PARTE II: EL DEVENIR.
CIRCULAR, ASCENSOS: LINEAL, EVOLUTIVO, ESCALONADO, ESPIRAL, TRIANGULAR, CONFLICTIVO.
El devenir de la historia –lo que sucede entre el principio y el fin de la historia– ha sido una de las grandes inquietudes de la humanidad,
confirmado por el interés de las ciencias por tratar de encontrarle sentido o racionalidad a la historia. Ésta fue inicialmente imaginada en forma circular, como la simple repetición cíclica de los hechos—“la serpiente mordiéndose la cola”, “el eterno retorno de lo idéntico” (en expresión de Nietzsche). Una visión cíclica, de mera repetición.
El origen de una concepción lineal de la historia, entre los mencionados límites extremos (inicio y final), se debe al judeo-cristianismo. Aunque todavía, allá por los siglos III o IV A.C., encontramos en la Biblia reminiscencias de aquella fatal concepción circular. Por ejemplo, en el libro del Eclesiastés se afirma “No hay nada nuevo bajo el sol”, donde “todo lo que es, ya fue; lo que será, ya sucedió, porque Dios vuelve a traer lo que pasó” (3, 15). “Lo que ha sucedido estaba determinado, y se sabe que el hombre no puede enfrentarse con uno más fuerte que él” (v. 10).
La teología profética, en cambio, vio la historia como un proceso de sucesiones, entre un inicio -la “Edad de Oro”, en el Paraíso Terrenal–, una “caída” y restauración y un fin, que podrá ser utópico o distópico (Apocalipsis y Juicio Final).
Aceptando una visión evolutiva de la historia como proceso lineal, lo imaginario ha complementado todo el devenir con algunas alegorías geométricas: una evolución escalonada, entre estadios definidos; o una línea evolutiva no recta, sino elíptica, triangular, o conflictiva.
I ASCENSO ESCALONADO EN TRES ETAPAS.
DESARROLLO LINEAL ESCALONADA.
- Isaac Francisco Augusto Comte (1758- 1857)
En su “Curso de Filosofía Positiva” (1830- 1853), este sociólogo mantuvo la idea evolutiva de Joaquín de Fiore, de tres etapas; pero convertidas éstas en sendas epistemes cognitivas, expresadas desde el racionalismo de la Ilustración y el evolucionismo darwiniano, entonces en boga: Mitología, Filosofía y Ciencia, que luego precisa en los tres estadios sucesivos: TEOLÓGICO (ficticio) – METAFÍSICO (abstracto) – POSITIVISTA (científico).1 Estos mismos estadios coinciden con su triada “Militarista – Defensiva – Industrial”. Su teoría fue bien aceptada por el ambiente decimonónico. El primer estadio -RELIGIÓN- Lo desglosa en otros tres: Fetichismo y magia, Politeísmo y Monoteísmo, y caracteriza este estadio inicial, por la ignorancia y la violencia (en expresión de Freud, “la infancia de la humanidad… producto del miedo y la ignorancia”). El estadio final lo concibe como utópico, realizable por la Ciencia Positiva y la Técnica utilitaria; aunque, en la actualidad, más que ver la ciencia y la técnica como solución, se evidencian como causantes de nuestro probable futuro distópico.
Otra objeción a esta teoría la formula el antropólogo Bronislaw Malinowski2 quien, basado en sus largas y acuciosas observaciones entre los Trobriand de Melanesia, observa que aquellas tres epistemes (magia, ciencia y religión), ciertamente fundamentales y ubicuas en todas las culturas, no se suceden unas de otras, sino que, desde un principio, coexisten, se imbrican o se contraponen. Esta objeción la tomamos en cuenta en ese texto, dialogando y complementando mitología, filosofía y ciencia. Más que la sustitución de en estadio por otro, se trata de tres epistemes que se imbrican en la realidad.
2) Lewis Henry Morgan (1818 – 1877).
