- SE AVECINA LA INSURRECCIÓN
- La comprensión del Porfiriato partiría de las condiciones de posibilidad para un nuevo modo de producción, el Capitalista. Ahora bien, antes de iniciar y desarrollar este proceso, habría que “fabricar al fabricante”, lo que conlleva a allegarse un capital inicial, es decir, una “acumulación originaria”, lo que siempre ha implicado crueldad e injusticias.1 En El Porfiriato, la apropiación de las tierras comunales, la explotación de hacenderos, el robo en las tiendas de raya, la esclavitud por deudas (heredadas de padres a hijos), largas jornadas laborales con salario miserable, destrucción de la educación popular, represión inmisericorde, falta de libertad de expresión, etc. La inconformidad se extendía entre las mayorías, si bien se sofocaban la insurrección. La pregonada “Pax Porfiriana” era “La Paz de los Sepulcros”. No obstante, la supervivencia misma lleva a correr riesgos y se incubaban levantamientos por todas partes. Poe lo que toca a la Iglesia, al término del Concilio de Antequera, los seis obispos participantes enviaron a Díaz una carta de apoyo. De la misma forma, al concluir V Concilio Provincial Mexicano, los obispos participantes enviaron una felicitación al Presidente, pues a pesar de las nuevas leyes, “gracias a la sabiduría y al espíritu superior” del presidente de México (Arz. Montes de Oca) .
- El Presidente Porfirio Díaz concedió una famosa entrevista al reportero James Creelman para su prestigiada revista “Pearson´s Magazine” (de cincuenta páginas). En ella, el Presidente afirmó que había esperado pacientemente el momento en que el pueblo de México pudiera elegir a sus gobernantes sin revueltas armadas, y le parecía que ese tiempo había llegado. Deseaba que apareciese alguien, a quien consideraría como bendición y no como adversario, pues ya anciano, estaba cansado. Sin embargo, Díaz no cumplió la promesa hecha en aquella famosa entrevista, y se reeligió para la Presidencia, imponiendo a Ramón Corral como vicepresidente, para el periodo de 1910 a 1916. En las elecciones de 1910, se eligió democráticamente a Francisco I Madero; pero fue duramente atacado. Las nuevas fuerzas democráticas destituyeron a Porfirio Días, siendo exiliado a Francia, en el barco “Ipiranga”.
LA REVOLUCIÓN MEXICANA
La Revolución Mexicana fue la primera revolución importante del siglo XX (antes que la de Rusia). Transformó radicalmente, de arriba abajo, todas las estructuras sociales y políticas del país, al alto costo de un millón de muertos, desórdenes, violencia y rapiña. Sus principales caudillos no lucharon en un movimiento unificado, sino cada cuál por su lado, para solucionar las reivindicaciones de su región, por lo que se enfrentaban entre sí. Al llegar a una población, los revolucionarios asaltaban casas de personas prominentes, raptaban a muchachas, decomisaban cobijas y víveres e incluso, editaban billetes fiduciarios, invalidando los editados por otros grupos armados rivales que circulaban.
¿Cómo interpretar esta guerra civil entre 1910 y 1917? Hay diversos intentos de comprensión, como “Revolución Interrumpida” (Adolfo Gilli), “Revolución Traicionada” o simplemente, “La Bola”, como se le conoció originalmente. La interpretación que me ha parecido mejor es la que distingue dos revoluciones paralelas: La primera, la de grupos de la incipiente burguesía nacionalista (el grupo de Sonora: Pascual Orozco, Obregón, Carranza, Múgica, Calles), y la segunda, conducida por líderes populares (Villa –Felipe Ángeles- y Zapata).
En 1910 terminaba un período presidencial de Porfirio Díaz. Francisco I Madero había publicado en 1908 su polémico libro “La sucesión presidencial en 1910”, sobre las principales cuestiones políticas que inquietaban al país, el cual tuvo mucho éxito. En 1909 fundó el Partido Nacional Antirreeleccionista (PNA), el cual lo postuló como candidato a la elección presidencial; pero fue encarcelado en San Luis Potosí por orden del gobierno. Convocó a un levantamiento armado para defender el derecho a voto, programándolo públicamente, para el 20 de noviembre de 1910, en Piedras Negras, Coahuila, pero debido a la poca fuerza que logró reunir (pocos obedecieron la consigna, como los hermanos Serdán, en Puebla). Partió hacia Ciudad Juárez y escapó hacia Estados Unidos- Desde San Antonio, Texas, promulgó el Plan de San Luis, con el lema Sufragio Efectivo No Reelección, que contribuyó a la renuncia del presidente Díaz en 1911, exiliándose a Francia en el buque “Ipiranga”. El grupo revolucionario de Sonora (la facción burguesa nombro a Venustiano Carranza como Jefe Supremo del movimiento, quien en noviembre de 1914 convocó a una Convención para lograr algunos acuerdos que los unificaran sobre objetivos y medios.
- La Convención de Aguascalientes.2
La Convención había excluido a Emiliano Zapata y a Pancho Villa; ante este impase, se decidió invitarlos. Zapata llegó con su Plan de Ayutla, que había redactado desde el 28 de noviembre de 1911. La primera prioridad de dicho Plan era el reconocimiento de los títulos primordiales de tiempo Colonial, ante los despojos de los hacendados, y promover el “ejido” y las “tierras comunales”. Los ideales de Villa y Zapata convencieron y unificaron a la mayoría, retirándole a Carranza la Jefatura armada, conviniendo en nombrar a Eulalio Gutiérrez Ortiz como presidente provisional. Carranza, se declaró en rebelión y partió, con su personal de administración a Veracruz . Ahí reorganizó su ejército, con apoyo de los varios generales connotados (Álvaro Obregón, entre otros).
En aquel año 1914, el embajador de Estados Unidos, sin el consentimiento del presidente electo Woodrow Wilson, apoyó con armas a Félix Díaz y ocuparon Veracruz. Finalmente, el 19 de octubre de 1915, su enviado especial en Washington le anunció a Carranza, estando en Torreón, anunciándole el reconocimiento de su gobierno por parte del gobierno de los Estados Unidos.
- La Constitución de 1917.
