A-08 GUERRA DE DIOSES

Mt 6, 24-34

  • La ciencia económica no es una “ciencia “dura”, cuyos resultados no pueden ser cuestionados. (como son como las matemáticas, la física o la química). La economía más bien es un arte, una guía para administrar la “casa común” -etimológicamente, “economía” viene del griego “oikos”: casa (patrimonio) y “nomos”, ley (“administración”: nemein), la “administración del patrimonio”. Sin embargo, no existe una única forma de administrar (casa, negocio, institución o país, etc.). La forma dependerá de las prioridades o estilos que quienes tienen la decisión, propongan; es decir, depende de la correlación de fuerzas políticas que permita implementar determinado modelo. El economista es un profesional al que se le encomienda que organice las necesidades y los recursos de una entidad dada, y obviamente, lo hará según los deseos de quien le paga. Por tanto, la economía de un país puede planearse, o bien asegurando la maximalización de la ganancia de quienes lo contrataron, o bien de modo que se les garantice a todos los ciudadanos la satisfacción decorosa de al menos sus necesidades básicas (casa, vestido y sustento). Gracias a los conocimientos que tenemos actualmente y al fenómeno de globalización en un Mundo interdependiente, por primera vez en la historia podemos conocer con bastante exactitud, de aquí, digamos, a 25 años, la proyección demográfica (la población que habrá entonces) y al mismo tiempo, los recursos naturales –renovables y no renovables- con que se contará (contando con los previsibles adelantos tecnológicos). El equipo de economistas puede planificar, pues, de modo científico y más o menos preciso, cualquiera de estas alternativas.
  • Hay que tener cuidado y no olvidar que son proyectos antagónicos. Un empresario cristiano, por ejemplo, se entusiasma por el Evangelio. Trata de vivir con sencillez, es caritativo cuando un indigente le pide una moneda… pero en sus negocios, allí no entra Dios, pues, dice, debe en ellos guiarse por las sacrosantas “leyes de la economía” (es decir por los principios del neoliberalismo), de modo que no paga los impuestos debidos, escatima salario a sus trabajadores, pone zancadilla a la competencia, arroja sus “desechos” al medioambiente, difunde una publicidad engañosa, etc. Y lo hace con tranquilidad de conciencia, pensando que vive el evangelio y al mismo tiempo hace buenos negocios (obtiene la máxima ganancia posible). Pero Jesús advierte: “Nadie puede servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo”. Está comprobado, el “doblechambismo” no da buenos resultados.
  • Ambos modelos económicos –el proyecto neoliberal (la maximalización de la ganancia para las clases dominantes) y el proyecto del Reino de Dios predicado por Jesús son alternativas mutuamente excluyentes, sin componendas posibles, y exigen la misma adhesión plena y total propia de las religiones: la exclusividad. El “dinero” (el capital, el sistema neoliberal) es un ídolo cruel, pues exige a sus adoradores la propia salud, el tiempo de la familia, el descanso… y hasta la propia conciencia. De igual manera, a los adoradores del Dios de Jesús se les exige la renuncia total y la entrega apasionada al proyecto de solidaridad y amor que es el Reino de Dios. Se trata, por tanto, de una verdadera guerra apocalíptica entre dioses; entre el Cristo o el Anticristo.
  • Quienes nos inclinamos a la “Globalización de la Solidaridad”, nos encontraremos, obviamente, con muchas dificultades y problemas, comenzando con la organización de la propia economía. Hoy en día ya no es posible, como en tiempos de Jesús, “dejarlo todo” para seguir al Maestro. Jesús recomienda confiarnos a nuestro Padre Dios que no nos abandona, pues como pregunta el profeta Isaías en la Primera lectura de hoy: “¿Puede acaso una madre olvidarse de su creatura hasta dejar de enternecerse por el hijo de sus entrañas? Aunque hubiera una madre que se olvidara, yo nunca me olvidaré de ti”, y pone los ejemplos de las “avecillas del cielo”, que ni siembran, ni cosechan, ni almacenas, y el Padre Dios las alimenta, o de “los lirios del campo”, que no trabajan ni hilan; pero que visten con más glamour que Salomón.
  • Contra el “providencialismo” que se desentiende prever la satisfacción de las necesidades presentes y futuras, confiando en que la Divina Providencia, de modo milagroso, las atenderá (bastan para eso depositar las tres moneditas a su imagen trinitaria los días primero de mes). Dios nos suple la falta de previsión, como enseñaba Jesús con el ejemplo de aquellas doncellas que según costumbre del tiempo, tenían que recibir a los novios después de la boda: el novio se retrasó y se terminaron su aceite antes de su llegada. La falta de previsión supondría un Dios arbitrario, pues a muchos de sus hijos no los socorre así y mueren en la absoluta precariedad. Es legítima una prudente previsión; pero a condición de no tomar como pretexto los cuidados de un prudente “fondo de retiro” para cuando las fuerzas mengüen (sin fiarse mucho de las inseguras “afores”) o de ahorrar para dejar algo de herencia que ayude a los hijos a comenzar con menos inseguridades su adultez… Que no sea esto pretexto para dedicarnos a acumular compulsivamente, descuidando el compromiso por el “Reino”. La “pre-ocupación”, como dice esta palabra misma, es estar ocupando nuestra mente y nuestras energías antes del momento en que se deban utilizar; es inquietarse, vivir intranquilos, dejándonos llevar por el miedo irracional de lo que pudiera acontecer… y para ello, acumular bienes que entretanto, otros hermanos podrían aprovechar. Nos tenemos que poner un límite prudente. Cuántas veces, al atender un futuro posible nos hace disfrutar el presente inmediato: “No se preocupen por el día de mañana, pues el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas”.
  • Otra justificación para almacenar son las herencias: Seguramente conoceremos casos en que éstas se despilfarran, puesto que no costaron trabajo conseguirlas o que son objeto de pleitos y ambiciones entre los herederos. La mejor herencia siempre será darles a los hijos una buena educación y algunas herramientas para que puedan valerse por sí mismos y comenzar su adultez sin demasiada incertidumbre; pero si se les deja un patrimonio más allá de lo prudente, se criarán confiados e inútiles ante cualquier contingencia imprevisible. Además, con esto se estaría abonando a la desigualdad social, pues los grandes capitales siempre son resultado de procesos hereditarios que crecen más que la economía.
  • Si cada cual se preocupara primero por el bienestar social -el Bien Común-; si trabajáramos todos por un mundo más justo, al mismo tiempo quedaríamos asegurados también nosotros, pues contaríamos con el apoyo de tantos a quienes habremos ayudado con nuestra solidaridad: “Buscar primero el Reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas se darán por añadidura”.

