Utopía 8. MPE, MPF, MPC

¿Qué entendía Marx como “modo de producción? 

Para vivir, los humanos, como todos los seres vivientes, tenemos que consumir, y para ello, necesitamos producir (después del tiempo de la cacería y recolección). La tesis central de Marx es que las sociedades se caracterizan por el modo de producir los bienes y servicios, así como la forma en que tales productos son distribuidos. Más en concreto, interesan las capacidades que tiene una colectividad para producir y cómo se participa en las relaciones sociales que se entablan. También nota que estas relaciones sociales están en conflicto con el creciente desarrollo de las capacidades productivas humanas (en nuestros días han alcanzado niveles que asombrarían a Marx mismo). Así pues, habrá que distinguir entre las “fuerzas productivas” y las “relaciones de producción”. Las fuerzas productivas incluyen la fuerza de trabajo humano y el nivel tecnológico que tienen sus medios de producción (v. g. herramientas, equipamiento, edificios, tecnologías, materiales, tierras fértiles, etc.). Las relaciones de producción se refieren a las relaciones sociales que establecen quienes gobiernan los recursos (la propiedad de los medios, el poder y el control sobre los mismos), y que a veces se codifican en leyes, formas de asociación y clases sociales que de eso se derivan. Esta modalidad puede durar siglos y hasta milenios, por lo que los individuos particulares no pueden modificarlas, e incluso, ni siquiera son concientes de su estructura. 

La combinación de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción denotan el modo en que las personas se relacionan, sea con el mundo físico, sea socialmente. Y esto, de manera necesaria y específica, y este conjunto constituye la estructura económica de la sociedad, es decir, la base real sobre la cual se alza una superestructura jurídica y política y a la cual corresponden formas determinadas de la conciencia social (ideología). En general, el modo de producción material condiciona el proceso social, político y espiritual de la vida. (educación, religión, lenguaje, arte, etc.). No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino al contrario, es su ser social el que determina su conciencia.

El Comunismo Primitivo: Recolección y cacería (MPC1).

Vimos cómo la Paleografía y la Arqueología nos expusieron el estilo de vida de nuestros ancestros (desde hace unos 300,000 años, hasta apenas unos 6,000). Si esta no fue precisamente una “Edad de Oro”, no la pasaban tan mal como se la supone. La dieta (recolección y caza) era variada y no les llevaba mucho tiempo. En la cueva repartían la pieza de su cacería, dando a cada cuál según su necesidad.

A) Modo de Producción Asiático o despótico tributario (MPA).

Hace apenas unos 6,000 años, durante el “Neolítico”, se empezó a domesticar el trigo y los animales. Los primitivos descubrieron que el trigo y los cereales en general, se podían sembrar cerca de la cueva o lugar de residencia, lo cual daba seguridad y facilitaba la conservación del alimento. En realidad, “más que domesticar al trigo, el trigo domesticó a los humanos”:1 el trigo necesitaba terreno libre de piedras y agua abundante. Gracias al alimento abundante y seguro, creció la demografía. Multitudes trabajaron limpiando terrenos en espacios más amplios y se hicieron canales para llevar agua hasta las viviendas. Estas tuvieron que acomodarse mejor y surgieron las primeras ciudades, con sus acueductos, trazado de calles, almacenes y calzadas, y se requirió mejorar la organización social. Se formó un grupo con mayores capacidades para repartir los trabajos y lugares comunes para almacenar las cosechas. El saber que allí había trigo almacenado, atrajo a tribus de saqueadores, por lo que había que defender la propiedad. Con más gente disponible, entrenaron un ejército para la defensa. Como había que mejorar la organización social, se formó así un grupo dirigente que, en la práctica, reclamó la propiedad de toda la ciudad, concediendo a los campesinos el uso de una parcela, a cambio de ciertos trabajos comunitarios. La dominación pudo tener cierta justificación mientras se hacían los trabajos colectivos necesarios; pero cuando, aprovechando el ejército, el déspota exigió a los campesinos que le construyeran sendos palacios para él y a sus funcionarios, ya esa justificación no bastaba. Se creyó en la existencia de ciertos agentes espirituales (almas de los muertos, espíritus de seres de la naturaleza: montes, árboles, astros), y se trató de influir en ellos y propiciar su ayuda (magia). Luego aparecieron religiones de tipo dicotómico -contraposiciones natural / sobrenatural; cuerpo / alma: material / espiritual–, que reflejaban la Gran Dicotomía: clase dominadora / clase subordinada. Estas religiones presuponen grandes edificios para los sacrificios y culto público, con sus propios agentes para administrarlo.2 Además de la religión, una vez descubierto el valor de la mano de obra, se propusieron la construcción de grandes obras simbólicas que legitimaran al Imperio. 

Cuando los hebreos fueron desterrados a Asiria, allá en la ciudad de Babel, encontraron los “zigurtats”, grandes torres de ladrillo sin terminar, y narraron el conocido mito sobre su construcción. Alardeando de su poder, los asirios pretendieron “construir un edificio tan alto que llegara hasta el Cielo”, es decir, mostrar que ellos, por sí mismos, podían hacer cualquier cosa, sin necesitar de los dioses, o sea, nada menos que la divinización su Imperio. Ahora bien, esa torre no la construyeron los babilónicos, sino esclavos de otras Ciudades-Estado vecinas. Estos pueblos sometidos recurrieron, como estrategia de resistencia, negarse a aprender la lengua del Imperio, lo que les permitió recobrar su libertad.

