Introducción
Empezamos explicando una nueva categoría metodológica que nos ayude a comprender mejor esté período. Hasta ahora nos hemos venido manejando con la de “modo de producción” (MP), del modelo historiográfico marxista. Supone que la economía -y de modo específico, el modo como una colectividad ordena la producción de satisfactores-, ha sido determinante (o al menos, condicionante) para organizar formas de dirección política, y que (si exceptuamos el período de clanes cazadores y recolectores) ha sido preponderantemente dicotómica (es decir, con dos polos diferenciados, uno de dominio explotador y otro, subordinado y explotado); y ya que la dominación no sería posible sin cierta legitimación aceptada, va acompañada por una serie de ideas, valores, instituciones que legitimen la dominación (ideología). La producción, pues, configura a la sociedad en su conjunto: economía, política e ideología.
Ahora bien, esta categoría; aunque útil para la comprensión, es abstracta e insuficiente, pues la realidad total es más compleja que el simple modelo de producción dominante, pues casi nunca aquella se adecúa a este. Por eso se ha construido otra categoría complementara: la de “formación social”, para referirse a una sociedad concreta. En éstas, si bien prepondera determinado MP, éste no se encuentra puro, sino combinado con otros modos de producción -anteriores o en construcción- que dejan también su impronta.
Esto lo veremos ahora en el régimen colonial, una vez terminada la guerra de conquista. El “MP feudal”, como era previsible, fue el dominante; pero las sociedades autóctonas anteriores a la llegada de los invasores no pudieron menos que dejar su impronta. Es decir, el neolítico o “MP despótico tributario o ´asiático´” estaba también presente, si bien degradado y subordinado. Con la importación de esclavos africanos, cazados y aprisionados, el “MP esclavista”, destinados a los trabajos más duros, que excedían la fuera de los cuerpos indios. Una bula promulgada por el Papa Urbano VIII, el 22 de abril de 1639, prohibió la esclavitud en las colonias americanas de España y Portugal. La medida fue aprobada por el Rey de España, Felipe IV; pero sólo aplicable a los indígenas. En cambio, permitió la esclavitud de los esclavos africanos. Los esclavizadores (muchas veces ingleses o portugueses) cazaban en África a los nativos separándolos de su familia y hasta de sus compañeros de grupo étnico. Algunos, conocidos como Cimarrones consiguieron su libertad al escaparse y refugiarse en las montañas de Veracruz. Al mismo tiempo, comenzaba a gestarse, en embrión, un nuevo modo de producción: el “MP Capitalista”, en los obrajes, las minas y los ingenios de los criollos.
LOS HABSBURGO DURANTE LA NUEVA ESPAÑA (1521-1700)
La primera modalidad del régimen novhispano llevó la impronta de esta dinastía, mantenida en España por los reyes Carlos V y Felipe II, III, IV Carlos II. La sinceridad de su fe hizo que tomaran en serio la voluntad del Papa y la insistencia de los frailes, en el interés por la evangelización y el trato más humano a los indios.
La Metrópoli, para facilitar su control sobre las colonias, multiplicaba las instancias, para que éstas compitieran entre sí: (los reyes y su corte, el virrey, el cabildo, la Real Audiencia, el Consejo de Indias, los Visitadores, los Regidores, el Ayuntamiento (las ciudades eran independientes), la Jerarquía Eclesiástica, Las Órdenes Religiosas, el Santo Oficio, etc.).
República de indios y república de españoles
La Corona, juntamente con los frailes, trataba de proteger a los indios de la voracidad y crueldad de los colonos. Esta fue una razón para mantener separadas a las dos razas, Tenían legislación distinta, respetaban su cultura, tributación en productos. Los pueblos indios preferían dividirse, con la esperanza de convertirse en cabecera municipal y tener otros poblados tributarios. En cambio, los misioneros preferían la concentración, por facilidades pastorales y desarrollistas. Las “reducciones” o reagrupamiento de los indios cristianizados en pueblos, fue la política demográfica. Trataban de alejar de estos territorios a los colones; en cambio, estos aceptaban la presencia nativa para recibir mercancías y servicios.
