Clase 3. MÉTODOS Y TÉCNICAS DE INVESTIGACIÓN

Nivel de análisis:

Es importante explicitar el nivel geográfico de la realidad que vayamos a analizar, pues dependiendo de cuál sea, serán las técnicas a emplear:



  • Modos de recabar información.- Para la elaboración de nuestros análisis necesitamos tener suficiente información confiable. Existen en las ciencias sociales diversas técnicas al respecto, dependiendo de la índole y finalidades de la investigación. Algunas de las principales son las siguientes:
    • La encuesta.- Para un micronivel (o mesonivel, si contamos con suficientes entrevistadores) es posible aplicar una encuesta, aplicando algún cuestionario con pocas preguntas cerradas. Hay fórmulas para calcular el tamaño de la muestra, dependiendo de la confiabilidad que necesitemos
    • El muestreo.- Si la población es numerosa (un mesonivel) y no contamos con muchos recursos, un muestreo puede ser suficiente para fines no demasiado precisos. Quizás con unos 150 cuestionarios nos pueden dar una idea.
    • Entrevista.- Esta es una técnica cualitativa, más adecuada para la antropología. Si en las anteriores se trataba de hacer pocas preguntas cerradas a mucha gente, en esta se trata de hacer muchas preguntas a poca gente. Quizás unos cuantos informantes, llevando un guión flexible, prefiriendo que hablen libremente.
    • Historia de vida.- Una variable de la anterior. Se trata de que en varias sesiones se recupere lo más detallado posible la biografía de algún informante representativo. Aporta muchas luces para el conocimiento de la realidad
    • Observación participante.- Antes de hablar con las personas, se aconseja que el equipo investigador observe la realidad en breves períodos de tiempo, con los cinco sentidos, sin emplear herramientas que llamen la atención, pasando lo más desapercibido posible, observando cada detalle. Posteriormente, cuanto antes, escribirá todo lo que recuerde, al detalle y sin hacer juicios de valor. Se pueden intercambiar las libretas si todos hicieron la misma observación sin comunicarse.
    • Hemeroteca para niveles más amplios (ciudad o país), una fuente para recabar información es la hemeroteca (la prensa)
    • Sistematizar la información.- Los datos recabados deben posteriormente ser clasificados, ordenados, sistematizados. Para ello es conveniente ir construyendo una base de datos para tenerlos a disposición cuando los necesitemos. Esto facilitará el cruce de variables, importante para la comprensión de lo recogido.

Elección de un paradigma

  • Para integrar toda la información recabada y que el análisis brinde toda su potencialidad, se requiere la adopción de algún método.

Thomas S. Kuhn[1], Investigando la historia de las ciencias, descubrió que su desarrollo no fue conducido por un proceso lineal (los nuevos descubrimientos se van incorporando a la ciencia ya existente). Quizás al inicio, en la etapa pre-científica, las cosas pudieron suceder así; pero ahora la ciencia siempre requiere de un método: la realidad no se conoce directamente, requiere de un modelo general que facilite su manipulación. Ningún método es capaz de dar cuenta plenamente de toda la realidad; siempre quedan enigmas que sin responder. Si no importan mucho, tales inexactitudes pueden despreciarse sin mucho problema. Pero llega un punto en que tales anomalías van siendo cada vez más frecuentes y más importantes. Entonces la comunidad científica se inquieta y busca, hasta que aparece otro método, que por un lado, dé cuenta de los fenómenos del anterior; pero que además explique algunas de aquellas anomalías. Esto es lo que Kuhn denomina una “revolución científica” o mejor, un “PARADIGMA”. El nuevo paradigma facilita nuevas investigaciones, que lo van completando, mejorando, y esto constituye la llamada “ciencia normal”. Nuevamente volverán a aparecen otras anomalías más… y tendrá que venir una nueva “revolución científica” y un nuevo PARADIGMA.

Kuhn elaboró su teoría para interpretar la historia de las ciencias. Se movió en los terrenos de las ciencias naturales (“ciencias duras”):

  • La Física: desde Newton se desenvolvía normalmente; aunque con algunas anomalías que podían bien desdeñarse. Pero cuando se intentó aplicarla a la astronomía, que requería de mediciones más precisas, las inexactitudes importaban, hasta que Einstein construyó la “teoría de la relatividad”.
  • La Química: explicaba la combustión de los cuerpos atribuyendo al “flogisto”, cierta materia consumible, hasta que Priestley y Lavoisier descubrieron el Oxígeno, que al mismo tiempo que seguía resolviendo los problemas anteriores, permitía resolver misterios inexplicables hasta entonces.
  • La Óptica explicaba la luz gracias a ondas, hasta que Newton descubrió que se debía a corpúsculos (fotones). Pero hoy ya sabemos que ambas teorías se complementan
  • La electricidad era pensada como un fluido, hasta que Franklin la atribuyó a fenómenos de atracción y repulsión.
  • Astronomía: la visión de Tolomeo para orientar las rutas náuticas con el presupuesto de que la Tierra era redonda, permitió buenos viajes y descubrimientos, hasta que Copérnico la impulsó más con el supuesto de un Planeta redondo.

Al aplicar este principio metodológico del “paradigma” a las ciencias sociales, se percibió que a diferencia de las ciencias naturales, los paradigmas no se sustituyen unos a otros, sino que coexisten entre los investigadores. La razón es porque, si bien el estudio de las sociedades sigue requiriendo de la “objetividad”, esta no equivale a “neutralidad”, ya que el investigador está implicado en el objeto mismo que se investiga e interfiere en la realidad para transformarla. Se puede elegir uno u otro paradigma dependiendo de la opción que se tenga como investigador o también la índole del objeto que se estudia. De este modo se puede hablar –entre los paradigmas más conocidos-, de positivismo, funcionalismo, difusionismo, culturalismo, estructuralismo, hermenéutica, etc.


