ANTE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES

 

votarLas elecciones, en nuestra imperfecta «democracia representativa», son, con todo, un tiempo de interés que condensa la relación polítautoritarismoica de la población. El próximo 7 de junio seremos convocados una vez más para expresar nuestras preferencias; por más que nuestra escasa conciencia ciudadana no se sienta muy motivada en las elecciones intermedias. Los sacerdotes tenemos restricciones legales para hacer propaganda en favor o en contra de cualquier Partido político. Aunque se sobre entienda que esto se refiere a cuando estamos en funciones, los ciudadanos mismos muestran desagrado cuando lo hacemos. La normatividad eclesiástica también nos restringe tales derechos, atendiendo la función de los clérigos para integrar comunidad, por encima de preferencias políticas; pero al mismo tiempo, las razones de evangelización, no sólo nos permiten, sino que nos exigen contribuir a la formación política de la feligresía, por las implicaciones existentes entre la fe y la vida. Dentro de este mismo espíritu, vaya esta sencilla aportación, esperando suscitar algunos comentarios que nos ayuden a todos a una mejor decisión democrática.

El ineludible contexto global

Ningún proceso electoral de cualquier parte del mundo puede prescindir actualmente del contexto global. Partiendo del reconocimiento de la dominación mundial ejercida por una “superclase” -directivos de megacorporaciones y grandes fortunas-, mediante un modelo económico injusto que concentra la riqueza en proporciones nunca antes imaginadas, dejando en el abandono a creciente población “sobrante” (si se exterminara, se ahorraría energía para provecho egoísta de aquellos privilegiados), y que conduce a la destrucción acelerada del Planeta. Ante la dominación poderuniversal de este “Estado Trasnacional”, los tradicionales “Estados-Nación” pierden cualquier otra razón de ser, que no sea la del control poblacional local. Para este propósito, ese Estado Trasnacional procurará mantener en el poder a una élite criolla manejable, a la que comparte ciertos beneficios, la cual, a su vez, está además controlada por agentes vinculados al exterior -los llamados “poderes fácticos”-: ejércitos “de ocupación”, mass-media mundializados, funcionarios de grandes corporaciones trasnacionales, una economía dictada por grandes instituciones financieras mundializadas y todo esto, con el apoyo del armamentismo y espionaje norteamericanos, etc. Para no caer en maniqueísmos, se puede reconocer que ya no es posible regresar al modelo “desarrollista” anterior, y que el neoliberalismo ha aportado algunos elementos civilizatorios (la flexibilidad, la “resilencia”,[1] la transparencia, la globalización, etc.); pero con todo y esto, queda patente la esencia sistema necrófila y suicida de dicho Sistema, por más que se intente justificar, presentándose como racionalidad modernizadora y única vía para el mejoramiento universal, o al menos como “el mejor de los mundos posibles”.

Obviamente, la dominación global no es total. En todo el mundo está creciendo la indignación. Va surgiendo por doquiera una sociedad civil mundial que genera una infinidad de experiencias alternas que, además, se van interrelacionado (sobre todo, gracias a las “redes sociales” y la facilidad de comunicaciones). Es así que se va creciendo la toma de conciencia ecológica, de defensa y prevención de los derechos humanos, de comunalidad, de equidad de género, de otras modalidades participativas de la democracia, etc. Los Gobiernos nacionales ejercerán sus funciones con mayor o menor autonomía. En Latinoamérica algunos países del Sur se han aliado para resistir mejor a las directrices del Imperio, como pudo verse recientemente en la Cumbre de Panamá. De aceptar este diagnóstico, parece claro que nos estamos acercando a una polarización entre ambos proyectos, que se podrán convertir en los próximos años en la batalla decisiva por el futuro de nuestro Planeta. Es, por tanto, esta situación la que sobre determina la coyuntura política de cualquier país.

La coyuntura actual de Méxicofraude

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Además del telón de fondo mundial, los ciudadanos informados tampoco pueden prescindir del análisis del propio país. En las tres últimas décadas, los diferentes Gobiernos se fueron adaptando al modelo neoliberal hegemónico ( PRI y PAN, con anuencia implícita de la supuesta Izquierda). La desilusión por la llamada «transición democrática” panista, propicio el retorno del PRI, pregonado como “nuevo”; pero en realidad heredero de los antiguos vicios antidemocráticos, ejemplificados por una Presidencia inepta, frívola, corrupta, cínica y de tendencias autoritarias.

