B-21 LA ILUSIÓN DE LA FAMA

Jn 6, 55. 60-69

  • La fama es el reconocimiento de las cualidades de una celebridad (políticos, artistas, líderes religiosos, deportistas, etc.) por parte de mucha gente. Este prestigio proporciona satisfacción y despierta una especie de embriaguez, que con tal de conseguirla, muchos sacrifican su salud, su tranquilidad, y hasta su moral… No en balde los griegos y los romanos la deificaron en figura de mujer (la diosa Feme). Además, teniendo fama, resulta fácil allegarse dinero, poder y placeres fáciles, por lo que la fama suscita envidia y admiración en la masa de mediocres. Esto explica el éxito de ciertas publicaciones, como la revista “Ricos y Felices”.
  • Sin embargo, la fama es ilusoria. Muchas veces es producto del “marketing”, que construye artificialmente “celebridades”: por ejemplo, el tiempo de fama promedio de un escritor de bestsellers son 3 meses, durante los cuales son sometidos a un sinnúmero de presentaciones. Puede resultar por el número de votantes para un candidato, o con el espectáculo: un ejemplo es el grupo de cantantes jóvenes “The Monkeys”, aprovechando la fama de los Beatles (John Lennon alardeó de ser más conocido que Jesucristo). El conjunto fue creado por un equipo de empresarios, que lo único que pedían a los candidatos en su concurso eran fotos (cara bonita); ya habían contratado a varios compositores, directores de escena y profesores de música… lo demás fue producto de tecnología y publicidad… El problema es que muchas celebridades llegan a creerse ellos mismos que su fama es merecida. También olvidan que la fama es efímera, pues como la Rueda de la Fortuna, los que hoy están arriba, luego bajan. Muchas celebridades miden su éxito por el número de seguidores y por las multitudes que congregan.
  • Jesús también sufrió la tentación de la fama: iniciar su lanzamiento mesiánico en una concurrida fiesta en el Templo de Jerusalén, en la que se arrojaría al vacío desde el pináculo, confiado en que llegarían sus ángeles para sostenerlo con la punta de sus alas y lo depositarían suavemente en el suelo. En efecto, sabía que cierto tipo esperado de mesías utilizaría el prestigio de la fama para facilitar su tarea. Pero desde que superó esta tentación, ya no le interesaban los números de seguidores. Más aún, evitaba esas multitudes, que lo seguían sólo por ver milagros (un Mesías, mago milagrero, hubiera sido más cómodo para muchos), o por el pan (intereses materiales) y la salud (un mesías curandero). Él rehuía esas muchedumbres que no lo dejaban ni comer, ni tenían disposición para un auténtico seguimiento en aras de la realización de su proyecto, de modo procuraba evitar las ciudades.
  • La Iglesia, a partir de Constantino, se volvió “Religión de Estado”, ideología cohesionadora. Todo en la sociedad era controlado por Ella y las conversiones fueron masivas (también aquí, en América). Pero esas páginas de la historia no fueron las mejores, sino más bien cuando la Iglesia era perseguida. Muchos buscan aún el prestigio de una Iglesia fuerte, consolidada, incluso con alianzas temporales y riquezas, aspirando a incorporar a mucha gente.
  • A Jesús no le importaba el número de seguidores, sino su calidad. Por eso, puso a sus discípulos una prueba de discernimiento, diciendo provocativamente: “mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida” (es decir, “configurarse” con Él), e incluso más: Él es el Hijo, sentado junto al Padre. Ante esto, esas multitudes que lo aclamaban con euforia, se le retiraron escandalizadas.
  • Hoy vivimos una crisis cultural que está produciendo desilusión y falta de credibilidad hacia todas las propuestas tradicionales: las ideologías han muerto, como también los modelos de democracia partidista, de familia patriarcal, de la tecnología. Crisis en la ciencia, el sistema judicial, la escuela, los ideales, la policía vigilante, las vocaciones (la del el maestro, el médico, el político, el abogado, el sacerdote…); se desconfía de los curas, de los políticos, de los médicos, de las leyes… Esto produce miedo y una situación de relajación del tejido social, que requiere un mínimo de confianza.
  • La Iglesia misma ha dejado de ser atrayente. Muchos creyentes han emigrado hacia otras denominaciones o propuestas religiosas, o simplemente, han abandonado la práctica cultual. La Iglesia hoy ya no es referente único, y a veces, ni siquiera el principal, para la sociedad, pues tiene que convivir con otras cosmovisiones. Sólo queda lugar para el placer momentáneo, el consumismo, el “entre-devoramiento” o la enajenación en las adicciones. Algunos sectores eclesiales se muestran preocupados y pretenden recuperar la fama y poderío de otras épocas pasadas. Sin embargo, hemos de apreciar más la “minoridad”
  • Jesús vio con tristeza el éxodo de muchos seguidores suyo, y hasta con cierta frustración. Así que preguntó a sus apóstoles: “¿también ustedes se van a ir?”. Ahora también hay muchos cristianos desilusionados ante una Iglesia acartonada o ante sus escándalos, y hay mucha gente frustrada ante tantas propuestas otrora afamadas, que se están revelando como vacuas…
  • Pero hay también, entre ellos, personas idealistas, humanitarias, solidarias, que están redescubriendo a Jesús, ciertamente exigente; pero plenamente satisfactorio. Su Evangelio -después de tantas búsquedas-, es escuchado con oídos frescos y está resultando más convincente que nunca. Descubrimos que contiene una palabra antigua y siempre nueva…, no como esas palabras afamadas, efímeras, que brillan un tiempo, mientras están “de moda”, y que son como los fuegos pirotécnicos, que brillan un momento hermosamente; pero que se apagan en seguida… Entonces, quizás, diremos como Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Sólo tú tienes palabras de vida eterna”.

