La clase pasada tomamos, de manera provisional, una definición meramente descriptiva, suficiente para inicial el curso. Pero quedó pendiente la búsqueda necesaria sobre la esencia de la religión. A este propósito vamos a recurrir a Emile Durkheim, padre de la sociología moderna. Él parte de dos formas de proceder, ya vistas, para buscar una “definición”:
• Definición deductiva de la RELIGIÓN: parte de la religión que tienen los investigadores, o al menos, la que más conocen (en nuestro medio, el cristianismo). Pero esto, dice el autor, se presta a mucho subjetivismo, y lo más probable que en una definición por este método descarte algunas religiones. (si no coinciden con nuestra religión, tanto peor para ellas)
• Definición inductiva: es el método preferible, e implica la forma comparativa (las “religiones comparadas” de Mircea Eliade). Pero esto sería sumamente difícil, pues para hacerlo, deberíamos estudiar a TODAS las religiones, no sólo las que hay actualmente. Sino también las que ha habido y ya no existen. Lo cual, por supuesto, excedería nuestras posibilidades. Entonces, por lo menos, podríamos contentarnos por el conocimiento de las más significativas, aquellas que contengan los elementos esenciales, los más comunes, los más profundos, los fundamentales. Es lo que se han propuesto algunos investigadores, agrupados en torno a dos posturas opuestas:
- Max Weber se reduce a las cinco más evolucionadas -catolicismo, protestantismo, judaísmo, islam y budismo. Es un método que ya Marx aconsejaba: “La clave para conocer la anatomía del mono es la anatomía del hombre”. Conociendo lo más evolucionado se comprendería mejor lo menos evolucionado, pues en aquella está más desarrollado.
- Durkheim, al contrario, privilegia las menos evolucionadas: “las formas elementales de la vida religiosa” . Su método podría suscitar algunas dudas: ¿Por qué, para conocer la esencia de la religión, sería más conveniente analizar su forma más arcaica? ¿No sería esto rebajar las formas más altas de pensamiento, las elaboradas por las religiones más elevadas? El autor responde a esto:
- No hay religiones “falsas”. Ninguna religión puede basarse en el error. Aunque las razones de sus fieles sean erróneas, las causas profundas son verdaderas, pues responden a funciones básicas en todos los grupos humanos
- Las religiones “superiores” desempeñan el mismo papel que las “inferiores”; responden a las mismas necesidades y dependen de las mismas causas.
- Por razones de método hay que preferir las religiones más primitivas:
- Así se sigue mejor la evolución histórica, pues cualquier cadena evolutiva, el primer anillo desempeña un papel determinante.
- En las religiones primitivas los hechos son más simples; las relaciones entre hechos, son más transparentes, hay menos interpretaciones deformantes.
- En las religiones complejas hay más variedad de elementos, por lo que resulta más difícil separar lo secundario de lo esencial.
Así pues, con todo lo que se está argumentando, el conocimiento de la esencia de la religión nos v a llevar a la cuestión del origen de la religión. Durkheim propone tres hipótesis posibles, y nosotros proponemos una cuarta.
ANIMISMO
Esta teoría, propuesta principalmente por Taylor y Spencer, parte de que el primer elemento que aparece fue la existencia de seres espirituales (divinidades, almas, espíritus, genios demonios, hadas, etc.). Para fundamentar esta teoría habría que demostrar lo siguiente:
- Que la creencia en las ánimas fue una creencia original, sin influencia de otra creencia anterior.
- Cómo las almas llegaron a ser objeto de culto
- Que el culto a la naturaleza tan extendido se derivó de esta creencia.
Los investigadores animistas imaginan que los primitivos humanos llegaron a la creencia en el alma se gestó por el espectáculo de la doble vida -sueño/vigilia-. objetivaron las representaciones oníricas (sus sueños), creyendo que efectivamente, en la noche, la persona viajaría a otro lugar lejano. Pero pronto esta creencia pronto quedaría descartada (la mujer certifica que en la noche estuvo roncando). Cuando el soñador comenta con un vecino su experiencia compartida en el sueño (una fiesta con seductoras mujeres y embriaguez), el otro lo refuta (viajo a su terreno y paso la noche arando, muy liviano y sin cansarse). A veces se sueña en recuerdos del pasado, o se viaja al “lugar de los muertos” o habla con difuntos, etc… Entonces se corrige la interpretación: supuestamente, cada persona tendría un “doble”, y uno de sus componentes -el alma- es el que viaja durante el sueño, mientras el otro -el cuerpo- se quedaría acostado. Por cierto, el alma tendría los mismos rasgos que el durmiente, sale por su nariz o por la boca. Este “doble” sería etéreo, maleable, viajaría rápidamente. Esta creencia se corroboraría por experiencias semejantes a los sueños (éxtasis, catalepsia, plantas alucinógenas).