Cuando las fuerzas convencionistas fueron derrotadas, Carranza creyó conveniente consolidar el movimiento revolucionario reformando la Constitución de 1857. El 14 de septiembre de 1916 se anunció la convocación a un congreso constituyente. Se estipuló que por cada 70 000 habitantes se nombraría un diputado; pero se excluyeron los constituyentes más radicales. Dicho Congreso fue, por tanto, una asamblea de políticos conformada principalmente por abogados, profesores, ingenieros y militares de clase media. La lucha armada había sido hecha por gente rural, mientras que los diputados constituyentes fueron de gente urbana. Las regiones que habían sido más activas en la lucha armada tuvieron menos representantes en el constituyente.; pero los diputados más progresistas repudiaron el texto. La visión carrancista era insuficiente en temas de suma importancia para los diputados revolucionarios obreros, campesinos y militares que se habían solidarizado con villistas y zapatistas durante la Convención. Este bloque exigió al Primer Jefe que se incorporaran las disposiciones que luego serían conocidas como derechos o garantías sociales. Los constituyentes juristas y maestros en derecho, creían inadecuada la incorporación de tales derechos de los trabajadores en la ley suprema. SE opusieron a que la nueva Constitución hablara de la duración de la jornada, salario mínimo y del trabajo de las mujeres, pues según ellos todo eso era legislación secundaria. El proyecto presentado por Venustiano Carranza fue modificado sustancialmente, y tuvo que adaptarse a ideales de sus antiguos enemigos irreconciliables. De este modo, el 5 de febrero de 1917 fue promulgada la Constitución, con algunos conceptos sociales muy avanzados para su época, como los artículos 123, 3 y 27 (las relaciones obrero-patronales, las reformas educativa y agraria). Se reconoció el derecho de los trabajadores de contar con una jornada de trabajo de ocho horas y un salario mínimo, la reforma agraria, la capacidad del Estado para expropiar las tierras y formar ejidos, así como la separación entre la Iglesia el poder político.
- PERSONAJES DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA
Don Francisco Ignacio Madero (Parras Coah. 1873- CDMX 1913).3
Fue un demócrata convencido, que ya en 1905 había establecido contacto con la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano. Madero apoyó económicamente a dicho Partido para la reanudación de la edición del periódico Regeneración; pero le retiró su apoyo a dicho Partido debido a las diferencias ideológicas con Ricardo Flores Magón. Siendo Presidente, pretendió satisfacer las aspiraciones de cambio social; pero no supo cómo hacerlo, por lo que los líderes revolucionarios lo desconocieron. Él envió a Victoriano Huerta a sofocarlos y se enfrentaron en la llamada “Decena Trágica” (del 9 al 19 de febrero de 1911), Finalmente, el 22 de febrero de 1913, tras un golpe de Estado por Victoriano Huerta, Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron acribillados por Huerta, quién se autonombró Presidente.
EMILIANO ZAPATA SALAZAR
(Anenecuilco, Mor. el 8 de agosto de 1879–Chinameca, Morelos, 10 de abril de 1919). Conocido como El Caudillo del Sur. Fue un campesino y militar que participó en la Revolución como comandante del Ejército Libertador del Sur. Emerge por sus profundas convicciones, al margen de cualquier pretensión personales. Zapata destacó como uno de los principales líderes revolucionarios y es considerado un símbolo de lucha y resistencia campesina en México. Sus consignas: “La tierra es de quien la trabaja” y “Tierra y Libertad” obtuvieron reconocimiento de todos los grupos revolucionarios. Fue ideólogo e impulsor de las luchas sociales y las demandas agraristas, así como de justicia social, libertad, igualdad, democracia social, propiedad comunal de las tierras y el respeto a las comunidades indígenas, campesinas y obreras de México, víctimas de la oligarquía y el latifundismo de los hacendados del Porfiriato. A él se debe el constitucionalismo social, especialmente el artículo 27. Finalmente, murió asesinado en la Hacienda de Chinameca, el 10 de abril de 1919, por órdenes de Pablo González y Jesús Guajardo.
PANCHO VILLA (San Juan del Río, Durango, 1878 – Hidalgo del Parral, Chihuahua, 1923)
José Doroteo Arango Arámbula, conocido por su seudónimo Francisco Villa. Pancho Villa, o también como El Centauro del Norte. Destacó como uno de los principales jefes de la Revolución. Su actuación militar fue decisiva para la derrota del régimen del entonces presidente Victoriano Huerta, asesino de Madero. Comandante de la División del Norte y caudillo y Gobernador provisional del estado de Chihuahua entre 1913 y 1914. Su dominio al norte de México terminó en 1915, a través de varias derrotas en León, Celaya, Guanajuato y Agua Prieta (Sonora), a manos de los generales Benjamin Hill, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles respectivamente. Después del artero y fallido ataque de Villa al pueblo de Columbus, Nuevo México Columbus, en 1916, fue declarado criminal en EE UU y se le trató infructuosamente de capturar durante un año. Villa y sus seguidores expropiaron las tierras de los hacendados para distribuirlas a los campesinos y soldados. Se apoderó de trenes porfiristas, con los cuales, la División del Norte pudo trasladarse hasta el Centro del país.
JOSÉ VENUSTIANO CARRANZA DE LA GARZA4
(Cuatro Ciénegas, Coah; el 29 de diciembre de 1859 – Tlaxcalantongo, Pue, 21 de mayo de 1920).
Político, militar y empresario mexicano. Presidente municipal de Cuatro Ciénegas de 1894 a 1898. Diputado local al Congreso de Coahuila y diputado y senador al Congreso de la Unión. Apoyó tardíamente a Madero, quien lo nombró Gobernador de Coahuila. Participó en la Revolución Mexicana tras el asesinato de Madero, así como en el derrocamiento del gobierno de Victoriano Huerta. Los grupos revolucionarios lo nombraron como primer jefe del Ejército Constitucionalista, y como tal, estuvo a cargo del Poder Ejecutivo desde el 13 de agosto de 1914 hasta el 30 de abril de 1917. Fue presidente constitucional de México desde el 1 de mayo de 1917 hasta su asesinato en 1920.
Álvaro Obregón Salido5
(Navojoa, Sonora; 19 de febrero de 1880 – San Ángel, DF; 17 de julio de 1928)
Para fines de 1909 se enroló en las fuerzas de Francisco I. Madero que combatían al general Porfirio Díaz. Tras la caída de Díaz y el aparente triunfo revolucionario, Obregón se retiró a la vida privada, pero regresó en 1913 para apoyar a Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila, en su lucha contra Victoriano Huerta. Fue jefe de la división del Ejército Constitucionalista y como tal derrotó a los federales en muchas batallas. Al producirse la ruptura entre el grupo de Emiliano Zapata y Francisco Villa con Carranza, a raíz de la Convención de Aguascalientes, Obregón se mantuvo leal a Carranza y fue el encargado de perseguir a Villa en el norte del país. Lo derrotó en la Batalla de Celaya, donde una bomba le arrancó el brazo derecho, dejándole manco. Una vez que lograron su triunfo, marchó escoltando a Carranza a Querétaro donde se redactó la Constitución de 1917. Fue nombrado secretario de Guerra y Marina, pero renunció el 30 de abril de 1917. En 1920 encabezó la Rebelión de Agua Prieta contra Carranza, y tras el interinato de Adolfo de la Huerta, fue elegido presidente el 19 de diciembre de 1920. Logró el reconocimiento de Estados Unidos de América en 1923 por él Tratado de Bucareli. En 1928, en plena Guerra Cristera, se presentó de nuevo como candidato a la presidencia tras una reforma constitucional realizada el año anterior. Fue elegido nuevamente, pero fue asesinado por el cristero José de León Toral, el 17 de julio, en el restaurante «La Bombilla«, de la Ciudad de México.
