Observaciones de Campo
El estilo de vida de los pobladores reducidos a situación de precariedad, implementan formas subculturales para seguir viviendo donde están. Según Khun, un nuevo paradigma (el más evolucionado) da cuenta de las anomalías e imperfecciones de los paradigmas anteriores; pero a la vez, las aprovecha y complementa. Por consiguiente, con el paradigma marxista podemos recuperar algunos elementos del paradigma del “contínuum folk urbano”, desde el cual Lewis escribió su texto sobre la “Cultura de la Pobreza.” Lo que criticábamos de aquel paradigma es que, en sus descripciones sobre las transformaciones culturales graduales que sufren los pueblerinos de Tepoztlán en su migración hacia el barrio de Tepito, de la CDMX, se quedó sólo en el proceso, y no se interesó por las causas de porqué los campesinos abandonaron sus parcelas para penar en la desconocida cultura urbana moderna, apeñuscados en incómodas viviendas. El caso de la Colonia Miguel Hidalgo tiene una peculiaridad especial: algunos obreros de la fábrica “La Fama Montañeza” eran a la vez campesinos ejidatarios, y en el proceso de regularización de la tierra que reseñamos, sin salir de su casa, se convirtieron en burócratas inmobiliarios, mejorando su situación económica. Por no trataré ahora de este caso y me ceñiré al cambio cultural experimentado en los casos de las vecindades de Puebla y de “La Marranera”. Lo haré con la técnica de la “observación participante” en mi diario de campo.
- LOS HABITANTES DE LAS VECINDADES DEL CENTRO
- La procedencia de los inquilinos de las vecindades
- Conocer de dónde llegaron estos inquilinos será clave para comprender su subcultura rururbana. De un muestro de más de 1,000 entrevistados, 825 pobladores provienen de la ciudad de Puebla (825), es decir hay 276 inmigrantes (25% de los encuestados); aunque la mayoría de ellos provienen de algún pueblo cercano. Pero si comparamos esta cifra con el rol familiar, la edad y los nuevos emigrantes que siguen llegando, descubrimos que son parientes de los que llegaron antes (yernos o nueras, sobrinos, nietos) y que éstos se alojan provisionalmente en los cuartos de la vecindad de sus parientes. Los números dicen que el 30% de los que emigraron son los jefes de familia (la mayoría de mujeres llega de pueblos y de los varones, de ciudades del interior). El mayor número de pobladores oriundos de Puebla son hijos de migrantes; en cambio, los abuelos suelen ser migrantes que llegaron antes. Según un muestreo sobre las fechas de migración, entre 1960 y1969 (29%) y entre 1970 y 1979 (23.6%) –más de la mitad-, coincidiendo con las cifras del crecimiento urbano. De una muestra de 50 entrevistados, los factores de expulsión, fueron, previsiblemente, necesidades económicas (10), lejanía del lugar de trabajo (8) o expectativas más estudio (8). Las causas de atracción más frecuentes fueron principalmente dos: el trabajo (posibilidad (17), cercanía (7), conservación (4), ofrecimiento (2), mejor remuneración (4), y mejorar las condiciones de vida: salud (4), educación (7), etc,
Crisis de la economía campesina.
- Atendiendo el arraigo que tiene el campesino a su parcela, se visualiza que ha deber habido alguna fuerte crisis para abandonarla, para trasladarse a la infame ciudad y su aglomeración en una buhardilla, a cambio de unos cuantos pesos que apenas les deja para vivir. El campesino es el productor directo, trabaja con sus propios instrumentos, siendo la familia extensa la unidad básica. Se da una elemental división del trabajo, determinada por el sexo, la edad, con bajo nivel tecnológico. La producción se orienta primordialmente por el autoconsumo (no para producir mercancías). Este tipo de trabajo data desde hace muchísimo tiempo -quizás desde antes del neolítico-; pero ahora es algo totalmente diferente.
