Síntesis: Hemos conocido dos formaciones sociales, dos tipos muy distintos de organización social:
a. El feudalismo español
La dinastía de los Habsburgo estaba dominando gran parte de Europa. En España, el matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, fortaleció mucho su reinado, a lo que contribuyó la reconquista de Granada, en poder del Imperio Otomano, y que había sido baluarte de contención para el resto de Europa. El Islam tenía en su poder Constantinopla, con lo que se bloqueaban las rutas comerciales hacia el Oriente, de dónde provenían las codiciadas especies (la canela y la pimienta). Entre tanto, se fue abriendo la idea de que la Tierra no era plana, sino redonda, por lo que era factible llegar a la India dando un rodeo. El navegante Genovés Cristóbal Colón logró convencer a la Reina de su hipótesis, la cual financió tres caravelas para una expedición que no dejaba de representar riesgos hacia lo desconocido. Colón tocó tierra el 12 de octubre de 1492, creyendo que había llegado a la India. Una vez reconocida la factibilidad de estos viajes y rectificado el punto de arribo –era una nueva Tierra, y no Asia–, se despertó en España y Portugal una euforia de viajes y descubrimientos, ante la necesidad de expandirse hacia fuera de Europa, con lo que Hernán Cortez, saliendo de Cuba, llegó a la tierra que denominó “Nueva España”.
- El catolicismo que llegó a Mesoamérica fue caracterizado como “integrismo español”. Una religión cerrada sobre ella misma, defensiva de amenazas externas. El Papa Alejandro Borgia había encomendado a los Reyes Católicos, la defensa contra la herejía luterana, que avanzaba en Europa, y que era combatida por la Santa Inquisición; detectar y acabar con las “brujas”, reminiscencias de antiguos cultos dionisíacos. También recuperar Europa del Imperio Otomano -ocho siglos de dominación musulmana-, que recién había terminado con la conquista de Granada en 1492. Igualmente, luchar contra las apostasías: los “judaizantes”, convertidos precipitada y convenencieramente al catolicismo; pero que en secreto continuaban practicando su religión. Árabes y judíos fueron expulsados en 1942. Ante el Nuevo Mundo, el Papa encomienda a España la evangelización de los indios y posteriormente, combatir el paganismo (las “campañas antiidolátricas”).
b. El Despotismo tributario mesoamericano.
- Entre tanto, en la región mesoamericana del continente, gracias a la domesticación del maíz, estaban en su apogeo grandes civilizaciones -la mexica, la mixteco-zapoteca y la maya-, a semejanza del asiático “Modo de Producción Despótico-Tributario”. Los aztecas se constituían como “imperio”, sometiendo a grupos cercanos. A diferencia del imperio español, encerrada sobre sí mismo, este imperio era abierto a las culturas conquistadas, incluyendo a sus dioses en su panteón. El tributo exigido no era sobre productos que no produjeran (como el otro y la planta en los españoles), sino solamente exigían que se produjera un poco más para ellos. Junto con Azcapotzalco y Acolhua, constituyeron la Triple Alianza, acodando guerras periódicas (“guerras floridas”), con el único fin de hacerse de esclavos para sacrificarlos a sus respectivas deidades. Esto exacerbaba a los pueblos sometidos, especialmente tlaxcaltecas y cholultecas, que buscaban alguna forma de emancipación.
LA CRUZ Y LA ESPADA
El destino había de enfrentar estas dos formaciones sociales de desarrollo tan diferente y de forma tan desigual, resolviéndose por la conquista de los europeos. Lo que para nuestro objetivo importa es, en primer lugar, que el proceso de conquista tuvo la modalidad de la colaboración entre la Cruz y la Espada, y en segundo lugar, que la conquista fue a la vez armada, espiritual y cultural.

1. La conquista armada:
- La modalidad de conquista armada era inevitable. Pero antes, fue lo religioso el que abrió la ilusión de que era posible evitarla, quizás con una rendición negociada. Se trataba de la mitología en torno a Quetzalcóatl o “Serpiente Emplumada”, un personaje histórico, rey sabio y autor de la filosofía central mexica, a quien los sacerdotes naguales expulsaron. El personaje huyó en una balsa (de serpientes) hasta Yucatán, donde fue adorado como Ku´kul´klán, el cual, antes de partir, prometió a sus seguidores su regreso. Los glifos ponen a este dios con la cara de una serpiente, que parece como una trompa de tapir. Cuando los aztecas conocieron a los españoles, la barba de estos les recordó aquellos glifos, y Moctezuma creyó que se trataba del regreso de aquel dios, vuelto a su reino en grandes barcos con velas desplegadas, que parecían llegar de las nubes. El Emperador recibió con sumo respeto a Cortez, le obsequió con costosos regalos (que más que disuadir, despertaron ambiciones) y lo invitó a su palacio. Cortez, abusando de la hospitalidad, convirtió a su anfitrión en prisionero. Cuando hubo cierta insurrección en el pueblo, el conquistador invitó a Moctezuma al balcón, para que los apaciguara, y fue entonces cuando Cuauhtémoc la lanzó una pedrada de su onda. Esto fue el principio de las hostilidades.