Por facilidades de gobierno, para protección de los indios de los colonos criollos y por fines pastorales de los evangelizadores, se separaron claramente las residencias de los indios y de los españoles, incluso con sus respectivas legislaciones. Los colonos criollos querían que la Corona les dejase las manos libres para tratar a los indios; aunque a ellos les cobrasen los múltiples impuestos: gabelas (la sal), alcabalas (los bienes), la tonelada, el quinto real, los estancos, las aduanas, los diezmos, etc. En cambio, los “naturales” entregaban directamente su tributo a la Corona, principalmente productos y artículos que ellos mismos confeccionaran; aunque después se les fijaron lo que tenían que producir (p.ej., la “cochinilla”, una plaga de cierto gusanito que se criaba en los nopales y del que se extraía la “grana”, elemento muy apreciado para tintura de la industria textil de entonces).


Como ejemplo de la comprensión y tolerancia que tenían las autoridades novhispanas de entonces hacia las costumbres y creencias de los indios, se conserva el texto de 1563 –uno de los primeros procesos encargados a la Real Audiencia–, en contra de abusos del regidor de Yagavila, en la Sierra Norte de Oaxaca, Don Francisco Tenorio. Este personaje había participado como soldado durante la Guerra de Conquista, y como premio, fue nombrado Corregidor de la Provincia de los Zapotecos. La Audiencia dio entrada a una denuncia de los naturales, acusándolo de malos tratos: había torturado con una antorcha a tres indias, ahorcado a otra con sus propias manos y aventado sus terribles perros mastines a un anciano chamán. El justificativo fue que había oído ruidos muy extraños y según testimonio de aquellas indias, eran la gente del pueblo convertida en leones (claro caso de un nagualismo). La audiencia no le creyó, y el acusado adujo otro testimonio más verosímil, el anciano cacique (Yagaeche) era sodomita, sacrificador y antropófago. La audiencia relativizaba esos hechos, pues no había pasado mucho tiempo de la conversión de los naturales, y la Corona recomendaba comprensión ante las costumbres anteriores. En este caso, era normal que los sacerdotes autóctonos fueran homosexuales (signo vocacional). La antropofagia se reducía a que, en cierta ocasión, un grupo rebelde de otros pueblos habían matado a dos cristianos y habían hecho tamales con ellos, yendo a todos los pueblos a presionar a personas de autoridad a que se los comieran, pues siendo delito, pretendían involucrarlos en caso de ser descubierta la conspiración. La Real Audiencia no cedió a condenar al Corregidor hasta que edujo el propio testimonio de vera los indios convertirse en leones, lo que cuadraba con la creencia española de entonces para casos de brujería, mujeres que se convertían en gatos u otros animales. Entonces lo absolvieron; pero le quitaron su cargo, prohibiéndole ejercer otro de por vida.
Por la situación del Patronato Real, por el que se reconocer que se trata de un Estado Confesional, la Iglesia fue su principal pilar. Su poderse manifiesta por las funciones que se le encomienda: además de evangelizar, a la Iglesia se le encomienda la asistencia social, la educación, la salud, las mediciones demográficas, la ideología oficial aglutinante, y por tanto, ser parte del aparato represivo, la Inquisición: vigilar a los idólatras (indios), a los apóstatas (judíos conversos) y a los herejes (cristianos disidentes). Es parte importante del régimen colonial.
La encomienda y el repartimiento
España recibía del Nuevo Mundo preciados artículos -sobre todo, otro y plata-, que la colocaron en el la hegemonía europea. Pero por el Patronato Real, la Corona queda comprometida con la Santa Sede para la evangelización y protección de aquellos pueblos. Ambos aspectos quedaban complementados, y en la práctica, la protección y educación en la fe, quedó supeditada al derecho abusivo de explotación. En el siglo XVIII había varias modalidades, siendo la primera, la esclavitud, la más desprotegida.
