Los evangelios de la infancia no son considerados históricos, sino mítológicos, con fines catequéticos. Más en concreto, San Mateo se preocupa siempre en mostrar a los judíos que Jesús cumplía las profecías veterotestamentarias. Sin embargo el evangelista busco la verosimilitud en su relato, evocando escenas que tuvieran contextos realistas. Entre los moradores del desierto, había clanes nómadas de comerciantes que traficaban mercancías exóticas para las élites de las ciudades a las que llegaban: marfiles de Egipto, sedas, especias, perfumes, etc. Llevaban gente armada, para defenderse en caso de asaltantes y vivían en tiendas de campaña con cierto lujo. Los patriarcas del clan eran naturalmente los jefes ( del árabe “jeques”), que traducimos como “reyes”, connotando, en la imaginería popular, a los reyes medioevales. Ya que las dunas del desierto, con cambiantes por el los ventarrones del “simún”, no sirven de puntos de referencia, la única forma de orientarse es mirando al cielo. Las posiciones del sol y de la luna marcan los puntos cardinales; pero no basta, por lo que importa mirar las estrellas. Se dice que en aquella región es donde se pueden mirar el mayor número de estrellas, y no en balde en Asiria surgió la astrología que supone que los astros influyen en la historia personal y social. La ignorancia astronómica de la mayoría de la gente de los clanes pudo atribuir a sus jefes poder adivinatorio para guiar la caravana hacia los lugares adónde pretendían llegar, y de ahí su calificación de “magos”. Sigue leyendo «LOS REYES MAGOS»
Categoría: Homilías
EL TIEMPO Y LOS AÑOS: FELIZ 2015
Según los filósofos, el tiempo no existe. No hay un superreloj dentro del cual se dé el devenir de la historia. El tiempo es una construcción humana, un “imperativo categórico”, como lo llamó Kant. Lo que existe es el movimiento: un cosmos en movimiento perpetuo; La vida como movimiento continuo desde el nacimiento hasta la muerte, el deterioro normal de todo viviente.
La conciencia del tiempo que pasa sólo es posible comparando dos movimientos. Por razones utilitarias, fue necesario comparar las actividades laborales con otros signos: Los huicholes, seminómadas, sobreviven por la recolección y la caza, combinadas con la siembra. Cuando en el desierto aparecen los primeros peyotes (que ellos flechean), saben que es momento de recolección de la cosecha, cazan un venado, recolectan peyotes y regresan al pueblo para hacer su fiesta. Los huaves, del Istmo oaxaqueño, pueblo de pescadores, se guían por la luna para saber cuándo es mejor momento de p
escar. La agricultura depende, empero, de las estaciones del año. Para conocer los tiempos de las actividades del campo (siembra, cosecha), lo mejor fue conocer la trayectoria de los astros, en base de equinoccios y solsticios, en su recorrido alrededor del sol. De ahí vino la cuenta de los años (el calendario, que registra el transcurso del planeta en una vuelta completa alrededor del sol) y del día (el reloj, que divide el día según los momentos de rotación de una vuelta del Planeta sobre su propio eje). Los diversos calendarios tomaron un hecho histórico importante (la fundación de Roma). El calendario que se impuso en todo el mundo fue el cristiano: el nacimiento de Jesús, el Salvador, fue el eje de la historia, que dividió la cuenta de los años hacia adelanta o hacia atrás.
Junto a este tiempo “cósmico”, está el ciclo del individuo: cada día, cuando me acicalo ante el espejo, me veo exactamente igual que el día anterior; pero cuando miro la foto de mi pasaporte viejito, noto cuánto he cambiado. Las transformaciones que sufren las personas no son sólo físicas, sino sicológicas y culturales, de donde se distinguen distintas etapas de la vida -niñez, adolescencia, juventud, adultez joven, adultos maduros, adultos mayores (tercera, cuarta y hasta quinta edades-. Esto es importante culturalmente, para las actividades sociales que se permiten y para identificarnos generacionalmente.
