Clase 1. APRENDIENDO A VER.

El trabajo por la Justicia, la Paz y la Ecología (“Integridad de la Creación”), no depende sólo de buenas voluntades, ni es algo improvisado y espontáneo. Requiere de mucho rigor y de planteamientos garantizados por las ciencias sociales y humanistas. Para ello se necesita de aprendizajes y educación de nuestros sentidos, de nuestra mente y nuestra voluntad.

  1. ¿Por qué necesitamos “aprender a ver”? (en el “ver” implicamos todos nuestros sentidos: ver, oír, tocar, oler, gustar).
  2. El conocimiento científico parte de los sentidos, para a partir de la percepción de la realidad, abrir el pensamiento crítico.

Necesitamos educar nuestros sentidos, ya que sólo vemos lo que queremos ver”; “no hay peor sordo que el que no quiere oír”. Un mismo objeto (digamos un gato) es percibido de acuerdo a nuestros intereses: para el varón, es útil para cazar ratones; para su esposa, una bonita mascota que acariciar.

  • Cuántas veces, por mirar espectaculares o aparadores, invisibilizamos a una mujer migrante, madre soltera, que solicita ayuda.
  • Tendemos a creer en rumores, a hechos “de oídas” (“me dijeron”).

Hacemos generalizaciones simplistas: visitamos un pueblo: a la entrada vemos un borracho tumbado en la acera. Poco más adelante, vemos otro borracho igual. Estacionamos el carro frente a la tiendo y allí está otro borracho. Generalizamos: “en este pueblo, todo mundo es borracho”… y luego resulta que fueron tres juerguistas trasnochados.

  • Somos víctimas de la manipulación mediática: damos crédito a los mass-media que más que informar, desinforman. Con la aparente “objetividad” de la cámara, la TV nos presenta aquel fragmento de realidad que a los dueños de tales medios interesa que conozcamos.
  • De ahí que tengamos necesidad de “aprender a ver”.

¿Por qué analizar la realidad?

  • Por razones de eficacia.- El trabajo en JPIC no es un trabajo sólo de buena voluntad, de sensibilidad (aunque es necesaria), de providencialismo. Se requiere responsabilidad y por tanto, de eficacia. Si no hacemos un análisis correcto de la realidad, equivocamos nuestros esfuerzos y a veces se produce más daño que provecho.

  • Por razones sicológicas.- Un análisis objetivo de la realidad puede ser interferido por razones sicológicas:
    • Algunos militantes son protagónicos -“¡Qué venga la justicia! Pero que sea yo quien la logre, y que se me reconozca”-, y así se echan a perder procesos.
    • Otros militantes son víctimas de miedos desproporcionados. Es verdad que la lucha por la justicia implica riesgos; pero muchos son riesgos más o menos controlados. Cuando el miedo es desproporcionado, nos paraliza, y no hacemos ya nada.
    • Otros militantes luchan contra autoridades corruptas… pero la sicología revela que contra quien realmente lucha es contra su padre autoritario.

En estos casos, un buen análisis de realidad ayuda a corregir esas motivaciones deformadas.

  • Por razones teológicas.- El Concilio Vaticano II añadió a los “lugares teológicos”, junto con la Revelación bíblica, el magisterio eclesiástico o la auténtica tradición (“quod ab ómnibus, semper et ubiquae credatur”) los “signos de los tiempos”. Estos son fenómenos históricos (sociopolíticos o culturales), que debidamente analizados e interpretados revelan las mediaciones a través de las cuales actúa el Espíritu Santo. “Cuando ven levantarse una nube de oriente, enseguida dicen que lloverá, y así sucede. Cuando sopla el viento del sur dicen que hará calor, y así sucede. ¡Hipócritas! Saben interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo entonces no saben interpretar el momento presente?
  • Por razones espirituales. – El criterio por el que seremos juzgados será por la indiferencia hacia las víctimas de las injusticias (“tuve hambre y me diste de comer…”). Ver a Jesús en los desvalidos es la fuente más cristiana de espiritualidad. Cultivar los dones del Espíritu para actuar conforme a la realidad analizada (sabiduría, ciencia, entendimiento, fortaleza…)

¿Para qué analizar la realidad?

Podemos elaborar nuestros análisis de realidad para atender a diversas finalidades:

  • Para fines académicos.- Las ciencias sociales han avanzado mucho. Si queremos elaborar científicamente estos análisis, se requerirán muchos elementos: elección de paradigma, allegarse suficiente información y datos, estudiar a fondo interpretaciones, someterlos a revisión en debates, congresos, publicaciones, etc. Estos análisis, lo más rigurosos posibles, no suelen requerirse por militantes; pero si se tienen, habrá que utilizarlos.
  • Por razones políticas.- Los políticos, en sus campañas, no piden análisis exhaustivos –muchas veces su elaboración lleva a la esterilidad-, sino que bastan mínimos suficientes. Esto hace que a veces yerran, y esto es una causa de pérdida de confiabilidad.[1]
  • Para fines de planificación.- Para un proyecto de pastoral o de trabajo social, se suele requerir que se parta de VER el conocimiento de la realidad. A veces, se suele tomar de algún informe ya existente; pero lo mejor es elaborarlo por el equipo mismo. Muchas veces no se requiere de demasiada profundidad. De ahí se pasa al JUZGAR, que muchas veces se toma también de alguna revista, con lo que se pierde su utilidad; para terminar con el ACTUAR, que de antemano es lo que se proponía realizar, sin necesidad de proyectos. Por eso se fracasa.
  • Para fines pedagógicos.- El trabajo de JPIC se aboca a la toma de conciencia de las personas. Para ello, un instrumento insustituible es elaborar los análisis con la gente misma implicada. Para ello, habrá que partir de las “necesidades sentidas” y no necesariamente de las “necesidades objetivas”. Pero para de allí, ir ampliando la conciencia a niveles más amplios y mejores.

