B-Cuaresma V: QUIEN QUIERA LOGRARSE, SE PIERDE; QUIEN SE ENTREGA, SE SALVA

Jn 12, 20-33

  • La semana pasada reflexionamos sobre una entrevista con Jesús que consiguió, por interpósita persona, un eminente escriturista. Ahora reflexionaremos sobre otra entrevista: la de unos griegos prosélitos que se encontraban en Jerusalén con motivo de la fiesta de Pascua, conseguida por mediación de Felipe, el único apóstol que hablaba griego. A estos helenos, afamados por su amor a la sabiduría (“filo-sofía”), la idea de un “mesías” crucificado –algo de lo que Jesús mismo veía como inevitable-, les parecía una locura, una insensatiez. Jesús tratará de argumentar que este final no significaba necesariamente un fracaso:
  • Lo argumenta con la metáfora botánica: para que la semilla de trigo pueda dar fruto, es necesario que se corrompa: en el sarcófago descubierto de una momia del antiguo Egipto, se encontró un recipiente sellado que contenía granos de trigo, que después de milenios quedaban intactos, pero no engendraron vida.
  • “El que se ama a sí mismo, se pierde, el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna”: Es más fácil trascender con una muerte entregada por amor, que el aferrarse a una existencia (de todos modos todos vamos a morir); vivir en una estabilidad segura, puede aumentar un poquito más la vida; pero en la esterilidad y el sin sentido.
  • “Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”. La misma referencia a la crucifixión hecha a Nicodemo la semana pasada: La exhibición de la más horripilante tortura mortal, una vez que se haya comprendida como un misterio de amor inconmensurable –y superada por la Resurrección- será justamente el criterio de juicio para este mundo y la derrota para su “Príncipe”, pues se convertirá en el símbolo más fuerte de atracción que perdurará por los siglos.
  • Saber esto, obviamente, no elimina el miedo. Una muerte violenta, sobre todo precedida de la tortura, es algo pavoroso, Jesús lo sabe y confiesa el miedo que siente. No es un ingenuo, ni un temerario imprudente; pero a pesar de esto, llegada esa hora no tratará de liberarse, y la asume con amor.
  • Con estos argumentos Jesús nos prepara para el memorial de la pasión y muerte de pronto recordaremos.

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