VIII. Dios en las urnas

  • La serie de conflictos para esta clase se agrupan propiamente en el sistema político, exponiendo la influencia que tuvo lo religioso en ellos. En Oaxaca, en 1989 se habrían de elegir las presidencias municipales de todos los 570 Ayuntamientos que tiene el Estado. Estas elecciones despertaron apasionadas expectativas, pues el año anterior se había tenido la elección presidencial, en la que se dio una fuerte exigencia democrática y se fortaleció la oposición, centralizada en el Frente Democrático Nacional (FDN). Las agrupaciones políticas agrupadas en este Frente estaban convencidas de que en aquellas elecciones presidenciales se había fraguado un fraude gigantesco. La inconformidad fue tal, que el Gobierno (quien organizaba las elecciones) tuvo que reconocer el triunfo de Acción Nacional en Chihuahua y escatimar el triunfo de la oposición en Michoacán, Durango, Chihuahua, Zacatecas y Campeche. Además, apenas se estaba conociendo la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LFOPPE, que después se convirtió en la LOPPE), publicada por López Portillo en diciembre de 1977. El punto de referencia para los conflictos que analizaremos en esta parte, tratarán de oponerse a los inveterados fraudes electorales del PRI, partido que siempre ha conservado el poder y considerado como invencible; aunque ya presentaba signos de debilitamiento.
  1. Etapa Preelectoral: El PRI se hallaba dividido, y en las localidades eligió como delegados a la Asamblea a gente alejada de la política, provocando inconformidad entre sus bases. Para elegir candidatos a presidentes municipales, empleó los siguientes procedimientos:
    1. “Respeto a sus usos y costumbres”: Fue el procedimiento más usado (al menos en 468 municipios). El grupo de “Principales” (Consejo de Ancianos), libremente, proponen un candidato, de acuerdo al escalafón en el Sistema de Cargos, y luego, como mera formalidad, inscriben la planilla en el PRI (que no se ve como “Partido”, sino como mera instancia del Gobierno).
    1. Las convenciones sectoriales: Son designaciones directas del presidente del comité distrital del PRI. Se empleó en 14 municipios de poca conflictividad. Los aspirantes buscan algún padrino de influencia en el Partido, para facilitar su postulación.
    1. La consulta directa a las bases: Una modalidad novedosa, empleada en 29 municipios, en los que había mayor conflictividad (Juchitán, Tehuantepec, Huajuapan, Tlacolula, Tututepec, Sola de Vega, Zimatlán). Serán éstos los que tomaremos como ejemplos en el curso. En ellos, la selección se evidenció como una farsa y provocó gran descontento entre los priístas mismos.
  • Etapa electoral: La oposición, contra lo acordado, no se presentó unificada, integrando un solo frente: el PAN hizo una petición formal, en conformidad con la Comisión Estatal, de no aceptar candidaturas comunes postuladas por varios Partidos. La Izquierda había convenido presentarse unida, tal como lo hiciera en la elección del 88; sin embargo, hubo desacuerdos entre el PRD, por una parte, y el PPS, PARM y el Frente Cardenista de Renovación Nacional (PFCRN) por la otra. El PAN, por su parte, también estaba dividido, entre simpatizantes de su vieja guardia (de González Morfín) y los neopanistas (Clouthier). La oposición, dividida, tuvo presencia en 277 municipios y el PRI, en los 570.
  • Etapa poselectoral: Hubo elevado número de abstencionismo (65%), a diferencia de las elecciones del 86 (47%). Pese a todas las irregularidades, el PRD fue la segunda fuerza electoral, con 14 municipios ganados. En el recuento final, tuvo que reconocérsele el triunfo al FDN en 156 municipios (algunos lo extendían a 200). El electorado estaba muy iracundo: hubo bloqueo de carreteras, 20 palacios municipales tomados y marchas de protesta a la capital del estado, que obligaron a cierta negociación.

LA IGLESIA JERÁRQUICA

  • A nivel nacional, la política eclesiástica respecto a las elecciones había empezado a cambiar. Persistía aún cierto antigobiernismo visceral, vestigio  de la persecución religiosa, del laicismo estatal y del temor macartista al comunismo. Por otra parte, apenas se estaba elaborando la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, publicada en 1994, la cual, de haberse tenido ya entonces, se habrían evitado algunos de estos conflictos.
  • La jerarquía mostraba simpatías, o por el PAN o por el Partido Demócrata Mexicano, ambos de tendencias conservadoras. Sin embargo, el llamado “modus vivendi” (comunicaciones clandestinas entre representantes del Gobierno y de la Iglesia) y la libertad de acción que de hecho gozaba, la habían ido disminuyendo sus prevenciones respecto al Partido Oficial (PRI).
  • No sucedía así con respecto a la Izquierda: los prejuicios que se extendían incluso hacia la izquierda cristiana, dejando bajo sospecha a la Teología de la Liberación. Esta teología había aminorado las prevenciones de muchos comunistas que no permitían a cristianos en sus Partidos, y algunos cristianos fueron aceptados dentro del Partido Socialista Unificado de México. Estos cristianos, para las elecciones del 82 habían publicado un tríptico de gran difusión “Cristianos, a votar por el PSUM”. La respuesta del Cardenal Corripio Ahumada no se hizo esperar: publicó una Carta Pastoral prohibiendo a los católicos votar por el PSUM, esgrimiendo argumentos del pasado, ya entonces fuera de lugar. Respondiendo al Cardenal primado, los ocho obispos de la Región Pastoral Pacífico Sur (incluyendo Oaxaca) escribieron su Carta Pastoral “Vivir cristianamente el compromiso político”, fechada el 19 de marzo de 82. El ella, alentaban a votar libremente por el Partido que a su juicio fuese el mejor, aconsejando sólo tomar en cuenta la “opción por los pobres”. La Carta tuvo impacto a nivel nacional. En ella, analizaban algunas injusticias de la región y alertaban contra las acusaciones de “comunistas” o “vendepatrias”, lanzadas a cristianos comprometidos con las causas populares. Los sacerdotes y obispos, “por ser ministros de la unidad”, no pueden –ni civil, ni canónicamente- participar en política partidista, para tener mayor libertad de evangelizar y evitar abusos de su autoridad moral; pero sí pueden hacer política en sentido amplio, haciendo conciencia desde el evangelio.
  • Para las elecciones del 88, las cosas habían ido cambiando. El Delegado Apostólico, Girolamo Priggione, insistía en modificar el estatuto jurídico de la Iglesia. Algunos sacerdotes inclinaban a su feligresía hacia el PAN. El Gobierno había enmendado el art. 343 de la Ley Federal Electoral, prohibiendo al clero -incluso bajo amenaza de grandes sanciones económicas, y hasta penales-, expresar en público o en privado sus preferencias políticas. En lo intraeclesial, las tesis de los Obispos de la Región Pastoral Pacífico Sur se habían convertido dentro del episcopado, en sentir general. Fuera del país, el Papa Juan Pablo II desautorizaba a ocho sacerdotes revolucionarios de Nicaragua a ocupar puestos políticos. La reforma al derecho canónico (can 287 parr. 2) iba también en la misma línea del Gobierno: impedir al clero inmiscuirse en algún Partido político, y esto quedó confirmado en la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano tenida en Puebla en 1979. Se fue formando una normatividad eclesial al respecto: la Iglesia se reservaba su derecho de orientar a su feligresía sobre política (tomada en sentido amplio), pues era parte de la evangelización; los cristianos laicos podían comprometerse políticamente con cualquier Partido (excepto los partidos extremistas). Los ministros de culto no podrían vetar a ningún Partido político concreto; aunque, como ciudadanos, ya podrían dar su voto por el Partido de sus  preferencias (antes lo tenían prohibido). Con esta normativa, no extrañó la exhortación apostólica de Don Bartolomé Carrasco, escrita en 1989. Este documento partía de las elecciones de 1988, en la que reconocía grande avance en la conciencia cívica; pero lamentaba las irregularidades y fraudes que aún se cometieron; insistía en el deber cívico de votar y condenaba el fraude electoral. También reconocía la importancia que tienen las autoridades municipales en el medio indígena y exhortaba a los triunfadores a “servir a la comunidad y no a servirse de ella”; apoyaba el derecho que tienen las comunidades indígenas de elegir a las autoridades de acuerdo a sus costumbres; pero se opone a algunas prácticas viciadas. No manifestaba preferencia por algún Partido, con tal de que se respetase debidamente la dignidad del ser humano, y exhortaba a las comunidades a no dividirse a causa de los partidos. Apoyando esta exhortación, cada sacerdote la aplicó a su realidad. Sin embargo, los sacerdotes, en cuanto ciudadanos, no pueden dejar de tener en su fuero interno sus propias preferencias políticas. Los conflictos que en seguida reseñaremos muestran lo difícil que es mantener una supuesta neutralidad en una situación civil y religiosamente delicada.

