IV. Los disidentes evangélicos: ¿Persecusión o Resistencia Cultural?

Otra variante de las confrontaciones que el “universo simbólico” sincretismo indígena católico de Oaxaca tuvo que afrontar, fue una interpretación disidente de la misma religión cristiana, es decir, lo que para Max Weber, se trataría de la gestación de una “secta herética” del actante “PROFETA”: los evangélicos

Una nueva presencia en Logolava

San Juan Logolava es una ranchería en el municipio de Ejutla de Crespo, que contaba entonces con medio millar de habitantes emparentados, la mitad de los cuales trabaja en Estados Unidos. Uno de estos jóvenes emigrados, en una visita que hizo al pueblo en 1988, trajo una innovación religiosa, “La Iglesia del Señor Jesucristo”, de filiación pentecostal. Su padre, Crispín Cortés, fue el primer converso. A mediados de 1991 ya había  unas ocho familias, y tenían su culto en un domicilio particular, pues aún no completaban las 10 requeridas por Gobernación para tener su propio templo. Como el joven emigrante era músico, reclutó prosélitos entre sus compañeros de la banda filarmónica, la cual dejó de existir (“la música, de no ser alabanza a Dios, es frívola: sólo se canta al valiente o a la mujer amada”). Los vecinos los oían palmotear y cantar con la curiosidad benevolente y compasiva como con la que se escucha a un demente. Los neoconversos ya no se relacionaban con sus compadres, ni asistían a los velorios. Así se fue abriendo una polémica religiosa, con proyectiles bíblicos de ida y vuelta, en la que los protestantes mostraron mayor comprensión de la Biblia.

             Los problemas comenzaron a propósito del templo –una construcción que data de 1611, y único patrimonio cultural del pueblo; pero que ya urgían reparaciones. Hay una ley no escrita en estos pueblos que es la obligación de prestar el “tequio” (trabajo colectivo no remunerado); pero los “evangélicos” se negaron a colaborar (“a nosotros nadie nos ayuda a construir nuestro templo”). Algunos vecinos protestaron, pues el pueblo tiene pocos varones adultos, y al negare algunos, a los demás se les aumenta la cargas, además de sentar un precedente. El grupo dejó de asistir a las asambleas, y en una de ellas, se trató de la fiesta patronal de La Candelaria, ya próxima, y los disidentes se negaron a participar, alegando no creer en los santos, lo que aumentaba la carga económica del resto de vecinos (algunos alegaban: “si ellos no cooperan, tampoco nosotros”). Los disidentes, pese a las amenazas de encarcelamiento o expulsión, mantuvieron la negativa. Durante la fiesta, no se les vio, pues fueron advertidos de que si iban a las carreras de caballos o a escuchar la banda, los encarcelarían.

             La situación se hizo más tensa en 1992. Con el cambio de autoridades, pues seis evangélicos fueron nombrados policías, y no aceptaron el cargo.[1] La razón que alegaron es que a veces se traslapan cargos civiles y religiosos: para Semana Santa, los policías tienen la tarea de construirle la cárcel a la imagen de Cristo preso. El problema llegó al Departamento de Culto y Asuntos Religiosos (al frente del cual estaba un evangélico bastante intransigente). El pueblo escribió una carta en la que se decía: “Desde nuestros antepasados, hemos seguido costumbres y tradiciones, trabajando siempre unidos para el bien del pueblo (…) Ante esta situación, hemos considerado que esta religión es causante de un rompimiento de unidad en nuestro pueblo, ocasionando divisionismo”. Ante esta carta, el Departamento dio la razón a los evangélicos, advirtiendo al Agente Municipal que no obligara a los policías a prestar servicios al interior del templo católico, ni a participar en procesiones o calendas, a no ser para guardar el orden. En caso contrario, se procedería en forma legan contra quien resulte responsable.

             Las tensiones alcanzaron a la escuela: de 25 niños que cursaban la Primaria, había 9 hijos de protestantes. El maestro pudo convencer a los niños –no sin sentimientos de culpa- de que saludaran la bandera y cantaran el himno nacional; pero no logró convencer a los padres que les permitieran a sus hijos participar en bailables en los actos cívicos, pues alegaban que en los tiempos modernos, la danza (aprobada por la Biblia) se había convertido en baile, signo de frivolidad. También el maestro tenía problemas al explicar la evolución biológica, que para esos niños era faltar al respeto a su religión…

Con todo esto, la Asamblea decidió no tolerar más a los disidentes, con el siguiente acuerdo:

  1. Que no se siga extendiendo esta religión, porque ocasiona divisionismo en el pueblo.
  2. No permitir la entrada a personas ajenas al pueblo a propagar esta religión, pues ocasionan intranquilidad.
  3. Exigir a todas las personas de esta religión que cooperen y participen en los trabajos comunitarios (“tequio”), además de seguir cooperando para las fiestas importantes del pueblo.
  4. Acatar los acuerdos emanados de la mayoría.
  5. Responsabilizar a los líderes de cualquier enfrentamiento.

A fines de 1991 la reacción del pueblo se endureció: el 21 de diciembre, Crispín (el emigrante) fue detenido; le incendiaron un montón de milpa seca con mazorcas, de su propiedad, y poco después, mataron a su perro. El 31, mientras los evangélicos celebraban su culto, se metieron dos individuos con amenazas. Después de la fiesta de La Candelaria, se encontraron en el campanario dos imágenes de santos, y otras muchas acusaciones, tales como encarcelar al pastor que los visitaba desde otro pueblo, etc.

             Los evangélicos mostraron buena capacidad de defensa, utilizando las tácticas de no-violencia y resistencia pasiva. Apelaban a la Constitución y “a la separación entre Iglesia y Estado decretada por Juárez”, exigiendo la libertad de creencias y que la educación fuese laica. Una comisión de evangélicos fue a Oaxaca, ante el Departamento de Cultos y Asuntos Religiosos, dirigido por el protestante Miguel Ángel Martínez Ocegueras, para quejarse del encarcelamiento del pastor y los malos tratos arriba narrados. La Dirección Jurídica (a la que pertenece e Departamento) escribió una enérgica carta al agente municipal, citándolo a comparecer, y este fe, acompañado de algunas mujeres, y el conflicto se fue calmando.

UNA PROBLEMÁTICA GENERALIZADA

     El conflicto narrado es uno de tantos que se dieron entre católicos y protestantes, durante los años 70´s y 90’s. Según las cifras censales, mientras que la población de México, durante este período, creció el 40%, los católicos bajaron al 30%; mientras que la población de filiación protestante aumentó el 174% (pasaron el 1.6% al 4.88% en el año 1990). Para el año 2000 los evangélicos fueron 7.3% para el 2010 se mantuvieron en 7.6%, pero, para el 2020 llegaron al 11.2 %. El número de católicos se redujo en esta misma proporción, es decir, que pasaron de una religión a otra, no pasaron ni al ateísmo ni al agnosticismo. El crecimiento fue mucho más pronunciado en los Estados del sureste (en Oaxaca creció el 7.4%), ubicándose no tanto en las ciudades o en los grandes municipios, sino en las zonas rurales, en poblados pequeños o en rancherías, de menos de 2,500 personas.

Gráfica 1. Tasa de crecimiento del protestantismo
Fuente INEGI. Censos General de población y vivienda 1940 a 1990.

UN POCO DE HISTORIA

  • Este boom de “sectas, que proliferan como hongos[2] sorprende menos si atendemos a la historia.  La presencia protestante en México data del siglo XIX, destacando en Oaxaca la Iglesia Metodista Episcopal del Sur, a través de su célebre misionero John Wesler Butler, así como la Iglesia Bautista. Es decir, por grandes denominaciones de la Reforma. De aquel tiempo data la alianza entre la masonería liberal y los protestantes, para neutralizar el fuerte poder eclesiástico y fomentar la libertad de cultos de un Estado laico. En Oaxaca, el disparo numérico se dio en los años 40 a 50, cuando la Revolución llevaba sus logros a las zonas indígenas, gracias a las nuevos caminos y carreteras, se favorecía el comercio y la migración de braceros (la falta de “brazos” a causa de la guerra; los protestante fungieron como “enganchadores”) y cuando se mejoró el nivel educativo “socialista”, conducida por el metodista Moisés Aarón Sáenz, revolucionario del grupo de Sonora, íntimamente relacionado con el célebre antropólogo Manuel Gamio y su “indigenismo integracionista”.
  •      La necesidad de implementar una política lingüística para las comunidades indígenas y la carencia de lingüistas profesionales, fue aprovechada, en 1936, por William Cameron Towsend para fundar el Instituto Lingüístico de Verano, con un programa de traducir la Biblia a  las lenguas nativas.[3] No era una acción improvisada, sino que fue fruto de una política bien planificada (en Oaxaca trabajaron 214 personas, centrándose en los Valles Centrales y la Mixteca. Además, apoyaban a algunos de sus mejores simpatizantes a que fueran a Estados Unidos a trabajar de “braceros”, donde sus comunidades religiosas se encargaban de su proceso proselitista, los cuales regresarían, ya convertidos, a sus comunidades, para que dicha expansión se mexicanizara y no la llevaran los “gringos”. Se puede datar esta expansión entre los años 50’s y 60’s (en los censos de 1950, apenas 231 municipios contaban con un minúsculo grupo de prosélitos, a veces, tan sólo una pareja), y ya para los censos de 1980, apenas 47 municipios (de los 570 que hay en Oaxaca) no tenían presencia protestante, y para 1990, apenas 17. Hasta entonces, la expansión se había dado sin mayores conflictos; pero a mediados de los años 70’s, cuando los grupos ya se estaban consolidando, en los pueblos originarios, los católicos empezaron defender su fe y sus costumbres precoloniales, sincretizadas por el catolicismo. Al mismo tiempo, en Oaxaca, el Departamento Jurídico del Gobierno de Oaxaca quedó en manos “evangélicas” y les brindó el apoyo legal que necesitaban.