B) Modo de Producción Esclavista (MPE)

Los romanos usaron la esclavitud por conquista como fundamento de su Imperio, y esto se convirtió en el nuevo “modo de producción” dominante. Los pueblos conquistados proveían a Roma de tributo -en metal o en especie- y de esclavos. En Roma, la plebe de ciudadanos era libre, y aunque no tuviesen trabajo, el Estado los proveía de “pan y circo”. Semanalmente, cada ciudadano recibía su porción de trigo traído de las colonias, y eran frecuentes las exhibiciones en el “Coloseo” o circo romano. Este gran estadio podía adaptarse, inundándolo, para batallas navales, o convertido en monte agreste, para exhibir cacerías de animales exóticos de las colonias. También para presenciar luchas a muerte entre grupos entrenados de gladiadores esclavos, pertenecientes a poderosos senadores (quien perdía, podía ser ejecutado, según decisión del emperador, previa consulta al pueblo, pulgar abajo). Posteriormente, el espectáculo preferido fue ver cómo las fieras devoraban a los cristianos. Este sistema terminó siendo demasiado gravoso: Había senadores que tenían 3,000 esclavos o más. En caso de insubordinación de algunos de ellos, se hacía una crucifixión general. (se dice que había un senador que en su piscina tenía un tiburón… y que a veces se extraviaba algún niño pequeño…). Los costos de mantenimiento para tan gran población esclava y la disolución perversa de las élites, habrían de terminar con este modo productivo, a lo que se añadieron las incursiones de vándalos del Norte (mongoles, sajones, daneses, etc.). Estas fueron las causas de la caída del Imperio Romano.

C) Modo de Producción Feudal (MPF)

Con la caída del Imperio, las ciudades fueron abandonadas y sus habitantes emigraron hacia la campiña, convertidos en campesinos. Sin embargo, bandas extranjeras de saqueadores llegaban cada vez en mayor número. Los campesinos organizados poseían armas apenas suficientes para defenderse; pero descuidaban su campo. Por esto, algunas personas con destreza para guerrear, se les ofrecieron a los campesinos como defensores, a fin de que aquellos pudieran dedicarse tranquilamente a su trabajo, en tanto que el pequeño ejército, bien entrenado y armado, se encargaría de los invasores. En compensación, aquellos les pedían una parte de la cosecha. Pero contando ya con armas, las emplearon, no ya como defensa, sino para intimidar a los campesinos mismos, exigiéndoles cada vez mayor pago. Como las invasiones vandálicas eran cada vez más fuertes, los “cuidadores” sugirieron edificar fortalezas y guardar en ellas ciertas provisiones de alimento y agua, para que todos pudieran refugiarse en el castillo en caso de invasión. Los jefes de esos grupos armados mantenían relación con otras fuerzas afines y hacían alianzas para guerrear contra un enemigo más poderoso, recibiendo como premio “títulos de nobleza” -barones, duques, marqueses, condes, etc.-. Los nobles observaban una jerarquía de prestigio: los de una misma región rendían pleitesía al noble más poderoso, que ostentaba el título de “rey”, y varios reyes, a su vez, se subordinaban al emperador.  

De este modo, el grupo armado se convirtió en Señor del Feudo, y los campesinos, en vasallos y siervos suyos. El noble seguía comprometido a darles protección y refugio; pero la tierra les dejó de pertenecer a ellos y pasó a ser propiedad del Señor Feudal, quien concedía al siervo trabajarla, a cambio de que le entregase una parte de la cosecha a modo de tributo. Como ya en los últimos años del Imperio Romano, el cristianismo había sido declarado la “religión oficial”, la jerarquía eclesiástica gozó de gran poder de legitimación (los reyes y el emperador mismo eran coronados por el respectivo rey o por el Papa mismo), de modo que se constituyó la “Alianza Trono-Altar”: la nobleza protegía a la Iglesia local y a su vez, el obispo legitimaba la autoridad del monarca (o el Papa, al emperador).

D) Modo de Producción Capitalista Mercantil (MPCm)

El feudalismo empobrecía más y más a los siervos. Por eso, muchos de ellos huían de la gleba y se refugiaban en las “villas” o antiguas ciudades romanas abandonadas, donde, entre arbustos, ahora campeaban las fieras. Allí fue donde algunos artesanos se abrieron camino e instalaron sus talleres. Otros siervos del feudo los siguieron más tarde y les pidieron trabajo en sus talleres, y así se fueron organizando los gremios: entraban como aprendices y luego llegaban a ser “maestros”; mientras que los que llegaron primero fueron dueños del taller. Los nobles adinerados acudían a las villas a encargar a los prósperos comerciantes, trajes lujosos o joyas, a pedido, y estos a su vez, frecuentaban los talleres artesanales a demandarles a los “villanos” que se los hicieran. Los nobles empobrecidos iban también a solicitar dinero a los “prestamistas”. Así surgió el “capitalismo mercantil”. Con el tiempo, los feudos se fueron arruinando y los talleres, con nueva tecnología, prosperaron: estaba naciendo un capitalismo embrionario.  

