4. FEUDALISMO ESPAÑOL

Modo de Producción Esclavista

Por razones de los condicionamientos contextuales, he pensado hablar algo del Modo de Producción esclavista, pues además de que completa este modelo de interpretación historiográfico, ayuda a comprender el tema de esta sesión        

Las ciudades del neolítico asiático fueron entrando en contradicciones. Los ciudadanos iban siendo cada vez más golpeados por el déspota y su élite de funcionarios; tenían que pagar impuestos más gravosos, al mismo tiempo que encargarse del trabajo de su predio asignado. Las obras para mejorar su ciudad (avenidas, acueductos y palacios de sus autoridades) se encargaban a extranjeros, organizados en pequeñas colectividades, con sus respectivas lenguas y tradiciones, siendo apenas alimentados: eran capturados por la fuerza como esclavos, que no llegaban a constituir un modo propio de producción. A pesar de las murallas, que ellos mismos fueron obligados a construir, huían y se constituían en hordas más numerosas.

            Fue así que nació el imperio grecorromano, que controlaría el Mediterráneo, llegando a las Galias y la tierra de los anglos. Las ciudades griegas alcanzaron gran esplendor, con el florecimiento de la arquitectura y del pensamiento filosófico y escultórico. Pero el mayor auge urbano habido hasta entonces se realizó en Roma, capital del Imperio, gracias a descubrir el cocimiento de los ladrillos. Los romanos dominaron la organización militar, con la que pudieron dominar todo el mar Mediterráneo, controlando una superficie de 6.5 millones de kms2, abarcando tierras de los celtas, iberios, galos, británicos, griegos y macedonios; también el norte de África (Egipto, Mauritania) y Asia menor (Turquía, Armenia, Palestina) . Magníficos constructores, hicieron las grandes Vías, con las cuales los ejércitos podían trasladarse con rapidez, así como también los acueductos, gracias al adiestrarse en las matemáticas y el cálculo. Todo esto lo pudieron lograr mediante conquistas, obligando a los pueblos sometidos a fuertes tributos y la captura de esclavos (Cesar, por ejemplo, capturó de las Galias y llevó a Roma un millón de esclavos).

            La estructura social del imperio era claramente piramidal. En la cumbre estaba el emperador, que ejercía su gobierno apoyado en los patricios, los cuales vivían en el lujo, especialmente los senadores, con grandes mansiones artísticamente adornadas, quienes se constituían como poder político. Más abajo estaban los “plebeyos”, ciudadanos libres, que recibían semanalmente su dotación de trigo; pero que vivían en la pobreza, rentando cuartuchos de multifamiliares; y a la base, había gran número de esclavos (había un senador, por ejemplo, que tenía 3,000 esclavos). Estos no tenían ningún derecho; a cualquier insurrección, su propietario podía crucificar a muchos de ellos o incluso, a todos. Los senadores de mayor fortuna, entrenaban a esclavos como gladiadores, para que lucharan a muerte en el Circo, para sus apuestas con otros. Pero aparte de la vida licenciosa de algunos de estos senadores, entre gula y orgías, la mayoría de los patricios llevaban una vida bastante moral, imbuidos del platonismo griego. En cambio, la masa de plebeyos (la “plebe”) vivía de forma amoral.