- EL MAXIMATO
Bajo este apartado, abarcaremos la historia que va desde el asesinato de Álvaro Obregón (1928), hasta el inicio del gobierno del Gral. Lázaro Cárdenas (1934). Estos años fueron llenados por la personalidad de Plutarco Elías Calles. Impulsó la presidencia de Álvaro Obregón desde el Plan de Agua Prieta de 1920 a 1924, y entonces, Obregón lo propuso para sucederlo como presidente de México entre el 1 de diciembre de 1924 y el 30 de noviembre de 1928. Obregón y Calles habían acordado entender la prohibición que la Constitución de 1917 restringir el lema maderista “sufragio efectivo, no reelección”, a no reelegirse inmediatamente, y conforme a esta interpretación, los sonorenses habían acordado irse alternando la presidencia; pero el asesinato de Obregón modificó las tácticas. Durante su gobierno creó el Banco de México, ordenó la construcción de carreteras, creó la primera línea aérea, profesionalizó el Ejército, fundó los bancos Ejidal y Agrícola, restauró la Escuela de Agronomía de Chapingo y fundó la Escuela Médico-Veterinaria, construyó presas, sistemas de riego y numerosas escuelas rurales.
Gran conciliador, Elías Calles convenció a los jefes revolucionarios locales a dirimir sus diferencias al interior del Partido Nacional Revolucionario (PNR), que más que Partido era un mecanismo de aglutinamiento entre disentimientos rebeldes. Calles era reconocido como Jefe Máximo de la Revolución, aprovechando sus dotes. Esto pacificaría bastante al país y daba al Gobierno estabilidad. Dado que la reelección no era posible, como Jefe Máximo nombró en tres ocasiones a sendos políticos “títeres” para postularse y gobernar sucesivamente, conforme a las líneas de Gobierno dictadas él.
- Emilio Portes Gil (1° dic. 1928 a feb. 5 de 1930). Se propuso impulsar el país capitalista. Le otorgó su autonomía a la Universidad Nacional.
- Ortiz Rubio (5 de feb. 1930 a 2 de sept 1932). A él le tocó la crisis de la economía de EEUU de 1929; se promulgó la Ley federal del trabajo, la de Crédito Agrícola y el Código Penal. México fue reconocido como miembro de la Sociedad de Naciones. Se amplió la red telefónica del país y se construyó la Carretera más larga del país.
- Abelardo Rodríguez (4 de sept 1932 a 30 de nov de 1934). Impulsó la Industria y el Comercio. Promulgó importantes leyes: la Ley de Naturalización y Nacionalización, la Ley de patrimonio ejidal, la Ley orgánica de la Universidad Autónoma de México. Además, estableció el salario mínimo. Modificó la constitución en el artículo 3° en donde le agrego el término “Socialista” a la educación.
- No es posible negar los apoyos dados por la jerarquía católica al régimen de Porfirio Díaz, a pesar de que hubo sectores que apoyaron a Madero (como el Seminario Palafoxiano de Puebla). Durante el conflicto armado, no hubo una toma de posición uniforme de parte de los obispos, pues hubo algunos que apoyaban a uno u otro grupo revolucionario.
EL CONFLICTO RELIGIOSO
Esta etapa es de máxima importancia para comprender la actuación de la Iglesia a lo largo del Siglo XX. La gesta heroica y de gran participación entusiasta del laicado –tanto entre el campesinado, como en las clases medias-, marcó a importantes sectores de la Jerarquía y algunas organizaciones laicales, que posteriormente identificarán a la Iglesia con la Derecha, sea en su vertiente partidista (PAN y del Movimiento Sinarquista Mexicano), sea en organizaciones laicales ( “ProVida”, La Unión Nacional de Padres de Familia UNPF), en general relacionados con la erótica (familia, género, aborto, libros de texto gratuitos, etc.)
- Con Calles, el impulso revolucionario se traicionó o- al menos, menguó-: la “no reelección” se violaba, se frenó la dotación de tierras a ejidos y comunidades agrarias, retornaron los despojos y los latifundios, se modificó la ley reglamentaria del petróleo, etc. Como cortina de humo, para encubrir el viraje de su Gobierno, promovió una violenta persecución religiosa, simplemente poniendo en práctica las leyes constitucionales que desconocían la personalidad jurídica de la Iglesia Católica. El anticlericalismo tenía larga historia, al menos desde el período liberal. Estaba aún fresca la rabia hacia los prelados fastuosos al lado del Dictador o los capellanes comiendo en la mesa de los hacendados, a pesar de que hubo sectores que apoyaron a Madero (como el Seminario Palafoxiano de Puebla). Pero ahora, entre algunos grupos revolucionarios de tendencia anarquista (el Grupo de Sonora), pasó del anticlericalismo a la franca antirreligión.[1]
Al inicio del Maximato, hubo varias profanaciones a los templos (metían caballos a los templos, lazaban imágenes, algunas masacres a creyentes a la salida de la misa, etc.) Esta política irritó a las mayorías de creyentes, que ya desde 1917, apoyados por el Papa Benedicto XV, se venían oponiendo a algunas leyes constitucionales que violaban la libertad religiosa: (arts. 3, 5, 133, etc).
El Partido Católico Nacional
- Durante el conflicto armado, no hubo una toma de posición uniforme de parte de los obispos, pues hubo algunos que apoyaban a uno u otro grupo revolucionario. La misma divergencia notada entre los obispos, la hubo entre los católicos laicos. No hay que olvidar la juvenil militancia cívico-política de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM). Pero el objetivo principal de los católicos críticos fue la formación del Partido Católico Nacional. Partido bien organizado y disciplinado (“propiamente, era el que más merezca el nombre de Partido, pero que ha sido desconocido por muchos historiadores”), cuya fuente de inspiración era la reciente encíclica del Papa “Rerum Novarum” de León XIII.
- El PCN Gobernó en Zacatecas y Jalisco, y tuvo mucha fuerza en el Estado de México, Michoacán, Guanajuato y Querétaro. Se le acusaba de ser “el brazo de los obispos”; pero en realidad, la mayoría de éstos se le opusieron. El PCN perdió poder al haber apoyado a Victoriano Huerta, en 1905. Este Partido siguió existiendo durante el cardenismo, y el Sindicato Obrero Católico llegó a tener mayor membresía que la misma CTM.