El Gobierno puede preciarse ante el exterior de sus supuestos logros: la 13ª Economía mundial, tomando como criterio el dudoso PIB (por encima de España, Suiza y Holanda). Posee una sólida planta industrial (minería, industria automotriz); aunque ésta sea extranjera, ubicada aquí debido a las “condiciones favorables” ofrecidas. Se pasa por alto, empero, que la mayor parte de la población se encuentra en la pobreza, tanto la extrema (un 23%, estancada desde hace 20 años), así como el 63% en pobreza relativa. El diagnóstico elaborado por el Tribunal Permanente de los Pueblos, muestra a nuestro país como ejemplo palmario de las consecuencias negativas que pueden producirse con la entrega que un Gobierno apátrida puede hacer de su país a los intereses extranjeros trasnacionales, en contra de su población. Las publicitadas Reformas Estructurales -tan aplaudidas por los patronos del Extranjero-, comienzan a mostrar sus efectos negativos en la población: la reforma laboral deteriora en mucho las conquistas de los trabajadores, quienes reciben un salario de los más bajos del mundo; la reforma educativa, con su enfoque tecnicista, quita la seguridad laboral de los maestros y está acabando con las normales, prefiriendo egresados de otras profesiones a los de carrera magisterial, con lo que la educación seguramente no saldrá de los últimos lugares de la OCDE; la reforma energética ya ha desmantelado PEMEX y pone a disposición de los extranjeros el territorio nacional y los recursos del subsuelo; la reforma fiscal está afectando a los pequeños empresarios y disuade la inversión; la reforma en telecomunicaciones ha permitido que en este trimestre Televisa haya obtenido casi dos mil millones de pesos en ganancias, a cambio de sus apoyos… Estas Reformas se complementan con otras leyes en proceso -necesarias, pero insuficientes-, como la Ley de Agua, que favorece el “fraking” de las petroleras, sustrayendo y contaminado el líquido vital de las poblaciones indígenas y campesinas, para canalizarla hacia las grandes agroindustrias o a megaproyectos hidroeléctricos para uso industrial. El Programa Nacional de Seguridad Pública para lo que resta del trienio, logró, es verdad, encarcelar a unas cuantas cabezas; pero no remedia la debilidad institucional en algunos Estados, que abandona su gobernabilidad al crimen organizado; se sigue descomponiendo el tejido social, aumentan los delitos de fuero común y se cuentan por cientos de miles los desplazados en su población. Las leyes sobre Transparencia y Anticorrupción parece obedecer a la coyuntura electoral, dejando impunes a los altos funcionarios de los tres poderes y en los tres niveles (Presidente, Gobernadores, presidentes municipales). A esto se puede añadir la imposición de incondicionales del Partido oficial en algunos organismos “independientes” (como el Secretario de la Función Pública Federal o incluso el nuevo Ministro de la Suprema Corte de Justicia)

En cuanto a la Economía,  lo que aparece es que se está yendo a pique, como el estancamiento y bajo crecimiento, o el incremento irresponsable de la deuda pública. Seguramente que son verdaderas las causas externas (como la baja del precio del petróleo, el aumento de créditos norteamericanos, el estancamiento en la economía global); pero decisiones que se toman, en vez de atender a las necesidades de la población mayoritaria, se orientan hacia los sectores pudientes, especialmente los más relacionado con el exterior. Así, se da tratamiento fiscal privilegiado a las grandes fortunas, se apoyan megaproyectos para empresarios consentidos, se dan facilidades desmedidas a inversionistas extranjeros, etc.; mientras se restringe el gasto público y se sacrifica el gasto social, con precariedad en la educación y la salud pública; el desempleo, las condiciones laborales deterioradas, las pensiones inseguras, los créditos difíciles para los pequeños ahorradores (agravado por dificultades para las cajas de ahorro comunitarias).

Como era previsible, este proyecto no puede implementarse sin la violación sistemática de derechos humanos: la desaparición forzada (los 43 de Ayotzinapa y los otros 23,000), las ejecuciones extrajudiciales (Tlatlaya, San Fernando, Apatzingán), la tortura “generalizada”, el encarcelamiento político de líderes, el desplazamiento de cientos de miles de residentes, el hostigamiento a periodistas críticos (Aristegui), la manipulación de la opinión pública por medios incondicionales demasiado favorecidos (Televisa), y una política migratoria que hace el trabajo sucio a los Estados Unidos. Consecuencias de todo esto es el crecimiento de los delitos del fuero común; pero sobre todo, los del crimen organizado, infiltrado por doquiera. La Secretaría de Relaciones Exteriores ha pretendido ocultar al mundo esta situación; pero esta política se ha revertido en desprestigio del país.

