A-07 LA FUERZA DE LA “NO-VIOLENCIA ACTIVA”

  • Vivimos tiempos violentos: agresión, abuso, conculcación de nuestros derechos humanos… Todos tenemos experiencias en esto y las páginas de los diarios registran atracos a diario. Cuando sufrimos estas situaciones, algunas personas se amedrentan y por el miedo, se someten y aceptan las exigencias del perpetrador. Otros, en cambio, dejándose llevar por la ira, tratan de responder, a veces en violencia defensiva; pero de modo adolescente, sin medir la correlación de fuerzas y resultan siendo víctimas.
  • Existe, sin embargo, una actitud que ha demostrado su eficacia; aunque haya que reconocer que exige mucha madurez y fortaleza; se basa simplemente en la utilización de la fuerza del amor. Se trata de la llamada “NO-VIOLENCIA ACTIVA”, aplicada con éxito por algunos líderes, tales como Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mandela, Dorothy Day, Lanza del Vasto, etc. consiste en que cuando se recibe una amenaza, la posible víctima exhiba su vulnerabilidad, renunciando a una respuesta violenta; pero sin sometimiento; es decir, responde atacando la conciencia del agresor con la fuerza del amor: “tú no puedes protestar con efectividad, mientras no ames a tu enemigo como te amas a ti mismo”. El amor descubre en la intimidad del perpetrador, un ser débil, necesitado de amor, que es lo que le impulsa a agredir. De este modo, se le quita la pantalla que el agresor mismo se construyó a base de racionalizaciones y justificaciones y se le coloca simplemente frente a la propia conciencia. Todo perpetrador está preparado a las dos posibles actitudes de la víctima: o bien someterse, por miedo, a la voluntad del opresor, sacrificando intereses y la propia dignidad, o bien responder con violencia, lo cual justifica sus represalias, que fácilmente racionaliza. Para lo que no está preparado es actitud de “no-violencia activa”, que no demuestra miedo, le hace ver –con firmeza, pero con amor- lo injusto de su proceder y le exige respeto.
  • Quienes implementaron este método lograron éxito en sus demandas: Gandhi, la independencia de su país respecto a la colonización inglesa; Luther King y Nelson Mandela, el reconocimiento de los derechos humanos de los negros (tanto en los Estados Unidos como en Sudáfrica)… Al mismo tiempo, reconocían que su inspiración se debió al Evangelio de Jesús, y concretamente en el texto que hemos leído hoy. Más que exponer una teoría, Jesús, según su estilo, propone algunos ejemplos:
  • “Ustedes han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’ pero yo les digo, no hagan resistencia al hombre malo”. Esta era, en efecto, la ley de Talión, del Código de Hammurabi, rey de Babilonia (1750 A.C.), entendiendo la justicia conmutativa en la reciprocidad material de los daños.[1] Sin embargo, en la práctica, quien tiene poder para aplicar esta ley, frecuentemente no se conforma con esto, sino que se excede. Es la “ley de las pandillas”: el muchacho, a quien, en otro barrio, uno de la pandilla rival le puso un ojo morado y le tumbó un diente, va con los suyos, incursionan en el territorio enemigo, encuentran al agresor y le ponen los dos ojos morados y le tumban dos dientes. Entonces los de esta pandilla, a su vez, van a buscar camorra, armados de palos y piedras, y la venganza va creciendo, hasta que aparecen las navajas. La “violencia engendra violencia”: primero existe la violencia institucional, que habituados a ella, llegamos a no percibirla; pero que ocasiona desgaste, enfermedad y muerte. Cuando las víctimas cobran conciencia recurren a la violencia defensiva: Pero ante esto, la opresión institucional se autojustifica y emplea la violencia represiva: las represalias. Esto es la “espiral de la violencia”, descrita por el obispo brasileño Dom Helder Cámara. De lo que se trata es justamente desactivar este mecanismo de violencia, por medio de la No-Violencia Activa.