| La esclavitud. Principalmente negros cautivos y comprados al esclavista. Era considerado como una mera mercancía, como cualquier objeto. No tenían ningún derecho (ni siquiera a la vida), y quedaba sujeto de por vidaLos navoríos eran los indios residentes en las haciendas como peones: operarios de asiento, sirvientes de pie, gañanes o «asalariados libres», cuyo contrato se podía rescindir. Las “encomiendas”. En ellas, el beneficiario (encomendero) disfrutaba el tributo de sus indios, en dinero, en especie (alimentos, tejidos, etc.) o en trabajo (construcción de casas, cultivo de tierras o cualquier otro servicio); pero a cambio de ello, debía amparar y proteger a los indios encomendados e instruirles en la religión católica, por sí o por medio de una persona seglar o eclesiástica (doctrinero) que aquel mantenía. Por lo tanto, la encomienda no implicaba la propiedad sobre los nativos; era una concesión no heredable. Al quedar vacante (sin poseedor) ésta volvía al monarca, quien podía retener a los indígenas bajo administración real o entregarlos a otro encomendero.El repartimiento forzado. Era un trabajo rotativo y obligatorio del indígena, para proyectos de obras públicas o trabajos agrícolas considerados vitales para el bienestar de la comunidad. Esta modalidad de trabajo se basaba en reclutamientos laborales precolombinos, como fueron el coatequitl (“tequio”) mexicano. Podía incluir la construcción de templos o conventos, considerados como públicos, directamente a las órdenes del regidor local, |



LA PRIMERA EVANGELIZACIÓN
En otro lugar vimos ya los rasgos de la evangelización regulada por la Corona de los Habsburgo, Isabel y Fernando, y posteriormente, Calos V. A petición de Cortez mismo, la Corona trató de enviar los mejores misioneros. Los Doce Apóstoles franciscanos eran “sabios y santos”, como fuero requeridos, Erasmianos y abiertos, dieron pie al asombro y a la Caridad empática con los conquistados, si bien, cumplieron también con las exigencias del régimen colonial coactivo.
Rasgos de la primera evangelización:
a) Por coacción.- La Corona de los Habsburgo tenía claro que la fe cristiana no debía imponerse a los indios, y que, por tanto, la conversión tenía que ser libremente consentida. Pero en la práctica, los celos apresurados de los españoles caían en presiones. Se les leía a los indios un “requerimiento”, en el que se exponía una síntesis del credo y se solicitaba una aceptación explícita. Pero dicho requerimiento se leía en latín, como mero expediente[2]. Podían no aceptar el bautizo; pero ya que la política demográfica y evangelizadora colonial era la de “reducción” o “congregación” (congregar a los indios dispersos y diezmados por las epidemias), y ya que en los nuevos poblados más numerosos únicamente se aceptaban a cristianos, quienes permanecían en sus antiguos dioses tenían que vivir aislados en los bosques, con la involución civilizatoria consecuente, como se muestra en algunos mitos. Un mitema, recogido por Roger Bartra, es el de El Salvaje, que, según varios testimonios, se solía encontrar en los bosques. Igual sucede en los “mitos de conversión”, como el siguiente, recuperado e incluso citado por Julio de la Fuente, en donde, incluso, los no conversos sufrían una especie de involución biológica:
“Cuando apareció el Sol [la Fe. Cristo es el Sol], muchos habitantes de estas tierras murieron achicharrados [los horrores de las guerras], otros huyeron a los montes [el Salvaje] o se convirtieron en monos [involución mítica, los dioses primero crearon a los monos] y otros se refugiaron bajo la tierra [el “undeground” o clandestinidad. SE dice que viven debajo de las tierras, con acceso por las cuevas, sitio de la clandestinidad], de dónde volverán un día [el mito mixe del Rey Condoy, de quien se dice que vive bajo tierra y regresará a reinar]”.
b) Precipitada y masiva.- Fr Martín de Valencia calculó que, entre 1524 y 1531, se bautizaron como 1,200,000 indios (cada fraile bautizaría a unos 3,000 indios). Para Fr Pedro de Gante, cada día se habrían bautizado como 14,000, y Motolinía calculaba que cada fraile habría bautizado unos 100,000 indios… De modo que para 1536 habría ya unos cinco millones de nuevos cristianos bautizados. Obviamente, para ello no se requería demasiada instrucción, y parte de los rituales se perdonaban. Los bautizos eran por aspersión, desde la torre del campanario. Una pareja española serían los padrinos de toda la camada (los varones llevarían el nombre del padrino y las mujeres, el de la madrina).
c) Desde el poder.- En virtud del Real Patronato, el “brazo secular” protegía y controlaba la Iglesia (cobraba el diezmo, castigaba a herejes, construía templos y conventos, etc.); mientras que el “brazo religioso” legitimaba la dominación colonial.
d) Creativa.- Los frailes mostraron gran creatividad catequética, utilizando medios “táctiles”: las “posadas”, el dibujo, el teatro, las pastorelas, etc.