La tremenda situación del país, puesta al descubierto por los hechos de Ayotzinapa, ha provocado la pérdida de confianza en las instituciones. La crispación y el hartazgo de la población alcanza a toda la clase política en su conjunto: congresistas que más que legislar para salvaguardar los intereses de la población, buscan los suyos propios y la manera de hacerse con el rápido enriquecimiento; los cuantiosos recursos que reciben los Partidos Políticos acabaron con la militancia convencida y diluyeron smanipulación TVus ideologías; el Ejército y la Policía son acusados de numerosos abusos, de hermetismo ante cualquier indagación y de crímenes de lesa humanidad; el Ejecutivo alardea su cinismo, con la corrupción, el nombramiento de incondicionales al frente de instituciones destinadas a las regulaciones internas e incluso, con los intentos de someter la Suprema Corte de Justicia a intereses partidistas… y un largo etcétera. La costosasdesconfianza institucional alcanza al Instituto Nacional Electoral mismo (INE), que ha dado muestras de “partidización” y de arbitrariedad y mucha gente piensa que no se garantiza el sufragio limpio. Tenemos unas elecciones sumamente costosas e inútiles. El bombardeo de spots partidistas, que se neutralizan unos a otros, que se agreden y descalifican mutuamente o con propuestas voluntaristas sin programas ni proyectos para implementarlas… dan la impresión de que lo que se disputa es cual sea la mejor compañía publicitaria que diseñe la campaña más eficaz de mercadotecnia para inducir el voto de los desinformados.

Alternativas electorales

  1. El abstencionismo.- Votar o no votar será la primera decisión que habremos de tomar. La Conferencia Episcopal Mexicana, haciéndole “de facto” el juego al Sistema, condena la abstención; sin embargo hay sectores críticos dentro de la misma Iglesia que la promueven.[2] Me parece que en el momento actual se trata de una opción perfectamente válida, con tal de que no se trate del abstencionismo apático o desinteresado de lo cívico, sino redesque pretenda dar un mensaje que descalifique este “Estado de usurpación en contra de la población”, e incluso, de la insuficiencia de la actual “democracia representativa” -las modernas tecnologías de comunicación podrían hacer más participativa la democracia con otras modalidades, como el referéndum, el plebiscito, la revocación del mandato, etc.- apostando a un nuevo Constituyente que elabore una Carta Magna. La postura parece congruente y un signo de repudio a todo el Sistema; aunque plantea varios interrogantes:
  • La abstención, al disminuir el número de votos, disminuye las diputaciones plurinominales, las cuales son un recurso para que los partidos de oposición tengan mayor representatividad, por lo que se favorecería a los partidos mayoritarios.
  • Una nueva Constitución significa un nuevo pacto social entre diversas facciones. Para asegurar una correlación de fuerzas favorable, se tendrían que concertar amplias alianzas y gran participación ciudadana (se habla de formar cuadros en aldeas, barriadas, etc), lo que implica una gran organización a un plazo más bien largo, pues se pretende elaborar dicha Constitución al margen –o en contra- del Estado.
  • Para enviar una señal inconfundible, el abstencionismo tendría que alcanzar un porcentaje significativo, para que no fuese leído como simple apatía o desinterés ciudadanos. No se puede ignorar la gran masa ingenua susceptible de manipulación.
  1. La anulación del voto (o romper la boleta) sería una variante a la propuesta anterior, con la ventaja de que esto no afectaría las diputaciones plurinominales. Sin embargo, el mensaje enviado por medio de esta protesta se leería simplemente como que ninguno de los candidatos presentados ofrece garantías. Pero el problema es sistémico: cualquier Partido o Candidato, por honesto que sea, al entrar en la estructura, probablemente termine siendo fagocitado por ella.
  1. Una opción partidista de Izquierda, que resistiera al modelo económico-político hegemónico en favor de otro alterno, propuesto desde las mayorías empobrecidas, sería la misión de una Izquierda auténtica. El problema es que mucha gente se ha desencantado de las izquierdas mexicanas, pues han mostrado poca claridad en sus objetivos finales. El caudillismo ha dividido a la oposición -pecado sempiterno de las Izquierdas- y la corrupción ha entrampado a estas opciones alnegocioternativas. Entiendo que algunas de estas corrientes aleguen que se inspiran en la vía de “revolución pasiva”. Esta táctica para la toma de poder, propuesta por Antonio Gramsci, contempla constantes y crecientes acciones de negociación, avances y retrocesos, alianzas, toma de posiciones… sin oposiciones frontales, que poco a poco vayan reduciendo la función de dirigencia de las clases hegemónicas, las cuales tan sólo se queden con la de dominación, signo de su debilidad. En principio, parece una táctica adecuada para estos momentos; pero a condición de que no se confundan las tácticas con la estrategia final. No debiera perderse de vista que el objetivo final al que hay que dirigirse es una sociedad más justa y libre; una economía socializada que pusiese límites éticos al Mercado, lo que supone colocarse desde modelos alternos al neoliberalismo y su hegemonía planetaria. Las acciones propuestas tendrían justificación sólo como táctica; mientras se va avanzando hacia el proyecto final. El riesgo es que las ambiciones personales o grupales, las ansias de poder y las ingenuidades y torpezas puedan quedarse en un reformismo amorfo.
  2. Diversificar los votos.- En las circunstancias actuales, algunos van a diversificar sus votos: para la elección de autoridades locales, creen que lo mejor sea fijarse más en las personas que en los Partidos que las postulan, pues en el micronivel, aquellas suelen ser mejor conocidas. En cambio, para las diputaciones, se identificarán con alguna de entre las opciones de izquierda, aumentando la fuerza parlamentaria en espera de que más tarde pueda formarse un Frente común. Esto requiere mayor información; pero tiene el riesgo de convalidar la estructura actual.

