Utopía 9. DISTOPÍA Y CIENCIA

LA PROYECCIÓN DISTÓPICA DE LA CIENCIA

Hasta hace apenas unos sesenta años, prevalecía la cosmovisión ingenua de estar viviendo en un Planeta con recursos ilimitados y con grandes capacidades para reintegrar automáticamente los sobrantes de la producción. El Club de Roma nos advirtió que, de no poner algún remedio, el aumento demográfico -que duplica la población cada tres décadas- difícilmente podrá satisfacer en el futuro las necesidades básicas. El Informe sobre el Desarrollo Humano (HDR), realizado por el Banco Mundial en 1967 y actualizado varias veces hasta el 2016. Nos habla de cómo está distribuida la riqueza mundial, según los diversos países. La riqueza del grupo de 40 países más ricos es 150 veces más grande que la del grupo de los 40 países más pobres. Las cosas que compramos, utilizamos y tiramos, ocultan su historia: Las empresas extractivas -minería, petroleras, forestales, etc- utilizaban innovaciones tecnológicas pensando que, ni ellos ni sus hijos, tendrían de qué preocuparse. La industria no se preocupaba por los “desechos” que irreponsablemente arrojaba a la naturaleza (ríos, aire, mar). El consumismo moderno consistía en consumir más y más, productos innecesarios, desechados pronto como obsoletos, para engrosar gigantescos basureros. El modelo tecno-científico, que en el siglo XVIII se pensaba que sería el que nos salvaría de nuestros problemas, hoy se evidencia ser la principal causa de ellos, más que su solución. Veamos con más detalle esto:

I EL CLUB DE ROMA 

Yo vine al mundo en el año 1939 y encontré un planeta con 1,500 habitantes. En 1969, en la ciudad de Roma se reunieron 100 científicos notables, reclutados entre los más connotados del mundo. Tuvieron a su disposición toda la información que solicitaron, y enormes computadoras controladas por técnicos de batita blanca (por cierto, eran menos potentes que nuestras laptops actuales). El análisis de las cifras reveló que en aquel 1969, el mundo tenía 3,000 mil millones de habitantes, es decir, a mis 30 años, la población mundial se había duplicado. Los científicos del “Club de Roma” advirtieron que, de no tomarse las medidas pertinentes, en los 30 años siguientes la población mundial se volvería a duplicarse. Y efectivamente, el mundo en 1999 se preparaba a la entrada del III milenio con una población mundial de 6,000 millones de habitantes. De seguir este ritmo, en el 2039 alcanzaríamos los 12,000 millones. Aunque parece que ya se han adoptado correctivos, considerando que ahora andaremos por los 7,800 millones de personas, no sería descabellado suponer para el 2030 andaremos por los 8,500 millones. Por tanto, tenemos que prepararnos para alimentar, sanar, educar, proporcionar vivienda a toda esta nueva población.

II “INFORME SOBRE EL DESARROLLO HUMANO” (Human Developent Report)

El Banco Mundial –el regulador más importante de la economia mundial– presentó este estudio en 1967. Se distribuyeron a todos los países del mundo en cinco grupos iguales de países, ordenados según su riqueza (México esta en el segundo grupo). Luego, correlacionaron esta gráfica con el PIB mundial. El resultado no pudo ser más impactante: Como puede verse en la grafica, el grupo del 20% de países más ricos poseen el 80% de la riqueza mundial; mientra que el 20% de los países más pobres sólo poseen el 1% de la riqueza mundial (la riqueza de los países más ricos fue 150 veces mayor que la de los más pobres). La imagen de la derecha, inspirada en la anterior, se conoce, entre los economistas, como “la parábola de la copa de champagne”. El estudio volvió a repetirse treinta años después (en 1997), y la desigualdad, en vez de disminuir, había aumentado. Esto falsea la llamada “teoria del escurre” o de “filtración descendente” (tomada de la imagen de una fuente con tres bandejas superpuestas según su tamaño, de menor a mayor, de arriba a abajo. Esta “teoría” supondría que, si los de más arriba poseen mayor riqueza, como en la fuente, la riqueza automáticamente hará un “escurre” hacia las bandejas inferiores. La realidad es justamente lo contrario: la bandeja superior, en lugar de “escurrir” riqueza, se agranda más y más.

III “LA HISTORIA DE LAS COSAS”

Se trata del célebre video, producido por Annie Leonard en 2010.1 La autora explica, en forma sencilla y pedagógica (con dibujos en el pizarrón), cómo el sistema capitalista actual es un proceso lineal que nos está llevando al fin de la vida humana, como podemos verlo analizando los cinco factores de la producción de bienes (extracción – producción – distribución – consumo- sobrantes): 

A) Extracción- Sin reciclar, ya se ha devastado un tercio de la creación. Cuando el país extractor ve que en su país se agotan los recursos, va a otro más pobre y continúa allá su proceso destructor. 