[1] Thomas S.Kuhn: “La estructura de las revoluciones científicas”


[1] Por ejemplo, esta estadística de porcentaje de confiabilidad que la gente da: al INE confiabilidad, mucha o algo (35%), poca o nada (64%). A los partidos políticos, mucha o algo (22%), poca o nada (77%).

Clase 1. APRENDIENDO A VER.

El trabajo por la Justicia, la Paz y la Ecología (“Integridad de la Creación”), no depende sólo de buenas voluntades, ni es algo improvisado y espontáneo. Requiere de mucho rigor y de planteamientos garantizados por las ciencias sociales y humanistas. Para ello se necesita de aprendizajes y educación de nuestros sentidos, de nuestra mente y nuestra voluntad.

  1. ¿Por qué necesitamos “aprender a ver”? (en el “ver” implicamos todos nuestros sentidos: ver, oír, tocar, oler, gustar).
  2. El conocimiento científico parte de los sentidos, para a partir de la percepción de la realidad, abrir el pensamiento crítico.

Necesitamos educar nuestros sentidos, ya que sólo vemos lo que queremos ver”; “no hay peor sordo que el que no quiere oír”. Un mismo objeto (digamos un gato) es percibido de acuerdo a nuestros intereses: para el varón, es útil para cazar ratones; para su esposa, una bonita mascota que acariciar.

  • Cuántas veces, por mirar espectaculares o aparadores, invisibilizamos a una mujer migrante, madre soltera, que solicita ayuda.
  • Tendemos a creer en rumores, a hechos “de oídas” (“me dijeron”).

Hacemos generalizaciones simplistas: visitamos un pueblo: a la entrada vemos un borracho tumbado en la acera. Poco más adelante, vemos otro borracho igual. Estacionamos el carro frente a la tiendo y allí está otro borracho. Generalizamos: “en este pueblo, todo mundo es borracho”… y luego resulta que fueron tres juerguistas trasnochados.

  • Somos víctimas de la manipulación mediática: damos crédito a los mass-media que más que informar, desinforman. Con la aparente “objetividad” de la cámara, la TV nos presenta aquel fragmento de realidad que a los dueños de tales medios interesa que conozcamos.
  • De ahí que tengamos necesidad de “aprender a ver”.

¿Por qué analizar la realidad?

  • Por razones de eficacia.- El trabajo en JPIC no es un trabajo sólo de buena voluntad, de sensibilidad (aunque es necesaria), de providencialismo. Se requiere responsabilidad y por tanto, de eficacia. Si no hacemos un análisis correcto de la realidad, equivocamos nuestros esfuerzos y a veces se produce más daño que provecho.

  • Por razones sicológicas.- Un análisis objetivo de la realidad puede ser interferido por razones sicológicas:
    • Algunos militantes son protagónicos -“¡Qué venga la justicia! Pero que sea yo quien la logre, y que se me reconozca”-, y así se echan a perder procesos.
    • Otros militantes son víctimas de miedos desproporcionados. Es verdad que la lucha por la justicia implica riesgos; pero muchos son riesgos más o menos controlados. Cuando el miedo es desproporcionado, nos paraliza, y no hacemos ya nada.
    • Otros militantes luchan contra autoridades corruptas… pero la sicología revela que contra quien realmente lucha es contra su padre autoritario.

En estos casos, un buen análisis de realidad ayuda a corregir esas motivaciones deformadas.

  • Por razones teológicas.- El Concilio Vaticano II añadió a los “lugares teológicos”, junto con la Revelación bíblica, el magisterio eclesiástico o la auténtica tradición (“quod ab ómnibus, semper et ubiquae credatur”) los “signos de los tiempos”. Estos son fenómenos históricos (sociopolíticos o culturales), que debidamente analizados e interpretados revelan las mediaciones a través de las cuales actúa el Espíritu Santo. “Cuando ven levantarse una nube de oriente, enseguida dicen que lloverá, y así sucede. Cuando sopla el viento del sur dicen que hará calor, y así sucede. ¡Hipócritas! Saben interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo entonces no saben interpretar el momento presente?
  • Por razones espirituales. – El criterio por el que seremos juzgados será por la indiferencia hacia las víctimas de las injusticias (“tuve hambre y me diste de comer…”). Ver a Jesús en los desvalidos es la fuente más cristiana de espiritualidad. Cultivar los dones del Espíritu para actuar conforme a la realidad analizada (sabiduría, ciencia, entendimiento, fortaleza…)

¿Para qué analizar la realidad?

Podemos elaborar nuestros análisis de realidad para atender a diversas finalidades:

  • Para fines académicos.- Las ciencias sociales han avanzado mucho. Si queremos elaborar científicamente estos análisis, se requerirán muchos elementos: elección de paradigma, allegarse suficiente información y datos, estudiar a fondo interpretaciones, someterlos a revisión en debates, congresos, publicaciones, etc. Estos análisis, lo más rigurosos posibles, no suelen requerirse por militantes; pero si se tienen, habrá que utilizarlos.
  • Por razones políticas.- Los políticos, en sus campañas, no piden análisis exhaustivos –muchas veces su elaboración lleva a la esterilidad-, sino que bastan mínimos suficientes. Esto hace que a veces yerran, y esto es una causa de pérdida de confiabilidad.[1]
  • Para fines de planificación.- Para un proyecto de pastoral o de trabajo social, se suele requerir que se parta de VER el conocimiento de la realidad. A veces, se suele tomar de algún informe ya existente; pero lo mejor es elaborarlo por el equipo mismo. Muchas veces no se requiere de demasiada profundidad. De ahí se pasa al JUZGAR, que muchas veces se toma también de alguna revista, con lo que se pierde su utilidad; para terminar con el ACTUAR, que de antemano es lo que se proponía realizar, sin necesidad de proyectos. Por eso se fracasa.
  • Para fines pedagógicos.- El trabajo de JPIC se aboca a la toma de conciencia de las personas. Para ello, un instrumento insustituible es elaborar los análisis con la gente misma implicada. Para ello, habrá que partir de las “necesidades sentidas” y no necesariamente de las “necesidades objetivas”. Pero para de allí, ir ampliando la conciencia a niveles más amplios y mejores.