e) Pedagógica.- Estos misioneros mostraron grandes capacidades pedagógicas, en especial para la evangelización. Se valieron de ingeniosos medios audiovisuales y aprovecharon los aportes de la joven nobleza india.
f) Inculturada.- Siguiendo los sabios consejos del Papa Gregorio del Grande, para la evangelización de los anglosajones –“No olvidéis nunca que no debéis estorbar ninguna creencia tradicional que pueda armonizarse con el cristianismo”-, aprovecharon muchos elementos de las culturas nativas. Dicha inculturación tenía los límites propios de la fe, pues al mismo tiempo de la necesidad de “inculturarse”, la fe es “crítica de las culturas”. Por ejemplo, la prohibición de los sacrificios humanos. De este modo, se perdieron muchos elementos (códices, esculturas templos) que habrían podido salvarse, al menos por razones culturales.
g) Itinerante.- Los misioneros iban recorriendo los poblados. Organizaron circuitos a partir del convento central. De él salían dos parejas de frailes, una hacia la derecha y otra hacia la izquierda. Habían construido los poblados a una jornada de camino a pie uno de otro, teniendo cada pueblo su pequeño conventículo. En ellos catequizaban, bautizaban, vigilaban las obras. Al regresar al convento las dos parejas, se quedaban a descansar y a estudiar y salían otros cuatro. Procuraban que también las fiestas patronales coincidieran en dicha sucesión, y se quedaban más tiempo para celebrarlas. De este modo, visitaban a todos los pueblos unas nueve veces al año. Además, permitió que los neoconversos organizaran por sí mismos su propia vida religiosa (v.gr., la decoración de los templos, las dejaban en manos de los mayordomos, quienes, a veces, incluían algún elemento autóctono).
h) Compasiva y denunciante.- Algunos de estos misioneros -especialmente los dominicos- fungieron como defensores de los indios, de las barbaries y crueldades de los encomenderos. Fray Antonio de Montesinos, en La Dominicana, lanzó su famoso “grito”, excomulgando a los encomenderos, lo que convirtió a Bartolomé de Las Casas. Dado el poder que tenía la institución eclesiástica, los explotadores los respetaban; aunque algunos hayan muerto debido a su compromiso (Antonio de Valdivielso, en Nicaragua).
Desde el descubrimiento mismo de América, la Corona española se sintió con la responsabilidad de una protección a los nativos, de donde las Leyes de Indias, promulgadas por los Habsburgo. Incluso, parece que los reyes llegaron a cuestionarse, incluso, si fuese ético mantener su presencia en el Nuevo Mundo. Para aclarar este punto, se convocó, entre 1550 y 1551 la Junta de Valladolid, la llamada polémica de los naturales (indígenas americanos o indios). Los temas tratados fueron: los derechos naturales de los habitantes del Nuevo Mundo, las justas causas para hacer la guerra a los indios y la legitimidad de la conquista. Se enfrentaron dos posiciones, la primera estaba representada por el obispo de Chiapas Fr Bartolomé de las Casas, y estuvo auxiliado por algunos discípulos del célebre jurista Francisco de Vitoria, precursor de los defensores de los derechos Humanos. La segunda posición, era defendida por el célebre jurista Fr. Juan Ginés de Sepúlveda, quien sostenía el derecho que tenía España a la conquista y al dominio de los nativos, considerados como inferiores, en la situación actual. Además de que tenían que expiar su idolatría y sus pecados (por los sacrificios humanos) Aunque no hubo una resolución final, la Junta fue el inicio de un cambio que se tradujo en más derechos para los indígenas. Todos los contendientes eran dominicos, pues ellos tenían las universidades, y con buenos argumentos de ambas partes, que abarcaban aspectos jurídicos, teológicos, filosóficos y morales
i) Humanista.- Con la llegada de los Borbones, la Corona exigía a los misioneros descripciones de etnobotánica y zoológica de gran rigor. Esto incluía ilustraciones de las plantas y sus nombres locales, propiedades y riesgos. Igualmente, se les pidió la elaboración de gramáticas y diccionarios en las lenguas locales. Al principio, pese a los mandatos del Rey, los frailes no les enseñaron el castellano a los indios, sino más bien el latín, pues esto los hacía traductores e intermediarios indispensables entre indios y españoles. El trabajo dialogado entre los frailes renacentistas y los jóvenes de la nobleza india, educados en Tlaltelolco, fue el elemento catalizador para la ciencia moderna de Europa.
j) Desarrollista.- Por mediación de los frailes, muchas innovaciones tecnológicas de los colonos españoles se incorporaron a la cultura autóctona, ya que los indios mismos las hicieron propias.
