
Septiembre de 2016: en varias ciudades de México tuvieron lugar grandes manifestaciones en favor o en contra del reconocimiento legal de parejas del mismo sexo. Se constató que persisten aún actitudes atávicas de intolerancia hacia lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGTB) en mucha gente, incluyendo fracciones conservadoras del clero; pero también que amplios sectores apoyan los derechos de tales ciudadanos.
Estructuramos el presente artículo desde la curva parabólica de Freund, la cual visualiza con claridad las diversas etapas de cualquier conflicto (condicionamientos culturales previos, gestación, el detonante o crisis, su nudo crítico en el clímax, y su desactivación hacia una posible solución).
Precrisis (condicionamientos culturales subyacentes)
A las personas con diversidad sexual les resulta en general muy difícil la vida: según la Encuesta nacional sobre la discriminación en México (2005), el 94,7% de las personas LGTB entrevistadas consideraban que había discriminación en su contra, y el 43% afirma haber sido víctimas de algún trato discriminatorio. En la familia, en la escuela, en el trabajo, se reproducen situaciones de segregación que provocan desempleo, exclusión e incluso asesinato. Sin embargo, según los estudios realizados en los últimos cincuenta años, la homosexualidad ya no es considerada ni como enfermedad (OMS), ni perversión, ni desviación. México tampoco es ajeno a estas transformaciones socioculturales, de modo que las comunidades LGTB se han venido visibilizando y dignificando, y han conquistado algunos derechos.
Según la Encuesta nacional de discriminación de 2010, las instituciones que ejercen mayor discriminación son la policía (42,80%), la Iglesia (35,30%) y el gobierno estatal (35,30%) —precisamente, las instituciones públicas encargadas de velar por el mantenimiento del orden y la seguridad—. Al no existir ningún organismo público al que acudir, la violencia se legitima, se esconde y queda impune. Es verdad que la Iglesia Católica se muestra ahora un poco más caritativa, aun cuando sigan sin aceptarse las prácticas sexuales no orientadas hacia la procreación. Esta posición —como en otras cuestiones relacionadas con el sexo— coloca a la Iglesia en contraposición con la cultura erótica que va ganando hegemonía, y se fractura así la síntesis que solía haber entre fe y cultura.
México sigue arrastrando el jacobismo laicista y algunos revanchismos «cristeros». La Iglesia Católica no acaba de descubrir su papel en el modelo laico de Estado, y conserva complejos de persecución. Había pretendido un trato especial en cuanto «religión de las mayorías»; pero ahora (cuando esto ya no es tan claro) intenta imponer su moral sobre toda la ciudadanía basándose en el llamado «derecho natural». El Estado, cuya función principal es garantizar la convivencia pacífica, debe velar porque a todas las instituciones religiosas o corrientes de pensamiento —aun minoritarias— se les reconozca sus derechos; por lo mismo, no permite que a toda la ciudadanía se le impongan conductas de grupo, mientras existan otras alternativas con suficiente peso y solidez argumentativa.
Antecrisis (motivaciones recientes de los actores)
Entre los derechos que reclaman las personas LGTB está el reconocimiento legal a sus parejas, incluyendo la posibilidad de adopción (matrimonio igualitario). Algunas legislaciones estatales dieron ya su reconocimiento, y la Suprema Corte de Justicia es favorable a los amparos en cualquier parte del país. Sin embargo, existe también fuerte oposición dentro de sectores eclesiásticos, los que al parecer aprovecharon la visita del Papa Francisco para entablar acuerdos cupulares secretos con el presidente mismo.
Crisis (momento de suspense que profundiza la ruptura)
El 17 de mayo de 2016 el presidente entregó al Congreso de la Unión una iniciativa para legalizar el matrimonio igualitario a los grupos LGTB. Si bien dicha iniciativa era más bien logro de dichos colectivos, le daba al presidente Enrique Peña Nieto una oportunidad para mejorar su imagen, ya demasiado deteriorada (su aprobación era menor al 10%).