¿Con qué criterios?

Partiendo ya de la necesidad de que los análisis de realidad sean los adecuados, los cristianos que pretendemos hacer un trabajo digno de JPIC necesitamos de ciertas actitudes criteriológicas:

  • Ver la realidad con los ojos de Dios.- Esto es un supuesto para los creyentes que deseamos que el “nombre de Dios sea glorificado”. Partimos de nuestra disposición de cumplir con la voluntad del padre (“Hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo”). Dios nos mira con amor y misericordia; quiere nuestra salvación y un mundo donde se haga realidad el “Reino de Dios”: (“venga a nosotros tu Reino”).  Sabemos que tiene un proyecto y que el Espíritu Santo actúa en la historia.
  • Ver la realidad desde el pobre.- Es consecuencia de lo anterior: si queremos ver la realidad con los ojos de Dios, sabemos que Dios la ve desde los pobres, los vulnerables, los que lloran, los que padecen injusticias y carencias. Es desde los pobres que se realiza la construcción del Reino. De ahí que la Iglesia haga su opción por el proyecto, el anhelo de los pobres. Por tanto, aquellos “análisis de realidad”, como por ejemplo, los “estudios de mercado” para beneficio de las empresas, deben descartarse en los trabajos de JPIC.
  • Verla sin pretensiones de “neutralidad”.- No obstante lo que se acaba de decir, el conocimiento general y amplio de la realidad global que puedan brindarnos las ciencias sociales –supuesta la necesaria vigilancia espistemológica para la “objetividad”- nos descubre que en ningún caso es posible la “neutralidad”.  Esto lo observamos incluso en la ciencia física, que comprueba que el observador (en este caso, el aparato o instrumento con el que se mide) interfiere en el objeto observado (v.gr., la ruta del electrón). En la actuación humana sobre la realidad global se están debatiendo dos concepciones antagónicas.
  • Ver la realidad objetivamente.- Si pretendemos que nuestros análisis tengan un mínimo de cientificidad se requiere contar con información suficiente y confiable, vigilar que en nuestros juicios no interfieran las “vísceras” (emociones o sentimientos. Ira, envidia, afectos); pero tampoco nuestras ambiciones, neurosis, intereses de cualquier tipo… que puedan bloquear la racionalidad
  • Una de ellas, actualmente representada por el modelo neoliberal, propone hacia las minorías privilegiadas, la maximalización de la ganancia, sin reparar en costos medioambientales, el acrecentamiento de las desigualdades sociales o la violencia que genera. Hacia los pobres, su destino futuro es el “descarte”, ya que son considerados como “población sobrante”. Hacia los sectores medios ofrece el consumismo utilitario, depredador de los recursos naturales, que es lo que produce riqueza.
  • El segundo proyecto –el alternativo representado justamente por la propuesta de “Justicia, Paz y Ecología”—pretende cambiar la fatalidad hegemónica neoliberal, de modo que la riqueza y los adelantos tecnológicos se dirijan en beneficio de todos, especialmente los más pobres. El científico social se encuentra él mismo inmerso en la realidad que investiga, con sus intereses y su inevitable opción de clase. Es conciente de que epistemológicamente, “la vista de un punto es siempre un punto de vista”; que toda percepción está socialmente situada (a no ser para los extraterrestres de otra galaxia), desde cualquiera de los dos modelos anteriores. La mirada desde los pobres es un punto de vista privilegiado, pues su perspectiva garantiza mayor objetividad: los ricos tienden a deformar su visión de realidad para justificarse o legitimarse; mientras que los pobres tienen necesidad de los estudios más exactos posibles de la realidad, pues lo que ellos pretenden es transformarla. Las ciencias sociales no tienen, pues, la misma cientificidad de las llamadas “ciencias duras” (física, química, matemáticas). La economía, concretamente, es como un arte, más que ciencia, para el cuidado de la “casa común”. Un equipo de economista puede organizar “científicamente” una colectividad, con cualquiera de los dos modelos arriba descritos: o bien organizar la economía para canalizar hacia las elites económicas y políticas que los contrataron todos los recursos producidos, o bien organizarla de modo que se procure que TODOS los ciudadanos –partiendo de los más vulnerables- satisfagan del mejor modo posible sus necesidades básicas (Marx diría: “burgueses” o “proletarios”). Ambos análisis pueden ser más o menos “objetivos”; pero previo al análisis concreto existe una opción de índole extraeconómica, que depende de la correlación de las fuerzas políticas y de la clase social con la que se vincula el economista (no tanto de la clase a la que pertenece).

 Ver la realidad en aras de la acción.- No se trata de analizar la realidad por el vano afán de erudición o de estéril justificación. Se trata de cambiarla. Al estar trabajando con esta finalidad, se manifiestan muchos elementos de la realidad que con una mirada meramente contemplativa quedan invisibilizados.

 

Texto complementario:

Otro mundo es posible. Descargar

Ver libro páginas 309-319

9. SIGLO XIX. GÉNESIS DEL ESTADO LIBERAL

Este período es difícil de entender. A primera vista, nos parece una simple serie de asonadas y golpes militares y sucesiones de Gobiernos (en 26 años hubo 21 presidentes, en 43 ocasiones, Santa Anna fue 11 veces presidente). La única forma de entenderlo es desde la emergencia del nuevo modo de producción capitalista (MPC) y su Estado liberal. La construcción de este Estado será oponerse al Modo de Producción Feudal hegemónico, sostenido por la Iglesia (acumulación de tierras).

Cuando la Nueva España se independizó de la Metrópoli, dado el centralismo de los Borbones, quedó un vacío de poder. Además, faltaban estructuras autónomas y no había dinero. Entonces, los sectores más identificados con el virreinato (el Consulado de Comerciantes de Veracruz, orientado al consumo interno; la aristocracia criolla, en especial los terratenientes del centro, el ejército pretoriano, y los peninsulares que habían optado por quedarse antes de ser expulsados a causa de la revolución del P Arenas),[1] fueron aglutinándose en torno a la institución entonces la más sólida: la Iglesia Católica.  

