EL “ESTUDIANTAZO”: MEMORIA Y RECONCILIACIÓN

En el XIV Encuentro de “Amigos de Claret”, la intervención del P Provincial –Ernesto Mejía (“Boris”)- fue muy bien recibida por todos, pues la vimos como una mano tendida y una invitación a sumarnos como “familia claretiana” y “hacer juntos lo que solos no podemos” Claret). Aprovechando esta coyuntura, algunos de nosotros pensamos hacer esta humilde contribución acerca del intenso conflicto en la Provincia, en el que nos vimos involucrados y afectados: el episodio conocido como “estudiantazo”, de mayores implicaciones de las que se suelen atribuir (ya no asiste ningún otro “amigo de Claret” después de la generación a la que le tocó vivir este conflicto). Esto forma parte de la historia real de la Provincia (esa historia que no aparece en las Actas -en las que todo parece correcto-, sino en sus conflictos). No hay que extrañarse de esto: en los últimos años, ha cambiado la orientación en las ciencias en general (y en las ciencias sociales en especial): A diferencia de aquella visión armónica que prevalecía en el siglo XIX, acerca de la naturaleza -sujeta a leyes inmutables y precisas-, ahora las ciencias exactas mismas  se ocupan del desorden, la turbulencia y el caos (la dimensión conflictiva de la realidad). Los conflictos no son necesariamente negativos: pueden dinamizar las instituciones (principalmente las eclesiales, arraigadas en el inmovilismo de lo eterno). Se trata de una cuestión que implica actitudes diversas ante el perdón y el olvido:

  1. Perdón y olvido” es algo que sólo Dios realiza plenamente.
  2. Perdón; pero no olvido” (“te perdono; pero estaré atento para que no me lo vuelvas a hacer”). Los sesentayocheros, ante aquella atroz masacre, repiten incansables “el 2 de octubre no se olvida” (pues va de por medio la impunidad); pero no mencionan el perdón.
  3. “Ni perdón, ni olvido”, presionan los militantes más exigentes.
  4. Olvido, no perdón” es la actitud aplicable al “estudiantazo”: ya nadie habla de él (está silenciado); pero al no haber habido reconciliación, quedan soterrados agravios y rencores que podrían resurgir ante otras situaciones similares.

Antes de pensar en una reconciliación, es necesaria la reconstrucción de lo sucedido (los hechos), con la objetividad que propicia la distancia temporal, sin vernos a nosotros mismos como los protagonistas que fuimos (los que salieron y los que se quedaron), sino con la objetividad de testigos y observadores. Creemos que esto puede ayudar, no sólo a quienes lo vivimos (de uno o de otro lado) sino a las generaciones posteriores y a la Provincia misma: “Historia, magistra vitae”

   La reconstrucción de los hechos es una tarea ineludible para una solución definitiva y una digna sepultura. Pero esto es sólo un primer paso para el segundo, que sería propiamente la reconciliación. Pero aquí tenemos una duda y un temor fundado: el que con este intento, pese a nuestra buena intensión, en lugar de solucionarlo, se restrieguen heridas silenciadas y rencorosas, hasta que podamos ver este recuerdo con actitudes caritativas. Por ahora queda pendiente el segundo paso –la reconciliación propiamente dicha-, para la cual agradeceríamos sus sugerencias. Si logramos el perdón –pedido y otorgado, de ambas partes, a través de la memoria y la reconciliación, cerraríamos esta dolorosa etapa.

