LA PROTESTA CONTRACULTURAL

Este año mi libro “La Contracultura como Protesta” cumple cincuenta años de su publicación. Con ocasión de los cincuenta años de Avándaro, este libro fue muy solicitado y tuve ocasión de hablar en varios foros de diversas ciudades del país, de ahí que pensé escribir algo sobre los que llamé “xipitecas” con la ventaja que da la distancia temporal. Comenzando con su título, recibió cuestionamientos -con toda razón- por ser redundante (fruto de diálogo de los editores), por lo que, en este artículo, lo modifico como “La Protesta Contracultural”. Argumento el cambio aludiendo que en los años sesenta, en varios países, la juventud emergió por primera vez como “sujeto histórico”. Muchos jóvenes decidieron no seguir repitiendo los valores, ideas y emociones de sus progenitores, y se revelaron en contra de la generación que los antecedió. En México pudo deberse a la crisis del PRI que, desde la Revolución Mexicana, había estado favoreciendo a las clases medias; pero que esta política se debilitó con la crisis del modelo económico de “Desarrollo Estabilizador” (justo cuando el auge de los electrodomésticos y las ventas a plazos alentaban a mayor consumismo en dichas clases). Los jóvenes más inquietos se dividieron en dos actitudes, la “protesta revolucionaria” y la “protesta contracultural”. La protesta revolucionaria coincidía con la toma de conciencia política expresada al final del anticomunismo macartista y con el auge de la “Teoría de la Dependencia”. Se volvió emblema con el movimiento estudiantil del 68 y su terrible represión de Tlatelolco. La protesta “ondera” incidió fundamentalmente en el cambio de ver la vida, y se visibilizó a través de una “contracultura”.

Un ejemplo autobiográfico:

En 1969 yo daba clases en la Preparatoria Popular de la calle de Liverpool. Su ambiente estaba hiper politizado (el director conseguía los tambos de chapopote para las “pintas”); pero junto a ella, había una empresa discográfica de rock, “ATOM” (su publicidad era una calcomanía transparente para el parabrisa del auto, que, si se la veía desde fuera, se leía el nombre de la empresa; pero si se la veía desde dentro, se leía la palabra tabú: “MOTA”). Como había contactos entre las dos instituciones Y yo circulaba entre ambas, Se me ocurrió organizar un debate entre ambas posiciones sobre el tema de la violencia: Los jóvenes “revolucionarios” la justificaban como único camino para tomar el poder y cambiar las estructuras desde arriba; los jóvenes “onderos”, propugnaban el pacifismo a ultranza: “Paz y Amor” serían los valores traídos consigo por la “Era de Acuario” en el contexto de cambio de la era zodiacal, y se caracterizaría por una gran fraternidad universal, coincidiendo su entrada con la llegada del nuevo milenio. Ambas posturas eran ingenuas: pensar que la paz sería traída por las estrellas (para los “onderos”) o pensar que el cambio estructural se lograría a base de manifestaciones callejeras (para los “revolucionarios”).

  • Se estaba difundiendo entonces el movimiento de la “No-Violencia-Activa”. Lo ejemplificaban Martin Luther King, Mahatma Ghandi, Doroty Dar, Lanza del Vasto, y más tarde, Nelson Mandela: ante una agresión, el victimario está preparado para que la víctima reaccione con una de las dos formas siguientes: o responder con la violencia (y en este caso, la castigaría con otra violencia más fuerte) o con la sumisión (y en este caso, daría otra vuelta más al torniquete). La “No-Violencia-Activa” no se somete -mira de frente al perpetrador-; pero tampoco se somete y agacha la cabeza. La actitud ahora aconsejable es mirar al agresor a los ojos; pero al mismo tiempo, atacar su conciencia con amor (“sólo puedes protestar con efectividad, si amas a tu enemigo como te amas a ti mismo”). Esta inesperada respuesta desbarataría las justificaciones que construyó el perpetrador, a guisa de pantalla, haciéndole ver que es un simple golpeador de barrio. Si se realiza debidamente, la táctica puede tener éxito.

Leemos en el Evangelio: “si te dan una bofetada en la mejilla derecha (se da con el dorso de la mano y denota desprecio), ponle la otra mejilla (se da con la mano abierta… y esa sí duele) (Lc 6, 29). Lo dijo Jesús; pero también puso el ejemplo: cuando en el juicio de Jesús ante Caifás, el Sumo Sacerdote conminó a Jesús a que dijera si realmente era el Mesías, Él lo confesó (era el Sumo Sacerdote), y un soldado Lambiscón le dio una bofetada. Jesús, obviamente, no se la devolvió; pero tampoco agachó callado la cabeza, sino que lo miró de frente y le respondió: “Si hablé mal, demuéstralo; pero si no, ¿por qué me golpeas?” (Jn 18, 23)y el soldado calló avergonzado.

  • La protesta revolucionaria, después de Tlatelolco, entró en crisis: el Gobierno dispone de mucha información, posee fuerte capacidad represiva y controla los medios de comunicación para difundir una versión convincente para la sociedad. Los jóvenes más concientes, dedujeron que el proceso requería de más cuidado y de un plazo más largo, y aprendieron que el universitario no era el mejor sujeto revolucionario, sino que la vanguardia correspondía al proletariado, así que se trasladaron a las barriadas o al campo a hacer un paciente trabajo político. En ese entonces, Pablo Freire difundía su “pedagogía del oprimido”, en toma de conciencia a base de cuestionamientos para pensar, e irle dando sólo la información que la gente fuera solicitando.
  • La protesta contracultural puede fundamentarse en el concepto de “revolución pasiva” de Antonio Gramsci. Este marxista italiano parte del concepto de “hegemonía”, en referencia al sector que posee el poder. Lo ejerce mediante “la coerción” y “el consenso” – es como el centauro, mitad hombre y mitad bestia-; la “dominación” (los controles represivos) y la “dirigencia” (los valores justificadores). Cuando la clase hegemónica es demasiado fuerte para ser confrontada directamente, se pueden ir dando pequeños pasitos, colándose entre los poros de aquella clase, mediante un trabajo de concientización, hasta arrebatarle la “dirigencia” y dejarle tan sólo con la “dominación”, lo cual es ya signo de debilidad. La “protesta contracultural” puede entonces tener la viabilidad que no tiene la “protesta revolucionaria”. Esto lo intentaron los hippies norteamericanos en su versión “yuppie”, y en México, los “onderos” hicieron algo parecido para su movimiento.

“Droga, dramas y cambio cultural”

  • El hipismo fue esencialmente un movimiento de cambios intergeneracionales e intraculturales, provocado por el consumo masivo de la marihuana en un amplio sector de jóvenes de la década de los sesenta. Este consumo provocó muchos conflictos de jovencitos que tuvieron que abandonar prematuramente su hogar, debido a los problemas que la droga trae consigo. Recordemos la rola de los Beatles, “She´s living home”:una muchachita baja sigilosamente, muy temprano, la escalera de las recámaras y deja sobre la mesa del comedor una carta que quisiera decir más, abre con cuidado la puerta de la calle, cuando sale y cierra la puerta… ¡ya es libre!  
  • Por mi calidad de sacerdote, después de una misa en la que hablé sobre los hippies, una señora que tenía una clínica de belleza para mujeres, me telefoneó para que le hablara a un grupo de sus clientas: algunas de ellas eran madres de chicos que tuvieron que dejar sus hogares. Las mamás no sabían qué hacer: una, sorprendida, conversaba sobre cómo su hijo le botó las llaves del coche nuevo, que le regaló condicionado a que se atendiera con un sicólogo; otra encerró a su hija en un internado de religiosas, y esta armó tal escándalo, que las religiosas la expulsaron; otra más, le pedía a su hija que se fumara con ella un carrujo para ver qué se sentía… otras más se vieron en la necesidad de decirles que se fueran de la casa, pues para comprar la droga, desaparecían objetos, daban malos ejemplos a los hermanitos y temían escándalos con la policía… ¡Convivencia imposible!
  •     Las nuevas drogas entre jóvenes consumidores provocaron también conflictos en lo intracultural. Una hipótesis que manejo es que, entre los pueblos indígenas de todo el mundo, desde hace por lo menos mil años, ha sido bastante generalizado el consumo de sustancias sicotrópicas extraídas de plantas: en México (los hongos alucinantes mazatecos, el peyote huichol, el ololiuqui[1]); entre los antiguos mexicas, el “toloache” (toloatzin o tolohaxítil), usado para fines medicinales, que no sólo produce alucinaciones visuales sino también auditivas (según el dicho popular, se da de beber secretamente a la persona deseada para enamorarla). Siguiendo con Indoamérica, en la selva amazónica se consume la “Ayahuasca” (mezcla de una liana y una hoja); en Bolivia, la hoja de coca; en México, Bolivia, Ecuador y Perú, el cactus “San Pedro” o “aguacolla” (Trichocereus pachanoi). Pasando a Oriente, tenemos el opio (cultivado en las montañas de China y norte de Tailandia), obtenida con el jugo de amapola; en los países árabes, el hashís: resina obtenida de las sumidades de cannabis, en bruto o purificada. En África, la droga más extendida es el “Khat”, masticable, que “potencia la acción estimulante central por los efectos simpaticomiméticos de la droga”.
  • La moderna cultura occidental también tiene sus drogas, divididas en dos polos espectrales: de un lado, las drogas “ilegales”, cuya prohibición, como es sabido, es lo que más las encarece, con lo que aumenta considerablemente las ganancias. Estas drogas, a su vez, ser sintéticas (LSD) o procesadas de plantas (cocaína, morfina), y si son traficadas fuera de la zona, son la principal fuente de ingresos del crimen internacional organizado. En el otro polo están las drogas “legales”, bien sea de uso generalizado (café, tabaco, cigarro, azúcar o analgésicos de uso corriente), o bien, de uso supuestamente restringido: el miedo moderno al dolor ha dado pie a la venta bajo receta (o sin ella) de calmantes y analgésicos. el fentanilo en Estados Unidos es causa de unas 100,000 muertes anuales y se puede conseguir en algunas farmacias, incluso con receta. La diferencia entre drogas “legales” e “ilegales” no estriba en su grado de letalidad o perjuicio, sino en motivaciones comerciales.
  • Con estos presupuestos, el uso extendido de una nueva droga -sobre todo si tiene efectos sicoactivos (como la marihuana o “cannabis índica”) y si es consumida por jóvenes- habría de influir en cambios culturales, respecto a la modernidad racional, lógica e institucionalizada. Esto, combinado con otros factores advertidos por sus “visionarios” (McLuhan destacó la imprenta; Marcuse, el relajamiento de los controles sexuales y los autores posmodernos, con la “civilización del fragmento”, combinando, “a la carta”, restos de culturas tradicionales). La generación nacida en los años cuarenta o cincuenta del siglo pasado fue una generación más permisiva, proclive a los cambios culturales y a políticas progresistas. En lo intrageneracional, “la onda” incidió en varios sistemas de la cultura dominante: el oído, la vista, el espíritu: la estética musical, la apariencia y los estilos de vida.

Una nueva estética musical: El “Rock & Roll”: Símbolo auditivo del movimiento

     Se piensa que los orígenes del rock grabado se remontan al asesinato del líder negro de la No-Violencia, Martin Luther King. Esa muerte conmocionó a gran parte de los negros estadounidenses, la cual, abandonando actitudes espirituales, optaron por la violencia: (los “Black Panters”). El cambio se reflejó en la música: el “gospel” o “spiritual” (cantado “a capella” en los templos pentecostales, acompañado por el coro y dando cabida a la improvisación) y data de los tiempos de la esclavitud. Con el homicidio de su líder pacifista, tales cánticos fueron sustituidos por el rock, música que expresa la protesta, y que, hasta entonces, acaso podía encontrarse exclusivamente en las rockolas de los barrios negros, y que ahora se escuchaba a todo volumen. Elvis Presley -el blanco que cantaba “como negro”- tocando su guitarra moviendo la pelvis- escandalizó a los adultos; pero sedujo a las jovencitas, y ahora, los hippies lo convirtieron en el ritmo generacional. Los Beatles introdujeron -entre otras cosas- los cuartetos de guitarras eléctricas y batería, y luego la música electrónica. Fueron seguidos por los grandes monstruos rocanroleros; con el LSD llegó la sicodelia del rock electrónico, escuchado por los discos importados y eventualmente, en los grandes auditorios y festivales.

  • Con la electrónica, las rolas, con letra desprejuiciada, podían transmitir cualquier idea, siendo casi imposible de vigilar. Pero las casas disqueras del país, las estaciones radiofónicas y los auditorios “dignos”, continuaron con sus pretensiones de control. Siendo ya el rock el ritmo generacional, por exigencias de mercado no convenía prohibirlo del todo, de modo que se redujeron a silenciar sólo el rock mexicano. 

La nacionalización del movimiento ondero.