El nuevo sujeto liberal tuvo como aliados a los protestantes y al Gobierno norteamericano de Lincoln. El norte del país estaba muy despoblado e inseguro; pero los posibles colonos estadunidenses, a quienes se les ofrecieron tierras, condicionaban la colonización y modernización del Norte, a la libertad religiosa.

Las corporaciones

En aquel entonces, los liberales buscaban situar en el lugar que le corresponde a un Estado moderno y subordinar a las poderosas instituciones heredadas de la Colonia. Su modelo era el régimen republicano, según de la Constitución de Cádiz de 1812; y precisando, además, como república federal, según la de 1824. Ante esto, la Iglesia y todas las fuerzas identificadas con la Colonia (especialmente las “corporaciones”: Iglesia, haciendas, gremios artesanales, cofradías, Comunidad indígena con sus ejidos y tierras comunales, etc.) trataron de resistir. Se oponían al capitalismo y a la modernización.

En las corporaciones, el “bien común” prevalecía sobre el individual. El individuo quedaba totalmente negado. Ante esto, el liberalismo resalta los derechos del individuo y la propiedad privada. Los campesinos se sentían amenazados por el régimen liberal de repartición de tierras. Veían cómo los latifundistas pretendían la acumulación de riqueza, mediante la apropiación de tierras laborales, por lo que hubo protestas y revoluciones. Además, se sentían agobiados por la Iglesia y sus excesos en cobros por servicios religiosos (diezmos, obvenciones, mercantilización de servicios.), con lo que estos adquirían un carácter comercial (Juárez, en Candelaria, luchó legalmente contra el cura, por tal motivo). Los conservadores difundieron la imagen de que la lucha era contra la religión. Ya aparece embrión de cierto socialismo tipo Fourier (Plan de Chalco 1868): volver a lo comunitario; pero sin opresión al individuo: contra la apropiación de las tierras comunales, explotación de hacenderos, robo de tiendas de raya, esclavitud por deudas de los padres a hijos, jornadas miserables. “El socialismo -decía Fourier- es la forma más perfecta de convivencia social”.

La corporación más importante era la Iglesia (por medio de la “parroquia”, que aglutinaba a la gente). Por ello, el objetivo principal era diseñar un Estado laico, que superase el Estado Confesional colonial. Era previsible que, ante esta necesidad se gestase cierto espíritu anticlerical, no necesariamente antirreligioso (“que reine la religión; pero nunca la Iglesia y menos los curas”).

Frente a este bloque clerical-terrateniente fue irrumpiendo un nuevo sujeto, portador de otro modelo social: los liberales, que en Europa se proponían la formación de Estados Nacionales y la aplicación de la industrialización inglesa a la siderurgia. En México, este sujeto histórico estuvo compuesto por grupos reducidos pequeño-burgueses -burócratas, cuadros bajos del ejército o del clero, profesionistas, abogados, periodistas, exseminaristas- con gran habilidad para hacer alianzas y recabar adhesiones. La burguesía liberal, este sujeto histórico emergente, se propondrá la industrialización capitalista. Para ello “hay que fabricar al fabricante” y “liberar” al proletario del tutelaje corporativo. Que sólo tenga su fuerza de trabajo “libre” (no esclavo). También se proponían construir un Estado laico no confesional. Pero ante la intransigencia del clero, se generó en ellos cierto espíritu de animadversión -anticlerical, sí; más no antirreligioso- (“que reine la religión; pero nunca la Iglesia y menos los curas”)-. No sólo en este sujeto: mucha gente empobrecida estaba también protestando contra la Iglesia (extracción abusiva de diezmos, obvenciones, mercantilización de servicios y olvido pastoral, etc.).

Al bloque conservador-terrateniente, curiosamente, se aliaron las “corporaciones” (el gremio, la parroquia, la cofradía, la comunidad indígena). Hay que tener en cuenta que, en la ideología corporativista, el “bien común” prevalecía sobre el bien individual, y en cambio, el liberalismo en Francia se centraba en el individuo. Así proponía el Derecho del Hombre y del Ciudadano (individual, contra la opresión corporativa), así como la propiedad privada de la tierra, por lo que temían que se les expropiaran sus tierras comunales.

Como todo Modo de Producción, el capitalismo para consolidarse requirió de estructuras políticas e ideológicas. En Alemania, con Lutero, revistió la forma de heterodoxia; en Inglaterra, el deísmo; en Francia, la Ilustración y el galicanismo. En España e Hispanoamérica, donde la Iglesia era más fuerte, aparecieron iglesias nacionales supeditadas al Estado.

Inevitablemente, un Modo de Producción no puede transformarse en otro sin fuertes conflictos. En Francia, el modo cómo el liberalismo burgués llegó al poder fue la toma violenta de La Bastilla por parte de las masas populares. Sin embargo, este fue el único país en que el poder se tomó por asalto –durante la Revolución Francesa, rodaron guillotinadas cabezas de aristócratas y obispos–. Esta es la vía llamada “jacobina” (el club liberal que la posibilitó se reunía en la Iglesia de Santiago, “Saint Jacob”); la toma violenta del aparato del Estado; pero fuera de este caso, en todos los demás países, el capitalismo burgués pasó a ser hegemónico empleando la táctica de la “revolución pasiva” -revolución, sin revolución; pero finalmente, revolución-. Se trata de una serie de alianzas, negociaciones, avances y retrocesos; quizás confrontaciones armadas de menor importancia… y así se fue colando entre los poros del bloque feudal dominante, aprovechando sus fisuras… hasta que, finalmente, logran que el grupo hegemónico se degradase, de ser dominante y dirigente, a ser solamente dominante: la dirigencia se alcanza cuando su proyecto es aceptado por amplias capas sociales (en concreto, un Estado laico, nacional, unificado). A pesar de que italianos hayan sido los primeros en diseñar este tipo de Estado y su táctica de lograrlo, debido a la fuerza del Papado, Italia fue el último país europeo donde se impuso el capitalismo.

