Los protestantes de Oaxaca: ¿persecución o resistencia cultural?

“Los protestantes de Oaxaca: ¿persecución o resistencia cultural? En Identidades religiosas y sociales en México Coordinado por Gilberto Giménez, 1996, Instituto de Investigaciones Sociales/ Universidad Nacional Autónoma de México.

Quizás el fenómeno religioso de mayor relevancia de la segunda mitad del siglo XX en México (junto con la reflexión teológica provocadora de la toma de conciencia política del cristianismo popular), sea el espectacular crecimiento de los evangélicos. Entre 1970 y 1990, mientras la población creció un 40%, los católicos apenas lo hicieron un 30% y los evangélicos, el 174%. Este fenómeno se centró especialmente, entre los pueblos originarios del sureste, en especial el Estado de Oaxaca, donde realicé la investigación. Como es comprensible, dicho crecimiento provocó fuertes desajustes culturales y numerosos conflictos. En la mayoría, los daños afectaron a los evangélicos, y sus quejas ante el Gobierno fueron: encarcelamiento, amenazas, expulsión del pueblo (privación de las tierras comunales) injurias, evitar las visitas del “pastor”, privación de servicios comunitarios (molino, tienda, camión), golpes, multas, hasta asesinatos (5 casos). Aun cuando en casi todos los poblados conflictuados los evangélicos constituían un grupúsculo minoritario, al llevar sus quejas a la capital estatal, tenían todas las de ganar. En efecto, el funcionario encargado de la Dirección Jurídica y de Gobierno del Estado era evangélico, y a nivel nacional, la federación de pastores evangélicos cuenta con un grupo de abogados, bien preparados, que son los que defienden a los evangélicos; mientras que los católicos son representados por el Presidente Municipal, que muchas veces ni siquiera habla bien el español. Los evangélicos han acuñado una narrativa de “persecución religiosa”; pero al ver las consecuencias que tiene este grupúsculo disidente sobre las tradiciones multiseculares, su sola presencia desajusta pautas culturales ancestrales (El tequio), fiesta patronal, sistema de cargos, actos cívicos (saludo a la bandera), reparación del templo, etc.- los católicos pueden alegar que tales represalias constituyen más bien una resistencia cultural ante la modernización.

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La disertación sobre los bienes eclesiásticos del Dr. José Ma. Luis Mora

“La disertación sobre los bienes eclesiásticos del Dr. José Ma. Luis Mora”. En A Dios lo que es de Dios. Coord. Carlos Martínez Assad. Las clases más identificadas con el virreinato, al quedarse en el aire, se replegaron en torno a la Iglesia Católica, a la cual, durante la época virreinal se le habían asignado demasiadas funciones (asistencia social, registro demográfico, educación, salud… y hasta de la represión de disidentes, con la Inquisición). Con ello, la Iglesia se hizo de gran concentración de la tierra (herencias de religiosas, donaciones, etc.), que los historiadores calculan  de 1/5, 1/2 y hasta 3/4 de la tierra total del país, que además, era “de manos muertas” (préstamos hipotecarios). Frente a este bloque se formó un pequeño grupo contestatario, portador del modelo capitalista –los liberales–, integrados por burócratas, periodistas y profesionistas. Su lucha desigual comenzó a ser viable, cuando detectaron a su enemigo principal: el alto clero. Faltaba una narrativa adecuada, y esto la proporcionó un sacerdote, el Dr. José María Luis Mora. El Congreso de Zacatecas, en su sesión del 13 de junio de 1831, convocó un concurso sobre la mejor disertación sobre los Bienes del Clero. El texto lo analiza y argumenta este importante discurso que proveyó la argumentación vencedora.

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El precio de la conciliación (1945-1956)

“El precio de la conciliación (1945-1956)”. En Hacia una historia mínima de la Iglesia en México. Coord. María Alicia Puente Lutteroth, pp 177-178.

Desde el “Soy creyente” de Manuel Ávila Camacho, parecía que los conflictos religiosos de la Iglesia con los gobiernos priistas había llegado a su fin. Los gobiernos postrevolucionarios no perseguían a los creyentes. A Estados Unidos, el mayor ganador de la II Guerra Mundial, le había salido bien tener un poderoso enemigo enfrente –el nazismo–, por lo que ahora, convirtió a su antiguo aliado –la URSS– en el nuevo enemigo. La Guerra fría, anunciada por Truman en 1947 y reforzada por el mediático macartismo anticomunista, presionaba al Presidente Miguel Alemán, de los civiles, los “cachorros de la Revolución”, a alinearse en esa línea; pero al Presidente no le convenía, pues importantes figuras del priismo lo estaban acusando de traicionar la Revolución. Por eso se pensó en la Iglesia. A ella le estaba yendo muy bien con la conciliación: muchas publicaciones religiosas, vocaciones, liderazgo moral, etc. Por otro lado, estaba la persecución religiosa del ateísmo militante estalinista, con numerosos sacerdotes encarcelados o asesinados, de modo que no tuvo mucho empacho en liderar la campaña anticomunista, y la Jerarquía encargó esta tarea a los Católicos Sociales, con Pedro Velázquez y su red de Secretariados Sociales, quien tenía toda una red organizativa eficiente, a costa de su profetismo.

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