Cualquiera de estas opciones parece respetable, con tal de no favorecer con el voto aquellas candidaturas que no se deslinden de la corrupción y que apoyen de cualquier manera la hegemonía mundial. Habrá que continuar informándonos y comunicándonos para aprovechar esta coyuntura para lo que creamos más cerca de una alternativa aglutinante, clara y convincente.

[1] Resilencia: “Capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad, para seguir proyectando el futuro. En ocasiones, las circunstancias difíciles o los traumas permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes y que el individuo desconocía hasta el momento”.

[2] Javier Sicilia, Mons. Raúl Vera, el P Solalinde, etc

PASCUA DE RESURRECCIÓN

La resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra fe. Es importante recordar cómo fue leída por la Iglesia primitiva.

EL JUICIO DE DIOS

El pueblo de Israel –incluyendo los discípulos mismos-, se encontraban dos versiones antagónicas acerca de Jesús: ¿Quién fue este hombre tan discutido?

Jesús había deslegitimado firmemente la versión oficial de los Sumos Sacerdotes: la degradación de la Ley, su legalismo vacío y opresor del pueblo, su obsesión por la impureza ritual (la “mancha”), los enredos bíblicos de los escribas (“¡… cierran a los hombres el reino de los cielos! ¡No entran ustedes, ni dejan entrar a los que lo intentan!”). Traía una nueva propuesta religiosa, en continuidad con lo mejor de los profetas, dando prioridad al amor por encima de los holocaustos y tradiciones que habían perdido la razón de su origen. Ya hablaba más claramente, diciéndose venir de parte de Dios, e incluso, dando a entender que era Dios, su mismo Hijo.

Los Sumos Sacerdotes del Templo.- Eran las autoridades religiosas legítimas y conservaban aún mucha autoridad; también ellos hablaban en nombre de Dios. El Sanedrín, máxima autoridad, había condenado a Jesús en un juicio (si bien con varias irregularidades), acusándolo de blasfemo y de oponerse al ritual sacrificial. Es verdad que hacía incuestionables milagros que no podían atribuirse a medios naturales; pero los sacerdotes los explicaban por tener pacto con el Demonio. Ya que esta acusación la lanzaron cuando Jesús había curado a un enfermo, entonces atribuido a posesión diabólica, la acusación caía por su propio peso (Satanás expulsando a Satanás).

RESURRECCIÓN 1

El pueblo estaba confundido y expectante. Las posiciones eran inconciliables y ambas se remitían al mismo Dios como a su fuente. Se esperaba entonces que Dios mismo se pronunciara; pero Dios calló. Ese silencio de Dios que Jesús en la cruz sintió como abandono. La Resurrección de Jesús fue el pronunciamiento necesario de Dios. El libro de los Hechos de los Apóstoles recoge varias veces el relato de la Resurrección, pudiéndose notar claramente un mismo esquema, en el que el juicio último de Jesús lo da Dios mismo, quien no estuvo de parte de los venerables Sacerdotes del Santuario, sino de parte del ajusticiado, a quien ellos mataron:

“… Jesús de Nazareth fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes con los milagros, señales y prodigios que Dios realizó por su medio… A este hombre, entregado conforme a los planes y propósitos que Dios tenía de antemano, ustedes lo crucificaron y le dieron muerte por medio de paganos sin ley. Pero Dios… lo resucitó, porque la muerte no podía retenerlo …. Y todos nosotros somos testigos de ello” (Hch 2, 22-32)