En México, la correlación de fuerzas era incapaz de tomar violentamente el aparato del Estado. El recuerdo de las masas de Hidalgo y Morelos (vía jacobina) les atemorizaba. Prefirieron aliarse a miembros de la vieja clase. Aplicaron (sin proponérselo) la “revolución pasiva”, táctica que se presta a oportunismos y caudillismos personalistas (Santa Anna).

El enfrentamiento comenzó en las logias masónicas mismas: yorquinos y escoceses, clubs políticos conservadores y liberales, ambos Partidos liberales (vinculados a Francia o a EEUU). Los liberales se ganaron parte de la oligarquía: terratenientes del Norte y del Bajío, orientados hacia el exterior: inversiones. Ambos Partidos fueron indiferentes hacia el pueblo al que utilizaron como carne de cañón; ambos eran liberales y masónicos, y ambos pretendían mantener el Concordato con la Santa Sede. Pero cada cual tenía un proyecto diferente de Estado:

CARACTERÍSTICAS Y DIFERENCIAS DE AMBOS PARTIDOS

LIBERALES CONSERVADORES
Sujeto emergente dominadoSujeto hegemónico dominador
Propugnan un régimen liberal republicano federalistaProponían una Monarquía constitucional o una República centralista
Se inspiran en la Constitución de Cádiz de 1812 Luchan por una nueva (1857) (libertad religiosa)Reconocen la Constitución 1824 El catolicismo como religión de Estado
Proponen un Estado laico, reduciendo el monopolio católico, expropiando bienes del cleroApoyan al alto clero. Son legitimados por este
Buscan una economía industrialUna economía en haciendas rurales
Su mayor fuerza estuvo en el Norte y SurSu mayor fuerza en el Centro y Bajío
Liberalismo estadounidense Galicanismo francésLiberalismo francés
Rito masónico YorquinoRito masónico Escoses

Momento conservador

            Ya sabemos que la Independencia de México, iniciada con ideas liberales, se consumó sobre bases insanas. Ante la debilidad de las fuerzas insurgentes, se tuvo que pactar con quienes podían aceptar la soberanía nacional de la hasta entonces “Nueva España”, a condición de no perder sus privilegios del viejo régimen, de modo que el Congreso Nacional de 1824 aceptó un régimen monárquico para la nueva nación, nombrando como emperador a Agustín de Iturbide. No tardó mucho en ser destituido, siendo el primer presidente D Guadalupe Victoria. Los peninsulares que habían decidido quedarse, temiendo la incertidumbre, desde Cuba, en 1827, reconocieron como rey de la Nueva España a Fernando VII, con el liderazgo del fraile franciscano Joaquín Arenas. Fueron derrotados por Guerrero y condenados a muerte.

En 1833 se instauró la Primera República, bajo la presidencia de D Antonio López de Santa Anna y la vicepresidencia de Valentín Gómez Farías. Fue un momento liberal, ya que el Presidente dejó hacer a Gómez Farías, retirándose a su Hacienda Manga del Clavo. El vicepresidente, cristiano connotado, decretó algunas leyes que restringían al clero y sus propiedades, lo que provocó una reacción muy violenta. En esa década, los gobiernos liberales desterraron a varios obispos. Los conservadores fueron a traer a Santa Anna, celebrando su regreso a México en 1834 con un glorioso triduo.

Desde 1830, los texanos, lidereados por los dos terratenientes más importantes, Stephen Austin y Lorenzo de Zavala, habían presentado a Gómez Farías sus inconformidades con la Gobierno de México, manifestando su intención de separarse e independizarse, siendo abiertamente alentados por el Gobierno de Estados Unidos, que quería comprar territorios mexicanos. En una Convención realizada en Washington, el 2 de marzo de 1836, los texanos declararon su independencia, basándose en que muchos colonos formaban un conglomerado distinto del resto de la nación mexicana, por su idioma y religión. En 1845 se incorporaron a los Estados Unidos.

En 1837, el bloque conservador cambió la Constitución y con ella, el régimen, convertido en República Centralista. Al año siguiente, Francia detuvo un barco cerca de Veracruz. Un panadero francés había vendido unos pasteles a la autoridad y ésta rehusó pagarlos, y con tal pretexto, los franceses bombardearon Veracruz e hicieron una guerra (la “Guerra de los Pasteles”). Esto mostró la debilidad del Gobierno. En efecto, los peninsulares que salieron del país se habían llevado consigo todo el dinero del erario.

Ante los graves problemas del momento, parecía que lo único que les preocupaba a los eclesiásticos eran sus bienes. En 1847, cuando los Estados Unidos invadieron México, los liberales trataron de defender al país como pudieron, incluso los soldados no tenían ni siquiera botas… tuvieron que pedir a la Iglesia -la Corporación que tenía más dinero- un préstamo forzado (sólo los carmelitas de Sn Luis Potosí mostraron una generosidad ejemplar). Cuando a Paredes le apremiaban recursos para enfrentar la invasión, en Puebla, unos jóvenes les organizaron un motín (el “Motín de los Polkos”, pues la polka era entonces la música que bailaban en los salones)

En 1853 vuelve Santana y ocupa la Presidencia. Fue entonces cuando nuevamente Estados Unidos declaró la guerra a México y el 13 de septiembre tomó la Capital. Asaltaron el Castillo de Chapultepec, donde entonces funcionaba una escuela para cadetes, y éstos trataron en vano de defender el edificio (los “niños héroes”). En tal situación de guerra fue cuando Estados Unidos le “compró” al Gobierno Nuevo México, California y parte de Tamaulipas (Tratado de Guadalupe), en tan sólo $15 millones de dólares. Santa Anna decretó la abolición de las leyes contra la Iglesia, y puso algunos impuestos ridículos (sobre los coches, las ventanas y los perros).

