A-02 EL BUEN MAESTRO FORMA DISCÍPULOS INDEPENDIENTES

Jn 1, 29-34

El tema de este domingo es otra versión del de la semana pasada, en versión de otro evangelista. La clave de la diferencia lo da el clima del tiempo litúrgico. El domingo pasado -primer domingo del tiempo ordinario-, sirvió de gozne entre la Epifanía (Dios manifiesta a Jesús) y e Tiempo Ordinario, en este domingo se inicia la misión de Jesús como Mesías. En la Epifanía, era el Padre quien manifiesta que Jesús es su Hijo unigénito y el Espíritu lo unge como Mesías. Ahora será un creyente, Juan Bautista, quien lo da a conocer.

  • Después de regresar del desierto, Jesús regresa una temporada con su primo Juan, ayudándole al movimiento; aunque tenca cierta discrepancia con él. En cierto momento, cuando Juan está enseñando a sus discípulos, Jesús pasó por ahí, y Juan lo señaló a sus discípulos, dándoselos a conocer como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”, el encargado de vencer al mal. Juan reconoce que aquel hombre que pasó de largo “es más importante que yo, ya que existía antes que yo”, y les narró la “epifanía” al momento de bautizarlo. Dos de esos discípulos (Andrés y alguien más), comprendiendo que el señalamiento era, en realidad, una invitación a que se fueran con Él, deciden seguirlo, a prudente distancia, quizás con curiosidad, reverencia y decisión. Jesús, que sintió que lo seguían, volvió la cabeza y los jóvenes se encontraron directamente con esos ojos penetrantes que no olvidarían jamás. “¿Qué quieren?”, les preguntó Jesús, y ellos, en su turbación no acertaron a balbucear lo primero, más que lo primero que les vino a la mente: “Maestro, a dónde vives?”, y Jesús los invitó a su casa, a pasar la tarde con Él.
  • Juan se muestra como un verdadero guía y maestro. No retiene para sí a sus mejores alumnos (algo que da satisfacción a cualquier guía, dar preferencia a los mejores y más dispuestos, quienes captan mejor sus enseñanzas, sino que, buscando la mejor formación de ellos, los canaliza hacia otro maestro mejor.
  • Un mal guía, aunque sea conciente de que su función debe mostrar a otro maestro mejor que él, no deja de tener cierto celillo, y hasta trata de restarle foco de atención; pero Juan nunca dejo de tener conciencia de que su misión se reducía a “preparar el camino del Mesías”, el mismo que ahora pasaba por el camino.
  • Para el encuentro personal con Jesús, Juan condujo hacia Él a Andrés y su compañero; Andrés, a su vez, condujo a su hermano Simón. Se establece así una cadenita, pues ahora Jesús no es dado a conocer mediante una señal del Cielo, como en la Epifanía a Juan, sino mediante el testimonio de otro creyente que lo ha encontrado antes. Así es cómo se transmite la fe y la vocación, por contagio (no por proselitismo de ideas).
  • ¿Quién fue la persona que nos condujo a Jesús y nos lo mostró como ese Alguien, cuyo contacto y enseñanza colma nuestra vida? ¿Podemos también testimoniarlo a otro? Esto no se da por un “meme” en las redes sociales, sino de persona a persona, de testimonio de vida.

A-03 ¿CÓMO PLANIFICAR UNA CAMPAÑA?