B-20 EUCARISTÍA: ¿BANQUETE ANTROPOFÁGICO O ÁGAPE CONFIGURATIVO?

Jn 6, 51-58

  • Durante los tres últimos domingos, a partir de la multiplicación del simbólico pan, fuimos viendo diversos significados del Eucaristía –ese pan símbolo de Jesús, significante último–: la “Gracia de un bien entregado como don (“eu-xaristós”), el compromiso a buscar comunión, el “viático” dado “para que tengan vida”… y ahora, se nos da para la reflexión su significado como “ágape”. Según el diccionario, “agape” es un banquete, una comida a la que asisten muchas personas. Pero tal definición es incompleta, pues si se atiende al significado completo del término, “agape” connota también cierto tipo de amor, el incondicional, diverso de “eros”, más interesado o del de “filia” en el que el donante está implicado.
  • Para celebrar alguna situación benéfica y alegre, ofrecemos espontánea y gratuitamente un banquete (por eso se prefiere que los invitados no tengan con qué corresponder). El banquete siempre es ocasión para congregar amigos para una alegre fiesta.
  • La liturgia de hoy nos habla del banquete, en el que siempre suele haber un “plato fuerte”: en la primera lectura este manjar es la sabiduría, y en el Evangelio es nada menos que la carne de Jesús, y el vino, su sangre: “Quien come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna”.
  • Esto puede connotarnos un ritual antropofágico: Se sabe que los antiguos neandertales lo practicaban. Justamente, la palabra “canibal” es deformación de “cariba”, pues los taínos comían carne de los “arawak” (extranjeros, enemigos). No se trataba de la simple cacería humana realizada por animales depredadores, sino de un medio para asimilar las cualidades del adversario (tratándose de un guerrero: su fuerza, audacia y valor). La coincidencia es mayor con el sacrificio totémico de algunos grupos de Polinesia, África o América. El tótem solía ser un animal, símbolo del clan que llevaba su nombre y que se reconocía como descendiente de dicho animal. Comer su carne era “tabú”, es decir una prohibición sagrada cuya violación acarreaba una peligrosa maldición. Pero que en el día de su fiesta, todos sus miembros debían comer su carne
  • Entre los aztecas, Huitzillopochtli, su principal deidad, asumía figura totémica de ave –el águila o el colibrí–. Según el mito del nacimiento del dios, su madre, Coatlicue, siendo virgen, se había puesto una pluma de colibrí en el vientre y fue así como quedó fecundada. Cuando nació el niño, su hermana, la Coyolxauhtli convenciendo a sus 400 hermanos, intentaron matar a la madre para vengar la deshonra; pero el hijo, nació con un hacha mágica, despedazó a la hermana y mató a los hermanos. En la fiesta conmemorativa del mito, los aztecas celebraban un ritual antropofágico: meses antes, un esclavo era transformado en el numen, y vestido como él, se le tributaban honores. En la fiesta, ayudado de alguna droga, el esclavo subía orgulloso la escalinata, sabiéndose elegido para alimentar al dios. Se le extraía el corazón y se despeñaba su cuerpo, y se repartía entre los nobles porciones del cuerpo sacrificado, que era comida; mientras el resto del pueblo comía (comulgaba) simples panecillos en forma de ave.
  • La expresión de Jesús –“Mi pan es verdadera comida y mi sangre, verdadera bebida”- dio pábulo al escándalo farisaico interpretándola literalmente. Jesús pudo haber provocado deliberadamente esa confusión, para suscitar interés; pero después lo aclaró puntualizando que lo denotado era una “configuración” con su persona. (“el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré”). Se trata, pues, de asimilar profundamente a Jesús; de identificarse con sus mismos sentimientos (compasión, apasionamiento), sus mismas ideas, sus ideales, sus actitudes, su mirada compasiva (ver la vida con sus ojos)… de modo que se pudiera llegar a decir “ya no vivo yo, sino es Cristo quien vive en mí”.
  • En la Eucaristía, la carne y la sangre de Jesús (pan y vino) se convierten en carne y sangre nuestra, por el proceso de asimilación alimenticia. Esto simboliza otra asimilación aún más fuerte: “cristificarse
  • Hoy, los humanos ya no somos depredadores caníbales; pero devoramos a otros humanos, fagocitando sus vidas, su trabajo, su salud y necesidades, su hábitat… sin más ritual que el contrato laboral o el ritual consumista. Al configurarnos con Cristo, entregamos nuestra vida por lo mismo que Él la entregó; pero esto se hace en un banquete de amor gratuito (“ágape”), con el que en reciprocidad nos comprometemos a luchar contra toda forma de entre-devoramiento… y para ello, ¡COMULGAMOS!