  1. El rock

Dos recuerdos autobiográficos:

  1. Pocos meses después del festival de Avándaro, se me pidió dirigir un cinefórum sobre la película de Gurrola. Después hice un comentario personal; pero, a mi sorpresa, los “revolucionarios” se me echaron encima, acusándome de que le estábamos haciendo el juego a “la colonización imperialista” y a sus pretensiones de dominio. En vano hablé del ambiente de convivencia que hubo durante el concierto. Me respondieron: “la convivencia real se dio en las trincheras del movimiento estudiantil, defendiéndose de los tanques”.
  • Elías Calles Jr. había comprado los derechos de la rock-ópera “Hair” (estrenada, no sin escándalo, en Acapulco,). El empresario también tenía la concesión de la traducción al español y la difusión de la rock-ópera “Jesucristo Superestrella”.[2] Elías Calles pensaba que yo, siendo un conocido sacerdote ondero, era el más indicado para traducirla. Al cerrar el trato, (y recibir un pequeño adelanto), me pusieron como condición no modificar ni una sola nota de la música. Al tratar de traducirla, pronto me di cuenta de la dificultad: el inglés es monosilábico y el castellano, bisilábico (con muchas esdrújulas): si quería respetar la literalidad de la letra, tenía que modificar la música, y si quería respetar la música, tenía que sacrificar el texto. Terminaron por darle el contrato a Juan José Calatayud, del grupo jazzista “3.1416”
  • De esos recuerdos concluí la necesidad de tener un rock mexicano propio, que hablara -y pensara- en español, para evitar el riesgo del “imperialismo colonizador” que se nos achacaba, y que musicalizara el rock al ritmo que nuestra lengua impone. El principal mérito de esta tarea se debe al apasionado músico y empresario Armando Molina.[3]
  • Fue heroica la lucha del rock mexicano para abrirse camino. El único espacio que hallaron los músicos mexicanos fueron esos lugares que Parménides García Saldaña llamó “Hoyos Funkies” (“whatever it means”): locales pequeños y cerrados, de algunas colonias populares, atiborrados de jovencitos y que apestaban a “petate quemado”. Su difusión exclusiva fue la revista “Piedra Rodante” (título traducido de la revista homónima “Rolling Stone”), dirigida digna y astutamente por el publicista Manuel Acévez, y que publicitó la literatura y el rock mexicanos.
  • La apariencia: signos para visibilizar el movimiento:
    • El pelo largo.
  • A lo largo de la historia, desfilan honrosas melenas entre profetas y santones, entre la nobleza feudal, entre juglares, entre los liberales franceses (la gran melena de Voltaire o del cardenal Richelieu), entre proceres históricos como Alejando Magno, Cristóbal Colón o Hernán Cortez; entre científicos (Newton, Galileo), entre filósofos (Spinoza, Locke, Marx), etc. ¿Por qué, entonces, tanta hostilidad ante una moda que, simplemente, retornaba a épocas históricas no demasiado distantes? Preguntemos a los analistas:
  • Respondieron los sociólogos: Para Erving Goffman,[4] el cabello corto (“a rape”) era propio en las “instituciones totales” (cárceles, manicomios, cuarteles, asilos, orfanatos), práctica, por cierto, inspirada en los monasterios… y también en la represiva sociedad industrial contemporánea. La hostilidad hacia los greñudos se acentúa en ambientes de intolerancia hacia ciertas minorías (vi un cartel, en el establecimiento de una ciudad estadounidense tradicionalmente racista, en el que se les prohibía la entrada a los negros… y a personas de pelo largo.  
  • Respondieron los sicoanalistas: Para el Dr. Charles Berg (“The unconscious signicance of hair”): La reacción social tan violenta por parte de muchos varones rudos hacia estos jóvenes greñudos, puede entenderse porque algo les removía interiormente: algunos de estos los tildaron de “homosexuales”, pues, a la primera vista del portador de una cabellera larga, lo confundieron con una mujer; pero al darse cuenta de que se trataba de un varón (ante la ecuación “ver=desear”), temían que hubiera aflorado en ellos algún deseo homosexual, y ese temor lo proyectaron en los melenudos. Luego los criticaron de “sucios”: para Freud, el pelo denota suciedad: el prurito por la limpieza sería expresión del complejo de culpabilidad anal, asociado al excremento, que uno retira cada día (cada día, la mayoría de los varones rasura del rostro las huellas de su vello). Hay personas que se lavan las manos a cada rato, o que lavan su ropa diariamente. El pelo tiene también connotación erótica, (las mujeres tenían que cubrirse el pelo en las iglesias, y aún ahora en los países musulmanes). Según Freud, en los varones, tiene una connotación fálica (el poderoso vigor del pene). El pelo denota rebeldía. De ahí que los pensadores más radicales (Freud, Marx, Nietzsche) se hayan dejado crecer pelo y barba, o las barbas de los revolucionarios castristas de Sierra Leona. Pero a los rebeldes, se les somete, y volviendo a la interpretación sicoanalítica, el sádico goza rapando a los inermes (en el ejército se obliga cortarse el pelo), y eso connota castración (Dalila corta el pelo a Sansón, y este pierde la fuerza). A todo esto, los muchachos respondían diciendo, simplemente, “llevo el pelo largo porque es lo natural”, o como cantaba la rock-ópera “Hair”: “Ondéalo, muéstralo, hasta donde Dios lo quiera crecer”.[5]
  • Por su parte, los “onderos” burgueses, con un pie en el “establichment”, que poseen los últimos discos importados y fuman la marihuana “Acapuco Golden” en pipas orientales, diseñaron “jeans higiénicamente sucios y cuidadosamente rotos”; iban a peluquerías elitistas para un buen corte de pelo moderadamente largo y cuidado.[6]
  • La ropa
  • Según McLuhan, la ropa es prolongación de la piel. Los humanos, desde los orígenes, la hemos usado para protegernos del frío; pero también se relaciona con el pudor sexual y con la diferenciación de género (ahora ya las mujeres usan pantalones y entre varones se ven camisas color de rosa). Nuestra identidad personal se expresa también en nuestra ropa. Entre las élites feudales, cada oligarca diseñaba su propio atuendo y visitaba al comerciante de la villa, quien, a su vez, la encargaba al artesano, detallándole los pormenores. Así sucedió durante mucho tiempo (sólo a los siervos se les hacían unas túnicas uniformes). Antes, el vestido de la abuela lo heredaba la nieta; ahora, la moda cambia al menos cuatro veces al año (si no es que no más). Mc Luhan dice que la ropa en serie fue producto de la imprenta.
  • Los hippies diseñaron su propio atuendo identitario; pero -dentro del mismo estilo- cada muchacho o muchacha la confeccionaba a su gusto personal, tomando elementos transculturales. En las boutiques de la “Carnaby Street” de Londres, (área de Soho), conocida por su música, moda y signos contraculturales, se vendían, por igual, uniformes militares antiguos, túnicas orientales o modas “retro”. En esto adelantaban el espíritu “posmoderno”, con vestimenta confeccionada por “retazos” de culturas tradicionales (un turbante árabe, zapatos indios, chaleco huichol y pantalones rusos). Los hippies norteamericanos preferían los colores “sicodélicos”, y miraban también a otras razas y culturas para apropiarse se algunos elementos.
  • La mirada de los hippies mexicanos estaba puesta en Huautla. De allá llegaron los jorongos y huipiles, el sombrero de paja, la manta, el paliacate, los huaraches. Por supuesto, no vestían igual que los nativos: Un tijeretazo a los jeans acampanados para ponerles un trozo de paliacate y acampanarlos aún más… y procurar que arrastren, o diseñaron originales camisas de manta, etc.
  • El lenguaje
  • El nombre original de las cosas remite a su esencia, de ahí lo importante de las etimologías antiguas (el sanscrito). Por tanto, la gestación de una contracultura tendrá que ir acompañada de un trabajo de redenominación. Nuevas relaciones sociales implican un nuevo vocabulario para nombrar situaciones inéditas. En el caso de los hippies, el argot cumplía también otras funciones: Cito a Parménides García Saldaña sobre el lenguaje de las barriadas “el lenguaje es escudo y puñal; afrenta, reto, desafío a las buenas costumbres, y defensa, parapeto para costumbres prohibidas”. En el ambiente carcelario, o de difícil convivencia intergeneracional, para eludir conflictos, los muchachos inventaron nuevos vocabularios, o mejor -con Marcuse- cambiaron el significado de palabras comunes y frecuentes, para disfrazar actividades ilegales.

“La “mota”, “yerba”, “café” o “arroz”: se limpia de “cocos” para “forjar” el “pito” o “join”; luego se “quema”, y al “atizarse”, se va “rolando” entre los “grifos”, hasta “darle mate” a la “bacha”.

  • Esta creatividad lingüística funge como identidad nacional de diferenciaciónfrente a los hippies “gabachos”. Se trata de esa jerga coloquial, propia de grupos específicos de clase, rango, generación o situación (lengua de los “chicanos” emigrantes), común en algunos países para parecer más informal o más “cool”: el “verlan” o “argot” franceses, el “caló” de los gitanos españoles, el “slang” inglés… o la lengua popular de los barrios mexicanos.
  •  La Secretaría de Educación Pública acusó a su uso en algunas publicaciones onderas tachándolo de “obsceno”, o por lo menos de “vulgar”. El lenguaje “vulgar”, acuñado por las élites, denota al “vulgo” y connota el clasismo aporofóbico (aversión al pobre). Se trata de ciertas palabras (principalmente referidas a los humores o líquidos sexuales), que consideran de uso poco delicado, por lo que las cambian con sinónimos más “propios” (es decir, de uso elitista), científicos (evacuación fecal) o pueriles (popó”). Lo “decente” se aparta así del lenguaje vivo, creativo, sin mediaciones de la Academia de la Lengua.

Por estas razones tuve que renombrar a los “onderos” mexicanos, acuñando el término de “xipitecas”, que connota a los “mazatecas”.

  1. Estilos de vida
  2. Opción por la vida pobre
  3. Los jovencitos xipitecas que tuvieron que abandonar prematuramente su hogar familiar, resintieron privaciones. Sus padres, al principio. Vieron su salida del hogar como una experiencia temporal, esperando que su hijo pródigo regresara pronto arrepentido. En realidad, estos muchachos abjuraron de su clase “burguesa” y tuvieron que aprender a vivir de manera más sencilla y austera (quizás hasta se creyeron que se “proletarizaban”). Pero, en su “comuna”, percibieron las ventajas de una vida sencilla y revistieron sus carencias de poesía: ¿no tienen para comprar carne?, pues se hacen vegetarianos; ¿no pueden comprar ropa?, pues ellos mismos se la confeccionan; ¿viven hacinados en cuartuchos?, pues descubren otras formas de fraternidad comunal.
  4. Se dieron cuenta de las trampas de la publicidad de la “sociedad de consumo”, que ofrece una gran variedad de cosas superfluas prometiendo felicidad; pero tan pronto como ven un modelo nuevo de IPhone o una nueva moda de vestir, pierden, decepcionados, el gozo de su compra. El engaño de la publicidad llega también a los pobres, enajenados por la TV (su engañosa publicidad y sus telenovelas). Comparada una casa pobre con una comuna xipiteca, probablemente los pobres tengan más cosas, viejas o inservibles, apiñadas en algún rincón (muebles inútiles comprados a plazos, el obrero se endeuda para comprar una TV con pantalla grande, y para pagarla, tiene que trabajar horas extra y no tiene tiempo para disfrutarla). En cambio, los xipitecas confeccionan ellos mismos su ropa (tienen poca), hacen sus propios muebles, (quizás utilizando huacales), arreglan con gusto su cuarto y como tienen poco espacio, prescinden de cosas estorbosas. La pobreza, además de ser una categoría sociológica, no siempre guarda relación con las cosas: Luis XV, en Versalles, era rico, a pesar de vivir con menos comunidades que un pequeño burgués de nuestro tiempo; el jefe negro de la tribu, es rico porque tiene su collar de dientes de tiburón; pero vive peor que los negros de Harlén: ser rico es tener lo que los demás no tienen.
  5. Para Jesús, la pobreza tiene una categoría espiritual: sólo en Dios está nuestra felicidad, nuestra paz y nuestra seguridad, siempre y cuando no seamos indiferentes para quienes pasan hambre o están en apuros. Sabe el discípulo que “hay más felicidad en dar que en recibir”.
  • El rescate de la vida natural
  • En aquellos años, en cualquier tienda “undergound” se encontraban posters que contraponían la vida animal o prehistórica, la caricatura del hombre “tecno-civilizado” y la recuperación hippie de la vida natural. Pocos fueron los jóvenes que optaron por hacer una vida campesina en comunas; pero muchos de ellos pasaron temporadas más o menos largas entre indígenas. Eran previsibles algunas decepciones: el campo no todo es poesía bucólica. La vida del campesino es ardua y mal remunerada, y entre los pobres, hay enajenación, violencia, alcoholismo y machismo… todo esto, relacionado con la miseria. De ahí otra alternativa: vivir en la ciudad; pero de forma más natural.
  • Aprendieron el yoga y se volvieron vegetarianos. Ahora, ante los inconvenientes de la ganadería (utiliza la mayor parte del agua no salada y produce abundante gas metano), muchos defienden esta alimentación, incluso el “veganismo”, su modalidad más radical. Para el cuidado de la salud, algunos experimentaron el “naturismo” científico: ciencia desarrollada por algunos médicos como Kühne, Vander o Lezaeta; esta corriente propugna que la salud es el estado natural del ser humano y que la enfermedad aparece cuando se rompe la forma natural de vida; aconsejan la medicina preventiva (baños de sol, de aire, de agua… ejercicio y alimentación sana). De preferencia, prefirieron la herbolaria, tan desarrollada por los antiguos mexicas, y que los españoles mismos preferían a los medios curativos de su país (pese a que ya los árabes, como Avicena, habían mejorado las terapias hispanas). En cambio, la medicina farmacológica actual ve como causa de las enfermedades, a los microbios, por lo que su esfuerzo es matarlos. Al hacerlo, muchos fármacos producen “efectos colaterales” que terminan por intoxicar al organismo, y por hacernos vivir en condiciones de sanatorio. Como dijo Ivan Illich: “La mafia blanca”, produce más enfermedades de las que dice curar.