- La guerra mostró pronto las desigualdades entre los contendientes, no sólo de armamento, sino también de las interpretaciones culturales que connotaron las nuevas armas:
- El hierro, desconocido en estas tierras. Las armaduras y las espadas parecieron impenetrables, hasta que no murieron los primeros soldados españoles.
- El caballo, también desconocido y sujeto a interpretaciones míticas: se dice que los nativos pensaron que se trataba de un solo ser, tipo centauro, hasta que no tumbaron del caballo a los enemigos.
- Los fieros mastines. Aunque los aztecas ya conocían los perros, no esas razas, entrenadas para atacar y provocar graves heridas (“perrear” o lanzar a los perros a humanos).
- La pólvora, de cañones y arcabuces: armas que mataban a distancia y producían el sonido del trueno
- Los tlaxcaltecas y otros grupos, de pueblos vecinos que, por un mal cálculo, creyeron que, al colaborar con los recién llegados, podrían deshacerse de sus opresores aztecas. Participaron guerreros de varios pueblos en gran número, liderados por tácticas y armamento de los españoles. Fueron ellos los principales enemigos de los aztecas.
- En los combates, el espíritu guerrero azteca se dejó sentir en todo escarnecimiento. Se defendieron con heroísmo. Hubo una victoria que pudo haber sido decisiva, la que Cuitlahuac infligió a Cortez, el 30 de junio de 1520, conocida como “Noche Triste” (para los conquistadores), en la que los españoles salieron huyendo de la ciudad. En esos momentos, no supieron la causa; pero la calzada de Tacuba se inundó. En realidad, el lago tenía obras hidráulicas que no se conocieron sino hasta el siglo pasado, como la separación de aguas dulces y saladas y compuertas, que, como en este caso, eran capaces de impedir el acceso o salida de la ciudad.
- Nuevas epidemias y enfermedades. La viruela (“Cocoliztli”), que en Europa desde antiguo se había difundido, por lo que los soldados españoles ya habían desarrollado ciertas defensas; pero que, para el cuerpo del indio, era un virus nuevo y causó estragos. En 1545 causó entre 12 y 15 millones de muertos, y en 1576, otros dos millones más.
- La dureza de los trabajos forzados fueron más allá de lo que el delicado cuerpo indio podía soportar, y muchos murieron por esto, hasta que se optó por importar esclavos africanos, más resistentes a estas prácticas. El caso es que, de los 16 millones en que se calcula la población del territorio que después sería la Nueva España, en poco más de un siglo había descendido a 1,5 millones
- La estrategia de dominación de los españoles fue inteligente. No se trató de imponer nuevas estructuras de dominación, sino respetar lo que había. Como se recordará, las civilizaciones mesoamericanas seguían, sin saberlo, el Modo de Producción Despótico Tributario, según su modelo asiático: la tierra era propiedad del Tlatoani, quien la concedía en usufructo, a cambio de algunas obligaciones: aparte de cierta tributación en especie, realizar trabajos comunes no remunerados. En este caso, la construcción de la ciudad lacustre Tenochtitlan, con sus canales y calzadas. Así se propició la estructura de clases, que facilitaba el control: un grupo de nobles (“pilli”) era el que se encargaba de las medidas de gobierno. A la base estaba el pueblo (“macehuales”), habituado a obedecer al monarca, y finalmente, los esclavos, reclutados de los pueblos comarcanos (“tlatlacotin”). El sistema funcionaba. Lo que hizo Cortez fue dejar toda la estructura intacta y cambiar simplemente la cúspide, poniéndose Cortez mismo (y sus funcionarios) en lugar de Moctezuma.
