Estudio de caso II. Las vecindades del centro de puebla

El segundo estudio de caso que nos ocupa es el de los inquilinos de vecindades del centro de la ciudad de Puebla, especialmente en el tiempo en que los estuve acompañando (1976 a 1979). Para ello, hemos de comenzar haciendo algo de historia.

Historia de la Ciudad de Puebla

  • Durante la Colonia, toda la organización económica se orientaba hacia la extracción de un excedente y su envío hacia la metrópoli hispana. Este objetivo determinó la construcción de importantes vías de comunicación, así como la fundación de nuevas ciudades. Fue así que, a mitad de camino entre Acapulco y Veracruz, se fundó “Puebla de los Españoles” como lugar de paso, descanso, abastecimiento y mediación hacer llegar a la Metrópoli los productos de Filipinas. No toda la producción era enviada a España, parte de ella se destinaba al consumo suntuario de la oligarquía novhispana (con productos españoles y filipinos) y bienes culturales que pasarían a enriquecer la cultura local (“la china poblana” o el “Mantón de Manila”). Con ese estilo refinado, construyeron grandes casonas, casi palacios, con numerosa servidumbre, que desde el siglo XVI marcaron su fisonomía urbana. Se eligió el valle de Cuetlaxcuapa, rodeado de volcanes, entre los ríos Atoyac y Xonaca, a unos 100 kms. al poniente de la CDMX y que tenía una densa población indígena (Cholula, Tepeaca, Tecamachalco y Tlaxcala).
  • Puebla rivalizaba con la Ciudad de México: era sede de la burocracia virreinal civil, y en lo eclesiástico, de las casas centrales de las órdenes religiosas (por cierto, sus locutorios eran espacios para la alta cultura de las élites y para el arte culinario, en sus grandes cocinas de numerosa servidumbre). Desde la ciudad se impulsaba la minería y la agricultura para la clase terrateniente de los alrededores (hasta el siglo XVIII, Puebla fue el centro agrícola más importante del virreinato y una floreciente industria manufacturera, especialmente textil). Puebla fue una de las seis ciudades latinoamericanas que tenía más de 50,000 hbs.
  • En el siglo XIX la ciudad comienza a decaer: en las luchas independentistas, Puebla fue asediada doce veces, con grandes destrucciones y epidemias, por lo que su población bajó de 70 mil a 40 mil hbs, dejando vacías muchas casas. Esta situación también afectó a la exportación: el eje Acapulco-Veracruz perdió importancia; en Europa, la tecnología elevó la producción industrial, y durante el porfiriato, gracias al ferrocarril, llegaban a Puebla artículos manufacturados más baratos, afectando la importancia de su comercio.
  • La Iglesia se había convertido en propietaria de casi la mitad de los inmuebles urbanos. Muchos de ellos, fueron allegadas como dote de algunas religiosas heredadas a la Orden después de su muerte. Le desamortización de los bienes eclesiásticos propició a una clase de prósperos rentistas. La nueva industrialización poblana trajo consigo gran número de trabajadores proletarizados, provenientes del medio rural del entorno, y de este modo, algunas de las antiguas casonas se destinaron al alquiler intensivo o a pequeños comercios.
  •    De 1940 a 1960, en los países más grandes de Latinoamérica se produce una rápida urbanización, de modo que la población urbana se duplicó en esos veinte años. La II Guerra Mundial favoreció la política de “sustitución de importaciones”, así como el mercado interno. Las metrópolis permitieron que la población local consumiera productos nacionales; aunque manteniéndose la situación de dependencia. Puebla sufrió un fuerte movimiento migratorio del campo a la ciudad, debido al estancamiento de la reforma agraria y al resurgimiento de la industria textil. Muchos propietarios de las viejas casonas coloniales se trasladan a zonas más modernas de la periferia y destinan dichas viviendas desocupadas al alquiler intensivo para un subproletariado -llegado como “ejército industrial de reserva”- o para el comercio ambulante.

La Ciudad en el Capitalismo Monopolista

  • Quienes investigan el fenómeno urbano en el capitalismo monopólico, observan un nuevo tipo de socialización del proceso de producción y de circulación, en el seno de la misma propiedad financiera (Lojkine 1979: 136-146). Dicho de otra forma, estos dos procesos –la producción (industrial) y la circulación comercial- interactúan en un mismo espacio económico urbano: un complejo de actividades productivas y no productivas que, si bien pueden estar separadas espacialmente, se encuentran vinculadas por la interdependencia tecnológica y de centralización social; dos procesos distintos que se hayan estrechamente vinculados en determinada centralización social.
  • Se trata de un fenómeno ya notado por Lenin: una combinación entre las diversas unidades monopólicas, que modifican toda la formación social: los efectos útiles de la aglomeración y de la cooperación espacial que exigen actividades de complementariedad entre medios de producción (corredores industriales) y de intercambio (zonas de negocios especializados, centros comerciales); incluso centros de capacitación y de estudio (universidades), conjuntos habitacionales, etc. El capitalismo monopolista opera con la dialéctica entre centralización / descentralización –máxima centralización para coordinar millares de empresas dispersas y actividades no productivas, a fin de responder a las exigencias de los monopolios-, y al mismo tiempo, descentralización de actividades: Es la división social del trabajo, aplicada a la urbanización.
  • Este fenómeno se dio en Puebla al inicio de los años sesenta, desde la llegada de las grandes empresas (Volks Wagen, Hylsa), la construcción de un corredor industrial, la autopista México-Orizaba, el “embovedamiento” del Río San Francisco, etc. El gran capital que se establece en Puebla, aporta excelente infraestructura y generosos estímulos para tener una abundante mano de obra barata y cualificada, para poder absorber una gran cantidad obreros que habrían de llegar de lugares cercanos. En este punto, también se observa la dialéctica entre centralización / descentralización, en espacios para distintas actividades: una ciudad segmentada para distintas actividades (para la investigación, para la fabricación, para domicilio de la fuerza de trabajo, para la integración de servicios, etc.), es decir: ciudad segregada.
  • En la fecha en que se realizó esta investigación, en el llamado “primer cuadro” de Puebla, todavía se asentaban allí 12 terminales de autobuses foráneos, 7 mercados 16 instituciones de crédito, 17 templos, 1 universidad, 17 escuelas, 27 hoteles, 2 cárceles y 15 oficinas gubernamentales.