¿De qué grupos se trata?

  • Atendiendo a los templos registrados por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (SEDUE), el crecimiento no se debe a las grandes Iglesias del Protestantismo Histórico (metodistas, bautistas. Presbiterianos, episcopalistas), las cuales, por el contrario, muestran signos de crisis, sino de las llamadas “sectas”, de modo que aquellas antecesoras han tenido que “pentecostalizarse” para mantenerse vivos. En la reseña de los conflictos, se mencionan con frecuencia los Adventistas del 7° Día, los Interdenominacionales y la Luz del Mundo; también los llamado paracristianos (Testigos de Jehová, Mormones), no reconocidos por los demás grupos como “cristianos”, pues divergen en temas que se apartan de la Biblia. Bryan Wilson (1963: 332-338) distingue siete tipos diferentes de sectas: tipo “conversionista”, para quienes el mundo está corrompido porque el hombre lo está, por lo que es preciso comenzar por cambiar el corazón del hombre; tipo “revolucionarias” (Testigos de Jehová y los Adventistas del Séptimo Día, quienes propugnan una transformación violenta y apocalíptica del mundo.
  • En relación con los conflictos, no se distinguen mucho entre ellos sobre los motivos que los provocaron, salvo los Testigos de Jehová, en su oposición al saludo de la bandera y el himno nacional, y los Adventistas del Séptimo Día, que solicitan no hacer tequio los sábados.
Gráfica. Conflictos por denominación.
Fuente: Dept. de cultos y asuntos religiosos, Dir. Jurídica y de Gobierno del Edo. de Oax.

CONVIVENCIA IMPOSIBLE

  • Lo primero que salta a la vista es la saña de las represalias: quejas e injurias de particulares, agresión a los bienes (las mazorcas de Logolava), casas apedreadas o incendiadas, daños al templo, parcelas abandonadas en plena producción, prohibición al “pastor” de entrar al pueblo, privación de servicios públicos, acceso al agua potable, al molino de nixtamal, a la tienda de Consupo; niños expulsados de la escuela por no saludar a la bandera, encarcelamiento (esto es lo menos problemático, pues al recurrir al Departamento, en tres días deben quedar libres)… Lo más grave es el ostracismo (expulsión del pueblo) (28 casos), pues implica privación de utilizar las tierras comunales, etc. Entre estas represalias, el menor número de afectados son los católicos.
  • Los evangélicos “leen” estas adversidades como una auténtica persecución religiosa, interpretada desde un discurso apocalíptico, como signo del fin de los tiempos, como señal de predestinación o como recuperación de la epopeya martirial de los primeros cristianos.
Gráfico. Represalias.
Fuente: Dept. de cultos y asuntos religiosos, Dir. Jurídica y de Gobierno del Edo. de Oax.
  • La defensa legal– Es inobjetable el reclamo de estos disidentes a su derecho a profesar su fe, pues está legitimado por la opinión pública y por la Carta Magna. A veces da la impresión de una provocación deliberada de parte los evangélicos mismos, pues con su estrategia de la no-violencia, les permite recurrir al Gobierno y la intervención de éste les resulta ventajosa para consolidarse. Los protestantes reclaman, con toda razón, las garantías individuales y se mueven cómodamente dentro del marco legal (salpicados de elementos bíblicos). A diferencia del antigobiernismo visceral de los católicos, los evangélicos guardan un respeto obsequioso a las autoridades gubernamentales y citan a los héroes liberales (Juárez). En cambio, son críticos acervos de los agentes municipales, a quienes el pueblo guarda un respeto cuasi paternal. Los evangélicos son asesorados y representados por un cuerpo de especialistas competentes, de la Asociación Nacional de Defensa Evangélica, de la Confederación de Pastores Cristianos en el Estado. En cambio, los católicos (los “romanos”) casi nunca van acompañados por el párroco, sino que quien los representa es el presidente municipal, que habla mal castellano, sus documentos están mal redactados y muchas veces se limitan a decir “en el pueblo, la costumbre es ley”. La acción del Jurídico es inmediata y eficaz; siempre da la razón a los “perseguidos” y se conmina a la autoridad que enmiende el abuso. Si el caso se complica, se  cita a un careo y se sugiere un convenio. Este convenio conmina a que haya mayor respeto a las creencias, y para la otra parte, mayor participación en las actividades comunitarias.

CAUSAS DE LOS CONFLICTOS

Los derechos culturales

Hay que hacer notar que las modificaciones constitucionales al artículo 4° (derechos colectivos a mantener las costumbres) todavía no existían en el tiempo que reseñamos. Los pueblos originarios han logrado sobrevivir a la modernidad, gracias a su identidad colectiva (no sólo religiosa, sino también cultural): costumbres muy arraigadas y funcionales a la vida comunitaria que persiste actualmente:

  • Motivos cívicos-  No saludan a la bandera”. Aunque la causa de estos conflictos puedan considerarse de índole “cívica”, los conflictos se dan por la connotación religiosa con que se interpretan leyes o costumbres cívicas. La (única) denominación religiosa que motiva este tipo de conflictos son los Testigos de Jehová, por su terca resistencia a rituales vistos como “idolátricos”. De paso, nos hacen caer en la cuenta las formas anacrónicas de algunos ritos laicos que perduran, v.gr., la letra “esotérica” e ininteligible de nuestro himno nacional (“Ciña, Oh Patria, tus sienes de oliva, de la paz el arcángel divino, que en el Cielo tu eterno destino por el dedo de Dios escribió)[4] y el culto a la bandera, confundiendo el significante con el significado.[5] La familia inculca a los niños que no saluden a la bandera y si se les obliga, lo hacen con remordimiento. También se les pide a sus prosélitos no aceptar cargos comunitarios, no votar, negarse a los bailables de los actos escolares, negarse en la escuela a aceptar la evolución, etc. Los católicos, ante esto, acusan a los disidentes de “traición a la Patria”.
  • Motivos religiosos:Construyeron su templo sin permiso”. El grupo disidente se consolidará cuando tengan un templo abierto al público. Para ello, el art. 130 requiere que el grupo cuente con, al menos, diez familias. Pero hay un vacío legal, pues para que se forme el grupo, se requiere cierto lugar para orar y leer la Biblia, y la ley prohíbe tener actos religiosos fuera de los templos. Los evangélicos, en aquellas casas donde asisten de forma más bien tolerada, ponen música y afuera instalan bocinas, lo que provoca a los vecinos. Para obtener de las autoridades anuencia de que “no hay inconveniente”, se pide el título de propiedad, planos y fotografías; pero si el pueblo está en tierras comunales, no existe la propiedad privada, y la asamblea del Comisariado de Bienes Comunales se muestra recia a conceder dicha anuencia.
  • Motivos socialesdividen a la comunidad”. La mera presencia de un grupúsculo disidente (aunque sea pequeño), cuestiona profundamente el sistema de tradiciones y costumbres tradicionales: implican nada menos que la relativización de la ancestral cultura local, hasta entonces, incuestionada,  como algo “evidente”, de “sentido común”, “de la naturaleza de las cosas”, que proporciona importantes funciones de “identidad social” (a quienes no les importan las costumbres se les ve con compasión, como a un enfermo mental). Una peculiaridad de las corporaciones es la plena inmersión del individuo en la colectividad, y la comunidad pueblerina es una de estas corporaciones (junto con la parroquia o el gremio). Atentar contra la unidad comunitaria equivale a destruirla, y entonces, los individuos sienten caer en un sentido de orfandad y desprotección. En cambio, la modernidad urbana “libera” al individuo de las ataduras comunitarias; pero lo deja inerme. Sin las corporaciones (el gremio, la comunidad rural, la Iglesia, el clan  familiar, etc.), el individuo queda “libre” para morirse de hambre, pues sólo le queda alquilar su fuerza de trabajo, a cambio de un raquítico salario, calculado para que no muera de hambre y pueda continuar reproduciendo esa fuerza de trabajo que requiere el Capital. “Dividir la comunidad” es abandonar a su suerte a muchos, incluso abandonar su pueblo y salir a probar suerte ellos solos.
  • Motivos culturales: El mantenimiento de las pautas culturales identitarias son actualmente derechos colectivos de los pueblos originarios. No se trata de meras costumbres nostálgicas de un pasado ya ido, sino que actualmente cumplen funciones sociales importantes, en tanto que los pueblos originarios decidan mantenerlas:
    • Las fiestas patronales: (“no colaboran para la fiesta”). En los tiempos premodernos, la fiesta era el tiempo privilegiado. En la fiesta, todo cambia: la noche se convierte en día, los hombres se visten de mujeres, la economía queda fuera del mercado. La categoría principal es el don, la gratuidad, el sacrificio. Hay mucho trabajo; pero no es remunerado (los zapotecos del Istmo tienen un nombre especial para ese trabajo); todo el pueblo participa en su preparación. Hay ambiente de euforia ya desde las vísperas e incluso, el día posterior.

