Experiencias de un viejo confesor para el sacramento de la penitencia

Estoy viviendo en una casa para sacerdotes claretianos ancianos con su templo anexo,  en una colonia de clase media de la ciudad de Morelia. Aunque por nuestra edad, los mayores debiéramos tener mayor libertad y descanso, ante la crisis de personal, colaboramos en el templo (lo que me resulta agradable). Aunque ahora confieso poco, desde mi experiencia de 61 años de confesor, dedico estas líneas, a guisa de legado, algunos consejos y reflexiones. Seguiré el esquema ideal de la normativa eclesiástica para una buena confesión, reinterpretándola cuando haga falta.

  • “Dolor de los pecados”: Cuando hay conciencia de no haber actuado correctamente, se requiere del arrepentimiento. El catecismo distinguía dos formas de arrepentimiento: Se trata del “átero” cuando se hace por el mero temor a las consecuencias (escándalo, reprimenda, cárcel… el infierno). Si la falta es materia grave, obliga la confesión previa a la comunión. El “cóntero” es cuando al penitente le duele haber ofendido a Dios a quien ama sobre todas las cosas y que es muy bondadoso con él. Cuando se alcanza dicha situación de arrepentimiento, Dios ya lo ha perdonado, y en principio, podría seguir comulgando.
  • “Propósito de la enmienda” El “contero” es ya arrepentimiento; pero puede ratificarse con el sincero propósito de la enmienda, lo que implica “apartarse de las ocasiones próximas de pecado” (borrar del celular ciertos páginas, no quedarse a solas con alguien con quien ya haya pecado, etc.).
  • Frecuencia. La norma es confesarse por lo menos una vez al año. El confesor pregunta el tiempo de la confesión anterior. En nuestra parroquia, como he dicho, tenemos pocas confesiones (probablemente otros feligreses vayan a confesarse a otra parte… o muchos dejaron ya de confesarse).
    • Los “añeros” (más de un año de no confesarse), posiblemente hayan dejado de hacerlo por diversas causas: ignorancia, ausencia de sacerdotes, poco desarrollo de la conciencia moral, poca identidad cristiana (secularización), no aceptar que los curas controlen la propia intimidad, vergüenza, temor a regaños, etc. Entonces yo pregunto: “y entonces, ¿por qué confesarse ahora?” Rara vez mencionan un motivo real. Ejemplos: estuvo a punto de chocar y matarse y esto le provocó una sacudida motivada por el miedo. Va a ser padrino de Primera Comunión y se vería mal si no comulga (¡vaya padrino!). Alguna circunstancia le hizo caer en la cuenta de su descuido de sus deberes cristianos, etc. Los “añeros” suelen confesar muy pocos pecados, y por lo general, poco graves. Denota falta de cultivo de la conciencia moral.
    • Los “escrupulosos”: a veces menos de una semana, traen grandes listas de pecados, o una tontería o neurosis (sentimiento de culpabilidad: “porque no me sentía bien”). Cuando había más confesores, había más escrupulosos y lo hacían semanal o quincenalmente.
    • Los de confesión periódica. Se recomienda bimestral o trimestralmente para poder revisar los defectos dominantes (tendencia a mejorar, a estancamiento o a empeoramiento).
  • Confesar los pecados: Para este paso, hay obligación de decir los pecados juzgados como graves. Si se calla deliberadamente alguno de ellos, se invalida la confesión. Esta es la parte medular del artículo y me permito exponer con cierto detenimiento algunos pecados más frecuentes o controvertidos.

Algunos “pecados” frecuentes:

  • “Malas palabras”: Serían los insultos que buscan denigrar, intimidar o humillar en público (por el significado, el tono o la circunstancia). Pero algunos creen que el pecado estriba en la palabra misma. La lingüística dice que el significado de los fonemas es convencional, el fonema en sí mismo no es ni bueno ni malo. Pero en mi experiencia de confesor, a veces, las “malas palabras” parecen “tabú” (el fonema mismo): ej. ante una maniobra imprudente del conductor que va delante, el penitente profirió una palabrota… pero cuando indago, resulta que la ventana iba cerrada y nadie la escuchó, o peor aún, fue solamente pensada y no expresada.
    • Hay otras “malas palabras” que lo son por su connotación clasista: son las palabras “vulgares” (las que usa el vulgo). El lenguaje discrimina: el vulgo llama las cosas por su nombre; pero las élites, para deslindarse de esa gente que no se avergüenza de tener cuerpo, ni de sus órganos relacionados con los humores o repugnantes excrecencias corporales, usan las correspondientes palabras científicas (que alardean de conocer, a diferencia del vulgo que las desconoce) o mediante sinónimos ñoños (“pipí”, “popo”).
    • “No asistir a la misa del domingo”: Para los cristianos, la misa es el centro del domingo: en ella, se recibe la eucaristía, se escucha la Palabra, se reúne la comunidad cristiana, se canta, etc. Pero la no asistencia es quizás el pecado más recurrente. Es frecuente que subyazca un ritual tipo “tabú”: Aquella familia que salió de viaje a otra ciudad, no sabía dónde estaban los templos ni los horarios de misas, buscaron en vano. Otra mujer que estaba enferma y anciana, no podía salir sola y no había nadie que la llevara.
    • No santificar las fiestas: El domingo es el Día del Señor (el Séptimo Día, cuando Dios “descanso”) y Él nos lo regala. ¿Cómo “santificarlo”?  yendo a comer con los abuelos, paseando por el parque, practicando un deporte o un arte, etc. El descanso es fundamentalmente para las clases trabajadoras (por eso la sociedad se los paga). Se permiten las acciones “liberales” (las que en el feudalismo practicaba la nobleza “libre”), y se prohíben los trabajos “serviles” (los que hacían los siervos por obligación). Para los antiguos griegos, la “ataraxia” era el fin de la vida (el “otium”). Para procurarse este tiempo de intenso placer contemplativo, tenían que realizar otras acciones necesarias (el “nec-otium”= negocio). Pero un trabajo enajenado conlleva un ocio también enajenado (estar “de ocioso”, recostado en una poltrona, revisando el celular o viendo lo que caiga en la TV).
    • “Pensar mal”: Algunas personas se confiesan de su criticidad. En estos casos, no se externa a otros esta crítica, sino sólo para ellos mismos. (sin crítica, ¿cómo diferenciar lo cursi de lo elegante, lo verdadero y lo falso, lo correcto de lo incorrecto, lo bueno de lo malo?). Se sienten culpables de pensar por su cuenta, de tener ideas que no son las hegemónicas.
    • Vicios y adicciones (alcoholismo, pornografía, masturbación). Quizás al inicio, cuando todavía podían controlarse, pudo haber habido responsabilidad; pero luego, la voluntad se debilita y ya sale de control. Esto sería asunto del sicoterapeuta.

Pecados según género o edad:

  • Mujeres:
    chismes”; hablar mal de una tercera ausente. A veces, los chismes cohesionan al grupo (en una congregación religiosa). “Desahogo”: platican pormenorizadamente sus quejas, sobre todo contra su esposo o contra sus hijos. Este “pecado” es muy desgastante para el confesor: no paran de hablar, describen con todo detalle y minucia la situación, desahogan su situación de víctima.
    Aborto”. Se considera responsabilidad de la mujer (es la que lo confiesa), y la responsabilidad masculina queda invisibilizada: el padre (“si me sales con tu chistecito, no vuelves a poner los pies en esta casa”); el novio (“Eso es asunto tuyo. Te advertí que te cuidaras. Acaso te ayudo para que abortes”); el canónigo penitenciario, por lo que sé, todavía los sacerdotes no podemos absolver abortos. Se nos pide remitir a la penitenta a quien tiene facultar de absolver pecados “reservados” (los más graves). La pobre muchachita debe acudir a este único sacerdote asignado (lo imagina un anciano enojón), con lo que aumenta el, de por sí, gravoso sentimiento de culpabilidad. Queda, pues, excomulgada y a veces, en peligro de encarcelamiento.
  • Varones:
    «Pornografía» (celular) y masturbación: en los casos de un marido casado con la mujer que ya está en la menopausia.
    «Infidelidad». socialmente se da menor importancia, se juzga con menor rigor y se condena con mayor comprensión al varón que a la mujer
    • Matrimonios: no escuchan ni dialogan, sino que se gritan (condiciones para una corrección: escuchar- precisar – corregir en el momento oportuno, con palabras claras y amables, en voz baja, y no cuando ambos están muy acalorados (“mira, ahora ambos estamos acalorados, ¿qué te parece si nos calmamos y mañana me invitas un cafecito y charlamos”); sobre todo, hacerlo con amor (ponerle carnita): “mira, nos queremos; hemos pasado 30 años casados: no vamos a echar esos años por la borda. Como sabes, yo también me acaloro y me sale lo enojón”.
    • Niños: fueron educados para considerar pecado lo que no conviene a los adultos, a los controles de sus progenitores o autoridades. No se les educa para la libertad, ni para que tomen sus propias decisiones

Omisiones al confesarse (pecados que no se confiesan, por no creer que sean materia de confesión)