El alma no es “espíritu”, propiamente dicho, pues está vinculada al cuerpo y condicionada por él; pero en al momento de la muerte (pensada como un sueño prolongado), el alma regresaría de su viaje y descubre que su cuerpo-sostén está muerto; habría entre ambos una separación sin límite y por tanto, no puede entrar en él. Quedaría vagando, convertida en “espíritu”. Con el tiempo, habría en el espacio una población grande de ánimas similares, con sentimientos y pasiones, amores y odios similares a cuando estaba en la vigilia, y podían mezclarse entre los vivos para ayudarlos o para perjudicarlos. A estos espíritus se les atribuyen todos los acontecimientos extraordinarios (enfermedades, infortunios, inspiraciones, etc.). Habría, pues, que conciliarlos de alguna manera y ganar su benevolencia. Así comenzaron a ofrecerles ruegos, sacrificios y posteriormente, ritos mortuorios (los primeros rituales), para terminar, convirtiéndolos en divinidades.
Entonces se presta atención a daños no atribuibles a las ánimas, sino a fuerzas de la naturaleza (ciclones, lluvia, plagas, germinación de las plantas, etc). Por un mecanismo semejante a lo que notamos en los niños, se tiende a pensar los objetos de la naturaleza a modo humano (árbol, rayo, sol, piedra). Aquellos humanos se dieron cuenta de que dependen más de estos fenómenos que de los efectos de las “ánimas”.
Lo que queda por demostrar es cómo, a partir de la creencia en los espíritus, se llegaría el culto a los antepasados y a una Religión de la Naturaleza. Para que un “doble” de la persona se convirtiera en objeto de culto, habría que dejar de ser una simple réplica del individuo y convertirse en un ser sagrado. Esto tendría que hacerse mediante el suceso de la muerte. Pero la muerte en sí misma sólo añade mayor libertad de movimiento al “espíritu” (no estaría condicionada al despertar del cuerpo). Más bien podría pensarse que el alma también fuese afectada por la muerte del cuerpo: el alma se enferma, envejece. Hay un abismo entre lo sagrado y lo profano que la muerte no basta para cruzarlo. El alma y el cuerpo son de la misma naturaleza. Lo sagrado implica temor y majestad (“mysterium tremendum”), y el alma no está investida de este carácter. Por otra parte, si el animismo fuese la forma más original de religión, el culto a los espíritus debiera ser el rito más antiguo; pero no fue así. El culto a los antepasados se observa en China, Egipto, Grecia, Roma, pero no en las religiones primitivas australianas que Durkheim investigó. El “culto” no es sinónimo de “rito”. El culto requiere actos repetitivos; mientras que los ritos funerarios sólo se dan después de la muerte. Además, en los espíritus de los fenómenos de la naturaleza son concebidos antropomórficamente (con rasgos humanos; pero esto no se observa entre los pueblos originarios, que más bien los conciben zoomórficamente.