          Entre las fiestas de las culturas indígenas, sobresale la fiesta en honor al Santo Patrón, representación emblemática de la comunidad que lleva su nombre. Los gastos de las fiestas religiosas corrían a cargo del “santo”, quien tenía su propio terreno y su ganado. El mayordomo sólo se encargaba de la organización -y en todo caso, de incrementar el patrimonio del santo-.  Con la Reforma, al expropiar las tierras de la Iglesia, el Gobierno expropio también las “tierras de las cofradías”, que no eran de la Iglesia, sino de la comunidad, y que servían como un seguro ante eventuales calamidades. A partir de entonces, al mayordomo le tocaban los gastos (encargaban las mayordomías a quien mejor le iba en la cosecha). Con frecuencia, el mayordomo quedaba endeudado; consideraba este gasto como una inversión en prestigio (vía de acceso a cargos superiores). En años recientes, para no grabar tanto al mayordomo, se pide una cooperación económica al pueblo y así, sienten que la fiesta es de todo el pueblo. Si el “santo” es la representación emblemática del pueblo, en su fiesta, la comunidad misma es la que se celebra a sí misma.

      Por tanto, al negarse, los evangélicos, a colaborar en la fiesta (ya que no creen en los santos), ellos mismos se automarginan, y si no colaboran, no tienen derecho a ella, y si asisten a sus diversiones, se les encarcela. Por eso, en algunos acuerdos de solución, el Jurídico recomienda que lo estipulado para la colaboración a la fiesta, la deriven hacia la escuela o hacia alguna obra pública.

  • El tequio o trabajo colectivo no remunerado, es la obligación que tienen todos los vecinos por el uso de las tierras comunales en las que se asienta el pueblo. Se tienen en días no laborables (domingos) y obliga a todos (los emigrados, para no perder sus derechos, acuerdan con un vecino a que lo haga en su lugar, previo pago del día). Por tanto, no cumplir con el tequio equivale a no pagar el derecho al suelo, y esto es la consecuencia que se aplica a los evangélicos que se rehúsan a pagar (como en el caso ya visto de los “policías” de Logolava
    • El “Sistema de Cargos”. Una modalidad de relevo de puestos de Gobierno, que data de los tiempos coloniales (el Cabildo español) con reminiscencias prehispánicas. Se trata de un conjunto de responsabilidades que todos los varones tienen que estar dispuestos a ejercer de forma gratuita, durante un año. Existen varios tipos de servicio, rigurosamente escalonados, de modo que, en caso de que la asamblea de vecinos evalúen positivamente su ejercicio, sean vías de acceso para cargos más elevados, hasta culminar con los empleados del municipio (presidente municipal, regidores, tesorero, síndico, etc.). Ya que en dichas comunidades no hay mucha separación entre lo religioso y lo civil, el templo tiene también sus cargos no remunerados (sacristán, fiscales, topiles, mayordomos) y se puede pasar de un escalafón a otro (tres mayordomías dan derecho a un cargo superior). Los evangélicos rehúsan los cargos propios del templo; aunque no siempre es fácil la separación, como vimos en Logolava, en el caso de los jóvenes evangélicos que rehusaron a ser nombrados como “policías”, pues por su relación con lo carcelario, deben encargarse de arreglar la “cárcel” del Divino Preso (Jesús atado) para la velada del Jueves Santo.

      Otro tanto sucede con las mayordomías, que tienen que ver con las fiestas religiosas. Pero esto afecta a todo el “sistema de cargos”, pues tres mayordomías (de la escala religiosa) dan derecho a aspirar a algún cargo de la escala civil. Los evangélicos alegan que estarían dispuestos a desempeñar cargos civiles, que obviamente, son más prestigiados y –ahora- ya remunerados. No parece justo negarse a ejercer cargos del sistema religioso (menos prestigiados) y conmutarlos por cargos civiles (ahora ya remunerados).

ESTRUCTURA DEL CONFLICTO

  • En la división de conflictos religiosos que presenta Rex (vid Introducción), en el caso de Estados Unidos, donde la religión es un asunto de vida privada y el Estado simplemente es un árbitro que vigila que se cumplan las reglas, la situación sería “de mercado” (dos instituciones religiosas se disputan una clientela potencial). En cambio, en el caso de la Oaxaca indígena, el pueblo entero defiende su cultura de la amenaza externa de una nueva oferta religiosa, la oposición sería de los juegos de “suma cero” (lo que un jugador gana, el otro jugador pierde).
  • Según el esquema de Melucci (introducción, esquema 2) se trataría de “movimientos sociales” a nivel de modos de producción: en la propuesta de los evangélicos subyace el modo de producción capitalista liberal; mientras que la alternativa de los católicos sería mantener el modo de producción feudal colonial, sincretizado por el MP Neolítico. Por tanto, este tipo de conflictos asume mayor antagonismo y gravedad.
  • Surgimiento de nuevas identidades. Entre los múltiples rasgos culturales que constituyen la forma de vida de un pueblo, éste selecciona algunos de estos para forjarse, en ciertos momentos críticos, una identidad colectiva que les permita a sus miembros la persistencia en el tiempo, la unidad consigo mismos y ser reconocidos como diferentes por los demás pueblos. Las identidades se construyen ante las diversidades alternas. Es exactamente así como también sucede con las identidades religiosas. En las comunidades indígenas, mantenidas en cierto aislamiento en sus “zonas de refugio”, no existía una identidad confesional (sentirse “católicos”). De pronto, aparece en el pueblo un grupo religiosamente disidente del pueblo (podría ser, incluso, una sola familia). Hasta entonces no se reconocían como “católicos”, sino simplemente como “mixes, chatinos, zapotecos, etc.”; pero ahora surge el interrogante: ¿Entonces qué somos nosotros? (“¡Nosotros somos evangélicos y ustedes son “romanos!”, responden)
  • Todos tenemos varias identidades, según los grupos a los que nos sentimos pertenecer (familiar, laboral, académico, religioso, etc.); pero sucede que a veces, una de estas dimensiones de la identidad personal absorbe e inhibe a todas las demás: Devereux llama a esto “hipercatectización”, categoría aplicada perfectamente a nuestro conflicto, calificando a la identidad de los grupos sectarios:[6] Dicha “hipercatectización” puede ser generada por el individuo mismo, o también, impuesta por otros.[7]
    • El objetvo de los evangélicos es ocultar que se trate de un problema de índole religiosa y presentar el conflicto como algo meramente civil, recurriendo a la autoridad estatal.
    • El objetivo de los católicos es la eliminación del grupo disidente –el ostracismo-, por estar desintegrando la ancestral cultura comunitaria, que ni siquiera fue rota por la dominación colonial.
  • Aunque la controversia de los evangélicos sea totalmente religiosa, al recurrir a la autoridad civil se convierte en “el derecho a profesar la religión que a cada individuo convenza más”, es decir, como asunto de un derecho humano individual, garantizado por la Constitución Política Mexicana. Su estrategia, pues, es hacer que la comunidad indígena defienda sus derechos colectivos ante la autoridad civil, que en Oaxaca tienen todas las de ganar.
  • En efecto, en un juicio civil, la defensoría de los evangélicos corre a cargo del colectivo de los profesionales (traje y corbata) de la Confederación Estatal de Pastores Cristianos; mientras que los católicos no son representados por el párroco, sino por el presidente municipal (sombrero de paja y huaraches). El objetivo táctico del pueblo sería la expulsión de los disidentes que atentan contra la cultura e identidad del pueblo; mientras que la táctica de los disidentes es la “resistencia pasiva no-violenta”. Dado que el Departamento Jurídico está en manos protestantes, la solución propuesta es la negociación, defendiendo su derecho de residencia en el pueblo, a cambio de prestar mayor cooperación con las costumbres, que no siempre lo hace con imparcialidad.

Derechos del individuo y derechos de la comunidad.

