La génesis del estado liberal

“La Génesis del Estado Liberal- 1824 a 1833”. En Hacia una historia mínima de la Iglesia en México. Coord María Alicia Puente Lutteroth pp 103-110

El texto interpreta cómo un nuevo y débil sujeto histórico emergente (los liberales) lograron hacerse del poder: Después de la Independencia, el país quedó en un vacío de poder y sus instituciones acéfalas y desorganizadas, por lo que éstas (el ejército pretoriano, el Consulado comerciantes de Veracruz, los terratenientes del Bajío, etc.) se replegaron en torno a la Institución más fuerte (identificada con el viejo régimen): la Iglesia Católica. Utilizando el concepto gramsciano de “revolución pasiva”, se expone cómo se fueron colando entre los poros de la clase dominante, logrando arrebatarles, primero, la dirigencia, y luego, la dominación.

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4. JESÚS, MAESTRO DEL REINO

Seguramente San Ignacio de Loyola se inspiró en San Marcos para su “discernimiento de Espíritus”: (a) el de Dios (muchedumbre), el del Mal (escribas) o una causa natural (la familia de Jesús). Se hablará sobre las parábolas, con las que Jesús ponía a las personas en sintonía con sus propias experiencias de vida, y las usaba para su seguridad personal. Se añaden signos del poder de Jesús.

  1. Criterios para un Discernimiento
  2. Las Parábolas
  3. El poder de Jesús
  4. Jesús, maestro de apóstoles

I CRITERIOS PARA UN DISCERNIMIENTO (3, 7-35)

San Ignacio de Loyola, en sus “Ejercicios Espirituales”, da consejos para el “discernimiento de espíritus”, que más tarde, sus hijos de la Compañía de Jesús han difundido: ante algo nuevo (una corriente de ideas, un movimiento eclesial, una teología, un modelo de pastoral, una moda, etc.), cabe preguntarse por el espíritu que inspira tal novedad: ¿El espíritu de Dios?, ¿El espíritu de Satanás? o ¿El espíritu del ego? San Marcos nos obsequia en el siguiente pasaje, pistas para un claro discernimiento:

  • La muchedumbre: Jesús se había retirado con sus discípulos junto al lago, y era seguido por una gran muchedumbre, entusiasmada, proveniente de muy diversas partes. Jesús les predica, sana a muchos y expulsa sus demonios (3, 7-12). Mezclados entre la muchedumbre, estarían los parientes de Jesús y algunos escribas de una comisión enviada desde Jerusalén, justamente, para investigar qué espíritu estaría inspirando a Jesús (Dios, Satán o un simple fenómeno humano).
  • Los familiares de su clan –a quienes, recordamos, les había disgustado que los abandonara y no aceptase el patriarcado-, ante ciertos rumores que les habrían llegado sobre sus confrontaciones con los respetables fariseos-, viendo su estado de entusiasmo efervescente de su predicación, quieren llevárselo de regreso, pues decían que se había vuelto loco (3, 20-21).
  • Los escribas de una comisión enviada de Jerusalén, dictaminaron que no podía venir de Dios, puesto que no observaba el sábado, no practicaba las veneradas tradiciones, comía con pecadores y decía perdonar pecados como si fuera Dios.
  • Tenemos aquí las tres hipótesis ignacianas de discernimiento de espíritus, aplicadas a Jesús: el Espíritu de Dios, el espíritu de Satanás o el espíritu del “ego” (una causa natural, como podría ser la locura). Jesús mismo es quien hace el discernimiento:

