Clase 01. Introducción

OBJETIVOS: En este curso nos proponemos dar a conocer a los alumnos los elementos constitutivos de toda religión, concretizados en algunas religiosidades populares de México.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS: 

  1. Conocer algunos tópicos propios de esta disciplina. 
  2. Indagar la naturaleza y el origen de las religiones. 
  3. Investigar el sincretismo de las religiosidades étnicas de México 
  4. Analizar la religiosidad popular indígena: (elementos, orígenes, transformaciones) 

OBJETIVOS ESPECÍFICOS: 

  1. Algunas teorías antropológicas 
  2. Alguna religiosidad popular de México (Oaxaca), como ejemplo de referencia 
  3. Persistencia y transformación de los elementos de las religiosidades tradicionales. 
  4. Comprensión científica de algunos elementos culturales de la religión 
  5. Diferenciar el pensamiento filosófico del pensamiento mítico 

Habilidades a desarrollar:

  1. Capacidad de asombro, ante la variedad y riqueza construidas por nuestras culturas étnicas y su creatividad sincrética
  2. Capacidad de entender y cuestionar formas de la religiosidad popular, así como formas inadecuadas de pastoral en referencia a la inculturación de la fe 
  3. Capacidad inicial para algunas técnicas de investigación antropológica. 
  4.  Capacidad mínima para una investigación antropológica

Actitudes para con el curso: 

  1. Comprensión respetuosa de la religión del pueblo (nuestra identidad de origen y familia) y pistas pedagógico-pastorales para con ella.  
  2. Objetividad crítica, no neutral, ante los fenómenos sociales 
  3. Empatía / ectopatía hacia sus manifestaciones religiosas 
  4. Intuición antropológica

¿QUÉ ES LA ANTROPOLOGÍA DE LA RELIGIÓN? 

Antes de iniciar un curso es bueno saber de qué se va a tratar. Para hablar de “Antropología de la Religión” hay que clarificar dos términos: “antropología” y “religión” 

ANTROPOLOGÍA 

Etimológicamente, “antropología” sería una disciplina que estudia al ser humano. Pero esto es sumamente general. Hay muchas disciplinas cuyo objeto es el ser humano, según su aspecto biológico (anatómico, fisiológico), su comportamiento (ética), su origen (antropología física evolutiva), su desarrollo (Historia), etc. La primera distinción se da entre dos enfoques metodológicos distintos: las ciencias positivas y las humanidades. Entre las humanidades esta la “antropología filosófica”, es decir, la pregunta filosófica sobre “¿Qué es el ser humano?”, y las diversas concepciones que de él se tienen. También estaría la “Teología Antropológica”, o sea, lo que las religiones piensan acerca de él (su creación, su composición, su destino).  

De entrada, decimos que nuestra disciplina serán las ciencias positivas (desde la biología- razas, evolución, etc.). Pero junto con esto, La “Antropología de la Religión” es una de las ciencias sociales, junto con el derecho, las ciencias políticas, la sicología social, la sociología, la economía, la demografía, la ética, etc., que son campos interactuantes entre sí. Estas no son “ciencias duras”, como serían la física, la química, las matemáticas, sujetas a comprobación empírica, que requieren de fórmulas estrictas para ser aplicadas o comprobadas. En las ciencias sociales, el investigador está implicado en su objeto de estudio, por lo tanto, tiene una perspectiva subjetiva para su observación. Sus condicionamientos sicológicos, sociales o hasta su cosmovisión le pueden hacer proyecciones de su persona y afectar su objetividad. “La vista de un punto, siempre es un punto de vista” y siempre la realidad ser “del color del cristal con que se mira.” De ahí que sea conveniente conocer explícitamente la situación del observador, como su clase social. En estas ciencias -como en todas- la objetividad es exigible; pero esto no quiere decir “neutralidad”. Somos parte interesada en nuestras investigaciones sociales y tenemos un proyecto político, explícito o implícito, que motiva nuestro conocimiento. 

La Antropología, como ciencia positiva (deslindándonos ya de las humanidades), se divide en tres grandes ramas: la Antropología biológica (o “antropología física”), que estudia medidas craneanas, razas, epidemiología, antropología forense, evolución, antropología genética, etc.  La Arqueología (o Paleografía), que estudia las antiguas civilizaciones o culturas, que ya no existen en la actualidad; y la Antropología social, Antropología Cultural, Etnología, que estudia las formas de vida de las colectividades (lingüística, creencias, religión, hábitos, creencias, etnohistoria, etc.), y es en esta rama donde se coloca la Antropología de la Religión. Esta ciencia estudia el fenómeno religioso de una cultura o colectividad, sin plantearse su veracidad o falsedad (teología, filosofía), sino comprenderla como fenómeno existente en sí mismo, tal y como se da, sin juzgarlo, sino tratando de comprender su significado. 

MÉTODOS Y TÉCNICAS

Toda ciencia requiere de herramientas o instrumentos para su observación. En las ciencias sociales hemos de distinguir dos tipos: los métodos y las técnicas. 

La realidad se resiste a ser conocida en su secreta intimidad. Requiere que se le ejerza cierta violencia, para obligarla a entregarla. No se pueden conocer directamente los objetos reales. El conocimiento de sólo algunos pocos casos, únicamente sirve para engañar al observador. Con frecuencia caemos en subjetivismos (las primeras impresiones) y las generalizaciones espontáneas (entramos a un pueblo, y nos topamos con un borracho tumbado en la calle. Seguimos otro poco, nos estacionamos, y encontramos otro, y a la entrada del comercio al que vamos, otro más. Entonces, precipitadamente concluimos: “en ese pueblo. todo el mundo está borracho”; pero en realidad se trataba sólo de tres juerguistas). Tampoco basta el simple levantamiento de datos (los muestreos pueden generar diversas conclusiones de los mismos datos. Y en todo caso, no nos dan interpretaciones. Se requiere de una teoría social, que ha sido elaborada a lo largo de la historia. Las ciencias han progresado, sea por descubrimientos o novedades fácticas, sea por inventos o novedades teóricas, sin que sea fácil separar ambas vías. Los descubrimientos no son eventos aislados, sino episodios que siguen una estructura que se va repitiendo. Junto con la teoría, necesitamos de construcciones mentales, ficciones, simulacros o modelos (p.ej., para conocer mejor una ciudad lo hacemos con un modelo en miniatura -el “mapa”, en papel o en localizador-. Ningún modelo se adecúa plenamente a la realidad; pero necesitamos forzosamente de alguno. 

Las ciencias sociales han recurrido a diversas metáforas inspiradoras. En sus orígenes, la sociedad se asemejaba a una máquina (con sus engranes, palancas, correas, etc.), Luego, de la física se pasó a la biología. Las sociedades eran comparadas a los animales, con sus respectivos “aparatos” y funciones (aparato digestivo, respiratorio, circulatorio, sexual, etc.). Hoy, con el desarrollo de la lingüística, está teniendo éxito comparar la sociedad a un drama, con su propio, guion, actores, escenario, etc. 

Quien mejor ha desarrollado esta necesidad de modelos o “paradigmas” (como los llamó) es Thomas S Kuhn, en su conocido libro “La Estructura de las Revoluciones Científicas” (editado en 1962; pero con material de cursos desde 1942). Investigando la historia de las ciencias, este autor descubre que el desarrollo de cualquiera de ellas no sigue siempre un proceso lineal (al que se van acumulando nuevos descubrimientos). Quizás al inicio de la ciencia, en su etapa pre-científica, pudo ser así. Pero ya ahora, toda ciencia requiere siempre de un método. Ningún método es capaz de dar cuenta plenamente de la realidad, o sea, adecuarse plenamente a ella. Siempre quedan enigmas sin responder. Es así como funciona la llamada “ciencia normal”, la de los manuales. Muchas veces, tales supuestas “fallas” no importan mucho y pueden despreciarse. Pero se llega a un punto en que tales anomalías van siendo cada vez más frecuentes e importantes, de modo que ya no se pueden despreciar. Entonces, la comunidad científica se agita, se pone a investigar, se procura una exploración prolongada, hasta que, finalmente, aparece alguien que propone otro método que, al tiempo que da cuenta de todos los fenómenos abordados con el modelo anterior, puede, demás, responder a algunas de aquellas anomalías irresolubles. A esto es a lo que Kuhn denomina “revolución científica” o “paradigma”. Después de esto, continúa la ciencia -ahora en su fase “normal”- asimilando el cambio, comprobándolo, haciéndole ajustes teóricos, utilizándolo para nuevos descubrimientos… hasta que nuevamente se toma con otras anomalías.

La historia de la ciencia revela esto, y Kuhn explica su teoría con algunos ejemplos connotados tomados de las llamadas “ciencias duras”: 

  • A la química le preocupaba la causa del fenómeno de la combustión de los cuerpos. Tradicionalmente se explicaba por el “flogisto”, un elemento que tenían en común los metales, a diferencia de los minerales, hasta que se descubrió que se debía al oxígeno del aire. Es curioso que este descubrimiento se haya atribuido a varios científicos, más o menos hacia 1770 (Scheele, Priestley, Lavoissiere), cada uno con sus fallas. Esto se debe a que flotaba en el ambiente sesta preocupación, lo que estimulaba su estudio.   
  • La óptica física se ocupaba del fenómeno de la luz. Newton la atribuía a pequeñísimas partículas o corpúsculos sin masa, con cualidades mecánico-cuánticas (fotones), emitidos por las fuentes luminosas que se movían en línea recta con gran rapidez. El científico holandés Christian Huygenes, su contemporáneo, pensaba que “la luz emitida por una fuente estaba formada por ondas, que correspondían al movimiento especifico que sigue la luz al propagarse a través del vacío por un medio insustancial e invisible llamado eter”. La anomalía no explicada era el fenómeno ondulatorio, como las interferencias. Esta explicación fue preponderante, hasta que Max Plank propuso otro paradigma, que combinaba las dos teorías anteriores (partículas y ondas). Explicaba la luz por ondas lumínicas en movimiento ondulante transversal. Este nuevo paradigma prevaleció hasta el siglo XIX. 
  • En astronomía, la explicación prevalente seguía siendo la de Ptolomeo (siglo II DC), que utilizaba los ciclos y epiciclos para construir un modelo explicativo de los movimientos de los planetas, en un universo, cuyo centro era una Tierra inmóvil. Todavía en la actualidad se sigue utilizando su paradigma, para distancias relativamente cortas; pero a medida que las observaciones astronómicas se hicieron más precisas, afloró la complejidad de los mecanismos cíclicos y epicíclicos, que no explicaban las posiciones observadas por algunos planetas.  
  • Fue entonces cuando Nicolás Copérnico (1543) propuso un sistema que tenía como centro al Sol, alrededor del cual orbitaban los planetas, uno de los cuales era la Tierra. Sus contemporáneos rechazaron sesta teoría, pues el parecía adolecer de credibilidad.  