La modernidad industrial occidental

  • Es asombrosa la explosión de la ciencia y la técnica. Ya en 1964, Oppenheimer afirmaba  los 9/10 de científicos todavía vivían. Esa patraña que se dice “progreso” es lo que nos lleva hacia la destrucción de la especie y del Planeta:
  • “La historia de las cosas”, de Annie Leonard, es un video que expone el ciclo mercantil: (1) Extracción: el colonialismo capitalista, se apodera de un territorio y lo explota hasta agotarlo, sin pensar en su recomposición (2) Producción: explota inmisericorde a los obreros (acaso los nativos del territorio que explotaron y que quedaron sin trabajo ni recursos). (3) Los “desperdicios” (sobrantes), son arrojados fuera -al aire, al río, al mar-, contaminándolos. Estamos en una “sociedad del desperdicio” (4) Las mercancías están diseñadas para que tengan poca duración: si las modas antes casi no cambiaban (el vestido de la abuela lo heredaba la nieta), ahora cambian en cada estación; la ropa “pasada de moda”, se guarda en el closet un tiempo, y termina por tirarse a la basura. (5) La basura: los basureros crecen: en el mar, hay islas de basura dos veces Francia. En el fondo del mar hay sedimentos de un metro de profundidad.
  • Globalización del paradigma tecno-científico: El Papa Francisco, en su Encíclica “Laudato Si” nos dejó un lúcido análisis de este modelo:

Bajo este paradigma, homogéneo y unidimensional, el sujeto, pensándose totalmente disponible, manipula técnicamente un objeto exterior, con método científico, para extraer todo lo posible de las cosas, por la imposición de la mano humana, olvidando la realidad misma, con la idea de un crecimiento ilimitado, que lleva a estrujar al Planeta más allá de su límite. Presupone una cantidad ilimitada de energía y de recursos, cuya regeneración inmediata cree posible, y presupone también que los efectos negativos de la manipulación de la naturaleza pueden ser fácilmente absorbidos.” (#106).

  • La Inteligencia Artificial. La tecnología entra a una nueva fase con la Inteligencia Artificial y la robótica. Se abre la lucha a nivel mundial de quiénes sean los que manejen los superrobots o sea, quién será el dueño del mundo. (“Robot: Programa para que dentro de 15 años nuestro pequeño grupo tenga las mayores riquezas posibles”, o bien: “Programa para que dentro de 15 años todos los habitantes del Planeta satisfagan del mejor modo posible sus necesidades”) Esto está unido al armamentismo -el poder nuclear en sus distintas modalidades. El porcentaje del PIB mundial destinado al armamentismo es escandaloso, y se entra en una espiral estúpida, pero de la cual, ninguna gran potencia puede quedar fuera. Ya no existe un mundo unipolar. Los Estados Unidos entran en la pérdida de su hegemonía mundial, la cual parece ser retomada ahora por los BRICS y sus aliados. Estamos en un momento sumamente delicado: una guerra comercial, financiera y armamentista, que puede ocasionar la destrucción mundial o la dominación mundial.
  • La reconquista del ocio

Hay una afinidad electiva entre los temas y estilos prominentes de la subcultura hippie y ciertos incipientes problemas de identidad, trabajo y ocio que se ciernen ominosamente a medida que la sociedad industrial occidental se mueve hacia la cibernetización, donde hay abundancia de bienes materiales y oportunidades para el ocio creativo y enriquecimiento de la persona”.

  • Esta cita de Stuart Hall resume lo que tratamos en esta parte. Me llamó la atención ver cómo los xipitecas hacen sólo aquello que les gusta hacer o que sea necesario para el cuidado de su hábitat, sin buscar remuneración alguna. Sus acciones son: el arte, la manufactura, la contemplación, el cuidado del cuerpo… a la vez que critican el trabajo enajenado del “Sistema”.
  • Sin duda hay racionalizaciones en esta crítica, para no reconocer la holganza que propicia la marihuana; pero también es parte de la “protesta contracultural”: Su rechazo al “Sistema”,[7] se traduce en renunciar a consumir y a producir (más que lo que no sea realmente necesario), una especie de “huelga de brazos caídos”. Coinciden con varios críticos connotados, empezando por el mismo Marx, cuando habla que el trabajador en la industria capitalista es despojado de su propio trabajo, al serlo de los medios de producción; la explotación devalúa la actividad laboral. Creo que el Génesis, al hablar del pecado original: en el Paraíso del Edén, Dios puso a Adán “para que fuera su jardinero” (actividad placentera); pero después del pecado original (el “poder de dominación”), el trabajo se volvió algo pesado: “ganarás tu pan con el sudor de tu frente” (que alguien traduce como “con el sudor del de enfrente”). En el “fordismo”, el trabajador queda convertido en un engranaje más de la máquina
  • Si el trabajo está enajenado, el consumo también está enajenado: los xipitecas consumían lo que realmente necesitaban. La publicidad del “Sistema” crea necesidades artificiales y enajena las mercancías; al dejarse llevar por ella, pasa pronto la compulsión por consumir, y la ropa adquirida se guarda un tiempo en el closet, y se termina deshaciéndose de ella, para dejarle lugar a otras prendas nuevas. Quizás haya algo de razón cuando se tilda al xipiteca de ser un enfermo desadaptado a la sociedad; pero -como dice Fromm-, “si la sociedad está enferma, más que tratar de adaptar al muchacho a la sociedad, habría que adaptar la sociedad a las auténticas necesidades humanas”.

La crítica xipiteca se dirige al trabajador “fresa” (square) -la generación de sus padres-, que se siente obligado a trabajar intensamente en algo que no le gusta, por su ansia de bienes. La felicidad no está en las cosas, sino en el ser humano mismo. Pero los “fresas” no buscan “ser” más, sino “tener” más, y para ello, “hacer” más.

Un recuerdo personal: En Ciudad Juárez, charlaba con un joven trabajador de una maquila. Su trabajo consistía en agacharse para poner dos tornillos en la parte de debajo de un refrigerador y luego, parado de puntitas, poner otros dos tornillos en la parte superior… y así toda la jornada. Sólo les permitían ir al baño un par de veces, pues toda la banda se detenía. Me dijo que había solicitado trabajar horas extra los domingos, pues había comprado a plazos una televisión pantalla grande… de manera que nunca iría tener tiempo para disfrutar su televisión pantalla grande.

  • Un trabajo alienado requiere de un ocio alienado: estar “de ocioso”: apoltronado en el sillón, picando en el celular o haciendo zapping en la televisión, simplemente reparando las fuerzas para el trabajo del día siguiente. El deporte también está enajenado: el foot-ball como espectáculo es jugado por 23 personas; pero en el estadio, es seguido por multitudes, mientras toman su cerveza. La TV aleja al pueblo de la pelota… pero lo mismo sucede con el cine de Hollywood, las telenovelas, la música, etc.
  • Para los antiguos griegos, el objetivo de la vida era la anhelada “ataraxia” o contemplación. Esta era el fin de la vida; Pero Aristóteles era conciente de que un filósofo tenía que realizar muchas otras acciones, además de meditar. A todas esas actividades las llamaban el “nec-otium” -en español el “no-ocio”-; pero para la sociedad mercantil moderna, el necotium” (negocio) es el fin buscado en sí mismo, y el “otium” es sólo la necesidad requerida para seguir en el “negocio”. La separación entre “otium” y “nec-otium” comenzó ya en el feudalismo, entre la clase nobles y la clase de los “siervos”, de ahí las actividades “liberales” (hacer música, practicar un torneo, etc.) y las actividades “serviles” (cultivar la tierra, artesanía). Incluso en la Iglesia actual, los domingos siguen prohibiéndose las actividades “serviles”; pero no las “liberales”: una reivindicación para las clases trabajadoras fue el “séptimo día”: el domingo, que es “Día del Señor” (en la creación, Dios descansó el “Séptimo Día”), Él nos regala su día, para que sea “día festivo”, no tanto para “holgar”, sino para pasear con la familia, comer con los abuelos, leer un buen libro, practicar algún deporte, pasear, dedicarse un arte, etc…. ¡y además, nos lo pagan! Con el capitalismo, la “ética protestante” (Weber), invierte nuevamente los términos: para la clase empresarial, el trabajo y el ahorro se convierten nuevamente en virtudes; mientras que la religiosidad popular católica disfruta y despilfarra ahorros en sus fiestas patronales.

El desempleo

  • Este problema alcanza hoy proporciones alarmantes. Ante la industrialización, lo justo sería que todos nos repartiéramos por igual “ocio” y “negocio”, y todos saldríamos ganando. Jean Fourastié, en su magnífico libro “Les 40,000 heures”, [8] de las 700,000 horas que duraba entonces la vida, gracias a la automatización, sólo trabajaremos 40,000 horas… y planteaba a los sociólogos los problemas de cómo ocupar el tiempo libre. Sin embargo, la introyección del consumismo nos hace trabajar más y más, ya no para satisfacer necesidades básicas, sino para adquirir simbólicos objetos suntuarios o pretensiones aspiracionistas. Más aún, Henri Lefevre muestra cómo el capital aprovecha el no-trabajo de manera novedosa:

“La burguesía capta para su uso la automatización (que posibilita el no trabajo). No amplía los ocios, sino que los subordina a la plusvalía, por el sesgo de la industrialización y comercialización de las diversiones y de sus espacios. Esteriliza, al consagrar el no-trabajo para el ocio, para su capacidad creativa. La revuelta sintomática de las comunas hippies, reivindicando el no trabajo, queda marginal. Llega el momento en que la burguesía mantendrá el trabajo en los países industriales, en vez de dejar aparecer el no-trabajo. Resulta que los espacios de trabajo, de no trabajo y de ocio se embrollan en el espacio mundial de una manera paradójicamente nueva, que apenas comienza a tomar forma”.[9]

  • El trabajo, además de ser un medio para obtener remuneración económica y de ganarse la subsistencia, es un medio de realización para el ser humano y una fuente de satisfacción. Lo ideal sería encontrar una forma de trabajo para nuestros gustos y aptitudes. Esto, en principio, está en las posibilidades de la burguesía; pero el “decoro” o la “dignidad” suelen frustrarlo: al hijo junior de un empresario le encanta la mecánica y quisiera trabajar en esto toda su vida; pero su padre lo “guía” y lo frustra -“Bueno. Te enviaré a una buena escuela para que seas ingeniero mecánico”-
  • Theilard de Chardin propugnaba el equilibrio de las actividades y las pasividades. No descuidar la contemplación al valorar el trabajo. Sería un buen consejo tanto para los apasionados militantes activistas, como para los intimistas pentecostales dedicados a la contemplación pura. Los xipitecas recuperaron el ocio creativo; pero no previeron cómo asegurar su subsistencia.
  • EL HOMBRE NUEVO
  •     El hipismo tiene su antropología propia. Se les tilda de desadaptados sociales; pero si -volviendo a Fromm- la sociedad está enferma, más que adaptar a los jóvenes a nuestra sociedad, hay que adaptar la sociedad a una nueva humanidad. Los “xipitecas” hablaron mucho de “enajenación”, por lo que habrá que recordar a quien habló sabiamente sobre “enajenación” y “desenajenación”: Martín Heidegger. Todo ser vivo “perece”; pero sólo el ser humano “muere”, y la diferencia entre perecer y morir estriba en que sólo él sabe que va a morir, de ahí que denomine al humano (Dassein) como “ser-para-la-muerte”. El pensamiento de la muerte provoca angustia, y esto resulta insoportable. Por tanto, para adormecer la angustia, el humano se sumerge en la “enajenación” (“anda de aquí para allá, curioseándolo todo, chismeando, viajando, comprando”). Pero cuando, por alguna razón, tiene que afrontar su propia muerte, esto lo desenajena y adquiere autenticidad.
  • Los hippies, al “desinstalarse” culturalmente y construir su “protesta contracultural”, se colocaron desde el “antisistema”, y así también ellos adquirieron autenticidad y libertad de crítica, y esto llevó a proponer una antropología, expresada en unos cuantos axiomas:
  1. “Sé tú mismo” “Haz lo tuyo”: Posibilitar que le persona se manifiesta en lo que es, en lo que realmente quiera hacer; liberándose de convencionalismos o tabúes, y oponiéndose al colectivismo despersonalizante. No es casual que esta nueva actitud se haya gestado precisamente en Estados Unidos, donde se da el culto al individualismo y donde la organización es más asfixiante. La paradoja es que mientras se sigue predicando allá la “ética protestante” del capitalismo y sus valores concomitantes de ahorro y frugalidad, es allí donde la sociedad del consumo se vuelve despilfarro, y donde la publicidad es la base de la vida social.
  2. “Let it be” (“Déjalo ser”): Dejar ser a la propia individualidad; a los propios deseos y objetivos: aunque tenga como límite el respeto a los demás: ¡Dejar ser a los otros! El movimiento hippie nunca fue monolítico, sino que, bajo ciertos rasgos comunes, había una gran diversidad de expresiones. No se admitían líderes, ni consignas: cada cual “tira su onda” y “sigue su patín”. En el seno de la misma comuna pueden coexistir las religiones más exóticas, las dietas alimenticias más variadas y las actitudes de vida más disímiles.
  3. “Be here now”, “vive el momento presente”. Estar en el “aquí y el ahora”, importante para la salud y para el drogado. Cuando se veía a alguien demasiado “clavado”, otro le decía “¡Cámara!”, “¡Atención”! Aldous Huxley, además de su famoso libro “Un mundo feliz” (una sociedad enajenada, en la que se administraba a todos una droga inocua, para controlarlos, escribió otro, menos conocido –“La Isla”-, un lugar utópico, regido por un sultán sabio, en la que había una parvada de loros que no dejaban d repetir “¡Aquí y ahora!”. “El pasado ya no existe, el futuro ya se fue”, lo único que queda es el presente. El “fresa”, vive el pasado en recuerdos y remordimientos, sumido en la culpa, o bien, ansioso por el porvenir, con sus “pre-ocupaciones” por sus posibles temores futuros, hasta el extremo de perder el momento presente, que es lo único que tiene, o como se decía de los “fresas”: “Andan siempre muy acelerados”. Es el mismo principio del Zen oriental. También el dicho por Jesús: “no se preocupen sobre el qué comerán o qué vestirán… las aves del cielo ni tienen graneros, y los lirios del campo se visten mejor que Salomón”.
  4. “Todos somos uno”: Se suele hablar del individualismo hippie, como aquellos a quienes no les importan los demás, pues lo que ellos quieren es que le “dejen ser” y que no se metan con él. Esto sigue siendo el individualismo en el que fuimos educados (el egoísmo competitivo y explotador). Pero este egoísmo, que es nuestro “karma”, se supera por el amor a los demás: “todos somos Uno”, puede equivaler al “Ego” del panteísmo monista oriental, profesado por muchos de ellos. Los más conocdores pregonan que la diversidad es sólo apariencia, y que todos formamos una unidad metafísica (“Tú eres yo”). El verdadero comunitarismo es cambiar una sola letra: “los-otros” en “nosotros”.
  5. La comunalidad: La forma comunal de vida tiene ya su historia y cuenta con experiencias valiosas en muchas partes del mundo. Incluso tienen publicaciones que sirven de enlace entre ellos. En México tuvimos la fortuna de tener en Cuernavaca al genial Iván Illich, que propuso la “Sociedad Convivial” o “convivencial”: una red de comunidades, no muy grandes, que gesta formas nuevas de aprendizaje, con mayor autonomía, relacionadas con otras similares, suprimiendo el dinero y operando mediante el trueque de productos y servicios. El ambiente que se crea es muy favorable al aprendizaje. Tuvieron algunos encuentros en lugares secretos para evitar la publicidad o presencia de huéspedes no deseables. En México también tuvimos algunas comunas: las más conocidas fueron en Acopilco (DF), Perote (Ver), Etla (Oax), Banderillas (Ver). En ellas, había mucho trabajo, desde la ordeña de las vacas, la elaboración de quesos, el cuidado del huerto, la elaboración de adobes, para las casitas que ellos mismos construyeron, la educación de los niños, etc. Por supuesto, tales “comunas” propician una especie de turismo, con las consiguientes cargas, como el parasitismo, el “aplatanamiento” (holganza), ocasión de problemas con los vecinos del pueblo, el hacinamiento, la promiscuidad, etc. 
  6. “Si me gusta, lo haré”: ¿Cómo era la sexualidad hippie? Stuart Hall les llama “polimorfos perversos”, denotando a la vez candor y libertad. En la rock-ópera “Hair”, la canción “kamasutra” alentaba a la libertad sexual total, invitando a una “orgía sagrada” y a no tener miedo a las palabras que denotan perversiones “tabú”. El hipismo parece una reacción a la adormilada clase media norteamericana, en la que el trabajo, el poder, el deseo de lucro… reprimen las tendencias centrífugas (erótica). Los “xipitecas” fueron bastante desinhibidos: el hacinamiento, el ver al cuerpo sin morbo, los baños desnudos en el río de Huautla o en la playa de Cipolite, el movimiento nudista, la sensualidad no genitalizada (el film “Joe” contrasta el coito compulsivo del personaje -un padre que busca a su hija en los ambientes hippies-, con las parejas del mismo local, que saborean las largas caricias sensuales que lo anteceden). En el extraño mundo hippie, había un número notablemente inferior de mujeres, lo que les daba mayor poder y cuidaban menos de su apariencia (dejar de pintarse, no usar brasier, la cómoda maxifalda). Los hippies coincidieron con los propagadores de la “revolución sexual” de los años sesenta (Herbert Marcuse, Wilhelm Reich, Simone de Beauvoir, etc,): si Freud, en su libro “Malestar de la Cultura”, había dicho que la civilización sólo fue posible gracias a la inhibición de la sexualidad, Marcuse observaba que ahora, la civilización había alcanzado un desarrollo tal que ya no necesitaba de inhibiciones.