MUNICIPIOS EN CONFLICTO

Juchitán: una efímera primavera

  • Juchitán es conocido por su actitud combativa y rebelde. Durante el tiempo colonial gestó, por lo menos, dos rebeliones hacia una restauración de tipo milenarista, y en el siglo XIX fueron frecuentes las confrontaciones entre los istmeños y el gobierno estatal. La formación de una élite local tuvo dos efectos: por un lado, hizo innecesarios los controles federales, cuyos aparatos no estuvieron presentes en la región. Por otro lado, esta élite reforzó los valores culturales regionales, tales como el uso de la lengua zapoteca y sus conocidas fiestas. Este orgullo étnico había fungido como resistencia a proyectos desarrollistas modernizadores, tales como la construcción de la presa Benito Juárez, la carretera Panamericana y la Transístmica, así como la formación de la macrounidad petrolera, con el consiguiente marginalismo de Salina Cruz.
  • Estas obras provocaron efectos sociales negativos: despojo de tierras a campesinos, paso del régimen comunal de la tierra al régimen privado, gran flujo migratorio hacia Salina Cruz, crecimiento urbano y carencia de servicios públicos. Había, pues, un clima de descontento, lo cual pudo ser canalizado por un grupo de profesionistas que habían participado en el movimiento estudiantil del 68, y se constituyeron como oposición, que desde entonces participó en planilla independiente, como la Coalición Obrero, Campesina, Estudiantil del Istmo (COCEI), que fue ganando aceptación.
  • En 1971 fue nombrado obispo de la diócesis de Tehuantepec Don Arturo Lona Reyes, de religiosidad liberacionista y de carácter espontáneo e informal. (foto) Notando que el pueblo se encontraba lejos de la Iglesia, empezó a realizar ciertas transformaciones. La élite dominante, que hasta entonces gozaba de la atención privilegiada de la Iglesia, sintió perder espacios en favor de los nuevos sujetos: los indígenas. Convencido que el mayor obstáculo para la evangelización de la zona era la injusticia social, el obispo vio como prioritario, la formación de la conciencia social y la renovación de las estructuras eclesiales. El medio preferido eran las Comunidades Eclesiales de Base, así como la capacitación de agentes laicos de pastoral con sensibilidad para estos problemas. Poco a poco fueron surgiendo organizaciones autónomas de campesinos, como la Unión de Campesinos Indígenas de la Región del Istmo (UCIRI), para mejorar el precio del café (exportando a Holanda, por medio de un religioso de aquel país).
  • Debido a las claras coincidencias entre la COCEI y la pastoral diocesana, no extrañan las coincidencias, contactos y colaboraciones, y ambas organizaciones llevaban procesos paralelos, en aquel ambiente de polarización creciente: la COCEI, fomentando la identidad y el orgullo étnico, y los cristianos, organizando comunidades y cooperativas de resistencia económica. Los cristianos descubrieron su potencial político, y para evitar el “partido católico”, lo canalizaron a través de la COCEI como mediación para concretizar su fe.
  • Las elecciones de 1980 fueron decisivas, pues la COCEI, aliada con el PSUM obtuvo el 41% de los votos, si bien el triunfo se adjudicó al PRI, supuestamente con el 44%. La COCEI, en protesta, tomó el palacio municipal, con el apoyo de intelectuales y de la izquierda nacional. El PRI se encontraba dividido, pues se acababa de elegir gobernador, y este tenía que fortalecerse entre los grupos de presión que exigían puestos en el Gobierno. Todo esto favoreció a que se anulasen las elecciones, lo que despertó gran euforia entre los coceistas  y unificó al pueblo en torno suyo. No fue extraño que en las siguientes elecciones se reconociera el triunfo del ayuntamiento popular. La COCEI en el gobierno, tuvo que enfrentar muchas presiones (como la restricción del presupuesto); pero también, como gobierno estatal, el PSUM tuvo fracasos en la economía. Los priístas locales se inconformaron con sus autoridades por haber reconocido a la COCEI, y se agruparon en el Comité de Lucha por la Defensa del Pueblo Juchiteco, en frente del cual estaba el radical Teodoro “El Rojo” Altamirano, con quien el PRI mantenía cierta distancia, debido a su pésima fama.
  • Buscando un chivo expiatorio, “El Rojo” Altamirano se ensañó contra el obispo Lona Reyes. Tuvo a su disposición la prensa y la radio locales, en una verdadera campaña de difamación, acusándolo de ser “líder coceísta”, “guerrillero” y hasta “narcotraficante”. El 14 de septiembre de 1983, al frente de 40 priístas y sectores religiosos ultraconservadores, se introdujo en la casa episcopal y dentro, disparó varias veces su arma. Estos ataques fueron secundados por otros enemigos de la COCEI: un grupo d maestros serranos también intento intimidarlo, y se habla de que sufrió un atentado. La represión se extendió a otros agentes de pastoral. El detonante fue la expulsión  de los jesuitas de la parroquia de Ixhuatán, por parte de los caciques, acusándolos de intervenir en política. Incluso sectores del mismo clero se sumaban a la inconformidad, quejándose de que la nueva pastoral “no respetaba las costumbres antiguas” (la línea eclesial entonces oficial iba contra la mercantilización de la religiosidad popular, con la que medraban). El Delegado Apostólico Girolamo Priggione realizó a la diócesis una visita apostólica, de las que suelen hacerse en casos de sospechas de graves irregularidades.
  • Por otra parte, las hostilidades contra la COCEI arreciaban: se anunció que se haría una auditoría como condicionante al envío del presupuesto, y una provocación (en la que murió un priísta) fueron pretextos para el desconocimiento del Ayuntamiento coceísta en diciembre de 1983, sin darle tiempo al presidente municipal para defenderse. También este conflicto fue aprendizaje para el PRI. Apena se nombró el Ayuntamiento interino llegó el presupuesto y dicho partido intensifico su labor propagandística dispuesto a no volver a perder ninguna otra  elección.
  • En 1988 los ataques contra el obispo Lona Reyes se intensificaron y se difundieron hasta por una radiodifusora de los Ángeles. En protesta, el clero suspendió la Semana Santa… Pero de pronto, extrañamente, cesaron estos ataques!!! el Rojo Altamirano había sido expulsado del PRI –partido que desde hacía tiempo quería desembarazarse de un personaje tan conflictivo-, y el cacique se pasó al PARM. Curiosamente, el PARM pertenecía al Frente Democrático Nacional, que apoyaba a Cuauhtémoc Cárdenas, por lo que la COCEI votó junto al cacique, su encarnizado enemigo. En 1989, nuevamente, el PRD se alió a la COCEI para proponer a Héctor Suárez, líder fundador de la Coalición. Entretanto, el PRI se dividió en luchas internas. El día de las elecciones hubo algunos zafarranchos en Juchitán, y en Xadani, los soldados se apoderaron de dos urnas y de la documentación electoral. Al término de la jornada electoral, los coceístas, espontáneamente, se concentraron en el atrio parroquial, echando porras a San Vicente Ferrer (santo patrono de aquel pueblo), por haberles ayudado en la victoria. Según la información que se tenía, la COCEI triunfó por 1,653 votos; sin embargo, el Comité Municipal Electoral acordó la anulación de las elecciones “por haber notado irregularidades en 11 de las 22 casillas”. La indignación sobrepasaba los límites, por lo que la Comisión Estatal Electoral misma reconoció la victoria de la Coalición.