Liga Defensora de la Libertad Religiosa
- Los jóvenes de la ACJM y los Caballeros de Colón fundaron, en marzo de 1925, esta Liga por sus derechos cívicos. El conflicto entre la Iglesia y el gobierno se agudizó cuando el arzobispo de México José Mora del Río, realizó protestas contra las disposiciones que se referían a las cuestiones religiosas en el artículo 130 de la Constitución. Calles ordenó al procurador de Justicia la detención del arzobispo, lo cual produjo numerosas protestas de los católicos y de varios embajadores extranjeros. Los católicos sostuvieron una vigorosa oposición a las leyes que atentaban contra la libertad religiosa: levantaron dos millones de firmas para modificar el art. 5 de la Constitución, organizaron un “boycott” que suprimían gastos superfluos para perjudicar la economía (no comprar sino lo elemental, no asistir a diversiones, etc.). Anacleto González Flores fundó la Unión Popular. El Vaticano alertaba que un movimiento armado sólo se justificaba cuando ya se hubiesen agotado todas las instancias y tácticas no violentas.
La Suspensión de Cultos[2]
- Todos los historiadores consideran que la suspensión del culto público por parte de la Iglesia católica fue un factor decisivo en el levantamiento cristero. Estaba lejos de existir unanimidad, tanto entre los obispos mexicanos, como en el seno de la Curia Vaticana; pero una minoría radical logró convencer al Papa de que existía un consenso de todos los obispos y en el respaldo laico, de modo que Pío XI aprobó la suspensión de culto, contra el parecer de su Secretaría de Estado. Fue muy significativo el papel que tuvo un grupo de jesuitas mexicanos, que se movieron en México y en Roma para promover esta suspensión. La Compañía tenía gran influencia en las organizaciones más importantes del laicado: los movimientos de la Acción Católica, el sindicalismo católico y otras organizaciones, que posteriormente, cristalizarían en la “Liga para la Defensa de la Libertad Religiosa”. Finalmente, el episcopado mexicano publicó una “Carta Pastoral Colectiva”, en la que se decretaba la suspensión del culto público en toda la nación, a partir del 31 de julio de 1926, dejando los templos a cargo de una junta de vecinos.
La Ley Calles
- Calles no fue quien cerró los templos. Esta disposición la tuvieron los obispos, para enardecer a los grupos laicales; pero el Presidente reaccionó a esta provocación con la “Ley Reformando el Código Penal para el Distrito y Territorios Federales sobre delitos de fuero común y delitos contra la Federación, en materia de culto religioso y disciplina externa”, conocida como “Ley Calles”, que entró en vigor el 31 del mismo mes y año.
Dicha Ley, de cuño galicano, limitaba el número de sacerdotes en cada Entidad y establecía que todos los sacerdotes del país debían registrarse ante cada presidente municipal, y solamente podrían ejercer sus funciones quienes tuvieran una licencia otorgada por el Congreso de la Unión o por el Congreso del Estado correspondiente. La Ley no solamente no separaba Iglesia y Estado, sino que supeditaba la primera al segundo, quien adquiría «carta blanca» legal para inmiscuirse a su antojo en los asuntos estrictamente internos de las Iglesias (la Iglesia Católica en particular). En el decreto, Calles hacía saber las reformas del Código Penal donde establecía penas severas por violaciones a la Constitución en lo referente a cultos o enseñanza.
- Como efectos de la Ley «Calles», fueron clausurados arbitrariamente 142 templos en el País, así como varias capillas en asilos de beneficencia privada abiertos al público; se suprimieron las actuaciones de religiosos en todas las instituciones de beneficencia, se cerraron 73 conventos y se expulsó a numerosos sacerdotes extranjeros.
Atentado a Obregón
- Obregón había dado muestras de mayor moderación (por ejemplo, después de la expulsión del nuncio con motivo a la inauguración del Monumento a Cristo Rey, trató de congraciarse con el Vaticano); pero, a fin de cuentas, pertenecía al mismo grupo que Calles. El 13 de noviembre de 1927, el ingeniero Luis Segura Vilchis atentó contra el general Álvaro Obregón, por entonces candidato a la presidencia de la República. En Chapultepec, alcanzó el automóvil donde Obregón se movilizaba y le arrojó una bomba; pero el artefacto explosivo sólo hirió al general Obregón. Sus guardias respondieran al atentado y responsabilizaron al sacerdote Miguel Agustín Pro y a su hermano Humberto. La única conexión entre el atentado y los hermanos Pro fue el automóvil Essex usado para el ataque, que anteriormente había pertenecido a Humberto. Pese a que Luis Segura confesó ser el autor intelectual y material de aquel atentado, Calles sumó su culpabilidad a la de los hermanos Humberto y Miguel Agustín, y decretó su muerte por fusilamiento sin previo juicio. Investigaciones concluyen que el padre Pro no tuvo un liderazgo militar o político en el conflicto cristero, sino que solo prestaba los servicios religiosos que habían sido suspendidos por el Estado. La Iglesia católica consideró que la muerte de Miguel Agustín Pro fue un martirio por causa de la fe, y fue beatificado el 25 de septiembre de 1988 durante el pontificado de Juan Pablo II.
La “Cristiada”
- En Vaticano recordaba que no era lícito un movimiento armado, hasta que no se agotaran todas las instancias posibles. Los sublevados alegaban que ya se habían agotado tales instancias. La Liga pedía a los obispos que, al menos, no condenaran el levantamiento armado, y ejercieron funciones de coordinación. La Jerarquía aceptó algunos puntos (pero se opuso a obligar a los ricos a apoyar la lucha) y permitieron a los sacerdotes que lo solicitaran, ser capellanes del ejército cristero y dieron apoyo moral.
- El pueblo cristiano apoyó de forma compacta a los obispos. Su manifestación más fuerte fue el movimiento armado en el medio rural (incluyendo grupos de indígenas), principalmente en los estados de Guanajuato, Colima, Querétaro, Michoacán y Jalisco, y alcanzó su momento más álgido entre 1926 y 1929. Los campesinos levantados en armas fueron conocidos como “cristeros”, por a su grito de batalla “¡Viva Cristo Rey!”
- La feligresía resentía la suspensión del culto (sacramentos y devociones populares). Hubo profanaciones del Gobierno, y la respuesta espontánea y popular de los campesinos fue defender sus derechos con palos y piedras; pero pronto se fue formando un “ejército liberador”, amando por el Gral. Gorostieta, para enfrentarse al ejército federal. Se añadía también las expectativas abiertas por el reparto de tierras: los “agraristas” eran reprobados por los curas -el “no robar”-, y la frustración de muchos pueblos que no se beneficiaron del reparto agrario, también empujaban la rebelión. El entusiasmo de los rebeldes suplía su falta de armamento, descarrilaron algunos trenes, y pretendieron –en vano- conectarse con el líder revolucionario Adolfo de la Huerta (lo que habría cambiado la historia).