  • Por clasismo: Empresarios católicos que participan en la Iglesia; pero que al salir, se quitan su túnica cristiana, pues piensan que Dios no entra en los negocios (salarios injustos, contribuciones omitidas, mercancías deliberadamente defectuosas): “todo el mundo lo hace”
    • Por Indiferencia u omisión: cuando, pudiéndolo hacer, no se realiza algún acto que evite el daño y sus secuelas. Actualmente, la violencia, el crimen organizado, la complejidad de vida urbana, etc., hacen que intervenir se nos dificulte más. Con todo, la parábola del Buen Samaritano nos interpela a no “pasar de lado”, como el sacerdote o el levita en la parábola.
    • Por falta de conciencia cívica. Existe en mucha gente cierta animadversión acerca de la política, como si se tratase de una actividad, necesaria; pero vergonzosa. Sin embargo, “la política como negocio, es el más vil. La política como vocación en la más noble”. Aquellos ciudadanos que tienen posibilidades de servir al pueblo con sabiduría y entrega, y se “consagran” a ello viviéndola como una vocación, son dignos de reconocimiento y gratitud. En cambio, quienes “se sirven” del pueblo, los que medran con negocios desde el Gobierno, los corruptos que aprovechan una impunidad sobornada…, merecen la condena social y deben saber que están en una situación de grave pecado.
    • Igualmente, los Partidos políticos que cometen fraude electoral, los ciudadanos que sobornan a jueces y eluden sus “contribuciones” (más que “impuestos”), pecan contra Dios y contra la colectividad, agravado por el mal ejemplo que induce a otros a hacer lo mismo. Lamentablemente, en México ha existido toda una cultura del soborno e impunidad, por lo que solaparla, refuerza esta cultura
    • Los periodistas que escriben o propalan las “fake news”, los partidarios la “posverdad” (“hay que mentir, pues lo que importa es el impacto social”), los lectores asiduos de la oposición olvidan pronto la mentira, pues ya compran la del día siguiente.
    • El aborto. Aunque no hay ningún pronunciamiento dogmático, hay consenso eclesial en su condena, incluso, apoyada en ciertos pasajes bíblicos.[1] Habría que ubicar mejor la controversia: ¿no sería posible oponerse al aborto de modo diferente que agrupándose en torno de los “Provida” (grupos de ultraderecha apoyados por las mineras canadienses) y condenando el “Estado Laico”?

       La controversia actual entre cristianos y grupos que propugnan el aborto, no pertenece tanto al campo de la moral, sino al jurídico y más concretamente, a la noción de “Estado Laico”. En México esta cuestión tiene reminiscencias centenarias, pues remite a los tiempos de la persecución religiosa y de los primeros años del “priato”. Para hacer prevalecer su posición hegemónica en casos como este, la Iglesia alegaba representar a la mayoría de los mexicanos; pero ahora, al perder ostensiblemente su feligresía, ya no puede sostener este argumento, y entonces, cambia de discurso y lo basa en la filosofía del derecho: el “jusnaturalismo” (derecho natural): los Gobiernos tienen la obligación moral de garantizar cualquier vida humana. En el momento actual el Estado Laico ya no es “jacobino”, ni persigue a nadie por su fe, sino que es más democrático. El discurso jurídico prevalente es que ningún grupo ideológico o religioso tiene derecho a utilizar el aparato de Gobierno para imponer a toda la ciudadanía su propia ideología. En las controversias en las que dos partes presentan argumentos serios, el Gobierno no debe tomar partido, sino que lo que le corresponde es simplemente convocar a las partes e instarlas a encontrar un punto de consenso desde la “ética de mínimos”. Así ya lo hicieron las partes contendientes en México y acordaron en que el Estado sólo garantizará la vida del embrión a partir de las doce semanas de embarazo, cuando el cerebro del embrión ya está formado (“positivismo jurídico”). Por supuesto, las iglesias tienen derecho a normar a sus respectivas feligresías en una moral derivada de su dogma, y si en alguna clínica del Gobierno se pretende obligar a un médico católico a abortar, hay que apoyar su derecho a reclamar la “objeción de conciencia”.

  • Diagnóstico. Una vez escuchado al penitente, el confesor hace un diagnóstico general, procurando que sea desde el penitente, más que desde el catecismo. Se fija en los defectos dominantes, en la causa principal de su estado de pecaminosidad, y sugiere al penitente por donde caminar.
  • Recomponer: (expiar, devolver, reparar, entregarse) El verdadero arrepentimiento se demuestra no sólo en relación con Dios, sino también en relación para con los agraviados o las víctimas. En lo posible, hay devolver lo robado (en caso de calumnia, devolver la fama), hay que pedir perdón a la víctima. Cuando los gobiernos han cometido crímenes, el agravio esno sólo a las víctimas personales, sino a la ciudadanía, por esto, cuando no sea posible dar con los culpables, presentan un símbolo de desagravio (monumento a las víctimas del dos de octubre del 68, o el caso de Ayotzinapa). La “penitencia” que impone el confesor, no es un castigo punitivo, sino signo por parte del agraviado de su disposición a la enmienda.
  • La absolución. La confesión es como un juicio (“el tribunal de la confesión”); pero un juicio que siempre es absolutorio. Este es el momento de proclamar la inmensa misericordia de un Padre bueno y de su Hijo Jesús, hermano nuestro quien murió para redimirnos y que, sin tener pecado original, conoció la tentación y supo de nuestra debilidad y de la horrenda maldad de quienes lo despedazaron. “Aunque tus pecados sean rojos como la púrpura, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como la sangre, se volverán blancos como la nieve”. Como le dijo Jesús a la mujer adúltera que cayó en una trampa tendida para ser lapidada: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te condena? Pues tampoco yo te condeno. Anda y no peques más” (Lc 7, 36ss; Jn 8. 1-11). Es la fórmula sacramental de la absolución: “Yo te perdono tus pecados, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”

Y la satisfacción del confesor al ver salir al pecador con una sonrisa de alivio.

Antropología moral:

Desde un “relativismo cultural” [2] mal entendido, y desde la oposición a una Iglesia que reclama ser el único parámetro de moral para toda la sociedad, los antropólogos han prestado poca atención a la modalidad de ciertas costumbres culturales que no alegan bases racionales que las fundamenten (mos- moris= costumbre); pero al no conocer la tonalidad ética de aquellas, muchas pautas se les escapan. Lo moral se imbrica con otras disciplinas: la ética filosófica, el psicoanálisis (neurosis), la teología, las religiones comparadas, etc. La confesión, sobre todo si es periódica, puede ayudar a formar la conciencia moral.

Los aspecto morales de ciertas prácticas culturales se han dejan de lado y se evita darles una valoración desde una dimensión ética. Un ejemplo de esto podría ser los ritos de iniciación, que en algunos casos están relacionados con acciones dañinas para los individuos o contrarias a la ética. Esto en la actualidad se vive en las dinámicas que los jóvenes realizan en las redes sociales poniéndose en riesgo entre sí y a su grupo, pero estas acciones escapan de un análisis de carácter ético.

Confesores y psicoanalistas

  • Un ministerio desagradable: faltan sacerdotes, la confesión es gratuita, hay gran cola de penitentes aguardando y dejan levantar al confesor, etc.
    • El sicoanalista es cada vez es más solicitado entre las clases pudientes y cobra por su terapia.[3]
    • El confesor tiene que hacerle un poco de terapeuta, teólogo, filósofo ético, acompañante espiritual, etc. Debe saber escuchar, darle al penitente todo (y sólo) el tiempo que realmente necesite.
      • El sicoanalista tiene su sesión a tiempo medido.
    • Los confesores suelen tener poca preparación. En las clases de moral en los seminarios apena se alude a su pastoral sacramental. Cuando yo recién me iniciaba de sacerdote, solíamos tener en comunidad una charla mensual llamada “caso de moral”, en la que alguien planteaba un caso, con personajes ficticios (v.gr. Cayus o Titius), y se debatía sobre la solución moral y su aplicación concreta; pero esto ya hace mucho se perdió.
  • El sicoanálisis es una exigente carrera académica, abierta a posgrados. Se pide al candidato que primero haga una carrera de medicina

El clero, ante la falta de vocaciones en una Iglesia que en México perdió su profetismo y abandonó a los jóvenes, tiene como desafío recuperar el sentido del sacramento de la penitencia, pues responde a necesidades que no la


[1] Cuando el Arcángel le anunció a María que iba a ser madre del Mesías y le solicitó su consentimiento, ella no le respondió “en principio, sí; pero déjame pensarlo unas 12 semanas y después te confirmo”. Los cristianos creemos que en el “sí” de María, el Verbo eterno irrumpió en la historia humana. Al visitar a su prima Isabel, en aquel abrazo en el que sendos vientres estuvieron en contacto, Juan sintió algo que le hizo dio saltos de júbilo (quizás lo volvió a sentirlo cuando bautizó a Jesús)

[2] Postura que afirma que las creencias, valores y prácticas de una cultura deben entenderse dentro de sus propios términos, sin ser juzgadas con los estándares de otra cultura. Propuesta por el antropólogo Franz Boas, contra el evolucionismo cultural darwiniano de Tylor, quien proponía que todas las culturas evolucionan pasando por tres etapas, según los estadios de Augusto Comte. Según esto, habría culturas superiores y culturas inferiores (vinculadas a razas). Boas niega cualquier valoración absolutista moral o ética sobre las culturas y se opone al etnocentrismo y universalismo cultural que afirma la existencia de valores, juicios morales y comportamientos con valor absoluto y de carácter universal.