Huajuapan: un bastión conservador

  • Huajuapan se encuentra en el polo opuesto del espectro político. Se le considera como bastión panista; ha sido visitado por todos los candidatos de ese Partido a la Presidencia de la República. Eclesiásticamente, se trata como una diócesis bien integrada, sede de la ciudad levítica del Estado, con un centenar de sacerdotes que atienden 65 parroquias, y todas las localidades, aún las más pequeñas, tienen su templo, es heredera de una tradición cristera. Todos los vecinos son católicos practicantes. Con un cristianismo combativo, y la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) es poderosa. Ese espíritu es compartido por la clase política misma: todos los militantes, del PRI o del PAN, son católicos practicantes, afiliados al Movimiento Familiar Cristiano. Hay priístas que son ministros extraordinarios de la Eucaristía, con escándalo para los opositores, que los tachan de complicidad con los fraudes electorales. Los priístas, por su parte, divulgan que el cuñado del candidato panista es rector del seminario.
  • El PAN afirma que su ideario está tomado de las encíclicas papales y se presenta como heredero del Partido Católico Nacional. En 1962 un movimiento integrado por antiguos cristeros se había rebelado contra el Gobierno, y como reacción, fue objeto de una represión tan violenta, que el Partido tardó veinte años en recuperarse.
  • En 1980, el PRI impuso un candidato poco popular, que ni siquiera era de la localidad, lo que provocó que para 1983, la ciudadanía se inclinara mayoritariamente por el PAN. En 1986 el PRI fue considerado vencedor (por los votos de las cuadrillas y agencias). Sin embargo, la corrupción de ese Partido salió a la luz con motivo del terremoto, pues se descubrió a funcionarios quedándose con las despensas y las ayudas. En 1989, el PRI se presentó dividido. La dirigencia había anunciado que se consultaría a las bases; pero terminó imponiendo un candidato poco popular, de modo que muchos priístas se abstuvieron de votar. El triunfo de los panistas parecía inobjetable; aunque no había voluntad política para reconocerlo.
  • Las simpatías del clero por el PAN no dejaron de traslucirse. Es cierto que la mayoría (salvo algunos curas exaltados, descaradamente panistas) se conformó con  exponer algunas tesis sobre “política general”, no partidista; pero que, curiosamente, coincidían con el discurso panista (el “bien común”, “la probidad moral”, “la dignidad de la persona humana”, “la obligación de ir a votar y no ser apáticos”, el imperativo de “no dejarse sobornar”, etc.). El obispado organizó una conferencia en un salón de sesiones de una asociación religiosa, a la que invitó a los cuatro candidatos para que expusieran sus planteamientos, a la que sólo asistieron el del PAN y el del PRD.
  • En la jornada electoral, cuando las tendencias confirmaban el triunfo del PAN, llegaron rumores de fraude: horas antes habían llegado 40,000 boletas adicionales a Huajuapan y a Solacayoapan. Un grupo de priístas y funcionarios de Banrural se robaron las urnas de la casilla de Magdalena, Tetlaltepec , lo que inclinó la balanza en favor del PRI. El Comité Municipal Electoral se apresuró a dar el triunfo al PRI, lo que enfureció a los electores. Al día siguiente, el candidato del PAN, el Dr. Luis Guevara Camacho, comenzó un ayuno de inconformidad, que habría de durar 19 días. Uno de los primeros que visitaron al candidato en su ayuno, fue el obispo, D José de Jesús Aguilera Rodríguez, quien sirvió de catalizador del descontento. Se abrió una lista de firmas de apoyo (con domicilio incluido), que a los pocos días llegaban a 6,000. El apoyo fue de todos los sectores, incluyendo militantes del PRD y del PPS, y siempre hubo curas acompañándolo.