B-19 “PARA QUE EL MUNDO TENGA VIDA”

  • La vida es el gran prodigio del Universo: no sabemos si exista en otros planetas o si sea una excepción. En todo caso, si no la encontramos en nuestro “vecindario”, probablemente sea imposible comprobarlo.
  • Al menos en la Tierra, apareció hace unos cuatro mil millones de años. La estrategia de la vida es la biodiversidad, vinculada a la evolución. Actualmente hay unas 10 millones de formas registradas, que representan un 1% de todas las que han existido. Gracias a eso, la vida ha podido irse adaptado a las cambiantes condiciones los diversos nichos ecológicos.
  • Todo ser vivo necesita de ciertos satisfactores para continuar viviendo. El satisfactor básico es la nutrición, muchas veces a costa de otras especies, para el equilibrio de la cadena.
  • Con los recursos con que cuenta el Planta, los avances médicos y la innovación tecnológica, las expectativas para la vida humana han aumentado. Ya en los países industrializados anda por los 70 años; pero en los países ricos se llega fácilmente a los 90 años; mientras que en algunos países africanos apenas pasan los 40 años en promedio. Es el egoísmo y la desigualdad que impide vivir más y mejor.
  • En la Biblia, el “pan” –“el pan nuestro de cada día”- simboliza no sólo el alimento, sino todos los satisfactores básicos: casa, vestido y sustento; pero también condiciones de reproducción de la especie, salud, y para los humanos, educación, recreación, etc.
  • Jesús nos dice que Él es el Pan vivo bajado del Cielo. No es un alimento cualquiera, sino un satisfactor de necesidades de otro tipo (aunque tenga que ver con todos los demás satisfactores). Dice “Yo soy” (“Yahvé”, el impronunciable nombre de Dios); aunque para sus interlocutores no fuese sino “el hijo de José”, el artesano del pueblo. Y es un pan que da otro tipo de vida, una vida para siempre (no como el maná, un alimento perecedero). Al dar ese pan, se da a sí mismo “para que el mundo tenga vida”
  • Dios nos dejó a los humanos la encomienda de “custodiar”, de “cuidar la Tierra”. Pero ahora, la vida humana está siendo afectada de muy diversas maneras: contaminación del aire, agua y tierra, alimentos transgénicos no debidamente experimentados, violencia y sofisticado armamento para asesinatos masivos… En muchas ocasiones, por el afán de lucro y ambición.
  • El Papa Francisco señala que existen hoy tendencias que de no revertirse, muy pronto pondrán en serio peligro, no sólo la vida humana, sino muchas otras formas de vida en el Planeta.
  • Este Pan, como el que recibió un Elías exhausto y frustrado al ver que ya no le alcanzaban las fuerzas para cumplir con su misión profética, con el cual pudo caminar 40 días con sus noches.
  • La Eucaristía, “viático” para nuestro camino sin fatiga en pos de Jesús, trabajando “para que el mundo tenga vida”, no sólo la eterna, sino la temporal. Los cristianos hemos de sumarnos a todos quienes promuevan un cuidado de toda forma de vida, plena y para todos.