[3] No sé como se evalúe el sicoanálisis grupal, que podría popularizar la terapia

LA PROTESTA CONTRACULTURAL

Este año mi libro “La Contracultura como Protesta” cumple cincuenta años de su publicación. Con ocasión de los cincuenta años de Avándaro, este libro fue muy solicitado y tuve ocasión de hablar en varios foros de diversas ciudades del país, de ahí que pensé escribir algo sobre los que llamé “xipitecas” con la ventaja que da la distancia temporal. Comenzando con su título, recibió cuestionamientos -con toda razón- por ser redundante (fruto de diálogo de los editores), por lo que, en este artículo, lo modifico como “La Protesta Contracultural”. Argumento el cambio aludiendo que en los años sesenta, en varios países, la juventud emergió por primera vez como “sujeto histórico”. Muchos jóvenes decidieron no seguir repitiendo los valores, ideas y emociones de sus progenitores, y se revelaron en contra de la generación que los antecedió. En México pudo deberse a la crisis del PRI que, desde la Revolución Mexicana, había estado favoreciendo a las clases medias; pero que esta política se debilitó con la crisis del modelo económico de “Desarrollo Estabilizador” (justo cuando el auge de los electrodomésticos y las ventas a plazos alentaban a mayor consumismo en dichas clases). Los jóvenes más inquietos se dividieron en dos actitudes, la “protesta revolucionaria” y la “protesta contracultural”. La protesta revolucionaria coincidía con la toma de conciencia política expresada al final del anticomunismo macartista y con el auge de la “Teoría de la Dependencia”. Se volvió emblema con el movimiento estudiantil del 68 y su terrible represión de Tlatelolco. La protesta “ondera” incidió fundamentalmente en el cambio de ver la vida, y se visibilizó a través de una “contracultura”.

Un ejemplo autobiográfico:

En 1969 yo daba clases en la Preparatoria Popular de la calle de Liverpool. Su ambiente estaba hiper politizado (el director conseguía los tambos de chapopote para las “pintas”); pero junto a ella, había una empresa discográfica de rock, “ATOM” (su publicidad era una calcomanía transparente para el parabrisa del auto, que, si se la veía desde fuera, se leía el nombre de la empresa; pero si se la veía desde dentro, se leía la palabra tabú: “MOTA”). Como había contactos entre las dos instituciones Y yo circulaba entre ambas, Se me ocurrió organizar un debate entre ambas posiciones sobre el tema de la violencia: Los jóvenes “revolucionarios” la justificaban como único camino para tomar el poder y cambiar las estructuras desde arriba; los jóvenes “onderos”, propugnaban el pacifismo a ultranza: “Paz y Amor” serían los valores traídos consigo por la “Era de Acuario” en el contexto de cambio de la era zodiacal, y se caracterizaría por una gran fraternidad universal, coincidiendo su entrada con la llegada del nuevo milenio. Ambas posturas eran ingenuas: pensar que la paz sería traída por las estrellas (para los “onderos”) o pensar que el cambio estructural se lograría a base de manifestaciones callejeras (para los “revolucionarios”).

  • Se estaba difundiendo entonces el movimiento de la “No-Violencia-Activa”. Lo ejemplificaban Martin Luther King, Mahatma Ghandi, Doroty Dar, Lanza del Vasto, y más tarde, Nelson Mandela: ante una agresión, el victimario está preparado para que la víctima reaccione con una de las dos formas siguientes: o responder con la violencia (y en este caso, la castigaría con otra violencia más fuerte) o con la sumisión (y en este caso, daría otra vuelta más al torniquete). La “No-Violencia-Activa” no se somete -mira de frente al perpetrador-; pero tampoco se somete y agacha la cabeza. La actitud ahora aconsejable es mirar al agresor a los ojos; pero al mismo tiempo, atacar su conciencia con amor (“sólo puedes protestar con efectividad, si amas a tu enemigo como te amas a ti mismo”). Esta inesperada respuesta desbarataría las justificaciones que construyó el perpetrador, a guisa de pantalla, haciéndole ver que es un simple golpeador de barrio. Si se realiza debidamente, la táctica puede tener éxito.

Leemos en el Evangelio: “si te dan una bofetada en la mejilla derecha (se da con el dorso de la mano y denota desprecio), ponle la otra mejilla (se da con la mano abierta… y esa sí duele) (Lc 6, 29). Lo dijo Jesús; pero también puso el ejemplo: cuando en el juicio de Jesús ante Caifás, el Sumo Sacerdote conminó a Jesús a que dijera si realmente era el Mesías, Él lo confesó (era el Sumo Sacerdote), y un soldado Lambiscón le dio una bofetada. Jesús, obviamente, no se la devolvió; pero tampoco agachó callado la cabeza, sino que lo miró de frente y le respondió: “Si hablé mal, demuéstralo; pero si no, ¿por qué me golpeas?” (Jn 18, 23)y el soldado calló avergonzado.

  • La protesta revolucionaria, después de Tlatelolco, entró en crisis: el Gobierno dispone de mucha información, posee fuerte capacidad represiva y controla los medios de comunicación para difundir una versión convincente para la sociedad. Los jóvenes más concientes, dedujeron que el proceso requería de más cuidado y de un plazo más largo, y aprendieron que el universitario no era el mejor sujeto revolucionario, sino que la vanguardia correspondía al proletariado, así que se trasladaron a las barriadas o al campo a hacer un paciente trabajo político. En ese entonces, Pablo Freire difundía su “pedagogía del oprimido”, en toma de conciencia a base de cuestionamientos para pensar, e irle dando sólo la información que la gente fuera solicitando.
  • La protesta contracultural puede fundamentarse en el concepto de “revolución pasiva” de Antonio Gramsci. Este marxista italiano parte del concepto de “hegemonía”, en referencia al sector que posee el poder. Lo ejerce mediante “la coerción” y “el consenso” – es como el centauro, mitad hombre y mitad bestia-; la “dominación” (los controles represivos) y la “dirigencia” (los valores justificadores). Cuando la clase hegemónica es demasiado fuerte para ser confrontada directamente, se pueden ir dando pequeños pasitos, colándose entre los poros de aquella clase, mediante un trabajo de concientización, hasta arrebatarle la “dirigencia” y dejarle tan sólo con la “dominación”, lo cual es ya signo de debilidad. La “protesta contracultural” puede entonces tener la viabilidad que no tiene la “protesta revolucionaria”. Esto lo intentaron los hippies norteamericanos en su versión “yuppie”, y en México, los “onderos” hicieron algo parecido para su movimiento.

“Droga, dramas y cambio cultural”

  • El hipismo fue esencialmente un movimiento de cambios intergeneracionales e intraculturales, provocado por el consumo masivo de la marihuana en un amplio sector de jóvenes de la década de los sesenta. Este consumo provocó muchos conflictos de jovencitos que tuvieron que abandonar prematuramente su hogar, debido a los problemas que la droga trae consigo. Recordemos la rola de los Beatles, “She´s living home”:una muchachita baja sigilosamente, muy temprano, la escalera de las recámaras y deja sobre la mesa del comedor una carta que quisiera decir más, abre con cuidado la puerta de la calle, cuando sale y cierra la puerta… ¡ya es libre!  
  • Por mi calidad de sacerdote, después de una misa en la que hablé sobre los hippies, una señora que tenía una clínica de belleza para mujeres, me telefoneó para que le hablara a un grupo de sus clientas: algunas de ellas eran madres de chicos que tuvieron que dejar sus hogares. Las mamás no sabían qué hacer: una, sorprendida, conversaba sobre cómo su hijo le botó las llaves del coche nuevo, que le regaló condicionado a que se atendiera con un sicólogo; otra encerró a su hija en un internado de religiosas, y esta armó tal escándalo, que las religiosas la expulsaron; otra más, le pedía a su hija que se fumara con ella un carrujo para ver qué se sentía… otras más se vieron en la necesidad de decirles que se fueran de la casa, pues para comprar la droga, desaparecían objetos, daban malos ejemplos a los hermanitos y temían escándalos con la policía… ¡Convivencia imposible!
  •     Las nuevas drogas entre jóvenes consumidores provocaron también conflictos en lo intracultural. Una hipótesis que manejo es que, entre los pueblos indígenas de todo el mundo, desde hace por lo menos mil años, ha sido bastante generalizado el consumo de sustancias sicotrópicas extraídas de plantas: en México (los hongos alucinantes mazatecos, el peyote huichol, el ololiuqui[1]); entre los antiguos mexicas, el “toloache” (toloatzin o tolohaxítil), usado para fines medicinales, que no sólo produce alucinaciones visuales sino también auditivas (según el dicho popular, se da de beber secretamente a la persona deseada para enamorarla). Siguiendo con Indoamérica, en la selva amazónica se consume la “Ayahuasca” (mezcla de una liana y una hoja); en Bolivia, la hoja de coca; en México, Bolivia, Ecuador y Perú, el cactus “San Pedro” o “aguacolla” (Trichocereus pachanoi). Pasando a Oriente, tenemos el opio (cultivado en las montañas de China y norte de Tailandia), obtenida con el jugo de amapola; en los países árabes, el hashís: resina obtenida de las sumidades de cannabis, en bruto o purificada. En África, la droga más extendida es el “Khat”, masticable, que “potencia la acción estimulante central por los efectos simpaticomiméticos de la droga”.
  • La moderna cultura occidental también tiene sus drogas, divididas en dos polos espectrales: de un lado, las drogas “ilegales”, cuya prohibición, como es sabido, es lo que más las encarece, con lo que aumenta considerablemente las ganancias. Estas drogas, a su vez, ser sintéticas (LSD) o procesadas de plantas (cocaína, morfina), y si son traficadas fuera de la zona, son la principal fuente de ingresos del crimen internacional organizado. En el otro polo están las drogas “legales”, bien sea de uso generalizado (café, tabaco, cigarro, azúcar o analgésicos de uso corriente), o bien, de uso supuestamente restringido: el miedo moderno al dolor ha dado pie a la venta bajo receta (o sin ella) de calmantes y analgésicos. el fentanilo en Estados Unidos es causa de unas 100,000 muertes anuales y se puede conseguir en algunas farmacias, incluso con receta. La diferencia entre drogas “legales” e “ilegales” no estriba en su grado de letalidad o perjuicio, sino en motivaciones comerciales.
  • Con estos presupuestos, el uso extendido de una nueva droga -sobre todo si tiene efectos sicoactivos (como la marihuana o “cannabis índica”) y si es consumida por jóvenes- habría de influir en cambios culturales, respecto a la modernidad racional, lógica e institucionalizada. Esto, combinado con otros factores advertidos por sus “visionarios” (McLuhan destacó la imprenta; Marcuse, el relajamiento de los controles sexuales y los autores posmodernos, con la “civilización del fragmento”, combinando, “a la carta”, restos de culturas tradicionales). La generación nacida en los años cuarenta o cincuenta del siglo pasado fue una generación más permisiva, proclive a los cambios culturales y a políticas progresistas. En lo intrageneracional, “la onda” incidió en varios sistemas de la cultura dominante: el oído, la vista, el espíritu: la estética musical, la apariencia y los estilos de vida.