Emilio Portes Gil había comenzado una larga negociación, en la que participó como mediador, con el recién nombrado embajador estadounidense, Dwight Morrow. Se logró un acuerdo de amnistía general para todos los levantados en armas que quisieran rendirse. Se acordó devolver las casas curales y episcopales, y en lo sucesivo, evitar mayores confrontaciones. El gobierno de Calles invirtió enormes recursos económicos, materiales y humanos en el combate a los rebeldes, empleando en ello a más de 200.000 soldados.
La “Iglesia Nacional Mexicana”
En febrero de 1925 los dirigentes de la Confederación Regional Obrera Mexicana, CROM, concibieron la idea de formar la Iglesia Católica Apostólica Mexicana, separada de Roma, y pusieron en práctica su proyecto en un templo de Ciudad de México, el cual tomaron violentamente, y donde instalaron al sacerdote renegado José Joaquín Pérez para que fuera el patriarca de la nueva Iglesia. Por ese tiempo, los gobernadores anticlericales de los Estados de Veracruz y Tabasco dictaron decretos para limitar las funciones de los sacerdotes.
“Los Arreglos” de 1929
Las compañías petroleras expropiadas se consideraban afectadas por la política callista y deseaban dar marcha atrás a la legislación que consideraba que la nación era propietaria del petróleo (lo que está bajo tierra), y había convergencia entre los petroleros y los católicos. Estados Unidos consideraba a Calles como comunista y bolchevique, de modo que el 22 de septiembre de 1927 se nombró como embajador a Dwight Morrow, dispuesto al acercamiento entre las partes. A Portes Gil le tocó la larga negociación, en la que participó como mediador el mismísimo embajador estadounidense. Se logró un acuerdo de amnistía general para todos los levantados en armas que quisieran rendirse. Se acordó devolver las casas curales y episcopales, y evitar mayores confrontaciones en lo sucesivo. Los obispos, presionados por Roma (los vieron como “un mal menor”, atendiendo las necesidades espirituales de los feligreses), confiaron en la palabra de Calles y firmaron los acuerdos. Estos no tomaron en cuenta a los 50,000 combatientes del ejército cristero que para ese momento habían sufrido 25 000 bajas. Muchos combatientes continuaron durante varios años en la lucha, aún contra las autoridades eclesiásticas; pero la mayoría de los cristeros, pese a su indignación y oposición, obedecieron y entregaron las armas, a sabiendas de que el Gobierno no respetaría el arreglo. Poco tiempo después, confirmarían sus sospechas, pues poco a poco fueron asesinados.
EL CARDENISMO
INTERPRETACIÓN: el “populismo” cardenista
La palabra “populista” es la peor descalificación que la Derecha actual endilga a los regímenes de izquierda -incluso a aquellos que, simplemente, toman en serio la búsqueda de paliativos al empobrecimiento de las mayorías (“por el bien de todos, primero los pobres”). [3] Para precisar esta categoría política, habrá que empezar indGnso los orígenes del término.
Los “narodniki” rusos.[4]
- El concepto “populismo” nació hacia 1860 en Rusia, en el marco de la pregunta sobre las particularidades que el camino socialista revolucionario debía asumir en el atípico caso ruso, donde las condiciones materiales del desarrollo capitalista apenas eran germinales y los sujetos políticos del proyecto marxista (la burguesía y la clase obrera) oscilaban entre la inexistencia y la debilidad orgánica.
- Tras la muerte del zar Nicolás I (1855) se abrió una nueva etapa de liberalidad antizarista en Rusia, que incluyó la conformación de una opinión pública no perseguida, la amnistía a los “decembristas” encerrados en Siberia y la liberación de los siervos. Pero el “despotismo ilustrado” de los “kulaki” (nobleza liberal) reprimió sin tregua a las manifestaciones de campesinos y siervos liberados.
- En ese contexto, apareció el movimiento de los “narodniki”, que la historiografía europea tradujo como “populista” (“narod” = pueblo). Este movimiento pugnaba por una reforma agraria que propiciase el paso a una república de pequeños propietarios, sin necesidad de atravesar el estadio de la sociedad capitalista –idea que desarrollará Mijaíl Bakunin– y que suponía el desarrollo de la industria. Las expresiones antizaristas extremistas de los narodniki alentaban el derrocamiento de la monarquía y su cambio por una confederación republicana que allanase el camino militante hacia el socialismo.
Los Populismos en América Latina
- El “populismo” de nuestro subcontinente es un término poco preciso y con múltiples significados. Esta ambigüedad terminológica se debe a que se refiere a varios movimientos políticos que no cuentan con un programa coherente o con un cuerpo doctrinario común. También, a que ciertos sectores académicos dan al término una connotación meramente negativa, resaltando aspectos tales como las políticas basadas en la manipulación de las masas a través de discursos paternalistas, por parte de un líder carismático y programas sociales de asistencia sufragados con recursos públicos.
- Algunos autores coinciden la aplicación de las siguientes características:[5]
- El discurso y movimiento político que se legitima con base en la inserción de las masas al sistema político, respondiendo a diferentes demandas sociales que no han sido consideradas por los viejos regímenes;
- Construye un poder ejecutivo fuerte, a menudo autoritario, basado en un presidencialismo y en el líder o caudillo carismático, para controlar a los distintos sectores de la sociedad;
- Redefine el papel del Estado como un Estado interventor que centraliza, administra y controla todos los aspectos de la economía, la política, la sociedad y la cultura. El Estado intermedia entre el capital (empresariado) y el trabajo (proletariado) a través de un modelo de organización corporativa y mediante la movilización masiva de distintos sectores sociales;
- Se sustenta en el nacionalismo para unificar a las distintas tendencias ideológicas y los intereses económicos del pueblo por encima de las diferencias sociales, económicas e ideológicas;
- Fomenta el antiimperialismo para defender los intereses nacionales y para replantear la relación entre el capital extranjero y el mercado interno.
- Una característica común a los populismos latinoamericanos de los años 30’s, sería una alianza de clases, que en otro contexto serían antagónicas: sectores de la burguesía industrial, del proletariado urbano, militares, grupos de clase media, intelectuales, estudiantes universitarios, incluso campesinos y proletariado rural, etc. Esta extraña alianza se explica por la situación que atravesaban estos países: el atraso económico-social, la dependencia excesiva del monocultivo, los enclaves, la oligarquía y el imperialismo.
- Ante estas realidades, el nuevo Gobierno procurará una política económica con pretensiones de favorecer a los sectores populares, centrada en el desarrollo del mercado interno y en la sustitución de importaciones (depender menos de las exportaciones y adecuarse mejor a la economía mundial). Para esto, habría que consolidar el papel rector del Estado liberal y las libertades individuales, económicas y políticas, e impulsar el desarrollo de un Estado fuerte y centralista.