  • “Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda”. La bofetada en la mejilla derecha se da con el dorso de la mano, y denota desprecio, humillación. En cambio, a la mejilla izquierda presentada se la golpea con la mano abierta, y ¡esa sí duele! Sin embargo, conviene entender bien la propuesta de Jesús. Él no está recomendando simplemente soportar con “paciencia” la agresión, ´con actitudes de sometimiento. Jesús no sólo dijo esta frase, sino que su ejemplo nos dio la interpretación correcta. Recordemos aquella ocasión en la noche del Jueves Santo, cuando en el juicio amañado Jesús replica al Sumo Sacerdote Caifás, un soldado lambiscón le propinó una bofetada en la mejilla derecha –“¿Así respondes al Pontífice?”-, Jesús le responde sin miedo y con firmeza, atacando su conciencia con serenidad amorosa: si hablé mal, demuéstramelo; pero si bien, ¿por qué me golpeas?”, y el Evangelio no menciona que le hubieran dado la bofetada en la mejilla izquierda. Seguramente el soldado bajó la cabeza y se mordió los labios.
  • “Al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto”. La vestimenta de los varones en el antiguo Israel se componía de dos partes: la túnica, a veces de lino que llegaba hasta el tobillo y se ajustaba con un ceñidor recamado, y el manto, más grueso y con mangas, que se ponía encima y servía a la vez como abrigo y cobija. A veces, algún pobre como garantía (“hipoteca”) de algún préstamo, dejaba el manto en prenda en cuanto abrigo, y por la noche se lo prestaban para usarlo en como cobija. En el espíritu de la “no-violencia”, cuando un acreedor le negaba prestarle el manto en cuanto cobija, Jesús propone al deudor dejarle también la túnica, lo que exhibía ante la gente la insensibilidad del primero.
  • “Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil”. El ejército romano de ocupación otorgaba a los soldados el derecho de obligar a cualquier israelita a llevarle su armadura o sus armas mil pasos. Jesús propone caminar con el invasor dos mil pasos, con lo que también exhibía la insensibilidad opresiva de Roma.
  • En los ejemplos propuestos, se pide que no se responda con la violencia –“no hacer resistencia al hombre malo”-; pero que se haga más patente la injusticia, exagerando las formas agresivas y haciéndole conciencia de lo injusto de su conducta. Esto puede dar buenos resultados, a condición de “amar al enemigo como uno se ama a sí mismo”, haciendo bien a los que los odien y rogando por los que les persigan y calumnien” a ejemplo del Padre Dios, quien “quien hace salir su sol sobre los buenos y los malos y manda su lluvia sobre los justos y los injustos”.
  • Este espíritu exige mucha madurez; pero se ve su utilidad, incluso hasta en las relaciones domésticas. Ante los inevitables conflictos de la convivencia cotidiana, cuando existen conductas injustas, despectivas, discriminatorias o incluso, hasta violencia verbal, lo aconsejable es ni someterse por miedo o falsas actitudes de supuesta “paciencia” (señoras que ante conductas opresivas del marido, callan y corren a confesarse de haberse enojado); pero tampoco responder con gritos e injurias que lo único que hace es la escalada de la violencia y la ruptura de la relación. En cambio, si ante determinada agresión, la parte ofendida se domina; pero no se traga el coraje, sino que encuentra la primera oportunidad, y ya más calmada expone sus sentimientos, admite la réplica para escuchar (aún entre líneas) la problemática interior (estrés, inconformidades, etc.), y luego, combinando amor y firmeza, le pide la enmienda de tales conductas, lo más probable es que, superando el conflicto, la pareja alcance otro nivel superior de integración.
  1. “Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, contusión por contusión”.