Los cristianos en Roma. El sistema religioso romano estaba tomado, adaptado, de la religión griega: un politeísmo antropomórfico, en el que los dioses reproducían el modo de vida de los humanos (con sus envidias, celos, poder y libido). SE comprende que el cristianismo inicialmente haya sido visto con interés, por representar una forma religiosa superior. Sin embargo, esto cambió con Nerón: en su loca megalomanía, quería reconstruir la ciudad y convertirla en la Nerópolis, de la que ya tenía la maqueta. Para ello era necesario destruir al menos una parte de ella. por otra parte, estaba -según él- componiendo una Oda al incendio de Troya, y quería aprovechar la ocasión para recitarla con su laúd. Sin embargo, se encontraron muchos detalles sospechosos: días previos, se encontró acumulación de leña en algunas partes de la ciudad, y las aguas del Tíber se desviaron, quedando seco el cause. Los senadores estaban muy irritados, dispuestos a castigar al emperador. Los cristianos podrían servir de chivo expiatorio. En efecto, estaban en boga entre los cristianos, escritos de estilo apocalíptico, que hablaban del fuego de que devoraría a la Gran Prostituta, en el estilo simbólico que sus cofrades entendían. De ello se valió Nerón para desencadenar una terrible persecución religiosa, arrojando a los cristianos al Circo, cuyo foro era decorado con escenografía selvática y bestias feroces. Hubo muchos mártires heroicos, entre ellos, nada menos que San Pedro y San Pablo (en tiempos sucesivos), entre los cuales, destacamos a San Mauricio y la Legión Tebana: se trataba de soldados valientes, reconocidos como héroes por la gente, quienes, en provocativo desafío, pusieron el signo de la cruz en sus cascos.

En el siglo IV, Constantino se convirtió en emperador absoluto, trasladando la capital del Imperio a Bizancio (Constantinopla). Entonces, el emperador se convirtió al cristianismo, después de una sucesión de emperadores perseguidores. Quizás la razón política estaba en el descrédito en que había caído la religión oficial, a cambio, del ascendiente que habían cobrado los cristianos. La leyenda habla de un signo: una cruz resplandeciente aparecida en el cielo, con la voz o leyenda, “cum hoc signo vincebis” (con este signo vencerás), posiblemente, sincretismo entre la cruz, señal de los cristianos, y el signo del “Sol Invictus”: después del solsticio de verano: en efecto, se observaba que, a partir del solsticio de verano, el sol amanecía después y se ponía antes. haciendo el día cada vez más breve. Esto provocaba el temor de que llegase un momento en que el sol ya no saliese más. Pero a partir del solsticio de invierno, el sol irá ganando la partida a las tinieblas, iniciando su crecimiento. De ahí que el 25 de diciembre se celebrase la fiesta de los Saturnalia, o del “Sol Invencible”.

Una vez que el emperador mismo se convirtiera al cristianismo, muchos senadores y patricios lo siguieron. La religión hasta entonces proscrita, con el Edicto de Milán, se hizo entonces la religión oficial, obligándose a todo el pueblo a convertirse a ella. Se dice que Constantino, antes de morir, hizo a la Iglesia el legado de un gran territorio, que después fueron los “Estados Pontificios”. La Iglesia salió de las catacumbas y se volvió parte del poder imperial (el Estado financiaba, incluso, los Concilios)

Para entonces, el modo de producción esclavista resultaba ya demasiado oneroso, pues se tenía que alimentar a un gran número de esclavos, que no solían aprovecharse en tareas productivas, ya que la metrópoli se beneficiaba de las colonias. En el siglo V, hordas de bárbaros (eslavos, francos, germánicos), empujados por los mongoles, invadieron Roma. Debido a la molicie y degeneración moral, y a que las legiones de soldados se encontraban distantes, no pudieron resistir. Las ciudades quedaron abandonadas, a merced de bandoleros; bastaron algunas décadas para que el bosque reconquistara Roma, no siendo extraño encontrar fieras en ella. 