No fue sino hasta fines del siglo XVI cuando Galileo Galilei cambio de paradigma introduciendo sus nuevas ideas del movimiento (intuimos que cuando un objeto se pone en movimiento, finalmente se detiene). Ya Aristóteles sostenía que para que el movimiento se mantenga, algo debe continuar poniéndolo en movimiento.  

Galileo lo corrige introduciendo el elemento de la fricción: el movimiento se detiene porque está siempre sujeto a determinada fricción. Sin fricción que frene el móvil su tendencia inherente es mantener la misma velocidad, sin necesidad de aplicarle ninguna fuerza adicional.  

Johannes Kepler (1630) abandona totalmente el paradigma de Ptolomeo, explicando la posibilidad de que Marte tuviera una órbita elíptica. En lugar de circular; pero no pudo encontrar una fórmula la forma en que se modificaba la velocidad angular, hasta que Kepler dio con una segunda ley. 

Isaac Newton (1642-1727) se separa de Kepler al atribuir a la luna la causa de ciertos movimientos ondulatorios (péndulos, mareas, planos inclinados), lo cual se explica por la fuerza de atracción (la famosa manzana que le cayó en la cabeza). Sin embargo, entonces el número de aplicaciones a esta teoría era muy reducido e impreciso. Pero Newton demostró que las tres leyes de Kepler podían reducirse a una única teoría del movimiento y en concreto, del movimiento planetario, solidificando así el cambio de paradigma iniciado por Kepler y Galileo. Pero nuevamente se encontraron enigmas y anomalías, por ejemplo, explicar movimientos simultáneos de dos o más cuerpos que se atraen mutuamente. Ya en el siglo XIX, científicos como Laplace y Gauss, con el desarrollo de las matemáticas, dieron más coherencia a la hipótesis de Newton y solidificaron su paradigma. 

  • Finalmente, llegó Albert Einstein con un nuevo paradigma, su “Teoría de la Relatividad”. No falsea los anteriores paradigmas, válidos para nuestros cálculos uso ordinario; pero es capaz de explicar mejor en las grandes distancias, aplicadas al universo. (v.gr. las líneas paralelas, que según la física de Newton nunca se unen; no funciona en una macro realidad esférica, como el globo terráqueo. Donde los meridianos se unen en los polos). 

Ya que las ciencias sociales no son “ciencias duras” (como la física, la química, la astronomía, tienen características específicas. Por ejemplo, son “objetivas”, como las demás ciencias (no se deja llevar por razones subjetivas); pero no son “neutrales”. El punto de vista del observador condiciona la percepción de la realidad (“la vista de un punto es un punto de vista”). Esto es verdad, ya que el investigador mismo está inmerso en la realidad misma que está estudiando. Por ejemplo, si el antropólogo tiene nacionalidad británica, al estudiar a los nativos de una colonia de su Imperio, no le resulta fácil desprenderse de sus condicionamientos de clase social, raza, nacionalidad, religión, estudios académicos, etc. 

Otra diferencia es que, mientras en las ciencias duras el nuevo paradigma sustituye al anterior, en esta ciencia diversos paradigmas pueden coexistir y se enfrentarse. Su opción por determinado paradigma puede deberse a cuestiones ideológicas; pero también por el propio objeto de estudio, ya que algunos paradigmas parecen más apropiados que otros para la finalidad que se pretende alcanzar. Los paradigmas más comunes en Antropología Social y cultural han sido, por ejemplo, el evolucionismo o neoevolucionismo comparan culturas por el supuesto nivel que haya alcanzado. El funcionalismo hace menos juicios calificativos, ya que piensa que todas las culturas son diferentes y no pueden considerarse mejores o peores (relativismo cultura); pero justifica todas las realizaciones de la cultura que está estudiando, pues si queriendo ayudar, transforma alguna pauta que le parece injusta, toda la estructura cultural queda afectada. Al estructuralismo le interesan más las cuestiones epistemológicas: Se acerca a los “primitivos” para estudiar el origen de algunas categorías mentales o conceptos (origen de las distinciones o de las clasificaciones, el origen de la familia, del Estado, de la Religión, del patriarcado, etc.). El culturalismo le interesa estudiar, sobre todo, el impacto de la modernidad sobre los pueblos originarios, y el paso del campo a la ciudad. La hermenéutica cultural se preocupa sobre todo por la interpretación de las pautas culturales, lo que estas significan. 

TECNICAS DE INVESTIGACIÓN 

Siendo la Antropología una ciencia social, utiliza técnicas para colectar su información con rigor metodológico; aunque selecciones preferentemente algunas propias para conocer su campo de estudio. Por ejemplo, la sociología privilegia la cantidad de datos (encuestas), haciendo pocas preguntas a mucha gente; en cambio, la antropología, prefiere lo cualitativo, entrevistando a pocos informantes, representativos de la colectividad, y trata de profundizar lo más posible es su vida o situación. Las técnicas preferidas por los antropólogos son, la confección de mapas (jardines, campos de cultivo, localización de lugares religiosos, localización de lugares públicos y privados, las sendas, etc. También realiza genealogías o mapas de parentesco; hace entrevistas -formales o informales-, organiza grupos de discusión entre sus informantes, recoge historias de vida o autobiografías, etc. Sin embargo, el método más propio de los antropólogos sigue siendo “la observación participante”. 

Instructivo para una observación participante.

Se trata de recabar información confiable, en forma metódica, desde la vida misma del investigador. Hay muchas formas de realizarla. Propondré un ejercicio simple, en condiciones ideales:  

OBSERVACIÓN DE CALLE. –

  • Fase de observación: suponemos un equipo de tres observadores, que juntos van recorriendo una calla durante un cuarto de hora. Van en silencio, sin comunicarse entre ellos. No llevan ningún instrumento de ayuda (cámara, libreta, grabadora, etc). Observan con los cinco sentidos. Ordinariamente privilegiamos la vista. Ahora utilizamos el oído, el olfato, incluso el gusto si se puede (comprar algún antojito propio del lugar), el tacto (temperatura). NO hay que fijarse sólo en las unidades espaciales (casas o terrenos), sino en los eventos temporales (transeúntes, frases escuchadas, música, ladridos, olores, sensación al pisar (lodo, pavimento, hierba). 
  • Fase de redacción. – Tan pronto sea posible, se redacta lo observado, describiendo todo con detalle (colores del vestuario, etc). NO poner adjetivos calificativos en los que suelen estar juicios de valor (pequeño, feo, ridículo, pobre). De preferencia no llamar las cosas por su nombre (sobre todo si los objetos son propios del lugar). Sin ningún subjetivismo.

La hoja puede dividirse en cuatro columnas desiguales

  1. Número de clasificación, según la tabla de clasificación de los sistemas, que expongo en seguida 
  2. Enumerar unidades espaciales (E) (casas, tiendas, baldíos) o eventos temporales (T) transeúntes (describir edad, género, vestimenta, objetos), música, ladridos, olores (de fritangas), etc. 
  3. Se hace la descripción detallada
  4. Se ponen aquí los juicios de valor, los sentimientos, sensaciones, impresiones.  
#  E  T Descripción detallada Comentarios subjetivos.   Aquí los juicios de valor 

E- unidades espaciales 

T sucesos temporales 

Número de clasificación de sistema 

SISTEMAS CULTURALES (Antonio Rubbo Müller) 

  1. PARENTESCO. SEXO 
  2. SALUD. MUERTE 
  3. MANTENIMIENTO: (casa, vestido, sustento, drogas) 
  4. LEALTAD 
  5. PLACER (ocio, diversiones, deporte) 
  6. COMUNICACIÓN (lenguaje, transporte, Internet o celular, teléfono) 
  7. PEDAGÓGICO (educación formal e informal) 
  8. PROPIEDAD (tierras privadas o comunales, propiedades colectivas) 
  9. PRODUCTIVIDAD (trabajo remunerado o doméstico) 
  10. RELIGIÓN 
  11. SEGURIDAD 
  12. POLÍTICA (organización) 
  13. JURÍDICO (escrita o no escrita) 
  14. PRESTIGIO.
  • Fase de revisión.- El equipo intercambia sus libretas. SE subraya en colores, según se hicieron juicios de valor o no fue clara la descripción. SE comenta y de ser posible, se entrega a la gente la observación (teatro, exposición fotográfica, canción, etc.)

Otras observaciones

  • Además de esta observación de calle, puede haber:  
  • Observación de esquina (la tienda de la esquina o la parada del camión. En esta, el observador no se mueve; tiene que pensar en alguna coartada que justifique su presencia (tomarse en la tienda un refresco, estar esperando el camión) y son moverse, observa, escucha todo lo que suceda o se diga 
  • Observación de altura.  El observador sube a un campanario o azotea donde pueda ver toda la panorámica en su conjunto. 
  • Creación de eventos.  
  1. Ejemplos: Tres observadores en un autobús, hacen todo el recorrido: uno a la subida, otro a la bajada y otro, sentado, e la mitad. Observan todo lo que sucede, relacionándolo con las colonias o rumbos que recorre el camión. Una sugerencia: quien está sentado, únicamente se fija en los zapatos (tenis, calzado, huaraches…, según el rumbo). 
  2. Una fiesta. SE hace presente el equipo, autoinvitándose. Se elige alguno (con buena voz, que sobresalga), quien se pone al centro. Cuando pasan las bebidas, el dice (con voz ensayada, que no se sienta agresivo o protagónico; pero que se escuche) “Gracias, no tomo”. Se registran las reacciones. Para medir actitudes hacia el alcohol. 
  3. Una misa. Uno atrás observa a la gente de su lado; otro delante, observa lo que sucede en el presbiterio; otro en la zona de los devotos. Se registra según el momento litúrgico. 