EL DESAFÍO DE LA NO POLÍTICA

Lo que distinguió las protestas “revolucionaria” y “contracultural” fue su actitud hacia la política. Los hippies se presentaron como un movimiento de disidencia social; pero su repugnancia hacia la política “revolucionaria”, los llevó a una protesta asimilable y funcional a la burguesía. Alguien comparó su protesta al fuego pirotécnico, que brilla tan sólo el instante, para apagarse de inmediato. No creo que fuese sólo esto; pero sí, la despolitización fue causa de su vulnerabilidad. Sus precursores “beats” sostuvieron originalmente una fuerte denuncia. Testigos y víctimas de la guerra de Vietnam, desenmascararon al “Establishment”, dejando que el rostro del Tío Sam exhibiera toda su fealdad: la complicidad de Estados Unidos con el fascismo latinoamericano, los escándalos internos (el “Watergate”), la indiferencia hacia el Tercer Mundo, sin importarles que allá los pobres perezcan por millones, con tal que sus élites continúen con su irresponsable nivel de vida. Sí, es verdad, hubo revueltas en las universidades de Berkeley y California; pero, a fin de cuentas, no se ganó nada… Se produjeron muchas “canciones de protesta”-Bob Dylan, Jean Baez, Peter, Paul and Mary-; pero las radiodifusoras aprendieron que podían transmitir algunas de esas canciones, ya que, llegando al público “en paquete”, se neutralizaban. En 1967, el célebre boxeador Mohamed Alí (Cassius Clay) quemó su cartilla militar protestado contra la guerra de Vietnam: un valioso testimonio personal; pero socialmente, no sirvió de nada.

A los “hijos” de la “beat generation” -los hippies- sólo les quedaba un camino: “zafarse” del “Sistema”. Durante el movimiento estudiantil del 68, mientras los de la “protesta revolucionaria” se enfrentaban a los tanques con adoquines, las chicas de la “protesta contracultural”, en el Parque Hundido, reglaban flores a los soldados. Ambas protestas clasemedieras, por falta de politización, pecaban de una ingenuidad parecida: la justicia y la paz, ciertamente, no serían traídas por las estrellas zodiacales (la “Era de Acuario”); pero tampoco se podía tomar el poder político sólo a base de marchas; aunque pusieran la bandera comunista en el asta de la bandera. Algunos pensaban que las drogas sicoactivas facilitarían la toma de conciencia: Jim Morris pudo cantar: “Ellos tienen los fusiles, nosotros tenemos los números; ellos tienen los fusiles, nosotros tenemos la mota”; pero Country Joe and The Fish le respondió: “Si llevar el pelo largo y fumar marihuana es hacer la revolución, ya estuvo que ganamos. ¿Y qué? ¿Es el mundo mejor que como estaba antes? Tal vez en los inicios del movimiento había cierta esperanza; pero ante la despolitización y el fracaso de sus acciones espontaneístas, vino la desmoralización. Los hippies, contestatarios del “Sistema”, finalmente le hicieron el juego.

La droga actualmente:

  • A los inicios de los años sesenta había mucho desconocimiento, incluso de las autoridades sanitarias, acerca de la marihuana; pocos conocían el Informe La Guardia y los estudios de la prestigiosa revista “Science” (menos errores de manejo de autos que los alcohólicos, adicción más sicológica que somática, etc) y se equiparaba la marihuana a las drogas heroicas, que el cuerpo de los adictos necesitaba, por lo que podían llegar a cometen delitos con tal de adquirir su sustancia. Los hippies manejaban mejor información. Ellos desconocían el trasfondo del narcotráfico. Su “conecte” (dealer) era tal vez un amigo que iba periódicamente a Oaxaca a comprar un buen “guato” y lo traía tranquilamente en autobús, o un sujeto que, sentado en la banqueta, con un silbido aspirante ofrecía su mercancía (se encontró marihuana sembrada en pleno Paseo de la Reforma).
  • Estudios recientes de la marihuana revelan que esta droga no es tan inicua como se pensaba (efectos a largo plazo en la memoria). Por otra parte, el crimen organizado se ha vuelto muy poderoso: los cárteles no son ya pequeñas organizaciones locales; se han fortalecido mucho y son verdaderas empresas. El CJNG, p.ej., posee un armamentismo similar al del ejército, cuenta con sofisticada labor de inteligencia y espionaje; concierta alianzas poderosas con sectores del empresariado, de la política, del medio académico profesional e incluso, mantienen contacto con miembros de la jerarquía católica o evangélica y han logrado infiltrar elementos en las fuerzas armadas (al menos a nivel municipal); cuenta con campos de entrenamiento y exterminio conocidos por la población local, sus redes se extienden a varios países, reciben  entrenamiento militar, sus pertrechos en armas y tecnología son sumamente sofisticados, comprados, con licencia, en Estados Unidos… de modo que son prácticamente ejércitos contrapuestos.
  • El Gobierno, por su parte, ha aprendido en estos años los inconvenientes del ataque frontal, en las calles, a las organizaciones criminales; que se requiere honestidad y del combate a la impunidad y la corrupción. Actualmente contamos con un Gobierno más honesto y eficaz, cuyas tácticas son, primeramente, la atención a las causas, poniendo escuelas y puestos de trabajo, sobre todo, en aquellos lugares donde haya juventud pobre y ambiciosa susceptible de ser reclutada; se potencia la investigación financiera, los recursos de vanguardia en la tecnología, revisión constante entre las fuerzas armadas y relación entre las fiscalías a nivel de entidades estatales y federales.

SINTONIZÁNDOSE CON LA DIMENSIÓN DIVINA

  • En mi parroquia veía a muchachos devotos, con su crucifijo, biblia, flores… y sus ojos inyectados. No era una simple pose. Pero había que discernir si su dios era el Dios de la Biblia o un ídolo de su fantasía eufórica.
  • Algunos estudiosos, como Phillipe di Felice (“Venenos sagrados, embriagueces divinas”) o Aldous Huxley (“Cielo e Infierno”) constataban que las drogas sicoactivas, al disminuir la ración de azúcar en el cerebro restringen las funciones de la razón lógica, lo que se traduce en expansión de la consciencia trascendental, y también, a fenómenos seudo místicos semejantes a los que se consiguen con ayunos, repetición monótona de letanías, posturas, vitrales de colores, candiles, velas, etc. Es la pulsión ancestral hacia lo “numénico” (los “númenes”) que tanto ha contribuido a la humanización.
  •     El racionalismo moderno (la secularización), conciente de que el pensamiento mágico está en contradicción con el espíritu científico. “La infancia de la humanidad”, había llamado Freud al primer “estadio” comtiano; peroechó por la borda a sus dioses, como aquel que arrojó el agua puerca de la bañera, pero…¡con todo y niño! Está bien detectar las alucinaciones como falsedades y recelar de supuestas “apariciones” “milagros”, “posesiones” “brujerías”, “misterio”; pero no toda religión se reduce al “maravillosismo”. La recomendación de San Juan de la Cruz era el “discernimiento de espíritus”, pues “el Ángel de la Perdición suele disfrazarse de Ángel de la Luz” (si el demonio se presentara en su horribilidad y apestando a azufre entre llamas, huiríamos de él).
  • Los “xipitecas” fueron rituales (la danza en torno al fuego, el círculo mágico de los comuneros, etc.). Presento algunos ritos nupciales:
    • En un pueblo cercano a la CDMX, casé una pareja: en el coro, un órgano y flautas; el novio había e confeccionado su propio traje de manta, y la novia, descalza, con vestido también de manta, llevaba un ramo de azucenas. Más tarde, me di cuenta de que no tenían clara su conciencia del sacramento del matrimonio, por lo que, cuando me solicitaban casarlos, les proponía como alternativa crear juntos alguna paraliturgia y tener así su propio rito:
    • Allá por La Marqueza (“El Valle de las Monjas”), en el suelo, marcada una estrella esotérica, la Biblia al centro y a su entorno, los cuatro elementos (el agua en un vaso, el fuego de la veladora, el aire del incienso y una roca de la tierra). Después del rito (entre flautas y guitarras), los novios echaron a volar un par de palomas y después. todos nos deleitamos con una rica comida vegetariana.
    • En una capilla masónica –“La Casa del Sol”- con vitrales de colores y figuras anticristianas, tuvieron lugar otros esponsales. Sobre el altar, en la zalea de un cordero, con muchos cirios y una hornilla de fuego, había una copa de vino y otra de agua; al tiempo que en la alberca había lirios flotantes con sendas veladoras. Cada uno de los novios llevaba bordado su respectivo signo zodiacal. Se repartieron a los asistentes, un cascabel, una varita de incienso y una vela; al final, con un lazo formado de cascabeles, se enlazó a los novios.
  • Deslindándose de las exterioridades con que la cultura moderna nos rodea, los “xipitecas” se replegaron en la vida interior; pero ésta es lo mismo que la vida espiritual. Los hippies tenían mucha vida interior (la droga los “clava” en sí mismos), practicaban la “meditación trascendental Zen” y otras prácticas orientales; eran “religiosos” en el sentido propio del término; pero no fueron verdaderamente “místicos”, y una mística errada lleva a la fuga dionisíaca. “Dionisos -dice Jean Brun- adorado como el Dios de la Liberación, es en realidad el ídolo de la fuga”; el dios de los beodos; el dios de la danza, del éxtasis, del erotismo… Los “xipitecas” miraron hacia Oriente: las túnicas, el incienso; pero, sobre todo, la mística budista, con su monismo fatalista y determinista (como lo es el zodiaco). Fusionarse todos con el Todo, suprimir los deseos y combatir el Ego (parte del “karma”, el mal que hay en nosotros, quizás fruto de reencarnaciones anteriores).En cambio, la mística cristiana es personalizante; su éxtasis no tiene que ver con las visiones, y trata de la inmersión en Dios, para formar con Él una unidad, sin que desaparezca nuestra persona.
  •    En septiembre de 1971, el Papa Pablo VI se refirió al consumo de droga entre jóvenes con deseos de vida interior, de esta manera: Se trata de un hecho que conmueve profundamente el espíritu humano y pone en peligro esa delicadísima sensibilidad ante el misterioso influjo interior del Espíritu divino, a la que están destinados los Carismas, los Dones y los Frutos de la Gracia, de los que habla San Pablo. La economía del Evangelio, orientada por completo a despertar y dilatar el reino interior del espíritu, se opone diametralmente a todas las anomalías artificiales de la sensibilidad y sicología humana; la “ebrietas” provocada por cualquier clase de intemperancia que arrebate al hombre el dominio racional de sí mismo, se encuentra en el polo opuesto de esa otra “ebrietas” que inunda al hombre en comunión con Dios, al aumentar la íntima experiencia espiritual. A ella se refiere San Ambrosio en una de sus poesías: “Laeti bibamus sobriam ebrietatem spiritus” (Himno de Laudes).

