- La pastoral social es aquella rama de la pastoral por la que la comunidad cristiana pone en práctica su función “real”, es decir, correspondiente al “rey” (hay que recordar en el pueblo de Dios, al “rey” le tocaba guiar y velar por el cumplimiento de la Alianza con Dios). Para el nuevo Pueblo de Dios (la Iglesia) la función “real” sería tutelar el compromiso de construir en el mundo, la utopía de Jesús, el “Reino de Dios”: una sociedad que todos podamos vivir en la justicia, la paz, la libertad, la verdad y el cuidado de la naturaleza.
- La “praxis”, recordamos, es la relación dialéctica entre la teoría y la práctica. Por tanto, realizar estas tareas pastorales requiere de algún correlato teórico, que se desdoblará en imperativos científicos (análisis de realidad) e imperativos teológicos (reflexión de fe), sabiendo que la teología es siempre un “momento segundo” de la acción de cristianos, inspirada por el Espíritu Santo.
- Las mediaciones son necesarias para la comprensión de la fe. La teología es una mediación entre la Palabra revelada y el sujeto receptor. La paradoja es que -por una parte-. ninguna mediación se adecúa completamente al Misterio; pero -por otra parte- no podemos dar cuenta del Misterio sin algún tipo de mediación. La mejor mediación que se reconoce proviene de la filosofía, concretamente, aquella que en el tiempo y lugar de la comunidad receptora sea la hegemónica. En la alta edad media, fue el platonismo –en su forma degradada de neoplatonismo (el “Libro de las Sentencias”, de Pedro Lombardo, en la Universidad de Paris). Desde el siglo XVIII fue la filosofía escolástica, en especial la de Santo Tomás de Aquino; pero en el último tercio del siglo pasado, la Escolástica había perdido su hegemonía social. Una filosofía funge como ideología cuando se comparte por amplios sectores de la sociedad, pues la ideología es la que cohesiona, legitima y justifica. La ideología dominante será la de la clase social dominante.
- En América Latina, en el último tercio del siglo pasado, el marxismo se impuso como la filosofía hegemónica. Los Teóricos de la Dependencia habían falseado la euforia desarrollista y el macartismo anticomunista era ya totalmente indefendible. La liberación era entonces la palabra talismán. El Ché Guevara promovía a lo largo y ancho del subcontinente los Movimientos de Liberación Nacional (MLN) y Cuba mostraba que ésta era posible. Los libros marxistas estaban muy difundidos y en las universidades públicas eran lectura obligada.
- Los sectores cristianos pensantes compartían esta euforia, y el “Pinochetazo” de Chile había indignado al Continente, Centroamérica era un bastión revolucionario y Colombia se entrampaba entre revolucionarios y paramilitares. En aquellos lugares, había cristianos militantes acompañando los pueblos. La II CELAM 1968, en Medellín Colombia, había encargado a los teólogos una reflexión teológica que diese más fundamento a estos movimientos cristianos… y había muchos ensayos de estas reflexiones, en folletos multicopiados en los medios universitarios y en ambientes críticos. El movimiento tomó cuerpo con Gustavo Gutiérrez cuando lo bautizó como la “Teología de la Liberación”. Era el paradigma teológico que hacía falta.
- “Religiosidades, modelos de Iglesia y de pastoral social.
- La “Teología de la Liberación” logró hacer una síntesis de todas las ciencias teológicas y tocó todos los temas. Entre ellos, la eclesiología. La eclesiología emergente necesitaba de este paradigma; mientras que la eclesiología sostenedora del “statu quo” la condenaba (como se habría de ver en 1979, en la CELAM III de Puebla).