Clase 10. El ciclo de las estaciones

1. MITOLOGÍA Y RITUAL

  • El cosmos emerge a la conciencia en su doble aspecto, fascinación y terror. Tratando de escrutar el Misterio es como las colectividades construyen su mitología. La mitología, empero, no se queda en lo mero cognitivo (el afán de saber), sino por necesidad de la sobrevivencia misma.
  • Cuando los mitos se derivan de la contemplación, se traducen en “comportamiento” –los animales no tienen ritos: el león que devora una cebra no la ve como algo distinto de sí mismo; ambos están inmersos en la inmediatez de la naturaleza–. Es la conciencia la que introduce la objetivación. La naturaleza se evidencia entonces como algo más que lo “ya dado”, y es por esto que la colectividad plasma sus mitos en instituciones culturales (trabajo, vestido, sistema de parentesco, dieta alimenticia, construcción de la vivienda o de la aldea, etc.).
  • Aquel comportamiento destinado a humanizar la naturaleza, deviene “perpetración”. Si deriva de lo racional, conduce a la técnica utilitaria. Si deriva del conocimiento mítico, se realiza a través del ritual. En el ritual no hay manipulación técnica, sino “sacrificio”, don.

Imbricación de mito y rito

El mito y el rito son inescindibles. En algunas ocasiones, el ritual que rememora una cosmovisión mítica; en otras, la narración misma de un mito constituye un ritual

  • Un ejemplo: el mito mexica del nacimiento de Huitzilopochtli. Su madre, la Coatlicue (“la de la falda de serpientes”), era una diosa importante, rostro femenino de Ometéotl. Era la diosa madre de la Tierra, y por esto, mu temible. En su figura mortal, era una sacerdotisa, cuya función era mantener limpio el templo de Coatepec (“Cerro de la Serpiente”). Un día en que estaba barriendo el templo le cayó encima una bola de plumas de ave (¿paloma?,¿colibrí?). Ella recogió algunas y se las metió en su cinturón; pero luego ya no las encontró. Al poco tiempo, se dio cuenta que estaba encinta (por la pluma), engendrando a Huitzilopochtli, el dios del Sol y de la Guerra. Ya durante la gestación misma, podía hablar con su madre. La hija de Coatlicue, la Coyolxauhqui, la poderosa diosa Luna, muy fuerte. Ella se disgustó, pues, se desconocía al que embarazó a su madre. Quería matar al niño, y para ello, fue a hablar con sus 400 hermanos, los Centzon Huitznahua (‘Cuatrocientos Huiztnaua’), que eran las estrellas. Uno de estos 400 hermanos, no estuvo de acuerdo y subía para hablar con Huitzilopochtli, avisándole por donde andaban sus hermanos, y cuando ya estaban por entrar al templo, el niño nació, azul, totalmente armado, con un escudo y una espada de pedazos de obsidiana, y un poderoso rayo de sol. Los descuartizó a todos; pero en primer lugar, la la “Coyolxauqui”, a la cual, despedazada, la arrojó por las escalinatas del templo.

En la fiesta de Huitzilopochtli, se hace una representación del mito: Se sacrifica a un esclavo, al cual, un año anterior al rito, era venerado como encarnación del dios, bien alimentado y bien vestido; pero el día de la fiesta, ya muy conciente de que lo iban a sacrificar, subía orgulloso y tranquilo, pues sabía que con su corazón alimentaría a la divinidad, y el pueblo quedaba expiado. Entre tanto, 400 guerreros, danzando, daban la vuelta en torno al Templo Mayor.

  • Otro ejemplo: la misa católica. Toda la liturgia prepara el momento central, la Consagración, en la que el sacerdote recita la narración del memorial sagrado, de la muerte de Jesús. El celebrante va escenificando cada gesto de Jesús, cuando instauró la Eucaristía: “mientras cenaba con sus apóstoles, tomó el pan en sus santas y venerables manos, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo las palabras mismas que, según los evangelios, recitó Jesús: “Tomen y coman todos de él, porque esto es mi cuerpo”. Y después, volviendo a darte gracias, tomó el cáliz con el vino, y dando gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo: “tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de la alianza, nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos, para el perdón de sus pecados”. Y entonces sucede la “transfiguración”, es decir, en ese preciso momento, el pan se convierte en el cuerpo de Jesús y el vino en su sangre. Mito y rito se han fundido en el momento más sublime del principal rito católico, y el mito trasciende los dos mil años del suceso y se hace presente, y el comulgante, al recibir la Hostia consagrada, se identificará con Jesús mismo, muriendo en ese instante, con la muerte misma del maestro (dos saltos mortales, temporal y espacial: el otro cuerpo.)
  • Rito, juego y teatro. Parece que el rito tuvo su origen en el juego. La actividad lúdica es previa a todo producto cultural -incluido el lenguaje- y acompaña a las culturas hasta la muerte. Huitziga afirma que el juego, el rito y el teatro tuvieron el mismo origen, y describe el juego como “una acción libre, ejecutada ‘como si’ sentida como una acción fuera de la vida corriente; pero que a pesar de todo, puede absorber por completo al jugador sin que haya ningún interés material, ni se obtenga de ello provecho alguno; que se ejecuta dentro de un determinado tiempo y espacio, que se desarrolla en un orden sometido a reglas y que da origen a asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfrazarse para destacarse del mundo habitual”. Como vemos, esta descripción podría aplicarse con facilidad a los ritos. Pienso, por ejemplo, en el “Pedimento”, lugar cercano al Santuario de Juquila, donde hay lodo. Allí, los peregrinos a visitar a la Virgen, hacen reproducciones en barro de los bienes que esperan obtener de ella. Incluso, un cerdo puede ser una bellota a la que se amarra un cordel; o una casita o coche de juguete, o un enamorado lleva del brazo a una novia invisible, etc.

• Pero el hecho que no haya un provecho utilitario en el rito, no quiere decir que no haya trabajo. A veces hay mucho trabajo; pero no es productivo ni remunerado. La preparación de culto requiere de actividades intensas, a veces, agotadoras. Un ejemplo es el rito del “descendimiento” del viernes santo en las comunidades rurales de Oaxaca (bajar de la cruz a Jesús muerto, y ponerlo en el ataúd). Este acto tiene lugar terminado el sermón de las Siete Palabras, a eso de las tres de la tarde. El sacerdote predica desde el púlpito, en medio del templo. El presbiterio esta cubierto con un gran velo morando. El sacerdote debe decir en su sermón la expresión convenida: “el velo del templo se rasgó”; entonces se corre el velo y se deja ver un escenario de la imagen un Cristo articulado, delante de un entramado cubierto de plantas verdes, traídas desde lejos la noche anterior. A ambos lados de la cruz, están sendas escaleras sobre las cuales dos “santos varones” (José de Arimatea y Nicodemo) proceden, de inmediato a bajar al Jesús: primero desclavan el letrero INRI, quitan la corona de espinas. Luego desclavan un brazo, con un martillo que golpea algún objeto metálico oculto. Como decíamos que el Cristo está articulado, con cuidado se baja el brazo, y de igual manera se procede con el otro brazo y con las piernas. Entonces, con sumo cuidado, uno de los “Varones”, con un lienzo en la mano, baja muy despacio y con delicadeza, el cuerpo del Crucificado. Entre tanto, la gente esta de pie, a la expectativa, sin moverse ni perder ningún detalle. Pareciera que, si sucediera algún percance, recaería sobre el pueblo alguna desgracia. Ungen con oleo el cuerpo y lo depositan en el ataúd, que posteriormente lo llevarán en peregrinación a otra capilla, donde será velado.

Hay que hacer notar que previamente a esta ceremonia, durante toda la noche anterior, un grupo de hombres estuvo trabajando para cimentar la cruz en el presbiterio, quitando una losa del piso, y un armazón de madera sobre el cual se fueron poniendo todas las plantas. Este trabajo se realiza detrás de la cortina morada; entretanto, un rezandero canta algo. Nadie -y menos las mujeres- puede ver esto. Y todo este trabajo para que se corra el telón morado, un soldado le da una lanzada al Cristo, y de inmediato comienzan a desmantelar todo. La gente se lleva los ramos de planta o las flores, de modo que todo se deshace. ¡Todo este trabajo efímero no dura sino un minuto!

Reiteración rubricista y migración de significado

Un rito se convierte en culto, cuando se dirige hacia una deidad y que, además, se den reiteración de actividades detalladas, en secuencia preestablecida y eventualmente y en fechas precisas del calendario. Mediante tales rúbricas se institucionaliza y así logra su estabilidad en el tiempo. El ritual, entonces, permanece más allá de la mitología. La gente sigue asistiendo a lugares “sagrados”, en fechas precisas; aunque no se recuerde su origen mitológico.
Por ejemplo, en la ciudad de Oaxaca, el “lunes del cerro” (primer lunes después de la fiesta de la Virgen del Carmen), muchas personas suben al cerro de El Fortín, a la orilla de la ciudad, para comer tlayudas; aunque nadie relacione ésta tradición con el despeñamiento de una doncella noble, según ritual practicado cuatro siglos atrás en aquel bastión azteca, ni tampoco piensen que aquella doncella fue sustituida por la Virgen del Carmen. Pudo perderse la “memoria peligrosa”; pero el rito permanece, incluso en una cultura secularizada.
Otro ejemplo de cómo un significante permanece con un cambio de significado, lo encontramos en el símbolo cristiano de la cruz. Originalmente, instrumento de pena capital reservado a quienes osaran rebelarse contra el Imperio Romano, y disuadir a sus simpatizantes (de ahí que se alentara todo tipo de tortura y humillación). La Legión Tebea, un ejército que destacaba por su valentía y heroísmo, integrado en su mayoría por cristianos, optó por grabar en su casco el signo de la cruz, provocando a las autoridades, pues no se les podría acusar de desobediencia o traición. De ahí pasó a ser símbolo de la fe cristiana; pero sincretizado por la cruz celta de Whiteleaf, como amuleto para defenderse del fiero dios Cernnunus, de los grupos paleolíticos del Norte, quienes, con armas menos poderosas que las de los celtas, sin embargo, por su conocimiento del terreno y su agilidad, no podían ser vencidos, lo que sus enemigos atribuían a la protección de aquel dios de cuernos y pesuñas de ciervo. Luego se convirtió en amuleto contra los vampiros, en la novela sobre el conde Drácula, habitante en un castillo en los Montes Carpatos, de Transilvania, Rumania, y en explica que en desde la Colonia Novhispana, se pusiera una gran cruz en la boca de las cavernas, donde los nativos habían escondido a sus dioses, que para los misioneros eran en realidad, demonios. La migración del significado no fue causada tanto por la banalización de sus repeticiones, cuanto a la variación del contexto sociocultural.