Fue en 1854, cuando Juan Álvares proclamó el “Plan de Ayutla”, destituyendo a Santana. Entonces liberales recuperaron el Congreso y proclamaron una nueva Constitución; pero todavía, al año siguiente, Santa Anna asaltó el poder, y entonces vendió a Estados Unidos La Mesilla. 

Momento liberal

Los liberales no tuvieron muchas posibilidades de triunfar hasta que, por fin, principal (la Iglesia), y cuál, el medio adecuado para enfrentarlo (“desamortización de los bienes eclesiásticos”).

Durante la Colonia, la Iglesia había recibido muchas atribuciones –el monopolio educativo, la salud, la asistencia social, registro demográfico, etc.–; varios eclesiásticos ocuparon cargos políticos (el obispo Portugal fue ministro de justicia y negocios eclesiásticos, el arzobispo Lizama Beaumont fue nombrado Virrey). La Iglesia acumuló considerable fortuna (diezmos, legados testamentarios, bienes de capellanías, cofradías, obras pías, dotes monásticas). Ella era el principal propietario, y sus tierras eran de “manos muertas”, es decir, no se trabajaban modernamente, sino que se utilizaban para préstamos cómodos. El Dr Mora calculó la fortuna eclesiástica en $180 millones, para algunos, esto equivalía a la ½ de la riqueza nacional; para Mariano Otero ¾, y para Ian Basan, serían $100 millones, 1/5 de toda la riqueza nacional.

Para desamortizar los bienes eclesiásticos, se requirió una delicada operación de bisturí: aislar al clero de sus aliados terratenientes, ofreciéndoles a estos, los bienes expropiados. El intelectual que realizó esto fue un sacerdote, el Dr. José María Luis Mora y su arma, un discurso teológico.

   “La disertación sobre los bienes eclesiásticos”

En 1831 el Congreso de Zacatecas convocó un concurso para la mejor disertación sobre el problema de los bienes eclesiásticos. El premio lo ganó un sólido intelectual, el Dr. Mora, sacerdote liberal, nacido en Chumacero, Gto., el 12 de 0ctubre de 1794.

El ganador pretende ser el fiel de la balanza. Mora se coloca entre dos adversarios, los “impíos” y los “fanáticos”, quienes se descalificaban recíprocamente, tachándose de “apátridas” y de “herejes”. Pretende ser el “fiel de la balanza”: comprueba, con sus numerosos artículos y su trabajo en la Constitución de 1824, que no es “apátrida”; y como sacerdote, doctor en teología y catedrático de San Ildefonso, que tampoco es “hereje”.

El enemigo no era la Iglesia, sino el clero, y no todos sus elementos (el bajo clero vivía pobremente), sino más bien la Jerarquía. Estos “fanáticos” Identificaban sus intereses económicos con la religión. Los “impíos”, por su parte, no luchaban contra la “superstición”, sino contra la religión, con lo que dañaban al país. (algunos reformadores -Gómez Farías o Mariano Otero- eran laicos cristianos reconocidos)

El objetivo principal del discurso: desbaratar la identidad entre religión y enriquecimiento episcopal. Para ello, toma de Gaspard Real de Curbán la distinción entre la Iglesia como “cuerpo místico” y la Iglesia como “comunidad política”.  En la primera, la Iglesia es independiente (tiene derecho a los bienes que requiera su misión); lo segundo, es obra de los gobiernos civiles (galicanismo). Su epígrafe: “Dad (‘devolved’, según traduce Crisóstomo) al Cesar lo que es del Cesar”.

Como ideólogo de la burguesía, teme que una expropiación sentase precedente para los grandes terratenientes. Por eso, aclara: “la propiedad es un derecho natural, sagrado e inviolable… en él descansa todo el orden social”.

El Vaticano, se oponía a un Concordato; pero al mismo tiempo, exigía que el Estado sustentase al clero y mantuviese sus fueros y tribunales. Presionaba, dejando diócesis vacantes. Los Gobiernos liberales reclamaban las “libertades galicanas” (derecho de nombrar obispos).

Benito Juárez

Indudablemente, Benito Juárez García fue el hombre del siglo XIX en México. Nació en San Pablo Guelatao, municipio de Ixtlán, el 21 de marzo de 1806. Hijo de padres zapotecas, quienes fallecieron cuando Benito tenía 3 años. Su abuelo y su tío se hicieron cargo de él, encomendándole el pastoreo de las ovejas. Se cuenta que, a los 13 años, estando a la orilla de la Laguna Encantada tocando la flauta, se desprendió el trozo de tierra donde se encontraba y el viento lo alejó de la orilla. No se preocupó mucho y esperó que volviera a tocar tierra firme de nuevo; pero al juntar las ovejas notó que se había extraviado por lo menos una de ellas. Temiendo una fuerte reprimenda o algún castigo, se fue de su casa a la ciudad de Oaxaca, cuando aún no hablaba castellano.

Infancia
Presidencia
La Reforma

Llegó a la casa de Don Antonio Maza, donde su hermana trabajaba de sirvienta, y después de tres semanas lo encargó a un lego terciario carmelita, Fray Antonio Salanueva, quien tenía un taller de encuadernación y algunos libros liberales pasaron por sus manos. A sus 15 años se consumaba la Independencia y Morelos se encontraba en Oaxaca, Frente al taller estaba la Iglesia de los padres Carmelitas, los cuales apoyaban a los Insurgentes; mientras que el obispo de Oaxaca, Mons Bergoza Bastallón, había organizado un destacamento militar con los seminaristas, llamado “el batallón de la mermelada” (por su vestimenta).