Algunos habrían objetado a la comisión de escribas: “Nadie puede hacer milagros tan grandes si Dios no está con él”, ante lo cual la Comisión dictaminó: “Esos milagros los hace porque tiene pacto con el diablo (“está poseído por Belsebub, príncipe de los demonios”). Sin embargo, paradójicamente, dieron su respuesta cuando Jesús acababa de expulsar demonios de muchos posesos. Ante esto, Jesús mismo les desbarató su falaz discernimiento: “si es con el poder de Satanás como expulso a Satanás, entonces no hay que preocuparse, pues denotaría que el reino del Maligno está dividido y no podría subsistir”. (3, 22-23). Por tanto, esta hipótesis carecer de la lógica más elemental (el principio de contradicción) y quedaría descartada. Los familiares de Jesús, por su parte, aunque molestos con su pariente, tampoco aceptan la conjetura de posesión diabólica, y atribuyeron el estado de efervescencia que lo poseía, a una enfermedad mental. En cambio, las muchedumbres, fascinadas por Jesús, escuchaban sus enseñanzas y testificando sus portentos, descartaban la hipótesis de la locura. Por tanto, la única hipótesis plausible es que Jesús era el Espíritu de Dios el que actuaba por Jesús. Entonces Jesús pasó al ataque: si es imposible que Satanás expulse a Satánas, la única posibilidad es que esos milagros los realice por el poder de Dios; pero resulta que ustedes, los fariseos, se oponen a mí, entonces se estarían oponiendo a Dios, haciendo el juego a Satanás, o algo peor, estarían “satanizando” al Espíritu Santo, y “el que blasfeme contra el Espíritu jamás tendrá perdón, será culpable para siempre” (v. 29).

“Excursus narrativo”. Vemos de nuevoel esquema lógico de San Marcos “A – B – A”,  siendo (A) los apóstoles y (B) la confrontación entre la Ley y la compasión. En este pasaje, volvemos a (“A”) la opinión de la muchedumbre fascinada de discípulos, prolongada con la inclusión de los nombres de los Doce apóstoles, y vuelve de nuevo al tema (“B”): la confrontación con los escribas en nombre de la Ley. Entonces, introduce un elemento nuevo: (“C”) los parientes que se lo quieren llevar (vv 20-21) y que después de la fallida pretensión de condena por posesión, la parentela insistirán de nuevo en su retorno a Galilea:

  • (“C”) Nueva confrontación con su clan familiar (3, 31-35). Sus parientes (llevándose consigo a María, su madre), intentan nuevamente convencer a Jesús de que regrese a Nazaret (quizás hasta le sugirieran –como más tarde, sus paisanos- instalarse en su pueblo y aprovechar su fama, para que los enfermos recurrieran al “gran curandero de Nazaret”). Por eso lo mandaron llamar, interrumpiendo la enseñanza que Jesús estaba dando a algunos discípulos.  Jesús aprovecha la interrupción para corregirles: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?… Quién cumpla la voluntad de mi Padre del cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Jesús no estaría agraviando a su madre, ¿pues quién mejor que María, cumplía la voluntad del Padre?). Ante una llamada vocacional, hay que “abandonar” padres, hermanos y parientes, y los nuevos simpatizantes están llamados integrarse a la nueva familia de discípulos.
  • La familia es el espacio privilegiado de crecimiento, el oasis en los desiertos de la vida; pero también, puede convertirse en fuente de tensiones y hasta de horror. La familia no es un absoluto –nada hay absoluto, sino sólo el Reino de Dios-. Seguir a Jesús significa subordinarlo todo, para el Reino.

II LAS PARÁBOLAS (Mc 4, 1-34)

Lo que más seducía de Jesús era su “utopía”, su pasión, su sueño: hacer de toda la humanidad una sola familia, puesto que todos somos hijos del mismo Padre (y, por tanto, somos “hermanos”). Propone una fraternidad universal, que vive en la justicia, el amor, la paz, la verdad, la libertad… A este sueño Jesús lo llamó “Reino de Dios”, que para una sociedad teocrática con reminiscencias davídicas, fascinaba y arrastraba. Pero Jesús no explicó en conceptos o definiciones lo que entendía por este “Reino”, sino que utilizó el lenguaje de los poetas (imágenes, creatividad inagotable, alegorías, metáforas, símbolos… “parábolas”). Estas imágenes eran claras y sencillas, no hay nada forzado o artificial en ellas: Dios es bueno y misericordioso y su Reino está irrumpiendo en la vida (ya desde ahora, “el Reino de Dios entre ustedes está”; [1] aunque sólo tendrá su consumación a nivel escatológico).