Una nueva estética musical: El “Rock & Roll”: Símbolo auditivo del movimiento

     Se piensa que los orígenes del rock grabado se remontan al asesinato del líder negro de la No-Violencia, Martin Luther King. Esa muerte conmocionó a gran parte de los negros estadounidenses, la cual, abandonando actitudes espirituales, optaron por la violencia: (los “Black Panters”). El cambio se reflejó en la música: el “gospel” o “spiritual” (cantado “a capella” en los templos pentecostales, acompañado por el coro y dando cabida a la improvisación) y data de los tiempos de la esclavitud. Con el homicidio de su líder pacifista, tales cánticos fueron sustituidos por el rock, música que expresa la protesta, y que, hasta entonces, acaso podía encontrarse exclusivamente en las rockolas de los barrios negros, y que ahora se escuchaba a todo volumen. Elvis Presley -el blanco que cantaba “como negro”- tocando su guitarra moviendo la pelvis- escandalizó a los adultos; pero sedujo a las jovencitas, y ahora, los hippies lo convirtieron en el ritmo generacional. Los Beatles introdujeron -entre otras cosas- los cuartetos de guitarras eléctricas y batería, y luego la música electrónica. Fueron seguidos por los grandes monstruos rocanroleros; con el LSD llegó la sicodelia del rock electrónico, escuchado por los discos importados y eventualmente, en los grandes auditorios y festivales.

  • Con la electrónica, las rolas, con letra desprejuiciada, podían transmitir cualquier idea, siendo casi imposible de vigilar. Pero las casas disqueras del país, las estaciones radiofónicas y los auditorios “dignos”, continuaron con sus pretensiones de control. Siendo ya el rock el ritmo generacional, por exigencias de mercado no convenía prohibirlo del todo, de modo que se redujeron a silenciar sólo el rock mexicano. 

La nacionalización del movimiento ondero.

  1. El rock

Dos recuerdos autobiográficos:

  1. Pocos meses después del festival de Avándaro, se me pidió dirigir un cinefórum sobre la película de Gurrola. Después hice un comentario personal; pero, a mi sorpresa, los “revolucionarios” se me echaron encima, acusándome de que le estábamos haciendo el juego a “la colonización imperialista” y a sus pretensiones de dominio. En vano hablé del ambiente de convivencia que hubo durante el concierto. Me respondieron: “la convivencia real se dio en las trincheras del movimiento estudiantil, defendiéndose de los tanques”.
  • Elías Calles Jr. había comprado los derechos de la rock-ópera “Hair” (estrenada, no sin escándalo, en Acapulco,). El empresario también tenía la concesión de la traducción al español y la difusión de la rock-ópera “Jesucristo Superestrella”.[2] Elías Calles pensaba que yo, siendo un conocido sacerdote ondero, era el más indicado para traducirla. Al cerrar el trato, (y recibir un pequeño adelanto), me pusieron como condición no modificar ni una sola nota de la música. Al tratar de traducirla, pronto me di cuenta de la dificultad: el inglés es monosilábico y el castellano, bisilábico (con muchas esdrújulas): si quería respetar la literalidad de la letra, tenía que modificar la música, y si quería respetar la música, tenía que sacrificar el texto. Terminaron por darle el contrato a Juan José Calatayud, del grupo jazzista “3.1416”
  • De esos recuerdos concluí la necesidad de tener un rock mexicano propio, que hablara -y pensara- en español, para evitar el riesgo del “imperialismo colonizador” que se nos achacaba, y que musicalizara el rock al ritmo que nuestra lengua impone. El principal mérito de esta tarea se debe al apasionado músico y empresario Armando Molina.[3]
  • Fue heroica la lucha del rock mexicano para abrirse camino. El único espacio que hallaron los músicos mexicanos fueron esos lugares que Parménides García Saldaña llamó “Hoyos Funkies” (“whatever it means”): locales pequeños y cerrados, de algunas colonias populares, atiborrados de jovencitos y que apestaban a “petate quemado”. Su difusión exclusiva fue la revista “Piedra Rodante” (título traducido de la revista homónima “Rolling Stone”), dirigida digna y astutamente por el publicista Manuel Acévez, y que publicitó la literatura y el rock mexicanos.
  • La apariencia: signos para visibilizar el movimiento:
    • El pelo largo.
  • A lo largo de la historia, desfilan honrosas melenas entre profetas y santones, entre la nobleza feudal, entre juglares, entre los liberales franceses (la gran melena de Voltaire o del cardenal Richelieu), entre proceres históricos como Alejando Magno, Cristóbal Colón o Hernán Cortez; entre científicos (Newton, Galileo), entre filósofos (Spinoza, Locke, Marx), etc. ¿Por qué, entonces, tanta hostilidad ante una moda que, simplemente, retornaba a épocas históricas no demasiado distantes? Preguntemos a los analistas:
  • Respondieron los sociólogos: Para Erving Goffman,[4] el cabello corto (“a rape”) era propio en las “instituciones totales” (cárceles, manicomios, cuarteles, asilos, orfanatos), práctica, por cierto, inspirada en los monasterios… y también en la represiva sociedad industrial contemporánea. La hostilidad hacia los greñudos se acentúa en ambientes de intolerancia hacia ciertas minorías (vi un cartel, en el establecimiento de una ciudad estadounidense tradicionalmente racista, en el que se les prohibía la entrada a los negros… y a personas de pelo largo.  
  • Respondieron los sicoanalistas: Para el Dr. Charles Berg (“The unconscious signicance of hair”): La reacción social tan violenta por parte de muchos varones rudos hacia estos jóvenes greñudos, puede entenderse porque algo les removía interiormente: algunos de estos los tildaron de “homosexuales”, pues, a la primera vista del portador de una cabellera larga, lo confundieron con una mujer; pero al darse cuenta de que se trataba de un varón (ante la ecuación “ver=desear”), temían que hubiera aflorado en ellos algún deseo homosexual, y ese temor lo proyectaron en los melenudos. Luego los criticaron de “sucios”: para Freud, el pelo denota suciedad: el prurito por la limpieza sería expresión del complejo de culpabilidad anal, asociado al excremento, que uno retira cada día (cada día, la mayoría de los varones rasura del rostro las huellas de su vello). Hay personas que se lavan las manos a cada rato, o que lavan su ropa diariamente. El pelo tiene también connotación erótica, (las mujeres tenían que cubrirse el pelo en las iglesias, y aún ahora en los países musulmanes). Según Freud, en los varones, tiene una connotación fálica (el poderoso vigor del pene). El pelo denota rebeldía. De ahí que los pensadores más radicales (Freud, Marx, Nietzsche) se hayan dejado crecer pelo y barba, o las barbas de los revolucionarios castristas de Sierra Leona. Pero a los rebeldes, se les somete, y volviendo a la interpretación sicoanalítica, el sádico goza rapando a los inermes (en el ejército se obliga cortarse el pelo), y eso connota castración (Dalila corta el pelo a Sansón, y este pierde la fuerza). A todo esto, los muchachos respondían diciendo, simplemente, “llevo el pelo largo porque es lo natural”, o como cantaba la rock-ópera “Hair”: “Ondéalo, muéstralo, hasta donde Dios lo quiera crecer”.[5]
  • Por su parte, los “onderos” burgueses, con un pie en el “establichment”, que poseen los últimos discos importados y fuman la marihuana “Acapuco Golden” en pipas orientales, diseñaron “jeans higiénicamente sucios y cuidadosamente rotos”; iban a peluquerías elitistas para un buen corte de pelo moderadamente largo y cuidado.[6]
  • La ropa
  • Según McLuhan, la ropa es prolongación de la piel. Los humanos, desde los orígenes, la hemos usado para protegernos del frío; pero también se relaciona con el pudor sexual y con la diferenciación de género (ahora ya las mujeres usan pantalones y entre varones se ven camisas color de rosa). Nuestra identidad personal se expresa también en nuestra ropa. Entre las élites feudales, cada oligarca diseñaba su propio atuendo y visitaba al comerciante de la villa, quien, a su vez, la encargaba al artesano, detallándole los pormenores. Así sucedió durante mucho tiempo (sólo a los siervos se les hacían unas túnicas uniformes). Antes, el vestido de la abuela lo heredaba la nieta; ahora, la moda cambia al menos cuatro veces al año (si no es que no más). Mc Luhan dice que la ropa en serie fue producto de la imprenta.
  • Los hippies diseñaron su propio atuendo identitario; pero -dentro del mismo estilo- cada muchacho o muchacha la confeccionaba a su gusto personal, tomando elementos transculturales. En las boutiques de la “Carnaby Street” de Londres, (área de Soho), conocida por su música, moda y signos contraculturales, se vendían, por igual, uniformes militares antiguos, túnicas orientales o modas “retro”. En esto adelantaban el espíritu “posmoderno”, con vestimenta confeccionada por “retazos” de culturas tradicionales (un turbante árabe, zapatos indios, chaleco huichol y pantalones rusos). Los hippies norteamericanos preferían los colores “sicodélicos”, y miraban también a otras razas y culturas para apropiarse se algunos elementos.
  • La mirada de los hippies mexicanos estaba puesta en Huautla. De allá llegaron los jorongos y huipiles, el sombrero de paja, la manta, el paliacate, los huaraches. Por supuesto, no vestían igual que los nativos: Un tijeretazo a los jeans acampanados para ponerles un trozo de paliacate y acampanarlos aún más… y procurar que arrastren, o diseñaron originales camisas de manta, etc.
  • El lenguaje
  • El nombre original de las cosas remite a su esencia, de ahí lo importante de las etimologías antiguas (el sanscrito). Por tanto, la gestación de una contracultura tendrá que ir acompañada de un trabajo de redenominación. Nuevas relaciones sociales implican un nuevo vocabulario para nombrar situaciones inéditas. En el caso de los hippies, el argot cumplía también otras funciones: Cito a Parménides García Saldaña sobre el lenguaje de las barriadas “el lenguaje es escudo y puñal; afrenta, reto, desafío a las buenas costumbres, y defensa, parapeto para costumbres prohibidas”. En el ambiente carcelario, o de difícil convivencia intergeneracional, para eludir conflictos, los muchachos inventaron nuevos vocabularios, o mejor -con Marcuse- cambiaron el significado de palabras comunes y frecuentes, para disfrazar actividades ilegales.