B) Producción- Para que la materia prima se convierta en bienes de consumo, se requieren -además de dichos recursos-, energía (petróleo) y fuerza de trabajo barata. Muchos de estos obreros son emigrados de países que agotaron sus propios recursos; el salario es sumamente bajo y extenuante, p.ej., en las maquilas, donde para no alterar la banda en la cadena de embalaje fordista, se les prohíbe el descanso o atender sus necesidades fisiológicas, o están expuestos veces manipular materia tóxica durante toda la jornada (por cierto, esas mismas toxinas químicas pasan a los productos para ser consumidos). Una vez terminado el producto, sus “desechos” (en realidad “sobrantes”) se arrojan a la atmósfera, a los mares o a los ríos. 

C) Distribución- El comercio exige que la venta de los productos se realice lo más rápido posible. A veces se encuentran bienes a precios más bajos de su costo real (es decir, explotando recursos y mano de obra de países más pobres).  

D) Consumo- La publicidad y la producción ahora tienden a fomentar la “obsolescencia” Esta podría ser de dos clases:  

a) obsolescencia planificada, cuando se fabrican bienes que no sean muy durables (a veces, las computadoras, sólo le cambian la forma de pequeño chip, que ya no se encuentra en el modelo anterior; los celulares ahora revierten los adelantos, para disminuir su duración);  

b) Obsolescencia inducida. La publicidad magnifica la importancia de la “moda” y hace aparecer anticuados y ridículos los modelos anteriores. Así, compramos ropa para cada estación (a diferencia de antes, cuando el vestido de la abuela lo heredaba la nieta, con bordados confeccionados para apoyar la personalidad de la abuela). Al comprar p.ej. un IPhon de último modelo, uno se alegra; pero esa alegría no dura mucho, pues pronto sale otro modelo nuevo, y uno queda frustrado. Por eso, el índice de infelicidad es mayor en los países ricos consumistas. 

E) Descarte- Los productos comprados son de corta duración, por lo que, al poco tiempo, se descartan. De una u otra manera, todos contaminamos. Tomamos de la naturaleza lo que necesitamos y quedan sobrantes, que eliminamos como “basura”. En los tiempos antiguos, la naturaleza se encargaba de reciclar los “desechos”: Pero con la industrialización la producción en serie y el consumismo, el proceso se volvió incontrolable.

IV MODELO TECNOCIENÍFICO DE DESARROLLO (“Laudato Si”: Papa Francisco, n. 106) 

Otro elemento a tomar en cuenta para la explicación del futuro distópico lo proporciona la ciencia. Pero hay que discernir entre los científicos, pues muchos opinan que, justamente, el “Modelo Tecno-científico del Desarrollo” preevalente, más que solución, es parte del problema. Quien con más claridad lo expone, es nada menos que el Papa Francisco (Jorge Bergoglio), en su encíclica “Laudato Si’: Sobre el Cuidado de la Casa Común” (14-V-2015). 

Para el Papa, el problema fundamental que tiene este modelo de desarrollo es que, junto a él, la tecnología ha asumido un paradigma homogéneo y unidimensional en el que subyace un sujeto que, en el proceso lógico racional, progresivamente ha ido abarcando el objeto que se halla fuera de él. Este sujeto se despliega estableciendo el método científico en base a la experimentación, que ya en sí misma es una técnica de posesión. Es como si lo informe estuviese plenamente disponible para su delimitación. Esto, de alguna manera, siempre ha acontecido; pero durante mucho tiempo se plegaba a las posibilidades que las mismas cosas ofrecían (era como si las cosas mismas ofreciesen lo que tenían para ser aprovechado); en cambio ahora, lo que importa es extraer todo lo posible de ellas, ignorando u olvidando la realidad circundante. De ahí se pasa a la idea de un crecimiento infinito e ilimitado, y se difunde la mentira de que el Planeta cuenta con una infinidad de recursos, y que, por tanto, podemos estrujarlo hasta el límite, e incluso más allá del límite, confiando que este maltrato puede ser regenerado después. 

El efecto de este paradigma, es que no sólo degradan el ambiente, sino que los bienes industriales que produce no son neutros, sino que condicionan la vida de las personas y de la sociedad, crean un entramado que condicionan y orientan las posibilidades sociales de los grupos de intereses y de poder. No puede pensarse que se pueda cambiar de paradigma con estos “adelantos”, y utilizar estas técnicas como meros “instrumentos” neutrales, pues ahora ya se han vuelto tan dominantes que nos son imprescindibles. También ejercen su dominio en los campos de la economía y la política: se asume todo este desarrollo en función del rédito, sin importar los daños que impliquen para el ser humano. Se busca maximizar el beneficio y que sus propietarios se enriquezcan inmoderadamente; mientras, al mismo tiempo, crece un “subdesarrollo derrochador y consumista.”

  1. La OXFAM 

Esta importante Organización No Gubernamental mundial, hizo las siguientes denuncias en el Foro Económico Mundial (FEM) (Davos, enero 2019): 

  • 26 empresarios acumulan más riqueza que la mitad más pobre del mundo (3,600 millones)  
  • El 1% de la población (77 millones) concentra el 99% de la riqueza mundial; 
  • mientras que el 99,9% de la población posee el 19% de la riqueza- 
  • El 0.1% de la población tiene el 32% de la riqueza. 
  • El 0.01% de la población, el 19% de la riqueza 
  • El 0.001% de la población, el 30% de la riqueza (vid. gráfica más abajo).  