Los talleres artesanales introdujeron mejoras y reclutaron obreros, pagándoles un bajo salario. Es verdad que los “proletarios” ya eran “libres”, pues no dependían de sus “corporaciones” (la comunidad campesina, los gremios, la “gleba feudal, la familia extensa, la parroquia, etc,). Pero visto desde otra perspectiva, perdían el respaldo que les daban las mismas corporaciones. Ahora, los “proletarios” ya no tenían más posesión que su propio trabajo (además de su “prole”, pues la descendencia les daría protección). Así nació el capitalismo industrial, que permitía a los empresarios propietarios quedarse con la plusvalía de los bajos salarios. 

En el siglo XIX surgió la “Revolución Industrial”, gracias a los avances científicos aplicados a las máquinas industriales. La utilización del carbón fósil como energético y el fordismo, con su banda móvil, pudieron aprovechar la plusvalía de numerosos obreros, explotados al máximo, y acumular grandes ganancias.

E) Modo de Producción Comunista (MPC).

En todos los modos de producción anteriores, la clase subordinada, con el tiempo y mediante conflictos, se fueron convirtiendo en la clase dominante, y explotaba, a su vez, al nuevo sujeto que surgía. Este cambio de sujetos no solía transitar de forma pacífica, sino por la inevitable “lucha de clases”, que podría asumir el carácter de huelgas o de revolución armada. Tal como sucedió con los anteriores “modos de producción”, cuando el nuevo sujeto histórico triunfaba, construía un Estado propio que respaldara sus intereses, confeccionara sus propias instituciones (los aparatos legal y judicial) y sus aparatos de justificación y control (aparatos ideológicos legitimadores: los medios de comunicación, la escuela, la familia, la religión o la cultura populares).  

Sin embargo, al aparecer el capitalismo, su clase correlata -el proletariado, no teniendo ya ninguna otra clase que explotar y apropiándose de los medios de producción las máquinas), daba término a la lucha de clases, y cuando el proletariado se volviera Estado, la propiedad privada ya no tendría cabida, todo se iría volviendo propiedad comunista, y terminaría la historia, con una sociedad utópica de justicia, paz y tranquilidad.

Utopía 7. MODOS DE PRODUCCIÓN EN LA HISTORIA

La sucesión de modos de producción es una clave de la filosofía marxista. Desde luego, trataré de superar su determinismo dogmático en la sucesión de modos de producción, prevaleciente en Occidente durante tres siglos; pero expondré su recorrido, no sólo por la relevancia heurística y política que ha tenido este autor, sino como un método para presentar una visión crítica de la historia en su totalidad, en marcha hacia un futuro utópico.

¿Qué entendía Marx como “modo de producción”?

  •     Para sobrevivir, los humanos, como todos los seres vivientes, tenemos que consumir, y para ello, producir (pasado el tiempo de la cacería y recolección, en el que no se producía nada, sino que se tomaba de la naturaleza). La tesis central de Marx es que las sociedades se caracterizan por el modo de producir los bienes y servicios, así como la forma en que tales productos son distribuidos. Más en concreto, interesan las capacidades que tiene una colectividad para producir y cómo se participa en las relaciones sociales que se entablan. También nota Marx que estas relaciones sociales están en conflicto con el creciente desarrollo de las capacidades productivas humanas (en nuestros días la tecnología ha alcanzado niveles que asombrarían a Marx mismo). Así pues, habrá que distinguir entre las “fuerzas productivas” y las “relaciones de producción”. Las fuerzas productivas incluyen la fuerza de trabajo humano y el nivel tecnológico que tienen sus medios de producción (v. g. herramientas, equipamiento, edificios, tecnologías, materiales, tierras fértiles, etc.). Las relaciones de producción se refieren a las relaciones sociales que establecen quienes gobiernan los recursos (la propiedad de los medios, el poder y el control sobre los mismos), y que a veces se codifican en leyes, formas de asociación y clases sociales que de eso se derivan. Esta modalidad puede durar siglos y hasta milenios, por lo que los individuos particulares no pueden modificarlas, e incluso, ni siquiera son concientes de su estructura.

La combinación de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción denotan el modo en que las personas se relacionan, sea con el mundo físico, sea socialmente. Y esto, de manera necesaria y específica, y este conjunto constituye la estructura económica de la sociedad, es decir, la base real sobre la cual se alza una superestructura jurídica y política y a la cual corresponden formas determinadas de la conciencia social (ideología). En general, el modo de producción material condiciona el proceso social, político y espiritual de la vida. (educación, religión, lenguaje, arte, etc.). No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino al contrario, es su ser social el que determina su conciencia.

  1. Modo de Producción  del Comunismo Primitivo (MPC)

Vimos cómo la Paleografía y la Arqueología nos expusieron el estilo de vida de nuestros ancestros (desde hace unos 300,000 años, hasta apenas unos 6,000). Si esta no fue precisamente una “Edad de Oro”, la pasaban mejor que nosotros modernos.