  • Unos del grandes aportes de la Revolución Francesa de 1789, fue la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadanos, en donde, por primera vez se refieren a los derechos que deben ser reconocidos en todo ser humano, de cualquier raza, clase y condición. En 1848, la ONU proclamó la Declaración  Universal de los Derechos Humanos,  otorgándoles carácter de obligatoriedad a los países firmantes. Entre los derechos enumerados en el art. 2 está el derecho de religión, lo cual fue recogida por la Constitución Mexicana en su art 24: “Cada individuo tiene derecho de profesar libremente cualquier creencia religiosa y de practicar el culto que a ésta corresponda”. En este sentido, a los evangélicos le asiste la razón al exigir este derecho.
  • Hay que hacer notar que con dicha declaración, propuesta en tiempos de la Guerra Fría de  la postguerra, se pretendía una condena a los países comunistas (la URSS y China). Pero estos se negaron a firmar la declaración, con lo que se perdía su carácter de universal. Condicionaban a que, junto a los Derechos Civiles y Políticos, también se reconocieran los Derechos Económicos y Sociales (DESC) (derecho a la alimentación, a la salud, a la educación, etc.). Son los llamados “derechos de segunda generación”. Posteriormente ´se aprobaron derechos de tercera generación o “derechos colectivos”, y los “Derechos a la diferencia”, los cuales, si bien obligan a todos, lo hacen de manera diferenciada (derechos de los niños, de las mujeres, de los ancianos…), y con ellos, derechos colectivos diferenciados, como son los derechos culturales de los pueblos originarios, a mantener sus costumbres tradiciones y cultura. En los años que reseñamos aún no era muy clara la redacción de estos derechos constitucionales. Ahora ya son explícitamente reconocidos en nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (artículos 4[8] y  31.1[9]). Además, lo impulsa el Congreso Indígena convocado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, recogiendo los planteamientos de los acuerdos de San Andrés Larrainzar. De modo que a los pueblos indígenas no les falta razón para defender sus derechos culturales comunitarios, frente a aquellos disidentes, que alegando derechos constitucionales, afectaban seriamente la identidad cultural de los indígenas.
  • La modernidad, implacablemente, desintegra las culturas indígenas, sea reduciéndolas a folklore para consumismo turístico, sea mediante el Internet, sea la mayor escolaridad, las carreteras, las migraciones, etc. En este sentido, ante la crisis del campo, cuando la comunidad indígena dejó de garantizar la sobrevivencia de sus miembros. Algunos jóvenes migrantes leyeron la situación en el sentido de que “los santos fallaron” (el santo patrono como emblema y representación de la comunidad). Abandonan el “sistema de los santos” y se “convierten” al “Sistema del Espíritu” (pentecostalismo), en el que la salvación se da a nivel personal, sin necesidad de mediaciones (comunidad=santos), y se incorporan a otro tipo de “comunidad”, la de sus cofrades, que en el extranjero son quienes más les ayudan a instalarse.

CUESTIONARIO

  1. ¿A qué crees que se haya debido el crecimiento evangélico entre los censos del 70 y los del 90?
  2. ¿Cómo compaginar los artículos constitucionales 24 (libertad de practicar cualquier religión) y el 33.1 (derechos de los pueblos a sus costumbres), de modo de evitar conflictos?
  3. ¿Qué medidas serían aconsejables ante los hijos de los Testigos de Jehová de no saludar la bandera ni cantar el himno nacional?
  4. ¿Qué relación encuentras entre las conversiones al pentecostalismo y las migraciones actuales?
  5. La afectación a las pautas culturales cruciales indígenas, ¿crees que hayan sido casuales o deliberadas?
  6. Tu opinión sobre la nueva identidad religiosa surgida de la presencia de un minúsculo grupito evangélico.
  7. Cómo ves la intervención gubernamental en Oaxaca antes estos conflictos?

[1] El “sistema de cargos” de origen colonial; aunque con antecedentes nativos, es la obligación de los ciudadanos a prestar una función de autoridad no pagado, durante un año. Esto es importante en la escalafón de autoridades, pues van ascendiendo en importancia. Los cargos inferiores son policía, topil o fiscal del templo o municipio, pues como en las mayordomías, lo civil y lo religioso se imbrican,

[2] El tema que nos ocupa ha sido muy estudiado en varios Congresos sobre Ciencias Sociales y Religión, con investigadores que, en su vida privada eran católicos, protestantes o sin religión. Decidimos no utilizar la palabra “secta”, por su connotación peyorativa. Sin embargo, sociólogos clásicos como Max Weber y Ernest Tröeltsch caracterizan a las “sectas”: por ser “convocadas carismáticamente por personas de manera estrictamente personal, inconformismo ante el mundo secular y ante las iglesias y denominaciones mayoritarias, el carácter voluntario de adhesión que implica experiencia de conversión personal, sentirse depositarias de verdades absolutas (intransigencia), activismo proselitista, énfasis en lo moral, etc.”. Esta opinión es compartida actualmente por conntados autores (Bourdieu, Giménez, Willaime, etc.)

[3] Pudieron reclutar en 1970, más de 3,700 lingüistas en 24 países, para 670 lenguas minoritarias.

[4] ¡“Oh Patria! Que el arcángel divino de la Paz, ciña de oliva tus sienes, ya que dicho arcángel, por el dedo de Dios escribió tu eterno destino”

[5] Como provocó un evangélico de San José del Progreso: “Ese pedazo de trapo no significa nada, ya que cualquier pendejo puede tener esos pinches trapos, y lo único que se puede buscar en un pedazo de palo para que sirva de trapeador”

[6] Devereux, citado por Giménez Gilberto: “Cambio de identidad y cambios de profesión religiosa”,  Instituto de Investigaciones Sociales, México, 1990 (inédito)

[7] Devereux cita en caso del nazismo, que despojó a los judíos de toda identidad de clase, profesión, estudios, etc., para ser considerados simplemente por su raza de “judíos”.

[8] Art. 4: “La ley debe proteger y promover el desarrollo de las costumbres de los pueblos indígenas”. Esto también incluye al acceso a la jurisdicción del Estado.

[9] Art. 33.1: “Los pueblos indígenas tienen derecho a determinar su propia identidad o pertenencia conforme a sus costumbres y tradiciones.”

EL “ESTUDIANTAZO”: MEMORIA Y RECONCILIACIÓN

En el XIV Encuentro de “Amigos de Claret”, la intervención del P Provincial –Ernesto Mejía (“Boris”)- fue muy bien recibida por todos, pues la vimos como una mano tendida y una invitación a sumarnos como “familia claretiana” y “hacer juntos lo que solos no podemos” Claret). Aprovechando esta coyuntura, algunos de nosotros pensamos hacer esta humilde contribución acerca del intenso conflicto en la Provincia, en el que nos vimos involucrados y afectados: el episodio conocido como “estudiantazo”, de mayores implicaciones de las que se suelen atribuir (ya no asiste ningún otro “amigo de Claret” después de la generación a la que le tocó vivir este conflicto). Esto forma parte de la historia real de la Provincia (esa historia que no aparece en las Actas -en las que todo parece correcto-, sino en sus conflictos). No hay que extrañarse de esto: en los últimos años, ha cambiado la orientación en las ciencias en general (y en las ciencias sociales en especial): A diferencia de aquella visión armónica que prevalecía en el siglo XIX, acerca de la naturaleza -sujeta a leyes inmutables y precisas-, ahora las ciencias exactas mismas  se ocupan del desorden, la turbulencia y el caos (la dimensión conflictiva de la realidad). Los conflictos no son necesariamente negativos: pueden dinamizar las instituciones (principalmente las eclesiales, arraigadas en el inmovilismo de lo eterno). Se trata de una cuestión que implica actitudes diversas ante el perdón y el olvido:

  1. Perdón y olvido” es algo que sólo Dios realiza plenamente.
  2. Perdón; pero no olvido” (“te perdono; pero estaré atento para que no me lo vuelvas a hacer”). Los sesentayocheros, ante aquella atroz masacre, repiten incansables “el 2 de octubre no se olvida” (pues va de por medio la impunidad); pero no mencionan el perdón.
  3. “Ni perdón, ni olvido”, presionan los militantes más exigentes.
  4. Olvido, no perdón” es la actitud aplicable al “estudiantazo”: ya nadie habla de él (está silenciado); pero al no haber habido reconciliación, quedan soterrados agravios y rencores que podrían resurgir ante otras situaciones similares.

Antes de pensar en una reconciliación, es necesaria la reconstrucción de lo sucedido (los hechos), con la objetividad que propicia la distancia temporal, sin vernos a nosotros mismos como los protagonistas que fuimos (los que salieron y los que se quedaron), sino con la objetividad de testigos y observadores. Creemos que esto puede ayudar, no sólo a quienes lo vivimos (de uno o de otro lado) sino a las generaciones posteriores y a la Provincia misma: “Historia, magistra vitae”

   La reconstrucción de los hechos es una tarea ineludible para una solución definitiva y una digna sepultura. Pero esto es sólo un primer paso para el segundo, que sería propiamente la reconciliación. Pero aquí tenemos una duda y un temor fundado: el que con este intento, pese a nuestra buena intensión, en lugar de solucionarlo, se restrieguen heridas silenciadas y rencorosas, hasta que podamos ver este recuerdo con actitudes caritativas. Por ahora queda pendiente el segundo paso –la reconciliación propiamente dicha-, para la cual agradeceríamos sus sugerencias. Si logramos el perdón –pedido y otorgado, de ambas partes, a través de la memoria y la reconciliación, cerraríamos esta dolorosa etapa.