Mt 4, 12-23

  • El conocimiento del Evangelio que adquirimos en las lecturas de los domingos tiene el inconveniente de su fragmentación -leemos un domingo un parrafito de aquí; al siguiente otro parrafito de otra parte o de otro evangelista, etc.-, y de esa manera, perdemos de vista la secuencia narrativa que obtendríamos al leer de corrido un evangelista, y en todo caso, luego cotejarlo con lugares paralelos de los otros tres. De este modo puede darnos la impresión de que Jesús era lo que podríamos decir, un “espontaneísta”
  • ¿De quién decimos que es un “espontáneo? En lenguaje taurino, el espontáneo es alguien que tiene cierto entrenamiento del toreo; pero que no tiene aún una disciplina formal, y que se lanza al ruedo improvisadamente. Es verdad que a veces puede hacer una buena faena; pero lo más seguro es que haga el ridículo (si no es que se lleve una cornada).
  • Así pensaríamos que Jesús va de aquí para allá, obedeciendo a sus impulsos o a lo que va viniendo y que actúa conforme le van pidiendo las circunstancias. Sin embargo, si leemos el evangelio de corrido nos demos cuenta de que su misión obedece a un plan perfectamente programado, que seguramente diseñó en los 40 días del desierto. Hoy, al comienzo de su misión como Mesías –su vida pública-, podemos destacar algunos elementos que seguramente estarán presentes en cualquier campaña, sea comercial o política.
    • Objetivo.- Lo primero que se requiere en cualquier campaña es señalarse un objetivo principal, es decir, algo general que se persigue como meta final de la campaña. Jesús, conciente de tener todo el poder de Dios en sus manos, pensó en un objetivo muy ambicioso en el tiempo y en el espacio, y que seguramente superaría las posibilidades de una sola persona (así fuese el Hijo de Dios): Hacer de todo el mundo una sola familia, que tuviera como Padre a Dios, y que por tanto, hiciera sentir a todos los seres humanos como hermanos. Es decir, estamos en el primer proyecto de globalización de la historia. Tendría que realizarse a largo plazo (máxime que sería previsible que no lo habrían de dejarlo terminar, sino que lo matarían).
    • Slogan.- Ese proyecto ambicioso lo denominó “Reino de Dios”, entendiendo como tal, un mundo regido por los valores de la justicia, la paz, la verdad, la libertad, la fraternidad, la Gracia. Los publicistas aconsejan, para la propaganda, resumir ese objetivo general en un “slogan”, es decir, una frase breve pero con gran contenido, que resuma todo el proyecto y que tenga también una fuerte carga emotiva. El slogan de Jesús, que repetía en todas partes, fue “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los Cielos”, y para un pueblo de tradición monárquica teocrática, como Israel, despertaba resonancias históricas profundas.
    • Estrategia.- ¿Cómo realizaría su misión? Eligió una forma itinerante, es decir, no se instalaría en algún lugar determinado (como le pedían sus paisanos de Nazaret), sino que iría recorriendo todas las aldeas de Galilea, enseñando en el camino a discípulos que le irían siguiendo: en cada aldea, predicaría en las sinagogas, sanaría enfermos y desenmascararía esa religiosidad legalista, ritualista y formal difundida desde Jerusalén por los omnipresentes fariseos. Buscaría preferentemente a los empobrecidos, los enfermos, los pecadores, los sufrientes, mostrando así el rostro compasivo y misericordioso del Padre Dios.
    • Pedagogía.- El género pedagógico de su discurso serían las parábolas, o sea, comparaciones de la vida cotidiana como base de enseñanzas acerca del Reino de Dios.
    • Equipo central de colaboradores.Tendría que elegir un reducido grupo cercano –serían 12 apóstoles- a quienes daría una enseñanza y entrenamiento más especial.
  • Una vez diseñada su planificación, habría que echarla a andar, y para ello, planear su lanzamiento, fijando tiempo y lugar adecuado. Como lugar del lanzamiento pensó en su pueblo, Nazaret, adonde anunciaría su programa, como lo hizo. En cuanto al tiempo, habría que esperar una coyuntura. Dicha coyuntura fue el arresto de Juan Bautista, mandado por el Rey Herodes, como represión a la denuncia que le hacía el profeta. Hasta entonces, Jesús se había quedado junto a su primo, ayudándolo a bautizar; pero con este hecho se daba cuenta que aquel movimiento se acabaría y entonces decide tomar el relevo, transladándose a Galilea, una región más propicia, pues estaba más lejos del centro judío de poder y más preparado por la predicación de grandes profetas (como Elías y Eliseo). Así, además, se cumpliría la profecía que leímos en la primera lectura: “Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, Galilea de los paganos…”
  • El evangelio de hoy se centra en la elección de los primeros apóstoles. Habiéndose instalado en Cafarnaúm, una vez que caminaba por la ribera del mar vio a los dos hermanos, Simón y Andrés, a quienes había conocido antes, entre los discípulos del Bautista. Eran pescadores y estaban entonces remendando sus redes. Amaban su oficio: levantarse muy tempranito, todavía de noche y tender las redes, quedándose silenciosos bajo la luz de las estrellas, ocasión para reflexionar, meditar y orar. Cuando Jesús llama a su seguimiento, no frustra las auténticas vocaciones personales, sino que las transforma para realizarlas desde otra dimensión más seductora. Jesús los invitó: Les gusta pescar, ¿verdad?, pues síganme “y los haré pescadores de hombres”. Lo mismo hizo con Santiago y Juan, quienes trabajaban con la barca de su padre, en la que también usaban los primeros hermanos.
  • También nosotros, cuando Jesús llama, por supuesto siempre hay algo que perder; pero también es posible que nuestra vida descubra aspectos insospechados. Quizás también nosotros estemos enredados en nuestra cotidianidad, en nuestros trabajos y rutinas, quizás buscando superar nuestras soledades en el Internet y en las redes sociales, y quizás podamos escuchar a Jesús que nos diga: “dejen sus redes y síganme”… Aceptar esta invitación a sumarnos en un gran proyecto, muy ambicioso; pero que requiere una entrega total, hará entonces que nuestra existencia posea un sentido hasta entonces desconocido. ¿Aceptamos el llamado?