Célebre antropólogo neoyorkino, quien publicó en 1877 su obra clásica, “La sociedad primitiva”, según la cual, la historia habría evolucionado a través de tres fases principales: salvajismo, barbarie y civilización. La obra de Morgan influyó no poco en los iniciadores del “materialismo histórico”, que lo estudiaron minuciosamente. En especial, Federico Engels, quien le reconoció sus interesantes aportaciones en su libro “El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado” (1884). En esta obra, entre otros temas, sostiene un origen matriarcal de la familia, y su relación con las herencias y las propiedades. Los humanos se reunieron en sociedad para satisfacer sus dos principales necesidades, la producción y la reproducción, ambas fundamentadas en la base económica. Para que la propiedad no saliera del clan matrilineal, bastaron modificar las leyes sobre las herencias, de modo que ahora el legado lo recibieran los descendientes del tío materno, favoreciendo así la patrilinealidad, y con ella, la familia patriarcal.
La satisfacción de la otra necesidad básica -la producción-, fueron los patriarcas más fuertes, constituidos en Estado, quienes planearon la construcción de ciudades; pero en ellas, se constituyeron como los propietarios, explotando al pueblo en su beneficio.
DESARROLLO ESPIRAL.
3) Giambattista Vico (1668- 1744).
Fue el primero en concebir el derrotero de la historia entre vaivenes utópicos y distópicos. En su obra cumbre “Scienza Nuova” (1725), sin alejarse mucho de la visión cíclica de la historia, mantiene la visión ascendente; pero como una espiral evolutiva de ciclos históricos, y en cada ciclo, hay un impulso ascendente y otro, opuesto, que resiste. En su pretensión de sistematizar todas las ciencias, incluye a la teología, por lo que su concepción de la historia es providencialista.
Distingue tres grandes etapas, que corresponden a tres edades sucesivas: la edad divina, teocrática y sacerdotal (infancia); la edad heroica, arbitraria y violenta (juventud), y la edad humana, razonable y moderada (madurez). En su esquema sistematiza varias categorías: formas de gobierno, modos de comunicación, etc. Esta visión evolutiva elíptica fue bien recibida en el ámbito intelectual, incluso en el siglo XX (Benedetto Croce e Isaiah Berlin).
II ASCENSO POR ETAPAS CONFLICTIVAS.
Dentro de quienes propugnaban una evolución escalonada (a través de etapas diferenciadas), ya Vico percibió cierta conflictividad dentro del proceso, por lo mismo, eligió la figura de la espiral, que avanza, pero no en forma lineal, sino circularmente, es decir, contempla momentos de resistencia o retroceso. Esto será continuado posteriormente.
4) Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1788-1831).
La segunda vertiente abierta por “Scienza Nuova”, concibe la historia, basada en la fenomenología cognitiva, continúa viendo la historia en forma evolutiva; pero no en espiral, ni menos linealmente, sino en una geometría triangular, mediada por el antagonismo y la conciliación. Su primer exponente fue G.F. Hegel, exponente del idealismo alemán y uno de los iniciadores de la modernidad. Su método, propuesto ya desde su juventud (“Fenomenología del Espíritu”), es la dialéctica, para la cual, el conocimiento no progresa linealmente –por la simple acumulación de informaciones–, sino que requiere que la nueva idea sea contrastada con la idea o raciocinio anterior. Concretiza su método en tres palabras: TESIS- ANTÍTESIS- SÍNTESIS, y la última fase se constituye, a su vez, en tesis iniciadora de nuevo raciocinio.
La dialéctica pasa a aplicarse a la interpretación de la Historia, conjugando el raciocinio individual y los hechos impredecibles de la realidad. Una situación histórica nueva entra con la situación anterior, conflictuándose con ella, hasta llegar a una “síntesis”, que no será el retorno a la situación anterior, sino que se habrá avanzado triangularmente. Hegel ejemplifica su teoría por la violencia de la Revolución Francesa, la cual culmina en el brutal reinado de terror, que finalmente derivó en un Estado constitucional de ciudadanos libres y con ideales revolucionarios de Libertad, Fraternidad e Igualdad.