A-06 ¿AMAR ES REALMENTE ÉTICA “LIGHT”?

Mt 5, 17-37

  • La moral judía era tenida como muy exigente: los fariseos se ufanaban de observar los 647 preceptos escritos en la Ley y ayunaban dos veces por semana. Jesús, en cambio, gustaba de las fiestas, de celebraciones populares y resumía toda normatividad en una sola palabra: AMOR (San Agustín glosaría: “Ama y haz lo que quieras”). Por tanto, parecía válida la crítica que le hacían a Jesús, quien supuestamente invalidaba la Ley me Moisés y sostenía a cambio una propuesta moral era demasiado “light”. En la perícopa del Evangelio de hoy Jesús responde que “no ha venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darles su plenitud”, a recuperar su sentido original. Muestra, además, que el amor que propone, llevado a sus últimas consecuencias, resulta más exigente que lo normado por la Ley mosaica, y lo ejemplifica con cuatro casos:
    1. El insulto- Ante el precepto del Decálogo -¡”No matarás”!- que exige competencia de los tribunales, Jesús lo extiende al simple “enojo” o al “insulto”. Por supuesto, no habla de la ira normal suscitada ante una agresión, sino de actitudes deliberadas, como la de quitar definitivamente la palabra a alguien, (voltear al otro lado para no verlo), que en como considerar que el hermano ha dejado de existir para uno; que ha muerto. En cuanto al insulto, no consiste en los fonemas (el sonido de las palabras). En realidad no hay “malas palabras”, pues el significado es convencional. Muchas veces se trata de expresiones clasistas: las “palabras vulgares” son las que emplea el “vulgo”, de la que las clases favorecidas se deslindan utilizando otro léxico considerado correcto. Entre nosotros, se utilizan calificativos que connotan a sectores de personas estigmatizadas, sea por su nacimiento (bastardos, hijos de mujeres violadas o de prostitutas), por discapacidades (retrasados mentales), por su orientación sexual (homosexualidad). Ya las palabras mismas si se dirigen hacia estos sectores resultan discriminatorias y ofensivas; pero además, se las endilgan a otros que no entran en tales grupos; a los que les reduzco par ofenderlos; es no reconocerles en lo que son y cambiarles su ser por otro inferior o discriminado (además del tono y el volumen de la voz). Jesús dice que al antes de llevar una ofrenda hay que reconciliarse, pues esos supuestos actos religiosos no son compatibles con conductas que lesionan la Caridad. ¿Cómo acercarse al sacramento de la “comunión” (eucaristía) si al mismo tiempo “excomulgo” (saco de mi comunión) a otro?
    2. El adulterio divide el corazón, que uno entregó a su cónyuge por entero. Jesús afirma de un mal deseo ya divide el corazón. Obviamente no se trata de alguna mirada furtiva que haya provocado cierta fantasía efímera, sino de verdaderos “deseos”, es decir, propósitos de ver cómo podría uno llevar a cabo la infidelidad; aun cuando esta no se dé.
    3. El divorcio.- Hoy como antaño, las tensiones de muchas parejas llegan a un punto en que la convivencia resulta demasiado difícil. La autoridad, en estos casos, debe apoyar a la parte más débil (dar un “certificado de divorcio” o llevar un proceso jurídico). En nuestro tiempo, la cultura actual no predispone a superar las dificultades, sino que parece más fácil romper los compromisos. Sin embargo, la lógica de la Caridad propuesta por Jesús implica un esfuerzo continuo de afrontar incompatibilidades y entrenar el diálogo, que si se practica desde el inicio día a día, muy probablemente no se llegue a las situaciones límite. Salvo casos en que la dignidad de una de las partes se vulnere sistemáticamente, la superación de las diferencias por medio de un amor auténtico ayudará a madurar
    4. El juramento.– Jurar en nombre de Dios se da cuando no existe confiabilidad en la palabra dada. La contraparte en alguna controversia puede tener cierta garantía (en ambientes de religiosidad social) si se apela a Dios (o a la madre, etc.), pues se presupone que la persona no querrá comprometer su salvación eterna. Por eso, “jurar en vano” es pecado grave, y para Jesús, un discípulo suyo movido por la Caridad no necesita jurar de ninguna manera, pues su palabra goza de crédito. Por supuesto, esos juramentos o promesas que hacemos a la ligera pueden ser objeto de revisión honesta.
  • De este modo, la exigencia del Amor resume toda la moral cristiana, que si bien es más exigente que cualquier ética puritana del deber, resulta más normal y llevadera, pues cuando actuamos por amor, no cuestan los sacrificios.