A-07 LA FUERZA DE LA “NO-VIOLENCIA ACTIVA”

  • Vivimos tiempos violentos: agresión, abuso, conculcación de nuestros derechos humanos… Todos tenemos experiencias en esto y las páginas de los diarios registran atracos a diario. Cuando sufrimos estas situaciones, algunas personas se amedrentan y por el miedo, se someten y aceptan las exigencias del perpetrador. Otros, en cambio, dejándose llevar por la ira, tratan de responder, a veces en violencia defensiva; pero de modo adolescente, sin medir la correlación de fuerzas y resultan siendo víctimas.
  • Existe, sin embargo, una actitud que ha demostrado su eficacia; aunque haya que reconocer que exige mucha madurez y fortaleza; se basa simplemente en la utilización de la fuerza del amor. Se trata de la llamada “NO-VIOLENCIA ACTIVA”, aplicada con éxito por algunos líderes, tales como Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mandela, Dorothy Day, Lanza del Vasto, etc. consiste en que cuando se recibe una amenaza, la posible víctima exhiba su vulnerabilidad, renunciando a una respuesta violenta; pero sin sometimiento; es decir, responde atacando la conciencia del agresor con la fuerza del amor: “tú no puedes protestar con efectividad, mientras no ames a tu enemigo como te amas a ti mismo”. El amor descubre en la intimidad del perpetrador, un ser débil, necesitado de amor, que es lo que le impulsa a agredir. De este modo, se le quita la pantalla que el agresor mismo se construyó a base de racionalizaciones y justificaciones y se le coloca simplemente frente a la propia conciencia. Todo perpetrador está preparado a las dos posibles actitudes de la víctima: o bien someterse, por miedo, a la voluntad del opresor, sacrificando intereses y la propia dignidad, o bien responder con violencia, lo cual justifica sus represalias, que fácilmente racionaliza. Para lo que no está preparado es actitud de “no-violencia activa”, que no demuestra miedo, le hace ver –con firmeza, pero con amor- lo injusto de su proceder y le exige respeto.
  • Quienes implementaron este método lograron éxito en sus demandas: Gandhi, la independencia de su país respecto a la colonización inglesa; Luther King y Nelson Mandela, el reconocimiento de los derechos humanos de los negros (tanto en los Estados Unidos como en Sudáfrica)… Al mismo tiempo, reconocían que su inspiración se debió al Evangelio de Jesús, y concretamente en el texto que hemos leído hoy. Más que exponer una teoría, Jesús, según su estilo, propone algunos ejemplos:
  • “Ustedes han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’ pero yo les digo, no hagan resistencia al hombre malo”. Esta era, en efecto, la ley de Talión, del Código de Hammurabi, rey de Babilonia (1750 A.C.), entendiendo la justicia conmutativa en la reciprocidad material de los daños.[1] Sin embargo, en la práctica, quien tiene poder para aplicar esta ley, frecuentemente no se conforma con esto, sino que se excede. Es la “ley de las pandillas”: el muchacho, a quien, en otro barrio, uno de la pandilla rival le puso un ojo morado y le tumbó un diente, va con los suyos, incursionan en el territorio enemigo, encuentran al agresor y le ponen los dos ojos morados y le tumban dos dientes. Entonces los de esta pandilla, a su vez, van a buscar camorra, armados de palos y piedras, y la venganza va creciendo, hasta que aparecen las navajas. La “violencia engendra violencia”: primero existe la violencia institucional, que habituados a ella, llegamos a no percibirla; pero que ocasiona desgaste, enfermedad y muerte. Cuando las víctimas cobran conciencia recurren a la violencia defensiva: Pero ante esto, la opresión institucional se autojustifica y emplea la violencia represiva: las represalias. Esto es la “espiral de la violencia”, descrita por el obispo brasileño Dom Helder Cámara. De lo que se trata es justamente desactivar este mecanismo de violencia, por medio de la No-Violencia Activa.
