Experiencias de un viejo confesor para el sacramento de la penitencia

Estoy viviendo en una casa para sacerdotes claretianos ancianos con su templo anexo,  en una colonia de clase media de la ciudad de Morelia. Aunque por nuestra edad, los mayores debiéramos tener mayor libertad y descanso, ante la crisis de personal, colaboramos en el templo (lo que me resulta agradable). Aunque ahora confieso poco, desde mi experiencia de 61 años de confesor, dedico estas líneas, a guisa de legado, algunos consejos y reflexiones. Seguiré el esquema ideal de la normativa eclesiástica para una buena confesión, reinterpretándola cuando haga falta.

  • “Dolor de los pecados”: Cuando hay conciencia de no haber actuado correctamente, se requiere del arrepentimiento. El catecismo distinguía dos formas de arrepentimiento: Se trata del “átero” cuando se hace por el mero temor a las consecuencias (escándalo, reprimenda, cárcel… el infierno). Si la falta es materia grave, obliga la confesión previa a la comunión. El “cóntero” es cuando al penitente le duele haber ofendido a Dios a quien ama sobre todas las cosas y que es muy bondadoso con él. Cuando se alcanza dicha situación de arrepentimiento, Dios ya lo ha perdonado, y en principio, podría seguir comulgando.
  • “Propósito de la enmienda” El “contero” es ya arrepentimiento; pero puede ratificarse con el sincero propósito de la enmienda, lo que implica “apartarse de las ocasiones próximas de pecado” (borrar del celular ciertos páginas, no quedarse a solas con alguien con quien ya haya pecado, etc.).
  • Frecuencia. La norma es confesarse por lo menos una vez al año. El confesor pregunta el tiempo de la confesión anterior. En nuestra parroquia, como he dicho, tenemos pocas confesiones (probablemente otros feligreses vayan a confesarse a otra parte… o muchos dejaron ya de confesarse).
    • Los “añeros” (más de un año de no confesarse), posiblemente hayan dejado de hacerlo por diversas causas: ignorancia, ausencia de sacerdotes, poco desarrollo de la conciencia moral, poca identidad cristiana (secularización), no aceptar que los curas controlen la propia intimidad, vergüenza, temor a regaños, etc. Entonces yo pregunto: “y entonces, ¿por qué confesarse ahora?” Rara vez mencionan un motivo real. Ejemplos: estuvo a punto de chocar y matarse y esto le provocó una sacudida motivada por el miedo. Va a ser padrino de Primera Comunión y se vería mal si no comulga (¡vaya padrino!). Alguna circunstancia le hizo caer en la cuenta de su descuido de sus deberes cristianos, etc. Los “añeros” suelen confesar muy pocos pecados, y por lo general, poco graves. Denota falta de cultivo de la conciencia moral.
    • Los “escrupulosos”: a veces menos de una semana, traen grandes listas de pecados, o una tontería o neurosis (sentimiento de culpabilidad: “porque no me sentía bien”). Cuando había más confesores, había más escrupulosos y lo hacían semanal o quincenalmente.
    • Los de confesión periódica. Se recomienda bimestral o trimestralmente para poder revisar los defectos dominantes (tendencia a mejorar, a estancamiento o a empeoramiento).
  • Confesar los pecados: Para este paso, hay obligación de decir los pecados juzgados como graves. Si se calla deliberadamente alguno de ellos, se invalida la confesión. Esta es la parte medular del artículo y me permito exponer con cierto detenimiento algunos pecados más frecuentes o controvertidos.

Algunos “pecados” frecuentes:

  • “Malas palabras”: Serían los insultos que buscan denigrar, intimidar o humillar en público (por el significado, el tono o la circunstancia). Pero algunos creen que el pecado estriba en la palabra misma. La lingüística dice que el significado de los fonemas es convencional, el fonema en sí mismo no es ni bueno ni malo. Pero en mi experiencia de confesor, a veces, las “malas palabras” parecen “tabú” (el fonema mismo): ej. ante una maniobra imprudente del conductor que va delante, el penitente profirió una palabrota… pero cuando indago, resulta que la ventana iba cerrada y nadie la escuchó, o peor aún, fue solamente pensada y no expresada.
    • Hay otras “malas palabras” que lo son por su connotación clasista: son las palabras “vulgares” (las que usa el vulgo). El lenguaje discrimina: el vulgo llama las cosas por su nombre; pero las élites, para deslindarse de esa gente que no se avergüenza de tener cuerpo, ni de sus órganos relacionados con los humores o repugnantes excrecencias corporales, usan las correspondientes palabras científicas (que alardean de conocer, a diferencia del vulgo que las desconoce) o mediante sinónimos ñoños (“pipí”, “popo”).
    • “No asistir a la misa del domingo”: Para los cristianos, la misa es el centro del domingo: en ella, se recibe la eucaristía, se escucha la Palabra, se reúne la comunidad cristiana, se canta, etc. Pero la no asistencia es quizás el pecado más recurrente. Es frecuente que subyazca un ritual tipo “tabú”: Aquella familia que salió de viaje a otra ciudad, no sabía dónde estaban los templos ni los horarios de misas, buscaron en vano. Otra mujer que estaba enferma y anciana, no podía salir sola y no había nadie que la llevara.
    • No santificar las fiestas: El domingo es el Día del Señor (el Séptimo Día, cuando Dios “descanso”) y Él nos lo regala. ¿Cómo “santificarlo”?  yendo a comer con los abuelos, paseando por el parque, practicando un deporte o un arte, etc. El descanso es fundamentalmente para las clases trabajadoras (por eso la sociedad se los paga). Se permiten las acciones “liberales” (las que en el feudalismo practicaba la nobleza “libre”), y se prohíben los trabajos “serviles” (los que hacían los siervos por obligación). Para los antiguos griegos, la “ataraxia” era el fin de la vida (el “otium”). Para procurarse este tiempo de intenso placer contemplativo, tenían que realizar otras acciones necesarias (el “nec-otium”= negocio). Pero un trabajo enajenado conlleva un ocio también enajenado (estar “de ocioso”, recostado en una poltrona, revisando el celular o viendo lo que caiga en la TV).
    • “Pensar mal”: Algunas personas se confiesan de su criticidad. En estos casos, no se externa a otros esta crítica, sino sólo para ellos mismos. (sin crítica, ¿cómo diferenciar lo cursi de lo elegante, lo verdadero y lo falso, lo correcto de lo incorrecto, lo bueno de lo malo?). Se sienten culpables de pensar por su cuenta, de tener ideas que no son las hegemónicas.
    • Vicios y adicciones (alcoholismo, pornografía, masturbación). Quizás al inicio, cuando todavía podían controlarse, pudo haber habido responsabilidad; pero luego, la voluntad se debilita y ya sale de control. Esto sería asunto del sicoterapeuta.

Pecados según género o edad:

  • Mujeres:
    chismes”; hablar mal de una tercera ausente. A veces, los chismes cohesionan al grupo (en una congregación religiosa). “Desahogo”: platican pormenorizadamente sus quejas, sobre todo contra su esposo o contra sus hijos. Este “pecado” es muy desgastante para el confesor: no paran de hablar, describen con todo detalle y minucia la situación, desahogan su situación de víctima.
    Aborto”. Se considera responsabilidad de la mujer (es la que lo confiesa), y la responsabilidad masculina queda invisibilizada: el padre (“si me sales con tu chistecito, no vuelves a poner los pies en esta casa”); el novio (“Eso es asunto tuyo. Te advertí que te cuidaras. Acaso te ayudo para que abortes”); el canónigo penitenciario, por lo que sé, todavía los sacerdotes no podemos absolver abortos. Se nos pide remitir a la penitenta a quien tiene facultar de absolver pecados “reservados” (los más graves). La pobre muchachita debe acudir a este único sacerdote asignado (lo imagina un anciano enojón), con lo que aumenta el, de por sí, gravoso sentimiento de culpabilidad. Queda, pues, excomulgada y a veces, en peligro de encarcelamiento.
  • Varones:
    «Pornografía» (celular) y masturbación: en los casos de un marido casado con la mujer que ya está en la menopausia.
    «Infidelidad». socialmente se da menor importancia, se juzga con menor rigor y se condena con mayor comprensión al varón que a la mujer
    • Matrimonios: no escuchan ni dialogan, sino que se gritan (condiciones para una corrección: escuchar- precisar – corregir en el momento oportuno, con palabras claras y amables, en voz baja, y no cuando ambos están muy acalorados (“mira, ahora ambos estamos acalorados, ¿qué te parece si nos calmamos y mañana me invitas un cafecito y charlamos”); sobre todo, hacerlo con amor (ponerle carnita): “mira, nos queremos; hemos pasado 30 años casados: no vamos a echar esos años por la borda. Como sabes, yo también me acaloro y me sale lo enojón”.
    • Niños: fueron educados para considerar pecado lo que no conviene a los adultos, a los controles de sus progenitores o autoridades. No se les educa para la libertad, ni para que tomen sus propias decisiones

Omisiones al confesarse (pecados que no se confiesan, por no creer que sean materia de confesión)