San Pablo Huixtepec: la sacristía priísta

  • Perteneciente al politizado distrito de Zimatlán, en los Valles Centrales, San Pablo Huiztepec se había caracterizado por su apasionamiento político. Nueve años atrás, el pueblo elegía a sus autoridades de acuerdo con sus “usos y costumbres” (se elegían a personas que garantizaban buena gestión en una elección informal, y luego la registraban como planilla del PRI, como mero trámite); pero en una elección anterior, sorpresivamente, otro grupo con influencia en la capital del Estado, ya se les había adelantado. El pueblo disgustado, votó por el PAN. Este partido, sin embargo, no supo retener el poder, de modo que al período siguiente, el poder regresó al PRI,  el cual designó a un cuñado del gobernador, bastante inepto. Por tal razón, en 1986 el gobierno nuevamente recayó en el PAN, de modo que ambos partidos se estuvieron alternando en el poder.
  •    El PAN se había introducido en el pueblo por medio de un sacerdote dinámico, el P. Arguedo, fundador de cajas populares y de círculos bíblicos. Por esta razón, el PAN se consideraba como el partido de la Iglesia y a él pertenecía la mayor parte de los agentes de pastoral, tanto la tradicional Acción Católica, como los nuevos cuadros formados en la religiosidad liberacionista de la arquidiócesis, como los grupos juveniles “Amor, Paz y Esperanza” y “Monseñor Romero”, hijos de antiguos panistas y que estudiaban e la ciudad de Oaxaca, y que ahora estaban más politizados que sus padres. También pertenecían a ese partido maestros democráticos y un grupo feminista. En realidad, más que por afinidad panista, estaban allí para oponerse al PRI, pues los pueblos de la región no les importan tanto los idearios partidistas, son que más bien utilizan el membrete que les presta algún Partido.
  •   El párroco era oriundo del pueblo, hijo de un connotado expresidente del PRI, y no ocultaba sus preferencias por este partido. Como hacían astutamente los curas de los casos precedentes, cuidaba su discurso, sin salirse de la normatividad oficial, es decir, se basaba en la exhortación pastoral del arzobispo, quedándose en el nivel de “política general, no partidista”; sin embargo, los temas que seleccionaba de aquella eran distintos a los de otros casos: afirmaba que la Iglesia no tiene partido y no apoya a ninguno, y que no era cierto que el PAN fuera tan cristiano como pregonaba. Alegaba que la Iglesia estaba abierta a todos y que, por tanto, los priístas también tenían derecho a participar en la comunidad eclesial. Pasando a los hechos –con no  poco escándalo de sus antiguos colaboradores- en su organización parroquial, el P Arguedo abrió espacios para nuevos cuadros de filiación priísta: nombró como coordinadora de pastoral a una mujer, nominada como regidora de educación en la planilla del PRI. Ahora el PRI presentó como candidato a un católico que pertenecía a los Cursillos de Cristiandad, en los mítines de campaña, citaba frases bíblicas y se podía ver al cura en cualquiera de sus eventos. Curiosamente, el presidente del PRI era pastor protestante, en su prédica hablaba de la contradicción entre fe y política; pero decidió aceptar el cargo que le facilitaba su labor proselitista. Esta vez, el PRI obtuvo el triunfo, pero el cura fue objeto de resentimiento de sus colaboradores, quienes se sintieron desplazados y no le perdonaron su conducta, ventilando en volantes su mala administración económica y aspectos de su vida privada, por lo que ante presiones, tuvo que ser removido de su cargo.

ESTRUCTURA DEL CONFLICTO

Tratemos ahora de comprender los conflictos de este último apartado en los que se imbrican el sistema político y el religioso.

  1. Desde lo sincrónico.[1]
  2. En el “nudo axial” (el “acme” o punto más alto de la parábola), dentro de las etapas del conflicto (“Parábola”), no fue donde se dieron las mayores tensiones: De las tres etapas –preelectoral, electoral y postelectoral- el momento de las elecciones (el punto culmen) se llevó a cabo en un clima relativamente tranquilo (salvo algún robo de urnas); las tensiones afloraron en el momento de “crisis”, es decir, una etapa donde se evidencian las inconformidades y se rompen los pactos. Las etapas preelectoral (donde se construyeron los discursos) y postelectoral a las elecciones (fuertes protestas ante los fraudes), fueron muy importantes; pero no resultaron tan confrontativas.
  3. La “acción reparadora”, en aras de encontrar una salida, en algunos casos fue rectificar el recuento de boletas o declarar la nulidad de la elección.
  4. La “reintregración” era necesaria, pues el pueblo requería recomponer su unidad colectiva para volver a la normalidad. Hacía falta una suerte de negociación, reintegrando, de alguna forma, a la parte perdedora u optando por la solución coercitiva, que acumularía y aplazaría tensiones para más tarde (lo cual se traducirá en pérdida de hegemonía del declarado vencedor de la contienda). En esta etapa, la legitimación religiosa importa menos, pues en los conflictos políticos, el antagonismo “amigo/enemigo” es tan evidente y radical, que cualquier otra oposición de naturaleza no-política –religioso, económico o cultural-, pasa necesariamente a segundo plano (Birnbaum 1992: 257).
  • Desde lo “Diacrónico”, dos partidos políticos opuestos por contradictoriedad, se disputan como objetivo la victoria electoral, y en este caso, cada partido tiene como aliado a algunos sacerdotes, que entre sí guardan una oposición de simple contrariedad.[2]
  • En los niveles de cambio social, de las cuatro posibilidades expuestas en el esquema de Melucci, los conflictos de esta clase se encuentran en las dos posibilidades superiores (es decir, sí fueron “conflictos”) y se centran en el segundo círculo concéntrico (el “sistema político”), tendiente a romper los “límites de compatibilidad” (movimientos políticos). Se trata, pues, de “movimientos sociales”; pero a la vez, puede haber repercusiones en el círculo interior, el de la institución eclesiástica: las divergencias entre sacerdotes, los cuales no pretenden de ninguna forma “romper los límites de tolerancia institucional”, por lo que se trata de oposición de contrariedad. El caso de Tehuantepec, donde se dio un rompimiento entre la institución política y la religiosa, el nivel sería el de “modo de producción”, entre el statu quo capitalista y alguna forma de socialismo, lo que produjo un “movimiento antagonista”.[3]
  1. En cuanto al número de actores, todos estos conflictos son diádicos y no aparece un tercer actor, pues la Comisión Electoral Municipal, o la Comisión Electoral Estatal, fungieron como juez y parte.
  2. La estrategia empleada en todos los conflictos reseñados, trató de obtener el poder de legitimación del sistema religioso: los Partidos políticos, tratando de negociar o presionar al clero; pero los sacerdotes -dado el corset de la legalidad civil y religiosa-, tuvieron que utilizar la astucia para aprovechar la autoridad clerical sin desobedecer dicha normativa, mediante la “reinterpretación”.