Metodología para la reconstrucción de los conflictos:

  1. Sincronía del conflicto: la “Parábola de Freunde”:[1] examen de sus diversas etapas o fases:

1  Antecrisis: Los condicionamientos remotos posibilitantes de cualquier conflictividad. En este caso, recordar el contexto histórico de otros conflictos que lo antecedieron, en los niveles: latinoamericano, eclesial, mexicano, Provincial…

  1. Historia reciente de Latinoamérica. A partir de la posguerra mundial- Mencionamos únicamente ciertas “palabras talismán”: “anticomunismo” (Mr Amigo, “Los tres caballeros”). Desarrollismo (“Alianza para el Progreso”). Dependencia (Teóricos de la Dependencia). Liberación (MLN y Ché Guevara).
  2. Historia de la Iglesia. En el preconcilio, la Iglesia se veía a sí misma como una fortaleza inexpugnable, azotada por la tormentosa modernidad. En el conclave que siguió a la muerte de Pío XII, los progresistas y los conservadores chocaron sin llegar a una propuesta y acordaron elegir un obispo anciano, esperando que en sus pocos años de vida que quedaran, pudiera aparecer alguna posibilidad de arreglo. Eligieron a Juan XXIII, quien sorprendió convocando a un Concilio Ecuménico (“¿Para qué, si no hay herejías qué condenar?”). La primera discusión conciliar fue sobre los “instrumenti laboris” (documentos de trabajo). La poderosa Curia Romana había puesto el candado de requerir dos terceras partes de los obispos para modificarlos. En la votación realizada no se alcanzó dicho porcentaje; pero el Papa Juan, con su autoridad papal misma, mandó retirarlos. Se nombraron nuevas comisiones de obispos y el Concilio se suspendió un año. El Papa se expresó esperanzador: “¡Abramos las ventanas para que entre el aire fresco de la modernidad!”… y así sucedió.
    El Concilio fue aceptado con entusiasmo por la mayoría de los padres conciliares y por la Iglesia misma; pero a regañadientes por la España franquista, la nostálgica Italia del “fascio” y la aletargada “Hispanoamérica”. La Iglesia se dividió entre progresistas y conservadores; la Congregación perdió 1,000 miembros (los jesuitas, 12,000). En la Provincia de México, a todas nuestras casas llegaban panfletos integristas, como “Trento” (Salmerón), “La Hoja de Combate” (, Abascal) y más radicales aún, “Sede Vacante” (Saénz Arriaga y Gloria Riestra), cuya hipótesis era que el Papa Pablo VI había caído en herejía (por las misas en latín) y que por tanto, había sede vacante.
  3. Iglesia en Latinoamérica: El Concilio organizó Conferencias Episcopales Regionales y les encomendó llevar a sus lugares el espíritu del Concilio. En este continente se organizó la II CELAM, en Medellín, 1968. Sus tres principales recomendaciones fueron la “opción por los pobres”, apoyar una reflexión teológica que fundamentase el compromiso transformador (la que Gustavo Gutiérrez después llamaría “Teología de la Liberación”) y que los religiosos desplazasen parte de su personal hacia lugares pobres (pues hasta entonces atendían principalmente a las clases urbanas media-altas), y de allí salieron las experiencias de inserción (los jesuitas tenían a sus seminaristas en parroquias o casas pobres).
  4. Historia de los conflictos en la Provincia: Un conflicto importante en la Provincia se había dado entre españoles y mexicanos. Los españoles en Latinoamérica, recién salidos de la guerra española, y empobrecidos por el boicot europeo, atiborraban de vocaciones a los seminarios. Enviarlos a Latinoamérica ayudaba a descongestionar a personal sobrante y recibir dinero a cambio. Por eso, en la mayoría de los países de Latinoamérica no reclutaban vocaciones. [2] En México, en el Capítulo Provincial de 1958 resultó electo del P. José Álvarez Laso, teniendo como vicario, al P. Mario Guevara y al P Pedro Aldana como consultor (los tres mexicanos). Como matemático, el nuevo Provincial afirmó que siendo mitad españoles y mitad mexicanos, la mitad de los superiores serían mexicanos (jóvenes). El P Álvarez-Laso a la generación de 1960, el P. JAL nos desmembró, enviándonos a diversos centros formativos claretianos (Roma, España, Alemania, Francia, Colombia) y sufrió fuertes presiones. Lamentablemente tuvo trastornos mentales y renunció ese mismo año, siendo sustituido por su Vicario, el P Guevara, mientras acababa el sexenio interrumpido, y en el siguiente Capítulo, fue elegido provincial el P Julián Martínez Miquélez.
    El Capítulo General de 1967 se destinó a aplicar la Congregación a los lineamientos conciliares (el decreto “Perfectae Caritatis”). Por México asistieron el P. Provincial Miquélez y el P. Arturo Cisneros. Durante dicho Capítulo, el P Arturo estuvo urgando en los archivos de la Curia General, y descubrió una sinvergüenzada de los padres españoles: planeaban, secretamente, dividir la Provincia, quedándose ellos con las casas del Norte. Cisneros se comunicó a México, y los PP Rosas, Rubén Sánchez y otros más, planearon organizar un “recibimiento” a los delegados. Allí les leyeron la cartilla a los españoles, y fue así que se logró la independencia de la Provincia. Pero dicha emancipación, si bien fue racial, nacionalista y cultural, dejo sin tocar la teológica (integrista) y la política (franquismo): es decir, fue una independencia sobre bases insanas.

  Volviendo a nuestro modelo sincrónico, pasamos a la siguiente etapa:

2. Precrisis Se trata de las motivaciones próximas a la crisis, que tienen los actores: lo que un actor espera y lo que el otro hace como respuesta.

Después del Concilio, el Seminario Arquidiocesano de la CDMX abrió sus puertas a los religiosos, invitándolos a no enviar fuera a sus seminaristas, y también a otras diócesis de pocos alumnos. Se formó así el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos (ISEE), con 500 alumnos y 75 profesores (en las principales materias había dos grupos, uno conservador y otro progresista (crítico). El concilio había despertado el sentido crítico de los entonces seminaristas (lo que criticábamos con  temor, lo defendía un cardenal en el aula).
Tocó el turno de elegir Decano de Teología, y resultó electo el franciscano Fr. Jorge Domínguez (progresista radical), a quien no se le dejó tomar posesión. Su grupo de apoyo fue a ver al Rector, Castro Pallares, quien diciendo que el arzobispo era la autoridad máxima, los remitió a este; el grupo se entrevistó con el arzobispo, quien, a su vez, los envió con el Provincial, alegando que este lo requería para un encargo; el Provincial, por su parte, los remitió de nuevo al rector. Entonces Domínguez dejó el ISEE y se fue al Instituto de Estudios Superiores (ITES), institución de la CIRM para religiosas. Con sus contactos, el P. Domínguez afilió el ITES a la Universidad Javeriana, de los jesuitas de Colombia, que podía dar títulos pontificios. Entonces, un buen grupo de maestros y alumnos dejaron el ISEE y se cambiaron al ITES.
El padre Jorge Domínguez da ejercicios espirituales a los seminaristas claretianos.

La interacción puede frustrar y generar conflicto, cuando se da alguno de estos factores:

  • La comunicación de expectativas (nunca es perfecta. Son frecuentes los  malentendidos).

Estudiantazo según estudiantes, sacerdotes en apoyo y autoridades y provincia en apoyo

  • Insuficiente explicación de sus demandas.

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

  • Aprobación o rechazo de las mismas (aunque se hubiesen entendido bien).

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

  • Insuficientes motivaciones (beneficio esperado o aprobación del otro)

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

  • Discrepancia en el control normativo sobre los fines

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes

  • Discrepancia en el control normativo sobre los medios

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

3. Ruptura de lo regular normativo en las relaciones entre grupos. Es momento en que deliberadamente las normas son quebrantadas y eso sirve como detonador simbólico. La aparición de una modificación repentina y desatendida turba el desarrollo ordinario, suscitando un estado de desequilibrio o incertidumbre.

               Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

4. Crisis: Momentos cruciales, peligrosos y decisivos (puede mejorar o empeorar la situación). Hay contradicciones, rupturas y tensiones que hacen dudar de la línea de conducta a seguir  No toda crisis es negativa (sacuden las inercias institucionales). Es momento decisivo de suspense, de discernir con cuidado.

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

5. Nudo critico. Una vez desatada la confrontación (fases de mayor o menor intensidad): el momento climático (lo más intrincado). Suspense

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

6. Acción reparadora. Mecanismo de ajuste para superar la crisis. Puede variar mucho:

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

7. Reintegración: del grupo disturbado o reconocimiento de cisma irreparable.

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

8. Resolución del conflicto: Todo conflicto tiene un término, un anticlímax: el momento de su resolución. Esto puede ser, o por el aniquilamiento del contrario, o por compromiso, negociación, conciliación, nueva coexistencia con el rechazo a cualquier solución o por su derivación hacia una nueva crisis; por el triunfo de una de las partes que impone sus derechos sobre la otra, o por el reconocimiento mutuo de los derechos respectivos, que puede ser por decisión de justicia o por un acuerdo amistoso.