En el mismo FEM de Davos, OXFAM constató: 

  • De 2018 a 2019, los grandes multimillonarios en el mundo bajaron, de 43 a 26. 
  •  Estos multimillonarios son ahora más ricos que nunca. Su riqueza se incrementó ese año en 900,000 mdd (2,500 mdd diarios)  
  • Este grupúsculo posee la misma riqueza que 3,800 millones de personas (la mitad más pobre de la humanidad). El 1% de la fortuna de Amazon (Jeff Benzos) equivale al presupuesto sanitario de Etiopía (112,000 mdd.) 

LA POBREZA TAMBIÉN AUMENTA 

  • La economía de los pobres, de 2018 a 2,019, disminuyó 11% (3,400 millones de personas ganan menos de $dls 5.50/día) 
  • La ONU constata que hay en el mundo 2,200 millones de pobres, entre los cuales, 850 millones en pobreza alimentaria grave. 
  • 2,800 millones de personas sobreviven con menos de dos dólares diarios. 
  • La UE subsidia cada vaca con 2,2 dls diarios 

 

Utopía 8. DISTOPÍA EN LA LITERATURA

I  VISIÓN DE LA LITERATURA.

¿Cómo terminará el mundo? -o mejor- ¿Cómo y cuándo se extinguirá nuestra especie –“homo sapiens sapiens”–: ese extraño primate, anatómicamente la más frágil de  las especies, pero que el Planeta lo evidencia como su más irresponsable destructor? Esa es una de las fantasías que lo imaginario ha suscitado sobre el devenir humano, en especial desde los últimos siglos, cuando la reflexión sobre la historia en su totalidad comenzó a preocuparse más por su futuro que por su pasado inicial. A cierta vertiente futurista, le parecería obvio, para una especie, libre y racional como la nuestra, que el fin más probable fuera utópico; pero en el momento actual, cada vez menos personas piensan un final así. Los visionarios de hoy piensan que el futuro más probable será distópico. Comenzaremos preguntando a los literatos, quienes, por su capacidad de crear sueños o pesadillas, suelen adelantarse a los científicos en sus premoniciones. Recordemos al respecto las tres novelas prospectivas que, además de ser las más conocidas, plantean crudamente la distopía (en las que, por cierto, no deja de estar furtivamente ausente la sempiterna utopía).

  1. Aldous Huxley: “Brave New World” (“Un Mundo Feliz”, 1932)

Este novelista inglés presenta una distopía. Aunque la titule irónicamente (“feliz”) es una seudo utopía de un futuro, imaginado para el 2,049, de una sociedad norteamericana “feliz” (mejor dicho, enajenada). Esa sociedad situaba como período eje de toda la historia, el año en que Henry Ford descubrió el diseño industrial de la cadena de embalaje (la historia se distinguía en A.F y D.F.: antes y después de Ford). Las personas estarían programadas, mediante la manipulación genética del ADN, para que, desde el nacimiento, ejercieran “libremente” las funciones para las cuales fueron acondicionadas. Esto, además, estaría reforzado, por la “hipnopedia” (introyección durante el sueño de consignas educativas), y por el suministro frecuente de una droga (“soma”), para neutralizar eventuales depresiones o conflictos. Para completar esta situación ideal, se fomenta la plena libertad sexual (ya que la reproducción se realizaba artificialmente “in vitro”), y se habían erradicado ya las guerras y la pobreza. La población estaba dividida en cuatro castas, nombradas con sendas letras del alfabeto griego (que, además, podían tener un “plus”): Los “Alfa” –condicionados genéticamente entre los mejor dotados- se destinaban para la dirigencia. Luego vendrían sus subordinados “Betas” (funcionarios del sistema), pasando por los Deltas, Gammas y finalmente, los Épsilon, encargados de las labores más fatigosas y repetitivas, como sería el trabajo en la minería, pues les agrada el calor y el trabajo pesado. Cada una estas castas, puede incluir a algunos con un “plus”. De este modo, toda la gente vive “feliz” y goza de supuesta libertad. Sin embargo, dicha “felicidad” es lograda mediante la manipulación, las restricciones a la libertad de elección y de expresión, la inhibición de la crítica intelectual y de manifestaciones de emotividad, quedando eliminadas otras posibilidades importantes, tales como la familia, el amor, el arte, la ciencia, la religión y la filosofía. 

Los protagonistas principales son Bernard Marx y Lenina Crowne (en alusión a Marx y Lenin). El primero, es un Alfa Plus, de gran inteligencia, gracias a la cual no pudo ser condicionado; pero su baja estatura, menor que los de su casta, le ocasionan problemas y rechazos sociales. Se reconoce inadaptado; pero prefiere sufrir a tomar el Soma. Su comportamiento le ocasiona problemas con su jefe, director del Laboratorio de Incubación y Acondicionamiento; quien, finalmente, le permite visitar la Reserva Salvaje, donde conoce a otro personaje, John el Salvaje, hijo del jefe de Bernard y de la esposa de éste, una mujer moderna; pero oriunda de la tribu zuñi, quien educó a John y le dio a leer a Shakespeare. Esto le permite a Huxley introducir una comparación de esta sociedad “utópica” con la de los pueblos originales zuñi de la época del autor. El Salvaje entra a la sociedad “distópica”, y en diálogo con su padre, John sostenía que la conciencia crítica y las emociones son valores semejantes a la alegría, le dan sensación de libertad y son frutos del sufrimiento y del dolor.  