[1] Olioluqui (“turbina corymbosa”) es “una enredadera grande y leñosa de la familia de las convolvuláceas, con flores vistosas en forma de campana, utilizada por varias culturas por sus propiedades medicinales y alucinógenas” (Wikipedia)

[2] “Jesus Christ Superstar, con música de Andrew Lloyd Webber y letras de Tim Rice, estrenada en Broadway en 1971.

[3] RODRÍGUEZ, Alberto: “En el Jardín del Edén: Armando Molina y el rock mexicano”, BetoCronopio2025, México.

[4] GOFFMAN, Erving: “Internados: Ensayo sobre la situación social de los enfermos mentales”. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1972

[5] Rockópera “Hair” 1968: letra de Gerome Ragni y James Rado. Música por Galt MacDermot. 

[6] Por cierto, me parece que se está dando una tendencia entre jovencitos, casi adolescentes, que en ruptura generacional con los jóvenes de los noventa (la moda del pelo “a rape”), parecen regresar al pelo ligeramente largo y enrizado, que combinan con una camisa negra.

[7] Cuando aquí se habla del “Sistema”, me refiero a lo que ellos traducen del “Stablishment” (con mayúscula), es decir, lo establecido, lo normado, la cultura hegemónica imperante.

[8] Ed. Gonthier, Paris, 1965.

[9] “El pensamiento marxista y la ciudad. Ed. Extemporáneos, México, 1973, penúltima página.

LA VIRGEN DE GUADALUPE. INCULTURACIÓN, LEGITIMACIÓN, MARAVILLOSISMO

ENRIQUE Marroquín

EL CONTEXTO HISTÓRICO

Cuando llegaron los españoles, el territorio correspondiente al México actual estaba habitado por un mosaico de más de 600 grupos indígenas que hablaban unas 80 lenguas, pertenecientes a unas cuantas grandes familias étnicas. América del Norte -hasta la actual laguna de Chapala, en Jalisco- estaba habitada por bandas de nómadas de cazadores y recolectores, burdamente considerados como «apaches». Al sur de esta frontera natural, llegando hasta Nicaragua, se encuentra Mesoamérica -según la clasificación ,de Kirchner-, con algunos núcleos urbanos que podían concentrar a miles de habitantes; si bien la mayoría de la población vivía en pequeños poblados. Fue en estos asentamientos donde se desarrollaron las grandes civilizaciones, aztecas, mayas y mixteco-zapotecas, que tienen en común algunas pautas culturales.

LA FUENTE: EL “NICAN MOPOHUA”

La fuente que narra los hechos guadalupanos es el “Nican Mopohua” (“aquí se cuentan…”), el texto más antiguo y detallado. Según el historiador novohispano Carlos de Sigüenza y Góngora («Piedad heroica de Don Fernando Cortés»), quien goza del consenso de todos los investigadores, su autor es el indígena Antonio Valeriana, natural de Atzcapozalco, quien lo escribió en papel de masa de maguey, entre 20 y 30 años después de 1531 (fecha de las apariciones). Según el testimonio de Fray Bernardino de Sahagún, Valeriana era «el principal y más sabio» de sus discípulos y destacaba en letras. El escrito fue publicado por primera vez en 1649 por el bachiller Luis Lasso de la Vega, quien lo utilizó como base de su escrito «Huey tlamahuizoltica «, y según los análisis de León Portilla, posee un t:stilo y un pensamiento auténticamente indígena. Sigüenza y Góngora afirmó bajo juramento que lo halló entre los papeles de Fernando de Alva Ixtli.xóchitl, descendiente directo del rey de Acolhuacán, quien le hizo algunos añadidos y lo tradujo al español. Antes de morir Sigüenza y Góngora, legó sus documentos en herencia a los padres jesuitas, quienes los cedieron al Colegio de San Pedro y San Pablo en la ciudad de México. El insigne historiador, anticuario y cronista de las culturas indígenas, D. Lorenzo Boturini, a principios del siglo XVHI, recopiló numerosos documentos indígenas antiguos en su Catálogo del Museo Indiano, incluyendo el de Antonio Valeriano. En el último tercio del siglo XVIII el nahuatlato Joseph Julián Ramírez hizo una traducción de esta obra, afirmando que había pertenecido a Lorenzo Boturini. A fines del siglo XVIII, dicha traducción se hallaba en la Real Universidad de México, de donde alguien lo vendió al coleccionista José Fernández Ramírez, siendo finalmente adquirido por la Biblioteca Pública de Nueva York.[4]

HISTORICIDAD DEL RELATO

Es muy conocido el relato de las apariciones guadalupanas narrado por el Nican Mopohua: El 9 de diciembre de 1531, Juan Diego, un indio originario de Cuauhtitlán, muy de mañana caminaba hacia Tlaltelolco para oír misa y asistir a la catequesis, y al pasar por el cerro del Tepeyac, escuchó un bello coro de pajarillos que le atraía. Entonces se encontró con una mujer, quien le reveló ser la Virgen María, y le dio como encomienda, convencer al obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, que le construyera un templo en ese lugar. El indio tuvo problemas para entrevistarse con el obispo, quien, cuando por fin lo vio Juan Diego, se mostró razonablemente escéptico. Para colmo, su tío Juan Bernardino enfermó, por lo que Juan Diego intentó, en vano, evitar a la Señora. Ella le salió al encuentro, asegurándole que su tío ya estaba curado, y como Juan Diego le mencionara la Incredulidad del obispo, quien le pedía una señal de la veracidad de la aparición, la Virgen le puso unas rosas «de Castilla» en su «ayate»,[5] mismas que el vidente llevó al obispo, y cuando el indio extendió su manto, apareció estampada en él la imagen mariana.

Las apariciones marianas no pertenecen al contenido de la fe, ya que se consideran “revelaciones privadas”. En cambio, la existencia de Juan Diego ya no cuestionable, puesto que la canonización de un santo compromete la infalibilidad papal. Desde luego, por tratarse de «apariciones»‘, no son posibles pruebas históricas directas; pero en torno a los elementos indirectos, ha existido un largo debate, entre «aparicionistas» y «antiaparicionistas». Algunas inconsistencias históricas son las siguientes:

-En primer lugar está el silencio de Zumárraga, el destinatario de la imagen. Llama la atención que en ninguno de sus escritos, ni siquiera en su testamento, haga ninguna alusión a estas apariciones o a la imagen, que supuestamente tuvieron tanta importancia. Al parecer, el primer testimonio que habla sobre la Virgen de Guadalupe fue negativo: Fray Francisco de Bustamante, Provincial de los franciscanos, en un sermón pronunciado el 8 de septiembre de 1556, advirtió sobre la sospecha de idolatría en dicho culto.[6] Como erasmiano, al franciscano le molestaba que este culto contradijera la insistente predicación que se hacía a los naturales contra las imágenes idolátricas. No fue sino hasta 1648, cuando el bachiller mexicano Miguel Sánchez publicó «Imagen de la Virgen Ma­ ría Madre de Dios de Guadalupe, milagrosamente aparecida en México» que se menciona la veracidad de las apariciones.[7]

-Según varios testimonios (entre ellos, de Torquemada), desde antiguo, en el cerro de Tepeyac (o Tepeacac) se rendía culto a la diosa, Tonantzin, “Nuestra Madrecita” (que algunos identificaban con Cihualcóatl, diosa de primer rango). Los misioneros, por insistencia de Sahagún, temían que los indios introdujeran sus antiguas prácticas bajo disfraz cristiano, de dónde las sospechas de la devoción guadalupana.

-El nombre mismo de “Guadalupe” resulta también un indicador. Los lingüistas analizan la etimología del nombre, homónimo de la imagen extremeña. Allá, por influencia árabe, el prefijo árabe «guad», en la toponimia hispana, hace referencia al agua o río (Guadalquivir). Pareciera extraño que combinara con el sufijo «lupus» (lobo), del latín clásico, por lo que con el artículo «al», unido al sufijo «upe» (escondido), podría significar “río encajonado”.[8] La referencia a la «morena» Guadalupe extremeña puede revelar algo. Según las crónicas primitivas del santuario español,[9] la Virgen extremeña -se apareció a un pastor que guardaba vacas, mandándole que llamase a los clérigos y escarbasen en dicho lugar, donde encontraron la imagen. Se trata de un esquema no extraño para los españoles, pues era bastante común en aquel tiempo (y que se repite posteriormente, por ejemplo, en Fátima): Durante la invasión árabe a la Península, los lugareños de varios pueblos ocultaron sus imágenes religiosas enterrándolas u ocultándolas en cuevas o troncos de árboles huecos, etc. Con el tiempo, se fueron olvidando las imágenes, permaneciendo vagamente, eh el inconsciente colectivo, cierta sacralidad del lugar donde habían sido escondidas. Cuando vino la pacificación, después de ocho siglos de guerra de Reconquista, sucedía que algunos pastorcillos encontraban dichas imágenes, atribuyendo tales hallazgos al poder de las imágenes mismas. También en la Nueva España sucedía que personas sencillas encontraban imágenes en lugares ocultos, acaso como estrategia evangelizadora de los misioneros (existen varias leyendas, como la del Señor de Chalma, la Virgen de la Soledad, etc.).

A algunos historiadores les parece poco probable que Juan Diego fuese corriendo aquella mañana para pasar lista de asistencia a la misa y doctrina en Tlaltelelco, ya que en Cuahutitlán había convento. Además, para hacer este recorrido s habría tenido que dar un rodeo para pasar por el cerro de Tepeyac. Es posible que el indio no viviera en Cuauhtitlán, sino en otro poblado, como Tulpetlac.

Con motivo de la beatificación de Juan Diego, realizada por el Papa Juan Pablo II el 6 de mayo de 1990, se dio un intenso debate sobre su existencia real, contra quienes lo consideraban un mero símbolo religioso. El principal impugnador de su existencia -que le costó su destitución como abad de la Basílica- fue Mons. Guillermo Schulemburg quien estuvo al frente del Centro de Estudios Guadalupanos durante 33 años y que fuera apoyado por el canonista Carlos Wahrnolz y el historiador P. Manuel Olimón.[10] La investigación realizada para fines de la canonización adujo varias pruebas sobre su existencia: (1) se halló el testimonio de 18 testigos que afirmaban haber escuchado de sus padres ·sobre las apariciones y mencionaban a Juan Diego. (2) Excavaciones arqueológicas encontraron, debajo de una capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe cerca del convento de Cuauhtitlán, ruinas de casa prehispánica con una capilla adjunta, que probablemente fuera la casa Juan Diego. (3) En un testamento de 1559, la testadora, originaria del pueblo de San Buenaventura, aledaño a Cuauhtitlán, del barrio de San José Milla, afirma «aquí se crió el Mancebo Juan Diego», dejando el terreno a la Virgen de Guadalupe.

Yo le pregunté al reconocido historiador J. Lafaye su opinión, y me respondió asegurando la existencia, no de uno, sino de muchos «juandiegos». Hay que recordar que los bautizos al principio de la Colonia eran masivos y por aspersión, todos los varones llevaban el nombre del padrino (español) y las mujeres, el de la madrina. «Diego» era nombre frecuente (es una derivación de “San-tiago”, “San-Yago”, San-Diego). De hecho, en el mencionado testamento de Cuauhtitlán, se habla de cinco personas con el nombre de Juan Diego, que los aparicionistas interpretan como signos de devoción al actual santo. Entre los varios posibles Juan Diegos que en esos años eran oriundos de Cuautitlán, se eligió a Juan Diego Cuauhtlatoatzin (“el águila que habla”), quien tenía fama de piadoso. El inconveniente es que dicho «Juan Diego» no cuadra con el supuesto «macebual» (los estratos más bajos del mundo indígena), que aparece en el relato, sino alguien con más solvencia económica, propietario de un taller. Para más, se eligió como iconografía oficial un cuadro de Miguel Cabrera, máximo exponente de la pintura barroca del virreinato en el siglo XVIII, quién pintó al indio vidente con rasgos que más parecen españoles. El caso es que la devoción a San Juan Diego no prendió entre el pueblo, como se esperaba.

LA IMAGEN

Desde el punto de vista artístico, la imagen de la Virgen de Guadalupe es muy ella. Cumple con los cánones estéticos de este estilo. Pintada sobre el burdo tejido de un ayate formado por dos trozos unidos, la cara inclinada de la Virgen elude la costura. Hay algunos elementos (la corona, los rayos solares que la circundan, etc.) que se están borrando, lo que indica fueron pintadas posteriormente. Sobre la autoría de la imagen, es algo seguro que no fue obra de ningún español.[11] Lo más significativo es que la imagen constituye un auténtico códice indio, que sólo puede ser descifrado con un conocimiento profundo de la cultura azteca. Por ejemplo, el pañuelo negro en el cinto del vientre significaría la maternidad de la doncella, y sus extremos trapezoidales, el fin de un ciclo y nacimiento de una nueva era. Sobre el vestido parece haber un sutil encaje en el que aparecen los glifos toponímicos de Tepeyacac (o “Tepeacac” = “en la nariz del cerro”).

