A-47 Ascensión

Hch 1, 1-11 / Mt 28, 16-20

  • La expresión “subió a los Cielos” es una expresión simbólica religiosa y no una posición astronómica. Nuestras lenguas latinas confunden ambas -usamos la palabra “Cielo”, tanto para referirnos al cielo empíreo (firmamento) como a la dimensión religiosa transhistórica; pero el inglés, p.ej., distingue entre el sky y el heaven. Esta confusión favoreció el error de ubicar el Cielo en algún lugar del firmamento, que ciertamente correspondía a la cosmología hebrea. Entonces se pensaba que la tierra era plana y cubierta por una bóveda formada por una capa de estrellas, y sobre esa cápsula estaban las aguas celestiales, encima de las cuales habitaba Yahvé. Para hacer llover, Dios simplemente abría la llave a guisa de una regadera.
  • En cambio para la cosmología actual, la Tierra es un pequeño planeta que gira en torno al Sol, al interior de nuestra galaxia, la cual, además, se ha ido distanciando de otras muchas más. Tomando en cuenta los movimientos de rotación y traslación del Planeta y la ubicación exacta de la partida, a modo semejante al lanzamiento de un cohete espacial, nos resultaría muy difícil conocer la dirección astronómica hacia dónde Jesús se habría dirigido Jesús. Es esta confusión que explica por qué pudo suscitar una supuesta crisis de fe la afirmación del astronauta ruso Gagarín, cuando negó la existencia de Dios al afirmar “estuve en el Cielo y no vi a Dios”.
  • La liturgia, transcurridos 40 días después de la Resurrección celebra la fiesta de la Ascensión del Señor. Contamos con dos narraciones (San Lucas en la primera lectura y San Mateo en el Evangelio), las cuales divergen del lugar del punto de partida de Jesús para su viaje trasmundano: mientras que para San Lucas Jesús les manda no salir de Jerusalén, para San Mateo los hace ir a un monte de Galilea. En ambas, la ascensión de Jesús tuvo lugar al momento de transmitirles a los apóstoles sus últimas recomendaciones: el tiempo y la hora de la última venida del Señor para establecer su reinado, en San Lucas, o el envío de los apóstoles, no ya al territorio de Israel, como la primera vez, sino “a todo el mundo”, en San Mateo, suscitando en los habitantes de cualquier tiempo y cultura la fe, que rubricarían el bautismo, y prometiéndoles su presencia por medio de su Espíritu, “hasta el fin del mundo”. Ambas narraciones coinciden que mientras Jesús dirigía sus últimas palabras, se fue elevando ante sus ojos, de modo que su enseñanza continúa hasta el final, en una especie de eco, hasta que una nube lo cubrió. Jesús, pues, pasa a otra dimensión, reincorporándose a su divinidad de origen. La nube, en la simbología veterotestamentaria, acompaña todas las teofanías: la divinidad oculta la humanidad de Jesús.
  • San Pablo dice que Jesús está sentado a la derecha del Padre. Pero si el Cielo no es un lugar físico, no habrá ni trono, ni derecha ni izquierda. Pablo resalta el reinado cósmico de Jesús. Esto se dará en su última venida, cuando regrese a juzgar la historia.
  • Algunos suelen vivir su vida desde el Cielo futuro –“nuestra verdadera Patria celestial”-. Es bueno cuando nuestro punto de referencia es la meta y anhelo sobre todas las cosas. Pero también hay riesgo de que por andar pensando siempre en el Cielo descuidemos nuestras responsabilidades aquí en la Tierra, un “Valle de Lágrimas” del que no vale la pena preocuparse, pues es efímero. Entonces la mirada en el Cielo nos enajena y nos vuelve indiferentes ante los problemas de los demás. Cuando la nube ocultó a Jesús, los apóstoles se quedaron como alelados, mirando la nube. Fue necesario que unos ángeles aparecieran y les dijeran: “¡Usha, Galileos! ¿”Qué hacen así no más mirando al Cielo?” Ese Jesús al que vieron partir, volverá; pero entre tanto, a ustedes les toca mirar para abajo, a esta Tierra, un “valle de alegría y de dolor”, como dijo el Papa en Fátima. Tenemos que construir aquí las bases del Reino de Dios, para que cuando regrese, pueda reinar sobre lo que hayamos logrado conseguir. El camino para llegar al Cielo pasa por esta Tierra, y no hay otro.

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