2. La conquista espiritual
De modo semejante a la conquista armada, también lo religioso intentó evitar la conversión coactiva, impuesta con la espada. Conociendo que el envío de la fe a aquellas tierras era la única justificación que el “Ius Gentium” (el Derecho Internacional de entonces) podía permitir para la conquista armada y el saqueo colonial, Hernán Cortez mismo pidió a los Reyes que enviase misioneros “entre más santos y sabios, mejor”. Sabía de la crueldad y ambición de sus soldados, y que la carnicería que temía, impediría cualquier conversión auténtica, se tendría que garantizar una evangelización auténtica; aunque limitada a que no se impidiera el saqueo y enriquecimiento de aquellos españoles y de la Corona misma. LA Reina envió a los “Doce Apóstoles”, franciscanos, que ciertamente, fue lo mejor con que contaba España: celosos, sabios, ingeniosos y comprensivos. Quizás se hayan ilusionado, pensando nuevamente, en la posibilidad que lo religioso -como en la conquista armada- pudiera evitar también la “conquista espiritual” y suscitar una voluntaria conversión. Para ello, poco tiempo después de llegar (en 1524), habilitados algunos buenos intérpretes traductores, los Doce convocaron a las autoridades de los recién conquistados.
- Los “Coloquios”[1] El encuentro fue cordial y respetuoso, dando lugar a la escucha entre los participantes y la libre respuesta de argumentos.
- Los frailes los iniciaron, exponiendo una síntesis doctrinal de la fe cristiana, según la teología pretridentina, del modo más adecuado para ser comprendida, aceptada y, de paso, justificar la invasión. Por ejemplo, les hablaban de sus dioses, con sus nombres propios; pero argumentan:
“Si ellos son dioses dadores del ser y de la vida, ¿Por qué son engañadores y burladores? ¿Por qué os atormentan y fatigan con diversas aflicciones? Esto por experiencia lo sabéis… y por eso, cuando estáis afligidos con impaciencia los llamáis de putos y bellacos, engañadores, viejas arrugadas… Demás de esto demandaban os vuestra propia sangre y corazones en ofrenda y sacrificio. Sus imágenes y estatuas son espantables, sucias y negras y hediondas…”
Pasan después a hablar del “verdadero Dios”, cuyo nombre es Jesucristo, quien derramó su sangre por nuestra redención. Este Dios está en todo lugar, todas las cosas ve, y todas las cosas sabe. En cuanto hombre, está en el cielo, que es su palacio real. Tiene un reino acá en el mundo, que se llama Reino de los Cielos, y por otro nombre, Iglesia Católica… Esta es regida por el Gran Sacerdote, que es el Santo Padre. Él sólo sobre la tierra es Vicario de Dios, nuestro Señor Jesucristo. El gran Sacerdote tiene superioridad y eminencia sobre todos los reyes de la tierra, y también sobre el Emperador, y ahora nos ha acá enviado, para que os demos a conocer del reino, y riquezas y grandeza de aquel por quien todas las cosas vive: nuestro Señor Jesucristo.
Entonces, después de exponerles la doctrina cristiana, los enviaron a descansar
- Al día siguiente volvieron los Señores y Principales de México; escucharon nuevamente una síntesis del día anterior y dieron su respuesta. Antecedida de una introducción, con lenguaje de suma cortesía y urbanidad.
“Gozámonos de vuestra venida a nuestra ciudad (…). Sabemos que habéis venido de entre las nieblas y nubes del cielo, ansí nos es nueva y maravillosa vuestra venida (…) Parécenos que en nuestra presencia habéis abierto un cofre de riquezas divinas del señor del cielo y de las riquezas del gran Sacerdote, que es el Señor de la tierra (…). De lo que ahora tenemos pena es que los sabios y prudentes y diestros en el hablar según nuestra manera … son ya muertos. Los cuales, si hubieran oído de vuestras bocas lo que nosotros hemos oído, oyérades de su boca salutación y respuesta muy agradable. Pero nosotros somos bajos y de poco saber… aunque es verdad que tenemos cargo del reino, no tenemos ni saber ni prudencia; y no nos parece cosa justa que las costumbres y ritos que nuestros antepasados nos dejaron, tuvieron por buenas y guardaron, nosotros con liviandad las desamparemos y destruyamos. Demás desto, sabed que tenemos sacerdotes que nos rigen y adiestran en la cultura y servicio de nuestros dioses (…) Estos mismos tienen los libros de nuestras antiguallas, tienen cargo de las historias de nuestros dioses (…) Juntaremos a los ya dichos y decirlos hemos lo que hemos oído de las palabras de Dios: ellos es bien que respondan y contradigan, pues saben y los compete de oficio. No tenemos más que decir por ahora, ni queremos daros fastidio, pues deseamos vuestro reposo.
