como un “estadio ficticio, producto del miedo y la ignorancia” (“la infancia de la humanidad”, según Freud) y vaticinaba la desaparición de la religión. Algunos antropólogos dan otra interpretación: Bronislaw Malinowski, basado en sus observaciones de campo entre los Trobriand, comprobó que “magia, religión y ciencia”, más que sucesiones evolutivas, siempre han coexistido, aunque cumpliendo funciones distintas (construyen su canoa según las leyes de la náutica; pero ésta no sale al mar sin que vaya el chamán para “bendecirla”). Aun aceptando la ley evolutiva de los mencionados tres estadios, no obsta para que en los estadios tardíos persistan elementos de los estadios anteriores, o más bien, que lo religioso se transforme en formas menos mágicas o naturalistas y se aterrice más en la realidad. Al mismo tiempo, desenmascarando el supuesto “estadio superior” —las ciencias positivistas— como un paradigma, hoy en día cuestionado.
  1. Mantener la vigilancia epistemológica para evitar que nuestros inevitables prejuicios de cosmovisión alteren las investigaciones científicas o teológicas

Respetar la autonomía de cada episteme, con profesionalismo y sin interferencias subjetivas, es condicionen de posibilidad nuestras observaciones.

En un Congreso de Antropología de la Religión, donde se discutía sobre los conflictos entre católicos y evangélicos, quien presidía la mesa —el Dr. Roland Campiche, antropólogo suizo— afirmó: “veo que los investigadores católicos defienden a los católicos, y que los investigadores evangélicos defienden a los evangélicos. En este sentido, nosotros los ateos tenemos más ventaja”. A lo que el antropólogo francés Henri Fabre, le respondió: “¡Cuidado! ¡Que también los ateos tienen sus prejuicios!”

    Solemos ver lo que queremos ver. De ahí, por qué los antropólogos y etnólogos, en la redacción de nuestras observaciones de campo, tratemos de evitar los adjetivos calificativos y otros subjetivismos (olía “feo”, una tienda “pequeña”, una casa “rica”). Por eso, algunos etnólogos recomiendan, incluso, no llamar las cosas por su nombre.

  1. Colocarse desde la perspectiva adecuada.
  2. Se dice que “la vista de un punto cualquiera, es siempre un punto de vista”. A un científico, la primera condición que se le pide es la “objetividad”, o sea, que no se deje llevar por prejuicios o “racionalizaciones” subconcientes, sino que vigile que sus percepciones se guíen por la fría razón. Pero “objetividad” no significa “neutralidad”. Todo científico social está “situado”, ya que él mismo forma parte de la sociedad, es decir, su “objeto de su estudio” mismo. Toda colectividad se haya dividida en sectores y clases sociales, de las que —conciente o inconcientemente— todos formamos parte. Por tanto, percibimos la realidad desde una ideología (la afirmación de que no se tiene ideología, constituye ella misma, la peor ideología).

Jesús aconsejaba a sus discípulos, que al ser invitados a un banquete de bodas, no se sentasen en los primeros lugares, para evitar que el encargado del protocolo les pidiera dejar el lugar a otro invitado más importante, y ya que para entonces sólo estarían libres los últimos lugares, tendría que sentarse, no sin vergüenza, en aquellos lugares (Lc 14, 1; 7-11). Pero por otra parte, Jesús puso en relieve la importancia de los últimos lugares: en el pasaje de las “bodas de Caná”: el milagro de la conversión de agua en vino sólo fue percibida por los criados y por los comensales de los últimos lugares (no lo notó siguiera el padrino, quién amonestó al novio por su inexperiencia al dejar el mejor vino para el final (Jn 2, 1-11).

También, en el “banquete” de la sociedad son los “pobres” (los vulnerables, los marginados), quienes tienen la privilegiada visión del conjunto del banquete, pues las clases privilegiadas tienden a deformar la realidad para mantenerla como está o para justificar sus privilegios; pero a los explotados y discriminados les interesa comprender lo mejor posible la realidad en su conjunto, pues lo que ellos tratan es transformarla (Lukács). Por esto mismo, el sabio consejo de ver la realidad desde la “opción por los pobres”, asumida por la Iglesia latinoamericana desde Medellín, desde donde sitúo mi paradigma: “por el bien de todos, primero los pobres”.

    Estando ya en el ocaso de mi vida dejo, a guisa de legado, esta Página —en la que compilo algunos cursos, artículos y aportes científicos y teológicos— para aquellos cristianos que se sienten incómodos ante lenguajes y actuaciones de sectores eclesiales tradicionales, así como para estimular a mis colegas investigadores y académicos. Exhorto a los religiosos jóvenes a interesarse también por las ciencias sociales y a no buscar especializarse exclusivamente en las ciencias teológicas, pues las primeras son indispensables para una pastoral social orientada hacia la transformación social de un mundo con mayor justicia, fraternidad y paz. Les aconsejo combinar la fría racionalidad del científico (indispensable para análisis sociales más exactos), con el ardor amoroso que caracteriza la pasión cristiana en su transmisión misionera. Por último, dejo la custodia de esta Página Web a un grupo de amigos, pidiéndoles mantenerla viva unos años después de muerto. Agradezco su amistad y generosidad, de modo especial a mi amigo Paco Tapia Velázquez, el constructor de la Página y extiendo mi gratitud a mis hermanos claretianos por las facilidades que me dieron para realizarla.


[1] OTTO, Rudolph: “Lo santo: lo racional y lo irracional en la idea de Dios”, Alianza, Barcelona, 20021

[2] Publicada en  el Diario Oficial de la Federación el 15 de julio de 1992.