MODO DE PRODUCCIÓN FEUDAL

El feudalismo es el sistema social, económico y político que se desarrolló en Europa, principalmente entre los siglos IX y XII. Para comprender la transición que favoreció este cambio de modo productivo, hay que remontarse al abandono y caída de las ciudades, ya desde el siglo III. Los antiguos citadinos, con otros grupos no integrados llegados desde las antiguas colonias romanas. buscaron lugares dónde establecerse y cultivar la tierra. Sin embargo, eran constantemente acosados por bandas de pueblos nómadas (germánicos, eslavosmagiaresmusulmanesvikingos). Extrañaron entonces la seguridad que ofrecía el antiguo Imperio Romano, con sus legiones disciplinadas vigilando las anchas calzadas. Ahora, cuando los campesinos eran asaltados por los vándalos, sacaban sus armas guardadas y les hacían frente, a veces con éxito y a veces víctimas del robo y la rapiña. Entonces, algunos vecinos, con habilidades para la guerra, les propusieron a los campesinos que, si les financiaban con el alimento, podrían capacitarse mejor para la defensa armada, integrando cuerpos de seguridad. Los campesinos, ciertamente, ganaron en seguridad ante los invasores nómadas; pero junto a la comida, alimentaron las ambiciones de sus “defensores”, quienes demandaban cada vez mayor pago. Éstos propusieron entonces la construcción de castillos-fortalezas (con fosos, puente levadizo, murallas y almenas), con el argumento de que, en caso de asaltantes numerosos, todo del grupo pudiera refugiarse dentro, con abastecimiento constante de agua y alimento. Con esto, se fue dando una división dicotómica de dominación interna, señores y vasallos, los cuales conservaban la tenencia de la tierra y la protección, a cambio de fidelidad. El grupo de guerreros profesionalizados, ya con el poder de sus armas, sometió al resto. De “vasallos” pasaron a “siervos” y el pago por servicio de defensa, se convirtió en tributo. Los caudillos locales se aliaban entre sí, subordinándose jerárquicamente según su rango y poder. Dado que en esta nueva situación la autoridad hegemónica era muy lejana, la única seguridad provenía de las autoridades locales, que la ejercían con efectividad y autonomía.

CARLOMAGNO

El emperador que unificó el área más vasta hasta entonces (prácticamente Europa Occidental y Central) fue Carlomagno. Gobernó a los germanos, los francos, los lombardos, los galos, los sajones, y tomando como justificante el supuesto legado de Constantino, conquistó también Italia. Había heredado el trono de Pipino el Breve, y fue rey de los francos desde 768. Fue instaurado como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico desde el 800, con lo que retornó la dinastía de los carolingios, sustituyendo a los merovingios. Combatió a los musulmanes, los eslavos, los sajones… convirtiéndolos al cristianismo. Algo importante para nuestro curso es que se apoyó en el Papa para obtener legitimidad, a cambio de proteger un cristianismo oficial, instaurando con esto la unión trono/altar, propia del sistema feudal. Fue coronado por el Papa León Con esto, el supremo jerarca del medievo no sólo tendrá la justificación que dan las armas, sino la justificación religiosa, que hace “sagrado” el Imperio Romano, es decir, querido por Dios, con lo que sus eventuales adversarios, al mismo tiempo, quedaban prácticamente excomulgados.

Entre los siglos IX y XII, ya se había arraigado un sistema jerárquico descentralizado, en donde el poder fluía desde la cúspide (emperador, reyes) hasta el poder local, mediante un escalafón aristocrático, según su fuerza, rango y dinastía de sangre (condes, barones, duques, marqueses, etc.). Este grupo, aparte de cultivar las artes (actividades “liberales”), se entrenaban en las armas, poniéndose a prueba en “torneos”, en los que ganaban prestigio y posibilidad de ascenso. El reconocimiento oficial de su autoridad lo daba el respaldo del superior, mediante un título nobiliario. LA lengua latina, que era la lengua franca hablada por todos en el imperio, iba deformándose en dialectos en que se mezclaba con gran variedad de lenguas locales proveniente de los grupos de bárbaros que habían dominado los distintos feudos de poca comunicación entre ellos.