“La “mota”, “yerba”, “café” o “arroz”: se limpia de “cocos” para “forjar” el “pito” o “join”; luego se “quema”, y al “atizarse”, se va “rolando” entre los “grifos”, hasta “darle mate” a la “bacha”.

  • Esta creatividad lingüística funge como identidad nacional de diferenciaciónfrente a los hippies “gabachos”. Se trata de esa jerga coloquial, propia de grupos específicos de clase, rango, generación o situación (lengua de los “chicanos” emigrantes), común en algunos países para parecer más informal o más “cool”: el “verlan” o “argot” franceses, el “caló” de los gitanos españoles, el “slang” inglés… o la lengua popular de los barrios mexicanos.
  •  La Secretaría de Educación Pública acusó a su uso en algunas publicaciones onderas tachándolo de “obsceno”, o por lo menos de “vulgar”. El lenguaje “vulgar”, acuñado por las élites, denota al “vulgo” y connota el clasismo aporofóbico (aversión al pobre). Se trata de ciertas palabras (principalmente referidas a los humores o líquidos sexuales), que consideran de uso poco delicado, por lo que las cambian con sinónimos más “propios” (es decir, de uso elitista), científicos (evacuación fecal) o pueriles (popó”). Lo “decente” se aparta así del lenguaje vivo, creativo, sin mediaciones de la Academia de la Lengua.

Por estas razones tuve que renombrar a los “onderos” mexicanos, acuñando el término de “xipitecas”, que connota a los “mazatecas”.

  1. Estilos de vida
  2. Opción por la vida pobre
  3. Los jovencitos xipitecas que tuvieron que abandonar prematuramente su hogar familiar, resintieron privaciones. Sus padres, al principio. Vieron su salida del hogar como una experiencia temporal, esperando que su hijo pródigo regresara pronto arrepentido. En realidad, estos muchachos abjuraron de su clase “burguesa” y tuvieron que aprender a vivir de manera más sencilla y austera (quizás hasta se creyeron que se “proletarizaban”). Pero, en su “comuna”, percibieron las ventajas de una vida sencilla y revistieron sus carencias de poesía: ¿no tienen para comprar carne?, pues se hacen vegetarianos; ¿no pueden comprar ropa?, pues ellos mismos se la confeccionan; ¿viven hacinados en cuartuchos?, pues descubren otras formas de fraternidad comunal.
  4. Se dieron cuenta de las trampas de la publicidad de la “sociedad de consumo”, que ofrece una gran variedad de cosas superfluas prometiendo felicidad; pero tan pronto como ven un modelo nuevo de IPhone o una nueva moda de vestir, pierden, decepcionados, el gozo de su compra. El engaño de la publicidad llega también a los pobres, enajenados por la TV (su engañosa publicidad y sus telenovelas). Comparada una casa pobre con una comuna xipiteca, probablemente los pobres tengan más cosas, viejas o inservibles, apiñadas en algún rincón (muebles inútiles comprados a plazos, el obrero se endeuda para comprar una TV con pantalla grande, y para pagarla, tiene que trabajar horas extra y no tiene tiempo para disfrutarla). En cambio, los xipitecas confeccionan ellos mismos su ropa (tienen poca), hacen sus propios muebles, (quizás utilizando huacales), arreglan con gusto su cuarto y como tienen poco espacio, prescinden de cosas estorbosas. La pobreza, además de ser una categoría sociológica, no siempre guarda relación con las cosas: Luis XV, en Versalles, era rico, a pesar de vivir con menos comunidades que un pequeño burgués de nuestro tiempo; el jefe negro de la tribu, es rico porque tiene su collar de dientes de tiburón; pero vive peor que los negros de Harlén: ser rico es tener lo que los demás no tienen.
  5. Para Jesús, la pobreza tiene una categoría espiritual: sólo en Dios está nuestra felicidad, nuestra paz y nuestra seguridad, siempre y cuando no seamos indiferentes para quienes pasan hambre o están en apuros. Sabe el discípulo que “hay más felicidad en dar que en recibir”.
  • El rescate de la vida natural
  • En aquellos años, en cualquier tienda “undergound” se encontraban posters que contraponían la vida animal o prehistórica, la caricatura del hombre “tecno-civilizado” y la recuperación hippie de la vida natural. Pocos fueron los jóvenes que optaron por hacer una vida campesina en comunas; pero muchos de ellos pasaron temporadas más o menos largas entre indígenas. Eran previsibles algunas decepciones: el campo no todo es poesía bucólica. La vida del campesino es ardua y mal remunerada, y entre los pobres, hay enajenación, violencia, alcoholismo y machismo… todo esto, relacionado con la miseria. De ahí otra alternativa: vivir en la ciudad; pero de forma más natural.
  • Aprendieron el yoga y se volvieron vegetarianos. Ahora, ante los inconvenientes de la ganadería (utiliza la mayor parte del agua no salada y produce abundante gas metano), muchos defienden esta alimentación, incluso el “veganismo”, su modalidad más radical. Para el cuidado de la salud, algunos experimentaron el “naturismo” científico: ciencia desarrollada por algunos médicos como Kühne, Vander o Lezaeta; esta corriente propugna que la salud es el estado natural del ser humano y que la enfermedad aparece cuando se rompe la forma natural de vida; aconsejan la medicina preventiva (baños de sol, de aire, de agua… ejercicio y alimentación sana). De preferencia, prefirieron la herbolaria, tan desarrollada por los antiguos mexicas, y que los españoles mismos preferían a los medios curativos de su país (pese a que ya los árabes, como Avicena, habían mejorado las terapias hispanas). En cambio, la medicina farmacológica actual ve como causa de las enfermedades, a los microbios, por lo que su esfuerzo es matarlos. Al hacerlo, muchos fármacos producen “efectos colaterales” que terminan por intoxicar al organismo, y por hacernos vivir en condiciones de sanatorio. Como dijo Ivan Illich: “La mafia blanca”, produce más enfermedades de las que dice curar.

La modernidad industrial occidental

  • Es asombrosa la explosión de la ciencia y la técnica. Ya en 1964, Oppenheimer afirmaba  los 9/10 de científicos todavía vivían. Esa patraña que se dice “progreso” es lo que nos lleva hacia la destrucción de la especie y del Planeta:
  • “La historia de las cosas”, de Annie Leonard, es un video que expone el ciclo mercantil: (1) Extracción: el colonialismo capitalista, se apodera de un territorio y lo explota hasta agotarlo, sin pensar en su recomposición (2) Producción: explota inmisericorde a los obreros (acaso los nativos del territorio que explotaron y que quedaron sin trabajo ni recursos). (3) Los “desperdicios” (sobrantes), son arrojados fuera -al aire, al río, al mar-, contaminándolos. Estamos en una “sociedad del desperdicio” (4) Las mercancías están diseñadas para que tengan poca duración: si las modas antes casi no cambiaban (el vestido de la abuela lo heredaba la nieta), ahora cambian en cada estación; la ropa “pasada de moda”, se guarda en el closet un tiempo, y termina por tirarse a la basura. (5) La basura: los basureros crecen: en el mar, hay islas de basura dos veces Francia. En el fondo del mar hay sedimentos de un metro de profundidad.
  • Globalización del paradigma tecno-científico: El Papa Francisco, en su Encíclica “Laudato Si” nos dejó un lúcido análisis de este modelo:

Bajo este paradigma, homogéneo y unidimensional, el sujeto, pensándose totalmente disponible, manipula técnicamente un objeto exterior, con método científico, para extraer todo lo posible de las cosas, por la imposición de la mano humana, olvidando la realidad misma, con la idea de un crecimiento ilimitado, que lleva a estrujar al Planeta más allá de su límite. Presupone una cantidad ilimitada de energía y de recursos, cuya regeneración inmediata cree posible, y presupone también que los efectos negativos de la manipulación de la naturaleza pueden ser fácilmente absorbidos.” (#106).

