El precio de la conciliación (1945-1956)

“El precio de la conciliación (1945-1956)”. En Hacia una historia mínima de la Iglesia en México. Coord. María Alicia Puente Lutteroth, pp 177-178.

Desde el “Soy creyente” de Manuel Ávila Camacho, parecía que los conflictos religiosos de la Iglesia con los gobiernos priistas había llegado a su fin. Los gobiernos postrevolucionarios no perseguían a los creyentes. A Estados Unidos, el mayor ganador de la II Guerra Mundial, le había salido bien tener un poderoso enemigo enfrente –el nazismo–, por lo que ahora, convirtió a su antiguo aliado –la URSS– en el nuevo enemigo. La Guerra fría, anunciada por Truman en 1947 y reforzada por el mediático macartismo anticomunista, presionaba al Presidente Miguel Alemán, de los civiles, los “cachorros de la Revolución”, a alinearse en esa línea; pero al Presidente no le convenía, pues importantes figuras del priismo lo estaban acusando de traicionar la Revolución. Por eso se pensó en la Iglesia. A ella le estaba yendo muy bien con la conciliación: muchas publicaciones religiosas, vocaciones, liderazgo moral, etc. Por otro lado, estaba la persecución religiosa del ateísmo militante estalinista, con numerosos sacerdotes encarcelados o asesinados, de modo que no tuvo mucho empacho en liderar la campaña anticomunista, y la Jerarquía encargó esta tarea a los Católicos Sociales, con Pedro Velázquez y su red de Secretariados Sociales, quien tenía toda una red organizativa eficiente, a costa de su profetismo.

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