- El trabajo de los inquilinos de las vecindades
- Un muestreo de 400 inquilinos entrevistados revela las siguientes Cifras:
Comercio……………………………………………… 115
Servicios………………………………………………. 105
No especificados………………………………….. 85
Industria (maquila)………………………………. 78
Trabajo intelectual………………………………. 64
Producción no industrial (construcción). 17
NS/NR…………………………………………………… 36
TOTAL………………………………………………. 500
- Lo que el muestro revela (aparte de fallas metodológicas) es la precariedad de trabajo: El 44% trabaja entre comercio y servicios. Siendo el trabajo que conoce el cultivo de la tierra, la mayoría estará instalado en puestos precarios (vendedores ambulantes, barrenderos, acarreadores de agua, etc.). Nos aventuramos a pensar que muchos empleos “no especificados” (85) o que no supieron responder (36), estarían en la misma situación, con lo que, aparentemente, casi la mitad de los pobladores tienen trabajos precarios. Por el otro lado, trabajos en la industria (72) y en la enseñanza y burocracia (64) serían apenas el 27%. Cruzando estas cifras con el rol familiar, vemos que 67 mujeres casadas tienen un trabajo remunerativo, combinándolo con las labores domésticas no remuneradas: algunas tienen que caminar varias cuadras llevando bultos pesados (trasladarse hasta el Mercado de la Victoria, o hasta lavaderos públicos cargando ropa ajena, preparando antojitos para venderlos a la salida de la vecindad, etc. Hay 40 trabajadoras domésticas, 20 obreras, 18 burócratas (secretarias) y 8 vendedoras ambulantes. En cuanto a los hijos, 131 trabajan, de los cuales, 14 (por lo menos) son menores de 10 años, los cuales tienen que combinar estos trabajitos con sus clases en la escuela. Sus trabajitos son de poca calificación (ayudan a preparar tortas, venden periódico, comerciantes ambulantes, limpieza en alguna oficina, ayudante de bañero, etc. Por otra parte, hay 19 niños, entre 10 Y 15 años que tienen buenos trabajos y ayudan a sus familias; pero hay otros adolescentes que ni trabajan, ni estudian, y que o aprendieron a robar en las tiendas de conveniencia, o agarraron la droga.
Nivel ocupacional de una familia (estudio de caso): Don Bruno: trabajó veinte años en una fábrica textil; pero fue víctima de una injusticia y renunció a su trabajo. Luego trabajó en una empresa que ofrece mantenimiento y se encarga de la limpieza de un Banco. Su suegra vende fruta o semilla. Su esposa, Juliana, prepara alimentos para vender a la entrada de la vecindad, los domingos. Modesto, hermano de Juliana, es alcohólico y eventualmente consigue trabajillos, estando desempleado la mayor parte del tiempo. Raúl, el hijo mayor, es obrero textil. Lucía, la otra hija, ya no vive en la vecindad, pues se casó con un obrero de la Volkswagen. Lo mismo que su otro hijo, Juan, de 17 años y ya casado, que trabaja como mesero los fines de semana; Miguel, de 15 años, trabaja con su padre en el mantenimiento de un banco; pero ya antes había trabajado como bañero en unos baños públicos. El pequeño Víctor, de 12 años, estudia la primaria y ayuda en una taquería.
La calidad de trabajo no va en relación con los ingresos: p.ej., un vendedor ambulante (subproletario) está en el grupo de los de mayor ingreso, muy por encima de un propietario de miscelánea (comerciante).
- Movilidad laboral
- Entre los 91 emigrantes recién llegados del campo, encontramos 9 obreros, 10 trabajos no especificados, 9 vendedores ambulantes, 8 empleados comerciales, 8 en el trabajo doméstico, 7 empleados de mantenimiento (barrer en un banco), 9 profesionistas y muchos desempleados o sin especificar.
- Entre el trabajo actual y el anterior: el porcentaje de quienes mejoraron fue mayor entre los albañiles, ambulantes y “servicios personales” (bañeros, boleros), lo que significa que sí ha habido mejoría laboral.
- Entre el trabajo del jefe de familia y el de sus padres: Entre aquellos, el trabajo es de agentes de ventas, oficinistas, empleados de mantenimiento, servicio doméstico o desempleo, lo que denota cierta superación laboral (no muy marcada).
- El paso de un empleo a otro es lo más frecuente, y no necesariamente el nuevo es mejor que el que se tenía: unos cinco vendedores pasaron a ser obreros; pero fracasaron: Don Pepe, vendedor de fruta, consiguió un trabajo de obrero; pero en un puesto insalubre que lo enfermó y tuvo que dejarlo; pasó a tejer suéteres por su cuenta, luego trabajó como empleado… y al ser entrevistado había vuelto a vender fruta. Los trabajos “buenos” no suelen ser estables.
- Lugar de trabajo: No suele ser muy lejos del hogar (ahorro de transporte): se prefiere trasladarse a pie o en camión (media hora); aunque hubo 26 casos en que tardaban hora y media.
En conclusión: Las vecindades sirven de alojamiento a una variedad de trabajadores, la mayoría pertenecen a los estratos más bajos de la clase obrera y también para los desocupados (de ahí la importancia de la cercanía de parientes, en la misma vecindad).La mayoría de los empleados están en el sector servicios (pequeño comercio); pero recientemente se observa mayor número de obreros (la llegada de la gran industria a Puebla). Por tanto, la clasificación clasista de los pobladores de vecindades es subempleados, subproletariado, lumpen o desde otras categorías metodológicas, “marginados” “pobres de la ciudad”, y esto condiciona su subcultura.