Su tutor, además del trabajo, le enseñó el castellano, y viendo sus cualidades, lo encaminó al Seminario diocesano, que era la mejor institución para la formación profesional. Allí se aplicó a estudiar la teología, el castellano y las ciencias, pues el colegio contaba con un buen laboratorio. Al término de la carrera, en el examen reglamentario para su titulación, sacó “Excelente nemine discrepante”. Uno de los sinodales -un obispo “in partibus infidelis” (una diocesis ya inexistente) le regaló como premio, la obra de Campomanis “La desamortización de los bienes eclesiásticos”

En esos días, los padres dominicos abrieron el Colegio de Ciencias y Artes, en el que también se abrió la carrera de Derecho. En aquel tiempo, había un vacío de esa carrera, pues existían dos corrientes jurídicas para calificar la máxima autoridad, la corriente realista (el rey lo era) y la corriente “ultramontana” (más allá de los Alpes), es decir, el Papa lo sería), por lo que a los liberales ninguna de las dos corrientes les satisfacía, y para la constitución del nuevo Estado liberal, necesitaban profesionistas que conocieran de leyes. Su compañero Marcos Pérez le dio el empujón. Resulta que, para la inauguración del Instituto, estuvieron presentes unos pocos seminaristas a quienes les habían concedido permito; pero después de la ceremonia hubo baile, y las damas de la oligarquía se escandalizaron de que estuvieran los seminaristas, por lo que les retiraron los permisos. Benito, ya para entonces, estaba convencido de lo que quería, por lo que dejó el seminario.

            Su carrera fue meteórica: en 1930 lo vemos como encargado del aula de Física, del Seminario. Al año siguiente fue nombrado rector; en 1832, Gobernador de Oaxaca; en 1833, fue nombrado Ministro Suplente de la Corte de Oaxaca y en ese mismo año, Diputado por Oaxaca; en 1847 fue electo Gobernador de Oaxaca.

            En 1855, Santa Anna lo encierra en San Juan de Ulúa y lo destierra a Cuba. Juárez viajó a Nueva Orleans, donde, ayudado por los masones de allá y de otros exiliados (como Melchor Ocampo), apoya el “Plan de Ayutla” de Juán Ávarez, para derrocar a Santa Anna. Este tomó la Presidencia en forma provisional, y nombró a Juárez como Ministro de Justicia y Educación, puesto al que correspondía la presidencia en caso de faltar quien la tenía. Desde este cargo, decretó la “Ley Juárez”, que quitaba a la Iglesia sus fueros, para someterla al poder judicial. Ignacio Comonfort, uno de los que apoyaron el “Plan de Ayutla”, fue elegido Presidente interino Ignacio Comonfort, nombrando a Juárez en su gabinete, junto con Manuel Delgado. Comonfort juró la Constitución liberal y las nuevas leyes; aunque la Iglesia decretaba la excomunión a quien firmara la Constitución del 57. Comonfort, por presión de su madre (y del P Miranda), abjuró del juramento. Quiso, en vano, reconciliarse con los conservadores. Metió a la cárcel a Juárez y a otros. Luego lo liberó y quiso congraciarse con él; pero Juárez puso como condición que lo nombrase Presidente de la Suprema Corte de Justicia, lo que equivalía a la Vicepresidencia. Al retirarse Comonfort, Juárez ocupó su lugar, ejerciendo una presidencia interina. Esto provocó una guerra de tres años, en la que pelearon indígenas y obreros en ambos partidos.

La “Guerra de Reforma” (1857-1860)

Al derrocar a Santa Anna con el Plan de Ayutla, los liberales regresan y decretan algunas leyes para desamortizar los bienes del clero y acabar con algunos atributos propios de Estado de Cristiandad, conforme a la constitución de 1824. Lerdo expidió algunas leyes, precursoras de la Reforma en 1858.

Constitución del 5 de febrero de 1857- Varios eclesiásticos, de ambas partes, participaron en su elaboración (en Morelia, el cura Ladrón de Guevara). Los obispos se opusieron al Plan de Ayutla para derrocar a Santa Anna y lo apoyaron, con lo que perdieron legitimidad.

Encontrar un estado o lugar propio para la Iglesia era una demanda, no sólo de los liberales, sino incluso, de la Iglesia misma. La situación explica la necesidad de leyes anticlericales -no antirreligiosas, como fue la imagen que dio la Iglesia-: leyes sobre el registro civil, el matrimonio civil, el panteón civil; una ley sobre la tolerancia (1860), para que los protestantes tuvieran derecho de serlo; el cese de la obligación del Estado para cobrar el diezmo y obvenciones, el salario a los curas, la garantía de los votos religiosos como atentado a la libertad (los religiosos, algunos españoles, eran muy revoltosos), la libertad de imprenta, etc.

En 1859, Juárez decretó la nacionalización de los bienes eclesiásticos. Para justificar la expropiación, los liberales alegaban que los bienes de la Iglesia eran de la nación; pero el principal interés de hacerlo fue secar la fuente de financiamiento del Partido Conservador. La Iglesia era prestamista y ayudaba; pero ahora que se quedó sin bienes, dejó de brindar ese servicio. La venta de los bienes del clero fracasó. Habría podido dar lugar a una burguesía media extensa; pero al darse en situación caótica, los aprovechados fueron los terratenientes. Tales bienes eclesiásticos se dilapidaron en guerras y préstamos que no regresaron (tanto por los liberales como por los conservadores).

La guerra había dejado exhaustas las arcas para comprar armas. Ambas facciones pidieron préstamos al extranjero, aumentando con ello la deuda externa; pero tampoco se devolvieron tales préstamos. Entre los bienes eclesiásticos, también se afectaron las Cofradías, que en el medio indígena pertenecían a la Comunidad y no a la Iglesia, conservado seguro ante eventuales desastres.