   Jesús nos obsequia toda una “videoteca” para conocer su cultura de Galilea. Se la entrega a sus discípulos para que la reconozcan es su propia experiencia (aparecen en estos relatos cuervos, lirios, gorriones, caballos, padres de familia, redes, pescados, etc.); pero trata de que la ahonden con otros ojos. Estas parábolas no responden a una finalidad didáctica, ni dan interpretaciones o significados, sino que poner a las personas en sintonía con sus propias experiencias de vida, a fin de acercarles a ellas el Reino, y que éste les haga descubrir los obstáculos que les impidan abrirse a la nueva experiencia de Dios que está llegando. Mientras Jesús va de camino  con sus acompañantes, les señala un niño que pasa con sus ovejitas, o un sembrador que desparrama su semilla, o una mujer que amasa su pan… A diferencia de Marcos, Juan prefiere las alegorías (yo soy el pan, la luz, el pastor); en ellas encontramos símbolos y metáforas, en las cuales, cada elemento tiene un significado preciso. En cambio, las parábolas son de “significación abierta” (cada cual las acerca a su propia experiencia vital), y por lo tanto, necesitan de una explicación, que Jesús dará aparte, a quienes estén dispuestos (o -como dice a sus oyentes- “el que tenga orejas, que las use”).

      En los evangelios hay unas 40 parábolas y 20 alegorías o metáforas. En la breve serie de este capítulo, la primera parábola, que sirve de introducción, explica las actitudes para poder escuchar las demás. Se estructura es la siguiente: narración –corte/advertencia – explicación, en la que la clave está en el “corte/advertencia” (10-13).

Parábola del sembrador (4, 1-20). “Salió un sembrador a sembrar”, fue desparramando su semilla por todas partes; pero al momento de la cosecha, ésta se dio de maneras diversificada. ¿A qué se debió? En cualquier proceso de siembra se distinguen varios elementos:

  • El sembrador lo hace pródigamente y denota experiencia.
    • La semilla es de excelente calidad; capaz de producir hasta el 100% de lo sembrado.
    • Los medios de producción no aparecen; pero también podrían influir: no es lo mismo sembrar, como se hace aún en algunos lugares del México actual (donde el sembrador hace un agujero con un palo -la “coa”-, y detrás va descalza la esposa o la hija, cubriendo con los dedos del pie el agujero), que hacerlo con arado o con tractor (aplicado a la pastoral, sería evangelizar por televisión o por internet).
    • Los terrenos: en realidad, esta parábola debería llamarse “la de los terrenos”, pues son la variable que decide la cosecha:
      • La narración (vv 3-9): parte de la semilla cayó en el camino, donde la tierra estaba apisonada, y ya que no pudo entrar, los pájaros se la comieron. La semilla que cayó en terreno pedregoso encontró una pequeña capa de tierra buena, por lo que sí salieron los brotes; pero con el calor del sol, se marchitaron. La que creció entre matorrales fue pronto asfixiada, y la que cayó en tierra buena, creció y dio fruto según su calidad (el 30%, el 60% el 100%)
      • El corte y la clave (vv 10-13). Cuando los discípulos se quedaron a solas, a “los de dentro”, les comunicó el secreto del Reino de Dios; pero a “los de fuera”, no; para evitar que comprendieran. Jesús no buscaba su grupo de selectos (como los del Qumram, los escenios o los fariseos), sino que era conciente la escucha depende del lugar social de los receptores: Las parábolas no son un “lenguaje popular” que cualquiera puede entender correctamente, sino que fueron construidas para que no todos tuvieran acceso a ellas; obedecían a una estrategia de protección: Jesús se movía entre mucha gente (esta parábola fue dicha a la orilla del lago, ante una gran muchedumbre, de modo que tuvo que subirse a una barca para poner de distancia entre Él y sus escuchas). Quizás habría allí adversarios infiltrados atentos a los malos entendidos, que luego le podrían ocasionar problemas. Por eso habla cifradamente, para que sus discípulos las entienden y sus adversarios, no. La Palabra es un don que requiere condiciones de escucha: “al que tiene se le dará, y al que no tiene, se le quitará lo poco que tiene” (v25). Por eso habrá que tener cuidado, pues “con la medida con que midan serán medidos” (24): “El que tenga orejas, que las use”
      • El significado (vv 14-29): El sembrador (Jesús) prodiga su palabra. Los granos en el camino -que no penetran en la tierra-, son los bloqueados por prejuicios, malas experiencias, por conveniencias, y cuando llega Satanás, se lleva la palabra. Los del terreno pedregoso, recibieron la palabra con gozo; pero como son inconstantes, no la cuidan, y cuando llega alguna tribulación o persecución, fallan. La que cayó entre abrojos, escucharon la palabra; pero no despejaron cierto espacio (con la oración y la alerta) y dejaron que las preocupaciones del mundo y las tentaciones, ahogaran la palabra. Lo sembrado en tierra fértil, escucharon la palabra, la recibieron y dieron un fruto proporcional a la disposición.
  • Parábola del celemín. (21-23)Cuando se quiere estar tranquilo, se pone una vela debajo de un celemín; [2]Pero cuando necesita ver claro, la vela no se pone en un candelabro y sobre el armario. La clandestinidad del mensaje cifrado será sólo provisional, debido a las circunstancias; pero llegará el momento en que se romperá la secrecía (“no hay nada oculto que no llegue a descubrirse”). En situaciones en las que se da un franco rechazo a la Buena Nueva y esto produce daño al pueblo, se debe actuar con prudencia; pero en otras ocasiones, la prudencia misma aconseja romper la clandestinidad, como hará Jesús en el Templo de Jerusalén.
  • El crecimiento de la plantita (vv 26-28). El Reino de Dios, ya presente, es un proceso, que al principio no se nota -no es espectacular-; como una plantita, que sin que (Jesús o el creyente) sepa cómo, produce fruto y se cosecha.
  • La semilla de mostaza (vv 30-32). La “sinapis índica”, de color negra y marrón (color mostaza), tiene la semilla más pequeña (del tamaño de la cabecita de un alfiler); pero cuando crece, en Palestina llega a tener hasta 4 mts de alto y amplio follaje, de modo que “los jilgueros hacen en ella sus nidos” y bajo su sombra, se llega a cobijar hasta un camello. Esta “kénosis”[3] no es falta de eficacia, sino eficacia de otro tipo: el estilo del Reino y de sus destinatarios.

III EL PODER DE JESÚS

Marcos termina esta primera parte, narrando tres hechos milagrosos que muestran el poder que tiene Jesús, pese a su presencia aparentemente insignificante.

La tempestad calmada (4, 35-41) [leer directamente el texto]

Recalcar la cosmología de entonces: las Fuerzas de los elementos (Potestades), la noche (hora del Mal), el mar (morada del monstruo marino  Leviatán), la teofanía de Jesús (“Yo Soy”)

El endemoniado de Gerasa (5, 1-20) [Es mejor leer directamente el texto].

Recalcar las alusiones a los romanos (legión), los cerdos (carne inmunda) y la preferencia del dinero sobre la persona. Porqué quiso Jesús que el ex-endemoniado se quedase en el pueblo.

Sanación de dos mujeres (5, 21-43) Dos sanaciones notables:

  • La hemorroisa. Mucha gente, algunos enfermos, apachurran a Jesús y su poder no actúa; pero actúa sin que Jesús mismo lo notara: un parece que sale de Él como una descarga magnética. La explicación: “Hija, tu fe te ha sanado. Vete en paz y sigue sana de tu dolencia”.
  • El milagro de la hija de Jairo, jefe de la sinagoga. Jairo pide a Jesús que vaya a sanar a su hija agonizante. La niña muere mientras van de camino: “Basta que tengas fe”, aconseja a Jairo y este asiente. Jesús, a solas, la resucita. La compasión de Jesús es más fuerte que la muerte misma.