- “LA MARRANERA” DE LA MIXHIUCA
- La ciudad perdida de la Magdalena Mixhiuca, fue el terreno donde pudieron caer los parias de la ciudad: una mujer que había sido soldado, una prostituta, un grupo de niños entre 8 y 12 años que se drogaban con cemento “flexo” (su rostro parecía ya el de los ancianos, a uno de ellos le decían el “Abuelo”). El “Lobo” también se drogaba, tenía los pelos parados de mugre, como si le echaran engrudo. Recuerdo una frase de su madre que le instaba a que fuera a comprar algo y el muchacho se hacía el remolón –“Vete a comprarlo y te doy para tu cemento”-. Vivía allí un traficante, que también vendía “de chueco” (robado), y tenía un grupo de jóvenes a quienes les proporcionaba marihuana a cambio de cierta protección.
- En una pequeña casita bardeada, vivían unos seminaristas de la Congregación francesa “Hijos de Dios Caridad”, fundado por Emilio Anizan en 1918 para hacerse presentes en el medio obrero y en los barrios más marginados. En México, su encargado era el carismático sacerdote francés José Bouchaud. Este tenía la pluma ágil y escribió varios libros en los que relataba sus anécdotas. Una de ellas se desarrollaba en “La Marranera”, cuyo título era “La Semilla de Mostaza”. Decía más o menos así: “En nuestro pequeño jardín nació espontáneamente una plantita fuerte, erguida, seguramente de alguna semillita, y se había convertido en un matorral. Un día, un muchacho de la Ciudad Perdida le preguntó: “¿Así que ustedes también fuman marihuana?”
- Los vecinos me aceptaron bien (al inicio, realizando mi “diario de campo”, un hombre me preguntó, ¿qué hacía yo allí? Le respondí ingenuamente –“pues nomás mirando”, y me dio una patada (ha de haber creído que venía de parte de un abogado del dueño. Tiempo después, cuando ya me conocía la gente, se burlaban de él porque había pateado al “padrecito”). La policía no se atrevía a entrar en la ciudad perdida; pero cuando ya me conocían y llegaba algo tarde, caminando con miedo, sobre todo a la policía, al cortar atravesando por la Ciudad Perdida, ya me sentía seguro.
- Una religiosa y yo pensamos dar a estas personas una “misión”. Costó trabajo convencer a las personas. Un hombre joven que tenía su casita en una pequeña plazuela, ofreció prestar sillas, un aparato de sonido y también él mismo hizo una gran cruz de madera como signo de la misión. Era muy servicial; aunque algunas veces se disculpaba de no asistir, porque “tenía que ir a trabajar”. Un día me confesó que su trabajo era ser carterista del mercado de La Merced, y me enseñó algunas mañas para eso -por ejemplo, la “de chalecazo”, fingiendo torpeza, abrazaba a la víctima y rápidamente le sacaba su cartera-. Sin embargo, en aquel infierno, también conocí a jovencitos con un alma limpia e inocente.
Pobres entre los más pobres
- Jesús, en una parábola, habla de los últimos lugares: un invitado al banquete de bodas, se las ingenió para estar en la misma mesa de los novios; pero el encargado del protocolo lo hizo dejar aquel lugar, y con vergüenza, tuvo que ocupar el último lugar de la mesa. Pero en la escena de las Bodas de Caná, fue evidente la ventaja de los últimos lugares, pues fueron estos comensales –aparte de los criados- los únicos testigos del milagro de Jesús de convertir el agua de seis grandes tinajas de agua, en vino (no lo supo ni siquiera el padrino, que le dio un regañito al novio “inexperto”, por dejar el mejor vino hasta el final).
- En los banquetes de boda de las barriadas: la puerta de la casa se mantiene abierta, y cualquiera puede entrar y se le sirve hasta donde alcance la comida. Los de la “segunda mesa”, la de los gorrones, son quienes perciben mejor la generosidad del novio (si les alcanzó para una pieza de pollo y no nada más arroz, mole y frijoles). A los de la mesa principal siempre les va bien. Hasta les dan su copita. Pero los últimos son quienes pueden medir la generosidad de los novios.
- Así sucede en el banquete de la vida en sociedad, también desde los últimos lugares, los más pobres, es dónde se puede analizar mejor la sociedad en su conjunto, pues desde los primeros lugares, parece que toda la sociedad funciona muy bien. Los privilegiados tienden a deformar la realidad para justificar sus prerrogativas; mientras que los últimos requieren analizar correctamente los mecanismos de la sociedad excluyente, pues de lo que tratan es, justamente, de transformarla.