  • Los mortales se comunican con la divinidad a través de los rituales. Se trata de una “comunicación participativa” de tipo platónico, en la que el ser que posee una cualidad en forma plena es causa formal de todos cuantos participan de ella en forma degradada o menguada, sin que, por ello, su cualidad se vea menoscabada. Es así como la comunidad, por medio de ritos, se incorpora al ámbito de lo sagrado, pudiendo adquirir ciertos beneficios, gracias a la acción benevolente de los seres sobrenaturales.
  • Ya que el poder se deriva del saber, los ritos, al ser interpretados, constituyen un sistema de señales capaz de comunicar información, verbal y gestual (símbolos, danzas, dramatizaciones), que es el lenguaje religioso primitivo. De este modo, según Durkheim, por medio de los ritos, la comunidad se comunica consigo misma, congregando multitudes y contagiando sentimientos de euforia y exaltación, otorgándole cohesión y unidad. Por esto, quizás sin ritos no pueda existir ninguna colectividad (al menos, los ritos secularizados que aún conservamos). Concluyo afirmando cómo el contenido de esta comunicación es nada menos que la forma como la comunidad organiza su “mundo” (mitología), es decir, todo aquello que considera dignos de ser transmitido a las nuevas generaciones.

El Ciclo de las Estaciones

Espacio y tiempo son categorías del ser humano, no son cualidades intrínsecas de la naturaleza. El animal vive en la inmediatez -el león se considera a sí mismo y a su presa como una sola entidad. El ser humano se concibe como “cosa”, ubicado en un tiempo y un espacio. No existe una especie de reloj cósmico donde se colocarían todos los movimientos astrales, ni tampoco una especie de brújula cósmica que ubicara la dirección de sus desplazamientos. Estos son conceptos elaborados por nosotros.

Ritualización del Espacio

  • El tiempo y el espacio son categorías meramente gnoseológicas. Las necesitamos para pensar, e incluso, para percibir y manejarnos en el mundo. Cada época y cada cultura poseen su propia manera de concebir el espacio y el tiempo: en Occidente, las consideramos como cualidades homogéneas; divisibles en segmentos iguales indefinidamente (el punto y el instante no tienen dimensiones, son sólo realidades matemáticas). En las culturas primitivas, se “separan” ciertos fragmentos y se les considera con cualidades diferentes, la oposición binaria más antigua que se conoce –antes de “bien/mal; “bello/feo”; sano/enfermo– es la oposición entre “sacro” y “profano”.
    • Sin embargo, pueden darse desplazamientos entre una realidad y otra. Concretándonos al espacio, existen los “lugares sagrados”, separado de la profanidad general del mundo, y de ahí vienen rituales espaciales, como la procesión y la peregrinación. En la procesión, lo sagrado sale de su espacio propio e irrumpe en el espacio de la profanidad, santificándola. En la peregrinación, al contrario, es lo profano que se desplaza hacia el lugar sagrado, para entrar en su contacto y obtener bendiciones sobrenaturales.
  • Peregrinación. El ser humano ha sido siempre un perpetuo itinerante -su sedentarismo data de apenas 6000 años-; las migraciones siguen siendo un preocupante fenómeno actual. Las causas saltan a la vista: las oleadas de emigrantes salen de su pueblo y patria natales, pues ya la sobrevivencia no se le garantiza ahí, e incluso, para ayudar a su familia. Pero es posible que en su inconciente se agazape, tal vez, la curiosidad milenaria por querer investigar qué hay detrás de aquellas montañas.
  • La peregrinación es un ritual muy antiguo: los registros de visita a ciertos lugares sagrados se remontan a hace unos 20,000 años. Pero no basta el mero desplazamiento hacia aquellos lugares, sino que se requiere del “romero” o peregrino de ciertas actitudes. No es difícil distinguir al “peregrino” del mero “visitante”. El devoto deja por un tiempo sus horizontes habituales, sus “hábitos” donde “habita”, para incursionar hacia la fuente de todo; al encuentro del radicalmente Otro.

Ritualización del Tiempo

• La medición del tiempo suele ser de dos tipos: el tiempo ecológico, cósmico -ciclo de las estaciones-, y el tiempo y el tiempo estructural -ciclo vital del individuo)
• El tiempo -como el espacio- depende de la calidad de su influencia (tiempo sacro / tiempo profano): tiempo fasto o nefasto, según el período que se mida:
o Las horas del día: nosotros distinguimos 24 horas, día y noche; pero en otras culturas son 7 horas día o noche. Las 9 am es fasto, el mediodía también es fasto, la media noche es nefasto.
o Los días de la semana: Días fastos: sábado y domingo/ nefastos martes y viernes/ peligroso, lunes (ánimas)
o La semana (lunas) llena, menguante, nueva, creciente.
o Días del mes: 1 (fasto) 13 (nefasto).
o “Cabañuelas”: métodos tradicionales de predicción metereológica utilizado en España y América, durante el mes de enero. Para tales predicciones, el experto se basa en indicadores como las formas de las nubes, la dirección del viento, las características del Sol, la Luna, las estrellas, la niebla, el rocío de la mañana, el arco iris o el granizo, etc.
o El trimestre (estaciones). Para ello es necesaria la observación astronómica para fijar la fecha exacta de solsticios y equinoccios, y algunas etnias lo fijan arquitectónicamente: los mayas de Chichén Itza, por ejemplo, saben que en el solsticio de otoño baja Quetzalcóatl, y esto lo marca la pirámide de Chichén Itsá. Exactamente, el 23 de septiembre, un juego de luces y sombras deja ver cómo baja la serpiente emplumada. Los nahuas de Malinalco, en el equinoccio de primavera, el sol queda al centro de un monumento pétreo. Los Zapotecos de Monte Albán, construyeron en la escalinata de un edificio al que en uno de sus escalones le falta la piedra del fondo, y ese hueco da a un camerino, y en una fecha precisa, el rayo del sol poniente ilumina un jeroglifo.
En el medio rural, el cristianismo preconciliar celebraba las “témporas”, al inicio de las estaciones, Se hacían procesiones por los campos y se bendecían los terrenos y labores
o El año: años nones (fastos) / años pares (nefastos).

• Contra lo que pensamos (que primero se inventó el calendario y luego las fiestas), en realidad fue al revés: sin fiestas no habría calendario, y la vida social no tendría orden: sin domingo (reposo y culto) no habría semana.
• Las exigencias de las labores requirieron la medición del tiempo. Sin embargo, no todas las culturas reconocen el mismo número de estaciones (los chinos tienen 5; en otros lados, sólo dos -secas y lluvias-), y también, del tipo de labores que se realicen y de las latitudes (en el Cono Sur del Continente, la Navidad es tiempo de calor, por lo que no tiene sentido los trineos y los abetos). En las sociedades más complejas, los trabajos se diversifican, por lo que se requiere una medición más exacta del tiempo para coordinarlos:
o Los pescadores atienden a la luna, pues demasiado brillo impide que salgan los peces
o Los cazadores deben prever el tiempo de migración de las aves.
o Los campesinos necesitan saber el tiempo adecuado para sus labores del campo.
• Esto se realiza comparando dos movimientos distintos, y lo más práctico fue regirse por el movimiento de los astros, especialmente Venus, el Sol y la luna. Lo más común es acomodar el ciclo laboral (siembra/cosecha) con los cambios en la naturaleza: el ciclo astral (cambio de las estaciones), y para recordar el tiempo exacto entre la población mayoritaria, ajena a cálculos astrales, se estableció el ciclo ritual, en torno a los ejes litúrgicos de Navidad y Pascua.
• No siempre el movimiento de los astros determina las labores. Ejemplos:
Los huicholes no se guían por los astros, sino por el peyote, su planta sagrada. Este grupo étnico es seminómada y habita en el desierto potosino. Dado que la reserva de cosecha de maíz no alcanza para todos los habitantes del poblado, los varones, dejando en el poblado a mujeres, niños y ancianos, salen al desierto, y en recolección y cacería, se agencian el alimento de cada día. Cuando aparecen los primeros peyotes, los flechan y reconocen que el maíz ya casi está a punto de ser cosechado. Entonces cazan un venado y regresan al pueblo para celebrar la fiesta del maíz. Por el camino, hacen un minucioso examen de conciencia de sus pecados, que recuerdan por nudos en un cordel. Al llegar, cosechan el maíz y hacen su fiesta. En determinada fecha, peregrinan hacia la meseta de Viricota y comen peyote para comulgar con su dios Mezcalito, quien se deja ver.

o Los Nuer basan sus actividades laborales en las dos únicas estaciones tropicales: tiempo de lluvias torrenciales, que inundan todo el valle, por lo que tienen que cambiarse a lugares elevados y sembrar mijo; y el tiempo de seca en que bajan a pastorear y cazar.
o Los Mursi (Etiopía) también alternan su cultivo en campo inundado y el pastoreo. Pero ellos no se guían por el sol, sino por las lunas. Tienen un calendario de 12 lunas, con nombres y actividades precisas para cada una de ellas; pero no es claro fijar cada año cuál será la luna inicial, lo que requiere de debates y acuerdos (nosotros decimos: “ya estamos en abril, ya van a llegar las primeras lluvias”; mientras que ellos razonan así “ya llegaron las lluvias, luego, estamos en abril”)
o Los Trobriand (Polinesia) inician el año después del plenilunio de otoño (entre octubre y noviembre), cuando el gusano “malimalia” coletea en el agua y emite su material reproductivo (octubre-noviembre)
o Los Huaves (Oaxaca) son pescadores que viven cerca de unas lagunas cercanas al mar. Las lluvias les son necesarias; pero si se prolongan, se unen aguas dulces y saladas. Por esto, en la fiesta patronal de San Mateo, hacen la danza de la tortuga (lluvia), para pedir lluvia; pero la suspenden, y la renuevan en la fiesta de Corpus Christi, para pedir el cese de las lluvias, para lo cual, degüellan a la tortuga.