  • Demografía- El promedio de edad estaba entre 40 y 47 años; pero si tenemos en cuenta la mortalidad infantil, la mayoría vivía 60 años o más. Los niños morían mucho; pero si sobrevivían los primeros años, era probable que vivieran muchos años. Había muchos peligros y accidentes. (nosotros también tenemos muchos accidentes de vehículos, enfermos por contaminación y comida chatarra). Ante contingencias ambientales (sequías, terremotos) estaban más seguros; Eran más altos y fuertes. Había crueldad para con los enfermos, ancianos y niños (a veces los abandonaban a su suerte o los mataban si impedían la movilidad al grupo).
  • Alimentación- Con mayor variedad de alimento que nosotros. Si escaseaba algún alimento, simplemente cambiaban su dieta o su habitación. Muchas de nuestras costumbres actuales se fraguaron en aquellos milenios: p.ej., nuestra ansia por atiborrarnos de dulce y grasas puede entenderse, porque en los tiempos de recolectores y cazadores, lo dulce era muy escaso (sólo podía tenerse en fruta madura y en la miel). Por eso, si alguien encontraba un árbol de higos maduros, se daba un atracón, antes de que llegaran los demás a disputárselos. La comida de nuestros ancestros era muy variada (raíces, insectos, ratas o conejos, tubérculos, etc.) y no les llevaba mucho tiempo obtenerlos (4 o 5 horas). Se obtenía de la recolección y salían poco a cazar (dos o tres días por semana). En la cueva repartían la pieza de su cacería, en principio, dando a cada cuál según su necesidad.
  • Vivienda- Preferían vivir en cuevas o refugios naturales. Se familiarizaban con una región (grande o pequeña), cambiando de casa cada semana, mes o día. Se llevaban consigo sus pocos objetos.
  • Costumbres sexuales- la horda era promiscua (la “comuna antigua”). Solían tener relaciones con varias parejas. Se pensaba que, para el embarazo, se necesitaban varias cópulas, de preferencia con diversos varones (para que el hijo tuviera cualidades de todos ellos). Como no se sabía de quién era el hijo, trataban a todos los jóvenes con igual cariño, pues cualquiera de ellos podría ser su hijo. Las numerosas infidelidades y separaciones actuales tal vez se deban a nuestras estructuras familiares monógamas nucleares, que serían incompatibles con nuestro equipo biológico.
  • Encuentros- Aquellas sociedades eran muy diferentes unas de otras (lenguaje, clanes, normas, religión)- Grupos pequeños; podían pasar meses sin encontrar otro grupo. La mayoría de estos encuentros eran pacíficos: intercambiaban información e inventos o sus pocas pertenencias a veces intercambiaban miembros o iban juntos a cazar. La mayoría no conocía en toda su vida más de cien personas. Si se encontraban con un grupo considerablemente mayor, que les peleaba su cueva o pertenencias, preferían no pelear y salían a buscar otro lugar.
  • Trabajo y ocio- Como encontrar su alimento no les llevaba mucho tiempo, podían dedicar tiempo para aprender, explorar y experimentar. Eran muy ingeniosos. La mayor parte de sus herramientas eran de madera. Más que Edad de Piedra, debía llamarse “Edad de Madera” (ya se pudrieron esos utensilios). En un momento hacían su hacha.
  • Estaban mejor informados y eran diestros (individualmente) que nosotros (somos especializados); tenían mayor destreza física. Empleaban su tiempo libre para chismear, jugar y estar con los niños. Su estilo de vida era más confortable que el de nuestros oficinistas, jornaleros, pastores, etc. Su cerebro era más grande que el nuestro, y su cuerpo, más alto y fuerte.
  • Modo de Producción Asiático o despótico tributario (MPA).
  • Hace apenas unos 6,000 años, durante el “Neolítico”, se empezaron a domesticar el trigo y los animales. Los primitivos descubrieron que el trigo y los cereales en general, se podían sembrar cerca de la cueva o lugar de residencia, lo cual daba seguridad y facilitaba la conservación del alimento. En realidad, “más que domesticar al trigo, el trigo domesticó a los humanos”:[1] el trigo necesitaba terreno libre de piedras y agua abundante. Gracias al trigo abundante y seguro, creció la demografía. Multitudes trabajaron limpiando terrenos en espacios más amplios y se hicieron canales para llevar agua hasta las viviendas. Estas tuvieron que acomodarse mejor y surgieron las primeras ciudades, con sus acueductos, trazado de calles, almacenes y calzadas, y se requirió mejorar la organización social. Se autoinstaló un grupo con mayores capacidades para repartir los trabajos y construir lugares comunes para almacenar las cosechas. El saber que allí había trigo almacenado, atrajo a tribus de saqueadores, por lo que había que defender la propiedad. Con más gente disponible, entrenaron un ejército para la defensa. Como había que mejorar la organización social, se formó así un grupo dirigente que, en la práctica, reclamó la propiedad de toda la ciudad, concediendo a los campesinos el uso de una parcela, a cambio de ciertos trabajos comunitarios. La dominación pudo tener cierta justificación mientras se hacían los trabajos colectivos necesarios; pero cuando, aprovechando el ejército, el déspota exigió a los campesinos que le construyeran sendos palacios para él y sus funcionarios, ya esa justificación no bastaba. Se creyó en la existencia de ciertos agentes espirituales (almas de los muertos, espíritus de seres de la naturaleza: montes, árboles, astros), y se trató de influir en ellos y propiciar su ayuda (magia). Luego aparecieron religiones de tipo dicotómico –contraponiendo lo natural / sobrenatural; cuerpo / alma; materia / espíritu-, que reflejaban la Gran Dicotomía: clase dominadora / clase subordinada. Estas religiones presuponen grandes edificios para los sacrificios y culto público, con sus propios agentes para administrarlo.[2] Además de la religión, una vez descubierto el valor de la mano de obra, se propusieron la construcción de grandes obras simbólicas que legitimaran al Imperio.
  • Cuando los hebreos fueron desterrados a Asiria, allá en la ciudad de Babel, encontraron los “zigurtats”, grandes torres de ladrillo sin terminar, y narraron el conocido mito sobre su construcción. Alardeando de su poder, los asirios pretendieron “construir un edificio tan alto que llegara hasta el Cielo”, es decir, mostrar que ellos, por sí mismos, podían hacer cualquier cosa, sin necesitar de los dioses, es decir, la divinización de su Imperio. Ahora bien, esa torre no la construyeron los babilónios, sino esclavos de otras Ciudades-Estado vecinas. Estos pueblos sometidos recurrieron, como estrategia de resistencia, negarse a aprender la lengua del Imperio, lo que les permitió recobrar su libertad.
  • Modo de Producción Esclavista (MPE)