La segunda protagonista, en contraposición con Bernard, es una mujer Beta Plus, plenamente “feliz” y ciudadana ejemplar. Tiene muchas relaciones sexuales; pero carece totalmente de pensamiento crítico. Se siente atraída por el Salvaje y esta atracción es recíproca; pero John no está dispuesto a ir más allá. Bernard es desterrado; pero a John no se le permite acompañarlo, por lo que el Salvaje se instala en un viejo faro. Quiere expiar su pecado de desear a Lenina, mediante la autoflagelación. Pero ya la publicidad lo ha convertido en atracción y es visitado por numerosos turistas, por lo que, aturdido y sofocado, se suicida. 

Huxley quedó insatisfecho de su obra, pues echaba de menos una verdadera Utopía. La recobra en otra novela posterior –“La Isla”-, situada en una isla imaginaria, donde un sabio sultán budista ha construido una auténtica utopía: todos los habitantes viven en plena conciencia crítica, sin enajenaciones (una parvada de loros recorre la isla, graznando el slogan “Be here, now” -“¡aquí y ahora!-). Los habitantes viven con sencillez, felicidad y tiempo libre, evitando el consumismo moderno occidental; si bien incorporando algunas técnicas avanzadas, para lo que fuera realmente importante. Finalmente murió el sultán sabio, y su hijo, joven modernizado y con contactos con el exterior, fue nombrado como nuevo sultán. La Isla contaba con buenos yacimientos petrolíferos sin explotar y el joven estableció contratos con empresas petroleras del extranjero, con lo que el modelo de la Isla se perdió, y con ella, su utopía. 

Excursus: los libros contra los audiovisuales. Marchall McLuhan, en su conocida obra “El Medio es el Mensaje: Las extensiones del hombre” (1964), sostuvo que, con la invención de la imprenta, se desarrolló el sentido crítico. Hasta entonces, en las universidades medievales, los alumnos, sentados sobre sus respectivos manteos en piso de tierra aplanada, escuchaban al Maestro, quien, sobre un estrado y a la luz de las antorchas, daba lectura (“lectio” = lección) al ejemplar único del libro (“Las sentencias”, de Pedro Lombardo: grande y escrito a mano, con pluma de avestruz y decorado con letreas capitulares y alegorías-. En los debates, cuando algún alumno afirmaba: “magister dixit” (“lo dijo el maestro”), la discusión se daba por concluida. Con la llegada de la imprenta, cada alumno pudo tener en la mano su propio ejemplar, y esto fomentó notablemente la conciencia crítica. No fue coincidencia, como sostendrá el autor unos años después en su obra “La galaxia Guttemberg”, que el primer libro impreso haya sido la Biblia, lo que benefició al “libre examen” del texto sagrado, propuesto por Lutero. 

2. Rad Bradbury: “Farenheit 451” (1953).

Se trata de otra novela distópica, desarrollada en una supuesta sociedad futurista estadunidense. Su autor se adelanta menos de una década a McLuhan, en su denuncia sobre los efectos en la conciencia de las tecnologías audiovisuales. Aquella sociedad ha desarrollado cierto material incombustible para la construcción, con lo que ya no había riesgo de incendios. Los bomberos, por tanto, quedaron desempleados, y ahora se encargaban de hacer fogatas para quemar los libros existentes, ya que todos estaban prohibidos. El título de la novela hace referencia a la temperatura en la que arde el papel, medida en grados Farenheit (232.8°C).  