A-01 LOS REYES MAGOS ¿QUIÉNES FUERON?

¿Quiénes fueron estos personajes? ¿ficticios? ¿verosímiles dentro del contexto de su tiempo?. ¿Tienen algo que ver con nuestras vidas actuales?

  • Hoy es la fiesta de la “Epifanía”. La palabra es griega –έπιϕάνεια, del verbo ϕαινέιν (brillar) y del prefijo επι (por encima): “acción de mostrarse o aparece por encima”; manifestación a la superficie; manifestación mágica del poder divino. Dios mismo manifiesta que ese bebé nacido en una cueva (en la periferia de Belén, periferia de Jerusalén, periferia del Imperio Romano) es nada menos que el Mesías largo tiempo esperado, el Hijo de Dios. En la Iglesia primitiva –y todavía hoy en las iglesias orientales-, la fiesta abarcaba tres “epifanías”: la adoración de los reyes, el bautismo de Jesús y la conversión de agua en vino en Caná. La Iglesia Latina separa estos actos: este año, ayer el evangelio narró las bodas de Caná, hoy la adoración de los Santos Reyes y el domingo próximo, el bautismo de Jesús. Ahora nos toca celebrar la primera: la adoración de los Santos Reyes.
  • Los evangelios de la infancia no tienen la misma precisión histórica que el resto del Evangelio. De hecho, San Mateo es el único que narra este episodio, para que por fines catequéticos, se vea que en Jesús se cumplen las antiguas profecías. Su relato ha recibido complemento de tradiciones medievales legendarias; pero Mateo no dice que fueran tres, ni menciona que sus nombres fuesen Melchor, Gaspar y Baltazar, ni dice que uno fuera negro, ni que vinieran montados en un dromedario, un caballo y un elefante (poco probable en las travesías por el desierto). Sin embargo el relato no deja de tener verosimilitud histórica. ¿Quiénes eran estos personajes? Debieron ser clanes nómadas de comerciantes, que traficaban mercancías exóticas para las élites de las ciudades -marfiles, sedas, especias, perfumes, etc.- a través del terrible desierto de Arabá, en los grandes centros civilizatorios junto a los ríos Éufrates (Babilonia, el actual Irak) y el Nilo (Egipto). Llevaban, obviamente, gente armada, para defenderse de los asaltantes y vivían en tiendas de campaña con cierto lujo. Los patriarcas del clan eran naturalmente los jefes (del árabe “jeques”), que traducimos como “reyes”, connotando, en la imaginería popular, a los reyes medioevales, con corona, capas y atuendos que hubieran resultado totalmente imprácticos en aquellas travesías. Ya que las dunas del desierto son muy cambiantes debido a los ventarrones del simún, no sirven de puntos de referencia. La única forma de orientarse en aquellas arideces era mirando al cielo. Las posiciones del sol y de la luna marcan los puntos cardinales; pero no basta, por lo que importa mirar las estrellas. Se dice que en aquella región es donde se pueden mirar el mayor número de estrellas, y no en balde en Asiria surgió la astrología que supone que los astros influyen en la historia personal y social. La ignorancia astronómica de la mayoría de la gente de los clanes pudo atribuir a sus jefes poder adivinatorio para guiar la caravana hacia los lugares adónde pretendían llegar, y de ahí su calificación de “magos”. Así que los “reyes magos” fueron en realidad “jeques astrólogos”