  • Los romanos usaron la esclavitud por conquista como fundamento de su Imperio, y esto se convirtió en el nuevo “modo de producción” dominante. Los pueblos conquistados proveían a Roma de tributo (en metal o en especie) y de esclavos. En Roma, la plebe de ciudadanos era libre, y aunque no tuviesen trabajo, el Estado los proveía de “pan y circo”. Semanalmente, cada ciudadano recibía su porción de trigo traído de las colonias, y eran frecuentes las exhibiciones en el “Coloseo” o circo romano. Este gran estadio podía adaptarse, inundándolo, para batallas navales, o convertido en monte agreste, para exhibir cacerías de animales exóticos de las colonias. También para presenciar luchas a muerte entre grupos entrenados de gladiadores esclavos, pertenecientes a poderosos senadores (quien perdía, podía ser ejecutado, según decisión del emperador, previa consulta al pueblo, pulgar abajo). Posteriormente, el espectáculo preferido fue ver cómo las fieras devoraban a los cristianos. Este sistema terminó siendo demasiado gravoso: Había senadores que tenían 3,000 esclavos o más. En caso de insubordinación de algunos de ellos, se hacía una crucifixión general. (se dice que había un senador que en su piscina tenía un tiburón… y que a veces se extraviaba algún niño pequeño…). Los costos de mantenimiento para tan gran población esclava y la disolución perversa de las élites, habrían de terminar con este modo productivo, a lo que se añadieron las incursiones de vándalos del Norte (mongoles, sajones, daneses, etc.). Estas fueron las causas de la caída del Imperio Romano.
  • Modo de Producción Feudal (MPF)
  • Con la caída del Imperio, las ciudades fueron abandonadas y sus habitantes emigraron hacia la campiña, convertidos en campesinos. Sin embargo, bandas extranjeras de saqueadores llegaban cada vez en mayor número. Los campesinos organizados poseían armas apenas suficientes para defenderse; pero descuidaban su campo. Por esto, algunas personas con destreza para guerrear, se les ofrecieron a los campesinos como defensores, a fin de que aquellos pudieran dedicarse tranquilamente a su trabajo, en tanto que el pequeño ejército, bien entrenado y armado, se encargaría de los invasores. En compensación, aquellos les pedían una parte de la cosecha. Pero contando ya con armas, las emplearon, no ya como defensa, sino para intimidar a los campesinos mismos, exigiéndoles cada vez mayor pago. Como las invasiones vandálicas eran cada vez más fuertes, los “cuidadores” sugirieron edificar fortalezas y guardar en ellas ciertas provisiones de alimento y agua, para que todos pudieran refugiarse en el castillo en caso de invasión. Los jefes de esos grupos armados mantenían relación con otras fuerzas afines y hacían alianzas para guerrear contra un enemigo más poderoso, recibiendo como premio “títulos de nobleza” -barones, duques, marqueses, condes, etc.-. Los nobles observaban una jerarquía de prestigio: los de una misma región rendían pleitesía al noble más poderoso, que ostentaba el título de “rey”, y varios reyes, a su vez, se subordinaban al emperador.
  • De este modo, el grupo armado se convirtió en Señor del Feudo, y los campesinos, en vasallos y siervos suyos. El noble seguía comprometido a darles protección y refugio; pero la tierra les dejó de pertenecer a ellos y pasó a ser propiedad del Señor Feudal, quien concedía al siervo trabajarla, a cambio de que le entregase una parte de la cosecha a modo de tributo. Como ya en los últimos años del Imperio Romano, el cristianismo había sido declarado la “religión oficial”, la jerarquía eclesiástica gozó de gran poder de legitimación (los reyes y el emperador mismo eran coronados por el respectivo rey o por el Papa mismo), de modo que se constituyó la “Alianza Trono-Altar”: la nobleza protegía a la Iglesia local y a su vez, el obispo legitimaba la autoridad del monarca (o el Papa, al emperador).
  • Modo de Producción Capitalista Mercantil (MPCm)
  • El feudalismo empobrecía más y más a los siervos. Por eso, muchos de ellos huían de la gleba y se refugiaban en las “villas” o antiguas ciudades romanas abandonadas, donde, entre arbustos, ahora campeaban las fieras. Allí fue donde algunos artesanos se abrieron camino e instalaron sus talleres. Otros siervos del feudo los siguieron más tarde y les pidieron trabajo en sus talleres, y así se fueron organizando los gremios: entraban como aprendices y luego llegaban a ser “maestros”; mientras que los que llegaron primero fueron dueños del taller. Los nobles adinerados acudían a las villas a encargar a los prósperos comerciantes, trajes lujosos o joyas, a pedido, y estos a su vez, frecuentaban los talleres artesanales a demandarles a los “villanos” que se los hicieran. Los nobles empobrecidos iban también a solicitar dinero a los “prestamistas”. Así surgió el “capitalismo mercantil”. Con el tiempo, los feudos se fueron arruinando y los talleres, con nueva tecnología, prosperaron: estaba naciendo un capitalismo embrionario.
  • Los talleres artesanales introdujeron mejoras y reclutaron obreros, pagándoles un bajo salario. Es verdad que los “proletarios” ya eran “libres”, pues no dependían de sus “corporaciones” (la comunidad campesina, los gremios, la “gleba feudal, la familia extensa, la parroquia, etc,). Pero visto desde otra perspectiva, perdían el respaldo que les daban las mismas corporaciones. Ahora, los “proletarios” ya no tenían más posesión que su propio trabajo (además de su “prole”, pues la descendencia les daría protección). Así nació el capitalismo industrial, que permitía a los empresarios propietarios quedarse con la plusvalía de los bajos salarios.
  • En el siglo XIX surgió la “Revolución Industrial”, gracias a los avances científicos aplicados a las máquinas industriales. La utilización del carbón fósil como energético y el fordismo, con su banda móvil, pudieron aprovechar la plusvalía de numerosos obreros, explotados al máximo, y acumular grandes ganancias.
  • Modo de Producción Comunista (MPC)
  • En todos los modos de producción anteriores, la clase subordinada, con el tiempo y mediante conflictos, se fueron convirtiendo en la clase dominante, y explotaba, a su vez, al nuevo sujeto que surgía. Este cambio de sujetos no solía transitar de forma pacífica, sino por la inevitable “lucha de clases”, que podría asumir el carácter de huelgas o de revolución armada. Tal como sucedió con los anteriores “modos de producción”, cuando el nuevo sujeto histórico triunfaba, construía un Estado propio que respaldara sus intereses, confeccionara sus propias instituciones (los aparatos legal y judicial) y sus aparatos de justificación y control (aparatos ideológicos legitimadores: los medios de comunicación, la escuela, la familia, la religión o la cultura populares).
  • Sin embargo, al aparecer el capitalismo, su clase correlata -el proletariado, no teniendo ya ninguna otra clase que explotar y apropiándose de los medios de producción las máquinas), daba término a la lucha de clases, y cuando el proletariado se volviera Estado, la propiedad privada ya no tendría cabida, todo se iría volviendo propiedad comunista, y terminaría la historia, con una sociedad utópica de justicia, paz y tranquilidad.