El protagonista principal, Montag, es un bombero que cumplía ciegamente con su deber. Vivía con su esposa Mildred, mujer enajenada, que pasaba todo el día ante una gran pantalla de TV al tamaño de toda una pared de la sala, y que ella deseaba conseguir tres pantallas semejantes para las otras paredes (el locutor, con una cuota extra, podía mover los labios y dirigirse por su nombre a cada espectador).  En cierta ocasión, cuando en la estación de bomberos sonó la alarma, indicando la localización de una biblioteca privada, quedó impactado al notar que sobre la pila misma en que ardían los libros, su anciana propietaria se autoinmoló con ellos. Por curiosidad, furtivamente, sustrajo un libro de la pila, que escondió y leyó, lo cual le produjo extraños sentimientos. Su nueva vecina, Clarisse, le cuestionaba si realmente era feliz; pero un día, desapareció sin que nadie supiera de ella. De este modo, se fue despertando en él la conciencia crítica. Se propuso leer más libros, preguntándose por las razones de su prohibición, con lo que se arriesgaba a ser descubierto. En otra ocasión, en que nuevamente sonó la alarma en el cuartel, quedó aterrado al ver que, adonde iban, era a su propia casa. Su jefe le dijo que su esposa Mildred, era quien lo había delatado. Enfurecido, quemó a su jefe con su lanzallamas. El cuartel de bomberos tenía un sabueso-robot, que podía programarse con las sustancias del ADN de alguna persona sospechosa, a la que perseguía implacablemente, hasta que, con su cola de alacrán, le inyectaba a su víctima una sustancia letal. Soltaron al sabueso que lo persiguió obsesivamente. Un conocido suyo –un profesor que le había hablado acerca de los libros–, le había informado de cierto lugar, a la otra orilla de un río, en donde mucha gente desaparecida se ocultaba. Se dirigió hacia allá, seguido del infatigable sabueso-robot, y cuando estaba ya a punto de darle alcance, lo quemó con su lanzallamas, cruzó el río y se encontró con una comunidad de resistencia, que había adoptado una estrategia para preservar el patrimonio cultural literario: convertirse cada uno en un libro viviente diferente, que aprendían de memoria y podían recitarlo a otros. Finalmente, la ciudad fue bombardeada, salvándose únicamente los nuevos intelectuales. La novela es una denuncia de la sempiterna censura de la que siempre han sido víctimas los escritores que se han opuesto al pensamiento único dominante. «No hace falta quemar libros –termina Radbury– si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe».

3. George Orwell: “1984” (1948).

Esta novela distópica tuvo también mucha repercusión. Escrita por Orwell en 1948, estando ya enfermo de tuberculosis, imaginaba como futurible la ciudad de Londres de 1984 (intercambiando dos dígitos de la fecha de publicación- 1948). Para entonces, en el mundo habría tres regiones, en guerra continua, disputándose la hegemonía: (1) Oceanía (“Ingsoc”, “English Socialism”), que comprendía Estados Unidos, Australia, Nueva Zelandia y toda América. (2) Eurasia: La Unión Soviética y la mayor parte de Europa. (3) Asia Oriental; China, Japón, Corea. Estas tres potencias habían acordado guerra continua, formando alianzas de 2 vs 1, y disputándose el resto del territorio mundial. Estas alianzas duraban poco tiempo, pues el enemigo de repente podía cambiar, y la gente, enajenada, asimilaba de inmediato la nueva situación (por ejemplo, en medio de un discurso, el líder recibe un mensaje y a mitad de la frase, cambia el nombre de la potencia enemiga –“Desde siempre, Oceanía ha estado en guerra contra Eurasia”-… mientras los trabajadores cambiaban los carteles publicitarios… y la gente ni cuenta se dio. 

La región de Oceanía tiene un Partido Único, y dentro de él, existen tres clases sociales: el “Círculo Íntimo”, que era el grupo dirigente; el “Círculo Externo”: la burocracia necesaria para los controles, mantenida al borde de la subsistencia, muy enajenada y fanatizada; y la tercera clase, la “Prole”, pauperizada e incapaz de pensar –y por tanto, incapaz de rebelarse–, lo que hace que la dejen en libertad, pues se conformen con recibir entretenimientos.  

La sociedad tenía cuatro ministerios, cuyos nombres, en realidad, significaban lo contrario de lo que supuestamente protegían. Según la neolengua, se suprimieron las palabras peligrosas, pues quitando los nombres, se invisibilizan las realidades:  

  • El Ministerio del Amor: encargado de torturar a los disidentes (se les investiga sobre qué es lo que más teme cada ciudadano y con ello se les atormenta). También fomenta el amor incondicional y fanatizado por el Hermano Mayor (Big Brother), ubicuo, todopoderoso, que sabe y controla todo (y que probablemente sea sólo un ente propagandístico). Su vigilancia la hace mediante televisiones de circuito cerrado, que no se pueden apagar y que pueden también transmitir mensajes (se le puede, únicamente, bajar el volumen).  
  • El Ministerio de la Paz es el encargado de mantener un estado de guerra continuo entre las tres potencias, aliándose a una de las otras dos, y administrar un fuerte gasto en armamentismo. Al trasladar el miedo hacia el enemigo exterior, la ciudadanía ya no se levanta contra el Estado y es así como vive en paz, sin conflicto interno: “Hacer la guerra para tener paz”.  
  • El Ministerio de la Verdad es el encargado de falsificar o desaparecer cualquier registro histórico (para la hemeroteca, se publican ejemplares únicos para falsificar cualquier pasado que no concuerde con la versión oficial y rastrea cualquier huella de una persona problemática, borrándola de la existencia misma (nunca existió).  
  • El Ministerio de la Abundancia se encarga de mantener al borde de la subsistencia a las clases inferiores, mediante una racionalización planificada de los alimentos.  