- Al día siguiente, apenas amanecido, las autoridades y los sacerdotes fueron a ver a los Apóstoles, habiendo ya hablado entre ellos. Las autoridades pidieron a los misioneros repetir brevemente sus enseñanzas, y los sacerdotes, con la misma cortesía y humildad, los saludaron. Afirmaronn con humildad su ignorancia; pero no obstante, “con dos o tres razones responderemos y contradiremos las palabras de aquel que nos dio su ser, Nuestro Señor (…) “¿Por ventura provocaremos su ira contra nosotros y nos despeñaremos…” (…) “Si muriéramos, muramos; si pereciéremos, perezcamos, que a la verdad los dioses también murieron. (…) “Decís que los que adoramos no son dioses. Esta manera de hablar hacésenos muy nueva y esnos muy escandalosa… porque los padres y antepasados que nos engendraron y regieron no nos dijeron tal cosa. Antes bien, ellos nos dejaron esta costumbre que tenemos de adorar nuestros dioses (…) y que estos nos mereciéron para que fuéramos suyos y los sirviéramos durante innumerables siglos… Ellos dijeron que estos dioses que adoramos nos dan todas las cosas necesarias para nuestra vida corporal: el maíz, los frijoles, la chía… A estos demandamos la lluvia, para que se críen las cosas de la tierra. Nuestros dioses poseen deleites y riquezas grandes… habitan en lugares muy deleitosos do siempre hay flores y verduras y grandes frescuras… que se llama Halo can, donde jamás hay hambre, pobreza o enfermedad (…) “Cosa de gran desatino y liviandad sería destruir nosotros las antiquísimas leyes y costumbres que dejaron los primeros pobladores desta tierra (…) Grande advertencia debéis tener en que no hagáis algo por donde alborotéis y hagáis hacer algún mal hecho a vuestros vasallos. ¿Cómo podrán dejar los pobres viejos y viejas aquello en que toda su vida se han criado? Mirad que no incurramos en la ira de nuestros dioses. Mirad que no se levante contra nosotros la gente popular (…) Pena os damos, señores y padres, en hablar de esta manera… De una manera sentimos todos: que basta haber perdido, basta que nos han tomado la potencia y jurisdicción real. En lo que toca a nuestros dioses, antes moriremos que dejar su servicio y adoración. Esta es nuestra determinación: haced lo que quiséredes. Lo dicho basta en respuesta y contradicción de lo que nos habéis dicho: no tenemos más qué decir”.
3. Los primeros evangelizadores
Ante el rechazo de conversión dado por las autoridades civiles y religiosas (pretensión de una especie de ideología oficial, en la que el cristianismo fuese la ideología aglutinante de la Nueva España), se inicia el proceso de evangelización. Por fortuna, las tres primeras órdenes religiosas -franciscanos, dominicos y agustinos-, fueron gente muy capaz. Los franciscanos tenían una formación erasmiana (Erasmo de Rotterdam), no ya medieval. En continuidad con la teología de la historia de Joaquín de Fiori, pretendían abrir espacio a la “Primavera de la Iglesia”, conducida, nada menos que por los nativos de estas nuevas tierras, lo que significaba la tercera etapa de la Revelación: ante la Edad del Padre (el Antiguo Testamento), la Edad de Hijo (el Nuevo Testamento), ahora iniciaba la Edad Del Espíritu Santo. En efecto, veían en los indios personas de natural muy bien dispuesto para un evangelio auténtico. Viviendo casi en el Paraíso Terrena y casi sin Pecado Original, podían vivir tranquilamente desnudos, en gran honradez, de modales exquisitos y disposición religiosa. Es verdad que a veces, aparecía el otro discurso sobre el indio -esclavos de Satanás, borrachos, crueles. Idólatras-, que alternaban según conveniencias.
Notas
Se conservan estos “coloquios”, escritos a responsabilidad de Bernardino de Sahagún. Está editado tanto en castellano como en náhuatl. SE descubrió y fue publicado por primera vez en 1924 por José Ma Pou y Martí en la Miscellanea Fol. 23r. Archivo Secreto Vaticano. DE los dos tomos sólo se conocen los primeros 13 capítulos. Un nuevo capítulo, el catorce, ha sido publicado recientemente por Miguel León Portilla. ↑
existen testimonios de coacción, por parte de los indios conversos mismos, como el de la madre del cacique Alba Ixtlixochitl, a quien su hijo la amenazó de quemarla en su casa si no se convertía ↑









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