• En Mesoamérica precolombina, los antiguos supieron calcular los cambios de estación mejor que los invasores. Mientras que, en Europa, antes de conocer los años bisiestos, sus cálculos tenían muchas fallas; mientras que, entre los Mexicas, los calculaban con exactitud, e incluso, supieron popularizar este conocimiento entre la población, gracias al símbolo del “Ollin”. Su cálculo lo lograron fijándose en el curso de los astros, tanto en el día como en la noche:
o En la noche lo hicieron mirando las estrellas de dos constelaciones, que hoy las conocemos como Osa Mayor y Osa Menor, las cuales giran en un año, en torno a la Estrella Polar (hasta hace poco, se confundía con el Planeta Venus). Notaron que su ciclo anual podía coincidir con los equinoccios y solsticios, y si gráficamente se dibujaban en los días de cada estación, forman una especie de cruz gamada. Además, sumando las siete estrellas de la Osa Mayor, las cinco de la Osa Menor y añadiendo el astro central de referencia (Venus), daría 13. Y si multiplicamos 13 por las cuatro estaciones, sumaría 52, el siglo mesoamericano.

o En el día, Se fijaron los puntos exactos por donde el sol salía y se ponía en el solsticio de verano y se trazaba una línea recta; y los puntos exactos en los que el sol salía y se ponía en el solsticio de invierno y se trazaba otra línea recta. Se trazaban sendos arcos de un sol a otro, resultando cuatro ámbitos, con referencia al punto de cruzamiento, lo que hacía una figura en forma de flor. Cada ámbito era un punto cardinal (no puntual, como nuestra brújula, sino más buen un ámbito extenso), teniendo el Norte arriba, Oriente a la derecha, Sur abajo y poniente a la izquierda. De este modo, midiendo los respectivos lugares del recorrido solar en el amanecer y el ocaso, se podía calcular los meses del año, conociendo por el sol, al mismo tiempo, el tiempo y el espacio, es decir, el calendario y la brújula. También pudieron calcular con exactitud los días sobrantes, que ritualizaban como “tiempo muerto” de descanso y culto. Todavía persiste en la actualidad vestigios del Ollin, en los pueblos originarios, como se supone, por ejemplo, en la Danza de los Voladores de Papantla; el centro, con el flautista, y los cuatro volcadores, los puntos cardinales, que dan 13 vueltas el ir desenredando el cordel. Se han encontrado símbolos del Ollin, por ejemplo, en las Estaciones Pozas de la parroquia de Huejotzingo, Puebla, en la corona de la Virgen misma, y para mayor sorpresa, se puede observar la flor de cuatro pétalos del Ollin en el vientre de la imagen de la Virgen de Guadalupe.

o Para el cristianismo, acomodar las fechas litúrgicas a los equinoccios y solsticios exigió de cuidadosa adaptación. Por ejemplo, fijar la fecha de la Navidad. En los Evangelios no hay ningún indicio sobre la fecha del nacimiento de Jesús. La Iglesia procuraba aprovechar las fechas de tiempos de fiestas paganas de Roma para cambiar el contenido de dicha fiesta (La Iglesia es “romana”). En el solsticio de invierno (cerca del 25 de diciembre), los romanos celebraban la fiesta de los “Saturnalia” (al dios Saturno), en ella, los patrones servían a los esclavos y estos mandaban. También era la fiesta del “Sol Invictus”, pues cuando los etruscos comenzaron a interesarse por los fenómenos astrales, veían con preocupación que, desde el verano, el Sol iba amaneciendo cada día más tarde y se ponía más temprano. Temían, pues, que llegaría el momento en que el sol ya no saliera; más he aquí que, a partir de la noche más larga, el día comienza a crecer de nuevo. La claridad solar vencía a las tinieblas, y por eso se regalaban lucecitas y velas. Una vez fijada la fecha del nacimiento de Jesús, contaban seis meses atrás, en el solsticio de verano, cuando era el día más largo, para fijar la fecha del nacimiento de San Juan Bautista, recordando la frase del profeta, cuando sus discípulos recelaban que Jesús también estuviera bautizando: “conviene que Él crezca y yo disminuya, pues Él es más grande que yo”. El sol del Bautista disminuía y el sol de Jesús iría creciendo. Sin embargo, entre los pueblos originarios mesoamericanos, la Navidad no es tan celebrada como el Día de los Muertos, que en México es más importante, pues para esta fiesta, los emigrantes que pueden visitan su pueblo, se reúne toda la familia, incluso los difuntos son invitados a comer, y es día no de tristeza, sino de alegría.
o El otro eje litúrgico es la Semana Santa. El cristianismo trató de poner de relieve la noche de la resurrección, simbolizado por la luna llena. Esto implicaba una fiesta movible, se procuró entonces fijara en el plenilunio más cercano al equinoccio de primavera. los judíos ya celebraban la fiesta de la Pascua (“paso” a través del mar rojo. Cristo pasa de la muerte a la vida); pero para ellos era fiesta fija (el 14 de Nissán, por el mes de abril). En Roma, los árboles, que durante el invierno pierden sus hojas y parece que ya están muertos, en este tiempo florecen (Pascua Florida), aunque todavía no nazcan las hojas. Esas flores pronto caen y después de las hojas florecen otra vez y dan fruto. Tiempo de resurrección. En los pueblos rurales, la fiesta de Pascua marca, más o menos, el tiempo del inicio de las siembras. De modo que, teniendo los dos ejes del ciclo litúrgico, el tiempo es pendular. SE muere para resucitar; se nace para morir.
La tradición sajona de la Pascua sustituye a la fiesta en honor a diosa teutona de la luz y la primavera, “Easter”, que se remota al culto fenicio de la diosa de la fertilidad “Astarté” o “Istar” (easter), cuyos símbolos eran el huevo y la liebre (los huevos de pascua, traídos por un conejo)

LA FIESTA PATRONAL

• La primigenia dicotomía Sacro/Profano implica también a la dimensión temporal: Tiempo “profano” y tiempo “sagrado”. Se trata de un tiempo extraordinario. La fiesta patronal es fiesta litúrgica; pero sólo en el ámbito local, por lo que suele fungir como identidad del pueblo. Las mejores fiestas se realizan en ambientes pobres. El dispendio que aparentemente sería derroche (cohetes, flores, comida), resulta funcional, como una inversión para exorcizar la miseria. El núcleo original de estas fiestas era el sacrificio: desprenderse de un bien útil y destruirlo para compartirlo con la divinidad, por el mecanismo reciproco del “do ut des” (dar para que me des).
• En la fiesta, la comunidad se celebra a sí misma
En ella todo se trastrueca:
 La noche se vuelve día
 El trabajo intenso no es utilitario.
 Surgen nuevas autoridades
 Los varones se visten de mujeres
 Las normas se relajan

Clase 09: Antropomitemas

Origen del ser humano

Versión maya- (Popol-Vuh)

  • Tepeu y Gucumatz –los dioses progenitores– crearon primero a los animales; pero estos no hablaban y, por tanto, no pudieron alabar a los dioses.
  • Luego crearon a los hombres de barro; pero no se sostenían
  • Luego los crearon de madera; pero no tenían memoria
  • Por fin los crearon de maíz mezclada con sangre de esos dioses (venimos del maíz)

Versión azteca

  • Para la creación del ser humano, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca trajeron a la diosa Tlatecuhtli, llena de ojos y de bocas por todas partes, y la partieron en dos. Así fue como se crearon la tierra y el cielo.
  • Entonces todos los dioses encendieron una fogata. Algún dios tenía que sacrificarse, para que de su sangre surgiera el ser humano
  • Tezcatlipoca (apuesto, elegante alto) era el favorito: pero también se apuntó como candidato Quetzalcóatl, un dios jorobado y llagado. Pero llegado el momento del sacrificio, Tezcatlipoca retrocedió por miedo, de mod que fue Quetzalcóatl quien se lanzó al fuego.
  • Otro mito dice que los aztecas surgieron de un árbol, en la cueva de Temoachán, en Aztlán.

Versión mixteca

  • Según el mito mixteco, sus antepasados, cuatro seres salieron de un gran árbol que se encuentra en Apoala (otros dicen que un semidiós horadó ese árbol y copuló con él).
  • Leyenda del flechador del cielo- Relata un antiguo mito mixteco, que uno de los hijos del Gran Árbol de Apoala fue “El Flechador del Sol”: un humano gran flechador, quien al emerger, vio al Sol (Ndicanhndíi) y pensó que era el Señor del lugar, por lo que pensó matarlo en un combate, y al atardecer, cuando el horizonte se colorea de carmesí por el poniente, pensó que, finalmente, lo había herido de muerte, con alguna de sus flechas, y así ganó para su descendencia el derecho a gobernar en Nuu Tnoo Huahi Andehui (Tilantongo). Obviamente sus flechas no llegaron al Sol; pero él se convirtió en el mejor flechador del mundo, y no fallaba nunca, ni aunque quisiera fallar. Los otros hijos del árbol ocuparon los otros rumbos de la Mixteca.

Componentes anímicos[1]

La antigua antropología mítico-filosófica mesoamericana distinguía tres entidades anímicas, más o menos distintas, las cuales, aun estando distribuidas por todo el cuerpo, se concentran en ciertos centros anímicos: el “tonalli” en la mollera, el “yolía” en el corazón y el “ihíyotl”, en el hígado.

El imprescindible artículo de López Austin se ha enriquecido con varios trabajos de campo en distintos lugares, los cuales comprueban que dicha filosofía mítico filosófica sobrevive en la actualidad entre los pueblos originarios, sobre todo, entre los agentes dedicados a la salud. Sin embargo, dadas las dificultades de comunicación, la dispersión de los poblados y las formas sincréticas y de aculturación que ha implicado la colonización y modernización a la que han sido sometidos dichos pueblos, se encuentran confusiones, diversificaciones y variantes, no sólo entre estados y regiones, sino incluso entre informantes del mismo poblado. Incluso, al ser traducidos estos conceptos, del nahua al castellano de las comunidades de los pueblos originales (el “ihíyotl” se ha traducido como “sombra”, “espírito” (sic), “alma”, “ánima”). En concreto, me valgo del magnífico trabajo de campo de Alessandro Luppo / Italo Signorini, entre los nahuas de Cuetzalan (Sierra Norte de Puebla) (AL);[2] el de Mario Ortega entre los nahuas de Tzapotitlán (cuenca de México) (MO)[3] y mi propio trabajo de campo en todo el Estado de Oaxaca (EM).[4]

a) Yolía

Es el alma,el corazón, la vida.[5] (Su nombre se deriva del “ollin”, centro y movimiento del viviente; “yolotl” = corazón, “yol”= vida).Es Inseparable del cuerpo, hasta la muerte (desde ese momento adquiere la categoría de “ánima” y “ancestro”). Es don divino, vitalidad, conocimiento, volición, afectividad, memoria. Los males del corazón (afección cardiaca por hechizo, o mala conducta) le afectan y provocan estupidez o epilepsia. Acompaña siempre al ser humano, hasta cuatro días después de muerto (hoy, el novenario), cuando inicia su viaje de ultratumba a su paraíso correspondiente (EM).

