- El curso se mueve desde la sociología urbana desde un paradigma marxista, y será también de utilidad académica teórico-metodológica. Sin embargo, nuestros alumnos preferentes serán aquellos cuya motivación principal sea de índole pastoral social transformadora. Un consejo de entrada es la disposición para dejarnos reeducar –“el buen pastor conoce a sus ovejas”-, y esto comienza viendo la realidad con los ojos de nuestros destinatarios. Esto no es algo espontáneo ni sencillo. Tenemos que someternos a una reeducación, es decir, tenemos que “aprender a ver”.
Sólo vemos lo que queremos ver:
- Vemos lo que nos interesa (es decir, lo que conviene a nuestros intereses). Así son todas nuestras percepciones (p.ej., una pareja ve un gato callejero: ella lo mira con ternura, imaginándoselo en un cojín en su recámara; él lo ve con un buen cazador de ratones). Para una mirada de “pastor”, habría que ver la realidad con los mismos ojos de Dios, que sólo puede ser desde los ojos de los pobres.
La vista de un punto
- Suele decirse que la vista de un punto, siempre es “un punto de vista”. La percepción espontánea de la realidad depende forzosamente de la perspectiva en que nos coloquemos. Si nos interesa comprender mejor un objeto, le tomamos fotos desde distintos ángulos, y si queremos comprender la complejidad de una realidad social, necesitamos de una “reeducación sociológica”.
- Por lo general, un clérigo no elige su parroquia, sino que, por vocación, es enviadoa ella por su superior u obispo y él obedece.[1] La II CELAM, en Medellín 68, detectó que los religiosos solíamos atender a la alta clase media urbana, por lo que los obispos de aquella asamblea instaban a los institutos a desplazar parte de su personal a las barriadas o al medio rural. Por los años setentas, muchos religiosos y religiosas solicitaron ser enviados/as a dichos lugares. Descubrieron entonces que desconocían a los pobres y para ello, necesitaban reeducar su visión, para tener empatía con sus nuevos parroquianos.
- “Clase en sí” y “clase para sí”. Nacemos en una determinada clase social. Esa es nuestra “clase en sí”: en ella fuimos educados; a ella pertenecen nuestros parientes, amigos, vecinos y condiscípulos; pero esto no es un destino fatal: es posible “desclasarse”, y este desclasamiento implica una reeducación clasista, y la clase con la que decidieron vincularse será para los párrocos una “clase-para-sí”, o dicho de otro modo, se necesita hacer una “opción de clase”.
- Viviendo en una sociedad clasista, un cristiano conciente debe ver la vida como la ven los pobres o -como lo demandaba la II CELAM de Medellín-, debe hacer una “opción por los pobres”, que es desde donde Dios ve la realidad. Esto es un imperativo cristiano, por tanto, aunque sus parroquianos pertenezcan a las clases altas, los párrocos requieren “reeducar” a las clases pudientes, previendo que probablemente esto implicará enfrentar rechazos.
- “Sacerdotes para el Pueblo”. El desclasamiento que impulsó la CELAM II de 1968, tuvo buena respuesta, y un numeroso sector de religiosos/as y de cristianos/as de las clases media y media alta, optaron por trasladarse hacia pueblos, barriadas y colonias populares. Esta movilidad se dio también entre los sacerdotes diocesanos: igual que en Argentina (“Sacerdotes para el III Mundo”), en Colombia (Golconda) y en otros países. En México también se conformó un grupo de alrededor de 200 sacerdotes, que se llamó “Sacerdotes para el pueblo”. Entre las condiciones que se pedía a los clérigos para incorporarse al movimiento, era radicar e insertarse en un lugar pobre (urbano o rural). Después de un tiempo, para incorporar a laicos comprometidos, el movimiento se transformó en “Iglesia Solidaria”. Yo deseaba incorporarme a este movimiento sacerdotal, y siendo claretiano, el único lugar que teníamos con dichas características era la Vicaría Fija de María Reyna, en la Colonia Hidalgo, Tlalpan, al sur de la ciudad, y solicité a mis superiores de que me permitieran sumarme a dicha comunidad.
- Muy pronto, los agentes de pastoral desplazados, nos dimos cuenta que desconocíamos la vida y problemática de los pobres. Quienes estudiaron este tema, dicen que el estilo de vida en situación de precariedad es más o menos similar en cualquier lugar del mundo.[2] En la división científica del trabajo, el estudio de la cultura se lo abrogan, sobretodo, la antropología y la etnología. Estos profesionistas dicen que el sujeto estudiado por estas ciencias debía ser el “otro”, identificado con el “lejano”. Pero con lo que estamos diciendo, para conocer la “cultura de la pobreza”, el antropólogo se trasladaba hacia un lugar remoto para descubrir a ese “otro”, es decir, al que posee una cultura exótica (como Malinowski a los Trobriand de la Polinesia) pero para los que nacimos y fuimos educados como clase media, el “otro” no es el “lejano”, sino, en mi caso, el que vive, quizás, en la misma cuadra del Colegio de Antropología, donde estaba estudiando, en una casa de vecindad de la Ciudad de Puebla, o al privilegiado sur de la CDMX, en el ejido de Tlalpan, donde me enviaron como párroco, o a unos metros de la Ciudad Deportiva de La Magdalena Mixhuca, en una “ciudad perdida”.