Los mártires de Cajonos.
Un ejemplo de este clima lo tenemos en un suceso que terminó en tragedia. Acaeció en el pueblo de San Francisco Cajonos -uno de los cuatro pueblos Cajono), en la Sierra Norte de Oaxaca, el 14 de septiembre de 1700. Los dos fiscales del templo[1], Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, acudieron al párroco, un dominico joven, denunciando que esa noche, en el pueblo se iba a idolatrar. Para probarlo, invitaron al cura a subir al campanario y ver, desde ahí, cómo estaban desplumando unos guajolotes (después se alegaría de que esa era la casa del mayordomo de una imagen, cuya fiesta llegaría pronto). El fraile se espantó. Escribió sendas cartas, a su Provincial y al Munícipe de Villa Alta, donde había destacamento militar -que no acudieron-. También retuvieron a dos españoles que estaban de paso por el pueblo y recurrieron al alguacil y a otra autoridad del municipio, ambos españoles. En efecto, por la tarde vieron al síndico indio, con una esclavina, entrar en la casa vecina. Poco a poco iba llegando la gente, y cuando calcularon que ya estaba teniendo lugar el ritual, el grupo español junto con los dos fiscales entraron sigilosamente sin ser percibidos. Ya se había sacrificado una venada, cuyas vísceras habían sido extraídas. Entonces, espada en mano, arremetieron con los celebrantes, y profiriendo injurias, secuestraron la ofrenda y la llevaron al convento, depositándolas en uno de los cuartos de abajo. Aquella noche un tamborcito no dejaba de convocar al pueblo; una multitud del pueblo, reforzado por otros quince pueblos vecinos, con la cara pintada para no ser reconocidos, haciendo circular el aguardiente. Se trataba, pues, de una abierta insurrección india. El cura trató de apaciguarlos, saliendo al balcón con el estandarte de la Virgen, y escuchó el grito —¡Quita esa!–. Les decían que a los frailes no les harían nada; pero que les entregaran a los delatores.Por supuesto, ya habían abierto el cuarto y recuperada la ofrenda. Entonces el alguacil salió al balcón y les preguntó qué querían. Ellos respondieron que a los frailes no les harían nada; pero que querían les entregaran a los delatores. -¡Imposible! Los protege el derecho de asilo del convento-. Pero como ya algunos insurrectos habían trepado al techo del convento u comenzaban a quitar las tejas, el alguacil dijo que se los iban a entregar, a condición de que no los hicieran nada. Los fiscales, concientes de que los esperaba su martirio, pidieron confesión y comunión. Con la entrega de los “traidores”, el motín se apaciguó y todos se fueron. Al día siguiente llegaron los soldados de Villa Alta, y ante sus ojos, el pueblo destruyó las casas de los fiscales. Cuando los frailes pidieron al síndico qué habían hecho con los fiscales, les dijo que los habían soltado a condición de que se fueran del pueblo. Días después encontraron sus restos. Finalmente, vino el escarmiento: a las autoridades de los quince pueblos insurrectos las decapitaron, colgando su cabeza como alimento de los buitres.
Los fiscales fueron beatificados por el Papa Juan Pablo II -no sin oposición de algunos maestros, historiadores y presbíteros-, el 1° de agosto de 2012, en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.


n a congregarlos. Con la expulsión de los jesuitas, los conversos desarrollaron una espiritualidad ignaciana que les dio su impronta.
[1] Los fiscales entraban en el sistema de cargos, como servicios prestados sin remuneración. Había dos escalas, la del municipio y la de la iglesia. En esta estarían los mayordomos y los topiles del templo. Entre sus tareas, los fiscales tenían obligación de denunciar las idolatrías de los ya conversos.
[2] MARROQUÍN, Jaime: “Diálogos con Quetzalcóatl: humanismo, etnografía y ciencia (1492-1577) Iberoamericana – Vervuert- Madrid, 2014