El personaje principal de la novela es Winston Smith, quien trabaja en el Ministerio de la Verdad, manipulando los periódicos del pasado, y cobra conciencia de lo que está haciendo, y de allí pasa a conocer que todo lo que hace el Partido Único es pura falsedad. En su anhelo por conocer la verdad, encuentra a una mujer, Julia, también desengañada de toda la patraña de esa política. Ambos protagonizan la resistencia contra el Sistema. En sus investigaciones sabe de la existencia de un movimiento de oposición, la Hermandad, conducida por su líder, Emmanuel Goldstein, tan ubicuo como el Big Brother, tachado de traidor, quien escribió un escrito clandestino –“El Libro”-, que Winston consigue y lo lee. De él aprende todos los mecanismos de manipulación que tiene el Partido Único; pero lo que ignora es que esto es sólo un mito propalado por el Big Brother mismo, para controlar la disidencia. Poco después de su descubrimiento, Winston es apresado por la Policía del Pensamiento, y torturado con lo que más teme, las ratas. Colocan ante su cara una jaula con una rata, con su puerta intimidante. Ante el temor, reconoce que una preposición simple -como 2+2=5- es verdadera, y no lo que pensaba. Reconoce que lo que dice el Big Brother es verdadero y que lo que él pensaba no era cierto. Entonces queda libre. Vuelve a ver a Julia; pero ya han perdido la intimidad y el amor (actitudes prohibidas por el Sistema), y se retiran fríos. Winston sólo sabe que desaparecerá de la noche a la mañana, sin dejar ninguna huella de su existencia, y ahora, su única certeza es la de su muerte.1 

Algún comentarista de esta novela afirma, como anécdota, que la práctica de falsear el pasado fue utilizada por Stalin, quien borraba el nombre de algún enemigo hasta en los libros y periódicos, y retocaba hasta las fotografías archivadas. Un ejemplo de esto es el célebre discurso de Lenin en cuya foto se borró la presencia de León Trotski. El Hermano Mayor tiene semejanza al culto a la personalidad de Stalin, y León Trotski parece encarnar a Goldstein. 

Las tres novelas predicen ciertos aspectos del distópico futuro que pronto nos puede alcanzar. 

  • Aldous Houxley predice una modalidad que ya tenemos en nuestro IPhone: nos ofrece todo lo que deseamos: (“conocemos mejor que tú lo que deseas”, nos diría GAFAT2). Este control comunicativo es más eficaz que la represión, pues nos ofrecen “desinteresadamente” la “felicidad” que deseamos.  
  • Ray Bradbury desarrolla la intuición de McLuhan, de cómo la imprenta favorece la conciencia crítica, y por tanto, hay que disuadir la lectura, cambiándola por la imagen televisiva o los “memes” de las redes sociales.  
  • George Orwell Los controles que pronostica quedan superados por la realidad actual: la vigilancia extrema a través del celular (con micrófono incluido), los supermercados, el Uber, los bancos o el Amazon, etc. Se combinan, y esa información se archivan en las macro bases de datos programadas por quienes controlan la inteligencia artificial… Este es el pavoroso futuro científicamente previsible. 

Utopía 8. MPE, MPF, MPC

¿Qué entendía Marx como “modo de producción? 

Para vivir, los humanos, como todos los seres vivientes, tenemos que consumir, y para ello, necesitamos producir (después del tiempo de la cacería y recolección). La tesis central de Marx es que las sociedades se caracterizan por el modo de producir los bienes y servicios, así como la forma en que tales productos son distribuidos. Más en concreto, interesan las capacidades que tiene una colectividad para producir y cómo se participa en las relaciones sociales que se entablan. También nota que estas relaciones sociales están en conflicto con el creciente desarrollo de las capacidades productivas humanas (en nuestros días han alcanzado niveles que asombrarían a Marx mismo). Así pues, habrá que distinguir entre las “fuerzas productivas” y las “relaciones de producción”. Las fuerzas productivas incluyen la fuerza de trabajo humano y el nivel tecnológico que tienen sus medios de producción (v. g. herramientas, equipamiento, edificios, tecnologías, materiales, tierras fértiles, etc.). Las relaciones de producción se refieren a las relaciones sociales que establecen quienes gobiernan los recursos (la propiedad de los medios, el poder y el control sobre los mismos), y que a veces se codifican en leyes, formas de asociación y clases sociales que de eso se derivan. Esta modalidad puede durar siglos y hasta milenios, por lo que los individuos particulares no pueden modificarlas, e incluso, ni siquiera son concientes de su estructura. 

La combinación de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción denotan el modo en que las personas se relacionan, sea con el mundo físico, sea socialmente. Y esto, de manera necesaria y específica, y este conjunto constituye la estructura económica de la sociedad, es decir, la base real sobre la cual se alza una superestructura jurídica y política y a la cual corresponden formas determinadas de la conciencia social (ideología). En general, el modo de producción material condiciona el proceso social, político y espiritual de la vida. (educación, religión, lenguaje, arte, etc.). No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino al contrario, es su ser social el que determina su conciencia.

El Comunismo Primitivo: Recolección y cacería (MPC1).

Vimos cómo la Paleografía y la Arqueología nos expusieron el estilo de vida de nuestros ancestros (desde hace unos 300,000 años, hasta apenas unos 6,000). Si esta no fue precisamente una “Edad de Oro”, no la pasaban tan mal como se la supone. La dieta (recolección y caza) era variada y no les llevaba mucho tiempo. En la cueva repartían la pieza de su cacería, dando a cada cuál según su necesidad.

A) Modo de Producción Asiático o despótico tributario (MPA).