Entre esos dibujos, destaca una florecilla de cuatro pétalos en el vientre de la Virgen. El dibujo no es otro que el símbolo más sagrado de aquella cultura: el “Ollín”, símbolo que hace referencia a la creación del quinto Sol y que significa a la divinidad, que trasciende todo nombre. Vincula el tiempo y el espacio, y según los estudiosos, es el signo más profundo de la filosofía mexica que remonta hasta Quetzalcóatl mismo.[12] Compendia toda la cosmología mexica, centrada en “la permanencia en el movimiento”. Se basa en dos explicaciones astronómicas. La primera se refiere a las posiciones del sol en su recorrido por el firmamento durante los solsticios: Trazando dos líneas divergentes -una del lugar por donde el sol sale hasta donde se pone en verano, y otra de donde sale y se pone el sol en invierno-, resulta una cruz, más abierta que la de 90º en torno a un centro. El trazado señala los puntos cardinales, que a diferencia de la Rosa ele los Vientos, no son puntuales, sino más bien “ámbitos” que pueden unirse mediante curvas, lo que dibujaría esa flor de cuatro pétalos en torno al centro. Éste, a su vez, marca otras tres direcciones más -el cielo de arriba, el inframundo de abajo y la tierra- dando como resultado 7 direcciones.[13] La segunda observación astronómica se fija en las estrellas: las constelaciones de la Osa Mayor y la Osa menor, que en el transcurso exacto de un año dan una vuelta entera teniendo como eje al planeta Venus (hoy se sabe que es la Estrella Polar), considerado como punto permanentemente inmóvil.[14]Los astrónomos nahuatls pudieron fijar así las fases de dicha rotación, importante para marcar el calendario agrícola para la siembra y la cosecha. Como en el caso anterior, pueden trazarse dos líneas divergentes entre ambas constelaciones, unidas respectivamente en los tiempos de los equinoccios y los solsticios, formando así una especie de cruz gamada.

Estas alusiones, sólo captadas por alguien que conoce a fondo la cultura náhuatl, también se hallan, como luego veremos, en el «Nican Mopohua». Un ejemplo es la aplicación de esta misma numerología simbólica a la fecha misma de las apariciones de la Virgen: el número de estrellas de la Osa mayor es 7 y el de la Osa menor, 5, que junto al supuesto Planeta Venus suma 13. Ahora bien, mientras que el extenso ámbito cultural indoeuropeo es temario,[15] la estructura mental de América es cuaternaria, derivada de la importancia de los cuatro puntos cardinales y de las cuatro estaciones. Si se multiplica el número 13 de las estrellas guía por 4 (las posiciones durante los solsticios y equinoccios), da 52, que es el siglo mesoamericano. A su vez, multiplicando 52 X 4 da 208. Según interpretaciones del P. José Luis Guerrero, estudioso de la Guadalupana, si de 1531, año el de las Apariciones, retrocedemos 208 años, llegamos a 1323, año de la fundación de Tenochtitlan, y retrocediendo otros 208 años sería supuestamente la fecha de la salida de los aztecas de la mítica Aztlán. Por tanto, ese año auguraba expectativas de algún suceso de la magnitud de los anteriores. Incluso los días mismos: el solsticio de invierno de aquel año era el día del nacimiento del sol, que coincidió con un fenómeno que los astrónomos nativos preveían para esas fechas: la conjunción de Venus con el Sol, que se da cada ocho años y que los mexicas interpretaban como el regreso de Quetzalcóatl y símbolo de plenitud.

Mientras los mencionados signos denotan importantes elementos que pueden interpretarse como ejemplo de una “inculturación» de la nueva religión a la cultura receptora, los “aparicionistas” encuentran otros signos informados por el maravillosismo y que lamentablemente es ahora el aspecto más difundido. El término proviene de la sociología de la religión y se refiere a la tendencia a buscar elementos que no son fácilmente explicables y que connotarían intervenciones milagrosas. Ya desde el siglo XVIII, Miguel Cabrera, analizando la imagen, afirmó que el material de la pintura no es de origen, ni mineral, ni vegetal, ni animal, sino que más bien parece como un estampado.[16] Empero, el elemento curioso más conocido es el de los ojos de la Virgen. Hará unos cincuenta años, amplificando una fotografía de los ojos de la Virgen, alguien había encontrado reflejado, en !a niña del ojo, un rostro humano, que probablemente fuese el de Juan Diego. Posteriormente, en 1979, el Ing. José Aste Tönsmann, del Centro de Estudios Guadalupanos, mediante técnicas en computación, amplificó fotografías del iris de los ojos de la Virgen, en una escala 2,500 veces superior al tamaño real y descubrió, supuestamente, no só1o al vidente, sino toda la escena de la aparición: localizan al obispo, al vidente y a varias personas más, observando incluso elementos muy detallados (como el arete de una india o la correa del huarache, etc.). El asombro es mayor si se toma en cuenta lo burdo del tejido del

“ayate” (de fibra de maguey), En lo personal me parece que a tal nivel de amplificación, las manchas que se ven son las de las fibras, a las que se les puede dar interpretaciones subjetivas, sobre todo si son ayudadas por la eliminación del “ruido” de otras manchas. Otros hablan de las estrellas del manto de la Virgen, que se dice equivaler a la posición que tenían las estrellas en la fecha de las apariciones, sólo que vistas al revés, es decir, como si fuesen miradas desde el Cielo (los diseños de las supuestas constelaciones parecen muy arbitrarios). Otros colocan la imagen sobre un mapa de determinado tamaño de la República Mexicana, que inclinada de cierta manera, hacen coincidir la punta de los glifos del encaje con los volcanes del país. Se habla también de la milagrosa conservación de la tilma, teniendo, sobre todo, en cuenta que durante mucho tiempo estuvo expuesta sin protección, etc. En realidad tales signos, que a muchos impactan, me parecen irrelevantes y opacan lo realmente importante, que es el mensaje.[17]

LA VIRGEN QUE FORJÓ UNA PATRIA[18]

Una unción que cumplen las apariciones marianas en todas partes es el reforzamiento de las «matrias», es decir, la fuerza del clan, apoyando, con su apariencia (inculturada) regional, su identidad étnica. En México tenemos varias de estas imágenes regionales, algunas con su respectiva leyenda fundacional (la Virgen de Juquila para Oaxaca y la de La Soledad en la -capital de dicho Estado; la Virgen de San Juan de los Lagos en Jalisco y la de Zapopan en la capital de dicho Estado, etc.). Sin embargo, la Virgen de Guadalupe se vincula a la constitución de la «patria» mexicana y a la formación de la cultura nacional. Así como las «matrias» se construyen sobre la base de la sangre y de la raza y se remontan hasta las raíces ancestrales, las «patrias» son artificiales y relativamente recientes (en Latinoamérica, los Estados Nación se constituyeron antes que muchos países europeos). El patriotismo es una actitud legítima, que sirve para defensa económica y política del territorio frente al extranjero; pero de ahí surge el nacionalismo, que si bien hunde algunas de sus raíces en el inco11sciente ancestral y síquico, es sobre todo una ideología, más bien conservadora, gestora de la unidad territorial, cultural y lingüística, aglutinando varias etnias vecinas y subordinándolas a la nacionalidad dominante[19]. Las fronteras son trazos artificiales en los mapas (desde el cielo no se notan) y se construyeron como producto de guerras y violencias, frecuentemente por razones de proteccionismo o de seguridad interna. A veces, las fronteras dividen las etnias, tal corno sucede en España con los catalanes y vascos, o en Latino­ américa (en especial, Centroamérica), donde los intereses imperiales pulverizaron territorios sin razón justificante.

En Europa, a principios del siglo XVIII, una vez pasada la sorpresa y admiración iniciales que .siguieron al descubrimiento del Continente, se difundía una concepción denigrante del Nuevo Mundo. Buffon, por ejemplo, criticaba hasta a sus animales mismos, que supuestamente eran más pequeños que los europeos, y lo atribuía a su geografía pantanosa, más propicia para aves y reptiles que para mamífero$: los avestruces -mencionaba a guisa de ejemplo- que tienen dos de­ dos, en ese continente son más pequeños y tienen cuatro (dicho en referencia a los pavos o «guajolotes»). Tal desprecio alcazaba a sus habitantes, supuestamente indolentes, débiles y sensuales, como puede verse, incluso, en la «Filosofía de la Historia» del mismo Hegel.

La composición social de la Nueva España mantenía la segregación racial. Los pobladores vivían separados en «República de Indios» y «República de Españoles», cada una regida por normatividad diferente. En la cúspide de la segunda estaban, obviamente, los «Peninsulares»; pero los criollos, especialmente los clérigos, mantenían la dirigencia en la sociedad novohispana. Los indios tenían también su propia jerarquía: caciques, nobles («pillín») y campesinos («macehuales»). En los estratos más bajos de la Nueva España estaban las «castas» (mestizos, negros, mulatos, choznos, etc.). Los criollos mantenían a principios del siglo XVIII actitudes nostálgicas y resentidas. Se sentían despojados por las nuevas oleadas migratorias de peninsulares, que en la metrópoli .tenían bajo estatus; pero que al llegar pasaban a ocupar los principales cargos civiles y eclesiásticos; mientras que ellos —descendientes de conquistadores— que habían desarrollado la producción local y que con su trabajo sostenían la economía y los recursos que iban hacia In metrópoli, eran relegados. La ideología de los peninsulares denigraba a los criollos, como gente poco confiable, pues —decían— el clima y la geografía había afectado no sólo a los nativos, sino a los criollos mismos .que llevaban más tiempo habitando el lugar. Muchos de los criollos eran hijos «segundones», ya que el primogénito se quedaba en España, encargado del «mayorazgo» hereditario. Estaban preocupados por demostrarles a los «gachupines» (como llamaban despectivamente a los «peninsulares») que ellos, los criollos, eran también capaces de una alta cultura, la cual se desarrollaba, sea en la corte virreinal, sea en los locutorios de los conventos, y ponían como muestras a Sor Juana Inés de la Cruz y a un arte arquitectónico barroco exageradamente recargado. [20] Fue así que se desarrollaba un nacionalismo novohispano, es decir, estaban inventando un país. Entre sus principales ideólogos podemos contar con algunos jesuitas expulsados en dicho siglo, tales como Francisco Javier Alegre y Francisco Javier Clavijero·, así como a Carlos María Bustamante.

En la recopilación realizada en 1615 por Juan de Torquemedad en su Monarqía Indiana, se recuperaba la grandeza del pasado de la antigua civilización azteca. Basándose en esta obra, los criollos del siglo XVIII elevaron a categoría de «clásicos» los héroes indios, reconociéndolos como uno de los principales signos identitarios de su reciente nacionalismo. Pero su principal signo fue la Virgen de Guadalupe, a quien aplicaron las palabras del Salmo que puede leerse todavía en el pórtico de entrada de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe: «Non fecít taliter omni nationi» («no hizo cosa igual con ninguna otra nación»).[21] Sí inicial­ mente, la Guadalupana fue signo de su opción preferente por el indio pobre (la “matria”), ahora se convirtió signo nacionalista del criollo oligarca (la «patria»), El mensaje guadalupano se distorsionaba, haciéndolo patrimonio exc1usivo de un país en beneficio de algunos adinerados. Los indios, destinatarios de la Guadalupana, quedaban fuera. Eran exaltados sus ancestros ilustres, los indios muertos¡ pero a los indios vivos se les explotaba y discriminaba.

El mayor ejemplo de esta controversia lo tenemos en un insigne sermón que cambió la vida de su predicador. Me refiero al célebre sermón predicado el 12 de diciembre de 1794 en la Real Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe por Fray Servando Teresa de Mier, o.p.[22] El dominico era un sacerdote criollo, joven y brillante; aunque de ideología conservadora (había predicado una apología en f!1vor de Hernán Cortez y un sermón contra la decapitación del rey francés Luis XVI); pero tenía fama de buen predicador. Por esto, el Ayuntamiento de la Ciudad de México, compuesto por criollos, le encomendó este importante sermón al que carla año concurría lo más granado de la oligarquía novohispana. Fray Servando entró en contacto con el Lic. Borunda, quien le proporcionó su tesis principal. Su sermón, según cuenta él mismo, fue bien acogido; pero al día siguiente no pudo salir de su celda, pues el obispo Núñez de Haro le mandó poner candado. Quedó suspendido de su ministerio, prohibiéndosele expresamente predicar y oír confesiones, y se le mandó entregar el escrito de su sermón; pero dado que ya no lo tenía, que lo escribiese lo más fielmente posible. Se le castigó con 10 años de destierro a España, y mientras presentaba su defensa, fue recluido en fa prisión de San Juan de Ulúa, en una fortaleza de Veracruz. A nosotros nos podrá parecer un castigo excesivo, aun sin conocer su contenido, cuya tesis principal exponemos a continuación:

El famoso ayate, donde está estampada la imagen mariana, no fue entre­ gado a Juan Diego por la Virgen de Guadalupe. Lo que Ella hizo fue simplemente indicarle al indio· dónde se encontraba oculto, pues no era otra cosa que el manto del apóstol Santo Tomás, primer evangelizador de estas tierras, quien lo recibiera de la Virgen María estando todavía en carne mortal, para que él lo utilizara corno signo en su evangelización. Fray Servando recogía una leyenda en boga entre los criollos, que afirmaba la presencia de este apóstol, recordado bajo la figura, nada menos, que de Quetzalcóatl, el legendario rey-filósofo y creador de la cultura olmeca, quien fuera expulsado por los «brujos» a Yucatán, donde los mayas lo veneraron como Kꞌuꞌukꞌul Kaan. Ante las objeciones de que en tiempo de los apóstoles no se conocía el continente americano, respondían que ellos tenían ciencia infusa; y explicaban su viaje hasta estos lugares de manera similar a cómo un ángel había trasladado al apóstol Felipe hasta Samaria, tomándolo por los cabellos. No había, pues, ningún problema para el traslado de Santo Tomás a esta tierra. El predicador fundamentaba la presencia de un cristianismo prehispánico en la semejanza de algunos ritos y creencias autóctonos con la fe cristiana (v.gr., un ritual de comunión, que sacrificaban a un esclavo con las vestiduras de Huitzillopochtli y luego se lo comían, o al menos, unos panecillos en figura de aves, símbolo del dios). El método argumentativo de Fray Servando es etimológico: » Huitzillopochtli, por ejemplo, se traduciría como «Señor de la espina en el costado», en alusión a Cristo, y que como Él, había nacido sin concurso de varón.[23] Es así como llega a etimologías forzadas. Los censores Uribe y Omaña ridiculizan al predicador: por ejemplo,

«Tomatlán» que para éste era un topónimo que significaría «lugar de Tomás», en realidad significa «lugar de los tomates»…Y le cuestionan, además, porque Quetzalcóatl habría vivido unos 700 años después del apóstol.

