Mc 7, 1-8; 14-15; 21-23
- Vivimos en una red de prescripciones y prohibiciones que condicionan toda nuestra conducta. A veces nos abruman, o nos parecen ya inoperantes, o sentimos que nos limitan y restringen demasiado, o aunque reconocemos que son convenientes para nuestra propia disciplina o para la convivencia, notamos que incluso las que juzgamos como positivas, se degradan. Sucede con las leyes, que a veces se decreta para afrontar determinadas circunstancias, y al cambiar éstas, se cosifican y permanecen como incuestionables e inmutables. Leyes, reglamentos y costumbres abarcan diversos campos, no todos igualmente importantes. Veamos algunas:
- El antiguo Israel recibió de Dios el Decálogo, el nivel ético más elevado de aquellos tiempos, de modo que Israel era reconocido como el pueblo más sabio. Junto al Decálogo, estaban, en Galilea, en el Norte, exigencias de compasión. En cambio, en el judaísmo tardío del Sur (Judea) se acumularon prescripciones y tradiciones antiguas (algún curioso contó 640 prohibiciones en la Biblia), muchas de estas, prohibiciones tipo “tabú”
- El tabú es probablemente la prohibición más antigua: en una tribu, cada clan posee un tótem, que les recuerda su origen y con el que se identifican, y que da origen a algunas prohibiciones, tales como excluir las relaciones sexuales con las propias mujeres del clan. El animal totémico no se puede cazar, y su carne no puede ser comida (salvo el día de la fiesta, cuando es obligatorio). La prohibición se desplaza hacia ciertos objetos (de culto), personas (el rey o sacerdote), palabras, tiempos y lugares (fastos o nefastos), sin que necesariamente esto se deba a cuestiones de moral. Se supone que quien transgrede una prohibición tabú –aunque fuese involuntariamente- queda contaminado, es objeto de un maleficio inmediato y puede contaminar a otros, hasta que se purifique y lave su falta.
- En el Israel antiguo quedaban aún reminiscencias del tabú: no podían pronunciar el nombre de Yahvé, no podían realizar actividades en sábado, no podían comer ciertos animales de sangre fría, e incluso los mamíferos rumiantes que no tuvieran la pesuña dividida (cerdo, camello), no podían tocar sangre, mujeres en menstruación o ciertos enfermos (leprosos), no podían entrar a casa de paganos, etc. Estaban obsesionados con la “mancha” o impureza ritual, y a quien hubiese incurrido en alguna trasgresión, se le vedaba la asistencia a la sinagoga (comunidad), por el riesgo de contagiar a otros. En algunos casos, tenían que trasladarse hasta Jerusalén, para sacrificar un chivo expiatorio, al que transferían sus impurezas.
- Entre nosotros todavía se siguen conservando algunas interdicciones-taboo: “malas” palabras (vulgares, pues son las que usa el “vulgo”), juramentos y maldiciones, dietas de abstinencia, etc.
- Tenemos también otras normas para campos específicos:
- De higiene- Cepillarse los dientes, lavarse las manos después de comer y antes de ir al baño (¡¡¡!!!), lavar los trastos, etc.
- De urbanidad.– no poner los codos en la mesa, dar las gracias, dar la mano al saludar, decir “por favor”, “gracias”, “salud” en estornudos, etc.
- De civismo.– atravesarse por el paso cebra, no tirar basura, no observar el semáforo, levantar las heces de la mascota, etc.
- De justicia penal.– Pago de impuestos, etc.
- De religión- oír misa los domingos
- De moral.– no mentir, no robar, no murmurar
- Algunas normas en el antiguo Israel se habrían puesto por razones higiénicas (como la mencionada de lavarse las manos o los trastos); pero luego –ya que aún no se descubrían los microbios- éstas se sacralizaron (“abluciones”) y se volvieron tabú.
- A veces los campos se confunden y en la práctica, su exigencia no va siempre en proporción a su importancia (urbanidad con connotación moral :tatoo, pelo largo)
- Normas éticas y morales.- Jesús describe algunas transgresiones (leer algunas)
- Las tradiciones.– costumbres que se repiten sin cuestionarse, v.gr, las que garantizan la condición de subalternidad de la mujer: ellas deben hacer los quehaceres, callar ante los varones, etc. Así, hay artículos para cada género: (para varones, la corbata o la pipa; para mujeres, la falda y el abanico. Hasta hace poco, el pantalón para el varón y el color rosa para la mujer). Muchas veces se repite lo que “siempre se ha hecho así”, sin atender a las transformaciones sociales que exigirían otro planteamiento
- Jesús relativiza las normas rituales o las impurezas: hace sus curaciones en sábado; da a entender que no “mancha” lo que entre por la boca (alimentos), toca a leprosos, etc. Igual libertad se percibe ante las tradiciones (no está escrito que había que lavarse las manos hasta el codo, pues era una simple costumbre). En cambio, Jesús se muestra muy exigente con los preceptos de misericordia y de justicia, la compasión solidaria… que informan todos los campos, incluyendo la política y la Economía. Su único y principal precepto es la Caridad: “amar al prójimo como a sí mismo”. (contra Joe Bush, quien dio a entender que en estas cuestiones la fe no tiene nada qué ver)
- Actualmente, las nuevas generaciones demandan una revisión de muchas tradiciones o convencionalismos sociales, y exigen que se les dé razón del porqué se mantienen ciertas costumbres. Pedagógicamente, no admiten que se las imponga, ni que se enfatice lo que quizás no valga tanto (v.gr., su atuendo, tatuaje). Se trata de una educación en y para la libertad, y no los controles (v.gr., el uso de las redes sociales).
- Necesitamos reactualizar aquellas tradiciones que aún tengan viabilidad para nuestra identidad colectiva, e implementar nuevas normas: ecológicas (ahorro de agua, de energía, mascotas, basura, saber comer); cívicas (pago de impuestos, no dar mordida, denuncia de corrupción, entre ayuda para la seguridad, no pasarse los altos en rojo, etc.); sociales (solidaridad, nuevo civismo como interés político; valores cívicos, uso del celular). A veces es necesario organizarnos para revisar leyes inconvenientes que no fueron consultadas y nos afectan, etc…. Ante la ley y las tradiciones, no tenerle miedo a la libertad. San Pablo, el campeón de la libertad ante la ley, afirmaba: “todo me está permitido; pero no todo conviene”. Revisar y liberarnos de muchas de estas prescripciones que no ayudan a vivir plenamente en libertad, y en la pedagogía con los niños, no dar a toda norma el mismo valor, sino remitirla a su código respectivo.