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

Para el funcionalismo, el conflicto se resolverá cuando se satisfagan los factores que lo  produjeron:

  • Los malentendidos debidos al significado de palabras o frases, renegociando nuevos significados o nuevas definiciones de la realidad.

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

  • Desacuerdo normativo sobre fines y medios considerados legítimos. Sea mediante el conflicto abierto (v.gr., la guerra). sea mediante resolución discursiva cuando ambas partes apelan a valores y normas de un orden superior. Enfrentamiento total: resolución victoriosa o sumisión: un nuevo poder o un nuevo orden normativo

Estudiantazo según estudiantes, autoridades y sacerdotes aliados

ANÁLISIS DIACRÓNICO DEL CONFLICTO

La estructura del conflicto, para qaue pueda darse, tiene dos posibilidades: o bien que dos sujetos persigan el mismo objetivo, con oposición entre ellos, o bien  que los dos sujetos tengan diversos objetivos; pero que no puedan lograrse ambos dentro del mismo espacio cultural compartido, teniendo que enfrentar dificultades en su respectiva actuación. Este es el esquema del “estudiantazo”

DESTINADOR 1: TEOLOGÍA CONSERVADORA. CONSTITUCIONES, RÉGIMEN JURÍDICO

DESTINADOR 2: TEOLOGÍA DE LA LIBERACION. ESPÍRITU MISIONERO. MCH

SUJETO 1: Autoridades de la Provincia

SUJETO  2: Los estudiantes de teología

OBJETIVO 1: Hacer respetar la normatividad (autoridad, obediencia, disciplina)

OBJETIVO 2: Demandas formativas desde otro paradigma teológico misionero

ESPACIO CULTURAL COMPARTIDO: La Provincia de México

ALIADO 1: Sacerdotes que apoyaron a los estudiantes. Mediación del Gobierno General, P Moreno

ALIADO 2: El Consejo Provincial; los sectores “duros” de la Provincia

Las relaciones fueron de contradictoriedad, es decir, la más dura y poco conciliadora

CONSECUENCIAS (pongo las siguientes a modo de ejemplo)

  • Según testimonio de los afectados, no perdieron el Carisma, ni la gratitud al Instituto. Hubo tristeza y nostalgia; pero pudieron salir adelante y colocarse bien. Algunos afirman que su trabajo actual es más misionera que si se hubieran quedado en una Provincia conservadora
  • Este conflicto fue un parte aguas: A la generación siguiente se la sobreprotegió (“invernadero”). La Provincia se bloqueó a la Teología de la Liberación y a la opción política de Izquierda, opción que ha sido un Kairós para la Iglesia, cuyo mejor exponente actual es el Papa Francisco
  • La formación actual de los seminaristas es mucho más abierta y fundada en la libertad, a la vez que al diálogo y negociación.
  • El grupo “Amigos de Claret” se fue abriendo ante nuevos integrantes y al pluralismo teológico y político, evitando discusiones estériles; pero después del estudiantazo, ya no se incorporaron más

“Dichosos los que trabajan por la paz [“peace makers”], porque se les llamará hijos de Dios” (Mt. 5, 9)


[1] FREUND, Julien: 1976. Observations sur deux categories de la dinamique polémogėne : de la crise au conflict ». Communications, num 25 , Paris, Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, Seuil.

[2] CABRÉ RUFFAT, Agustín CMF: Historia de los misioneros claretianos en México”, México, 2014, pag. No. 8, pag. 56

III. Los desfanatizadores de Ixtlán

En la primera parte del curso estudiamos los conflictos entre “universos simbólicos” antagónicos. Como se vio en la Introducción, un “universo simbólico” es “un cuerpo de tradición teórica que integra zonas de significación diferentes y que abarcan el orden institucional en una totalidad simbólica” Dichos “universos simbólicos” son necesarios para ordenar el “caos” de la realidad dentro de determinado sentido. En la presente clase, se contrapondrán  dos “universos simbólicos”: el que proviene de la religiosidad sincrética indígena que enfrenta a la secularización atea. Sin embargo, como suele suceder, a veces los universos simbólicos entran en componendas, pues no se encuentran totalmente puros. Así, los “maestros rurales”, con su peculiar ateísmo, compartían actitudes propias del mismo sistema cultural sacralizado (el fanatismo “desfanatizador” y el dogmatismo “antidogmático”)

Nexo con el período reseñado:

En 1987 se tuvo en Oaxaca el V Encuentro Nacional de Comunidades Eclesiales de Base. En una procesión, el contingente se encontró con el plantón de maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Ambos grupos intercambiaron consignas: “¡Maestro, escucha, hay cristianos en tu lucha”! –y de la otra parte- “¡Se ve, se siente, la Iglesia está presente!”. Este encuentro, aparentemente intrascendente, clausuraba decenios de incomprensión y conflictos

La Provocación Del Magisterio Rural

  • Cuando el Gral. Lázaro Cárdenas se postuló como candidato para ocupar la presidencia, la Revolución ya se había consolidado. Nadie discutía su hegemonía. Se trataba ahora de proponerse nuevas tareas encaminadas a la reconstrucción nacional y a la formación del nuevo Estado, mediante la incorporación de las masas. Preocupaba de manera especial el medio indígena, sector que la ideología revolucionaria pretendía resaltar; aunque no era adecuada la táctica para conseguir dicho objetivo: la “integración indígena” (contra el segregacionismo norteamericano): “incorporarlos definitivamente a nuestra civilización, borrando sus características de parias que todavía conservaban (…) Capacitarlos para considerarlos factores de interés en la economía mexicana (…) y convertirlos en hombres aptos para el cultivo intelectual y en fuerza económica activa para provecho de su raza” (Manifiesto al Pueblo de Chiapas, 23 de febrero 1934).                                        
  • La Escuela Rural fue el pilar de la política indigenista de Cárdenas para llevar los logros de la Revolución a los lugares más apartados. Los “maestros rurales” eran jóvenes idealistas imbuidos en la mística revolucionaria. No se conformaban con enseñar a los niños, sino que también enseñaban a leer y escribir a los adultos. La escuela (“La Casa del Pueblo”) se constituía centro de desarrollo comunitario: campañas de higiene, nuevos cultivos, nuevas formas de construir viviendas, huerto familiar… y -mediante actos cívicos, promover el ideario de la Revolución y las “campañas desfanatizadoras.”
  • Aunque desde el liberalismo del siglo XIX ya existía cierto espíritu anticlerical (por los bienes de la Iglesia), no fue sino hasta la Revolución que este espíritu derivó, por probable contaminación anarquista, un espíritu francamente antirreligioso (el Grupo de Sonora). Particularizando, fue el presidente anterior, Plutarco Elías Calles, quien tomó la persecución religiosa para encubrir su viraje contrarrevolucionario.
  • Suele decirse que este espíritu antirreligioso no llegó a Oaxaca; pero hay muchos documentos históricos que demuestran lo contrario, como el Informe de abril de 1935 del gobernador Anastasio García Toledo: “El Ejecutivo e mi cargo, respondiendo a una verdadera responsabilidad social, no tuvo inconveniente en sancionar como lo hizo, el decreto n.213 del 11 de septiembre del año anterior, por el que quedó reducido el número de sacerdotes (…) a un ministro por cada 60,000 habitantes”. Dada la dispersión de la población serrana, dicho límite numérico de personas por sacerdote equivalía a la prohibición total de satisfacer las demandas de culto en la región.
  • Los sacerdotes que se negaron a firmar la aceptación de las reglas de juego, satisfacían como podían –a veces, con grandes riesgos- las necesidades religiosas de la feligresía, como sucedía, por ejemplo, en el municipio de Ixtlán de Juárez, cabecera municipal de San Pablo Guelatao, cuna de Benito Juárez. La gente corría el rumor de que en “la Montaña de los Cuarenta Díaz” el P Bernardo iba a oficiar misa clandestina, o que iba a haber misa en casa de Don Ezequiel Santillán (un prominente intocable). Las restricciones no afectaban únicamente al clero, sino a las costumbres religiosas del pueblo: las mayordomías, las “calendas”, los “rendimientos de culto” de las rancherías, etc. El fanatismo se cebaba especialmente en las imágenes de los santos: el “Partido Anticlerical” intentó quemar la venerada imagen de la Virgen de Juquila, etc. La gente también narra acontecimientos lúdicos, como aquella anécdota que contaba, divertida, una anciana, cuando los peregrinos se le echaron encima al Gral. Onofre Jiménez para quemarle con sus velas los bigotes, en represalia de que un Viernes Santo pretendió interrumpir la ceremonia del “Encuentro”. No todo era tan anecdótico: Amado Pérez, un recién convertido al protestantismo, organizó el “Partido Anticlerical Felipe Ramírez”, que se constituyó en ojos y orejas de Gobernación. Quisieron oponerse a la procesión de la Virgen de la Soledad; pero el pueblo respondió a pedradas, enfrentamiento que terminó con dos muertos.
  • El ariete de la “desfanatización” lo constituía la escuela rural, vanguardia del indigenismo cardenista y de la “escuela socialista”, que presentándose como formación marxista, en realidad era un racionalismo positivista. En Oaxaca, la campaña antidogmática la lideraba el dogmático gobernador, contando con las autoridades de cada municipio. Creo un sistema de controles recíprocos entre maestros y autoridades municipales, ambos obligados a denunciar cualquier quebrantamiento a las disposiciones gubernamentales: a su llegada, los nuevos jóvenes maestros rurales debían prestar juramento solemne en público, que comenzaba: “no creo en Dios. Por lo tanto, no practicaré ninguna manifestación de culto religioso y me empeñaré por desterrar de nuestro pueblo esta nefasta influencia fanática.” Por su parte, las autoridades escolares controlaban a los munícipes, si alguno osaba permitir la menor actividad religiosa, cuya incumbencia tocaba al Consejo de Ancianos…. Y todo era controlado por el fanático evangélico y Secretario de Archivo Aristeo V Guzmán.
  • Los padres de familia tuvieron inicialmente una actitud ambivalente hacia estos jóvenes maestros. Se les había introyectado la idea de que el “atraso” de su cultura, era debido a la falta de estudio, por lo que la escuela representaba el progreso; pero por otro lado, recelaba de ella, por atentar contra su fe y sus costumbres. Las familias procuraban no pertenecer a las instancias educativas (Consejo de Educación o Liga de Padres de Familia) y procuraban en casa neutralizar las ideas antirreligiosas. Finalmente, optaron por no enviar a sus hijos a la escuela; luego dejaron de asistir a los actos cívicos, porque en ellos se atacaban  sus creencias, y algunos vecinos enfrentaban abiertamente a los maestros. Cuando el boicot se fue generalizando, las autoridades escolares se enfrentaron contra las autoridades municipales, que se encontraban “entre la espada y la pared”. Los padres de familia estaban enfurecidos: apedrearon a la casa del director y abuchearon a algunos maestros… hasta que fue removido el director.