EL TESTIMONIO

resurrección 3

Le Resurrección de Jesús, siendo la verdad fundante de la fe, más que tratarse de un dogma abstracto, es considerada como una verdad histórica. Sin embargo, en la discreción de los Evangelios, no se trató de un evento público ni espectacular. Su credibilidad se remite a que hubo testigos de este hecho, y que tales testigos fueron dignos de crédito. En la narración de los Evangelios se entrevé que no tenían predisposición para aceptar alguna alucinación provocada por su expectativa. Más bien se muestra hasta cierto escepticismo. Algo confuso, es cómo fue posible que estando presente Jesús, fuese confundido por sus amigos más cercanos: Tomás tiene que meter su dedo en las llagas; María Magdalena lo confunde con el jardinero; dos discípulos que caminan 10 Kms. con Él, y lo confunden con un caminante; el núcleo más allegado de discípulos, que frustrados vuelven a la pesca, lo confunden con un desconocido que desde la orilla pudo notar mejor el cardumen… ¿Qué se nos trata de decir? ¿Qué no estaban predispuestos a aceptar una resurrección, después de haberlo visto tan espantosamente muerto? ¿O que el cuerpo de resucitados asume otra figura más espiritualizada (traspasa paredes)?

TESTIGOS DE LA RESURRECCIÓN

El espíritu de Cristo resucitado sigue actuando entre nosotros para continuar su obra. Este es un hecho confortante que nos gustaría pregonar. Pero aceptarlo, implica aducir al menos, signos, y como los apóstoles proclamaron su testimonio del Resucitado, dos milenios después nos toca hacerlo a nosotros. ¿Cómo podremos convertirnos actualmente en testigos suyos? Propongo cuatro actitudes:

  1. La alegríRESURRECCIÓN 2a.- Decía Chesterton que “la alegría es el gigantesco secreto de los cristianos”. Por eso decía Santa Teresa, que “un santo triste es un triste santo”. La alegría del Evangelio es la actitud preferida del Papa Francisco. De alguna forma, toda tristeza se relaciona con la muerte (la enfermedad, la ausencia o separación de un ser querido, la frustración de nuestros planes… son una antelación); pero si creemos que Cristo resucitó, la muerte ha quedado vencida y nuestra alegría es plena.
  2. La valentía.– Quien cree realmente en la Resurrección, puede afrontar con valor cualquier desafío por el Reino. Por supuesto, el valiente no es el que no tiene miedo (ese es el “temerario”), sino el que teniéndolo, no se deja llevar por él (sería el “cobarde”) y lo sabe superar. Hemos de tener miedo de nuestros miedos, que son los que nos hacen claudicar. A un cristiano miedos nadie lo ha de tomar en serio.
  3. La esperanza.– Es la virtud que nos da seguridad que las promesas se cumplirán. No se trata de una esperanza ingenua, pues ignoramos cómo se haya de cumplir. Ante la situación mundial, el principal problema religioso actual no es la falta de fe, sino la falta de esperanza. Pero si Dios resucitó a Jesús de entre los muertos, significa que su utopía, el ideal por el cual vivió y por el cual murió, sigue siendo realizable y que se cumplirá. Ante este mundo de opresión y de muerte, creemos que “otro mundo es posible”, y por tanto, que vale la pena luchar por él.
  4. El amor.- Amar significa morir un poco; renunciar al egoísmo. Cuando falta la esperanza, sólo queda lugar para gozar el presente; aunque sea de forma egoísta y a costa de otros. Pero quien cree en la Resurrección puede amar más fácilmente, y esta actitud se vuelve la fuente primordial de la espiritualidad.

EL BAUTISMO

La resurrección de Jesús no es un simple “happy-end” –el triunfo final de nuestro héroe-, sino que es algo nuestro: morir con Él para resucitar con Él. Nuestro bautismo fue un “paso” (Pascua), como el de los israelitas a través del agua, de la esclavitud a la libertad; de la muerte a la vida. Desde entonces se supone que vivimos ya una vida nueva y que la muerte (la angustia ante conciencia de nuestra inexistencia en el mundo) puede quedar superada, y por tanto, podemos entregarnos más plenamente a nuestro compromiso.