Sectores conservadores de la Iglesia se sintieron traicionados, y alentaron la creación del Frente Nacional por la Familia (FNF), integrado por algunos partidos de derecha y miembros de las asociaciones tradicionalistas de padres de familia, indignados por la formación sexual dada en los libros de texto, en especial sobre la diversidad sexual.
En julio del mismo año, el cardenal Norberto Rivera hizo fuertes declaraciones y el Semanario Desde la fe de la arquidiócesis de México publicó una serie de editoriales ofensivas hacia los colectivos LGTB.
La inconformidad de los grupos conservadores se centró en la supuesta «ideología de género». Como es sabido, el significado que el marxismo da al término «ideología» es el de «falsa conciencia» o distorsión de la realidad, a veces inconscientemente motivada por los intereses de una clase social.
En cuanto al término «género», se trata de una categoría analítica de plena aceptación entre los científicos sociales. Fue utilizada inicialmente para estudiar la condición de subalternidad de la mujer en las culturas patriarcales, que era justificada por supuestos fundamentos biológicos («la naturaleza femenina»), con que se ocultaban imposiciones culturales sexistas.
Paradójicamente, el FNF tildó de «ideología de género», justamente a quienes desenmascaraban los «mecanismos ideológicos», manifestados en la violencia del lenguaje usado tanto por el FNF como en los artículos del Semanario arquidiocesano.
Nudo crítico (momento climático de la confrontación)
El 10 y 24 de septiembre de 2016 se celebraron las grandes manifestaciones. El FNF integró a numerosos católicos, grupos evangélicos y partidos políticos. Los grupos LGTB atrajeron a diferentes académicos, activistas, movimientos feministas y políticos de oposición. Previamente a esta polarización, algunos grupos religiosos habían levantado su voz en favor de la diversidad sexual, voz que hasta entonces no se había escuchado en el interior de la Iglesia (el Foro de religiones sobre el matrimonio igualitarios, convocado por el Observatorio Eclesial, y, a título personal, el rector de la Universidad Iberoamericana, David Fernández SJ).
Acción reparadora (mecanismos de ajuste para desactivar el conflicto)
Finalmente, el 9 de noviembre la Cámara de diputados rechazó la iniciativa presidencial, aludiendo a las facultades y competencias de los congresos locales, y algunos dirigentes del PRI reconocieron un fallo favorable afectaría a los resultados electorales en algunas regiones del país.
Por su parte, el Vaticano nombró cardenal a Aguiar Retes, presidente de la Confederación Episcopal Mexicana, y nombró a Franco Coppola, ambos más abiertos al diálogo, lo que contribuyó a desactivar el choque de trenes que se preveía.
El 31 de octubre del mismo año, el cardenal Rivera se disculpó con las personas de la diversidad sexual por «haber empleado palabras no adecuadas».
Reintegración (reintegración de los disidentes o reconocimiento de un cisma irreparable)
La última etapa de la parábola de Freund no se dio, pues no se reconoció a las personas LGTB los mismos derechos y oportunidades de gozar de la protección legal que tienen las demás parejas. Por tanto, el conflicto simplemente se pospuso y seguramente habrá de renovarse, ojalá que mediante un diálogo que supere el fundamentalismo y las posturas viscerales.
Según la encuesta de percepción Los mexicanos vistos por ellos mismos, realizada por la Universidad Autónoma de México, el 46,5% de los mexicanos considera que la idea del matrimonio entre personas del mismo sexo es decisión de cada uno y que debe ser respetada, frente a un 25,5% de los encuestados (las menos escolarizadas) que lo considera inaceptable, lo que deja entrever «la grieta en el muro» que podría ir resquebrajando la dificultad para un diálogo que posibilite una legislación que reconozca los derechos de los grupos LGTB.
- Agenda Latinoamericana 2018. Escrito juntamente con Rubén Nava