La Iglesia en el feudalismo

Con Carlomagno se añadió una justificación muy importante, la religiosa, otorgada por el Papa (el emperador) el arzobispo (rey) o el abad monástico. Es el llamado “Estado de Cristiandad”, cuya esencia es la “alianza entre trono y altar”. La Iglesia (monasterios) recibe protección, beneficios económicos y poder político, a cambio de que delegue su poder sagrado como legitimación a las autoridades civiles

Los monjes

Ya desde el siglo III, cuando Constantino convirtió el cristianismo como religión oficial, algunos cristianos inconformes con esta mundanización y sometimiento, huyeron a los bosques como ermitaños y anacoretas, que posteriormente se instalaron en cuevas del desierto. Ante los peligros de fieras y bárbaros, se fueron congregando en cenobios (cada cual vivía independiente, tenían una iglesia central y los protegía una muralla). Finalmente, se convirtieron en monasterios, como el del Subiaco (Monte Casino), con San Benito, en el siglo VIII, comprometiéndose a obedecer al abad y a una regla común. Fue en este siglo cuando los monasterios fueron incorporados al sistema feudal. Apoyados por algunos nobles, muchos monasterios se enriquecieron, con lo que muchos de ellos se corrompieron. Los nobles ponían ellos a sus hijos e hijas (bastardos) como abades y abadesas, se inmiscuían en su vida interna, dando entrada a las pasiones políticas, aprovechando su fuerza y prestigio. En la biblioteca custodiaban los principales libros de importancia, con copista que los decoraban con plumas de ave, hasta que, en las ciudades, las universidades les arrebataron el monopolio del saber, pues se dedicaron a su difusión. En los monasterios se cultivó el arte culinario y la fabricación de vino. Hubo también monjes evangelizadores que se adentraron en territorios de los bárbaros, haciéndolos sedentarios.

 Los siervos:

El sistema feudal estaba asociado con la tenencia de la tierra. El productor directo (poseedor de algún terreno) tenía la obligación, basada en la ley o el derecho consuetudinario, de dedicar cierta parte de su trabajo o de su producción en beneficio de su superior feudal. Paulatinamente, estos tributos fueron creciendo; muchos siervos se endeudaban con su Señor, quien aprovechando esto, terminó a reducirlos a una condición de semi-esclavitud. Los siervos de la gleba, anclados a la tierra en la que habitaban, carecían de cualquier derecho individual y no tenían más garantías legales más que las que el amo de los territorios quisiera otorgarles.

Las ciudades

Cuando esta condición resultaba demasiado onerosa, muchos siervos huían del territorio feudal. Buscando refugio, se agrupaban, primero, en las antiguas ciudades romanas abandonadas, que aún podían ser aprovechables. También lo hicieron en las inmediaciones de los monasterios, los cuales gozaban de “derecho de asilo”, con el que protegían a estos vecinos. Luego ya se formaron nuevas ciudades (“villas,villanos”), más acondicionadas, que después se volvieron el nuevo espacio de poder. Las villas eran redondas y amuralladas, y las calles perpendiculares conducían a un centro. En ellas se instalaron las universidades, donde se transmitía el saber, anteriormente custodiado en las bibliotecas monacales. También se abrieron allí los primeros talleres artesanales, a los que llegaban los nuevos citadinos solicitando trabajo. El propietario los contrataba como “aprendices”, y como “maestro”, les iba enseñando el oficio, hasta que se convirtieran a su vez en maestros, abriendo su propio taller. En las ciudades se instalaron también los “comerciantes”, a quienes recurrían los nobles de los feudos, pues dado que la apariencia era un recurso para obtener prestigio, derrochaban sus fortunas en joyas y atuendos preciosos, irrepetibles, hechos a su gusto individual, o iban a endeudarse con los prestamistas judíos, el nuevo poder financiero. El comerciante, a su vez, encargaba tales mercancías los artesanos villanos. Las ciudades crecían y se enriquecían; mientras el feudalismo decaía. Estaba surgiendo un nuevo modo de producción: el capitalismo, en su forma inicial “mercantil” (el industrial y el prestamista subordinados al Comerciante).

LA REFORMA DE LUTERO

            Como ya sabemos, cada modelo de producción económica configura una determinada estructura política y social, la cual, a su vez, condiciona un sistema de ideas, valores y preferencias, que constituyen la “ideología” (su función estriba en la misión destinada a apoyar, en última instancia, la base económica. La religión forma parte importante de las ideologías (sea la dominante, sean las subordinadas).