Constitución de 1857
Guerra de Reforma
Defensa contra los franceses

Tratado McLane/ Ocampo (1859)- Fue un acuerdo entre los Estados Unidos y el gobierno liberal de México, encabezado por Benito Juárez, firmado en el puerto de Veracruz en México, el 14 de diciembre de 1859. Su objetivo era obtener dinero, que luego México devolvería; pero EEUU no lo permitió. Con el acuerdo, en cambio, México debía vender a perpetuidad el derecho de tránsito por tres pasos francos para las tropas de EU: en el Istmo, en Sinaloa y en Matamoros-Guaymas. El tránsito por el istmo de Tehuantepec a los Estados Unidos fue por un pago de cuatro millones de dólares, ​ desde el puerto de Tehuantepec, en el sur, hasta Coatzacoalcos en el golfo de México, y con la responsabilidad de México de emplear fuerzas militares para la seguridad de las personas que transitasen (artículo V); el segundo paso franco cedido a perpetuidad, fue el derecho de tránsito a favor del vecino país del norte, desde la ciudad de Guaymas, y el tercero, sería desde cualquier punto entre Camargo y Matamoros, u otro punto conveniente de la frontera de Tamaulipas, vía Monterrey, hasta Mazatlán (artículo VII). Es verdad que México mantenía su soberanía sobre los tres pasos y soberanamente podía modificar el tratado. ​

Juárez huyó al Norte disfrazado de arriero. Pasó por Guanajuato, donde nueve gobernadores liberales le dan la Presidencia itinerante, como única forma de salvar el proyecto liberal. En Veracruz, entonces sitiado por España, redacta las Leyes de Reforma. Como la nave española no tenía bandera (para evitar problemas), Juárez invocó un tratado con EEUU contra la piratería y así pudo atacar la nave.

En 1961, con facultades extraordinarias, González Ortega, vencedor de la guerra de Reforma, exigió la presidencia; pero lo hizo un año antes de la fecha establecida, por lo que Juárez maniobró para desplazarlo.

La intervención francesa

Ante las dificultades que tenía el país para pagar la deuda a países extranjeros, en 1861 estas potencias concertaron una triple alianza (España, Francia e Inglaterra). Ya que Juárez se comprometió a pagarla, España e Inglaterra se retiraron; pero Francia se quedó para apoyar a los confederados en la Guerra de Secesión en EEUU, y por aspiraciones que tenía Napoleón III. Los conservadores vieron la presencia de franceses como una salvación y los ayudaron; mientras que los liberales los atacaron. Juárez seguía siendo formalmente el presidente; pero el poder lo tenía Juan Nepomuceno Almonte (hijo de Morelos) y el arzobispo, D Pelagio Labastida y Dávalos.

Los conservadores fueron a Miramar a invitar a un príncipe extranjero: Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena, archiduque de Austria y príncipe real de Hungría, quien hizo una entrada triunfal en la Ciudad de México, siendo coronado el 14 de abril de 1864. Habitó en el Castillo de Chapultepec y bautizó el Paseo de la Reforma (por el que se trasladaba hasta el Palacio Nacional) como “Paseo de la Emperatriz”.

El Emperador decepcionó a los conservadores que esperaban en él; pero resultó claramente liberal. Invitó a Juárez a unirse a su Gobierno, excluyendo a los conservadores; pero Juárez lo rehusó. Maximiliano rechazó un concordato del nuncio y propuso a cambio un Patronato más liberal. Nacionalizó los bienes de la Iglesia, legisló la libertad de cultos, etc. Los obispos pretendieron rechazar la legislación; pero Maximiliano les tachó de miopía. Pretendía que todas las corporaciones se sometieran al Estado. Planteó una interesante política indigenista, reconociendo a los verdaderos dueños de esta tierra. Lo que único que consiguió fue mejorar su suerte (condiciones laborales, salario, esclavitud por deudas, prohibición de la leva.

En cuanto a la Iglesia, en este tiempo se reestructuraron las diócesis u se crearon otras siete. La educación dejó de ser monopolio del clero. Algo a destacar fue el protagonismo de algunos laicos católicos en la prensa (La Cruz, el Tiempo).

Entre tanto, en 1864, Juárez estableció su Gobierno en Chihuahua, En Washington, su hijo murió de frío su hijo, pues su esposa, Margarita, no tenía recursos. Maximiliano quiso apresarlo en Chihuahua; pero Napoleón le había retirado su apoyo. Los franceses tomaron Chihuahua; pero Juárez ya había huido al Norte. Los franceses persiguen a Juárez; pero cruza la frontera. El nuevo Gobierno de EEUU apoyaba a Juárez, apoyado en la Doctrina Monroe. Maximiliano se quedó solo. La Iglesia lo apoyó económicamente. Pudo salir del país; pero prefirió quedarse. Fue aprehendido en Querétaro y fusilado el 19 de junio de 1867, en el Cerro de las Campanas, estando Juárez presente.

A la muerte de Maximiliano, los conservadores se habían dividido, por lo que Juárez, pudo reelegirse por primera vez, de 1968 a 1872 (Guerra de Reforma). Santa Anna regresó a Veracruz y se rebeló contra Juárez; pero Estados Unidos bombardeó su barco. El 15 de julio 1867, Juárez entra triunfante en la Capital. Margarita también regresó; pero murió en 1871.

Cuando Juárez terminó su período, Lerdo de Tejada ganó las elecciones (1872-1876). Incluyó las Leyes de Reforma en la Constitución y las aplicó estrictamente. Persiguió a religiosos que vivían en comunidad (por ser muy politiqueros), expulsó a los jesuitas y a otros religiosos. La Iglesia respondía con resistencia pacífica, humildad y paciencia. Los laicos adquieren protagonismo y la Iglesia los dejaba hacer. La consolidación del Estado mexicano ayudó a la Iglesia a reconocer los límites de su actividad en la vida política. Lerdo murió antes de terminar su período. Juárez buscaba ser reelegido, haciendo fraude contra Porfirio Díaz; pero este lo derrotó, con el grito: “¡No reelección!”. Finalmente, Benito Juárez falleció el 18 de julio de 1872.  


[1] En 1827, el P. Joaquín Arenas, fraile de una rama de los franciscanos descalzos que vivió la transición de la Independencia, conspiró en Cuba para restaurar a Fernando VII como rey de Nueva España. Al desembarcar lo aprehenden, lo enjuician y lo condenan a muerte. Guerrero expulsa a los peninsulares; pero éstos se llevaron la riqueza del Gobierno.