Lc 12, 49-53
- En el conflicto que estamos viviendo él se juega la educación de las próximas generaciones y el tipo de ciudadano que se espera. Los contendientes son:
- La CNTE, sindicato disidente con fuerza en las regiones de mayor número de indígenas y de mayor pobreza en el país. Se trata de maestros que trabajan en condiciones precarias, los cuales se quejan de la forma de evaluació0n a la que fueron sometidos y que produjo, entre otras cosas, e despido de 30,000 maestros. Protestan por no haber sido tomados en cuenta en la formulación de la ley. Denuncian que la Iniciativa Privada intenta controlar la educación del país en aras de formar trabajadores sumisos y técnicos para trasnacionales, aparte de oportunidades de negocios privados. Proponen un modelo educativo alternativo que contenga valores cívicos, reforzando la historia, la filosofía, el civismo, y que sea adaptable a la diversidad regional. Su lucha ha recabado apoyos y simpatías de buen parte de la sociedad; aunque sus tácticas de lucha (bloqueo de carreteras) han incomodado a muchos ciudadanos y ocasionado pérdidas económicas.
- El Gobierno, que apostó a sus Reformas Estructurales, entre las cuales, la educativa es nuclear. La SEP, pretextando recuperar el control educativo (una parte del cual fue cedido al sindicato oficial), se lanza contra un magisterio mal preparado –dicen-, faltista y rebelde. Controla, además, los principales medios de comunicación. La innecesaria matanza de Nochixtlán provocó fuerte enojo en la población.
- Un grupo de empresarios que dicen pretenciosamente representar a todos los mexicanos, y que –según dicen- buscan mejorar la educación del país, presiona a la SEP para el cumplimiento de una Reforma Educativa que ha evidenciado sus fallas.
La polarización de ambas posiciones dificulta una salida negociada, y hay presiones para el recurso de la represión y la fuerza, que a nadie beneficia. La salida que deseamos muchos ciudadanos es mediante un diálogo de apertura, escucha y negociación.
- Los conflictos son inevitables en cualquier medio social. No siempre son negativos. A veces dinamizan la vida social, sacudiendo aquellas inercias a las que tiende la vida institucionalizada. Muchos conflictos han permitido avanzar a las sociedades; pero muchas veces se degeneran hacia formas violentas, con la eliminación de alguno de los adversarios, con costos sociales demasiado onerosos y que provocan mucho dolor. Todo conflicto mantiene una curva, desde su inicio, su punto álgido y su desenlace. Éste puede darse mediante la victoria de una parte y la derrota de la otra, o bien, mediante una solución negociada que evite daños. Algunos conflictos provienen de malentendidos, los cuales se solucionan redefiniendo significados y evitando suposiciones. Hay conflictos parciales que a veces agrandamos; los principales son aquellos que afectan a la sociedad entera, en el que se enfrentan proyectos antagónicos.
- ¿Puede un cristiano tener enemigos? La pregunta no es baladí ni impertinente, pues se hay una opinión muy difundida que piensa que a un cristiano le compete buscar siempre la unidad y no la división, pues Jesús vino a traer la paz en la tierra. Un buen cristiano –se piensa- tiene que estar bien con todos y responder siempre con paciencia ante las agresiones. Sin embargo, Jesús sí tuvo enemigos… y de los más poderosos (la teocracia judía, el imperio romano, la oligarquía herodiana). Entonces, tenemos que hacer algunas precisiones:
- Cuando Jesús llegó a la tierra, encontró su nación dividida y confrontada. El poder (romano o judío) sometía a las grandes mayorías a doloroso empobrecimiento, utilizando la fuerza de la dominación, produciendo víctimas en sangre, sudor y lágrimas. Hablar de paz y de unidad en ese contexto implicaba confrontar la injusticia y la violencia estructural. Por supuesto invita a todos (ricos y pobres) a sumarse a su proyecto de amor universal; pero esto sólo puede realizarse en un clima de justicia, paz, libertad y verdad. Los poderosos defenderán entonces sus privilegios y no se apiadarán de aquellos que pretendan quitárselos. La paz no es la mera ausencia de conflictos, y la unidad no se logra cediendo derechos propios, pues como dijo nuestro Benemérito Benito Juárez, “El respeto al derecho ajeno es la paz”.
- El poder controla siempre los aparatos ideológicos. En el conflicto magisterial, los principales medios de comunicación difunden una imagen tendenciosa y demasiado negativa de los maestros. En el caso de Palestina, dicha deformación ideológica se daba mediante la tergiversación de las Escrituras y del culto. Lograban que mucha gente –incluso también empobrecida-, por su poca conciencia crítica, por pequeñas ambiciones, por miedo a perder lo poquito de tienen, por no meterse en problemas, por ignorancia o por lo que sea, creían tales distorsiones y asumían el proyecto de la minoría dominante. En ese sentido, advierte Jesús que su proyecto atravesaría las familias mismas, divididiendo “tres contra dos y dos contra tres” (“el padre contra hijo y el hijo contra padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”).
- Tales serán las consecuencias al pretender implementar otra forma de convivencia en la paz y en el amor. Son los costos inevitables de un cambio de situación cimentada en la injusticia. Esto no implica, empero, ceder a la tentación de la violencia, pues este modelo sólo puede ser eficaz cuando sus partidarios aprendan a “amar a sus enemigos como se aman a sí mismos”
- Una mala teología nos presenta a un Cristo apaciguador de cualquier intento subversivo; un Cristo que sostiene el aparato de poder, un Cristo que invita a un servilismo abyecto o a la enajenación de ciertas formas de piedad que eludan las problemáticas, funjan como refugio en imposibles neutralidades o escapismo en la indiferencia ante el sufrimiento de las víctimas.
- En cambio, Jesús confiesa abiertamente: “He venido a traer fuego en la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!”. Pero ante Jesús, el incendiario, se suele contraponer un Cristo-bombero.