El trascurso de un año es una unidad cómoda para organizarnos. Las empresas hacen sus balances (ganancias y pérdidas) y planifican sus presupuestos. Podemos hacer otro tanto en nuestra “empresa” espiritual: contamos como “pérdidas” nuestros pecados, fallas y equivocaciones, no para complacernos en un sentimiento patológico de culpabilidad (simplemente ponemos nuestro arrepentimiento en las manos amorosas de Dios), y contamos como “ganancias”, todo aquello que nos permitió crecer en sabiduría y Gracia. Como “planificación”, nos proponemos unas pocas metas realistas en las diversas áreas de nuestra persona, pues si nosotros no nos proponemos metas, otros nos imponen las suyas. Es lo que nos hace crecer.
Para México, el año político 2014 fue importante por dos razones, las “reformas” y Ayotzinapa, dependiendo del punto de vista. El México próspero y moderno, publicitado en el exterior, es visto con preocupación desde la perspectiva de las mayorías empobrecidas: despojo de territorios, de los recursos acuíferos, saqueo de minerales, inseguridad laboral y bajos salarios, una educación que prepara tecnócratas y no personas críticas, concientes de los valores cívicos y de nuestra identidad histórica y capacitados para pensar; robustecimiento de los propietarios de grandes medios de comunicación; mientras se obstaculiza los pequeños radios comunitarios…
Ayotzinapa quedará en nuestra historia futura para ser recordada cada 26 de septiembre –“¡Vivos se los llevaron, vivos los mantendremos!”-. Una radiografía que nos permite ver la operatividad de un Estado, no fallido, sino represivo y ligado al crimen, con un ejército de ocupación, dependiente de las directrices de nuestro vecino del Norte. Pero al mismo tiempo, el sorprendente despertar de una sociedad, desencantada de la degradación de sus instituciones y que reclama formas de democracia participativa, mayor transparencia, un nuevo sistema judicial y otra política respecto al narcotráfico y al crimen organizado.
Ubicado nuestro país dentro del mundo, cobramos conciencia del proyecto de muerte: agotamiento de los recursos naturales, explotación laboral, consumismo desenfrenado de una cuarta parte de la población mundial y “desechos” que contaminan el Planeta hasta límites intolerables, que podría llegar pronto al punto de “no retorno”, en condiciones que no permitan la sobrevivencia humana… todo esto asegurado por un costosísimo armamentismo, ahora “inteligente”, basado en elomnipresente espionaje. Pero al mismo tiempo, con la esperanza del impresionante polular por doquier de numerosos movimientos sociales, que se vinculan en redes sociales internacionales, con creciente conciencia de los derechos humanos, el cuidado ecológico y la equidad de género. Dentro de estas esperanzas podemos mirar al Papa Francisco, en sus prisas por consolidar su proyecto, mientras pueda, lo que puede conducir a un nuevo modelo de Iglesia.
Como quiera, al final de la historia -cuando perezca el último sobreviviente de la especie humana-, Cristo vendrá de nuevo a juzgarla aventura total de la especie en el Plante que nos dió. A nosotros nos toca seguir construyendo historia, aprendiendo de nuestro pasado y con los impulsos necesarios para contribuir a las apremiantes transformaciones de estructuras, atentos a otros modelos alternos que seguramente irán surgiendo. De este modo, tendremos un ¡FELIZ AÑO 2015!
LA NAVIDAD 2014: LA ESPERANZA
Nuestra cultura secularizada ha opacado el significado de las fiestas religiosas. El imperialismo cul
tural del Norte (pinos, nieve, renos y trineos) exporta su versión travestida del generoso San Nicolás de Bari. Para conmemorar el nacimiento de un Niño -en un pesebre, calentado por animales y socorrido por los “regalos” solidarios de pastores-, El Comercio organiza la Gran Venta de Fin de Año, alentando la fiebre consumista, por la cual la cuarta parte de los terrícolas acabamos vorazmente los recursos planetarios, adquiriendo mercancías superfluas artificialmente obsoletas… La Navidad actual, con sus adornos y lucecitas multicolores, semeja a una de esas esferas del arbolito: de colores brillantes y atractivos; pero frágil y vacía. ¡Pura apariencia! Sigue leyendo «LA NAVIDAD 2014: LA ESPERANZA»

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