A-05 SIGNIFICADO CRISTIANO DE NUESTROS SENTIDOS

Mt 5, 13-16

  • Nuestros cinco sentidos son las “ventanas” a través de las cuales percibimos (nuestra mente) la realidad. Son cinco vías maravillosas, prácticamente necesarias para vivir, gozar y evitar las amenazas (cuando algún sentido mengua, con frecuencia otro se potencia). Privilegiamos la vista, con la que percibimos un mundo de colores (los cuales no existen en la realidad), la belleza con que nuestro Padre arregla nuestra Casa Común. El olfato es el sentido más antiguo y se pierde en los orígenes del mundo animal y humano: el cavernícola que llega noche a su cueva, olfatea a su hembra para dar con ella, los perfumes franceses -deliciosamente descritos por Suskind- son empleados para la seducción. Con el oído percibimos el suave murmullo de las hojas, el soplar del viento, el oleaje del mar; y gracias a él podemos escuchar las confidencias o las correcciones de los hermanos. Por eso, la pérdida de audición nos hace suspicaces, pues pensamos que todo mundo está hablando mal de nosotros. El tacto es pulsado con maestría por amantes delicados, a todos nos relaja un buen masaje, disfrutamos el agua tibia de la ducha, la seda de alguna prenda o el fresco de una tarde veraniega. El arte culinario imagina sabores para mezclarlos y para sorprender (se dice que los abigarrados moles prehispánicos tenían como fin ocultar –o acentúa- el sabor prohibido del canibalismo).
  • En la actualidad los sentidos se nos están atrofiando: abusamos del volumen en los audífonos para escuchar la música electrónica, nos habituamos a los decibeles del tráfico urbano, tenemos atrapados nuestros ojos por las horas de computadora, usamos poco el olfato para comprobar si los alimentos están echados a perder, nos defendemos de las apreturas en el Metro, y el gusto está estragado con saborizantes artificiales estándar.
  • Lo importante de nuestros sentidos nos lleva a su uso metafórico: a veces, “la falta de tacto” es causa de errores en las relaciones (como quien no percibe el cambio de temperatura lo lleva a resfriarse); el instinto de un buen empresario sabe “olfatear” un buen negocio y percibir que cierta oferta “le huele mal”. Atrofiamos nuestros oídos al prestarlos a los chismes, al cerrarlos a peticiones de ayuda o al rehusarnos escuchar a los demás. Agudizamos nuestra vista para otear el futuro; pero pasamos de largo, indiferentes, sin ver a personas necesitadas de nuestra ayuda.
  • La realidad suele proyectar señales que algunos sentidos captan directamente (emanaciones olfativas, ondas sonoras, resistencias táctiles). En cambio, la vista y el gusto, aun suponiendo que se encuentren en excelentes condiciones, requieren de algún otro elemento externo (o al menos con este funcionan mejor): Uno puede tener muy buena vista; pero si no hay luz suficiente, no puede ver o percibe deformados los objetos. Por eso la fe es considerada como una luz, gracias a la cual vemos la realidad con los ojos de Dios: en aquel inmigrante sucio y hosco la fe descubre el rostro sufriente de Jesús. En aquel magnate “exitoso”, o en aquella mujer de belleza despampanante que se exhibe enjoyada con vestidos caros, la fe descubre a pobres solitarios, encerrados en su tristeza egoísta, acrecentando vanamente bienes materiales sin nunca encontrar en ellos satisfacción. En las amenazas de un Presidente loco engreído, un creyente sabe ver gérmenes de esperanza…
  • Por esto, la luz de la fe recibida debe ser comunicada: todavía hoy, una de las artesanías que se venden e Oaxaca es el “celemín” –una olla de barro, con agujeritos, que si se coloca sobre alguna luminaria (una vela o un foco) proyecta una agradable penumbra y juego de sombras. Es muy agradable; pero no sirve cuando lo que uno necesita es ver bien en una habitación. Entonces lo que hay que hacer es poner la luminaria en la parte más elevada, para que la luz se desparrame. Es lo que Jesús pide a sus seguidores: que seamos “luz del mundo”; que nos convirtamos en ejemplo viviente, no por exhibicionismo vanidoso, sino para manifestar el amor misericordioso de nuestro Padre Dios. En nuestro tiempo, cuando las conductas condicionadas van hacia una indiferencia egocéntrica cada vez mayor, los cristianos hemos de mantener los valores de la solidaridad y la compasión, pues ante tanto discurso vacuo que nos embrolla, es el ejemplo lo que sigue arrastrando. Esperamos que nuestra Iglesia sea como aquellas ciudades antiguas construidas sobre los montes, que bien amuralladas, ofrecen seguridad.
  • El gusto se deleita con la variedad de sabores en los alimentos, con lo cual la búsqueda de los elementos necesarios para nuestra nutrición se hace más agradable. Aunque cada alimento tiene su propio sabor, las papilas gustativas suelen demandar una pizca de sal para que fijar el sabor de cada alimento (no demasiada, pues entonces los sabores se uniformizan y todo nos sabe “salado”). Esto explica la importancia que tiene la sal en muchos pueblos, que la compran a veces a precio considerable. Cerca del Mar Muerto existían las minas de sal, de las que extraía pedruscos de regular tamaño que las familias guardaban en su casa y que iban raspando para usarla. Lo malo es que a veces tales piedras se pudrían y entonces ya dejaba de servir: “se arroja a la calle para que la pise la gente”
  • Para Jesús, sus discípulos deben ser como la sal: se necesita tan sólo poca cantidad (no le importaban mucho los números), pero destinados a gran influencia social. ¿Sabían ustedes que las palabras “saber” y “sabor” tienen la misma etimología? Se derivan del indoeuropeo “sap”, de la que también se deriva “sapientia” (sabiduría). El “sabio” es aquel que encuentra el sabor real de las cosas, personas o sucesos: en aquellas situaciones de parejas enredadas en conflictos desgastantes que cada vez con más frecuencia terminan en divorcios, la Caridad de los creyentes encuentra oportunidades para superar dichos conflictos hacia relaciones más maduras. En aquellas relaciones laborales, generadoras del “moving” o de la “grilla”, que hacen insoportable las horas de trabajo, la Caridad cristiana descubre dinámicas no ensayadas que redundan en mejora de la productividad y en apoyos solidarios; en algunas manifestaciones de protesta ante las injusticias sociales que pueden derivar en vandalismo desesperado, la Caridad cristiana encuentra recursos más poderosos y efectivos que el odio y el rencor. Es la sal, que da sabor a la vida.
  • Jesús, pues, nos exhorta a que seamos luz del mundo y sal de la Tierra, en este mundo tan insípido, en el que hay tanta oscuridad y confusión: que nuestra conducta sea ejemplar, para que en los hechos contribuyamos a ver la realidad con los ojos de Dios. Que nuestra vida se conduzca con la sabiduría, para dar “sabor” a la insulsa trivialidad que nos envuelve.