Hace apenas unos 6,000 años, durante el “Neolítico”, se empezó a domesticar el trigo y los animales. Los primitivos descubrieron que el trigo y los cereales en general, se podían sembrar cerca de la cueva o lugar de residencia, lo cual daba seguridad y facilitaba la conservación del alimento. En realidad, “más que domesticar al trigo, el trigo domesticó a los humanos”:1 el trigo necesitaba terreno libre de piedras y agua abundante. Gracias al alimento abundante y seguro, creció la demografía. Multitudes trabajaron limpiando terrenos en espacios más amplios y se hicieron canales para llevar agua hasta las viviendas. Estas tuvieron que acomodarse mejor y surgieron las primeras ciudades, con sus acueductos, trazado de calles, almacenes y calzadas, y se requirió mejorar la organización social. Se formó un grupo con mayores capacidades para repartir los trabajos y lugares comunes para almacenar las cosechas. El saber que allí había trigo almacenado, atrajo a tribus de saqueadores, por lo que había que defender la propiedad. Con más gente disponible, entrenaron un ejército para la defensa. Como había que mejorar la organización social, se formó así un grupo dirigente que, en la práctica, reclamó la propiedad de toda la ciudad, concediendo a los campesinos el uso de una parcela, a cambio de ciertos trabajos comunitarios. La dominación pudo tener cierta justificación mientras se hacían los trabajos colectivos necesarios; pero cuando, aprovechando el ejército, el déspota exigió a los campesinos que le construyeran sendos palacios para él y a sus funcionarios, ya esa justificación no bastaba. Se creyó en la existencia de ciertos agentes espirituales (almas de los muertos, espíritus de seres de la naturaleza: montes, árboles, astros), y se trató de influir en ellos y propiciar su ayuda (magia). Luego aparecieron religiones de tipo dicotómico -contraposiciones natural / sobrenatural; cuerpo / alma: material / espiritual–, que reflejaban la Gran Dicotomía: clase dominadora / clase subordinada. Estas religiones presuponen grandes edificios para los sacrificios y culto público, con sus propios agentes para administrarlo.2 Además de la religión, una vez descubierto el valor de la mano de obra, se propusieron la construcción de grandes obras simbólicas que legitimaran al Imperio. 

Cuando los hebreos fueron desterrados a Asiria, allá en la ciudad de Babel, encontraron los “zigurtats”, grandes torres de ladrillo sin terminar, y narraron el conocido mito sobre su construcción. Alardeando de su poder, los asirios pretendieron “construir un edificio tan alto que llegara hasta el Cielo”, es decir, mostrar que ellos, por sí mismos, podían hacer cualquier cosa, sin necesitar de los dioses, o sea, nada menos que la divinización su Imperio. Ahora bien, esa torre no la construyeron los babilónicos, sino esclavos de otras Ciudades-Estado vecinas. Estos pueblos sometidos recurrieron, como estrategia de resistencia, negarse a aprender la lengua del Imperio, lo que les permitió recobrar su libertad.

B) Modo de Producción Esclavista (MPE)

Los romanos usaron la esclavitud por conquista como fundamento de su Imperio, y esto se convirtió en el nuevo “modo de producción” dominante. Los pueblos conquistados proveían a Roma de tributo -en metal o en especie- y de esclavos. En Roma, la plebe de ciudadanos era libre, y aunque no tuviesen trabajo, el Estado los proveía de “pan y circo”. Semanalmente, cada ciudadano recibía su porción de trigo traído de las colonias, y eran frecuentes las exhibiciones en el “Coloseo” o circo romano. Este gran estadio podía adaptarse, inundándolo, para batallas navales, o convertido en monte agreste, para exhibir cacerías de animales exóticos de las colonias. También para presenciar luchas a muerte entre grupos entrenados de gladiadores esclavos, pertenecientes a poderosos senadores (quien perdía, podía ser ejecutado, según decisión del emperador, previa consulta al pueblo, pulgar abajo). Posteriormente, el espectáculo preferido fue ver cómo las fieras devoraban a los cristianos. Este sistema terminó siendo demasiado gravoso: Había senadores que tenían 3,000 esclavos o más. En caso de insubordinación de algunos de ellos, se hacía una crucifixión general. (se dice que había un senador que en su piscina tenía un tiburón… y que a veces se extraviaba algún niño pequeño…). Los costos de mantenimiento para tan gran población esclava y la disolución perversa de las élites, habrían de terminar con este modo productivo, a lo que se añadieron las incursiones de vándalos del Norte (mongoles, sajones, daneses, etc.). Estas fueron las causas de la caída del Imperio Romano.