¿Con qué criterios?

Partiendo ya de la necesidad de que los análisis de realidad sean los adecuados, los cristianos que pretendemos hacer un trabajo digno de JPIC necesitamos de ciertas actitudes criteriológicas:

  • Ver la realidad con los ojos de Dios.- Esto es un supuesto para los creyentes que deseamos que el “nombre de Dios sea glorificado”. Partimos de nuestra disposición de cumplir con la voluntad del padre (“Hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo”). Dios nos mira con amor y misericordia; quiere nuestra salvación y un mundo donde se haga realidad el “Reino de Dios”: (“venga a nosotros tu Reino”).  Sabemos que tiene un proyecto y que el Espíritu Santo actúa en la historia.
  • Ver la realidad desde el pobre.- Es consecuencia de lo anterior: si queremos ver la realidad con los ojos de Dios, sabemos que Dios la ve desde los pobres, los vulnerables, los que lloran, los que padecen injusticias y carencias. Es desde los pobres que se realiza la construcción del Reino. De ahí que la Iglesia haga su opción por el proyecto, el anhelo de los pobres. Por tanto, aquellos “análisis de realidad”, como por ejemplo, los “estudios de mercado” para beneficio de las empresas, deben descartarse en los trabajos de JPIC.
  • Verla sin pretensiones de “neutralidad”.- No obstante lo que se acaba de decir, el conocimiento general y amplio de la realidad global que puedan brindarnos las ciencias sociales –supuesta la necesaria vigilancia espistemológica para la “objetividad”- nos descubre que en ningún caso es posible la “neutralidad”.  Esto lo observamos incluso en la ciencia física, que comprueba que el observador (en este caso, el aparato o instrumento con el que se mide) interfiere en el objeto observado (v.gr., la ruta del electrón). En la actuación humana sobre la realidad global se están debatiendo dos concepciones antagónicas.
  • Ver la realidad objetivamente.- Si pretendemos que nuestros análisis tengan un mínimo de cientificidad se requiere contar con información suficiente y confiable, vigilar que en nuestros juicios no interfieran las “vísceras” (emociones o sentimientos. Ira, envidia, afectos); pero tampoco nuestras ambiciones, neurosis, intereses de cualquier tipo… que puedan bloquear la racionalidad
  • Una de ellas, actualmente representada por el modelo neoliberal, propone hacia las minorías privilegiadas, la maximalización de la ganancia, sin reparar en costos medioambientales, el acrecentamiento de las desigualdades sociales o la violencia que genera. Hacia los pobres, su destino futuro es el “descarte”, ya que son considerados como “población sobrante”. Hacia los sectores medios ofrece el consumismo utilitario, depredador de los recursos naturales, que es lo que produce riqueza.
  • El segundo proyecto –el alternativo representado justamente por la propuesta de “Justicia, Paz y Ecología”—pretende cambiar la fatalidad hegemónica neoliberal, de modo que la riqueza y los adelantos tecnológicos se dirijan en beneficio de todos, especialmente los más pobres. El científico social se encuentra él mismo inmerso en la realidad que investiga, con sus intereses y su inevitable opción de clase. Es conciente de que epistemológicamente, “la vista de un punto es siempre un punto de vista”; que toda percepción está socialmente situada (a no ser para los extraterrestres de otra galaxia), desde cualquiera de los dos modelos anteriores. La mirada desde los pobres es un punto de vista privilegiado, pues su perspectiva garantiza mayor objetividad: los ricos tienden a deformar su visión de realidad para justificarse o legitimarse; mientras que los pobres tienen necesidad de los estudios más exactos posibles de la realidad, pues lo que ellos pretenden es transformarla. Las ciencias sociales no tienen, pues, la misma cientificidad de las llamadas “ciencias duras” (física, química, matemáticas). La economía, concretamente, es como un arte, más que ciencia, para el cuidado de la “casa común”. Un equipo de economista puede organizar “científicamente” una colectividad, con cualquiera de los dos modelos arriba descritos: o bien organizar la economía para canalizar hacia las elites económicas y políticas que los contrataron todos los recursos producidos, o bien organizarla de modo que se procure que TODOS los ciudadanos –partiendo de los más vulnerables- satisfagan del mejor modo posible sus necesidades básicas (Marx diría: “burgueses” o “proletarios”). Ambos análisis pueden ser más o menos “objetivos”; pero previo al análisis concreto existe una opción de índole extraeconómica, que depende de la correlación de las fuerzas políticas y de la clase social con la que se vincula el economista (no tanto de la clase a la que pertenece).

 Ver la realidad en aras de la acción.- No se trata de analizar la realidad por el vano afán de erudición o de estéril justificación. Se trata de cambiarla. Al estar trabajando con esta finalidad, se manifiestan muchos elementos de la realidad que con una mirada meramente contemplativa quedan invisibilizados.

 

Texto complementario:

Otro mundo es posible. Descargar

Ver libro páginas 309-319