Un aniversario siempre nos trae recuerdos. El Papa Francisco distingue entre “recuerdos” y “memoria”. “Los recuerdos son lejanos, dispersos, arcaicos, como de museo”. Los recuerdos son también selectivos: si es bueno recordar, también lo es olvidar, pues –como dijo José María Pérez Gay- “el olvido es una forma de piedad”. Lo que hace la memoria –dice el Papa- es traerlos juntos, y esto produce sentido. Por esta razón, aproveché este aniversario para escribir mis “Memorias”. Puedo testimoniar la fabulosa experiencia de este trabajo, dándome cuenta de cómo mi vida, vista en su conjunto, no fue conducida por el azar, como aparentaba, sino que ha tenido un sentido, quedando patentes sus constantes y su hilo conductor, la mano de Dios me ha guiado a pesar de errores e infidelidades
Los recuerdos, por último, son “reconstrucciones mentales”: cuando charlamos entre personas que vivimos los mismos sucesos, divergimos, no sólo en interpretaciones o detalles, sino sobre la realidad vivida misma (señal que los procesamos de manera diferente). Esto es, cabalmente , “conmemorar” . Según su etimología, es “memorare-cum-aliis” (hacer memoria con otros”) que tuvieron nuestras mismas vivencias. Fue con este objetivo que se me ocurrió publicarlas: para vincular y confrontar recuerdos. No las escribí para rememorarlas yo solo, sino también para compartirlas y construir “memoria colectiva”. ¿Quiénes fueron mis destinatarios? Pues “la vida –como dijo Gabriel García Márquez- no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para ser contada” ”. ¿A quiénes la quise contar?
- Primeramente, compartirlas con ustedes, amigos junto a quienes caminé en algunas etapas de mi vida y que participamos de los mism
os ideales; para suscitarles recuerdos y facilitar “memoria colectiva”. Escritas para regalo y no para una difusión indiscriminada. Por tal razón sólo publiqué 400 ejemplares y las registré como “no comerciable”, de circulación restringida. para compartirlas con ustedes, amigos y participantes de los mismos ideales - Pensé en mis hermanos de Congregación; aunquela cercanía y espiritualidad no signifique comunión en todos los ideales; pero nos identificamos en nuestro común núcleo espiritual y que era preciso clarificar divergencias. El proceso preparatorio de mi aniversario me impidió una nueva redacción más concisa y prudente. De todos modos, así como quedaron, tuvieron un toque de sincera espontaneidad.
- Dest
inatarios privilegiados fueron los jóvenes (seminaristas y exalumnos), para quienes son un testimonio de eventos que viví y que ellos conocen sólo por la historia. Son también un legado, que entran dentro de la historia de las ideas teológicas, que justifican a la teología que impulsé y que durante mucho tiempo estuvo bajo sospecha. - Otros destinatarios que también tuve presentes fueron mis compañeros de lucha y quienes se mantienen militando, acompañando a víctimas, empobrecidos e injusticiados, pues como bien observó Milan Kundera, en el rescate de la “memoria peligrosa” de los vencidos, “la lucha de los oprimidos contra sus explotadores es la lucha de la memoria contra el olvido”.
- Destinatarios fueron también mis colegas investigadores. Desempeñé buena parte de mi ministerio sacerdotal estudiando el fenómeno religioso en el medio académico, realizando las primeras inv
estigaciones sobre el tema. Un plusproducto de mis “memorias” escritas, fue la articulación de un breve texto narrativo, que trató de ser sintético y ameno: pistas de sentido: un “pre-texto” para discusiones sobre “con-textos” (medio siglo de historia de la Iglesia en la historia de México e incluso, de Latinoamérica). Las “memorias” constituyen un género literario, apto para penetrar en los recintos universitarios.
Se trataba de reconstruir el pasado, no por nostalgia ni por afán de erudición, sino en función del presente y en proyección hacia el futuro. El Papa Pablo VI decía que la evangelización no debe quedarse como un “barniz superficial” en las culturas receptoras, sino que debe llegar hasta el núcleo más profundo de las mismas, y esto se obtiene mediante el diálogo con la intelectualidad académica. La narración de mi propia vida la convertía en diálogo entre la fe y la cultura.




Bernardo habló de la crisis de la institución eclesial: el problema religioso actual no es tanto la falta de fe -hoy hay más fe que nunca-, sino falta de esperanza y desencanto institucional. Pese a los intentos del Papa Francisco, el largo invierno eclesial que siguió a la efímera primavera posconciliar, ocasionó justamente aquello que los tradicionalistas temían de la Teología de laLiberación: pérdida de identidad eclesial y de la práctica religiosa.
Vergel”, en Oaxaca: allá, trabajando la tierra cambiaban el mundo. La cultura actual no sólo destaca por las tecnologías de información y comunicación, sino por un surgimiento espiritual.







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