  • ¿Podría haber algún registro en la historia astronómica que explicase este fenómeno celeste? En 1614 el astrónomo Johannes Kepler registró que una serie de 105 conjunciones de los planetas Júpiter y Saturno (hecho poco frecuente) que tuvieron lugar en el año 7 AC, lo que daba impresión de una nueva estrella más luminosa. Según la astrología asiria, las estrellas influían en la vida de los humanos, y en el zodiaco, una constelación aparentemente es fija y sirve de eje a las demás; aunque también gira mucho más lento, pues cada 2,000 años se da un cambio de eje. Justamente entonces Aries (Abraham y el cordero) estaba siendo sucedida por Piscis (Jesús, el pez), y en esa región se suponía que el nacimiento de un rey o personaje importante era predicho por el nacimiento de una estrella. Esto explicaría el cambio de ruta, para reconocer este gran personaje recién nacido.
  • No es difícil sacar conclusiones de este pasaje para alguna llamada para nuestra vida espiritual, eso que suele llamarse “vocación”, y que no es exclusivo para entrar al seminario o al convento. Responder en la vida a una llamada o destino para cierta encomienda (misión), suele dar sentido a la existencia y orientar nuestras metas y esfuerzos en alguna dirección. Algo que pudiera ser oportuno al inicio de un año. También nosotros solemos estar inmersos en nuestros negocios (como los reyes magos en sus rutas comerciales); pero es posible que nos encontremos con un evento que parece significativo. Requiere de nosotros una actitud de discernimiento para ver si no es sino un acontecimiento azaroso o si constituye una señal. En este caso nos obligaría hacer un alto y cambiar de rumbo nuestra vida. No se tratará ahora, por supuesto, de maravillosos signos celestes, sino de los “signos de los tiempos”, es decir, ciertos fenómenos sociales significativos que pueden indicarnos por dónde el Espíritu señala que hay que caminar para implementar la voluntad del Padre. (Jesús recriminó a quienes predecían la lluvia o el calor por signos metereológicos: “Saben interpretar el aspecto de la tierra y el cielo, ¿cómo entonces no interpretar el momento presente?”).
  • Ya que la superposición de ambos planetas Júpiter y Saturno no era total, podría notarse un chipotito o especie de flecha en una vaga dirección hacia Palestina, posiblemente algún oasis del Jordán, y hacia allá se dirigieron. Si bien cada jeque de clan, por su lado, hizo la misma interpretación del fenómeno celestial, la estrella los hizo encontrarse en el camino. Igualmente nosotros, al atender esos “signos” para reorientar el rumbo de nuestra vida hacia metas supraindividuales, encontraremos compañeros de viaje que podrán convertirse en amigos y hermanos en la misma causa.
  • Ya en tierra Palestina se dirigieron, como era natural, a Jerusalén, confiados en que si se trataba del nacimiento de un rey glorioso, seguramente allá les darían razón y ellos podrían entonces darle reconocimiento, para su propia conveniencia.
  • Una vez llegados a la gran ciudad, la estrella ya no les era suficiente (se ocultó). Ahora se requería más bien de indagar. Tampoco a nosotros nos basta con interpretar ciertos sucesos como “signos” epifánicos de la voluntad del Padre sobre nuestro actuar. Necesitamos también del arduo trabajo investigativo y crítico. Para saber el “cómo”, “cuándo”, “dónde”, “con quiénes”… nos ayudarán los dones del Espíritu Santo: los de Ciencia, de Entendimiento, y también el de Consejo -la consulta a los profesionistas especializados-. Toda la ciudad se conmocionó con la llegada de aquellos personajes exóticos del desierto, al punto que el mismo rey se interesó alarmado y llamó a los escribas para ver si existía en las viejas profecías algún indicio del nacimiento de algún rey-mesías. Ellos le recordaron la del profeta Miqueas (5, 1) “Tú Belén, en territorio de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un “jeque, el pastor de mi pueblo, Israel”.