  • La Inteligencia Artificial. La tecnología entra a una nueva fase con la Inteligencia Artificial y la robótica. Se abre la lucha a nivel mundial de quiénes sean los que manejen los superrobots o sea, quién será el dueño del mundo. (“Robot: Programa para que dentro de 15 años nuestro pequeño grupo tenga las mayores riquezas posibles”, o bien: “Programa para que dentro de 15 años todos los habitantes del Planeta satisfagan del mejor modo posible sus necesidades”) Esto está unido al armamentismo -el poder nuclear en sus distintas modalidades. El porcentaje del PIB mundial destinado al armamentismo es escandaloso, y se entra en una espiral estúpida, pero de la cual, ninguna gran potencia puede quedar fuera. Ya no existe un mundo unipolar. Los Estados Unidos entran en la pérdida de su hegemonía mundial, la cual parece ser retomada ahora por los BRICS y sus aliados. Estamos en un momento sumamente delicado: una guerra comercial, financiera y armamentista, que puede ocasionar la destrucción mundial o la dominación mundial.
  • La reconquista del ocio

Hay una afinidad electiva entre los temas y estilos prominentes de la subcultura hippie y ciertos incipientes problemas de identidad, trabajo y ocio que se ciernen ominosamente a medida que la sociedad industrial occidental se mueve hacia la cibernetización, donde hay abundancia de bienes materiales y oportunidades para el ocio creativo y enriquecimiento de la persona”.

  • Esta cita de Stuart Hall resume lo que tratamos en esta parte. Me llamó la atención ver cómo los xipitecas hacen sólo aquello que les gusta hacer o que sea necesario para el cuidado de su hábitat, sin buscar remuneración alguna. Sus acciones son: el arte, la manufactura, la contemplación, el cuidado del cuerpo… a la vez que critican el trabajo enajenado del “Sistema”.
  • Sin duda hay racionalizaciones en esta crítica, para no reconocer la holganza que propicia la marihuana; pero también es parte de la “protesta contracultural”: Su rechazo al “Sistema”,[7] se traduce en renunciar a consumir y a producir (más que lo que no sea realmente necesario), una especie de “huelga de brazos caídos”. Coinciden con varios críticos connotados, empezando por el mismo Marx, cuando habla que el trabajador en la industria capitalista es despojado de su propio trabajo, al serlo de los medios de producción; la explotación devalúa la actividad laboral. Creo que el Génesis, al hablar del pecado original: en el Paraíso del Edén, Dios puso a Adán “para que fuera su jardinero” (actividad placentera); pero después del pecado original (el “poder de dominación”), el trabajo se volvió algo pesado: “ganarás tu pan con el sudor de tu frente” (que alguien traduce como “con el sudor del de enfrente”). En el “fordismo”, el trabajador queda convertido en un engranaje más de la máquina
  • Si el trabajo está enajenado, el consumo también está enajenado: los xipitecas consumían lo que realmente necesitaban. La publicidad del “Sistema” crea necesidades artificiales y enajena las mercancías; al dejarse llevar por ella, pasa pronto la compulsión por consumir, y la ropa adquirida se guarda un tiempo en el closet, y se termina deshaciéndose de ella, para dejarle lugar a otras prendas nuevas. Quizás haya algo de razón cuando se tilda al xipiteca de ser un enfermo desadaptado a la sociedad; pero -como dice Fromm-, “si la sociedad está enferma, más que tratar de adaptar al muchacho a la sociedad, habría que adaptar la sociedad a las auténticas necesidades humanas”.

La crítica xipiteca se dirige al trabajador “fresa” (square) -la generación de sus padres-, que se siente obligado a trabajar intensamente en algo que no le gusta, por su ansia de bienes. La felicidad no está en las cosas, sino en el ser humano mismo. Pero los “fresas” no buscan “ser” más, sino “tener” más, y para ello, “hacer” más.

Un recuerdo personal: En Ciudad Juárez, charlaba con un joven trabajador de una maquila. Su trabajo consistía en agacharse para poner dos tornillos en la parte de debajo de un refrigerador y luego, parado de puntitas, poner otros dos tornillos en la parte superior… y así toda la jornada. Sólo les permitían ir al baño un par de veces, pues toda la banda se detenía. Me dijo que había solicitado trabajar horas extra los domingos, pues había comprado a plazos una televisión pantalla grande… de manera que nunca iría tener tiempo para disfrutar su televisión pantalla grande.

  • Un trabajo alienado requiere de un ocio alienado: estar “de ocioso”: apoltronado en el sillón, picando en el celular o haciendo zapping en la televisión, simplemente reparando las fuerzas para el trabajo del día siguiente. El deporte también está enajenado: el foot-ball como espectáculo es jugado por 23 personas; pero en el estadio, es seguido por multitudes, mientras toman su cerveza. La TV aleja al pueblo de la pelota… pero lo mismo sucede con el cine de Hollywood, las telenovelas, la música, etc.
  • Para los antiguos griegos, el objetivo de la vida era la anhelada “ataraxia” o contemplación. Esta era el fin de la vida; Pero Aristóteles era conciente de que un filósofo tenía que realizar muchas otras acciones, además de meditar. A todas esas actividades las llamaban el “nec-otium” -en español el “no-ocio”-; pero para la sociedad mercantil moderna, el necotium” (negocio) es el fin buscado en sí mismo, y el “otium” es sólo la necesidad requerida para seguir en el “negocio”. La separación entre “otium” y “nec-otium” comenzó ya en el feudalismo, entre la clase nobles y la clase de los “siervos”, de ahí las actividades “liberales” (hacer música, practicar un torneo, etc.) y las actividades “serviles” (cultivar la tierra, artesanía). Incluso en la Iglesia actual, los domingos siguen prohibiéndose las actividades “serviles”; pero no las “liberales”: una reivindicación para las clases trabajadoras fue el “séptimo día”: el domingo, que es “Día del Señor” (en la creación, Dios descansó el “Séptimo Día”), Él nos regala su día, para que sea “día festivo”, no tanto para “holgar”, sino para pasear con la familia, comer con los abuelos, leer un buen libro, practicar algún deporte, pasear, dedicarse un arte, etc…. ¡y además, nos lo pagan! Con el capitalismo, la “ética protestante” (Weber), invierte nuevamente los términos: para la clase empresarial, el trabajo y el ahorro se convierten nuevamente en virtudes; mientras que la religiosidad popular católica disfruta y despilfarra ahorros en sus fiestas patronales.

El desempleo

  • Este problema alcanza hoy proporciones alarmantes. Ante la industrialización, lo justo sería que todos nos repartiéramos por igual “ocio” y “negocio”, y todos saldríamos ganando. Jean Fourastié, en su magnífico libro “Les 40,000 heures”, [8] de las 700,000 horas que duraba entonces la vida, gracias a la automatización, sólo trabajaremos 40,000 horas… y planteaba a los sociólogos los problemas de cómo ocupar el tiempo libre. Sin embargo, la introyección del consumismo nos hace trabajar más y más, ya no para satisfacer necesidades básicas, sino para adquirir simbólicos objetos suntuarios o pretensiones aspiracionistas. Más aún, Henri Lefevre muestra cómo el capital aprovecha el no-trabajo de manera novedosa:

“La burguesía capta para su uso la automatización (que posibilita el no trabajo). No amplía los ocios, sino que los subordina a la plusvalía, por el sesgo de la industrialización y comercialización de las diversiones y de sus espacios. Esteriliza, al consagrar el no-trabajo para el ocio, para su capacidad creativa. La revuelta sintomática de las comunas hippies, reivindicando el no trabajo, queda marginal. Llega el momento en que la burguesía mantendrá el trabajo en los países industriales, en vez de dejar aparecer el no-trabajo. Resulta que los espacios de trabajo, de no trabajo y de ocio se embrollan en el espacio mundial de una manera paradójicamente nueva, que apenas comienza a tomar forma”.[9]