  • Por clasismo: Empresarios católicos que participan en la Iglesia; pero que al salir, se quitan su túnica cristiana, pues piensan que Dios no entra en los negocios (salarios injustos, contribuciones omitidas, mercancías deliberadamente defectuosas): “todo el mundo lo hace”
    • Por Indiferencia u omisión: cuando, pudiéndolo hacer, no se realiza algún acto que evite el daño y sus secuelas. Actualmente, la violencia, el crimen organizado, la complejidad de vida urbana, etc., hacen que intervenir se nos dificulte más. Con todo, la parábola del Buen Samaritano nos interpela a no “pasar de lado”, como el sacerdote o el levita en la parábola.
    • Por falta de conciencia cívica. Existe en mucha gente cierta animadversión acerca de la política, como si se tratase de una actividad, necesaria; pero vergonzosa. Sin embargo, “la política como negocio, es el más vil. La política como vocación en la más noble”. Aquellos ciudadanos que tienen posibilidades de servir al pueblo con sabiduría y entrega, y se “consagran” a ello viviéndola como una vocación, son dignos de reconocimiento y gratitud. En cambio, quienes “se sirven” del pueblo, los que medran con negocios desde el Gobierno, los corruptos que aprovechan una impunidad sobornada…, merecen la condena social y deben saber que están en una situación de grave pecado.
    • Igualmente, los Partidos políticos que cometen fraude electoral, los ciudadanos que sobornan a jueces y eluden sus “contribuciones” (más que “impuestos”), pecan contra Dios y contra la colectividad, agravado por el mal ejemplo que induce a otros a hacer lo mismo. Lamentablemente, en México ha existido toda una cultura del soborno e impunidad, por lo que solaparla, refuerza esta cultura
    • Los periodistas que escriben o propalan las “fake news”, los partidarios la “posverdad” (“hay que mentir, pues lo que importa es el impacto social”), los lectores asiduos de la oposición olvidan pronto la mentira, pues ya compran la del día siguiente.
    • El aborto. Aunque no hay ningún pronunciamiento dogmático, hay consenso eclesial en su condena, incluso, apoyada en ciertos pasajes bíblicos.[1] Habría que ubicar mejor la controversia: ¿no sería posible oponerse al aborto de modo diferente que agrupándose en torno de los “Provida” (grupos de ultraderecha apoyados por las mineras canadienses) y condenando el “Estado Laico”?

       La controversia actual entre cristianos y grupos que propugnan el aborto, no pertenece tanto al campo de la moral, sino al jurídico y más concretamente, a la noción de “Estado Laico”. En México esta cuestión tiene reminiscencias centenarias, pues remite a los tiempos de la persecución religiosa y de los primeros años del “priato”. Para hacer prevalecer su posición hegemónica en casos como este, la Iglesia alegaba representar a la mayoría de los mexicanos; pero ahora, al perder ostensiblemente su feligresía, ya no puede sostener este argumento, y entonces, cambia de discurso y lo basa en la filosofía del derecho: el “jusnaturalismo” (derecho natural): los Gobiernos tienen la obligación moral de garantizar cualquier vida humana. En el momento actual el Estado Laico ya no es “jacobino”, ni persigue a nadie por su fe, sino que es más democrático. El discurso jurídico prevalente es que ningún grupo ideológico o religioso tiene derecho a utilizar el aparato de Gobierno para imponer a toda la ciudadanía su propia ideología. En las controversias en las que dos partes presentan argumentos serios, el Gobierno no debe tomar partido, sino que lo que le corresponde es simplemente convocar a las partes e instarlas a encontrar un punto de consenso desde la “ética de mínimos”. Así ya lo hicieron las partes contendientes en México y acordaron en que el Estado sólo garantizará la vida del embrión a partir de las doce semanas de embarazo, cuando el cerebro del embrión ya está formado (“positivismo jurídico”). Por supuesto, las iglesias tienen derecho a normar a sus respectivas feligresías en una moral derivada de su dogma, y si en alguna clínica del Gobierno se pretende obligar a un médico católico a abortar, hay que apoyar su derecho a reclamar la “objeción de conciencia”.

  • Diagnóstico. Una vez escuchado al penitente, el confesor hace un diagnóstico general, procurando que sea desde el penitente, más que desde el catecismo. Se fija en los defectos dominantes, en la causa principal de su estado de pecaminosidad, y sugiere al penitente por donde caminar.
  • Recomponer: (expiar, devolver, reparar, entregarse) El verdadero arrepentimiento se demuestra no sólo en relación con Dios, sino también en relación para con los agraviados o las víctimas. En lo posible, hay devolver lo robado (en caso de calumnia, devolver la fama), hay que pedir perdón a la víctima. Cuando los gobiernos han cometido crímenes, el agravio esno sólo a las víctimas personales, sino a la ciudadanía, por esto, cuando no sea posible dar con los culpables, presentan un símbolo de desagravio (monumento a las víctimas del dos de octubre del 68, o el caso de Ayotzinapa). La “penitencia” que impone el confesor, no es un castigo punitivo, sino signo por parte del agraviado de su disposición a la enmienda.
  • La absolución. La confesión es como un juicio (“el tribunal de la confesión”); pero un juicio que siempre es absolutorio. Este es el momento de proclamar la inmensa misericordia de un Padre bueno y de su Hijo Jesús, hermano nuestro quien murió para redimirnos y que, sin tener pecado original, conoció la tentación y supo de nuestra debilidad y de la horrenda maldad de quienes lo despedazaron. “Aunque tus pecados sean rojos como la púrpura, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como la sangre, se volverán blancos como la nieve”. Como le dijo Jesús a la mujer adúltera que cayó en una trampa tendida para ser lapidada: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te condena? Pues tampoco yo te condeno. Anda y no peques más” (Lc 7, 36ss; Jn 8. 1-11). Es la fórmula sacramental de la absolución: “Yo te perdono tus pecados, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”

