Mc 2, 23-27; 3, 6
- Todas las sociedades, para convivir, requieren de un cuerpo de leyes. Cuando las sociedades se vuelven más complejas, se elaboran sendos reglamentos, legislaciones o normatividades específicas para cada área o sistema social. Así, por ejemplo, tenemos leyes sanitarias o de higiene, normas de cortesía o urbanidad, reglamentos de tránsito, reglamento para los deportes, y por supuesto, normas morales y normas de religión.
- A veces sucede que algunas leyes que tuvieron una razón importante de ser, para afrontar ciertas situaciones, tiende a quedarse; aunque tales situaciones hayan dejado de existir (son obsoletas). A veces, en tales circunstancias, pueden cambiar del área correspondiente y entonces, lo que originalmente era benéfico para dicha sociedad, se convierte en una carga.
- Un ejemplo de esto es el quinto mandamiento de la Ley de Dios, el que prescribe un día semanal de descanso. Indudablemente, en sus orígenes, este mandato fue benéfico para los trabajadores: cuando se contrataban jornaleros para los rudos trabajos del campo, un día de descanso, pagado fue una valiosa reivindicación para los trabajadores; pero a la vez era una obligación para los patronos, para frenar una posible voracidad de explotación de la fuerza del trabajador (¡hasta las máquinas descansan!). El descanso fue una forma de “santificar las fiestas”, pues ese derecho al descanso se convierte en algo santo. El Día del Señor es un día de regocijo y de justicia; un día en que se rompe la monotonía de la semana, propicio para salir al campo a dar un paseo, visitar amigos y familiares, dedicarse a la lectura, la música o la pintura… en fin, la “fiesta”. El libro del Deuteronomio norma este precepto en favor de los débiles (los esclavos, los inmigrantes), y lo justifica en recuerdo de cuando el pueblo fue esclavo en Egipto. Es por tanto, un día de libertad y liberación
- Pero cuando se convirtió en un “mandamiento” obligatorio, se le perdió la gratuidad. La interpretación dada por las autoridades judías y difundida por los fariseos, lo convirtieron en una norma ritual, como un “tabú”, cuyo quebranto, mancha e impide la incorporación a la asamblea de los creyentes. La ley así interpretada no distinguía entre la trasgresión el ambicioso acumulador guiado por el “time is money”, y la trasgresión del el pobre, quien cuando hay “jale” lo tiene que tomar de inmediato, pues no siempre hay. Recuerdo en Ciudad Juárez un maquilador que en la confesión me preguntó si trabajar el domingo era pecado. Le respondí que más que verlo como tal, que cobrase conciencia de su derecho. Se le obligaba, mediante horas extras mejor pagadas, a desaparecer su semana (sin la interrupción del 7° día), y sin tener tiempo siquiera de disfrutar los “juguetitos” que compraba con ese dinerillo estéril. Si convertimos el descanso en la simple “prohibición de trabajar” le hacemos perder su atractivo.
- Por eso, el sentido común es el que mejor interpreta las leyes rituales, como hizo Moisés: relativizó la prohibición de comer los “panes consagrados que sólo los sacerdotes podían comer”, compartiéndolos con sus compañeros hambrientos por defender la causa de Dios. Con dicho ejemplo, Jesús da una clave interpretativa para todas las normas legales. “el sábado es para el hombre, y no el hombre para el sábado“: las reglas se hicieron para los humanos, y no los humanos para el cumplimiento de normas”