Estuve en Puebla de 1978 a 1983. Allí me tocó participar activamente en la III CELAM “extramuros”. La comunidad “El Parral” fue hasta ahora, la mejor que he tenido (con Fernando Macedo, Gidardo Valencia y Laco). Trabajamos en CCBs en las vecindades del barrio. Mi grupo preferidofue el Movimiento de Estudiantes y Profesionistas, integrado a Paco Merino. Por esto quise celebrar aquí también mi Aniversario. Lamentablemente, a última hora, cambiaron de sede, día y hora la presentación de mis Memorias (por razón de un evento que impediría el acceso a Ciudad Universitaria), adelantándose para el 21 de agosto. Con todo, ya que dicha presentación marcó el inicio del XXXV Aniversario del Colegio de Antropología, estuvieron presentes las autoridades universitarias: el Secretario General, Dr. René Valdiviezo; el director de Facultad de Filosofía y Letras, Dr. Alejandro Palma, y el Director del Colegio de Antropología, Dr. Ernesto Lecuona, quien fue el comentarista. Llegaron algunos amigos de El Parral, dos condiscípulos, dos
ex-colaboradores de mi “Síntesis Noticiosa de Puebla” y los jóvenes del MEP. El pequeño auditorio se llenó completamente con los alumnos del Colegio, quienes se mostraron muy interesados e incluso compraron mi libro. La discusión que siguió se alargó y terminamos hablando de teología.
Ya que estuve en Puebla hace 35 años (1978-1983), los “chavos” de entonces son ahora cincuentones (algunos con nietos). “El Parral” nos marcó y la III CELAM fue antológica. Allí realicé mi carrera de Antropología, y volví precisamente a mi “Alma Mater”, constituido en mito como primer egresado. La discusión que siguió se alargaba por el interés de los alumnos y terminando hablando de teología.
Me quedé en casa de Anatolio y su familia, excelentes amigos, en una casa ecológica muy inspiradora, como es la personalidad de sus dueños, ahora especializados en las “Constelaciones Familiares” del Dr. Bert Hellinger. Fueron ellos quienes organizaron mi celebración, comenzando con el bonito y práctico diseño del Comunicado y demostraron una vez más su gran capacidad de amistad. La misa fue en la parroquia de Fernando Macedo, otro gran amigo y buen organizador. Su coro, esa misma semana bajó y ensayó la Misa Salvadoreña, siendo ésta su primera ejecución. Me acompañó a concelebrar el P Gustavo Rodríguez. Destacaron los “muchachos” del MEP y personas que entonces habitaban en El Parral, ahora con sus respectivas familias. Llevaron un conjunto de música latinoamericana y “de protesta”, por lo que después del mole poblano, se armó un bonito ambiente. 



Con esta visita clausuré mi gira celebrativa. Estuve en Monterrey, entre 1994 y 1999, cuando hice un discernimiento para entregar la parroquia a la Arquidiócesis. Los claretianos habíamos llegado a la ciudad a principios del siglo XX, teniendo que salir durante la Revolución (por ser sacerdotes extranjeros). Hacia 1940 regresamos; pero ya no al Santuario de Nuestra Señora del Roble, que se nos había otorgado. Después de una controversia en que se nos reconoció el derecho, la entregamos voluntariamente a cambio de otra parroquia en algún lugar pobre. Los empresarios de La Vidriera habían construido esta colonia para sus empleados y solicitaron al obispo que nosotros nos hiciéramos cargo desde 1952, con demasiado cambio personal. En mi discernimiento, constataba que la arquidiócesis ya contaba son suficiente personal, con 625 sacerdotes y 600 seminaristas, y me tocó a mí entregarla, con lo cual pudimos abrir una parroquia fronteriza en Ciudad Juárez, más acode al modelo de parroquia misionera.

La misa fue muy solemne, con varios estudiantes para el diaconado. En mi sermón hice “memoria” con ellos, recordando mi estancia en aquella ciudad; les hablé de la presencia claretiana y del sacerdocio, adaptándolo a las lecturas elegidas para la misa. Me dieron un ramillete espiritual, grabado en una placa. Después de la misa, tuvimos la cena, en el jardín, con mesas y sillas, a la luz de sus lámparas, para toda la gente, con un grupo de música. Al día siguiente, domingo, tres familias me acompañaron al aeropuerto y almorzamos allá. Todo, de maravilla. 



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