Como el concepto de “alma” cristiano, se infunde en el seno materno. Tiene que ver con la inteligencia y la emoción. Se concentra sobre todo en el corazón. Informa el cuerpo. Desde antes del nacimiento; como una suerte de predestinación, depende del “destino”, su signo, por ejemplo, en la forma de morir. Se simboliza por la vela encendida (que puede ser apagada por un soplo y no dejarse consumir totalmente).

Un accidente o muerte prematura, fuera de la voluntad divina, impide al Yolo que alcance su destino ultraterrenal, y queda vagando por la tierra, como “ánima”. Pueden meterse en un niño recién nacido. En este caso, parece como si coexistieran dos almas en un mismo cuerpo, y es motivo de enfermedad (a no ser que entre antes de que se infunda el alma en el niño, y entonces sería reencarnación). También durante un espanto, al salir el espíritu, puede entrar el Yolo vagabundo; pero ocasiona enfermedad y muerte (AL).

Otro motivo para que el Yolo no llegue a su destino, es tener cosas pendientes, por motivos religiosos (cumplir una misa o mayordomía) o terrenal (herencia no repartida, tesoro enterrado). En ese caso, busca quien se responsabilice, recompensándolo. El incesto provoca reencarnaciones (AL).

El Yolo se queda en la vivienda durante el novenario, hasta que se lleva la cruz al panteón. Entonces emprende su viaje hasta Mictlán, reino de los muertos, que puede ser “infierno”, o bien, a la Gloria. Después de siete años, se les concede regresar el Día de Muertos, a veces en forma de mariposa o ave (AL).

b) Tonalli

Se ubica en la parte superior de la cabeza. Elemento celeste, luminoso y solar (cosmos), da fuerza y calor.

De este depende el valor y el temperamento de la persona o sus cualidades. Dependiendo del día en que nace, según el libro del Tonalamatl, recibe su nombre, se fija su destino. El dios Ometeotl lo insuflaba en el feto. En el sincretismo de reinterpretación religiosa, se ha sustituido aquel libro del por el Calendario de Galván. El nombre del niño corresponde al día y hora en que nació. (EM)

Puede abandonar el cuerpo de la persona, voluntaria o involuntariamente. Lo hace durante el sueño, con los hongos o en el coito; pero también por brujería o por espanto. En ese caso, hay que llamarlo por medio de ciertas prácticas terapéuticas (tales como ver el reflejo en el agua de una jofaina, o invocarlo desde dentro de un jarro). De lo contrario, si se deja pasar mucho tiempo, la persona muere. Para recuperar el “tono” perdido, es preciso llamar a la persona por su nombre propio (el del bautismo). Por esto, no parece conveniente que dicho nombre bautismal se conozca fuera del círculo familiar, pues podría ser utilizado por los brujos para hacerle daño, por lo cual, además de su nombre propio, a los niños les pone otro nombre, por el que será conocido en el pueblo (incluso un tercer nombre que se da a los fuereños). Después de la muerte, se cortaban cabellos del difunto o cenizas, con la creencia que allí se concentraban parte del tonalli (fuerza), que podría pasar a los descendientes.

En algunas partes de Oaxaca (v.gr., en la Costa), se relaciona con el “tona” (o “tono”), el “alter ego animal; en todos los humanos, al nacer, nace al mismo tiempo un animal, con quien se comparte este elemento. Los poderes mágicos del animal, que daban nombre al día del nacimiento, podrían ser conferidos a la persona, o bien, la facultad de convertirse en ese animal. Parece que este concepto es más tardío, por influencia de Centroamérica o, según Aguirre Beltrán, de África. Se puede conocer cuál es el “tono” del bebé, pues se supone que, al nacer, llega su “tono” a conocerlo. Por eso, algunos ponen una capa de ceniza alrededor de su cuna para detectar sus huellas, o lo dejan en algún cruce de caminos para que el animal lo olfatee (el padrino se esconde para estar al pendiente) (EM).

   En la Sierra de Puebla, es el componente anímico que más ha variado. En lugar de estar ligado al destino del individuo, es capaz de abandonar el cuerpo ante emociones intensas. Aunque allá no existe el término “tono”, sí parece que existe este componente anímico con la palabra “ecahuil” o “sombra”, probablemente de origen meridional. El humano y el animal comparten su coesencia indisoluble mientras ambos vivan. Remedio a la carencia de energía vital; liga más fuerte con la naturaleza. Puede separarse del cuerpo, durante el sueño. Tiene su sede en el hombre; pero su fuerza deriva del tonal. Transmite a la persona las características de su doble animal. Su separación del cuerpo (susto) debilita a la persona y la lleva a la muerte. La persona comparte los rasgos de carácter de su alter ego animal (quien tiene tono jaguar es agresivo y malvado, etc.). El polo fuerte es el del animal. El “ecahuil” está en el hombre, pero es influido por el animal. Lo que le sucede a uno, repercute en el otro (AL).

La sede del “tonalli” es todo el cuerpo; pero principalmente en la cabeza. Por eso, cuando por algún susto esta entidad sale del cuerpo, hay “vacío de cabeza” (anda atarantado); sale en figura de un airecillo (en el sueño, los gatos lo pueden comer). Se introduce en el bebé en el momento del parto. Este momento del nacimiento es muy importante, pues del “tonalli” depende el temperamento, la resistencia física y el destino. Los que nacen por la noche tienen un “ecahuil” más fuerte, sobre todo si hay luna llena. Los que nacen en luna creciente son más débiles. Los que nacen en martes o viernes, lo tienen más fuerte, y están inclinados al mal (AL).

El ecahuil puede transmitirse después de muerto al descendiente con el mismo nombre. A veces se piensa que se tienen varios tonalme (tono), en orden jerárquico. Los tonalme suelen vivir en lugares protegidos, pues hay riesgo de que un cazador lo mate y entonces la persona también muere (AL).

Cuando matan al hombre, el animal muere, no inmediatamente, sino días después; pero no al revés, pues si matan al animal, el hombre muere de inmediato. A veces se queda en la tierra un tiempo, como “sombra” (no confundirlo con las ánimas errantes). No hace daño a los vivos (AL).

c) Ihíyotl (respiro, aliento, soplo)

Se arraiga en el hígado. Es un hálito o emanación. Se puede separar del individuo, como emanación luminosa. Puede ser usado para el bien o para el mal. Después de la muerte, sale como emanaciones del cadáver. Espeluznantes apariciones de difuntos (“aire de noche”) Se relaciona con las facultades metafóricas de los “nahualli”, el cual reviste concepciones: la popular -el nagual, su espíritu, se encarna en su tono-, o el de las élites -el “ihíyotl” emana y parte de ella se introduce en un animal, el que sería su cubierta exterior (MO).

Ahora Ya no tiene esa entidad propia que tenía antes. Es el aliento vital que anima al hombre dentro de su organismo. Quizás emanación fétida del cadáver, que perjudica a los niños o débiles (por eso se protegen con ciertas hojas en el velorio (MO) [o cebolla EM].

“Mal aire”: gas luminoso (por eso el castillo, los cohetes, lo revientan). Las curanderas lo curan con hierbas, y luego las dejan en el camino para que el mal se pase a un viandante, pues tiene que entrar en otro (MO).

Tenorio y “La Rebelión de los Leones” [6]

  Consta en las actas del proceso judicial llevado ante la Real Audiencia en 1537, contra Francisco López Tenorio, regidor de Yagavila, pueblo de los zapotecos de la Sierra Norte de Oaxaca, se describen algunos abusos hacia los indígenas. Según su testimonio, en Zoogocho, escuchó ruidos extraños “como de doscientos hombres”. Por el terror mismo, apresó a tres indias, las cuales, bajo tortura, le confesaron que eran los indios del pueblo que se convertían en leones para devorarlo y, por el miedo, ahorcó a una india allí mismo. Dado que los jueces no le creyeron, reformuló su defensa aludiendo a otro hecho más creíble: la acusación de sodomía al cacique chamán Yagaeche, quién además era sacrificador y antropófago. Seguramente los jueces eran partidarios de la política de los Habsburgos, de mayor comprensión a las costumbres de los indios, pues el proceso de conversión debía ser gradual y, en efecto, se conocía que todos los chamanes de la Sierra eran homosexuales, y Las Casas justificaba los sacrificios como una forma de su religiosidad. Tenorio, ante esto, volvió a su primera acusación y relató casos de nagualismo (conversión en animales). Esto sí convenció a los jueces, pues ya para entonces, en España se estaba persiguiendo a las brujas, las cuales, se decía, por pacto con el diablo podrían convertirse en bestias. De todos modos, condenaron a Tenorio al destierro, privándolo de volver a ocupar ningún otro cargo de autoridad.