- La eclesiología se enriqueció con los llamados “modelos de Iglesia”, en una vertiente pastoral, distinguiendo históricamente el modelo de la “Iglesia primitiva”, el “modelo de Cristiandad” (unión trono-altar durante la Colonia), y el “modelo de neocristiandad” (el Catolicismo Social después de León XIII). Este último modelo, conciente de que un retorno del modelo de Cristiandad ya no era posible, apostaba por la repartición negociada de espacios institucionales paralelos entre la Iglesia y el Estado (obreros católicos / obreros civiles; panteón civil/camposanto; hospitales católicos / hospitales civiles; escuelas católicas / escuelas públicas; sindicatos católicos / sindicatos comunistas…. y hasta cine parroquial y campeonato de futbol católico…
- Se observó que estos modelos pronto se configuraron en constelaciones sectoriales: p.ej., la exitosa Acción Católica de Jóvenes Mexicanos (ACJM) se desmembró por sectores juveniles especialziados: la JAC (Juventud de Agricultores Católicos), JEC (J Estudiantes C), JIC (J Intelectuales C). JOC (J Obreros C)[1], JUC (J Universitarios C). Tuvo bastante auge la Unión Nacional de Empresarios Católicos (UNEC), el Movimiento de Trabajadores Católicos (MTC), etc.
“Religiosidades”
- México, según el censo de 1940 tenía el 99.93 % de católicos. Es decir, lo religioso no servía de identidad social. Sin embargo, México estaba dividido por categorías no religiosas (las clases sociales). Cada clase tenía su respectiva ideología, la cual derivaba en los gustos, preferencias, vinculaciones, consumo de programas radiales, educación, organización laboral o política… y su peculiar forma de catolicismo: a este enfoque llamaré “religiosidad”, distinguiendo las siguientes:
- La religiosidad integrista, en los años 40’s, gozaba de popularidad, pues recién había terminado la guerra cristera, y al mismo tiempo que se luchaba por el derecho de profesar la propia fe, era el tiempo del anticomunismo macartista; “en paquete” se “compraba” su pertenencia partidista, educativa, devocional, etc.
- La religiosidad modernizante: La burguesía católica y secularizada, racionalista y con estudios universitarios, tenía su propia “religiosidad”: una teología vinculada a la ciencia, a una liturgia elegante, gustosa de novedades; una erudición bíblica, una espiritualidad orientalista o mezclada de “mindfullness”, movimientos apostólicos que se mueven en ambientes elitistas, y que desprecian a la “religiosidad popular”, a la que ellos ven cargada de supersticiones o de folklore.
- La religiosidad liberacionista. La izquierda marxista, anarquista, aparece en la Revolución Mexicana, especialmente en los grupos del noreste (Sonora), antes de la revolución bolchevique rusa, moviéndose más bien entre las élites o en grupos rebeldes. El Partido Comunista Mexicano, proscrito, con nexos con la URSS, tenía prestigio; aunque no calaba entre el pueblo (Lombardo Toledano funda el PPS). Los cristianos estaban proscritos del PPC, y los “católicos sociales”, persiguiendo los mismos objetivos, se oponían a ellos, pues según la Doctrina Social Cristiana, un católico no puede ser comunista, pues el marxismo es “intrínsecamente ateo” (Pedro Velázquez, su gran propulsor, lo complementaría: “pero un cristiano tampoco puede ser “anticomunista”), pues ambas agrupaciones persiguen los mismos fines y la contradicción principal no se da entre creyentes y ateos, sino entre opresores y oprimidos.
La “Teología de la Liberación” le dio carta de ciudadanía a los católicos de Izquierda: el PCM no admitía cristianos; pero su líder, el gramsciano Arnaldo Martínez Verdugo, había convocado a los demás Partidos de izquierda y les planteó disolver el PCM y formar una coalición incorporando a los Partidos que quisieran sumarse, convirtiéndose así en el PSUM. Igualmente, dentro de la Iglesia misma, algunos grandes obispos la reconocían, apoyados por las Conferencias Episcopales CELAM II y III. La “religiosidad liberacionista” se nutría de los movimientos sociales de izquierda, demostrando gran creatividad. Comprendían la “religiosidad popular”, a la que, conservando su “significante” tradicional (peregrinaciones, fiestas populares, tradiciones, etc.) daban un “significado” más político, para ser así aceptada por los núcleos populares más concientes. El “Reino de Dios” es la utopía de un socialismo bien entendido, expresión que unía a creyentes y no creyentes, ambos defensores de los oprimidos y explotados.