En realidad la condena fue más bien política. La tesis central —»la Virgen, viviendo aún en carne mortal, le da a un apóstol un objeto para ayudarlo a la con­ versión de un pueblo—, no es otro esquema que el de la Virgen de Zaragoza: María, viviendo en carne mortal, le entregó al apóstol Santiago un pilar para evangelizar España. Pero políticamente era peligroso, porque si la fe ya se encontraba en estas tierras, los conquistadores perdían legitimidad, cuya justificación era la de haber traído la fe. México sería nada menos que una «iglesia-madre», es decir, fundada por un apóstol… y, entonces, los españoles, carentes de legitimidad, tendrían que retirarse. Ya en España, Fray Servando fue defendido por la Real Academia de Historia, pues según estos historiadores, se trataba de un sacerdote «ilustrado», y el obispo, un integrista crédulo. Los jueces absolvieron al fraile; pero les pareció prudente que i10 regresara a. México sino después de los diez años solicitados por el obispo, y lo enviaron a un convento dominico en Burgos, de frailes ilustrados. Como la sentencia era injusta, Fray Servando se escapó, cruzó la frontera, y en Francia se conectó con el preceptor de Simón Bolívar, convirtiéndose, en el exilio, en el principal ideólogo de la Independencia de México. Se integró con Javier Mina en su expedición a los Estados Unidos, desde donde entraron para apoyar a los insurgentes; pero fue apresado y enviado de nuevo a San Juan de Ulúa. Allí escribió sus memorias, retractándose de su tesis y presentándose como «ilustrado», se volvió antiaparicionista. Entre tanto, el cura Miguel Hidalgo, tomando en Atotonilco como estandarte a la imagen de la Guadalupana, había iniciado la guerra contra los reaalis1as, .cuyo estandarte era la Virgen de los Remedios («la gachupina»). Una vez consumada la Independencia de México, se nombró el primer Congreso Constituyente, y la Provincia de Nuevo León eligió a Fray Servando como su representante, saliendo de la prisión de San Juan de Ulúa para hospedarse en el Palacio Nacional. El Congreso, presidido por la imagen de la Guadalupana, lo recibió con una ovación, y allí defendió, sin estar convencido, la tesis aparicionista, por las mismas razones políticas que el obispo Núñez de Haro las había defendido sin creer en ella.

Además de estar presente en los inicios de la nueva civilización y además de hacerse presente en la Independencia de 1810, la Virgen de Guadalupe ha estado en todos los acontecimientos de la historia de México, siempre del lado . de los oprimidos, por ejemplo, en estampas colocadas, a guisa de altar, en los grandes sombreros zapatistas, durante la Revolución Mexicana de 1910. La devoción a la Virgen de Guadalupe está extendida sobre todo entre los pobres (bajo la advocación de «Reina de México»). Los obreros, el día de su fiesta, piden que se les celebre misa en su fábrica. Sin embargo, las clases hegemónicas consideran el guadalupanismo como un signo de identidad nacional, bajo el título aglutinante de «Madre de todos los mexicanos», que encubre las contradicciones de clase bajo – la ideología nacionalista. La devoción mariana, en los pueblos, se dirige principal­ mente, como ya se dijo, a la imagen regional (la «matria«); pero se va identificando con La Guadalupana en la medida que se va adquiriendo conciencia del «Estado Nacional» y su cultura unificadora (la «patria»). No es extraño que entre los emigrantes mexicanos a los Estados Unidos (los «chicanos»), la Virgen de Guadalupe sea su principal signo de la Raza, a veces estilizada y secularizada en tatuajes o en su arte moderno.

El nacionalismo fue recuperado a principios del siglo XX, después de la Revolución Mexicana, como núcleo .de la ideología hegemónica del actual Partido Revolucionario Institucional (PRI). Una pléyade de intelectuales (Manuel Gamio, Martín Luis Guzmán, Andrés Malina Enríquez, Justo Sierra, Vasconcelos, etc.) fue­ ron hablando sobre «el mexicano»; pero sobre todo a partir de 1930, con la revista «Contemporáneos» dirigida por Samuel Ramos. Con la bendición de Alfonso Reyes y la dirección de Leopoldo Zea, se publicaron una serie de estudios al respecto (Jorge Carrión, José Gaos, Santiago Ramírez y muchos otros). Roger Bartra escribió un estudio que tuvo como «corpus» los principales estudios sobre «el mexicano», concluyendo que los rasgos que supuestamente caracterizan a los mexicanos, más bien <;ar-responden al campesino convertido en subproletariado urbano, e incluso, son los propios de cualquier sector empobrecido. Tales estudios, por tanto, son algo meramente ideológico, carentes de sustento antropológico y obedecieron a los intereses políticos del momento.[24]

El ensayo mejor elaborado y el más difundido entre los de este tipo, es «El Laberinto de la Soledad», escrito con la fina pluma de Octavio Paz. En dicha obra encontramos al capítulo “Los hijos de la Malinche.”[25] Paz parte de una mala palabra. Todas las lenguas tienen palabras impronunciables; pero cada pueblo tiene «su» palabra prohibida, su Mala Palabra, su insulto que no puede ser tolerado. En México, esa palabra es femenina, lo que identifica el hermetismo y opacidad del mexicano con la misteriosa incognoscibilidad de la mujer. Esa palabra es «la chingada«.[26] Se tiene que haber nacido en un ambiente popular de México, o haber pasado muchos años en este país, para comprender su variada polisemia y pluralidad de usos. Pronunciada como insulto, se dirige hacia la madre del «otro» y el mexicano la emplea para afirmarse ante los extranjeros («¡Viva México, hijos de la chingada!»). A diferencia del «hijo de puta», una mujer que voluntariamente se entrega, la «chingada» es una mujer que ha sido violada, por el poder sádico del macho. La última referencia son aquellas indias que fueron violadas por el impulso libidinal de los conquistadores, de cuyo acto nacimos los mexicanos. El prototipo es la «Malinche»: Doña Marina, princesa oriunda de Veracruz que pasó a ser esclava del Señor de Tabasco y fue obsequiada a Cortez, quien además de usarla como su concubina, la aprovechó como traductora e intérprete, por lo que fue vista como traidora[27] (de ahí la denigración del «malinchismo», de quienes prefieren lo extranjero a lo nacional). La figura simbólica de la Madre, para «el mexicano» asume el doble simbolismo, antagónico y complementario: La Malinche y la Virgen de Guadalupe. La primera, se entregó pasivamente a la opresión[28]; la segunda se nos entregó activamente, para protección contra el opresor. Roger Bartra, en su obra mencionada, continúa esta reflexión en su capítulo “A la chingada”, en donde trata de comprender «la peculiar combinación del malinchismo exacerbado y el fanático amor a la Virgen de Guadalupe», en aras de la reconstrucción imaginaria del arque­ tipo mexicano de la mujer. Se trataría del clásico canje de mujeres: los españoles entregaron a la Virgen María y los aztecas, a su diosa Tonantzin. Los primeros mestizos, hijos de padre desconocido y lejano (los mexicanos seríamos un pueblo sin padre), quedan fijados en la madre, que a la vez es la madre purísima y la hembra violada.

Ahora, cuando uno de cada cinco mexicanos ha dejado de ser católico y se ha convertido a los grupos sectarios protestantes, la Virgen de Guadalupe deja de ser ese signo aglutinante del país, ya reconocido como «multiétnico y multicultural». Ahora, cuando los Estados Nación no pueden tomar las principales decisiones y van decayendo en aras de un Estado Global de facto, la Guadalupana ha visto disminuir su función nacionalista; pero no ha dejado de animar a las clases populares en sus reivindicaciones sociales. Es quizás ahora, más que en su origen, cuando cobra relevancia su mensaje, convertido en patrimonio para toda la Iglesia universal.

PERSPECTIVATEOLÓGICA

Más allá del debate entre aparicionistas y antiaparicionis1as; más allá del “maravillosismo” de la imagen; más allá de las ideologías nacionalistas, tenemos un bellísimo texto, joya de la literatura náhuatl y reflejo de su cultura; pero sobre todo, una obra teológica que ilumina el concepto de la evangelización, no en un estilo doctrinal abstracto, sino de teología narrativa. El mensaje guadalupano entronca con la insistente invitación del Papa Francisco hacia un nuevo impulso evangelizador, por lo que meritaría ser reflexionado con profundidad. Afortunadamente tenemos varios estudios en qué apoyarnos, a los cuales me remito.[29] En un análisis semiótico de este discurso teológico, me parece que su estructura puede encuadrarse en el «modelo actancial mítico» propuesto por Greimas, cuyo esquema es el siguiente:[30]

DESTINADOROBJETODESTINATARIO
OPONENTESSUJETOALIADOS

Una aplicación de este esquema lo realiza Vladimir Propp en su obra “los cuentos maravillosos rusos”,[31] que se repite igual en todo su corpus de 100 cuentos. Fijémonos en el siguiente ejemplo: Ante una situación de terror generalizado, el rey (“destinador”’) encomienda a Iván (“sujeto”) la misión de matar al dragón que asolaba la región (“objeto”), para rescatar a la princesa y liberar al pueblo (“destinatario”). En su proeza, Iván se enfrenta con algún rival envidioso («oponentes») y encuentra alguien que le ayuda: una pobre anciana, que en realidad es una maga, quien le da un anillo mágico (“aliado”).

En el relato, la Virgen de Guadalupe (“destinadora”) da a Juan Diego (“sujeto”) la misión de convencer al obispo para que le construya una ermita («objeto»), para desde·allí, ayudar al pueblo indígena victimizado («destinatario»). Los criados del obispo le estorban y sus espías lo denigran (oponentes). La Virgen, para ayudar al mediador en su misión, le da unas flores como señal (aliado). Veamos más detalladamente este esquema en el relato:

Análisis de la realidad.- Como todo proceso evangelizador, se parte de la situación de carencia o necesidad de los evangelizandos (n.3) “A los diez años de conquistada la ciudad de México, yacen ya en tierra la flecha y el escudo, por donde quiera están rendidos los habitantes del lago y del monte.” Evoca el dramático escenario con el que comenzamos este ensayo, de la cual, la Señora del Cielo se compadeció y quiso venir ella misma a iniciar la evangelización de esta  Aquel por quien vivimos, del verdadero Dios, Téotl» (n.4) .

María, la “destínadora” (22). -La iniciativa siempre parte de Dios. Es ti Espíritu quien “mira” la situación opresiva por la que atraviesa su pueblo y decide actuar. En la cultura náhuatl, como dijimos, su imagen paterna de Dios estaba demasiada deformada por los conquistadores. Se requería su imagen materna, amorosa y protectora, que es asumida por María. Ella, al engendrar a Jesús, se halla presente en todo proceso evangelizador, conduciéndonos hacia su hijo. “Su ropa parecía sol y echaba rayos” (17), en alusión a la Mujer del Apocalipsis. Al manifestarse, como acto inicial, un ser sobrenatural se presenta dando a conocer su nombre (como Yahvé a Moisés). La Señora que sale al encuentro del indio se le presentó: «Soy la madre de Téotl Ipalnemohuani, Teyocoyani, Totecuyo, Tloque Nahuaque, Ilhuicahua, Tlalticpaque, (n. 22) es decir, de todo el panteón indígena prehispánico. La “inculturación” de María fue mucho más allá que los más audaces misioneros. Ellos se preocuparon por aprender las lenguas nativas para transmitir en ellas el mensaje evangélico; pero no se atrevieron a traducir la palabra “Dios”, ya que los dioses mesoamericanos les parecieron demonios, por su crueldad y fealdad (según los cánones estéticos europeos). Por ello optaron por introducir el neologismo “dios”. La Virgen no tuvo ese escrúpulo; aunque más adelante explicitará ser la Madre de Nuestro Salvador y Nuestro Señor Jesucristo. (53)

Sólo al final de1 relato, por boca de Bernardino, el tío de Juan Diego curado milagrosamente, la Virgen dio el nombre con el que quería ser venerada: “y (dijo) que llamaría y nombraría bien aquella preciosa imagen la siempre Virgen Santa. María de Guadalupe” (N.119). No parece posible que la Virgen haya dado ese nombre, ya que en náhuatl no existe el prefijo “gua” Seguramente que fue una deformación de los conquistadores, provenientes de Extremadura, cuyo nombre les habría recordado su venerada imagen. No hay seguridad sobre el nombre original. Yo había escuchado que María debió haber dicho ser la “Coatlalopeu”, nombre cuyo prefijo “coatl” significa “serpiente” (Quetzal-cóatl= “serpiente emplumada”), “a” es una proposición que rige al acusativo, y “lopeu”, participio del verbo “lopau” (machacar con el pie). Significaría, por tanto, «la que aplastó con el pie a la serpiente»: una connotación demasiado obvia a la Inmaculada Concepción y qu además contradice la connotación de la «serpiente», que en el Génesis representa a Satanás; mientras que en Mesoamérica lo refiere a Quetzalcóatl, la fertilidad de lo húmedo. Para algunos, el nombre dado por la Virgen pudo ser “Tequantlanopeuh” (“la que nació en las cumbres de las peñas”) o bien Tecuauhtlacupeuh (“La que viene volando de la luz como el Águila de Fuego”).