Metodología para la reconstrucción de los conflictos:

  1. Sincronía del conflicto: la “Parábola de Freunde”:[1] examen de sus diversas etapas o fases:

1  Antecrisis: Los condicionamientos remotos posibilitantes de cualquier conflictividad. En este caso, recordar el contexto histórico de otros conflictos que lo antecedieron, en los niveles: latinoamericano, eclesial, mexicano, Provincial…

  1. Historia reciente de Latinoamérica. A partir de la posguerra mundial- Mencionamos únicamente ciertas “palabras talismán”: “anticomunismo” (Mr Amigo, “Los tres caballeros”). Desarrollismo (“Alianza para el Progreso”). Dependencia (Teóricos de la Dependencia). Liberación (MLN y Ché Guevara).
  2. Historia de la Iglesia. En el preconcilio, la Iglesia se veía a sí misma como una fortaleza inexpugnable, azotada por la tormentosa modernidad. En el conclave que siguió a la muerte de Pío XII, los progresistas y los conservadores chocaron sin llegar a una propuesta y acordaron elegir un obispo anciano, esperando que en sus pocos años de vida que quedaran, pudiera aparecer alguna posibilidad de arreglo. Eligieron a Juan XXIII, quien sorprendió convocando a un Concilio Ecuménico (“¿Para qué, si no hay herejías qué condenar?”). La primera discusión conciliar fue sobre los “instrumenti laboris” (documentos de trabajo). La poderosa Curia Romana había puesto el candado de requerir dos terceras partes de los obispos para modificarlos. En la votación realizada no se alcanzó dicho porcentaje; pero el Papa Juan, con su autoridad papal misma, mandó retirarlos. Se nombraron nuevas comisiones de obispos y el Concilio se suspendió un año. El Papa se expresó esperanzador: “¡Abramos las ventanas para que entre el aire fresco de la modernidad!”… y así sucedió.
    El Concilio fue aceptado con entusiasmo por la mayoría de los padres conciliares y por la Iglesia misma; pero a regañadientes por la España franquista, la nostálgica Italia del “fascio” y la aletargada “Hispanoamérica”. La Iglesia se dividió entre progresistas y conservadores; la Congregación perdió 1,000 miembros (los jesuitas, 12,000). En la Provincia de México, a todas nuestras casas llegaban panfletos integristas, como “Trento” (Salmerón), “La Hoja de Combate” (, Abascal) y más radicales aún, “Sede Vacante” (Saénz Arriaga y Gloria Riestra), cuya hipótesis era que el Papa Pablo VI había caído en herejía (por las misas en latín) y que por tanto, había sede vacante.
  3. Iglesia en Latinoamérica: El Concilio organizó Conferencias Episcopales Regionales y les encomendó llevar a sus lugares el espíritu del Concilio. En este continente se organizó la II CELAM, en Medellín, 1968. Sus tres principales recomendaciones fueron la “opción por los pobres”, apoyar una reflexión teológica que fundamentase el compromiso transformador (la que Gustavo Gutiérrez después llamaría “Teología de la Liberación”) y que los religiosos desplazasen parte de su personal hacia lugares pobres (pues hasta entonces atendían principalmente a las clases urbanas media-altas), y de allí salieron las experiencias de inserción (los jesuitas tenían a sus seminaristas en parroquias o casas pobres).
  4. Historia de los conflictos en la Provincia: Un conflicto importante en la Provincia se había dado entre españoles y mexicanos. Los españoles en Latinoamérica, recién salidos de la guerra española, y empobrecidos por el boicot europeo, atiborraban de vocaciones a los seminarios. Enviarlos a Latinoamérica ayudaba a descongestionar a personal sobrante y recibir dinero a cambio. Por eso, en la mayoría de los países de Latinoamérica no reclutaban vocaciones. [2] En México, en el Capítulo Provincial de 1958 resultó electo del P. José Álvarez Laso, teniendo como vicario, al P. Mario Guevara y al P Pedro Aldana como consultor (los tres mexicanos). Como matemático, el nuevo Provincial afirmó que siendo mitad españoles y mitad mexicanos, la mitad de los superiores serían mexicanos (jóvenes). El P Álvarez-Laso a la generación de 1960, el P. JAL nos desmembró, enviándonos a diversos centros formativos claretianos (Roma, España, Alemania, Francia, Colombia) y sufrió fuertes presiones. Lamentablemente tuvo trastornos mentales y renunció ese mismo año, siendo sustituido por su Vicario, el P Guevara, mientras acababa el sexenio interrumpido, y en el siguiente Capítulo, fue elegido provincial el P Julián Martínez Miquélez.
    El Capítulo General de 1967 se destinó a aplicar la Congregación a los lineamientos conciliares (el decreto “Perfectae Caritatis”). Por México asistieron el P. Provincial Miquélez y el P. Arturo Cisneros. Durante dicho Capítulo, el P Arturo estuvo urgando en los archivos de la Curia General, y descubrió una sinvergüenzada de los padres españoles: planeaban, secretamente, dividir la Provincia, quedándose ellos con las casas del Norte. Cisneros se comunicó a México, y los PP Rosas, Rubén Sánchez y otros más, planearon organizar un “recibimiento” a los delegados. Allí les leyeron la cartilla a los españoles, y fue así que se logró la independencia de la Provincia. Pero dicha emancipación, si bien fue racial, nacionalista y cultural, dejo sin tocar la teológica (integrista) y la política (franquismo): es decir, fue una independencia sobre bases insanas.