LOS NAGUALES

  • Este es uno de entre varios testimonios de misioneros, que narran haber sido atacados por naguales (uno de ellos narra que al atravesar un rio lo ataco un caimán, él le cortó una pata, y en el pueblo, el sacristán se presentó si una pierna).
    • Entre los antiguos mexicanos no cualquiera podía ser un brujo, sólo algunas personas, ya predestinados desde su nacimiento (teciuhqui), tienen la facultad de que cuando duermen, su “ihíyotl” se puede encarnar en su “tono” (EM) [o su “tonalli”, según AL]. Estos son los nahuales. Suelen convertirse en coyotes o en perro negro, y aprovechan el espanto que producen para entrar en la persona (AL).
    • El nagual es diferente de la brujería española, pues en Europa, cualquier persona, mediante pacto con el diablo, podía entrar en el cuerpo de cualquier animal para provocar daño.
    • Los dioses mexicas, ya desde su estancia en Aztlán, tenían también un ser dual, un animal o nahual compartía su suerte. Por ejemplo, Tezcatlipoca solía obrar en la forma de su nahual coyote (o jaguar) (MO) y Huitzilopochtli, en forma de  águila o de colibrí.
  • Los tlacatecólotl u hombres búhos, llamados así en honor a los búhos representantes del inframundo; podían introducir hechizos en el cuerpo, que se manifestaban como trozos de hueso u obsidiana.
  • Al nagual hechicero también se les conocía como “teyolloquani”, lo que significa “él que come el corazón de la gente”; o como “Teyolpachoani”, “él que oprime el corazón de la gente”. (en el corazón residía la fuerza anímica “teyolía”, entidad que dotaba de razón a las personas).
  • Los brujos sacerdotes pertenecían a la elite mexica; eran consejeros del Tlatoani, pues podían predecir y detener sequías y enfermedades (MO).
    • Como tlacatecólotl, era peligrosamente maléfico, se transformaba en búho, lechuza o mochuelo, y en otras animalías fieras y en tan insólita forma provocaba males y enfermedades sin cuento.
    • El nahualli bueno era respetado por sabio; pero se tenía miedo a los hechizos del nahualli malvado, sobre todo cuando asumía la forma de hombre lobo (perro negro).
    • Los nahuales acostumbran atacar por las noches, en la forma de animales, especialmente perros negros. Sus víctimas con los desvelados que salieron de juerga y dilapidaban su dinero en forma gozosa e irresponsable.
  • La época propicia para los nahuales es la temporada de lluvias, pues en el altiplano mexicano con sembrados de temporal, su efecto beneficioso hace germinar el maíz. Se dice que los nahuales se refugian en las montañas, pero en su forma humana residen en los pueblos como las otras personas.
  • Regresando en el tiempo, el sacerdote o nahual mesoamericano poseía las siguientes virtudes: Una gestación y un nacimiento insólito, pues desaparecía y aparecía en el seno de la madre encinta; conocía el reino de los muertos y del cielo; era el oráculo de la lluvia; aconsejaba a los príncipes, reyes y plebeyos; organizaba el ritual del sacrificio en honor a Tláloc, para pronosticar la lluvia; advertía sobre la amenaza de enfermedades y hambrunas; pronosticaba la muerte de los reyes y pueblos; advertía sobre el peligro de granizadas y podía conjurarlas; se mantenía en celibato y vivía en el templo donde ayunaba, por lo cual se le llamaba brujo, astrólogo (naualli, tlaciuhqui); y ejercía el oficio de brujo (tlacatecúlotl, hombre brujo) Su capacidad de transfiguración en diversos animales, y la asociación de su  nacimiento al signo ce quiáhuitil (1-lluvia) son mencionados por Sahagún (Báez-Jorge 1998: 185-186).
  • Aguirre Beltrán explica el respeto otorgado al nahual sacerdote, como tlaciuhqui, a partir de su poder sobre el granizo, las heladas o las lluvias torrenciales, catástrofes que desataban el hambre y la enfermedad entre los cultivadores agrícolas mesoamericanos.
  • Con el sincretismo cristiano se mantuvo cierto nahualismo: Esos indios adoraban santos montados a caballo como Santiago Apóstol y San Martín Caballero y atribuían el carácter de nahual o de “de tono” a la serpiente que acompaña a las imágenes de San Jorge, San Juan Evangelista y San Miguel Arcángel, entre otros.
  • En el sincretismo colonial, los indios sustituyeron a las antiguas deidades o corazones del pueblo, por los santos patrones. Dichos santos quedaron a cargo de las rondas nocturnas en las comunidades, para luchar contra quienes intentaran agredir a sus protegidos. Así ocurre en el pueblo de Tzapotitlan, donde Santiago Apóstol combate sobre su corcel a los santos de otros pueblos: como San Francisco, el patrono del vecino pueblo de Tlaltenco, quien le quiere robarle a su Señora Santa Ana, la otra santa dual del pueblo objeto de esta investigación (MO).
  • Así, los santos patrones católicos heredaron de los nahuales estos oficios: El control de las lluvias; la preservación de las milpas; el cuidado de las cosechas; la regulación de los naguales de menor rango; la protección de la comunidad frente a las acciones negativas de los naguales (o rayos) de otras localidades; el cuidado de las cosas de los antiguos (figuras sagradas, etc.); y la protección contra los desastres naturales (Báez-Jorge 1998: 187).
  • Tras la conquista española, en el nuevo continente: Los disidentes indios adoptaron formas variadas de resistencia no sólo política sino cultural. Entre los nahuas, son los transformistas, los nahuales, quienes se ponen al frente del movimiento contracultural advirtiendo males sin cuento para quienes adopten a los dioses de los conquistadores. De aquí le viene al nahual una nueva característica comprensible en el contexto colonial: velar por la pureza de las costumbres, por la preservación de la cultura, lo que hoy se manifiesta en su capacidad de defensor de las normas éticas comunitarias.
  • Los naguales atacan por la noche, en figura de perros negros. Sus víctimas son los desvelados que salieron de juerga y dilapidaron. También cuidan de las buenas costumbres y atacan a los mujeriegos y cobardes (MO).
  • Cuando la víctima se defiende (piedras, palos, machetes), al día siguiente la persona-nagual tiene magulladuras o heridas (EM).
  • Se dice que los naguales, transformados en animal, pueden trabajar son cansarse; pueden recorrer distancias a la velocidad del rayo. Así transformados, pueden robar, ladrones (pero a veces son ladrones disfrazados de animal para robar, v.gr, un bote de manteca) (EM)
  • Fabregas comenta que entre los cronistas los nahuales eran vistos como una suerte de sociedad secreta opuesta a la difusión del cristianismo. Brinton llegó incluso a asignarles características de grupos misteriosos en lucha contra el gobierno, aprovechando sus demoníacas facultades(Fabregas 1998: 192).
  • Otros les atribuyen la misión de velar por el respeto a las buenas costumbres –suelen atacar a los mujeriegos y cobardes-. Acaso por alguna institución femenina para amedrentar a los maridos crapulosos.

Andrés Fabregas Puig estudio del imaginario popular sobre la existencia de los nahuales en los pueblos nahuas de Chalco-Amecameca. Describe a los nahuales como gentes con la capacidad de transformarse en animales; distingue al hombre nahual de la mujer que se conoce como nahuala o bruja. La metamorfosis del hombre en nahual es muy sencilla, simplemente se envuelve en su gabán, se acurruca y se concentra hasta lograrlo (o pide a otro nagual que brinque por encima de él). En cambio, la mujer lo hace al brincar en forma de cruz sobre el tlecuil o fogón.

Las brujas “chupamolleras” (MO)

  • Las brujas españolas lo eran por vocación. Si alguna mujer deseaba volverse rica y disfrutar de los placeres carnales, podía hacer un pacto con el “innombrable”, quien la marcaba y concedía sus deseos.
  • Gracias a los archivos de la Inquisición sabemos que las hechiceras del viejo continente integraban bandas de cien o más miembros, en sus masivas reuniones celebraban misas de magia negra y orgías sexuales (en realidad se trataba de supervivencias de un antiguo culto dionisíaco).
  • La brujería actual en México es resultado de una mezcla entre las tradiciones mesoamericanas y las españolas el sincretismo se facilitó en la Nueva España, pues las brujas de uno y otro lado del Atlántico podían volar, transformarse en animales, matar personas y provocar enfermedades.
  • La toyollaquani, bruja mexica. William Madsen antropólogo norteamericano, investigó las tradiciones de brujería en Tecospa un pueblo indio de origen nahua. Donde encontró un gran temor al tlacique, palabra nahua que designa a un hechicero-vampiro, quien podía ser un hombre o una mujer, destinados desde su nacimiento a desarrollar poderes malignos sin necesidad de recibir ningún entrenamiento.  También reporta que las brujas mujeres no podían heredar los poderes a su hija.
  • Como una tlacique no se podía alimentar con carne, debía consumir sangre humana. Por las noches la tlacique se transformaba en un guajolote, que salía a volar iluminado su camino con una olla de fuego. A fin de evitar ser descubierta provocaba un largo y profundo sueño a las personas; pese a que succionaba el precioso líquido en forma animal, dejaba marcas de dientes humanos en sus victimas (Madsen 1966: 202).
  • En Tzapotitlan, sin embargo, los relatos de brujas no las asemejan a los vampiros europeos, chupando la sangre, sino que chupaban la mollera, lugar donde se encontraba el tonalli uno de las entidades anímicas según la concepción mesoamericana.
  • Las brujas pueden convertirse en guajolote, tecolote, culebra… o en una bola de lumbre que vuela
  • En el caso de las brujas o nahualas es el fogón donde al cocinar los alimentos, la naturaleza se transforma en cultura: por eso también ahí ocurre el proceso inverso. Es en el tlecuil donde la bruja o nahuala logra trascender su naturaleza humana y convertirse en un ser sobrenatural. Hace un baile sobre el tlecuil, saltando en forma de cruz, y luego se quita sus piernas y las deja en forma de cruz.
  • Para defenderse de las brujas, dejan detrás de la puerta una escudilla con agua y con una navaja de obsidiana sumergida, lo que las asustaba al ver su rostro reflejado con la navaja en el cuello
  • Las brujas mexicanas, “chupamolleras”: se quitan las piernas frente el tecuil y las dejan en forma de cruz. Salen volando en forma de bola de fuego. Los varones son naguales; las mujeres, brujas. Chupan la mollera, el flujo vital (donde está el tonalli: corazón e hígado los otros componentes anímicos). En realidad, “empacho” (diarreas virales, mal curadas por médicos)
  • Se estudian niños “chupados”, que presentan marcas negras y azules en el pecho, nuca y espalda, así como algunos rasguños en su cara
  • En la realidad, la creencia puede ser explicación ante bebés asfixiados en la cama por sus padres, durante el sueño. Para disculparse hablar que la bruja se lo chupó (muerte de cuna o por descuido).