  • “Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda”. La bofetada en la mejilla derecha se da con el dorso de la mano, y denota desprecio, humillación. En cambio, a la mejilla izquierda presentada se la golpea con la mano abierta, y ¡esa sí duele! Sin embargo, conviene entender bien la propuesta de Jesús. Él no está recomendando simplemente soportar con “paciencia” la agresión, ´con actitudes de sometimiento. Jesús no sólo dijo esta frase, sino que su ejemplo nos dio la interpretación correcta. Recordemos aquella ocasión en la noche del Jueves Santo, cuando en el juicio amañado Jesús replica al Sumo Sacerdote Caifás, un soldado lambiscón le propinó una bofetada en la mejilla derecha –“¿Así respondes al Pontífice?”-, Jesús le responde sin miedo y con firmeza, atacando su conciencia con serenidad amorosa: si hablé mal, demuéstramelo; pero si bien, ¿por qué me golpeas?”, y el Evangelio no menciona que le hubieran dado la bofetada en la mejilla izquierda. Seguramente el soldado bajó la cabeza y se mordió los labios.
  • “Al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto”. La vestimenta de los varones en el antiguo Israel se componía de dos partes: la túnica, a veces de lino que llegaba hasta el tobillo y se ajustaba con un ceñidor recamado, y el manto, más grueso y con mangas, que se ponía encima y servía a la vez como abrigo y cobija. A veces, algún pobre como garantía (“hipoteca”) de algún préstamo, dejaba el manto en prenda en cuanto abrigo, y por la noche se lo prestaban para usarlo en como cobija. En el espíritu de la “no-violencia”, cuando un acreedor le negaba prestarle el manto en cuanto cobija, Jesús propone al deudor dejarle también la túnica, lo que exhibía ante la gente la insensibilidad del primero.
  • “Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil”. El ejército romano de ocupación otorgaba a los soldados el derecho de obligar a cualquier israelita a llevarle su armadura o sus armas mil pasos. Jesús propone caminar con el invasor dos mil pasos, con lo que también exhibía la insensibilidad opresiva de Roma.
  • En los ejemplos propuestos, se pide que no se responda con la violencia –“no hacer resistencia al hombre malo”-; pero que se haga más patente la injusticia, exagerando las formas agresivas y haciéndole conciencia de lo injusto de su conducta. Esto puede dar buenos resultados, a condición de “amar al enemigo como uno se ama a sí mismo”, haciendo bien a los que los odien y rogando por los que les persigan y calumnien” a ejemplo del Padre Dios, quien “quien hace salir su sol sobre los buenos y los malos y manda su lluvia sobre los justos y los injustos”.
  • Este espíritu exige mucha madurez; pero se ve su utilidad, incluso hasta en las relaciones domésticas. Ante los inevitables conflictos de la convivencia cotidiana, cuando existen conductas injustas, despectivas, discriminatorias o incluso, hasta violencia verbal, lo aconsejable es ni someterse por miedo o falsas actitudes de supuesta “paciencia” (señoras que ante conductas opresivas del marido, callan y corren a confesarse de haberse enojado); pero tampoco responder con gritos e injurias que lo único que hace es la escalada de la violencia y la ruptura de la relación. En cambio, si ante determinada agresión, la parte ofendida se domina; pero no se traga el coraje, sino que encuentra la primera oportunidad, y ya más calmada expone sus sentimientos, admite la réplica para escuchar (aún entre líneas) la problemática interior (estrés, inconformidades, etc.), y luego, combinando amor y firmeza, le pide la enmienda de tales conductas, lo más probable es que, superando el conflicto, la pareja alcance otro nivel superior de integración.
  1. “Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, contusión por contusión”.