En su libro “Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal”3, considera que la historia no solo ofrece la clave para la comprensión de la sociedad y de los cambios sociales, sino que es tomada en cuenta como tribunal de la justicia del mundo. También propone su tesis de que “todo lo que es real es también racional y que todo lo que es racional también es real”. Hegel sí imagina un final utópico de la historia que, desde su perspectiva teológica, consistirá en la Parusía del Espíritu, entendido este desde una concepción panteísta: el Espíritu cumple la voluntad divina y conduce la historia hacia la libertad de la humanidad; aunque tenga que pagar el precio de la sangre y el dolor de la guerra. Distingue desde su esquema dialéctico, tres grandes fases de la Historia Universal: la unidad originaria (la “polis” griega clásica); la división conflictiva, pero desarrolladora (Roma, el feudalismo y la edad moderna hasta la Revolución Francesa), y finalmente, la vuelta a la unidad, pero enriquecida por el desarrollo anterior (y que coincide, por supuesto, con la época que le tocó vivir: el Estado prusiano).
Su alegoría geométrica dividió a sus seguidores en dos líneas: la primera, de interpretación idealista, se quedó en la evolución histórica con las consabidas tres fases escalonadas, sin anticipar ningún final utópico (lo dejó abierto). Sin embargo, algunos de sus seguidores, dando una interpretación materialista, sí optaron por el futuro utópico y una evolución no lineal, sino escalonada, con cierta conflictividad en cada etapa.
5) Carlos Marx (1818-1883).
La propuesta de Hegel tuvo gran influencia en el medio intelectual del siglo XIX. Sus seguidores se dividieron radicalmente, una interpretación idealista, en continuidad con su maestro (derecha) y una interpretación materialista (izquierda). Entre estos últimos, destacaron Marx y Engels. Aceptaron la visión evolutiva hegeliana de la Historia, enriquecida con los estudios de Morgan y los que ellos mismos hicieron. La historia se explica como una sucesión de períodos, distinguidos como “modos de producción”: Cada uno de ellos tiene su basé económica que condiciona4 la estructura política y la base de ideología o cultura5.
Estos “modos de producción” dependen de cómo se da la lucha entre explotadores y explotados, además, realizada en forma fatalista o determinista, a usanza del dogmatismo de entonces. Lo curioso es que la clase –o clases- explotada, tiende a organizarse y hacer dependiente de ellos a los antiguos explotadores, y finalmente llegan a dominar toda la estructura. Entonces aparece nuevos trabajadores que, a su vez, serán los nuevos explotados, y se modifica los marcos políticos e ideológicos.
Asume una visión similar a la del Génesis: un principio inicial -una “Edad de Oro”, el “Comunismo primitivo”- (TESIS), un devenir escalonado conflictivo, en el que los explotados se van constituyendo en nuevos sujetos históricos, derivados de sendos modos productivos sucesivos, y que se vuelven explotadores del nuevo sujeto que surge del modo productivo anterior (ANTÍTESIS), y un final utópico, el “comunismo científico”, una sociedad utópica sin clases, en justicia y paz- (SÍNTESIS).
6) Karl Mannheim (1893 – 1947).
Este importante sociólogo húngaro, escribió en 1929 su obra “Ideología y Utopía”, inscrita dentro de la línea conceptual del marxismo. Distingue entre ideologías parciales e ideologías totales, las cuales representan visiones del mundo integrales de los diversos grupos sociales. También distingue entre ideologías del presente -aquellas que procuran mejorar los sistemas obsoletos entonces vigentes- y las “utopías”, que serían las que se proyecten hacia el futuro utópico, transformando la situación actual. Estas podrían producirse mediante una dictadura paternalista o mediante un gobierno democrático. Examina la sociedad de su tiempo, como situación de tránsito, y observa cómo las tecnologías, que pueden ser usadas bien o mal, serán las que marquen el futuro. Esta obra es indispensable para nuestro tema.