  Volviendo a nuestro modelo sincrónico, pasamos a la siguiente etapa:

2. Precrisis Se trata de las motivaciones próximas a la crisis, que tienen los actores: lo que un actor espera y lo que el otro hace como respuesta.

Después del Concilio, el Seminario Arquidiocesano de la CDMX abrió sus puertas a los religiosos, invitándolos a no enviar fuera a sus seminaristas, y también a otras diócesis de pocos alumnos. Se formó así el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos (ISEE), con 500 alumnos y 75 profesores (en las principales materias había dos grupos, uno conservador y otro progresista (crítico). El concilio había despertado el sentido crítico de los entonces seminaristas (lo que criticábamos con  temor, lo defendía un cardenal en el aula).
Tocó el turno de elegir Decano de Teología, y resultó electo el franciscano Fr. Jorge Domínguez (progresista radical), a quien no se le dejó tomar posesión. Su grupo de apoyo fue a ver al Rector, Castro Pallares, quien diciendo que el arzobispo era la autoridad máxima, los remitió a este; el grupo se entrevistó con el arzobispo, quien, a su vez, los envió con el Provincial, alegando que este lo requería para un encargo; el Provincial, por su parte, los remitió de nuevo al rector. Entonces Domínguez dejó el ISEE y se fue al Instituto de Estudios Superiores (ITES), institución de la CIRM para religiosas. Con sus contactos, el P. Domínguez afilió el ITES a la Universidad Javeriana, de los jesuitas de Colombia, que podía dar títulos pontificios. Entonces, un buen grupo de maestros y alumnos dejaron el ISEE y se cambiaron al ITES.
El padre Jorge Domínguez da ejercicios espirituales a los seminaristas claretianos.

La interacción puede frustrar y generar conflicto, cuando se da alguno de estos factores:

  • La comunicación de expectativas (nunca es perfecta. Son frecuentes los  malentendidos).

Estudiantazo según estudiantes, sacerdotes en apoyo y autoridades y provincia en apoyo

  • Insuficiente explicación de sus demandas.

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

  • Aprobación o rechazo de las mismas (aunque se hubiesen entendido bien).

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

  • Insuficientes motivaciones (beneficio esperado o aprobación del otro)

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

  • Discrepancia en el control normativo sobre los fines

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes

  • Discrepancia en el control normativo sobre los medios

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

3. Ruptura de lo regular normativo en las relaciones entre grupos. Es momento en que deliberadamente las normas son quebrantadas y eso sirve como detonador simbólico. La aparición de una modificación repentina y desatendida turba el desarrollo ordinario, suscitando un estado de desequilibrio o incertidumbre.

               Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

4. Crisis: Momentos cruciales, peligrosos y decisivos (puede mejorar o empeorar la situación). Hay contradicciones, rupturas y tensiones que hacen dudar de la línea de conducta a seguir  No toda crisis es negativa (sacuden las inercias institucionales). Es momento decisivo de suspense, de discernir con cuidado.