- “Religiosidad neoconservadora”. Fue oficial durante el pontificado de Juan Pablo II. Su contenido de referencia es el “Catecismo de la Iglesia Universal”, instrumento para normar las principales interpretaciones. El Papa era conciente de que la “religiosidad integrista” ya no se sostiene y mantiene cierta apertura a las demás religiosidades; pero con una connotación de inmovilidad dogmática. No se le puede rebatir su “cuerpo” doctrinal; pero le falta el “alma” de la fe, que es lo que vino a recuperar el Papa Francisco y su amor a los pobres.
Los “modelos de Iglesia”
Esta es otra tipología, más de cuño histórico-pastoral. La parte teológica es la eclesiología, muchas veces subyacentes, que vincula a los condicionamientos históricos más que teológicos. El tema central -la relación entre Iglesia y Estado- distingue los modelos siguientes:
- La Iglesia primitiva- Es claramente comunitaria. Se entra a ella por conversión personal, bautizo de adultos, conscientes de los riesgos de martirio que implica declararse cristianos. Se exige lo máximo. Las atribuciones no se dan como jerarquía de dignidad, sino como “ministerios” (“servicios”), que se crean cuando hay necesidad de ellos (los primeros “diáconos”, las “órdenes menores”). La teología tiene como referente a los apóstoles; la comunidad es muy viva, y llega al bolsillo –la comunidad de bienes-. Esta modalidad “tipo pirámide” funcionó mientras llegaban las conversiones. Cuando estas disminuyeron, los cristianos de Jerusalén sintieron los rigores de pobreza, y San Pablo tuvo que organizar una colecta entre los cristianos de extracción “pagana” para socorrerlos.
- El modelo de Cristiandad- Se dio a partir de la conversión de Constantino, cuando la Iglesia se convierte en la Ideología oficial del Imperio Romano: de perseguida se convirtió en jerárquica; se entra a la Iglesia por nacimiento (bautismo de niños); se pide lo mínimo. Se da una clara distinción entre la Jerarquía clerical y los laicos; para la pertenencia, se exige lo mínimo. La Iglesia, de perseguida se vuelve en perseguidora (la “santa” Inquisición). La Iglesia es rica y poderosa; la relación con el poder temporal es de identidad (“La alianza trono-altar”). La autoridad civil es, al mismo tiempo, autoridad eclesial (Patronato real) y se le pide a la Iglesia que cumpla funciones que no le corresponden (el control demográfico, la beneficencia social, la educación, la salud, la investigación etnográfica, etc.). A cambio, el poder temporal (reyes, virreyes) tienen el derecho de presentar al Papa una terna, entre los cuales debe elegir al obispo), le toca recolectar el diezmo y edificar conventos e iglesias, velar por la moralidad del clero, enviar misioneros, etc.
- Modelo de Neocristiandad. Cuando el poder temporal se emancipa y gana poder, trató de someter a la Iglesia; pero al no tener capacidad de hacerlo, el poder se reparte entre la Iglesia y el Estado. Se precisan las tareas y se negocian las atribuciones (el “catolicismo social”).
- El modelo de Iglesia debilitada. La religión deja de informar toda la cultura y se reduce a uno de los sistemas socioculturales. La Iglesia todavía trata de replegarse al sistema que le queda (la normativa sexual); aunque le es disputada por la sexología científica. Mantiene una posición visceral al Estado Laico. La Iglesia pierde feligresía y vocaciones; pero podría ganar en prestigio si no se aferrara al poder perdido y si recuperara el “profetismo”.
CUESTIONARIO
- ¿Por qué la teología, siendo ella “mediación”, requiere a su vez de “mediaciones”?
- ¿Qué tipo de marxismo podría ser una mediación para la teología?
- ¿Qué mediaciones posibles podrían convenir actualmente a la teología?
- ¿Qué entiendes por “religiosidad”?
- ¿Qué entiendes por “modelos de Iglesia”?
- ¿Crees que actualmente la teología requeriría de otro “modelo de Iglesia”?
[1] La JOC, fundada en Bélgica por el P Cardinj, quien murió como Cardenal. Fue pionera de esta especialización sectorial. Ya que los jóvenes obreros belgas se movían en los sindicatos, dirigidos por comunistas, su compromiso (“actuar”) fue individual, para no implicar al movimiento