CONTEXTO SOCIOCULTURAL: LA “MODERNIZACIÓN” DE LA POLÍTICA

              El “respeto a las formas tradicionales de elección”

  • Una de las pautas culturales con la que los indígenas mantienen su identidad étnica es su forma de elegir a sus autoridades: el “sistema de cargos”, síntesis de reminiscencias coloniales y antiguas formas autóctonas, o bien, el “Consejo de Ancianos”. Centrados en su localismo y con poca conciencia nacional, en el tiempo reseñado habían estado aún al margen de la democracia parlamentaria partidista que rige al resto del país. Según este sistema, todos los varones deben prestar a la comunidad ciertos servicios anuales no remunerados, para hacerse acreedores a aspirar a los beneficios comunitarios (tierras comunales) y a los cargos más altos (presidente municipal, síndico, regidor)- Cargo por cargo, van ascendiendo el escalafón, hasta llegar al “Consejo de Ancianos”, quien designa a los puestos superiores. Al no ser remunerados, estos cargos resultaban poco atractivos (se perdían sus trabajos agrícolas), sobre todo cuando se elevó la presidencia municipal de uno a tres años, por lo que a veces se les designaban bajo coacción. Al Gobierno central (durante el “priato”) no le preocupaba este esquema, ya que el pueblo registraba los elegidos como planilla del PRI, como un trámite meramente formal, pues el PRI no era visto como Partido, sino como un apéndice del Gobierno (incluso la Asamblea elige rotativamente al representante del Partido), y de esta forma medraba con este Sistema. Los pobladores no confían en los partidos de oposición, sobre los que piensan que “dividen al pueblo”, y si vencieran, el pueblo tendría problemas con el presupuesto.
  • Con los años, este sistema se fue degradando: algunos vecinos que fueron a la Ciudad de Oaxaca a estudiar o trabajar, se hicieron sus contactos y logran algún “padrino” en el Partido, para que desde lo estatal los apoye, a cambio de apoyos, saltándose así a los Principales. Esto reforzó a grupos caciquiles con influencia en el exterior, que se van rotando el poder. Lo que como expropiación al pueblo.
  • Pero también la cultura política del medio indígena se ha ido transformando y aumentando su nivel de conciencia. Poco a poco se han ido formando organizaciones opositoras locales como alternativas al poder de los caciques. Al principio, la planilla opositora prefiere ser reconocida por el PRI. Si lo logra, será una auténtica victoria popular; aunque esto no sea visible por los analistas políticos. Si no logran el reconocimiento del Partido Oficial, recurrirán a cualquier oposición para que les preste incondicionalmente su registro, sin atender a su orientación ideológica.
  • Esta nueva realidad ha obligado al partido oficial a implementar otras formas para elegir a sus candidatos, tales como las “convenciones sectoriales”, en las grandes ciudades en donde los conflictos son escasos, las cuales no son sino designaciones directas del comité electoral del PRI. La otra forma son las “consulta directa a las bases”, empleada en los municipios más conflictivos, que también resultó una farsa.

HISTORIA DE LA LEGITIMACIÓN RELIGIOSA

  • La legitimidad que lo religioso da a lo político no es novedad: la autoridad monárquica estaba sacralizada y se creía que el rey podía curar ciertas enfermedades (Goff, 1986; 52-64). Kantarowitz (1985) estudia las ideas teológicas que sustentaban ese poder sobrehumano de los monarcas, atribuyéndoles un doble cuerpo: en cuanto humanos, eran falibles y limitados, pero en cuanto reyes, no podían fallar. Durante el Estado confesional (alianza “Trono-Altar”), el Papa coronaba al emperador –y el arzobispo, al rey-, y si no se sometía al “corpus dogmátgico” eclesiástico, el Papa lo podía excomulgar, liberando al pueblo de su deber de obedecer a la autoridad (recordemos a Enrique IV. Rey de Francia, que se había convertido al galicanismo, y ante la amenaza del Papa, se le oyó musitar: “Paris bien vale una misa”). Este modelo persistió hasta que Napoleón, en su coronación, le arrebató al Papa la corona y el mismo se coronó, en nombre del pueblo. Aún durante el Estado liberal, cuando supuestamente la Iglesia se mantenía al margen del poder temporal, mantuvo, camuflado, cierta cuota de poder.
  • En México, según el Patronato Real, a la Iglesia se le encomendaron muchas tareas que propiamente no le correspondían (control demográfico, educación, salud, asistencia social… y hasta poder represivo, con la Inquisición). Después de la Independencia, las fuerzas más identificadas con el viejo régimen (en Consulado de Comerciantes de Veracruz, el ejército pretoriano, los peninsulares, etc.), se fueron aglutinando en torno a la institución más estable, la Iglesia católica, y formaron el Partido Conservador. La Iglesia conservó gran poder económico, sobretodo en tierras “de manos muertas” (no dedicadas a la industria agropecuaria, sino en renta), que según estudios, podían ir, desde 1/3 (Jan Bazan), hasta ¾ (Mariano Otero) de la tierra total del país, lo que motivó la Guerra de Reforma y la expropiación de dichas tierras.
  • En nuestros días, la Iglesia ha perdido ya su poder económico y va perdiendo su poder político, sin embargo, no hay que olvidar aquella modalidad de poder, estudiada por Bachrach y Baratz, en la que bajo la modalidad de neutralidad y no-decisión, frustra demandas de cambio antes de ser formuladas, lo que equivale a apoyo al Sistema (Lukes, 1985: 14-15). No sólo los conflictos sociopolíticos tienen repercusiones en el campo religioso, sino que las contradicciones al interior de dicho campo religioso tienen repercusiones en el campo político.