- Hay que tomar también en cuenta el contexto internacional de la inminente II Guerra Mundial. En estos países había sectores sociales de una ultraderecha religiosa que simpatizaban con los países del Eje. La amenaza que representaban para los Estados Unidos de tales simpatías hacia los países del Eje, y por otra parte, la necesidad de mano de obra ante la falta de varones debido al reclutamiento en el ejército, obligaba a Estados Unidos a cierta cautela, y favorecía la “sustitución de importaciones.”
- A esto, se añadía (“the last, but not the least”), las pretensiones de una clase media ascendente que aspiraba a una nueva hegemonía contra la desgastada oligarquía liberal, y que dada su debilidad, convocaba a otras clases subalternas, a quienes prometía ciertas reivindicaciones, a cambio de un incondicional apoyo al Gobierno: nuestros “populistas” hablan mucho de “pueblo”, para encubrir sus verdaderos intereses de clase.
LÁZARO CÁRDENAS DEL RÍO (1895 -1970)
Biografía
- Nació en Jiquilpan, Mich. en 1895. En 1913 se incorporó a las fuerzas revolucionarias de Martín Castrejón y a los 25 años fue nombrado General. Fungió como secretario de Gobernación en el gabinete del presidente Pascual Ortiz Rubio, y más tarde, dirigente del Partido Nacional Revolucionario. Finalmente, fue electo Presidente de México entre 1934 y 1940 y dejó el cargo sin enriquecerse.
- Después de su Presidencia, se retiró a una modesta vivienda cerca del Lago Pátzcuaro y trabajó el resto de su vida supervisando proyectos de riego y promoviendo clínicas gratuitas y educación para los más desposeídos.
- Siguió comentando asuntos de política internacional y abogando por los derechos humanos y el fortalecimiento de la democracia en Latinoamérica. Durante los movimientos –obrero de 1959 y estudiantil de 1968– fue estrictamente vigilado por el mismo PRI y por la CIA , dadas sus vinculaciones y simpatías con los movimientos izquierdistas. En 1960 Cárdenas fue invitado a Cuba Fidel Castro mismo, con motivo de la conmemoración de las revoluciones mexicana y cubana, así como por la fundación del “Instituto Lázaro Cárdenas”, para la Investigación de la Universidad de La Habana.
- Murió de cáncer el 10 de octubre de 1970. Sus restos reposan en el Monumento a la Revolución, junto a los de Madero, Zapata, Villa, Carranza y Calles. Consagró su vida a la lucha por la sociedad socialista y la abolición de la propiedad privada.
Actos relevantes de Gobierno:
- Brindó asilo político a los refugiados de la guerra civil española, entre ellos, asiló a 456 niños (“los niños de Morelia”).
- Igualmente, a demanda de la Liga Comunista, asiló a León Troski.
- Su política de organización de los sectores populares, condicionaba la satisfacción de sus legítimas reivindicaciones, al claro apoyo que debían dar a su Gobierno. Esto se logró mediante el control de líderes sindicales incondicionados (los sindicatos de la Confederación Regional Obrera Mexicana –CROM-, por Luis Napoleón Morones y de la Confederación de Trabajadores Mexicanos –CTM- por Vicente Lombardo Toledano).
- Ei 18 de marzo de 1936, aprovechando una huelga de los sindicatos obreros, nacionalizó el petróleo, y se creó PEMEX. El principal beneficiado, más que las exportaciones, fue el sector interno. También, aprovechando la huelga de los ferrocarrileros, nacionalizó este servicio.
- Para la política agraria se centró en la Central Nacional Campesina (CNC), dotado de 18 millones de hectáreas de tierra a ejidos y tierras comunales. Otro tanto aconteció a los burócratas y maestros de la Central Nacional Obrera Popular (CNOP) y a los militares.
- El Partido Nacional Revolucionario (PNR), que había sido fundado por Calles, quedó convertido en el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), incorporando al nuevo Partido a los sectores populares.
- Aumento un 40% el gasto público, mediante un déficit controlado. Realizó importantes obras en carreteras, irrigación y créditos. Cuidó su política monetaria.
- En la cuestión académica, creó el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y el Colegio de México (Colmex).
Organización populista
- Los populismos latinoamericanos arriba mencionados, se concretizan en el “populismo cardenista” de la siguiente manera: la Revolución Mexicana había golpeado fuertemente al régimen porfirista; pero éste conservaba aún fuerza suficiente de recuperación. Las clases oligárquicas estaban hartas de los desórdenes revolucionarios y tuvieron fuerza suficiente para copar a la nueva clase enriquecida por la Revolución, en algunos casos, valiéndose de los matrimonios para trocar “alcurnia” por privilegios. Si bien las nuevas industrias expropiadas (petróleo, ferrocarriles, luz. etc) funcionaban bien, hacían falta inversiones y especialistas para el desarrollo del país, ante la nueva coyuntura mundial.
- La nueva clase dirigente emanada de la Revolución estaba formada por burócratas de la incipiente clase media, no podía, por sí sola, someter a la oligarquía porfiriana que mantenía riqueza, poder y nexos con el extranjero. El medio que se valió Cárdenas, fue acercarse a los sectores populares, organizarlos de forma corporativa y con cierta autonomía, respondiendo a muchas de sus demandas y reconociéndolos en el PNR como “sectores” del Partido, con sus respectivos sindicatos -el sector obrero (CTM), el sector campesino (CNC), el sector burocrático social (CNOP) y el sector militar-. Copó a sus líderes, permitiéndoles que se quedaran indefinidamente al frente de sus agrupaciones y solapándoles sus maniobras, como lo muestra su inveterado líder Fidel Velázquez, etc., todo esto, a cambio de que apoyaran incondicionalmente al Gobierno y al Partido.
La Educación Socialista
- Cuando Cárdenas asumió su cargo, ya la Revolución se había consolidado y nadie cuestionaba su hegemonía. Se le presentaban ahora nuevos desafíos, tales como la reconstrucción nacional y la formación de un nuevo Estado, mediante la incorporación de las masas. Se preocupaba principalmente por la “incorporación” de los indígenas, crucial para la ideología de la Revolución Mexicana. Como se comprobó en el Congreso de Patzcuaro, dicho “indigenismo” era entendido como desculturalizar a los indígenas (acabar con su lengua, su vestimenta, sus tradiciones religiosas, etc).
- Calles había pretendido manejar a Cárdenas como a sus “peleles” anteriores, sobre todo para continuar la política antirreligiosa represiva. Los primeros años de gobierno cardenista estuvieron marcados por el enfrentamiento con el Gral. Plutarco Elías Calles, a quien finalmente obligó a abandonar el país en 1936 y se exilió en Estados Unidos. Sin embargo, dentro del régimen de Gobierno, Calles logró infiltrar algunos partidarios, lo que prolongó el conflicto con los católicos.