  • El trabajo, además de ser un medio para obtener remuneración económica y de ganarse la subsistencia, es un medio de realización para el ser humano y una fuente de satisfacción. Lo ideal sería encontrar una forma de trabajo para nuestros gustos y aptitudes. Esto, en principio, está en las posibilidades de la burguesía; pero el “decoro” o la “dignidad” suelen frustrarlo: al hijo junior de un empresario le encanta la mecánica y quisiera trabajar en esto toda su vida; pero su padre lo “guía” y lo frustra -“Bueno. Te enviaré a una buena escuela para que seas ingeniero mecánico”-
  • Theilard de Chardin propugnaba el equilibrio de las actividades y las pasividades. No descuidar la contemplación al valorar el trabajo. Sería un buen consejo tanto para los apasionados militantes activistas, como para los intimistas pentecostales dedicados a la contemplación pura. Los xipitecas recuperaron el ocio creativo; pero no previeron cómo asegurar su subsistencia.
  • EL HOMBRE NUEVO
  •     El hipismo tiene su antropología propia. Se les tilda de desadaptados sociales; pero si -volviendo a Fromm- la sociedad está enferma, más que adaptar a los jóvenes a nuestra sociedad, hay que adaptar la sociedad a una nueva humanidad. Los “xipitecas” hablaron mucho de “enajenación”, por lo que habrá que recordar a quien habló sabiamente sobre “enajenación” y “desenajenación”: Martín Heidegger. Todo ser vivo “perece”; pero sólo el ser humano “muere”, y la diferencia entre perecer y morir estriba en que sólo él sabe que va a morir, de ahí que denomine al humano (Dassein) como “ser-para-la-muerte”. El pensamiento de la muerte provoca angustia, y esto resulta insoportable. Por tanto, para adormecer la angustia, el humano se sumerge en la “enajenación” (“anda de aquí para allá, curioseándolo todo, chismeando, viajando, comprando”). Pero cuando, por alguna razón, tiene que afrontar su propia muerte, esto lo desenajena y adquiere autenticidad.
  • Los hippies, al “desinstalarse” culturalmente y construir su “protesta contracultural”, se colocaron desde el “antisistema”, y así también ellos adquirieron autenticidad y libertad de crítica, y esto llevó a proponer una antropología, expresada en unos cuantos axiomas:
  1. “Sé tú mismo” “Haz lo tuyo”: Posibilitar que le persona se manifiesta en lo que es, en lo que realmente quiera hacer; liberándose de convencionalismos o tabúes, y oponiéndose al colectivismo despersonalizante. No es casual que esta nueva actitud se haya gestado precisamente en Estados Unidos, donde se da el culto al individualismo y donde la organización es más asfixiante. La paradoja es que mientras se sigue predicando allá la “ética protestante” del capitalismo y sus valores concomitantes de ahorro y frugalidad, es allí donde la sociedad del consumo se vuelve despilfarro, y donde la publicidad es la base de la vida social.
  2. “Let it be” (“Déjalo ser”): Dejar ser a la propia individualidad; a los propios deseos y objetivos: aunque tenga como límite el respeto a los demás: ¡Dejar ser a los otros! El movimiento hippie nunca fue monolítico, sino que, bajo ciertos rasgos comunes, había una gran diversidad de expresiones. No se admitían líderes, ni consignas: cada cual “tira su onda” y “sigue su patín”. En el seno de la misma comuna pueden coexistir las religiones más exóticas, las dietas alimenticias más variadas y las actitudes de vida más disímiles.
  3. “Be here now”, “vive el momento presente”. Estar en el “aquí y el ahora”, importante para la salud y para el drogado. Cuando se veía a alguien demasiado “clavado”, otro le decía “¡Cámara!”, “¡Atención”! Aldous Huxley, además de su famoso libro “Un mundo feliz” (una sociedad enajenada, en la que se administraba a todos una droga inocua, para controlarlos, escribió otro, menos conocido –“La Isla”-, un lugar utópico, regido por un sultán sabio, en la que había una parvada de loros que no dejaban d repetir “¡Aquí y ahora!”. “El pasado ya no existe, el futuro ya se fue”, lo único que queda es el presente. El “fresa”, vive el pasado en recuerdos y remordimientos, sumido en la culpa, o bien, ansioso por el porvenir, con sus “pre-ocupaciones” por sus posibles temores futuros, hasta el extremo de perder el momento presente, que es lo único que tiene, o como se decía de los “fresas”: “Andan siempre muy acelerados”. Es el mismo principio del Zen oriental. También el dicho por Jesús: “no se preocupen sobre el qué comerán o qué vestirán… las aves del cielo ni tienen graneros, y los lirios del campo se visten mejor que Salomón”.
  4. “Todos somos uno”: Se suele hablar del individualismo hippie, como aquellos a quienes no les importan los demás, pues lo que ellos quieren es que le “dejen ser” y que no se metan con él. Esto sigue siendo el individualismo en el que fuimos educados (el egoísmo competitivo y explotador). Pero este egoísmo, que es nuestro “karma”, se supera por el amor a los demás: “todos somos Uno”, puede equivaler al “Ego” del panteísmo monista oriental, profesado por muchos de ellos. Los más conocdores pregonan que la diversidad es sólo apariencia, y que todos formamos una unidad metafísica (“Tú eres yo”). El verdadero comunitarismo es cambiar una sola letra: “los-otros” en “nosotros”.
  5. La comunalidad: La forma comunal de vida tiene ya su historia y cuenta con experiencias valiosas en muchas partes del mundo. Incluso tienen publicaciones que sirven de enlace entre ellos. En México tuvimos la fortuna de tener en Cuernavaca al genial Iván Illich, que propuso la “Sociedad Convivial” o “convivencial”: una red de comunidades, no muy grandes, que gesta formas nuevas de aprendizaje, con mayor autonomía, relacionadas con otras similares, suprimiendo el dinero y operando mediante el trueque de productos y servicios. El ambiente que se crea es muy favorable al aprendizaje. Tuvieron algunos encuentros en lugares secretos para evitar la publicidad o presencia de huéspedes no deseables. En México también tuvimos algunas comunas: las más conocidas fueron en Acopilco (DF), Perote (Ver), Etla (Oax), Banderillas (Ver). En ellas, había mucho trabajo, desde la ordeña de las vacas, la elaboración de quesos, el cuidado del huerto, la elaboración de adobes, para las casitas que ellos mismos construyeron, la educación de los niños, etc. Por supuesto, tales “comunas” propician una especie de turismo, con las consiguientes cargas, como el parasitismo, el “aplatanamiento” (holganza), ocasión de problemas con los vecinos del pueblo, el hacinamiento, la promiscuidad, etc. 
  6. “Si me gusta, lo haré”: ¿Cómo era la sexualidad hippie? Stuart Hall les llama “polimorfos perversos”, denotando a la vez candor y libertad. En la rock-ópera “Hair”, la canción “kamasutra” alentaba a la libertad sexual total, invitando a una “orgía sagrada” y a no tener miedo a las palabras que denotan perversiones “tabú”. El hipismo parece una reacción a la adormilada clase media norteamericana, en la que el trabajo, el poder, el deseo de lucro… reprimen las tendencias centrífugas (erótica). Los “xipitecas” fueron bastante desinhibidos: el hacinamiento, el ver al cuerpo sin morbo, los baños desnudos en el río de Huautla o en la playa de Cipolite, el movimiento nudista, la sensualidad no genitalizada (el film “Joe” contrasta el coito compulsivo del personaje -un padre que busca a su hija en los ambientes hippies-, con las parejas del mismo local, que saborean las largas caricias sensuales que lo anteceden). En el extraño mundo hippie, había un número notablemente inferior de mujeres, lo que les daba mayor poder y cuidaban menos de su apariencia (dejar de pintarse, no usar brasier, la cómoda maxifalda). Los hippies coincidieron con los propagadores de la “revolución sexual” de los años sesenta (Herbert Marcuse, Wilhelm Reich, Simone de Beauvoir, etc,): si Freud, en su libro “Malestar de la Cultura”, había dicho que la civilización sólo fue posible gracias a la inhibición de la sexualidad, Marcuse observaba que ahora, la civilización había alcanzado un desarrollo tal que ya no necesitaba de inhibiciones.

EL DESAFÍO DE LA NO POLÍTICA

Lo que distinguió las protestas “revolucionaria” y “contracultural” fue su actitud hacia la política. Los hippies se presentaron como un movimiento de disidencia social; pero su repugnancia hacia la política “revolucionaria”, los llevó a una protesta asimilable y funcional a la burguesía. Alguien comparó su protesta al fuego pirotécnico, que brilla tan sólo el instante, para apagarse de inmediato. No creo que fuese sólo esto; pero sí, la despolitización fue causa de su vulnerabilidad. Sus precursores “beats” sostuvieron originalmente una fuerte denuncia. Testigos y víctimas de la guerra de Vietnam, desenmascararon al “Establishment”, dejando que el rostro del Tío Sam exhibiera toda su fealdad: la complicidad de Estados Unidos con el fascismo latinoamericano, los escándalos internos (el “Watergate”), la indiferencia hacia el Tercer Mundo, sin importarles que allá los pobres perezcan por millones, con tal que sus élites continúen con su irresponsable nivel de vida. Sí, es verdad, hubo revueltas en las universidades de Berkeley y California; pero, a fin de cuentas, no se ganó nada… Se produjeron muchas “canciones de protesta”-Bob Dylan, Jean Baez, Peter, Paul and Mary-; pero las radiodifusoras aprendieron que podían transmitir algunas de esas canciones, ya que, llegando al público “en paquete”, se neutralizaban. En 1967, el célebre boxeador Mohamed Alí (Cassius Clay) quemó su cartilla militar protestado contra la guerra de Vietnam: un valioso testimonio personal; pero socialmente, no sirvió de nada.

A los “hijos” de la “beat generation” -los hippies- sólo les quedaba un camino: “zafarse” del “Sistema”. Durante el movimiento estudiantil del 68, mientras los de la “protesta revolucionaria” se enfrentaban a los tanques con adoquines, las chicas de la “protesta contracultural”, en el Parque Hundido, reglaban flores a los soldados. Ambas protestas clasemedieras, por falta de politización, pecaban de una ingenuidad parecida: la justicia y la paz, ciertamente, no serían traídas por las estrellas zodiacales (la “Era de Acuario”); pero tampoco se podía tomar el poder político sólo a base de marchas; aunque pusieran la bandera comunista en el asta de la bandera. Algunos pensaban que las drogas sicoactivas facilitarían la toma de conciencia: Jim Morris pudo cantar: “Ellos tienen los fusiles, nosotros tenemos los números; ellos tienen los fusiles, nosotros tenemos la mota”; pero Country Joe and The Fish le respondió: “Si llevar el pelo largo y fumar marihuana es hacer la revolución, ya estuvo que ganamos. ¿Y qué? ¿Es el mundo mejor que como estaba antes? Tal vez en los inicios del movimiento había cierta esperanza; pero ante la despolitización y el fracaso de sus acciones espontaneístas, vino la desmoralización. Los hippies, contestatarios del “Sistema”, finalmente le hicieron el juego.