  • Los reyes magos se encaminaron, pues, hacia Belén y allí no les fue difícil indagar entre los lugareños. Unos pastores les hablaron del niño nacido en una cueva. Con el testimonio de los sencillos, “limpios de corazón”, nuevamente el signo (la estrella) se les hizo brillante. Ante la luz de la fe de los sencillos, terminó su búsqueda, dando con la casa de los parientes de José, donde se encontraba pasado el censo.
  • Por aquel entonces se esperaba la venida inminente de cierto personaje misterioso –el “Mesías”-, a quien se atribuían funciones reales, y Mateo apoya su relato en la profecía de Isaías –a quien leímos en la primera lectura-: “Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti… Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes al resplandor de tu aurora… Entonces verás esto radiante de alegría; tu corazón se alegrará y se ensanchará cuando se vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos… Te inundará una multitud de camellos y dromedarios procedentes de Madián y de Efá. Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor” (60, 1-6). El Mesías esperado habría de ser un rey reconocido por muchos pueblos, no para sustentar el dominio de Israel, sino atraídos por una luz: su mensaje de paz y fraternidad, que tiene potencial para iluminar a las diversas culturas e incluso, otras religiones o a personas de buena voluntad que no crean en un Dios; pero dispuestos a vivir sus valores éticos. Es ese misterio revelado a San Pablo (segunda lectura); pero ya manifestado antes por los apóstoles y profetas: “que también los paganos son coherederos de la misma herencia…partícipe de la misma promesa en Jesucristo”.
  • Los viajeros no se desilusionaron al constatar que aquel Rey preclaro anunciado por la naciente estrella, como habían creído, era en realidad un pequeño niño pobre; el Niño-Dios que se “manifiesta” en los más oprimidos y empobrecidos. Entonces, nuestros jeques astrólogos (“reyes magos”) le ofrecieron dones de su tesoro: oro, incienso y mirra. Nosotros también podemos ofrecer como dones, la disponibilidad para cumplir la voluntad del Padre, la fidelidad a nuestro compromiso bautismal y un corazón amoroso hacia los sufrientes.
  • Como todo signo, la estrella fue objeto de interpretaciones ambivalentes: para los Reyes Magos fue bendición; pero para Herodes, fue amenaza. Desde su nacimiento, el Niño tuvo enemigos de muerte; varios bebés fueron masacrados, y tuvo que ser exiliado para salvarse. En nuestra búsqueda por cumplir la voluntad divina, tendremos enemigos, las fuerzas del Anticristo, que no se detienen ni ante el asesinato de inocentes. Hemos de hacer continuamente discernimiento crítico para buscar continuamente, con astucia y audacia, caminos alternativos para defender la esperanza. La “Epifanía” nos evoca todas las búsquedas interculturales e interreligiosas de Dios; nuestras nostalgias y anhelos, nuestro caminar por el desierto árido de la vida, en la incertidumbre. Tan sólo guiados por leves signos de luz.