Cárdenas accedió a la política antirreligiosa callista, principalmente en la “Educación Socialista”, en la que lo “socialista” estaba ausente (en realidad su contenido era racionalista y ateo). Sus agentes fueron, sobre todo, los “maestros rurales”. Estos eran jóvenes, muchos de ellos con pocos estudios; pero con gran entusiasmo y mística. Iban dispuestos a llevar los logros de la Revolución hasta los lugares más apartados, viajando al destino asignado a pie, muchas veces a través de bosques habitados por fieras o serpientes. No se reducían sólo a enseñar a los niños, sino que procuraban que la escuela fuese “la Casa del Pueblo,” alfabetizando a los adultos y organizando campañas de medicina e higiene, huertos familiares, vivienda, o proyectos desarrollistas como las carreteras o la introducción de la electricidad.
Pero sobre todo esto, importaban las campañas “desfanatizadoras y antialcohólicas” (como las denominaba el funcionario evangélico Moisés Aarón Sanz). Al llegar al pueblo, los “maestros rurales” tenían que hacer un juramento público delante del pueblo y de las autoridades del municipio, el cual, de entrada, comenzaba así: “Soy ateo, y me comprometo a alejar de las mentes infantiles tan nefasta influencia”. En caso de rehusarse, las autoridades del pueblo tenían obligación de denunciarlos ante las autoridades estatales… o viceversa, si alguna autoridad no reprimía algún acto religioso fuera del templo (peregrinaciones, procesiones, etc.), los maestros lo denunciaban a la cabecera estatal. En las clases, se tocaban temas antirreligiosos y se introyectaban estas ideas en los niños. Los padres de familia reclamaban; pero se les reprendía. Finalmente, los padres de familia estos se organizaron, primero, para no asistir a las juntas escolares, y después, para no enviar a sus hijos a la escuela. Hubo también excesos de los católicos en contra de aquellos Maestros Rurales. Algunos maestros que no aceptaron dejar sus escuelas y comunidades, fueron reprimidos por la gente (a algunos les cortaron las orejas y se llegó, incluso, al linchamiento o asesinato).
- “La Segunda”
Pese a las convicciones del nuevo presidente (“la división debe darse entre nacionalistas y traidores y no entre creyentes y no creyentes”), la persecución proseguía, si bien, con menor saña. Algunos cristeros que habían escondido sus armas cuando los “arreglos”, constatando que la persecución no había menguado, volvieron a levantarse sin contar con los obispos. Este repunte persecutorio es conocido como “La Segunda”.
“Agraristas y cristeros”. La aceptación o no aceptación de los “arreglos” dividió a los campesinos. Los “agraristas” aceptaban las tierras repartidas por el Gobierno (juntamente con un “máuser”); mientras los “cristeros” las rehusaban, obedeciendo a los curas que les decían que las tierras arrebatadas a los hacendados eran “robadas” (en todo caso, era robo legalizado y más bien, “tierras recuperadas”). Hubo pueblos vecinos de la misma región y con características similares que tomaron opciones distintas.
Precio de la persecución religiosa. La guerra cristera de aquella década, no sólo costó 70.000 vidas, sino también la caída fulminante de la producción agrícola y la emigración de decenas de miles de “braceros”. Para combatir a los rebelados, se invirtieron enormes recursos económicos, materiales y humanos, pues Calles tuvo necesidad de emplear más de 200.000 soldados.
La sucesión
- La lógica del movimiento revolucionario hubiese requerido que la sucesión recayese sobre Francisco J. Múgica, de larga trayectoria revolucionaria. Nació en Michoacán, en 1884. En su juventud, ejerció el periodismo, colaborando en varios periódicos liberales, entre ellos, “Regeneración”, de los hermanos Flores Magón, en Zamora, Mich., lugar donde concluyó sus estudios de seminario y estableció su residencia. Participó en la Revolución Mexicana siendo general de división; fue constituyente en 1917 y gobernador de Tabasco y luego, de Michoacán, de 1920 a 1921. Secretario de la Economía Nacional de 1934 a 1935 y de Comuniciación y Obras Públicas en el gobierno de Lázaro Cárdenas.
- Sin embargo, En una anticipada carrera electoral, Cárdenas se inclinó por Ávila Camacho, pues las presiones de las petroleras y de la Iglesia, cansada de las persecuciones religiosas, preferían alguien más moderado. Ávila Camacho contendió contra el anticardenista Juan Andreu Almazán, del Partido Revolucionario de la Unificación Nacional.
Manuel Ávila Camacho (1897-1955)
Biografía
- En 1914 se unió a la Revolución mexicana, siendo nombrado segundo teniente y desde 1920, luego, como coronel. Ese mismo año se desempeñó como jefe del estado mayor del general Lázaro Cárdenas quien se desempeñaba como jefe militar y gobernador de Michoacán. En 1929 combate la rebelión obregonista del Gral. Gonzalo Escobar, y gracias a su desempeño obtuvo el grado de General de Brigada. En 1933–1934, se desempeñó como oficial mayor de la Secretaría de Guerra y Marina -antecedente de la actual Secretaría de la Defensa Nacional-, a la que regresaría dos años después para actuar como titular del ramo desde 1936 a 1939, durante la presidencia de Lázaro Cárdenas.
Algunos hechos de Gobierno
- Para hacer visible la pretendida unificación nacional, el 15 de septiembre de 1942 convocó a todos los expresidentes; se frenó el reparto agrario cardenista: el ejido dejó de ser prioritario y se prefirió a los terratenientes, aumentando la dimensión de inafectabilidad de la tierra, y se privilegió su calidad. Ya desde su predecesor se sentaban las bases de control de los sectores populares: la CNC se convirtió en instrumento del Estado y la CTM empezó a ser controlada por el “charrismo” sindical, con Fidel Velázquez, tratando de justificar las restricciones (el derecho a huelga) con pretexto de la guerra.
- Se decretó la Ley del Seguro Social y al mismo tiempo se creó el Instituto Mexicano del Seguro Social y diversos centros hospitalarios, como el Hospital Infantil de México y el Instituto Nacional de Cardiología. Su gobierno fue apoyado por diversas organizaciones: Vicente Lombardo Toledano fue remplazado por Fidel Velázquez para dirigir la Secretaría General de la Confederación de Trabajadores de México (CTM).