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UNA TÉCNICA ETNOLÓGICA:
El “diario de campo”
- En las ciencias sociales hay que distinguir entre “métodos” (paradigma) y “técnicas”. La mayoría de los antropólogos investigan a nivel de microcomunidad, y su técnica preferida y exclusiva de ellos (además de otras, como las genealogías de parentesco, las entrevistas informales, los estudios de caso, los grupos de discusión con los informantes, etc.) es la “observación participante”. Los sociólogos, en cambio, ya que investigan a nivel de macrosociedades, sus técnicas preferidas serán la estadística, la encuesta, el muestreo, la demografía, etc.
- Detallaré este método, recomendado para la pastoral social (dicen que “lo mejor es enemigo de lo bueno”: tal vez haya que hacer adaptaciones); pero describo la técnica en su forma ideal. La expongo a continuación en su forma más simple y fácil de practicar, tal como yo la pido a mis alumnos:
- Se organizan uno o más grupos, de tres personas cada uno.
- Cada observación consta de tres fases: (1) OBSERVACIÓN (2) REDACCIÓN (3) REVISIÓN
- OBSERVACIÓN:
- Las observaciones duran unos 10´ (tiempo que la memoria puede retener)
- Hay tres tipos de observación: de calle (recorrer la acera de una calle), de esquina (una tienda en la esquina: los observadores se sientan en unos escalones a tomar una cerveza y no se mueven de allí), de altura (se suben los tres al campanario y ven todo el panorama, de izquierda a derecha).
- Para la observación de calle, se acuerda una de un plano de la colonia.
- Los/as tres observadores/as recorren la calle sin comunicarse entre sí (no se hablan, ni hacen comentarios, sino hasta la tercera fase).
- No se lleva ni celular, ni grabadora, ni cámara, ni cuaderno para tomar notas. Tratarán de pasar lo más desapercibidos posible.
- Se percibe con los cinco sentidos: ver, oír, tocar (frío, piso áspero, etc.) oler, saborear.
- Se recorre la calle fijándose en cada unidad espacial o temporal
- REDACCIÓN
- Se prepara la hoja de la libreta en forma de una tabla, en la que cada fila corresponde a un objeto percibido. Consta de cuatro columnas desiguales:
- La primera columna tiene sólo tres caracteres de ancho. Es para poner la letra del tipo de objeto observado: “E” si es espacial y “T” si es temporal, y junto a ella, otros dos dígitos. El segundo y el tercer carácter o dígito es un número secuencial, dentro de las dos letras mencionadas “E” o “T” (E01, E02, T01… E03, T02, etc)
- La segunda columna tiene unos 10 caracteres. Se pone la palabra clave para los 14 sistemas culturales, en la clasificación que se expondrá más abajo. Servirá posteriormente para que -por la técnica de “corte y pega”, se vayan colocando los contenidos en 14 carpetas preparadas (vid abajo, la “Teoría de la Organización Humana”)
- La tercera columna tiene el mayor espacio de la página, y en ella se detalla lo percibido.
- La cuarta columna (menos ancha que la tercera) es para los comentarios subjetivos del observador.
| E1 T1 E2 | Palabra | Observación | comentario |
- Al llegar a casa, lo más pronto posible, se escribe pormenorizadamente lo que se recuerde de la observación, unidad por unidad: espacial (E) (casas, lotes vacíos, comercios, etc.) o temporal (T) (personas, alguna frase, algún animal, música, olor de fritangas, etc.).
- Evitar todo juicio de valor (no adjetivos: casa chica, olía feo, música fuerte). En la cuarta columna se pueden poner todos los adjetivos subjetivos y comentarios que se quiera.
- REVISIÓN
- En reunión grupal.
- Se intercambian las libretas y se revisan
- Se subrayan los errores: si se hizo algún juicio de valor, si la descripción no fue clara, etc.)
- Se discuten los juicios subjetivos
- Después del tiempo acordado (v.gr., durante 15 días, con una observación diaria por lo menos), se devuelve a la comunidad sus primeras impresiones y se las escucha
Teoría de la Organización Humana (TOH)
Creada por el antropólogo brasileño Antonio Rubbo Müller. Se trata de un conjunto de 14 sistemas culturales que, él supone, son exactamente el número exacto y que infaltablemente se encuentran en cualquier organización humana. Ya Edward Burnett Tylor, en la descripción que hace de las culturas, enumeraba algunas de ellas, a modo de ejemplo, con un amplio “etcétera”, que es lo que Müller se encarga de convertir en taxonomía en cualquier organización humana (incluso la personal de cada cual). Su teoría se clasifica dentro de los paradigmas funcionalistas.
LOS CATORCE SISTEMAS
- PARENTESCO (incluye la sexualidad)
- SALUD (incluye la muerte)
- MANTENIMIENTO (casa, vestido, sustento, adicciones)
- LEALTAD (amistad, enemistades, lasos vecinales, etc.)
- PLACER (diversiones, ocio creativo, redes sociales, etc,)
[1] Hay unidad indisoluble entre vocación (“llamada”) y misión (envío): El presidente municipal de un pueblo indígena pide a alguien que llame a un topil del municipio. Este llega (“aquí estoy”) y el presidente lo envía a la ranchería cercana, encargándole que entregue un oficio al Agente u que se espere a que le dé la respuesta y se la devuelva al presidente municipal.
[2] Oscar Lewis “Antropología de la Pobreza” (1961); “Los Hijos de Sánchez”(1961). Franz Fanon, “Los Condenados de la Tierra” (1961 en francés)