LA MUERTE EN EL MEXICANO

  • Perspectiva existencial de la muerte- Perecer es la condición inevitable de todo ser vivo. Gracias a que morimos, es posible la continuación de la vida, pues muriendo las personas singulares es como la vida se adapta a las cambiantes condiciones del entorno ecológico. Sin embargo, la muerte propiamente dicha es patrimonio exclusivamente humano, ya que, el poder preverla, causa angustia e incertidumbre por el futuro. Por eso muchas religiones creen en una realidad “más allá” de este mundo.
  • La muerte en “el mexicano”. El ser humano vive inmerso en una cultura determinada, que es la que nos construye como “humanos”. No extraña, por tanto, que, si vivimos “enculturados”, también muramos “enculturados”. En la primera mitad del siglo XX, inspirados por la ideología nacionalista postrevolucionaria, aparecieron numerosos estudios sobre “El Mexicano”. El supuesto desprecio que siente el mexicano por la muerte y su cinismo con que de ella se carcajea, podría corresponder a la época revolucionaria, cuando se fomentaba entre los pobres la disposición de morir o matar. Sin embargo, es posible indagar las diversas influencias que han ido configurando nuestra realidad cultural y descubrir así si existe una manera propia nuestra de encarar la muerte.
  • La tradición mesoamericana. Para las antiguas etnias que poblaron este territorio antes de la invasión europea, los difuntos podrían ir a diversos paraísos, no dependiendo de su conducta ética, sino del género de muerte que tuvieron. La muerte era divinizada: El dual Mitlantecuhtli/ Mitlacíhuatl, Señor de la Muerte, vivía en su reino subterráneo: un lugar similar a este mundo, iluminado por el sol después de su ocaso, donde el trabajo era ligero y donde florecía el Zempaxuchitl, brotando del sexo de la diosa Xochiquetzal. Allá llegaba el común de los muertos (quienes morían de muerte natural), después de una larga travesía. Por eso, a los difuntos les ponen en el féretro un bule con agua y tamalitos o memelitas para el viaje; y a los niños, un biberón con leche materna, para que se lo den al perro negro- Xolotl, que los conducirá en el río subterráneo. En cambio, Huitzilopochtli se llevaba a los guerreros muertos en batalla o a las mujeres que morían de parto, y acompañaban al sol en su travesía (los varones, desde el amanecer hasta el mediodía, y las mujeres, desde el mediodía hasta el poniente), para resucitar, después de cuatr años de servicio, en forma de colobrí, junto al río. Tlaloc se llevaba a los muertos por el rayo, a los ahogados o a los enfermos de lepra o hidropesía, enfermedades de agua, y resucitaban como niños, jugando junto al agua, entre aves y flores (templo de Tonantzintla, en Puebla). El Dios Viejo llevaba a los ancianos al Temoachán; mientras los niños muertos prematuramente iban al Tonacantecuhtli, una especie de “limbo”, donde estaba el árbol Chichihualcuauhitl (árbol de los 20 senos).
  • La figura de la calavera es muy frecuente en las esculturas, destacando el zompantle o receptáculo de los cráneos de los muertos en batalla. Algunos sacrificados a los dioses morían plenos de orgullo e investidos de carácter sagrado y creyendo alimentar al Sol con su sangre. La muerte era algo natural, que no espantaba. Lo que más aterrorizaba era, justamente, la vida, sujeta a las veleidades de Tezcatlipoca, dios del destino. Hacia fines de octubre, celebraban la fiesta de los Xocolohuetzi o antepasados, de donde viene la costumbre de poner el altar de ofrendas para esperar a sus antepasados. Esta costumbre: poner altar de ofrendas y la creencia de la venida de los muertos es bastante generalizada. Malinowski habla de la fiesta de Malimalia entre los Trobriand, más o menos a fines de octubre. En Italia, es aún costumbre poner ofrendas en el Panteón.
  • La muerte medieval. La tradición europea que nos llegó estaba influida por el terror de los años de la peste. Todo mundo estaba amenazado y podía morir de un día para otro. El temor al infierno se volvió obsesivo, pues era probable la condenación eterna. Los poetas resaltan la caducidad de la vida y el reloj del tiempo que marca el momento predeterminado. El cuadro de Brueghel, “El Triunfo de la Muerte”, habla también de su inevitabilidad aterrorizante y fatídica. También había cierto aspecto de crítica social: la Muerte es democrática. Ante ella no vale el dinero ni el poder… Y en los frescos de los cementerios o en las farsas de los juglares y trovadores se repetía el tema de “La Danza Macabra”, en el que aparecía el Muerto bailando con el Papa, con el Emperador, con el Libertino o con el Labriego. Por cierto, en el cementerio de un monasterio femenino, el fresco del mural presenta a La Muerte (femenino) bailando con la reina, la abadesa, la prostituta y la campesina. Este fue también tema de los teatros de trovadores ambulantes durante el tiempo de la peste, donde se vivió obsesivamente el temor a morir (detrás de la muerte estaba siempre el Diablo). DE ahí viene la imagen de La Santa Muerte.
  • Nuestro Día de Muertos. Tomando a Oaxaca como ejemplo, la fiesta se centra en el Altar de Muertos, donde se coloca la ofrenda: se recuerda a los muertos en lo que parece más vital: el alimento. Al terminar la cosecha, después del tiempo de penuria y sacrificio, el primer banquete y abundancia se comparte con los antepasados, para que sigan protegiendo. Este día, el mexicano se come a sus muertos, como el pan (a veces con su carita) y la calavera de azúcar. Los niños reciben juguetes de muertos. No es un día triste, pues se reúne toda la familia –incluyendo los antepasados- y se convive con ellos. Sólo después del mediodía del día 2, cuando los difuntos ya se han marchado, salen las “comparsas”, es decir, el baile de disfraces. Llama la atención que, a pesar de la contaminación de tradiciones extranjeras, nunca faltan los disfrazados de Muerte, Diablo, sacerdote, rico y prostituta (un trasvesti), vestigios de aquella “Danza Macabra” medieval, cuyos personajes suele representar un sketch cómico, en las casas dónde esperan que les den sus “muertos”[7]. El taller gráfico de Guadalupe Posadas difundió sus “calaveras”, continuando la tradición de sátira político social, así como los tipos populares representados con sendas “calaveras”.
  • El Halloween. Es una tradición sajona, en la que la muerte tiene una connotación de terror y miedo. Su origen viene de una antigua fiesta celta en honor de Samhain, el Señor de la Muerte, en Gran Bretaña. Irlanda y Norte de Francia. Con ella se daba comienzo al Año Nuevo, del 31 de octubre al 1° de noviembre, cuando comienza el frío y la oscuridad. que en aquellas latitudes dura medio año. Se hacía una fogata sagrada, en la que se sacrificaba cosecha o animales. De ella se llevaba el fuego nuevo en linternas (calabazas) en figura de la muerte. Se creía que el dios, agradecido, dejaba que las almas de los muertos regresaran a sus hogares. Llegaban los espíritus con hambre y sed, envidiando a los vivos. Entre los germanos eran “las huestes furiosas de Frau Holda” (la diosa griega Diana), para las cuales, se les deja en el alfeizer de la ventana cerrada, un vaso de agua y algún pan, para que sigan de largo y no entren en la casa.

A diferencia de la muerte sajona, en este día, en México, los muertos son bienvenidos y se les recibe con familiaridad; nos visitan y los invitamos a comer, pasando un rato muy alegre. En el año 610 la Iglesia consideró que el Día de Muertos pagano debía cristianizarse bajo una fiesta dedicada a los mártires. El año 993 se agregó la fiesta de los difuntos mayores. En México está penetrando la tradición estadounidense del “Halloween”, lo cual es reprobable, no tanto por su origen pagano, como denuncian las campañas protestantes de boicot, sino por la colonización cultural que esto implica, habida cuenta de la riqueza de nuestra tradición mexicana.


[1] LÓPEZ AUSTIN, “Cuerpo humano e Ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas”, UNAM, Mex. 1984, 2 vols.

[2] SIGNORINI, Italo y LUPO, Alessandro; Los tres ejes de la vida: almas, cuerpo, enfermedad entre los Nahuas de la Sierra de Puebla, Universidad Veracruzana, Xalapa, México, 1989, pp. 37-47.

[3] Dr. Mario Ortega Olivares, UAM-x. Ponencia para el XVIII Congreso de Religión, Sociedad y Política, ALER, UdeG

[4] “La Cruz Meciánica” o.c., pp 111-117

[5] En diversas culturas se encuentran otras formas: En África, los azande, hay dos almas, una corporal, que con la muerte se encarna en el animal totémico, y otra más espiritual, que llevará una vida tenebrosa cerca de los manantiales. Entre los trobriand, al morir el espíritu travieso”kusi” se hace presente, y el ánima, “baloma”, empor4nde su viaje de ultratumba a una isla.Los quiechuas de Cusco distinguen cuerpo, alma y panimo. Entr los tzeltales de Chiapaas, distinguen dos almas: el “chu´hul” y el”chanul”, el cual tiene 13partes y radica en el corazón; Los negros brasileños distinguen cuerpo (#esse”), “soplo” (emi) y temperamento (ori). Entre los zapotecos de Oaxaca, distinguen el “sien”, alma como espíritu vivificador, y “to”, viento, aliento, espíritu. ME remito a mi libro “La Cruz Mesiánica”, p. 116)

[6] Archivo General de Indias, Sevilla 1537: “Justicia”, legajo 141. Transcripción del Dr. John Keran Chance, 1978 (copia mecanográfica en poder del Lic Luis Castañeda Guzmán, Oaxaca), citado en mi libro “La Cruz Mesiánica”, Palabra Ediciones, 2ª Ed., 1999, México, pp 109-110.

[7] La “comparsa”, por la tarde del día2 de noviembre, visita algunas casas de personas pudientes, que suelen darles ese día algo de comida o de bebida. Los visitantes llegan cargando a un “muerto”, que se supone es el anfitrión. Desarrollan un “sketch”, en el que un actor como muerto representa al anfitrión. Llega la viuda (un travesti) y le llora, aludiendo en forma chusca a supuestas intimidades que hacen reír a la gente. Luego llega la amante (travesti), también a llorar; Después, el médico y el enfermero (con unas jeringa colosal) y siguen versos chuscos alusivos a la vida del anfitrión; Sigue el cura y el sacristán (con versos en supuesto latín), y finalmente, el chamán, quien descubre que el “muerto”, en realidad estaba sólo borracho.