En Nazaret: Presentación de su Misión (6, 1-5)

Lucas (4, 16-21) pone este episodio cuando Jesús recién llega a Galilea, elegido su pueblo “donde se había criado” parea proclamar cuál será su misión (Buena Nueva a los pobres, liberación de cautivos y oprimidos, hacer ver a los enceguecidos y un jubileo sin final). En cambio, para Marcos, el episodio es un mero enlace para el tema que va a introducir: la formación de los apóstoles (6, 7-12). Ambos evangelistas destacan la recepción negativa de sus paisanos: la familiaridad excesiva despoja a la persona de su aura de misterio (“el hijo del carpintero”): “a un profeta sólo lo desprecian en su patria, entre sus parientes y en su casa.”

IV JESÚS MAESTRO DE APÓSTOLES

El entrenamiento de “los Doce” (6, 7-12 y 30-37)

Jesús introduce el tema del entrenamiento de los Doce, de acuerdo a su esquema narrativo que ya conocemos (A – B – A), en el que “A” sería el envío de Jesús a preparar sus visitas (6, 7-12), así como su “feedback” (30-34), y están separados por “B”: el asesinato del Bautista (14-29).

  • Las instrucciones para la ida a su misión  son desconcertantes: ir “de dos en dos” (embrión de comunidad),  totalmente vulnerables: sin dinero en el ceñidor, ni alforja (para mendrugos recibidos, como algunos filósofos griegos), ni túnica de repuesto; sólo con un bastón (para los perros) y sandalias (para huir de los lobos).[4] Tan sólo munidos por la Palabra y por poder testimonial contra los demonios inmundos del lugar de destino (toda sociedad tiene sus “demonios”. Quizás en la nuestra fuesen el egoísmo, la indiferencia, el poder, la mentira, las injusticias… Esto podría ser lección para la “Iglesia electrónica”).

El asesinato de Juan Bautista sirve para separar la segunda parte del relato (A – B – A).

  • Los apóstoles regresan de su misión cargados de experiencias. Se arrebataban la palabra, estaban entusiasmados y admirados de sus propios milagros. Jesús sabe que necesitan un retiro para descansar, evaluar su trabajo y continuar su aprendizaje. Les propone ir de “picnic” en una playita solitaria que conocían, porque “los que iban y venían eran tantos, que no les quedaba tiempo ni para comer”. Pero no faltaron quienes vieron hacia dónde se dirigían y corrieron la voz. La gente se les adelantó corriendo, de modo que cuando llegaron, ya eran 5,000 los estaban esperando. Los apóstoles habrán quedado desilusionados, pues se les echó a perder su plan de descanso. Jesús, por su parte, tuvo lástima de aquella gente, que a Él le sugirió “un rebaño sin pastor”.

Continuación de los temas anteriores:

El poder de los milagros.

  1. Multiplicación de los panes: (6, 30-45) Ante la situación de precariedad que siguió, los apóstoles pensaron en un remedio pecuniario del que no disponían (doscientos denarios); pero Jesús pensaba en la solidaridad: mando que la gente se organizara en grupos de cien y de cincuenta, recostados en la hierba, y se puso a partir y repartir lo que había. En lugares de pastores seminómadas, la gente no sale sin su morral con sus tortas; pero esta vez, por las prisas, muchos no llevaban nada. En contingencias similares, lo que ocurre es que cada cual se preocupe por solucionar su propio problema (abrazar su morral); pero entendiendo la instrucción de Jesús, poco a poco se fueron desprendiendo de su alimento, alcanzó para todos y sobraron 12 canastos.
  • Camina sobre el agua (6, 46-54): Jesús se había quedado para despedir a la gente. Arrecia una tormenta, los apóstoles, “fatigados de remar”, tienen el viento contrario; “achican” el agua que entra en la barca, más de la que sale: “anochecía y estaban en medio del lago”. Pedro, capitán experto, reconoce que es  la peor tempestad que ha enfrentado. Tienen miedo de hundirse.