            El monje agustino Martín Lutero encarnaba mucho descontento hacia las formas tradicionales de religión, promovidas desde Roma. Muchos nobles alemanes se encontraban fastidiados por las restricciones y gravámenes que les aplicaba el Papa desde Roma. En un viaje realizado a Roma fue testigo de formas de religiosidad popular poco coherentes con la doctrina de Cristo, y se escandalizaba del mundanismo en que había caído la jerarquía romana. Desde entonces, es Espira, exhortaba a reformar la Iglesia hacia sus orígenes. Se oponía al cobro de indulgencias, supuestamente para financiar una gran basílica del Vaticano que sería dedicada a San Pedro y San Pablo. Además, observaba que el pueblo cristiano desconocía la Biblia, que se leía en latín, cuando la gente ya había ido abandonando aquella lengua “muerta”. Por tanto, se propuso hacer una traducción de la Biblia desde sus lenguas originales, traducción que, hasta la fecha, goza de cierta autoridad. El descubrimiento de la imprenta ayudó no poco a su difusión, lo mismo que a su interpretación personal. Hasta entonces en el aula existía un solo libro, el del maestro, quien desde un estrado, leía (“lectio”) ese gran libro, decorado con plumas de pavorreal (por lo general, el “libro de las Sentencias” de Pedro Lombardo), del que cada maestro interpretaba a su modo, con entera libertad de cátedra. Los alumnos, monjes jóvenes, se sentaban en el piso de tierra sobre su manteo, bajo la luz de antorchas. Podían elegir libremente su maestro; pero en los debates, la última palabra interpretativa lo tenía el maestro en turno (“magister dixit”). El primer libro que se imprimió fue la Biblia en su traducción alemana de Lutero, por lo que ahora, cualquiera podía interpretar las Escrituras conforme le pareciera, y no desde un “magisterio” (el “libre examen”).

            El Papa condenó a Lutero; pero él, en la Dieta de Worms, quemó la bula papal de condena, iniciándose una rebelión religiosa, apoyado por los príncipes alemanes, molestos por los gravámenes ocasionados por el sometimiento a Roma. Esta Reforma se diversificará en otras varias propuestas religioso-políticas que colorearon el mapa religioso de entonces. El Papa respondió con la institución de la “Santa Inquisición”, para perseguir a los herejes, encomendándola a los frailes dominicos (Torquemada). La cristiandad de la Europa occidental quedó dividida: supeditada a las autoridades, la conversión del rey implicaba la de toda la población (como sucedió con Constantino). Sin embargo, el Papa intentó en vano influir en la feligresía de los países protestantes. Las tensiones se dirimiendo mediante el acuerdo: “cujus regis ejus religió”. La catolicidad se redujo geográficamente y la Iglesia Católica perdió autoridad.

FEUDALISMO ESPAÑOL

            Con el matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón unificó dos reinos muy poderosos y provocó, con los Habsburgos, el engrandecimiento de España. La cristiandad española, que en Europa había sido muro de contención frente al Islam, reconquistó Granada, y fue reconocida como la primera potencia en los siglos XV y XVI. Este auge se manifestó a nivel ideológico, reconocido como “El Siglo de Oro Español”: La literatura se cubrió con nombres de grandes escritores (Cervantes, Calderón de la Barca, Quevedo, Lope de Vega), la pintura otro tanto (Murillo, Diego Velázquez) y la mística, con figuras sublimes (Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola).

Debido a su situación geopolítica, la península Ibérica (España y Portugal), en los siglos XV y XVI, quedó privada del comercio con el Oriente medio y lejano, necesario, sobre todo, por la demanda de la pimienta y la canela, especies muy apreciadas por las élites. Su aislamiento se debía por un doble bloqueo: por un lado, Constantinopla estaba tomada por los árabes, y por otro lado, las tensiones y conflictos con los países controlados por la Reforma. Era necesario encontrar alguna ruta comercial alterna, y la única salida era por la navegación a ultramar, lo que obligó a los dos países a aventurarse en los océanos. Además, esto brindaba oportunidades de crecimiento económico y de influencia política, por lo que sendos países decidieron aventurarse en los océanos, y en el camino, terminaron conociendo los continentes de África y América. El Papa Alejandro VI (Borgia), para evitar fuertes conflictos en la colonización de las nuevas tierras descubiertas, dividió el mundo en dos.