[1] NOAH HARARI, Yuval: o.c.: 98-99.

[2] Parece que este Modo de Producción, se realizó primero en Asiria; pero también en otras regiones: el trigo en Egipto, Asiria y Asia Menor; el arroz en Asia, y posteriormente, el maíz en Mesoamérica.

Utopía 6. GEOMETRÍA E HISTORIA

 PARTE II: EL DEVENIR.

CIRCULAR, ASCENSOS: LINEAL, EVOLUTIVO, ESCALONADO, ESPIRAL, TRIANGULAR, CONFLICTIVO. 

El devenir de la historia –lo que sucede entre el principio y el fin de la historia– ha sido una de las grandes inquietudes de la humanidad,  

confirmado por el interés de las ciencias por tratar de encontrarle sentido o racionalidad a la historia. Ésta fue inicialmente imaginada en forma circular, como la simple repetición cíclica de los hechos—“la serpiente mordiéndose la cola”, “el eterno retorno de lo idéntico” (en expresión de Nietzsche). Una visión cíclica, de mera repetición.  

El origen de una concepción lineal de la historia, entre los mencionados límites extremos (inicio y final), se debe al judeo-cristianismo. Aunque todavía, allá por los siglos III o IV A.C., encontramos en la Biblia reminiscencias de aquella fatal concepción circular. Por ejemplo, en el libro del Eclesiastés se afirma “No hay nada nuevo bajo el sol”, donde “todo lo que es, ya fue; lo que será, ya sucedió, porque Dios vuelve a traer lo que pasó” (3, 15). “Lo que ha sucedido estaba determinado, y se sabe que el hombre no puede enfrentarse con uno más fuerte que él” (v. 10).  

La teología profética, en cambio, vio la historia como un proceso de sucesiones, entre un inicio -la “Edad de Oro”, en el Paraíso Terrenal–, una “caída” y restauración y un fin, que podrá ser utópico o distópico (Apocalipsis y Juicio Final). 