MI VERSIÓN DE LA SEMANA SANTA

Durante tres años Jesús desarrolló intensamente su misión itinerante como Mesías, recorriendo todos los pueblitos de Galilea. Los sábados predicaba en sus sinagogas; a campo traviesa, relataba sus bellas parábolas a partir de lo que se vivía; curaba a los enfermos, y denunciaba acremente a los escribas y a los omnipresentes fariseos, por su interpretación distorsionada de las Escrituras, su ritualismo, legalismo y obsesión por las impurezas, que habían vuelto opresiva la religión para el pueblo pobre. Mucha gente lo seguía entusiasmada. Jesús veía que los frutos estaban ya maduros y la cosecha, pronta. Lo que ahora procedía era dar un pronunciamiento fuerte y claro; una denuncia profética contra la Teocracia judía, y ¿dónde mejor que en el Templo de Jerusalén mismo? Se enfrentaban dos formas antagónicas de interpretar las Escrituras, sin componendas posibles entre estas ellas. Estaba claro que no se iban a convertir las autoridades religiosas, bloqueadas por defensa de sus intereses; y Jesús tampoco iba a dar marcha atrás. Se preparaba un “choque de trenes”, y una de las dos interpretaciones habría de caer. Jesús era conciente que corría riesgo de muerte; pero era necesario este pronunciamiento para culminar su misión.

Decidió, pues, sudom deRamosbir a Jerusalén. Por seguridad, se instaló unos días en las riveras del Jordán, justo donde Juan había estado bautizando, en espera de la fiesta de la Pascua, la principal del año ritual judío. Para ella, subían al templo unos 60,000 peregrinos, muchos de ellos, de la “diáspora”, con mayores recursos económicos. Jesús subió con un grupo, y pronto fue reconocido –había estado en su pueblo, sanado a algún familiar y recordaban sus enseñanzas-. Entusiasmada la gente, lo aclamó con el canto mesiánico del “Hossana”, señal de que, por fin, lo habían reconocido como tal. Los muchachos subían a los árboles a cortar palmas y ramos de olivo, también éstos, signos mesiánicos. Quizás, aprovechando ese tumulto, algún grupo de zelotas –patriotas que, con motivaciones religiosas, combatían a los romanos mediante actos terroristas-, y uno de ellos mató a un soldado romano (Barrabás será condenado «por un homicidio durante el motín») . Los sacerdotes del Santuario estaban alarmados. El pueblo aclamaba a ese galileo como el Mesías, y si los romanos descubrían que no podían ya controlar al pueblo, les quitarían sus privilegios (su templo, su Ley,  su diezmo…).

Como cualquier israelita, a poco de llegar Jesús a la Ciudad Santa, se dirigió al templo. Éste era una gran fortaleza, donde los ricos guardaban sus tesoros. En ese tiempo, estaba en restauración, empleando para ello unos 18,000 obreros por turnos. Jesús, como en otras de sus visitas al Santuario, se topó con el desagradable espectáculo del mercadeo religioso. El sistema de sacrificios implicaba la venta de animales para las ofrendas, para evitar que los peregrinos los trajeran desde su pueblo o del exterior. Los varones mayores de 21 años que llegaban de lejos, aprovechaban para pagar su diezmo. Los sacerdotes rehusaban recibirlo en las monedas romanas en circulación, pues el denario tenía grabada la efigie del “Divus Caesar Augustus” –la divinización de la autoridad imperial-, lo que lo convertía en una medalla idolátrica. Para evitarlo, el Templo acuñaba su propia moneda, tan sólo con el sobrio nombre de Yahvé. Esto implicaba gran cantidad de funcionarios -cambistas, certificadores de la pureza de los corderos, vendedores de alimento y bebida-. Los sacerdotes del Templo toleraban todo ese tráfago, con pretextos prácticos; aunque según las malas lenguas, era negocio personal del Sumo Sacerdote Annás (cobraba derecho de piso). Esta vez, Jesús se detuvo recriminador. Al fijarse en la actitud del Profeta de Galilea, los mercaderes (una buena turba) se arremolinaron expectantes, frente a Él. Pero ahora, Jesús tenía detrás de sí a bastantes partidarios. Si, como suele pintarse, Jesús hubiera arremetido a “riatazos”, se hubiera armado la gresca. Más verosímil parece imaginar que Jesús, con su autoridad amorosa,  comenzara atacando la conciencia de aquellos judíos, en el fondo, religiosos –“Mi casa es casa de oración. Ustedes la han convertido en un mercado; en cueva de ladrones”-. No podían dejar reconocer esto; pero allí estaba su negocio. Quedaron indecisos. Entonces Jesús comenzó a arriar a algún becerro, que se fue tumbando cualquier mesa de cambio. El dueño se fue tras del animal y otros más lo siguieron. Lo más importante del episodio es su valor simbólico: al condenar el mercadeo de lo sagrado, Jesús estaba poniendo el dedo en la llaga de esa religiosidad del Santuario: era el Sistema de Sacrificio, con sus ofrendas y holocaustos, lo que fundamentaba el comercialismo religioso. Su denuncia, embonada con la tradición profética, fue tan clara, que mereció que al punto que el Sanedrín se reuniera. El Sanedrín era el poder legislativo y sobre todo, el judicial. Estaba integrado por los Sumos Sacerdotes (puestos por Herodes), los escribas (en ese tiempo, algunos eran «saduceos» helenizantes que no creían en la resurrección) y por los «ancianos» o patriarcas terratenientes. SE sintieron amenazados y decidieron entonces su condena.