El elegido (“sujeto”) (5).- Como en muchos episodios bíblicos, la llamada (vocación) se dirige a una persona pobre, vulnerable, carente de poder, para que quede más patente que el mérito de la acción no es del profeta, sino de Dios. En el relato, “sucedió que había un pobre digno, campesino de por allí.[32] Su nombre amaina, y confiado en su “dueña y reina”, insistirá, con esa paciencia característica de los indígenas que aún conservan.

Se hace notar que la mediación del indio no se reduce a un papel de mero mensajero transmisor de un correo, sino que asume una actitud activa, más bien como la de un embajador, a quien compete cierta iniciativa. Es, por tanto, un auténtico “sujeto” de la evangelización. A veces los clérigos consideramos al pueblo como “objeto” de nuestra pastoral, o como meros transmisores doctrinales y no le reconocernos su calidad de “sujeto” activo y responsable. “Pero aunque se lo dijo lodo, cómo era su figura, y todo lo que había visto y admirado, en lo que bien se descubría que ella era la amable, siempre Virgen, la admirable Madre du Nuestro Salvador y Nuestro Seiior Jesucristo, sin embargo, aún no le dio crédito” (53). Para hacer creíble el mensaje de la Señora, el indio no se reduce a transmitir literalmente el encargo de la Virgen, sino que clarifica su narración con elementos que hagan a la autoridad eclesiástica más fácil su aceptación. Como decía Pablo VI, en éste, «el evangelizado tiende a convertirse en evangelizador» y —añadimos nosotros— el evangelizando, en evangelizador, un ejemplo de lo que ahora se afirma, que «los pobres nos evangelizan». Juan Diego progresa en su proceso de evangelizado: ante la grave enfermedad de su tío, se muestra responsable y comprende que la Señora lo esperará, pues justamente vino para ayudar a los necesitados, y por tanto, lo prioritario ahora es ir por el médico y por los sacerdotes. Por eso, pretende evitar a la Señora, rodeando el cerro; pero Ella misma le salió a su encuentro y le aseguró que su tío ya estaba curado.

La misión (“objeto”) (n.23)-. María le da al indio como misión, convencer al obispo para que le erija una ermita en aquel lugar. Semióticamente quedan separados y contrapuestos dos espacios: por un lado, Tlaltelolco, el espacio hegemónico de los conquistadores, sede de los poderes civiles, y también el espacio sagrado oficial, asignado por el poder eclesiástico “en lo que toca a las cosas de Dios”, no siempre comprensibles (6). Ahora la Virgen abre otro lugar sagrado alterno, el Tepeyac, el espacio del indio. El cerro, un erial pedregoso, queda transfigurado en “La Tierra de la Flor”: “Y la piedra y los peñascos donde ella estaba en pie, al recibir como flechas los rayos y la claridad, parecían de esmeraldas preciosas («chalchihuite»), joyas parecían; la tierra relumbraba como los resplandores del arco iris. Los mezquites, nopales y las hierbas que por allí se dan parecían como de pluma de quetzal y sus tallos de turquesa; las ramas, el follaje y hasta las espinas brillaban como el oro.” (n.18). El trato que recibe Juan Diego en Tlaltelolco es muy distinto del respeto con que lo trata la Señora. Allá se tiene que arrodillar ante el obispo y se le hace esperar y espiar. Por eso, ante el escepticismo del obispo, decepcionado, Juan Diego se disculpa y se queja: “me envías a un lugar por donde no ando y no paro” (n.40). Por eso, la Virgen va a invertir los espacios: en vez de que el indio siga yendo al lugar centro del poder eclesiástico, será ahora el obispo quien se traslade al cerro, lugar del indio. Una evangelización desde el poder no llega a calar hasta el fondo.

Destinatarios (n.23).- Obviamente, la finalidad de la Virgen no era la edificación de un templo más, pues esto lo hacían los misioneros. El objetivo era más amplio: “en ella mostraré y daré a las gentes todo mi amor, mí compasión, mi ayuda y mi defensa”. La evangelización no debe confundirse a la mera introyección de fórmulas doctrinales ortodoxas en la mente de los evangelizandos, sino que implica sentimientos amorosos, solidarios y que tengan eficacia frente a situaciones de opresión. Es, justamente, todo lo contrario de la “Conquista Espiritual”[33] hacer que el pueblo sea el destinatario del mensaje guadalupano. Esto se corrobora en la figura de Bernardino, tío de Juan Diego, que se enferma de viruela, epidemia traída por los extranjeros, que ante el cuerpo indio, carente de defensas, estaba haciendo estragos. En esta cultura, el «tío» es el hermano de la madre, quien era el que heredaba (no a los hijos, sino a los sobrinos, para que el patrimonio no saliese del clan). El tío, en realidad, representaba a todo el vulnerable pueblo mexica conquistado.

Una vez que se ha constatado que el principal destinatario de la evangelización guadalupana es la población india, sojuzgada, humillada, sufriente, apa­ rece la importancia de los signos referidos a la cultura nahuatl. La IV Conferencia Episcopal Latinoamericana reunida en Santo Domingo en 1992, con motivo de los 500 años del mal llamado «descubrimiento de América» -con et mismo derecho podría decirse que los indios «descubrieron» a los crueles extranjeros-, insistió mucho en la «incultutación del Evangelio», un modelo arquetípico del cual es, precisamen­ te, nuestro «Nican Mopohua». El texto encriptado de Antonio Valeriana sólo podía ser descifrado por sus destinatarios principales (los indios, no los españoles). Baste como ejemplo el uso de los numerales simbólicos -que ya aparecían en la imagen de la tilma-; en especial, signo del «Ollin», en el que el número 4, número simbólico por excelencia (cuatro puntos cardinales y cuatro estaciones; cuatro dioses crea­ dores; cuatro creaciones fracasadas del sol), es el número que unificad·espacio y el tiempo y denota plenitud. En el relato, el indio se formula 4 preguntas ante el canto maravilloso de las aves;36 tiene 4 encuentros con la Virgen, 4,veces aparecen las aves, 4 criterios con los que Juan Diego discernió la aparición;37 4 características del mensaje evangelizador, 4 objetivos de la ermita/ª 4 las condiciones que pide la Virgen a sus devotos de todas las naciones del territorio,39 etc. •

El signo.- La llamada se produce muchas veces mediante alguna señal

(pesca milagrosa, voz en la noche en Samuel). El momento de la llamada a Juan Diego es el amanecer, que en aquella cosmogonía fue la hora·cuando sucedió la[1] Enrique Semo: «Historia del capitalismo en México», Ed. Era, 1973, México (pp 29· 30). Cita los estudios de Sh Cook («La despoblación de México central en el siglo XVI»),

LB. Simpson, W Borah, entre otros.

[2] Torquemada, Juan: Los veinte ivn libro rituales i Monarcbia Indiana, con el origen y guerras de los Indios Occidentales, de sus poblazones, descubrimientos, conquista, conversión y otras cosas maravillosas de la mesma tierra. Producto de la recopilación de varios documentos antiguos, fue realizada entre 1592 y 1615. Impresa en Sevilla en 1615 y reimpresa en Madrid en 1723.

[3] Fray Martín de Valencia calculó en 1,200,000 bautizados entre 1524 y 1531; Fr. Pedro de Gante calculaba 14, 000 bautizados por día; Motolinía estimaba que cada fraile habría bautizado unos 100,000 indios (algunos hasta 300,00) y que en total, hasta 1536 se habrían bautizado unos cinco millones.

[4] Entre los numerosos estudios de esta fuente, está “Tonantzin Guadalupe”, de Miguel León Portilla y El Nican Mopobúa: Un intento de exégesis, por el P. José Luis Guerrero Rosado. Puede consultarse la WebSite http://www.luxdomini.com/gpe/contenido1/ guadalupe.nican1.htm

[5] “Ayate”: manto de fibra de maguey, atado detrás del cuello, que además de abrigo, era utilizado para cargar objetos.

[6] El manuscrito autógrafo de dicho sermón forma parte de una investigación dispuesta por el obispo de México Fray Alfonso de Montúfar, sucesor de Zumárraga.

[7] J. Lafaye: “Quetzalcóatl y Guadalupe: La formación de la conciencia nacional de México”, Fondo de Cultura Económica, México, 1977.

[8] Ibíd., p. 303-304.

[9] El autor cita el riguroso estudio del P Germán Rubio: «Libro de la invención de Nuestra Señora de Guadalupe».

[10] Hay que recordar el contexto de la polémica: se estaba pretendiendo una división de la Arquidiócesis de México en varias diócesis sufragáneas. Lo que el abad deseaba, apoyado por el nuncio Girolamo Priggione, era que la Basílica fuese una diócesis aparte, dependiente directamente de Roma.

[11] En una investigación ordenada en 1556 por el obispo Montufar, un testigo. asegura que, en: su sermón antiguadalupanista, Fr Francisco Bustamante atribuyó la pintura a un indio Marcos (Aquino). Algunos opinan que se trata de uno de los tres excelentes pintores indios, alumnos del Colegio de Santa Cruz de Tlaltelolco.

[12] Jacques Soustelle: El universo de los aztecas, F.C.E., México 1982. Sejourné, Laurette: La pensée des anciens mexicaines, François Maspero, París, 1982, La loi du centre, pp 90-96.

[13] Luppo, Alessandro: Los tres ejes de la Cruz. «Scansione del tempo e calendario “Latinoamericano” Roma Edizioni Lettere e Filosofia – La Sapienza, a.a. 2002/2003.

[14] Landa Ábrego, María Elena: Ollín y Cruz en la simbología náhuatl, INAH, Centro Regional de Puebla, 1985.

[15] Dumézil, Georges: Los dioses indoeuropeos. Ed. Sebe Barral, Barcelona 1970 (P.U.F., 1952).

[16] Parece ser que dicho parecer ha sido compartido por el premio Nobel de Química, Richard Kuhn.

[17] Estas curiosidades pueden verse n la Página Web de la Basílica de Santa María de Guadalupe: http://www.virgendeguadalupe.mx Estudios, 17 de febrero de 2007.

[18] El título de este apartado es el de un importante fil mexicano: La Virgen que forjó una patria, guion y dirección de Julio Bracho, con fotografía del célebre Gabriel Figueroa, para Films Mundiales en 1942.

[19] La “nación” se distingue del “Estado” en que aquella tiene sus bases en lo étnico-cultural y éste es una organización política basada en un pacto social entre diversos grupos y clases sociales.

[20] Paz, Octavio: «Las trampas d ela fe», F.C.E., México,1982.

[21] Bradlng, David: “Los orígenes del nacionalismo mexicano”, Ed. Era, México, 1973. También J. Lafaye, o. c., libro I, cap. 1: «hermanos enemigos: españoles y criollos», pp. 43-49.

[22] Servando Teresa de Mier. Obras Completas: II «El heterodoxo guadalupano». Selección de obras por Edmundo O’ Gorman, Universidad Autónoma de México, 1981. O´ Gorman, Edmundo: «Destierro de sombras: Luz y origen de la imagen y culto de Nuestra Señora de Guadalupe del Tepeyac«. UNAM, México, 1986.

[23] Según la leyenda, su madre·, la Coyoxauctli, había encontrado una pluma de colibrí, que guardó en su seno y ésta la fecundó para el nacimiento del dios.

[24] Bartra, Roger: “La jaula de la melancolía, identidad y metamorfosis del mexicano”,

Ed Grijalba, México, 1987, p. 20.

[25] Paz, Octavio: “El laberinto de la Soledad”: Cuadernos .Americanos 1950. F.C.E.,

México, 1993, p.p. 72-98.

[26] Para el autor, esa palabra existente a varios países de habla hispana con referencia a bebidas embriagantes tiene probablemente un. origen náhuatl: “xinaxtl” (chingaste), que es el aguamiel fermentado del maguey, de dónde sale el «pulque».

[27] Transgredió el precepto ancestral: «no mezclarás tu sangre con la del opresor».

[28] En un mural, el pintor José Clemente Orozco pinta a La Malinche como la Eva mexicana.

[29] El análisis exegético, ya clásico, del Nican Mopohua desde el náhúatl, ya clásico, es el realizado por Glodomiro Siller Acuña: La evangelización guadalupana, CENAMI, México, 1984. Vide: books.google.com.m.x – En la Internet se encuentran varios estudios y versiones.

[30] Greimas, A.].: «Semántica estructural»(1966),Gredos, Madrid, 1976, pp 263-281.

[31] Propp, Vladimir: Morfología del cuento, Rusia, 1928. Traducción al español: Ed.

Akal, México 1998.

[32] En náhuatl, se trataba de un “macehualtzintli», o sea, de las castas más pobres; aunque “creado con la sangre de los dioses”.

[33] En referencia a la obra clásica de Ricard, Robert: «La conquista espiritual de México. Ensayo sobre el apostolado y los métodos misioneros de las órdenes mendicantes en la Nueva España de 1523-1524 a 1572», con la que el autor obtuvo el doctorado en la Sorbona en 1933.Editado por Fondo de Cultura Económica. México 2004 (8ª reimpresión).