Aceptando una visión evolutiva de la historia como proceso lineal, lo imaginario ha complementado todo el devenir con algunas alegorías geométricas: una evolución escalonada, entre estadios definidos; o una línea evolutiva no recta, sino elíptica, triangular, o conflictiva. 

I ASCENSO ESCALONADO EN TRES ETAPAS.

DESARROLLO LINEAL ESCALONADA.

  1. Isaac Francisco Augusto Comte (1758- 1857) 

En su “Curso de Filosofía Positiva” (1830- 1853), este sociólogo mantuvo la idea evolutiva de Joaquín de Fiore, de tres etapas; pero convertidas éstas en sendas epistemes cognitivas, expresadas desde el racionalismo de la Ilustración y el evolucionismo darwiniano, entonces en boga: Mitología, Filosofía y Ciencia, que luego precisa en los tres estadios sucesivos: TEOLÓGICO (ficticio) – METAFÍSICO (abstracto) – POSITIVISTA (científico).1 Estos mismos estadios coinciden con su triada “Militarista – Defensiva – Industrial”. Su teoría fue bien aceptada por el ambiente decimonónico. El primer estadio -RELIGIÓN- Lo desglosa en otros tres: Fetichismo y magia, Politeísmo y Monoteísmo, y caracteriza este estadio inicial, por la ignorancia y la violencia (en expresión de Freud, “la infancia de la humanidad… producto del miedo y la ignorancia”). El estadio final lo concibe como utópico, realizable por la Ciencia Positiva y la Técnica utilitaria; aunque, en la actualidad, más que ver la ciencia y la técnica como solución, se evidencian como causantes de nuestro probable futuro distópico.  

Otra objeción a esta teoría la formula el antropólogo Bronislaw Malinowski2 quien, basado en sus largas y acuciosas observaciones entre los Trobriand de Melanesia, observa que aquellas tres epistemes (magia, ciencia y religión), ciertamente fundamentales y ubicuas en todas las culturas, no se suceden unas de otras, sino que, desde un principio, coexisten, se imbrican o se contraponen. Esta objeción la tomamos en cuenta en ese texto, dialogando y complementando mitología, filosofía y ciencia. Más que la sustitución de en estadio por otro, se trata de tres epistemes que se imbrican en la realidad.

2) Lewis Henry Morgan (1818 – 1877).

Célebre antropólogo neoyorkino, quien publicó en 1877 su obra clásica, “La sociedad primitiva”, según la cual, la historia habría evolucionado a través de tres fases principales: salvajismo, barbarie y civilización. La obra de Morgan influyó no poco en los iniciadores del “materialismo histórico”, que lo estudiaron minuciosamente. En especial, Federico Engels, quien le reconoció sus interesantes aportaciones en su libro “El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado” (1884). En esta obra, entre otros temas, sostiene un origen matriarcal de la familia, y su relación con las herencias y las propiedades. Los humanos se reunieron en sociedad para satisfacer sus dos principales necesidades, la producción y la reproducción, ambas fundamentadas en la base económica. Para que la propiedad no saliera del clan matrilineal, bastaron modificar las leyes sobre las herencias, de modo que ahora el legado lo recibieran los descendientes del tío materno, favoreciendo así la patrilinealidad, y con ella, la familia patriarcal.  

La satisfacción de la otra necesidad básica -la producción-, fueron los patriarcas más fuertes, constituidos en Estado, quienes planearon la construcción de ciudades; pero en ellas, se constituyeron como los propietarios, explotando al pueblo en su beneficio.

DESARROLLO ESPIRAL.

3) Giambattista Vico (1668- 1744).

Fue el primero en concebir el derrotero de la historia entre vaivenes utópicos y distópicos. En su obra cumbre “Scienza Nuova” (1725), sin alejarse mucho de la visión cíclica de la historia, mantiene la visión ascendente; pero como una espiral evolutiva de ciclos históricos, y en cada ciclo, hay un impulso ascendente y otro, opuesto, que resiste. En su pretensión de sistematizar todas las ciencias, incluye a la teología, por lo que su concepción de la historia es providencialista.  

Distingue tres grandes etapas, que corresponden a tres edades sucesivas: la edad divina, teocrática y sacerdotal (infancia); la edad heroica, arbitraria y violenta (juventud), y la edad humana, razonable y moderada (madurez). En su esquema sistematiza varias categorías: formas de gobierno, modos de comunicación, etc. Esta visión evolutiva elíptica fue bien recibida en el ámbito intelectual, incluso en el siglo XX (Benedetto Croce e Isaiah Berlin).

II ASCENSO POR ETAPAS CONFLICTIVAS.

Dentro de quienes propugnaban una evolución escalonada (a través de etapas diferenciadas), ya Vico percibió cierta conflictividad dentro del proceso, por lo mismo, eligió la figura de la espiral, que avanza, pero no en forma lineal, sino circularmente, es decir, contempla momentos de resistencia o retroceso. Esto será continuado posteriormente.

4) Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1788-1831).