A-06 ¿AMAR ES REALMENTE ÉTICA “LIGHT”?

Mt 5, 17-37

  • La moral judía era tenida como muy exigente: los fariseos se ufanaban de observar los 647 preceptos escritos en la Ley y ayunaban dos veces por semana. Jesús, en cambio, gustaba de las fiestas, de celebraciones populares y resumía toda normatividad en una sola palabra: AMOR (San Agustín glosaría: “Ama y haz lo que quieras”). Por tanto, parecía válida la crítica que le hacían a Jesús, quien supuestamente invalidaba la Ley me Moisés y sostenía a cambio una propuesta moral era demasiado “light”. En la perícopa del Evangelio de hoy Jesús responde que “no ha venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darles su plenitud”, a recuperar su sentido original. Muestra, además, que el amor que propone, llevado a sus últimas consecuencias, resulta más exigente que lo normado por la Ley mosaica, y lo ejemplifica con cuatro casos:
    1. El insulto- Ante el precepto del Decálogo -¡”No matarás”!- que exige competencia de los tribunales, Jesús lo extiende al simple “enojo” o al “insulto”. Por supuesto, no habla de la ira normal suscitada ante una agresión, sino de actitudes deliberadas, como la de quitar definitivamente la palabra a alguien, (voltear al otro lado para no verlo), que en como considerar que el hermano ha dejado de existir para uno; que ha muerto. En cuanto al insulto, no consiste en los fonemas (el sonido de las palabras). En realidad no hay “malas palabras”, pues el significado es convencional. Muchas veces se trata de expresiones clasistas: las “palabras vulgares” son las que emplea el “vulgo”, de la que las clases favorecidas se deslindan utilizando otro léxico considerado correcto. Entre nosotros, se utilizan calificativos que connotan a sectores de personas estigmatizadas, sea por su nacimiento (bastardos, hijos de mujeres violadas o de prostitutas), por discapacidades (retrasados mentales), por su orientación sexual (homosexualidad). Ya las palabras mismas si se dirigen hacia estos sectores resultan discriminatorias y ofensivas; pero además, se las endilgan a otros que no entran en tales grupos; a los que les reduzco par ofenderlos; es no reconocerles en lo que son y cambiarles su ser por otro inferior o discriminado (además del tono y el volumen de la voz). Jesús dice que al antes de llevar una ofrenda hay que reconciliarse, pues esos supuestos actos religiosos no son compatibles con conductas que lesionan la Caridad. ¿Cómo acercarse al sacramento de la “comunión” (eucaristía) si al mismo tiempo “excomulgo” (saco de mi comunión) a otro?
    2. El adulterio divide el corazón, que uno entregó a su cónyuge por entero. Jesús afirma de un mal deseo ya divide el corazón. Obviamente no se trata de alguna mirada furtiva que haya provocado cierta fantasía efímera, sino de verdaderos “deseos”, es decir, propósitos de ver cómo podría uno llevar a cabo la infidelidad; aun cuando esta no se dé.
    3. El divorcio.- Hoy como antaño, las tensiones de muchas parejas llegan a un punto en que la convivencia resulta demasiado difícil. La autoridad, en estos casos, debe apoyar a la parte más débil (dar un “certificado de divorcio” o llevar un proceso jurídico). En nuestro tiempo, la cultura actual no predispone a superar las dificultades, sino que parece más fácil romper los compromisos. Sin embargo, la lógica de la Caridad propuesta por Jesús implica un esfuerzo continuo de afrontar incompatibilidades y entrenar el diálogo, que si se practica desde el inicio día a día, muy probablemente no se llegue a las situaciones límite. Salvo casos en que la dignidad de una de las partes se vulnere sistemáticamente, la superación de las diferencias por medio de un amor auténtico ayudará a madurar
    4. El juramento.– Jurar en nombre de Dios se da cuando no existe confiabilidad en la palabra dada. La contraparte en alguna controversia puede tener cierta garantía (en ambientes de religiosidad social) si se apela a Dios (o a la madre, etc.), pues se presupone que la persona no querrá comprometer su salvación eterna. Por eso, “jurar en vano” es pecado grave, y para Jesús, un discípulo suyo movido por la Caridad no necesita jurar de ninguna manera, pues su palabra goza de crédito. Por supuesto, esos juramentos o promesas que hacemos a la ligera pueden ser objeto de revisión honesta.
  • De este modo, la exigencia del Amor resume toda la moral cristiana, que si bien es más exigente que cualquier ética puritana del deber, resulta más normal y llevadera, pues cuando actuamos por amor, no cuestan los sacrificios.