Disputa por el Centro de la Ciudad

  • Todo este complejo conjunto de instancias e instituciones que demanda la ciudad capitalista monopólica, requiere de un espacio que centralice todo este complejo. En principio, se prefirió que la ubicación de este espacio fuese el centro de la ciudad -un Distrito Central de Negocios-, que albergase bancos, administración burocrática, centrales de servicios, etc. En Puebla, el centro de la ciudad es un lugar turístico, alberga el Gobierno Civil (Estatal y municipal) la Iglesia (la catedral), la Universidad, lugares financieros con buenos accesos de comunicación. Para responder a estas demandas, que estaban dejando de ser funcionales, en los años del estudio se contemplaron algunos traslados a otros sitios. Una dificultad era que el tipo de construcción data del tiempo de la Colonia, como ya se dijo, y esto fue una circunstancia importante para que el gran poder del Capital no haya podido modificar el uso del suelo del centro de la ciudad.
  • En Puebla Entre 1940 y 1960, la situación inquilinaria para los pobres era sumamente dura e injusta (no se daban recibos, alzas inmoderadas de la renta, lanzamientos frecuentes, legislación de arrendamiento favorable a los propietarios, etc.). Ante esto, los inquilinos comenzaron a organizarse en torno a la Unión de Defensa Inquilinaria (1940), convertida la Federación Revolucionaria de Inquilinos y Colonos del Estado de Puebla (1955), la cual logró la promulgación de una Ley Inquilinaria. Entre 1960 y 1980 las luchas urbanas se dieron en asentamientos periféricos, que no trataremos aquí.

Política Urbana en la Zona Centro

El centro de Puebla, tal como dijimos, era el antiguo casco urbano, compuesto por viejas casonas de dos o tres siglos de antigüedad, cuyos propietarios, a principios del siglo XX, las abandonaron, para trasladarse a las nuevas colonias más confortables, destinando tales inmuebles al inquilinato intensivo. Con la llegada del gran capital con hegemonía monopólica, en una ciudad originalmente trazada con tablero de ajedrez, el centro era el lugar más apropiado como “Distrito Central de Negocios”. Efectivamente, algunas antiguas casonas se compraron y fueron demolidas para levantar nuevos edificios, modernos y funcionales, y maximalizar así los beneficios del uso de aquel espacio urbano. Pero reaccionando contra esta política, se levantaron voces ciudadanas, orgullosas del patrimonio cultural de su ciudad y se unificaron en torno al “Comité Defensor del Patrimonio Cultural Urbano”, dirigido por el prestigioso grabador D. Ramón Pablo Loreto. Con sus presiones, lograron el decreto presidencial del 18 de noviembre de 1977 de José López Portillo, en el que se declaraba una “Zona de Monumentos Históricos en la Ciudad de Puebla”, encomendándole al INAH la confección de un minucioso catálogo de estos inmuebles, y al Ayuntamiento, fondos para su restauración. Sin embargo, esta victoria se topó con mucha resistencia: los bancos no daban créditos y los dueños de los inmuebles fueron reacios para repararlos, a pesar de la exención de impuestos del Gobierno para tales reparaciones. Los propietarios prefirieron abandonarlos a su suerte, esperando que se cayeran de viejas. Los inquilinos más solventes fueron reemplazados por otros nuevos más empobrecidos. Alguna interpretación fue reducirse a conservar las fachadas, alegando que bastaba conservar el nivel parejo de los inmuebles y atender así a toda la calle. Algunos dueños conservaron las fachadas; pero modificaron el interior, lo las convertía en adefesios. El “Plan de Desarrollo Urbano de la Ciudad de Puebla” de 1976, afirmaba: “El centro antiguo de la ciudad no tiene por qué perder sus características tradicionales de centro cívico de negocios, de comercio, de servicios y de turismo, sino más bien, buscar nuevos destinos para los antiguos edificios, sin alterar se estructura arquitectónica de estilo y época”, y ponía como ejemplos: paraderos turísticos, boutiques, departamentos de lujo, etc., y alentaba a los bancos a dar créditos para tal fin. Esto implicaba, obviamente, el desalojo de los actuales inquilinos y concomitantemente, agravar la problemática de la periferia. Ante esto, se escucharon muchas voces: algunas vinculadas al turismo, expertos urbanistas, funcionarios públicos, comerciantes, propietarios, defensores del patrimonio arquitectónico, etc.; pero faltan las voces de los más directamente afectados: sus actuales moradores.

CUESTIONARIO

  1. ¿Cómo se explica la disputa por el Centro de las ciudades, desde la historia de la ciudad de Puebla, desde el capitalismo monopolista y desde la antigua Tenochtitlán?
  2. ¿Cuáles fueron los factores de expulsión del campo y de atracción de la moderna ciudad de Puebla para los actuales inquilinos de vecindades?
  3. ¿Por qué se dio las oscilaciones de política urbana hacia los edificios de las actuales vecindades del centro de Puebla?

Deja un comentario