La segunda vertiente abierta por “Scienza Nuova”, concibe la historia, basada en la fenomenología cognitiva, continúa viendo la historia en forma evolutiva; pero no en espiral, ni menos linealmente, sino en una geometría triangular, mediada por el antagonismo y la conciliación. Su primer exponente fue G.F. Hegel, exponente del idealismo alemán y uno de los iniciadores de la modernidad. Su método, propuesto ya desde su juventud (“Fenomenología del Espíritu”), es la dialéctica, para la cual, el conocimiento no progresa linealmente –por la simple acumulación de informaciones–, sino que requiere que la nueva idea sea contrastada con la idea o raciocinio anterior. Concretiza su método en tres palabras: TESIS- ANTÍTESIS- SÍNTESIS, y la última fase se constituye, a su vez, en tesis iniciadora de nuevo raciocinio.  

La dialéctica pasa a aplicarse a la interpretación de la Historia, conjugando el raciocinio individual y los hechos impredecibles de la realidad. Una situación histórica nueva entra con la situación anterior, conflictuándose con ella, hasta llegar a una “síntesis”, que no será el retorno a la situación anterior, sino que se habrá avanzado triangularmente. Hegel ejemplifica su teoría por la violencia de la Revolución Francesa, la cual culmina en el brutal reinado de terror, que finalmente derivó en un Estado constitucional de ciudadanos libres y con ideales revolucionarios de Libertad, Fraternidad e Igualdad.  

En su libro “Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal”3, considera que la historia no solo ofrece la clave para la comprensión de la sociedad y de los cambios sociales, sino que es tomada en cuenta como tribunal de la justicia del mundo. También propone su tesis de que “todo lo que es real es también racional y que todo lo que es racional también es real”. Hegel sí imagina un final utópico de la historia que, desde su perspectiva teológica, consistirá en la Parusía del Espíritu, entendido este desde una concepción panteísta: el Espíritu cumple la voluntad divina y conduce la historia hacia la libertad de la humanidad; aunque tenga que pagar el precio de la sangre y el dolor de la guerra. Distingue desde su esquema dialéctico, tres grandes fases de la Historia Universal: la unidad originaria (la “polis” griega clásica); la división conflictiva, pero desarrolladora (Roma, el feudalismo y la edad moderna hasta la Revolución Francesa), y finalmente, la vuelta a la unidad, pero enriquecida por el desarrollo anterior (y que coincide, por supuesto, con la época que le tocó vivir: el Estado prusiano). 

Su alegoría geométrica dividió a sus seguidores en dos líneas: la primera, de interpretación idealista, se quedó en la evolución histórica con las consabidas tres fases escalonadas, sin anticipar ningún final utópico (lo dejó abierto). Sin embargo, algunos de sus seguidores, dando una interpretación materialista, sí optaron por el futuro utópico y una evolución no lineal, sino escalonada, con cierta conflictividad en cada etapa.

5) Carlos Marx (1818-1883).

La propuesta de Hegel tuvo gran influencia en el medio intelectual del siglo XIX. Sus seguidores se dividieron radicalmente, una interpretación idealista, en continuidad con su maestro (derecha) y una interpretación materialista (izquierda). Entre estos últimos, destacaron Marx y Engels. Aceptaron la visión evolutiva hegeliana de la Historia, enriquecida con los estudios de Morgan y los que ellos mismos hicieron. La historia se explica como una sucesión de períodos, distinguidos como “modos de producción”: Cada uno de ellos tiene su basé económica que condiciona4 la estructura política y la base de ideología o cultura5.  

Estos “modos de producción” dependen de cómo se da la lucha entre explotadores y explotados, además, realizada en forma fatalista o determinista, a usanza del dogmatismo de entonces. Lo curioso es que la clase –o clases- explotada, tiende a organizarse y hacer dependiente de ellos a los antiguos explotadores, y finalmente llegan a dominar toda la estructura. Entonces aparece nuevos trabajadores que, a su vez, serán los nuevos explotados, y se modifica los marcos políticos e ideológicos. 

Asume una visión similar a la del Génesis: un principio inicial -una “Edad de Oro”, el “Comunismo primitivo”- (TESIS), un devenir escalonado conflictivo, en el que los explotados se van constituyendo en nuevos sujetos históricos, derivados de sendos modos productivos sucesivos, y que se vuelven explotadores del nuevo sujeto que surge del modo productivo anterior (ANTÍTESIS), y un final utópico, el “comunismo científico”, una sociedad utópica sin clases, en justicia y paz- (SÍNTESIS).

6) Karl Mannheim (1893 – 1947).

Este importante sociólogo húngaro, escribió en 1929 su obra “Ideología y Utopía”, inscrita dentro de la línea conceptual del marxismo. Distingue entre ideologías parciales e ideologías totales, las cuales representan visiones del mundo integrales de los diversos grupos sociales. También distingue entre ideologías del presente -aquellas que procuran mejorar los sistemas obsoletos entonces vigentes- y las “utopías”, que serían las que se proyecten hacia el futuro utópico, transformando la situación actual. Estas podrían producirse mediante una dictadura paternalista o mediante un gobierno democrático. Examina la sociedad de su tiempo, como situación de tránsito, y observa cómo las tecnologías, que pueden ser usadas bien o mal, serán las que marquen el futuro. Esta obra es indispensable para nuestro tema.