La II Guerra Mundial
- Durante este período se libraba la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), con la amenaza del «nazifascismo». El gobierno avila-camachista resultó favorecido, debido a su aportación de materias primas agrícolas y minerales para la producción de materiales de guerra. A cambio, recibió maquinaria, herramientas, capitales y créditos. Se realizó una sustitución de importaciones, para producir algunos bienes de consumo. Se activaron la industria, la agricultura y la minería. Con el programa migratorio de los “braceros”, México contribuyó para las labores agrícolas del país vecino, pues muchos hombres fueron reclutados como soldados. Esto permitió el modelo económico capitalista, en favor de la nueva burguesía nacional, convirtiéndose en una clase poderosa y rica. Aunque también salió afectado negativamente, con la devaluación de la moneda y una crisis inflacionaria.
- Posicionamiento bélico- México apoyó a los países del Eje, con la venta de su petróleo; pero fue víctima de aquel bloque. El 13 de mayo de 1942 el buque mexicano Potrero del Llano fue hundido por submarinos alemanes pereciendo cinco marinos mexicanos. El 20 de ese mismo mes, el buque–tanque llamado Faja de Oro también es torpedeado y hundido. Italia y Japón no respondieron a la protesta, y la cancillería alemana se rehusó a recibirla. México entró así a la Segunda Guerra Mundial. El gobierno mexicano envió al Escuadrón 201, integrado por 300 hombres, que fue una agrupación de la Fuerza aérea mexicana, enviada a combatir por México como parte de los aliados. El escuadrón desempeñó una misión digna, que fue reconocida por los Aliados.
Como expresidente
Con Ávila Camacho, la sucesión presidencial dio un viraje importante, pasando del mando de “los generales” a la de los políticos civiles, ahora “los licenciados”. Una vez terminado su sexenio, Ávila Camacho se retiró a su rancho «La Herradura» en unión de su esposa Soledad Orozco. La hacienda abarcaba tres grandes residencias lujosas, con espléndido mobiliario y obras de arte. Esto le permitió a una intensa vida social, siendo visitados por personajes de las altas esferas del arte y de la política. Falleció en su rancho el 13 de octubre de 1955. Sus restos y los de su esposa fueron sepultados en un mausoleo dentro del Panteón Francés de San Joaquín, ubicado en Ciudad de México.
Actuación de la Iglesia
Tras finalizar el Maximato y la Guerra Cristera, Estando todavía el Gral, Lázaro Cárdenas en el Gobierno, se implantó en México un sistema educativo “socialista” y se confiscaron varios millones de hectáreas de tierra a los hacendados que aún quedaban en el país, para redistribuirlos a los campesinos. Esto representaba una nueva amenaza para la oligarquía católica y los grupos de derecha radical. Cárdenas realizó concesiones a la Iglesia para intentar apaciguar a estos grupos; pero algunos líderes iban más allá, y pretendían revertir por completo las políticas secularizadas del país, que amenazaban a la hegemonía de la Iglesia sobre la sociedad mexicana, y especialmente, sobre el campesinado.
La “Unión Nacional Sinarquista”
En este contexto, el 23 de mayo de 1937, en la ciudad de León, Guanajuato, se fundó una organización política de extrema derecha, la “Unión Nacional Sinarquista”. En sus inicios, la UNS tenía como objetivo restaurar una suerte de teocracia católica (el “orden social cristiano”). Aunque algunos de sus líderes se deslindaban de Hitler y Mussolini, simpatizaban con el nacionalsindicalismo de Francisco Franco. En la política mexicana de entonces, se oponían al ejido y apoyaban la pequeña propiedad privada.
Una característica era la fuerte disciplina de su militancia. Por ejemplo, para un mitin realizado en el centro de León, la convocatoria se realizó en absoluto secreto. De varias partes del país fueron llegando los militantes, pagándose cada cual sus gastos y hospedándose en casas de simpatizantes, todo con absoluta discreción, hasta que el día fijado, sorpresivamente, se llenó la Plaza.
Ignacio Padilla, emocionado en un mitin cerca de la frontera norte, sugirió formar una comunidad utópica en las tierras norteñas regadas por el jesuita P. Kino, numerosas familias acogieron la invitación. Son embargo, Estados <unidos no la veía bien, dadas las inclinaciones del movimiento en favor de los países del Eje, durante la Guerra, temiendo que formaran un pie de playa en la frontera misma. Los obispos, que inicialmente los apoyaban, terminaron dejándolos solos. Ante la falta de apoyo, cayeron en la miseria, y curiosamente, el único que los apoyó fue el Gral, Múgica, comunista
Aunque no se sabe bien quienes fueron inicialmente sus líderes, se mencionan a José Antonio Urquiza, Salvador Abascal, Juan Ignacio Padilla, los hermanos Trueba y los Zermeño. Desde 1945, el movimiento ha sufrido numerosas divisiones, todas ellas nacionalistas, conservadoras y fascistas, culminando con el Partido Demócrata Mexicano.
CONCLUSIÓN FINAL
- La Revolución Mexicana fue un conflicto de la mayor trascendencia para la historia de nuestro país. Trastocó todas las instituciones sociales, se acabó con la oligarquía feudal colonial, que el liberalismo no logró reducir del todo, produjo una revolución cultural (todos los ensayos sobre “El Mexicano”, expresan la ideología de esta revolución). Fue la primera revolución social del siglo XX, aún antes que la revolución bolchevique de Rusia y costó un millón de muertos.
- En realidad, se trató de dos revoluciones clasistas superpuestas: un ala burguesa nacionalista contra la oligarquía porfiriana (Carranza, Múgica, Obregón, Calles), y otra ala popular (Villa y Zapata). El triunfador fue la burguesía nacionalista (el anarquismo de Sonora) que, para enfrentar a la oligarquía porfiriana o colonial, se alió a los sectores populares (obreros y campesinos), resolviéndoles algunas reivindicaciones, a cambio de que apoyaran a la nueva burguesía nacionalista, y al mismo tiempo, cooptando a sus líderes (CTM, CNC, CNOP).
La jerarquía eclesiástica, quizás como defensa ante el despojo de sus tierras en la época liberal, se alió con la clase entonces dominante, los conservadores, como la exhibición de algunos prelados con ínfulas coloniales, que irritaban a la feligresía popular más conciente. Esto ocasionó que cuando el anarquismo norteño desplegó su política de persecución religiosa, fueran sobrepasados en el conflicto armado de “La Cristiada”. En tiempos de Ávila Camacho, la lucha asumió a la Unión Sinarquista, de ultraderecha.
[1] No así los zapatistas del sur, algunos de cuyos grandes sombreros se volvían altares guadalupanos.
[2] MEYER, Jean: ¿Cómo se tomó la decisión de suspender el culto en México en 1926?, Tzintzun. Revista de estudios históricos no. 64, Michoacán, jul/dic. 2015
[3] De ahí la expresión de López Obrador: “Si dicen populista, que me apunten en la lista”
[4] Naródnik: wikipewdia:https://es wikipedia, la enciclopedia libre, consultado abril 2024
[5] Marisa Gallego (2006), Carlos Malamud (2010) y Loris Zanatta (2012)