Estructura del conflicto

Intensidad del conflicto- Conforme al esquema de Melucci, se trata de un movimiento social que rompe los límites de tolerancia de los sistemas político e institucional religioso: dos  universos simbólicos antagónicos (religión o ateísmo), sin posibilidad de negociación (Vid esquema 2 de introducción)

Tipo de conflicto: Se trata del tipo “diádico” (Rex, 1981), con tendencia de cambiar un sistema por otro, según la distinción de Coser: Una nueva ideología proponía una transformación profunda, proveniente de un movimiento revolucionario que buscaba transformaciones económicas.

Actantes sociales (modelo actancial mítico” de Greimas: Introducción, esquema 6)

  • Contexto Traslape de objetivos desarrollistas socioculturales con objetivos religiosos, dentro del marco del indigenismo integracionista oficial
    • Dos sujetos portadores de objetivos antagónicos con pretensiones de monopolio dentro del mismo espacio social: el pueblo de Ixtlán. (Introducción, esquema 8)
      • Los jóvenes maestros eran los “intelectuales progresistas” (“intelectuales orgánicos”) realizaban los ideales cardenistas de mejorar las condiciones de vida de la región; pero atentando contra los usos y costumbres del pueblo.
      • Los sacerdotes eran los “intelectuales tradicionales”,  anatematizados, perseguidos o expulsados por el Gobierno; pero que representaban profundas la defensa de las tradiciones religioso-culturales del pueblo.
    • Aliados de los maestros Los protestantes, el Partido Anticlerical, el Gobierno estatal
    • Aliados de los sacerdotes. los padres de familia, los mayordomos, el Consejo de Ancianos..
Esquema 11. Conflicto por el secularismo

Modernidad indigenista

  • El presente conflicto desconcierta: Parece ser sincero el interés del Presidente por llevar los logros de la Revolución a las zonas indígenas, y está fuera de cuestionamiento  la buena fe de estos jóvenes idealistas –los “maestros rurales”- que arrostrando riesgos y fatigas, eran los encargados de cumplir el cometido. La explicación del conflicto se encuentra el tipo de “indigenismo” que tenía Cárdenas. En situaciones en las que una cultura invasora se sobrepone a la población autóctona, es imprescindible cierta política cultural (proyectos, programas, planes administrativos, diseñados por los sectores dominantes, etc.), a las que corresponden políticas de resistencia de los nativos  (rebelión, simulación, refuncionalización) con las que llegan a modificar las medidas de los dominantes  (“relaciones interétnicas”)
  • La política indigenista de entonces se dividía, entre el “segregacionismo” norteamericano (el “apartheid” de Sudáfrica o Australia) y el “integracionismo” que proponía el Instituto Indigenista Nacional, apoyado por antropólogos notables como Manuel Gamio. Según la idea que se tenía entonces del populismo “desarrollista”, las pautas culturales indígenas impedían aprovechar directamente la fuerza de trabajo indígena para la economía productiva del país. Esta política social trataba de “desculturalizar” a los indígenas y “liberarlos de las rémoras de sus tradiciones”. El positivismo que preponderaba demandaba una fe ciega en el progreso y la ciencia occidentales. México fue el principal catalizador de esta postura en el continente, y desde 1934 preparaba un Congreso Interamericano Indigenista, mediante sendos congresos a nivel regional, nacional y finalmente, el Congreso Interamericano Indigenista, celebrado en  Pátzcuaro en 1940, creándose entonces el Instituto Nacional Indigenista, dirigido por Manuel Gamio.
  • Ambas tendencias -integracionista y segregacionista- se habían venido implementando, de alguna u otra manera, en la historia de México:
    • Los Habsburgo, durante inicios de la Colonia,  separaban al “República de Indios” y la “República de Españoles”, por razones pastorales de la evangelización y para evitar que los colonos criollos diesen mal ejemplo a los indios catecúmeos. El tributo que se enviaba a la Corona era en especie, aumentando simplemente la cantidad de lo mismo que ya producían. Los Colonos, en cambio, eran partidarios del “integracionismo” y ofrecían pagar ellos mismos a la Corona el tributo -en oro y plata-, con tal de que les dejasen las manos libres para explotar ellos a los indios, lo que acontecerá siglo después con las Reformas Borbónicas.
    • Hidalgo se pronunciaba por una suerte de “integracionismo” al propugnar la igualdad de españoles, indios y mestizos, y Morelos, en sus proclamas, suprimirá el régimen  de castas e incluso, la palabra “indio”.
  • En el período que reseñamos, el pueblo agradecía, contento, las obras que la política cardenista estaba realizando en el campo (medicina, hospitales, escuelas, carreteras, tecnologías, luz, teléfono, telégrafo, campañas antialcohólicas, la planta hidroeléctrica, etc.); pero, por otra parte, la religión era el meollo de culturas sacrales como la suya: configuraba la sexualidad, la integración de las familias, las etapas generacionales, el registro demográfico, la dieta alimenticia (ayunos y abstinencias), y hasta la justicia punitiva (la Inquisición). Los ritos y creencias del catolicismo indígena se habían convertido en signos de su propia identidad cultural, e incluso, como medios de resistencia comunitaria a la explotación individual.
    • La Iglesia sufría la persecución y gozaba del apoyo de la gente; aunque le desagradaban las onerosas visitas de los sacerdotes: requerían demasiados recursos, incluyendo los beneficios personales de los clérigos (llegaban con parafernalia de topiles, fiscales, sacristán, anafre, escopeta, estipendios, etc). Los sacerdotes eran los “líderes tradicionales”.
    • En Oaxaca, Genaro V Vázquez, gobernador entre 1925 y 1928, cuestionaba al “fanatismo” como producto de la ignorancia (“lleva la noche en su conciencia y en su cerebro”). Los maestros rurales eran los “líderes orgánicos” de la Revolución.
  • Esta antropología evolucionista, entonces en boga, fue finalmente superada por otras corrientes antropológicas tales, como el “funcionalismo” o el “relativismo cultural” –no hay culturas superiores o inferiores, todo depende de que sean funcionalmente convenientes-. La cultura moderna desprecia la herbolaria, “folkloriza” las costumbres tradicionales y las mercantiliza para el turismo.

       Han surgido nuevas generaciones de profesionistas indígenas no dispuestos a desculturalizarse que son los nuevos “intelectuales orgánicos” de un movimiento de gran envergadura, con apoyo en la “Antropología Jurídica”, por ejemplo, y que han logrado modificar el art. 4° de la Constitución, reconociendo a México como “una nación pluriétnica y pluricultural”, en cuyo espíritu, el EZLN ha dado meritorios aportes, con apoyo del obispo D Samuel Ruiz (en los Diálogos de Catedral). Este espíritu encontró buen eco en la Iglesia, en la “Teología de la Inculturación”, uno de cuyos promotores más célebres fue el entonces arzobispo D Bartolomé Carrasco, quien dice promover una “pastoral indígena (no indigenista)”, alentando la creatividad ritual y teológica de las mismas comunidades indias.