Durante los breves días que pasó Jesús en Jerusalén, aprovechó para enseñar a sus discípulos y simpatizantes en el Templo mismo, sin que los sacerdotes pudiesen impedírselo –los soldados enviados a arrestarlo, terminaron convertidos-. Durante el día, sus seguidores lo protegían, y por las noches, se escondía. No se podría, pues, arrestarlo antes de la fiesta, sin algún traidor. Mucho se ha especulado sobre las razones que tuviera Judas para entregarlo. No parece creíble la versión de Juan de que su único móvil hayan fuesen las 30 monedas (que, además, devolvió). El grupo de apóstoles habían sido reclutados representando los diversos grupos sociales: Santiago simpatizaba con los fariseos; Judas, Simón “El Fanático” y quizás Pedro, con los zelotas; en cambio, Leví (Mateo) pertenecía a los publicanos, quienes al cobrar los impuestos y extorsionar, eran colaboracionistas de los romanos; Felipe se relacionaba con los prosélitos griegos de la Diáspora… (la convivencia entre ellos no ha de haber sido fácil). Es probable que Judas, fascinado por la acogida tumultuosa del Domingo de Ramos, se haya sentido defraudado, pues Jesús desaprovechaba estos momentos favorables para instaurar su Reino mesiánico y expulsar a los corruptos sacerdotes del Santuario, y desilusionado, lo entregó.

El Sanedrín condecrucificción 1nó al profeta subversivo con una apariencia de celo por la ortodoxia, deslegitimándolo con falsos testimonios y tergiversando sus enseñanzas. Sin embargo, los romanos se habían reservado la pena capital, y los Sumos Sacerdotes sabían bien que aquellos no darían importancia a estas cuestiones, como la blasfemia. Habría, pues, que fabricarle un delito de índole política, único que podría merecerle la muerte: la instigación a la subversión –decirse rey y prohibir el pago de impuestos-, lo cual era castigado con el suplicio de la cruz, la forma más ignominiosa y cruel de morir.

Se ha especulado también sobre la volubilidad de las masas, que el domingo lo aclamaron y el viernes exigieron su crucifixión. Desde luego, pudo contar la manipulación de los Sumos Sacerdotes y el clima de hostigamiento que ya se había formado; pero no podemos dejar de contar que la multitud que lo acompañó a la entrada estaba compuesta principalmente por galileos, mientras que la “turba de Jerusalén” estaba formada por los judíos a quienes Jesús quitó su negocio. Los romanos eran conocidos por su sentido de la justicia legal (el Derecho Romano), y Pilato se mostró simpatizante con el reo; pero pudieron más las razones de Estado…

 

Estos hechos de todos conocidos han requerido siempre de alguna interpretación. La que prevalece y goza de larga tradición es la del sacrificio redentor: en la concepción jurídica del Derecho Romano, un agravio es tanto mayor, cuanta más distancia media entre el ofensor y el ofendido. En este caso, entre Dios, de inmensa grandeza y santidad, y la criatura humana, empequeñecida e ingrata. Su expiación, pues, requería nada menos que el sacrificio de su propio Hijo, para así pagar el precio por nuestra redención. ¿A quién se le pagaría? Para algunos, a Dios mismo, para satisfacerlo. Para otros, nada menos que a Satanás, el perpetrador del pecado. Era, por tanto, precisa la muerte, e incluso, la muerte de cruz: entre mayores torturas, humillaciones y sangre derramada, mejor. Esto lo podemos ver hasta el exceso en el film de Mel Gibson (2004), “La Pasión de Cristo”. Por supuesto, esta entrega es un signo de su amor inconmensurable por nosotros, que es lo que nos conmueve profundamente y nos invita a arrepentirnos de nuestros pecados personales.sacrificio levítico

