C-14 CONTRAPUBLICIDAD CRISTIANA

Lc 10, 1-12. 17-20

  • Jesús está preparando la última fase de su campaña mesiánica, misma que planea terminar en Jerusalén. Viajará despacio, aprovechando para visitar los más pueblos posibles, para lo cual enviará una avanzada que le vaya preparando el terreno, los poblados a los que consideró que tenían más oportunidades de acogida. Está satisfecho con los resultados, pues ha provocado una verdadera movilización, e incluso podría visitar más poblados, de tener cuadros confiables suficientes –“La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”- Sin embargo, no le interesa reclutar indiscriminadamente colaboradores -los números no le interesan-, se conforma con los discípulos indicados; pero entrenados y entregados. Elige a 72, número preciso, simbólicamente calculado -12 tribus de Israel X 12 apóstoles = 144 ÷ 2 = 72-, a quienes da instrucciones precisas:
  • Los envía en parejas, algunas de ellas seguramente serían esposos. No envía a un discípulo solo, para evitar protagonismos o subjetivismos y para dar testimonio de integración –clave para su proyecto-, así como para protección y apoyo. Los envía directamente a la misión, sin “detenerse a saludar a nadie por el camino”. Obviamente no está prohibiendo dar los buenos días, sino más bien “detenerse”, desviarse de la misión, cultivando relaciones distractoras.
  • Más que preocuparse por sus medidas de seguridad, fortaleza y protección, los envía totalmente vulnerables, “como ovejas en medio de lobos”. No sólo les manda no llevar dinero; pero ni siquiera un morral para guardar los mendrugos que le regalasen, como el que tenía Antístines, filósofo griego de los llamados “cínicos”, poco antes de Cristo. Ni siquiera sandalias, para echar a correr en caso de peligro… Otros evangelistas descartan incluso un bastón para defenderse de los perros y ni siquiera una muda para cambiarse… los envía prácticamente con lo que llevan puesto.
  • Hoy en día quizás valoramos demasiado los recursos para una buena campaña publicitaria. Pensamos, con Joseph Goebbels (ministro de propaganda de Hitler), que la eficacia de la recepción de cualquier producto es su visibilización y grabación en el oído (“repite una mentira un millón de veces y se convertirá en una gran verdad”). Se sabe que los costos de publicidad van en proporción inversa a la calidad del mensaje:
    • un anuncio comercial de 20 segundos en Televisa cuesta $278,600.
    • En 2014, en horario de 9 a 10 pm, se cotizaba en $1.400,000 de pesos.
    • Un comercial a la hora de la sobremesa, en la televisión española, puede costar hasta 20,000 euros.
    • En EEUU un comercial de 30’’ en un programa de “American Idol” puede venderse en $475,000 dls.
    • Los partidos políticos se repartieron $5,356 mdp para las elecciones de 2015 (al PRI le tocaron $1,376 mdp).

La mayoría de estas mercancías (un artículo, un candidato, un logo de Partido, una ideología, una versión de cierta noticia) no lo valen… Ya no creemos más en las supuestas “excelencias” de aquellos productos que nos ofrece la publicidad.

  • En cambio, la Palabra de Jesús se propaga por sí misma. Para que esto quede patente, Jesús exige a su avanzada de evangelizadores ir totalmente inermes, sólo armados de la Palabra. Con Ella podrán “aplastar serpientes y escorpiones” y quedarán protegidos “para que nadie pueda hacerles ningún daño”. Cualquier palabra de verdad, palabra fuerte, provoca siempre hostilidad en una sociedad que vive en la mentira; pero con un buen testimonio (cuando “sus nombres están inscritos en el libro de la vida”), tales ataques o calumnias no les dañarán. La Palabra de Verdad y de Vida no será acogida por aquellos que se benefician de palabras mentirosas y de muerte. En casos de esas colectividades que no la reciban, el discípulo amenaza serán tratadas con más rigor que la depravada Sodoma, y cuando se vayan, habrán de sacudir sus pies, para que se vea que “no se llevan ni el polvo”, pues su misión es desinteresada. Pero aún a aquellos que se bloquearon, de todos modos les dejan el anuncio esperanzador de la inminente llegada del Reino de Dios.
  • Les da también poder para curar enfermos. Actualmente, los sucesores de aquellos evangelizadores podremos también disfrutar de ese mismo poder -curar las enfermedades de nuestro tiempo (cada época y cada sociedad las tiene)-, ya que la Palabra es siempre sanadora, pues da consuelo, compasión y misericordia. Otro beneficio más: los evangelizadores compensarán a sus anfitriones con la Paz. Esa paz que no es resultado del equilibrio de los miedos, sino de la tranquilidad de la conciencia, y por lo mismo, transmisión de bendición.
  • La recomendación de Jesús es que se queden en la misma casa a la que llegaron, sin andar cambiándose de casa en casa para mayor comodidad, pues de lo que se trata es de que pongan los fundamentos de una incipiente comunidad. Comer lo que les pongan, sin remilgos; pero tomarlo con todo derecho, pues fueron a realizar un trabajo en beneficio de aquella comunidad, y como todo trabajador, se hacen acreedores a su justa remuneración. Igual que los maestros o los médicos, realizan una vocación en beneficio de los necesitados; pero a cambio, tienen derecho a un salario justo.
  • Por último, al ver los resultados, no alegrarse satisfechos, como si los resultados fueran recibido gracias a sus habilidades, esfuerzos o carismas. No. El efecto se debe en exclusiva a la Palabra (por eso mismo se difundió sin recursos). El evangelizador no es sino un mero mensajero, que no es responsable del mensaje que portó, ni para bien, ni para mal (entonces se “mataba al mensajero”, cuando la noticia no era grata o se le premiaba si era buena).
  • Creo que muchos evangelizadores actuales deberíamos releer este evangelio. La imagen que mucha gente tiene de la Iglesia es que es una empresa comercial, que cada semana pide dinero para algo, cuya utilidad no siempre es clara. No hagamos depender una acción pastoral de los recursos invertidos (incluso de las llamadas “nuevas tecnologías”, las TICs, la reclamación de tener canales televisivos propios, de costosas campañas vocacionales…). Lo que se precisa son cristianos auténticos que den testimonio de solidaridad y compasión, que hablen con la verdad y que ofrezcan sus bienes religiosos con desinterés, sin ambición, sin mercantilizar el culto… Entonces recuperaremos credibilidad.

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