Recapitulando las políticas culturales:

  1. Política segregacionista colonial: ni destruye las culturas nativas, ni las integra a la modernidad; pero las aprovecha, subsumiéndolas a través de los mecanismos del mercado colonial
  2. Política integracionista cardenista: destruye las culturas nativas como rémoras al progreso y resistencia a la modernidad. Además, aísla a las personas respecto a la comunidad indígena protectora.
  3. Política neoliberal: se desentiende de ellas, y las mercantiliza convirtiéndolas en folklore
  4. Política “india”: con nuevos protagonistas indios que reclaman el derecho a la propia cultura y a la vez, ciertos derechos de la modernidad.

EL PROCESO DE SECULARIZACIÓN

  • Hasta que el desarrollismo cardenista llegó a las comunidades indígenas, estas vivían igual que en el siglo XVII. Su estilo cultural era propio de las “corporaciones” (parroquia, gremio, familia extensa, pueblo indígena, etc.). En ellas, el individuo no tenía vida propia, sino que estaba totalmente inmerso en la comunidad, y esta, a su vez, inmersa en la totalidad del orden cósmico. En estas culturas “sacrales” (cosmogónicas”), lo religioso informa todas las instituciones culturales: la configuración misma del pueblo: los barrios con sus santos propios, los cargos políticos (mayordomías como acceso a cargos civiles), los “ritos de pasaje” dentro del ciclo vital generacional, las dietas alimenticias (ayunos y abstinencias), el sistema de salud, la orientación de la vivienda, etc.
  • La realidad queda escindida en la dicotomía más antigua existente -lo “sacro” y lo “profano”-, por la que ciertos objetos o personas se “separan” (se “santifican”, salen fuera del orden utilitario). Esta sacralización  no son sólo cosas; también existen “tiempos separados”: las fiestas religiosas, en la que el trabajo (se trabaja mucho en su preparación) es realizado como un don, gratuito, no remunerado. En las fiestas patronales, la imagen del santo es la representación emblemática del pueblo –la comunidad se celebra a sí misma-, y se rompen las rutinas: el día se convierte en noche, los hombres se visten de mujeres, los enemigos se emborrachan juntos, etc.
  • Muy diferente es la situación actual de nuestras ciudades: la asistencia al templo disminuye, no todos sus habitantes tienen ya la misma religión (pueden no tener ninguna), la influencia de las instituciones eclesiales va en descenso, etc. Esto es parte del proceso de secularización (“encantamiento del mundo”). A los primeros filósofos que estudiaron este proceso no les preocupaba tanto estudiar la religión, cuanto estudiar la sociedad misma: Para Augusto Comte, la humanidad habría atravesado tres estadios sucesivos: el estadio religioso (subdividido a su vez en magia, politeísmo, monoteísmo), el estadio filosófico o metafísico y el estadio positivista (la razón lógica, verificable y utilitaria).

Características procesuales de la secularización

  1. Racionalización- Estas sociedades son más burocratizadas y menos jerárquicas: las verdades ya no se aceptan por autoridad, sino por la coherencia argumentativa. Se modifica la percepción misma de la realidad simbólica (en los símbolos -los significantes- remiten a algo que está más allá –lo significado-) y ahora, la realidad científica, política o económica importa por sí misma, sin referencias sagradas.
  2. Diferenciación funcional de los diversos sistemas culturales: la religión deja de informar todos los sistemas culturales y se reduce a una esfera exclusiva, en instituciones ex profeso controladas por especialistas. Ahora es el Estado quien se encarga directamente de la educación, la salud, el control demografía, la asistencia social, lo ideológico, etc., mediante instituciones autónomas, independientes de las religiones. La última esfera donde se había refugiado el control religioso había sido la sexualidad (el aborto, la homosexualidad, el control natal, las campañas antisida, etc.), hasta que ahora es disputada por la sexología científica. (Willaime 1995, 3).

Causas de la modernización:

  1. El desarrollo industrial, que organiza a los trabajadores en torno a la máquina. La tecnología sustituye muchas actividades dependientes de los fenómenos naturales (la luz eléctrica suple al sol para los horarios de trabajo)
  2. La elevación del nivel general de escolaridad, que debilita el peso de los magisterios por autoridad.
  3. La difusión de los mass-media y la comunicación electrónica (Internet), que desplazan el monopolio de la ideología religiosa.
  4. El tránsito de la vida rural a la urbana: los rituales religiosos estuvieron vinculados a las actividades agrícolas (las fiestas religiosas coincidían con la siembra o cosecha; los temporales no pueden ser regulados, por lo que se recurre a las “Témporas”, los horarios laborales dependían de las estaciones, etc.). En cambio, el trabajo urbano ya no depende de los ritmos climáticos, sino de los medios de la ciencia y la técnica (la luz eléctrica).

Secularización y “secularismos”.

  • El concepto de “secularización”, como toda categoría analítica, está históricamente condicionada: la emergencia de un nuevo sujeto histórico que abolió al “viejo régimen” feudal, el cual implicaba el binomio “trono-altar” (Estado confesional) e instituyó el “Estado laico”. Trasladando del evolucionismo darwiniano a la naciente sociología, se hablaba de una evolución determinista, mecánica y unilineal, que conduciría al fin de las religiones (“secularismo”, desde Comte). Los científicos pronto superaron esa visión como “ideológica”: Malinowski probó que entre los “trobriand”, magia, ciencia y religión no se suceden, sino que coexisten: construyen sus canoas según las leyes de la náutica; pero antes de echarla al mar, traen al chamán para que haga su rito.
  • La “individualización”.  Por los condicionamientos anteriormente mencionados -mass-media, movilidad social y geográfica, burocratización, y sobre todo, la disyunción entre la vida pública y la vida privada-, conducen al fenómeno de la “desinstitucionalización”, dejando al individuo  inerme ante el peso de sus libres decisiones. Por supuesto, el proceso no es uniforme, sino que es desigual, según diversos sistemas culturales. Las derivadas de la esfera pública (política, trabajo, leyes, negocios, religión) permanecen intensamente institucionalizadas y sometidas a férreo control social. Sin embargo, las áreas más cercanas a la vida privada  (la sexualidad, el matrimonio, el ocio, la educación  y la vivencia religiosa) se abandonan a la inventiva personal. De ahí una aporía: o bien la formidable esfera pública, totalmente controlada (la “jaula de hierro” foucauliana), o bien, una esfera privada endeble, angustiosamente desinstitucionalizada, incapaz de proveerle al individuo de parámetros (gestación de un sentido de “homeless” o privación de hogar). El individuo queda totalmente vulnerable, fuera de las “corporaciones” (la parroquia, la familia extensa, los gremios, la comunidad indígena, etc).
  • El imperativo del cambio,Para Hervieu-Léger (1995), sería la matriz secularizante que rige las sociedades modernas. Ante este apremio, las “instituciones de memoria” (la familia, la escuela, las iglesias… y hasta los partidos políticos y las empresas), inscritas en la continuidad de generaciones y en la lógica de trasmisiones, pierden importancia, en beneficio de la comunicación directa y del compromiso puntual. La autora denomina a las sociedades modernas como “sociedades amnésicas”, en las que la memoria colectiva estaría desestructurada y atomizada, al punto de su incapacidad de pensar en su propia continuidad.

Por tanto, la “anomia religiosa” de nuestros tiempos, derivaría en el proceso de secularización.

CUESTIONARIO

  1. ¿La religión “sacral” se opone al progreso, o puede coexistir con él?
  2. Tratándose de un conflicto que rompe los límites de tolerancia de los sistemas político y cultural-religioso, sin posibilidades de negociación, ¿qué posibilidades habría en las partes que la de un antagonismo entre vencedores y vencidos?
  3. Presuponiendo la sincera voluntad de Cárdenas -llevar el progreso a los pueblos indígenas de Oaxaca-, pareciera que el obstáculo para lograrlo fue el tipo de indigenismo “integracionista” propuesto por Manuel Gamio, ¿qué política cultural parece más adecuada para con los pueblos originarios actuales, que no caiga en la mercantilización folklorista para consumo turístico?
  4. Describe la diferencia entre “lideres tradicionales” y “líderes orgánicos”
  5. ¿Será inevitable la extinción de las religiones en nuestras sociedades secularizadas? ¿O tendrán éstas capacidad de refuncionalizarse ante la modernidad? ¿Habrá espacio para un cristianismo secularizado?
  6. ¿Qué diferencia entiendes entre “secularización” y “secularismo”?
  7. ¿Cómo entendía el Estado laico liberalismo siglo XIX y como se entendería actualmente?
  8. ¿Habrá otra forma de enfocar la problemática del aborto que no sea la de los movimientos “Pro-vida”?