C) Modo de Producción Feudal (MPF)

Con la caída del Imperio, las ciudades fueron abandonadas y sus habitantes emigraron hacia la campiña, convertidos en campesinos. Sin embargo, bandas extranjeras de saqueadores llegaban cada vez en mayor número. Los campesinos organizados poseían armas apenas suficientes para defenderse; pero descuidaban su campo. Por esto, algunas personas con destreza para guerrear, se les ofrecieron a los campesinos como defensores, a fin de que aquellos pudieran dedicarse tranquilamente a su trabajo, en tanto que el pequeño ejército, bien entrenado y armado, se encargaría de los invasores. En compensación, aquellos les pedían una parte de la cosecha. Pero contando ya con armas, las emplearon, no ya como defensa, sino para intimidar a los campesinos mismos, exigiéndoles cada vez mayor pago. Como las invasiones vandálicas eran cada vez más fuertes, los “cuidadores” sugirieron edificar fortalezas y guardar en ellas ciertas provisiones de alimento y agua, para que todos pudieran refugiarse en el castillo en caso de invasión. Los jefes de esos grupos armados mantenían relación con otras fuerzas afines y hacían alianzas para guerrear contra un enemigo más poderoso, recibiendo como premio “títulos de nobleza” -barones, duques, marqueses, condes, etc.-. Los nobles observaban una jerarquía de prestigio: los de una misma región rendían pleitesía al noble más poderoso, que ostentaba el título de “rey”, y varios reyes, a su vez, se subordinaban al emperador.  

De este modo, el grupo armado se convirtió en Señor del Feudo, y los campesinos, en vasallos y siervos suyos. El noble seguía comprometido a darles protección y refugio; pero la tierra les dejó de pertenecer a ellos y pasó a ser propiedad del Señor Feudal, quien concedía al siervo trabajarla, a cambio de que le entregase una parte de la cosecha a modo de tributo. Como ya en los últimos años del Imperio Romano, el cristianismo había sido declarado la “religión oficial”, la jerarquía eclesiástica gozó de gran poder de legitimación (los reyes y el emperador mismo eran coronados por el respectivo rey o por el Papa mismo), de modo que se constituyó la “Alianza Trono-Altar”: la nobleza protegía a la Iglesia local y a su vez, el obispo legitimaba la autoridad del monarca (o el Papa, al emperador).

D) Modo de Producción Capitalista Mercantil (MPCm)

El feudalismo empobrecía más y más a los siervos. Por eso, muchos de ellos huían de la gleba y se refugiaban en las “villas” o antiguas ciudades romanas abandonadas, donde, entre arbustos, ahora campeaban las fieras. Allí fue donde algunos artesanos se abrieron camino e instalaron sus talleres. Otros siervos del feudo los siguieron más tarde y les pidieron trabajo en sus talleres, y así se fueron organizando los gremios: entraban como aprendices y luego llegaban a ser “maestros”; mientras que los que llegaron primero fueron dueños del taller. Los nobles adinerados acudían a las villas a encargar a los prósperos comerciantes, trajes lujosos o joyas, a pedido, y estos a su vez, frecuentaban los talleres artesanales a demandarles a los “villanos” que se los hicieran. Los nobles empobrecidos iban también a solicitar dinero a los “prestamistas”. Así surgió el “capitalismo mercantil”. Con el tiempo, los feudos se fueron arruinando y los talleres, con nueva tecnología, prosperaron: estaba naciendo un capitalismo embrionario.  

Los talleres artesanales introdujeron mejoras y reclutaron obreros, pagándoles un bajo salario. Es verdad que los “proletarios” ya eran “libres”, pues no dependían de sus “corporaciones” (la comunidad campesina, los gremios, la “gleba feudal, la familia extensa, la parroquia, etc,). Pero visto desde otra perspectiva, perdían el respaldo que les daban las mismas corporaciones. Ahora, los “proletarios” ya no tenían más posesión que su propio trabajo (además de su “prole”, pues la descendencia les daría protección). Así nació el capitalismo industrial, que permitía a los empresarios propietarios quedarse con la plusvalía de los bajos salarios. 

En el siglo XIX surgió la “Revolución Industrial”, gracias a los avances científicos aplicados a las máquinas industriales. La utilización del carbón fósil como energético y el fordismo, con su banda móvil, pudieron aprovechar la plusvalía de numerosos obreros, explotados al máximo, y acumular grandes ganancias.

E) Modo de Producción Comunista (MPC).

En todos los modos de producción anteriores, la clase subordinada, con el tiempo y mediante conflictos, se fueron convirtiendo en la clase dominante, y explotaba, a su vez, al nuevo sujeto que surgía. Este cambio de sujetos no solía transitar de forma pacífica, sino por la inevitable “lucha de clases”, que podría asumir el carácter de huelgas o de revolución armada. Tal como sucedió con los anteriores “modos de producción”, cuando el nuevo sujeto histórico triunfaba, construía un Estado propio que respaldara sus intereses, confeccionara sus propias instituciones (los aparatos legal y judicial) y sus aparatos de justificación y control (aparatos ideológicos legitimadores: los medios de comunicación, la escuela, la familia, la religión o la cultura populares).  

Sin embargo, al aparecer el capitalismo, su clase correlata -el proletariado, no teniendo ya ninguna otra clase que explotar y apropiándose de los medios de producción las máquinas), daba término a la lucha de clases, y cuando el proletariado se volviera Estado, la propiedad privada ya no tendría cabida, todo se iría volviendo propiedad comunista, y terminaría la historia, con una sociedad utópica de justicia, paz y tranquilidad.