CLARIFICACIONES PARA LOS CONFLICTOS ESTUDIADOS

  1. Es en condiciones de convulsión política –cuando hay  la mayor incandescencia en el ambiente-, cuando en las sociedades tradicionales irrumpe la dimensión religiosa, para la movilización social. Pero también es cierto lo contrario, “todo antagonismo religioso (como también moral, étnico, económico, etc.) se transforma en antagonismo político, cuando es suficientemente fuerte para provocar un reagrupamiento bipolar de “amigos / enemigos” (Schmidt, 1963: 67).
  2. Recordemos las elecciones de 1986 en Tututepec: el PRI, recurriendo a la supuesta “consulta a las bases”, postuló una candidata impopular. La mayoría indígena había registrado en el PSUM una planilla independiente, y aunque el triunfo se lo adjudicó el PRI, obligó a su candidata a renunciar, y como “acción reparadora” para la “reintegración” del pueblo, se instaló un ayuntamiento compartido. Los indígenas recurrieron a sus símbolos religiosos -la imagen de “Tata Chu” y las “imágenes de paja”- y se reservaron las mayordomías. Como entonces el grupo mestizo priísta se quedó sin legitimación religiosa, apoyaron la supuesta aparición de la vidente y su imagen de yeso, para recuperar algo de tal tipo de legitimación.
  3. En aquellas sociedades sacralizadas y relativamente homogéneas (el medio indígena oaxaqueño), la religión proporciona el “universo simbólico” compartido por todos, de modo que esa cosmovisión común es la que posibilita el acceso a la realidad (Berger y Luckmann, 1968: 120-135). Pero si la sociedad es disimétrica, dicho universo simbólico compartido aporta un sistema de justificaciones del existir precisamente ocupando una posición social determinada. Entonces los intereses religiosos se acomodan a intereses temporales de los destinatarios privilegiados de determinada “religiosidad”: para las clases privilegiadas, legitimación del orden establecido, y para los desfavorecidos, demandas de compensación (Bordieu, 1971b: 10). El “universo simbólico” señala, pues, inclusiones, y marca los límites de lo posible y lo imposible; de lo pensable y lo impensable; de lo prohibido y lo permitido. Aunque, por otra parte, en situaciones límite, los movimientos sociales no pueden expresarse si de alguna manera no se usan categorías teológicas.
  4. En casos, como en Oaxaca, el PRI elegía a su candidato “en respeto a los usos y costumbres” del pueblo (el Consejo de Ancianos lo elige en asamblea y luego, como mero trámite, registran la planilla en el PRI), y el asignado ganaba sin conflictos. Aparentemente la religión estaba ausente en el proceso: pero sabemos que la principal función sociológica de la religión es la legitimación de las estructuras sociales imperantes, las cuales se sostienen gracias al encubrimiento realizado por los símbolos sagrados. De este modo, dichas estructuras se ven como queridas por los dioses; como formando parte de la naturaleza misma de las cosas, y por tanto, como revestida de un aura de incuestionabilidad del sentido común. La religión, de esta forma, cumple la función política de absolutizar lo relativo y legitimar lo arbitrario. Por eso, en situaciones de tranquilidad social se fortalece la religiosidad tradicional, que no requiere de explicitación y toca temas inocuos, ajenos a las concreciones de la realidad social. Es en esta forma aparente de no injerencia donde radica la mayor fuerza de lo religioso: el poder mejor constituido es el que no es cuestionado y que se acepta como lo “ya dado”. La religión reproduce en forma transfigurada, irreconocible, la estructura de las relaciones sociales en vigor en aquella sociedad. Reconoce así en límites de derecho (santificante) las barreras económico-políticas. Al presentar míticamente espacios jerarquizados y privilegiados, legitima lógicamente, la existencia de un orden jerarquizado donde existen privilegios. (Bourdieu: 1971ª: 310).
  5. Pero como se vio en el Istmo de Tehuantepec, no será extraño que, en un medio tan religioso como el indígena oaxaqueño, la subversión del sistema político imperante se dé juntamente con alguna transformación en el orden simbólico. Las fronteras tan perfectamente “naturales” como las de orden político –consolidado con la fuerza que tenía entonces el PRI-, sólo pueden ser transgredidas o abolidas  con una revolución simbólica, correlativa a una transformación política. Lo religioso contribuye a la producción de una nueva identidad opositora –la reapropiación del sentido-. Al descubrir la propia capacidad de producir su acción como ciudadanos: la posibilidad de elegir a sus propias autoridades, negada con formas de control que se habían hecho pasar como algo natural e inevitable. De este modo pareciera que la lucha política, en estas situaciones, no puede darse sin asumir las formas de una guerra de religión. Las categorías teológicas serán las más apropiadas para conducir la lucha, tras la apariencia de un conflicto religioso (negar la aparición de una Virgen en Tututepec, como modo de oposición al PRI).
  • Las diversas actitudes de todos los párrocos, durante las elecciones de 1989, se inspiraron, todas ellas, en el mismo discurso: la exhortación apostólica de D Bartolomé Carrasco para las elecciones oaxaqueñas de 1989 -glosa del  documento de la CELAM III y del Código de Derecho de la Iglesia (can 287)-. Las limitaciones jurídicas, tanto civiles como eclesiásticas, que penalizan fuertemente a los sacerdotes que las quebranten, tanto más vigiladas en estas elecciones con ambiente tan calentado, obligó a los sacerdotes a mantenerse en lo que se les concede como pertinente: “la política en general, no partidista”. Todos los curas así lo hicieron; pero es imposible que los sacerdotes, siendo hombres mejor informados que muchos de sus feligreses, no tengan sus preferencias políticas propias. La diferencia entre los tres casos presentados (COCEI, PAN, PRI), fue cuestión de énfasis, fijándose más en algunas frases del documento que en otras. Así, hablaron, p.ej., en la “opción por los pobres”, la “doctrina social cristiana” o que “la Iglesia no tiene un partido propio”.
  • A este propósito, viene bien citar a J.B. Thompson (1991: 146-154), a propósito de la contextualización social de las formas simbólicas. El autor observa que estas formas son intercambiadas por individuos localizados en contextos sociohistóricos específicos. Si las características del contexto social condicionan la forma de producción de las formas simbólicas, hacen otro tanto los condicionamientos en que dicha forma es recibida y entendida. Dichos contextos variarán, sea por el marco espacio temporal específico del destinador y el de los destinatarios, sea por la posición estructural (sincrónica) o de la trayectoria (diacrónica) al interior del campo  de interacción de los individuos (en el sentido de Bourdieu), sea por la modalidad propia de la institución social de referencia (en este caso, la Iglesia Católica). El arzobispo, por ejemplo, conoce la situación social del Estado y se haya condicionado por su posición jerárquica.  Pero en determinada parroquia, las fuerzas opositoras se estructuran de forma diferente de lo contemplado y presionan al sacerdote de diversas maneras. Al recibir e intercambiar las formas simbólicas, los individuos se involucran en procesos de constitución y reconstitución de significados, que reproducen el campo de luchas sociales.
  • Contra las teorías funcionalistas, para las cuales la religión cumple siempre funciones integrativas o de cohesión social, y contra el marxismo, para el que la religión se reduce a ser mero reflejo de las contradicciones infraestructurales, fungiendo como “opio del pueblo”, los ejemplos narrados muestran cómo la religión puede cumplir funciones diversas. Si bien en muchos casos refuerza el sistema imperante ocultando la dominación, en otros casos ha sido medio de toma de conciencia para movimientos subversivos al orden vigente. Hay que advertir, empero, que mientras que el mantenimiento del orden simbólico contribuye directamente al mantenimiento del orden político, la subversión del orden simbólico no puede darse si no está acompañado de una subversión política de dicho orden.

        A veces, cuando la conflictividad social aflora, los grupos dominantes procuran apropiarse –al menos indirectamente- del aparato religioso, y entonces tratan de que las Iglesias produzcan discursos explícitos que deslegitimen a los oponentes. Una forma es presentar a los oponentes como herejes, y su transgresión, como una rebeldía contra el orden querido por los dioses. En todo caso, procurarán evitar que los opositores produzcan discursos religiosos que los legitimen, arguyendo que los agentes religiosos vinculados a ellos se salieron de sus funciones y del terreno que les corresponde –de apoyo al sistema-, para invadir el campo político que no les corresponde. De ahí las acusaciones de “guerrillero” que el “Rojo” Altamirano indilgó al obispo Lona Reyes, o la prédica del cura priísta que niega que el PAN sea partido de la Iglesia. Siendo lo religioso espacio privilegiado de lo simbólico, se nota gran interés en utilizar el discurso no-verbal de los símbolos (el cáliz, la flor, la campana, las bendiciones de obras públicas, etc.).