LOS HABSBURGO

La Casa de Habsburgo fue una de las más poderosas casas reales de Europa. Los Habsburgo ocuparon el trono del Sacro Imperio Romano Germánico de forma continuada entre 1438 y 1740.

Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y a la vez, Carlos I de España (1500–1558). Nació en Gante (Flandes). Reunió por primera vez en una misma persona las Coronas de Castilla, Navarra y Aragón. Nieto, por vía paterna, de Maximiliano I de Habsburgo y María de Borgoña de quienes heredó el patrimonio borgoñón, los territorios austríacos y el derecho al trono imperial, y por vía materna, de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, de quienes heredó Castilla, Navarra, “las Indias”, Nápoles, Sicilia y Aragón.

Regalismo español

            Ante los grandes desafíos que el nuevo contexto geopolítico presentaba a la Iglesia, el Papa había establecido con los Reyes Católicos el “Patronato Real”, el más emblemático ejemplo de la “Alianza Trono y Altar”. El Papa encomendó a los Reyes Católicos la vigilancia respecto a las herejías, el paganismo y la apostasía. También la reforma del clero mundano y sus costumbres. Les encargaba de la evangelización de nuevas tierras (envío de misioneros, construcción y mantenimiento de iglesias y conventos). En cambio, los Reyes tenían las facultades de cobrar directamente el diezmo, así como el “derecho de presentación” de los candidatos a obispados. Este acuerdo pronto dejó ver las inconveniencias para ambas partes: la Iglesia se sentía atada y los teólogos y juristas regalistas protestaban contra la injerencia del Papa en asuntos de Estado.

El Integrismo Español

La Contrarreforma fue la respuesta que dio la Iglesia Católica al duro golpe asestado por el movimiento desencadenado por Lutero, que minó a la autoridad eclesial. Muchas de sus críticas eran válidas y era necesario hacer reformas contra la los abusos y mundanidad de gran parte de la Jerarquía, así como replantear la teología. El evento más importante fue el Concilio de Trento, convocado por el Papa Clemente VII y en diversas sesiones entre 1545 y 1563. En él, los obispos reafirmaron la doctrina de la Iglesia sobre la Sagrada Escritura, la Tradición y los Sacramentos, con temas tales como el celibato sacerdotal, la supremacía de la autoridad papal, la fundación de los seminarios, etc. Se reafirmó la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la justificación por la fe y por las obras, las indulgencias y la veneración de la Virgen María y los santos.

            Para poner en práctica el Concilio, el Papa se apoyó sobre todo en los Reyes Católicos españoles, con quienes se tenía concordato. No extraña, pues, que Iglesia de España haya sido “integrista”, es decir, baluarte de la más pura ortodoxia. A esto contribuyeron también medidas políticas, como la derrota del Imperio árabes. Quienes no aceptaran la normativa católica no tenían lugar en el país. Por lo mismo, se expulsó a los musulmanes y a los apóstatas (o “judaizantes”: judíos que por conveniencia se habían convertido al catolicismo; pero que en secreto seguían con sus prácticas). Los “herejes” (protestantes) o bien eran expulsados del país, o entregados a la Santa Inquisición. Otras minorías también sufrieron persecución, como las “brujas” (las “bacantes” -Baco-, corte de mujeres del dios Dionysios, reminiscencia de antiguos ritos prohibidos). El catolicismo integrista español enfatizó los símbolos rechazados por la Reforma: la Eucaristía, el Papa y la Virgen (junto con los santos). Este fue el cristianismo que nos llegó a América.

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