A-04 CÓDIGO DE ÉTICA PARA CRISTIANOS

Mt 5, 1-12

  • Hace ocho días conocimos la planificación de Jesús sobre su campaña de misión mesiánica. Ahora el evangelio nos aporta un último elemento que faltaba: la normatividad ética que pide para sus discípulos.
  • También otros grupos proponen a sus integrantes cierto código de honor: Hace apenas algunas décadas, algunos Partidos Políticos exigían a sus militantes una ideología y ciertas actitudes de comportamiento. Ahora pareciera que lo que rige son códigos no escritos, pero sí compartidos, de consejos prácticos: “El que no transa no avanza”, “un político pobre es un pobre político”, “sin obras no hay sobras”, “la moral es un árbol que da moras”, etc.
  • Eligió cuidadosamente el lugar correcto: un tranquilo monte –“El Sermón del Monte”–, connotando así el Monte Sinaí, donde Moisés recibió el código de ética del antiguo pueblo hebreo: “Los Diez Mandamientos”. El paralelismo era claro -para el nuevo “pueblo de Dios” se requería una nueva legislación o una normatividad. Sin embargo, las diferencias son notorias. El Decálogo obedece a la “ética del deber”: se trata de prohibiciones, cuyo quebrantamiento es pecado que merece castigo: NO matarás, NO hurtarás, NO mentirás, NO fornicarás… En cambio, el código de Jesús obedece a la “ética del placer”, pues se encaminan a adquirir ese estado de felicidad, más estable y profundo que el simple “goce” o “alegría” o “contento” que son menos duraderos y que nombramos “bienaventuranza” (aunque la traducción de la liturgia lo cambie por el de “dicha”, que también es un estado espiritual; aunque quizás menos profundo). Por tanto, más que imperativos obligatorios parecen ciertos “tips” para alcanzar aquel estado.
  • Un problema para la intelección de los textos bíblicos son las traducciones. Los italianos dicen: “traduttore = traditore” (“todo traductor es un traidor), pues entre las posibles acepciones de un término, el traductor elige, y lo hace conforme a su propia ideología. Por tanto, habrá que buscar palabras equivalentes más cercanas a nuestra propia realidad. Comentemos, pues, estas “Bienaventuranzas”
    • “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Esto es un ejemplo de lo que acabamos de decir. A veces se le entiende como un desapego interior a los bienes, como una posesión que no se aferre a mantenerse. En ese sentido, el mismo Carlos Slim podría ser uno de ellos… al menos hasta que no se vea un peligro real de perder las fortunas, pues entonces se evidenciaría su grado de dependencia. Algunas Biblias traducen la frase como “Dichosos los que tienen espíritu de pobre”, que me parece más correcto, Hay pobres que tienen “espíritu de ricos”, que cuando pueden, se aprovechan de sus compañeros, iguales de pobres. En cambio, los pobres “con espíritu” suelen ser solidarios con sus hermanos (“hoy por ti, mañana por mí”); son humildes y no pretenciosos; no pretende enseñar e imponerse, sino siempre dispuestos a recibir.
    • “Dichosos los que lloran [con los que lloran], porque serán consolados”. El dolor –como la alegría- puede llegar a cierto umbral de intensidad que sea imposible de ser llevado solo, y que, por tanto, necesita ser compartido: encontrar alguien que se compadezca (que “padezca-con” mi dolor), un hombro acogedor donde se pueda descargar el llanto, da la posibilidad de consuelo.
    • “Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra”. Otras Biblias traducen “sufrido” como “manso”. Me parece que el mejor sentido de esa bienaventuranza en la llamada “no-violencia-activa”, elaborada por Ghandi, Martin Luther King, Dorothy Day, etc. Se trata de soportar la agresión, sin responder ni con miedo, ni con violencia, sino haciendo conciente al agresor de su abuso y prepotencia. Curiosamente, Jesús les promete que “heredarán la Tierra”, contra lo que se presupone, que la tierra la heredan los conquistadores, quienes la arrebatan con violencia.

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