NATURALISMO
(Max Müller, Adalbert Kuhn, Schwartz, Stendhal)
Los animistas fueron etnógrafos o antropólogos; estudiaron las religiones primitivas, más “groseras”; convivieron con ellos, realizaron su observación participante. En cambio, los naturalistas fueron lingüistas; nunca salieron de sus bibliotecas. Estudiaron las religiones de las grandes civilizaciones antiguas. Los hermanos Grimm (los autores de sus famosos cuentos de hadas) ya habían estudiado las mitologías, especialmente las los pueblos indoeuropeos (abarcaron una vasta extensión, desde la India hasta España), encontrando en las diversas religiones de estos pueblos, similitudes y los mismos personajes míticos, que curiosamente, cumplían las mismas funciones. Esto indicaría una comunidad de origen, y una religión primitiva desaparecida, de la cual se habrían derivado las demás. El vestigio más antiguo son los libros Los Vedas (de los que entonces se exageraba su antigüedad), los cuales utilizan la filología para rastrear una lengua anterior a la germánica. Los autores principales fueron Max Müller (1856: Oxford Essay) y Adalbert Kuhn (1859: “Origen del fuego y de la bebida divina); pero hay que reconocer, además, a Schwartz, Stenhal y Michel Brèal (francés). Los Vedas están escritos en “sánscrito”, lengua muerta que ellos se encargaron de estudiarla y comprenderla. Se fijaron en las etimologías de dicha lengua, que trataron de rehacer. A diferencia del animismo, para el que la religión, en su origen, no expresaría ninguna realidad experimental, para Müller, la religión estaba basada en una experiencia sensible fundada en la realidad (“Nihil est in intellectu quod prius non erit in sensu”). En aquella supuesta religión primitiva, ya desaparecida, los nombres antiguos asignados a los dioses habrían sido originalmente nombres comunes de fenómenos naturales, y basándose en etimologías, recompusieron un panteón original de todos los dioses de los pueblos que descienden de los indoeuropeos. Argumentan los naturalistas que las fuerzas naturales fueron las primeras en ser divinizadas. Los espectáculos de la naturaleza cumplen todas las condiciones para despertar la idea religiosa: nada parece menos “natural” que la Naturaleza. Suscitan sorpresa, temor, maravilla; tienen cualidades de inmensidad, infinitud… por lo menos, hasta que descubrieron que tenían un carácter constante y por lo mismo, se trataba de seres “naturales” (sujetos a sus leyes). Intrigados por estas fuerzas, ya no las representaron en forma abstracta, sino como agentes personales. Esto se operó por medio del lenguaje: pensar es construir ideas, y esto requiere de palabras. Sus vestigios se ven en las raíces de lenguas indoeuropeas. Pero el lenguaje tiende a deformarse, y esto llevó a representaciones religiosas.
• El Dios del Fuego se habría derivado del fuego mismo (sin importar si el origen haya sido el rayo o la fricción), el cual cumple las funciones culturales de ser al mismo tiempo destructor y protector. Puede observarse de las etimologías de lenguas derivadas del sánscrito:
Agni = sanscrito
Ugni= lituano
Ogny= eslavo
Ignis = latino
• El Dios del Cielo: el cielo diurno, brillante, el día, que sería el dios principal:
Dyaus= sanscrito
Zeus= griego
Iovis= Rumano
Zio= alemán
Día, Dios = español
Tales fuerzas no expresan cosas particulares (individuos), sino tipos generales. Representan los temas más abstractas y generales del pensamiento. Además, antes que “sustantivos”, son tipos de acciones; antes que de objetos. son maneras de actuar (golpear, subir, frotar). Así, el “rayo”, es algo que cae y se hunde en el suelo; el “viento”, algo que gime y sopla; el “sol”, algo que arroja flechas doradas; el “río”, algo que corre.
Los fenómenos naturales son asimilados a los actos humanos. Originalmente, habrían sido algo como metáfora, y luego pasaron a significar algo literal. Así como en nuestras lenguas actuales, el artículo otorga un género a las cosas, de acuerdo al rol que cumplan (el sol masculino, la luna, femenino, por los ciclos de menstruación. Igual la escoba o el martillo, según el rol de género asignado). Fue así que primero se forjaron palabras; de ellas, surgieron personalidades, y de las personalidades, reflexionadas, surgieron los enigmas (mitos). Una nota curiosa, el “Cielo”, en sanscrito recibe veinte nombres. La mitología forma con ellos familias y genealogías.
Crítica de Durkheim
- A Durkheim le parece que los postulados lingüísticos de estos investigadores son discutibles. Quizás frutos tardíos o préstamos culturales de otras religiones (v.gr., el culto al sol).
- Además, las raíces etimológicas no se dieron en estado aislado. Por lo mismo, no se puede, desde ellas, reconstruir toda la lengua primitiva europea.
- Aunque es verdad que los primitivos se interesaron por conocer el mundo, su finalidad fue poder utilizarlo, no para convertirlo en religión. La regularidad monótona de los astros o estaciones no suscita admiración; los milagros son excepcionales.
- Para ellos, las fuerzas cósmicas no se consideran superiores a los objetos. Por lo tanto, realmente los fenómenos cósmicos no aptos para una interpretación religiosa.
- • Las personificaciones de tales fenómenos son tardías, alucinatorias, metáforas sin valor objetivo.