Y la satisfacción del confesor al ver salir al pecador con una sonrisa de alivio.

Antropología moral:

Desde un “relativismo cultural” [2] mal entendido, y desde la oposición a una Iglesia que reclama ser el único parámetro de moral para toda la sociedad, los antropólogos han prestado poca atención a la modalidad de ciertas costumbres culturales que no alegan bases racionales que las fundamenten (mos- moris= costumbre); pero al no conocer la tonalidad ética de aquellas, muchas pautas se les escapan. Lo moral se imbrica con otras disciplinas: la ética filosófica, el psicoanálisis (neurosis), la teología, las religiones comparadas, etc. La confesión, sobre todo si es periódica, puede ayudar a formar la conciencia moral.

Los aspecto morales de ciertas prácticas culturales se han dejan de lado y se evita darles una valoración desde una dimensión ética. Un ejemplo de esto podría ser los ritos de iniciación, que en algunos casos están relacionados con acciones dañinas para los individuos o contrarias a la ética. Esto en la actualidad se vive en las dinámicas que los jóvenes realizan en las redes sociales poniéndose en riesgo entre sí y a su grupo, pero estas acciones escapan de un análisis de carácter ético.

Confesores y psicoanalistas

  • Un ministerio desagradable: faltan sacerdotes, la confesión es gratuita, hay gran cola de penitentes aguardando y dejan levantar al confesor, etc.
    • El sicoanalista es cada vez es más solicitado entre las clases pudientes y cobra por su terapia.[3]
    • El confesor tiene que hacerle un poco de terapeuta, teólogo, filósofo ético, acompañante espiritual, etc. Debe saber escuchar, darle al penitente todo (y sólo) el tiempo que realmente necesite.
      • El sicoanalista tiene su sesión a tiempo medido.
    • Los confesores suelen tener poca preparación. En las clases de moral en los seminarios apena se alude a su pastoral sacramental. Cuando yo recién me iniciaba de sacerdote, solíamos tener en comunidad una charla mensual llamada “caso de moral”, en la que alguien planteaba un caso, con personajes ficticios (v.gr. Cayus o Titius), y se debatía sobre la solución moral y su aplicación concreta; pero esto ya hace mucho se perdió.
  • El sicoanálisis es una exigente carrera académica, abierta a posgrados. Se pide al candidato que primero haga una carrera de medicina

El clero, ante la falta de vocaciones en una Iglesia que en México perdió su profetismo y abandonó a los jóvenes, tiene como desafío recuperar el sentido del sacramento de la penitencia, pues responde a necesidades que no la


[1] Cuando el Arcángel le anunció a María que iba a ser madre del Mesías y le solicitó su consentimiento, ella no le respondió “en principio, sí; pero déjame pensarlo unas 12 semanas y después te confirmo”. Los cristianos creemos que en el “sí” de María, el Verbo eterno irrumpió en la historia humana. Al visitar a su prima Isabel, en aquel abrazo en el que sendos vientres estuvieron en contacto, Juan sintió algo que le hizo dio saltos de júbilo (quizás lo volvió a sentirlo cuando bautizó a Jesús)

[2] Postura que afirma que las creencias, valores y prácticas de una cultura deben entenderse dentro de sus propios términos, sin ser juzgadas con los estándares de otra cultura. Propuesta por el antropólogo Franz Boas, contra el evolucionismo cultural darwiniano de Tylor, quien proponía que todas las culturas evolucionan pasando por tres etapas, según los estadios de Augusto Comte. Según esto, habría culturas superiores y culturas inferiores (vinculadas a razas). Boas niega cualquier valoración absolutista moral o ética sobre las culturas y se opone al etnocentrismo y universalismo cultural que afirma la existencia de valores, juicios morales y comportamientos con valor absoluto y de carácter universal.

[3] No sé como se evalúe el sicoanálisis grupal, que podría popularizar la terapia

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