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

5. Nudo critico. Una vez desatada la confrontación (fases de mayor o menor intensidad): el momento climático (lo más intrincado). Suspense

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

6. Acción reparadora. Mecanismo de ajuste para superar la crisis. Puede variar mucho:

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

7. Reintegración: del grupo disturbado o reconocimiento de cisma irreparable.

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

8. Resolución del conflicto: Todo conflicto tiene un término, un anticlímax: el momento de su resolución. Esto puede ser, o por el aniquilamiento del contrario, o por compromiso, negociación, conciliación, nueva coexistencia con el rechazo a cualquier solución o por su derivación hacia una nueva crisis; por el triunfo de una de las partes que impone sus derechos sobre la otra, o por el reconocimiento mutuo de los derechos respectivos, que puede ser por decisión de justicia o por un acuerdo amistoso.

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

Para el funcionalismo, el conflicto se resolverá cuando se satisfagan los factores que lo  produjeron:

  • Los malentendidos debidos al significado de palabras o frases, renegociando nuevos significados o nuevas definiciones de la realidad.

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

  • Desacuerdo normativo sobre fines y medios considerados legítimos. Sea mediante el conflicto abierto (v.gr., la guerra). sea mediante resolución discursiva cuando ambas partes apelan a valores y normas de un orden superior. Enfrentamiento total: resolución victoriosa o sumisión: un nuevo poder o un nuevo orden normativo

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

ANÁLISIS DIACRÓNICO DEL CONFLICTO

La estructura del conflicto, para qaue pueda darse, tiene dos posibilidades: o bien que dos sujetos persigan el mismo objetivo, con oposición entre ellos, o bien  que los dos sujetos tengan diversos objetivos; pero que no puedan lograrse ambos dentro del mismo espacio cultural compartido, teniendo que enfrentar dificultades en su respectiva actuación. Este es el esquema del “estudiantazo”

DESTINADOR 1: TEOLOGÍA CONSERVADORA. CONSTITUCIONES, RÉGIMEN JURÍDICO

DESTINADOR 2: TEOLOGÍA DE LA LIBERACION. ESPÍRITU MISIONERO. MCH

SUJETO 1: Autoridades de la Provincia

SUJETO  2: Los estudiantes de teología

OBJETIVO 1: Hacer respetar la normatividad (autoridad, obediencia, disciplina)

OBJETIVO 2: Demandas formativas desde otro paradigma teológico misionero

ESPACIO CULTURAL COMPARTIDO: La Provincia de México

ALIADO 1: Sacerdotes que apoyaron a los estudiantes. Mediación del Gobierno General, P Moreno

ALIADO 2: El Consejo Provincial; los sectores “duros” de la Provincia

Las relaciones fueron de contradictoriedad, es decir, la más dura y poco conciliadora

CONSECUENCIAS (pongo las siguientes a modo de ejemplo)

  • Según testimonio de los afectados, no perdieron el Carisma, ni la gratitud al Instituto. Hubo tristeza y nostalgia; pero pudieron salir adelante y colocarse bien. Algunos afirman que su trabajo actual es más misionera que si se hubieran quedado en una Provincia conservadora
  • Este conflicto fue un parte aguas: A la generación siguiente se la sobreprotegió (“invernadero”). La Provincia se bloqueó a la Teología de la Liberación y a la opción política de Izquierda, opción que ha sido un Kairós para la Iglesia, cuyo mejor exponente actual es el Papa Francisco
  • La formación actual de los seminaristas es mucho más abierta y fundada en la libertad, a la vez que al diálogo y negociación.
  • El grupo “Amigos de Claret” se fue abriendo ante nuevos integrantes y al pluralismo teológico y político, evitando discusiones estériles; pero después del estudiantazo, ya no se incorporaron más

“Dichosos los que trabajan por la paz [“peace makers”], porque se les llamará hijos de Dios” (Mt. 5, 9)


[1] FREUND, Julien: 1976. Observations sur deux categories de la dinamique polémogėne : de la crise au conflict ». Communications, num 25 , Paris, Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, Seuil.

[2] CABRÉ RUFFAT, Agustín CMF: Historia de los misioneros claretianos en México”, México, 2014, pag. No. 8, pag. 56