  • Si la Iglesia contribuye a la conservación del orden público, esto no quiere decir que no haya tensione entre ambas instituciones. Nuestra historia patria es un claro ejemplo de esto: la relación entre Iglesia y Estado  -o más bien entre Jerarquía y Gobierno- ha pasado por situaciones muy conflictivas: desde el momento mismo de la consumación de la Independencia, cuando el país independiente de la Corona española quedó sin gobernanza. Entonces, los sectores más identificados con el viejo régimen (el consulado de comerciantes de Veracruz, el ejército pretoriano, la aristocracia criolla, etc.) se fueron plegando en torno a la institución más sólida y estable: la Iglesia Católica, formando el frente conservador clerical-terrateniente. Frente a dicho bloque, el débil sector liberal se propuso degradar aquel bloque, como una tarea para implementar el Estado liberal laico, y logró dividirlo y debilitarlo. La Iglesia sufrió los embates del Estado liberal, en el momento en que pudo identificar cuál era su contradicción principal: las tierras “de manos muertas”, monopolizadas por la Iglesia. Al disminuir su poder económico y político –e incluso, su acción propiamente religiosa-, esta tendencia se incrementó en los tiempos prerrevolucionarios, el Porfiriato, cuando tuvo cierta recuperación. La facción anarquista del grupo de Sonora persiguió no solamente a la Iglesia, sino a la religión misma (la persecución religiosa). La Iglesia, empero, seguía conservando su ascendiente entre el pueblo (movimiento cristero), por lo que la clase gobernante vio que era preferible evitar confrontaciones ideológicas estériles, prefiriendo pequeñas negociaciones clandestinas (el llamado “modus vivendi”, según el cual, sendos representante del Gobierno y de la Iglesia se reunían en algún lugar muy discreto (v.gr., un restaurante campestre de La Marquesa). En cambio, cuando el Estado mexicano se consolidó, la legitimación de la Iglesia declinó, pues su legitimación ya no fue necesaria.

     Sin embargo, la autoridad del Partido hegemónico PRI comenzó a menguar, cuando ya no pudo satisfacer las demandas consumistas de las clases medias, teniendo su momento álgido con el movimiento estudiantil del 68. Al mismo tiempo, la creciente aceptación dela Teología de la Liberación devolvió la confianza en la Iglesia de los sectores progresistas. El Gobierno vio que tenía que modificarse la Constitución en sus artículos anticlericales, pues ya eran imposibles de aplicar y devaluaban la obligatoriedad de todos los demás artículos, de donde la propuesta del presidente Carlos Salinas de estudiar una regulación moderna de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, en la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público (LARCP) del 15 de julio de 1994.

      En Oaxaca, la religiosidad liberacionista de los obispos Bartolomé Carrasco, Arturo Lona y las prelaturas, mazateca (josefinos) y mixe (salesianos) brindaron ocasión para que lo religioso siguiese siendo un elemento catártico para que se expresara el descontento público. Esta teología hace que los indígenas sean más concientes de su dignidad como personas, de la posibilidad de transformación que tiene el orden existente y de la aspiración de otro orden basado en la justicia y el amor, alentando la obligación del compromiso político.

  • La influencia de lo religioso en la política
  • En la etapa final del arzobispado de Carrasco (tiempo  fijado en nuestro estudio), la ficción de los artículos anticlericales no podía sostenerse más, y como acabo de mencionar, se estaban estudiando los cambios constitucionales. Al mismo tiempo, se reformaban las leyes electorales y se creaba el IFE; se normaba, en forma realista, el papel del clero y se reconocía personalidad jurídica a la Iglesia (algo importante, pues si la Iglesia no existía legalmente, incluso para varios antropólogos, la Iglesia estaba también ausente en sus monografías etnográficas (siendo la realidad oaxaqueña tan conflictiva). Algunos eclesiásticos criticaron que para el proceso de negociación de la nueva normativa (la Ley de Cultos), los obispos quedaron al margen, y sólo participó el Delegado Apostólico, ahora convertido en “nuncio” (los clásicos acuerdos cupulares, entre el Gobierno y el líder sindical). El cambio legal, por un lado favorecía, pues se reconocían ciertos derechos de los sacerdotes (v-gr-, a votar; aunque no a ser votados, a menos que a cinco años atrás hubiesen abandonado su ministerio); la Iglesia podía tener bienes; pero entrando al régimen común similar al de otras instituciones. Los obispos, por su parte, vieron bien este nuevo régimen constitucional, pues con él podían controlar mejor a su clero.
  • Las elecciones del 89 fueron más legales y democráticas. Se integró la Alianza Cívica, para vigilar mayor número de casillas. La regulación para el clero era a la vez, más clara y menos visible. Se preveía que esta nueva situación atrajera mayor número de cristianos laicos más maduros en su fe: pero los resultados sorprendieron por el mayor número de votos para el PRI (¿miedo a la libertad?).
  • La presencia de lo religioso no sólo incumbe al clero (curas, obispos, catequistas) sino también, como telón de fondo, afecta a la cosmovisión compartida por todo el pueblo, que persiste, en su inconsciente colectivo, aún con la modificación del estatuto jurídico de las Iglesias y con el protagonismo mayor de los evangélicos. La imagen colonial de la madre indígena vituperada por el padre conquistador (actualizada en la Madre Iglesia y el Gobierno patriarcal), se pierde con el nuevo protagonismo de los evangélicos, a no ser que se recupere en la memoria peligrosa de los movimientos mesiánicos, en la religiosidad liberacionista.

CUESTIONARIO

  1. Recordar la situación política del país en su conjunto, durante el período reseñado en Oaxaca.
  2. A tu parecer, los procedimientos empleados por el PRI para elegir a sus candidatos, tal como estaban enunciados, ¿podrían seguir gozando de simpatía y credibilidad en la población durante algunos años más?
  3. ¿Cómo te parece el llamado “modus vivendi” de simulación en las relaciones entre el Gobierno laico y la jerarquía católica?
  4. ¿Por qué se sigue viendo en ciertos sectores, al PAN como Partido de la Iglesia?
  5. Un sector cristiano ve en la Izquierda (o en algunas de sus variantes) la opción política más cercana al Evangelio, ¿Cuál sería tu opinión al respecto?
  6. ¿Cómo te parecen las restricciones –civiles y canónicas- puestas a los ministros de culto para su participación política?
  7. Expusimos tres experiencias muy diferentes de participación del clero en las elecciones de Oaxaca en 1989 (el PRI, el PAN y la Izquierda Istmeña). En las tres, los sacerdotes decían aceptar las restricciones legales en política partidista, y las tres se remitían a la “exhortación apostólica” de Bartolomé Carrasco. Sion embargo, en la práctica, astutamente la evadieron. Aduce diferencias entre ellas.
  8. El PRI las supo aprovechar al Estado confesional para retener su poder y degradó a las instituciones tradicionales. El sistema liberal de Estado laico, del siglo XIX, ponía restricciones al clero, dado su gran poder que conservaba. Ante esta disyuntiva, ¿cuál de estas dos alternativas te parece actualmente mejor? ¿Crees que podría mejorarse la actual Ley de Asociaciones Religiosas y Culto?
  9. En las sociedades sacralizadas y homogéneas (el medio indígena oaxaqueño de aquel tiempo), la religión proporcionaba el “universo simbólico” compartido por todos y era el aglutinante de toda la colectividad. En la modernidad, en cambio, se da el pluralismo de subculturas y de opciones de vida. ¿Te parece que la Iglesia actual comprende suficientemente este cambio cultural? ¿Qué implicaciones pastorales comportaría su modificación?
  10. Ante casos como el de Tehuantepec, ¿crees que haya que precisar mejor la crítica marxista que ve la religión como “opio del pueblo”?