Esta interpretación, fundamentada, ciertamente, en algunos textos del Nuevo Testamento y transmitida en larga tradición que nos remonta hasta San Anselmo de Canterbury, en el siglo XI, presenta algunos inconvenientes: En primer lugar, la imagen de Dios, distante y cruel, muy alejada del misericordioso Abbá de Jesús. Además, su referente es el Sistema del Sacrificio, mismo que Jesús rechazó: Para borrar las numerosas impurezas y transgresiones a la Ley, los israelitas debían entregar un cordero sin mancha a los sacerdotes del Templo, quienes lo sacrificaban en expiación, quedándose con una parte de la carne. Implica, por último, un “Destino” ineludible que tenía que cumplir fatalmente lo escrito en las antiguas profecías, a modo de guión preestablecido, y que Jesús conocía al detalle por ser Dios (aunque fingía decisiones libres, pues actuaba como humano).

Conciente de que navegamos entre los arrecifes dogmáticos, pienso si esta tradición se deba una interpretación inexacta de la Carta a los Hebreos. Dirigida a los judíos neoconversos que añoraban el esplendor del culto en el Santuario y los impresionantes holocaustos, su autor pretendió presentar a Jesucristo, por un lado, en similitud al rito sacrificial; pero por otro (menos notorio; pero más importante) su deslinde de dicho sistema sacrificial. El sacrificio expiatorio, realizado continuamente, era sustituido por un único sacrificio, una vez por todas: la sangrienta muerte de Jesús en la cruz. El sacerdocio de Jesús no debe, pues, asimilarse al sacerdocio levítico, y esa misma Carta lo acerca al sacerdocio “natural” de Melquisedech, “Rey de Justicia y de Paz”. ¿De qué tipo de sacerdocio se trata?

Para responder, tendríamos que remontarnos hasta cierto desorden en el origen mismo del género humano, hasta la primera decisión plenamente libre de toda la Creación. Dicha decisión debió versar sobre la definición misma de la nueva especie. La voluntad divina habría sido que esta especie se caracterizara en que cada uno de sus miembros se correponsabilizara de todos los demás –los fuertes, protegiendo a los débiles-; pero cabía otra alternativa: que los fuertes se aprovecharan de los débiles, es decir, el poder de dominación. Esta era el verdadero “fruto prohibido”, que sin embargo, estaba al alcance: ante la libertad humana, Dios mismo se arrodilla. Los antiguos sabios israelitas habrían quedado consternados al constatar por doquier abusos e injusticias. Como dijo aquel filósofo, “El hombre es lobo del hombre”.  ¿Se habría equivocado Dios en esta obra suya, “corona de la Creación”?

¡No!, responde el mito primigenio. Dios puso al hombre y a la mujer en una tierra paradisíaca, encomendándole el trabajo placentero de “ser su jardinero”; las relaciones de ellos eran transparentes con Él, con la  pareja, con la Naturaleza, consigo mismo; pero condicionado a la aceptación libre de su proyecto divino. Al rechazarlo, el hombre tuvo que conseguir su sustento en sistemas de explotación laboral, “con el sudor de su frente”; la relación entre los géneros fue de opresión (la maternidad se volvió fuente de sufrimiento); Dios se le ocultó, y la Naturaleza, objeto de ambición, habría de quedar devastada (el “poder de dominación”, acompañado de la tecnología, llega al punto de poner en peligro la sobrevivencia misma del Planeta).

Pero la voluntad misericordiosa del “Abbá”, compadecido de la suerte actual de hombres y mujeres, quiso recomponer su proyecto original enviando a su propio “Hijo”,  a quien encomendara sentar las bases para dicho proyecto: hacer de toda la familia humana una sola familia, regida por el amor fraterno, en la que Él fuese su único padre; la utopía del “Reino de Dios”. La redención de Cristo se debió, primeramente, a su extraordinaria entrega,- sublime, plena, total-. Este fue la vida pascualesencia de su sacerdocio y manifestación del amor misericordioso del Padre. Obviamente, el “poder de dominación” –la coalición del Imperio, la Teocracia y el reinado local- se sintió amenazado y no pudo permitirlo consumar. La muerte fue una consecuencia no buscada (incluso, trató de evitar); pero amorosamente asumida. Es verdad que cuando le fue evidente su suerte, durante la Cena Pascual, configuró su asesinato como un holocausto; aunque el Cordero no era tanto la víctima del sacrificio levítico,  cuanto el Cordero Pascual, en clara referencia a la liberación del Éxodo. Pero su resurrección gloriosa manifestó que ese gigantesco poder ha sido ya vencido, y con concurso de todos, será posible aquel ideal.