La droga actualmente:

  • A los inicios de los años sesenta había mucho desconocimiento, incluso de las autoridades sanitarias, acerca de la marihuana; pocos conocían el Informe La Guardia y los estudios de la prestigiosa revista “Science” (menos errores de manejo de autos que los alcohólicos, adicción más sicológica que somática, etc) y se equiparaba la marihuana a las drogas heroicas, que el cuerpo de los adictos necesitaba, por lo que podían llegar a cometen delitos con tal de adquirir su sustancia. Los hippies manejaban mejor información. Ellos desconocían el trasfondo del narcotráfico. Su “conecte” (dealer) era tal vez un amigo que iba periódicamente a Oaxaca a comprar un buen “guato” y lo traía tranquilamente en autobús, o un sujeto que, sentado en la banqueta, con un silbido aspirante ofrecía su mercancía (se encontró marihuana sembrada en pleno Paseo de la Reforma).
  • Estudios recientes de la marihuana revelan que esta droga no es tan inicua como se pensaba (efectos a largo plazo en la memoria). Por otra parte, el crimen organizado se ha vuelto muy poderoso: los cárteles no son ya pequeñas organizaciones locales; se han fortalecido mucho y son verdaderas empresas. El CJNG, p.ej., posee un armamentismo similar al del ejército, cuenta con sofisticada labor de inteligencia y espionaje; concierta alianzas poderosas con sectores del empresariado, de la política, del medio académico profesional e incluso, mantienen contacto con miembros de la jerarquía católica o evangélica y han logrado infiltrar elementos en las fuerzas armadas (al menos a nivel municipal); cuenta con campos de entrenamiento y exterminio conocidos por la población local, sus redes se extienden a varios países, reciben  entrenamiento militar, sus pertrechos en armas y tecnología son sumamente sofisticados, comprados, con licencia, en Estados Unidos… de modo que son prácticamente ejércitos contrapuestos.
  • El Gobierno, por su parte, ha aprendido en estos años los inconvenientes del ataque frontal, en las calles, a las organizaciones criminales; que se requiere honestidad y del combate a la impunidad y la corrupción. Actualmente contamos con un Gobierno más honesto y eficaz, cuyas tácticas son, primeramente, la atención a las causas, poniendo escuelas y puestos de trabajo, sobre todo, en aquellos lugares donde haya juventud pobre y ambiciosa susceptible de ser reclutada; se potencia la investigación financiera, los recursos de vanguardia en la tecnología, revisión constante entre las fuerzas armadas y relación entre las fiscalías a nivel de entidades estatales y federales.

SINTONIZÁNDOSE CON LA DIMENSIÓN DIVINA

  • En mi parroquia veía a muchachos devotos, con su crucifijo, biblia, flores… y sus ojos inyectados. No era una simple pose. Pero había que discernir si su dios era el Dios de la Biblia o un ídolo de su fantasía eufórica.
  • Algunos estudiosos, como Phillipe di Felice (“Venenos sagrados, embriagueces divinas”) o Aldous Huxley (“Cielo e Infierno”) constataban que las drogas sicoactivas, al disminuir la ración de azúcar en el cerebro restringen las funciones de la razón lógica, lo que se traduce en expansión de la consciencia trascendental, y también, a fenómenos seudo místicos semejantes a los que se consiguen con ayunos, repetición monótona de letanías, posturas, vitrales de colores, candiles, velas, etc. Es la pulsión ancestral hacia lo “numénico” (los “númenes”) que tanto ha contribuido a la humanización.
  •     El racionalismo moderno (la secularización), conciente de que el pensamiento mágico está en contradicción con el espíritu científico. “La infancia de la humanidad”, había llamado Freud al primer “estadio” comtiano; peroechó por la borda a sus dioses, como aquel que arrojó el agua puerca de la bañera, pero…¡con todo y niño! Está bien detectar las alucinaciones como falsedades y recelar de supuestas “apariciones” “milagros”, “posesiones” “brujerías”, “misterio”; pero no toda religión se reduce al “maravillosismo”. La recomendación de San Juan de la Cruz era el “discernimiento de espíritus”, pues “el Ángel de la Perdición suele disfrazarse de Ángel de la Luz” (si el demonio se presentara en su horribilidad y apestando a azufre entre llamas, huiríamos de él).
  • Los “xipitecas” fueron rituales (la danza en torno al fuego, el círculo mágico de los comuneros, etc.). Presento algunos ritos nupciales:
    • En un pueblo cercano a la CDMX, casé una pareja: en el coro, un órgano y flautas; el novio había e confeccionado su propio traje de manta, y la novia, descalza, con vestido también de manta, llevaba un ramo de azucenas. Más tarde, me di cuenta de que no tenían clara su conciencia del sacramento del matrimonio, por lo que, cuando me solicitaban casarlos, les proponía como alternativa crear juntos alguna paraliturgia y tener así su propio rito:
    • Allá por La Marqueza (“El Valle de las Monjas”), en el suelo, marcada una estrella esotérica, la Biblia al centro y a su entorno, los cuatro elementos (el agua en un vaso, el fuego de la veladora, el aire del incienso y una roca de la tierra). Después del rito (entre flautas y guitarras), los novios echaron a volar un par de palomas y después. todos nos deleitamos con una rica comida vegetariana.
    • En una capilla masónica –“La Casa del Sol”- con vitrales de colores y figuras anticristianas, tuvieron lugar otros esponsales. Sobre el altar, en la zalea de un cordero, con muchos cirios y una hornilla de fuego, había una copa de vino y otra de agua; al tiempo que en la alberca había lirios flotantes con sendas veladoras. Cada uno de los novios llevaba bordado su respectivo signo zodiacal. Se repartieron a los asistentes, un cascabel, una varita de incienso y una vela; al final, con un lazo formado de cascabeles, se enlazó a los novios.
  • Deslindándose de las exterioridades con que la cultura moderna nos rodea, los “xipitecas” se replegaron en la vida interior; pero ésta es lo mismo que la vida espiritual. Los hippies tenían mucha vida interior (la droga los “clava” en sí mismos), practicaban la “meditación trascendental Zen” y otras prácticas orientales; eran “religiosos” en el sentido propio del término; pero no fueron verdaderamente “místicos”, y una mística errada lleva a la fuga dionisíaca. “Dionisos -dice Jean Brun- adorado como el Dios de la Liberación, es en realidad el ídolo de la fuga”; el dios de los beodos; el dios de la danza, del éxtasis, del erotismo… Los “xipitecas” miraron hacia Oriente: las túnicas, el incienso; pero, sobre todo, la mística budista, con su monismo fatalista y determinista (como lo es el zodiaco). Fusionarse todos con el Todo, suprimir los deseos y combatir el Ego (parte del “karma”, el mal que hay en nosotros, quizás fruto de reencarnaciones anteriores).En cambio, la mística cristiana es personalizante; su éxtasis no tiene que ver con las visiones, y trata de la inmersión en Dios, para formar con Él una unidad, sin que desaparezca nuestra persona.
  •    En septiembre de 1971, el Papa Pablo VI se refirió al consumo de droga entre jóvenes con deseos de vida interior, de esta manera: Se trata de un hecho que conmueve profundamente el espíritu humano y pone en peligro esa delicadísima sensibilidad ante el misterioso influjo interior del Espíritu divino, a la que están destinados los Carismas, los Dones y los Frutos de la Gracia, de los que habla San Pablo. La economía del Evangelio, orientada por completo a despertar y dilatar el reino interior del espíritu, se opone diametralmente a todas las anomalías artificiales de la sensibilidad y sicología humana; la “ebrietas” provocada por cualquier clase de intemperancia que arrebate al hombre el dominio racional de sí mismo, se encuentra en el polo opuesto de esa otra “ebrietas” que inunda al hombre en comunión con Dios, al aumentar la íntima experiencia espiritual. A ella se refiere San Ambrosio en una de sus poesías: “Laeti bibamus sobriam ebrietatem spiritus” (Himno de Laudes).

[1] Olioluqui (“turbina corymbosa”) es “una enredadera grande y leñosa de la familia de las convolvuláceas, con flores vistosas en forma de campana, utilizada por varias culturas por sus propiedades medicinales y alucinógenas” (Wikipedia)

[2] “Jesus Christ Superstar, con música de Andrew Lloyd Webber y letras de Tim Rice, estrenada en Broadway en 1971.

[3] RODRÍGUEZ, Alberto: “En el Jardín del Edén: Armando Molina y el rock mexicano”, BetoCronopio2025, México.

[4] GOFFMAN, Erving: “Internados: Ensayo sobre la situación social de los enfermos mentales”. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1972

[5] Rockópera “Hair” 1968: letra de Gerome Ragni y James Rado. Música por Galt MacDermot. 

[6] Por cierto, me parece que se está dando una tendencia entre jovencitos, casi adolescentes, que en ruptura generacional con los jóvenes de los noventa (la moda del pelo “a rape”), parecen regresar al pelo ligeramente largo y enrizado, que combinan con una camisa negra.

[7] Cuando aquí se habla del “Sistema”, me refiero a lo que ellos traducen del “Stablishment” (con mayúscula), es decir, lo establecido, lo normado, la cultura hegemónica imperante.

[8] Ed. Gonthier, Paris, 1965.

[9] “El pensamiento marxista y la ciudad. Ed. Extemporáneos, México, 1973, penúltima página.