En eso, ven un espectro caminando sobre el agua, que se dirige hacia ellos. Gritan de terror. Era Jesús, quien desde la orilla, los había visto en apuro y va hacia ellos. Los tranquiliza “Soy yo, no teman”: el “Yo Soy” era el nombre prohibido de Yahvé, que ni siquiera les era permitido pronunciar. Entonces, del terror pasan al “pavor”, el “temor de Dios”, que se suscita ante la grandeza inconmensurable de la Divinidad (“Mysterium Tremendum”) y provoca el “sentimiento de creatura” (“soy polvo, ceniza, pura nada, y peor aún que la misma nada a causa de mis pecados”). Jesús sube a la barca con ellos, y al instante, el viento cesó… Marcos añade: “es que no habían entendido lo de los panes, porque tenían la mente cerrada”. 

  • Curaciones milagrosas: (v 53-54). La barca tocó tierra en Genezaret y la gente los reconoció y le llevaron muchos enfermos de toda la región, tal y como sucedía en cualquier pueblo.

Tradición (7, 1-13)

Según el esquema ya conocido (A –B- A), Marcos regresa al tema inicial de esta parte: “La Ley contra la compasión”. Son los mismos protagonistas, los fariseos y una comisión de escribas venidos de Jerusalén, que los están acechado. Ahora critican a algunos discípulos que comen sin lavarse las manos. No se trata de una medida de higiene (no se conocían los microbios), sino de “impureza”. Marcos nos hace un comentario, que nos parece gracioso: “los fariseos y los judíos en general tienen tradiciones muy raras: no comen sin lavarse cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de los mayores, cuando vuelven del mercado, no comen sin antes lavarse… y después de comer, lavan copas, jarras y ollas”… y los fariseos critican a los discípulos de Jesús, porque comen con manos “impuras”. Tal vez nosotros pudiéramos criticar a los apóstoles de “sucios”; pero no de “impuros” y someterlos a un ritual de purificación. Jesús critica a los fariseos por “descuidar el mandato de Dios y mantener la tradición de los hombres”… (pone el ejemplo de declarar qorbán, o sacralización pecuniaria para el templo, el dinero destinado a asistir a sus padres, mientras la Ley misma condenaba a muerte quien los abandonase). Y termina diciendo que nada de afuera que entre al ser humano lo contamina, sino lo que salga del corazón humano (a lo más, le da diarrea). Del corazón interno salen todos los pecados, que es lo que contamina.

Prosigue el tema de la resistencia de los discípulos a comprender: un milagro de sanación (sordomudo) (7, 31-37), otra multiplicación de panes (8, 1-10), otra confrontación con los fariseos (le piden una señal portentosa para poder creer y Jesús se la niega (8, 11-12), y con esto termina la Primera Parte.


[1] De ahí que mostremos inconformidad ante traducciones intimistas, tales como: el Reino está “dentro” de ustedes; o confundir el “reinocentrismo” de Jesús con cierto “eclesiocentrismo”. La Iglesia no es el Reino, sino que está en servicio del Reino.

[2] El celemín es una esfera de barro con agujeritos y una base de regular tamaño para que se sostenga (compré una de barro negro en San Bartolo Coyotepec). Se pone una vela debajo, no se apaga y produce una penumbra agradable con juego de luces y sombras.

[3] “Kénosis”, palabra griega de la teología bíblica, que significa “vaciamiento de la propia voluntad, hasta llegar a ser completamente receptivo a la voluntad de Dios”. Puede significar “achicamiento” voluntario, como Jesús, al encarnarse y morir crucificado.

[4] Lucas (10, 4) y Mateo (10, 7-15) suprimen  las sandalias y el bastón