[1] “la Parábola del Conflicto” de Freunde: Introducción, esquema 1

[2] Vid Introducción; esquema 7: “posibilidad del conflicto”, posibilidad 1

[3] Melucci A “Niveles de cambio social”: Introducción, esquema 2

VII. El campo religioso y sus agentes 

Hemos abordado sendos conflictos religiosos emprendidos por (a) las cuatro articulaciones simbólicas distintas y (b) las cuatro religiosidades. Estas articulaciones simbólicas no actúan en abstracto, sino que requieren de “soportes” concretos para operar, y justamente estos soportes son los “agentes religiosos”. Estos pueden tener o no,  sus propias denominaciones religiosas o sus propias “religiosidades”; pero desempeñan, además, determinadas funciones dentro del mismo “campo religioso”. Existe en Oaxaca gran diversidad de estos agentes, disputando cuotas de poder en la división del trabajo religioso:  

Mayordomos encargados de las fiestas de los santos confrontándose con el pastor evangélico que califica estas fiestas como “idolátricas”; los chamanes siguen yendo a la clandestinidad de las cuevas; pero un grupo de emigrados, dejando sus ritos tradicionales, ha organizado en el pueblo la “Legión de María”; un maestro, trasnochado heredero de la “educación socialista” del cardenismo, disputa con el médico del Centro de Salud, que pertenece a los Cursillos de Cristiandad; el rezandero, solicitado para el novenario de un difunto, se opone a que vayan los curanderos a “limpiar” la casa después del levantamiento de la cruz, contra posible maleficio de los brujos; una comunidad de religiosas feministas que practica la herbolaria, tiene problemas con el sacristán , quien de acuerdo con el presidente municipal, no les quiere abrir el templo para sus clases de Biblia; un párroco tiene que contener a un grupo de “cruzados” fundados por el párroco anterior, y a la vez, tiene problemas con un grupo de seminaristas “liberacionistas” que van allá a sus prácticas pastorales…. 

  •      Poner un poco de orden en esta abigarrada realidad es la tarea propuesta para esta clase. Nos valdremos del útil instrumental proporcionado por Max Weber (1922), reelaborado por Bourdieu (1971a y 1971b). Las necesidades de la moralización y de la religión, exigidas por la complejidad de la vida urbana, lleva a la división del trabajo religioso. En aras de alguna forma de simplificación, Weber toma como “corpus” las cinco religiones más importantes (Catolicismo, Protestantismo, Judaísmo, Islam, Budismo). Atendiendo a la gran variedad de agentes religiosos, observa que todas las funciones que desempeñan pueden reducirse a tan sólo tres “tipos” ideales: el Sacerdote, el Profeta y el Mago, notando que cada uno de estos “tipos” guarda relación -de colaboración o de antagonismo- con las demás, así como con el poder secular –el cuarto “tipo”–: el “Rey”. 
  • Un cuerpo de “sacerdotes” producirá complicados sistemas teológicos y sofisticados rituales, procurando que sean inaccesibles a la gran masa de laicos, para mantener su poder de control 
  • El “sacerdote” se opone al “mago”, calificando sus prácticas como “supersticiones” o atribuye sus sorprendentes efectos a los demonios.  
  • El “sacerdote” y el “mago se oponen al “profeta”, sea  descalificándolo como hereje, sea copándolo o prestigiándolo (en el siglo XIV, San Francisco, en el siglo XV, Hus: ambos se oponían a la mundanización de la Iglesia; pero el primero fue canonizado y el segundo, declarado hereje). 
  • El brujo suele ser el sacerdote de antiguos rituales de una religión vencida. A veces recurre al sacerdote para robarle algún elemento (agua bendita, la llave del Santísimo, el óleo sagrado, etc.), al que da una connotación mágica. 
  • El profeta cuestiona la inevitable “rutinización del carisma” y las componendas mundanas del clero con el poder temporal.  
  • El brujo y el profeta se oponen al sacerdote: el primero utiliza un ritual mágico (apoderarse de las fuerzas naturales), mediante ciertos rituales que, indefectiblemente, conseguirán sus demandas; mientras que el profeta, expone su conducta ética personal, portadora de los mejores valores de la religión.  

   En esta parte, expondremos una abigarrada relación de conflictos entre diversos agentes religiosos, ubicados en algunos pueblos de Oaxaca: 

1. TEOJOMULCO: EL PODER DE LA NO-VIOLENCIA 

  • Santo Domingo Teojomulco es un pueblo mestizo, en la Sierra de Sola de vega, al sur del Estado de Oaxaca, y está en secular conflicto con el pueblo colindante San Lorenzo Texmelucan, en donde coexisten indígenas zapotecos, mixtecos y chatinos. Ambos pueblos se han estado disputando más de 3,500 HAS por cuestión de linderos, desde tiempos multiseculares (ambos pueblos tienen sus títulos primordiales del siglo XVI, quizás traslapados deliberadamente por las autoridades coloniales mismas). Han habido resoluciones presidenciales favorables a uno o a  otro pueblo, y enfrentamientos violentos, que han causado cerca de 200 muertos (demasiados para pueblos de pocos habitantes, por lo que hay muchas viudas). Aunque las tierras disputadas sean unos cuantos surcos, se agravan por cuestiones míticas: El caballo de Santo Domingo trazó los linderos y se le ha visto combatiendo al lado de los suyos; pero Texmelucan alega que en esos linderos tienen enterrados a sus muertos. En 1927 ambos pueblos se reunieron en Oaxaca, llevando sus títulos primordiales y se comprobó que las tierras estaban mancomunadas (acaso originalmente fuera un solo documento, que se dividió en dos, o que en el siglo XVI se traslaparon deliberadamente los Títulos, para administrar los conflictos). Desde entonces, repetimos, Se ha mantenido estado de guerra y de pleitos jurídicos. 
  • En  1981 fue elegido como Presidente Municipal a Don Justino Díaz, el hombre fuerte de la región, propietario de la única tienda de compra-venta y de dos camiones, únicos vehículos del pueblo. El cacique tiene el control comercial de las cuadrillas, y por si fuera poco, también el control religioso. En efecto, su padre se convirtió de su mala vida por un misionero pentecostal norteamericano, hospedado en su casa, y no le fue difícil formar su grupo de conversos. De hecho, el templo evangélico comparte su muro con su casa, y Don Justino pone o quita al pastor. Tuvo la astucia de que su primera obra fue reconstruir la casa parroquial con  lo que se ganó a los católicos- 
  • Un diácono, bien preparado, era el encargado por la parroquia católica para satisfacer las demandas religiosas del pueblo. Después de su ordenación diaconal, decidió no ordenarse sacerdote para ejercer más libremente su pastoral liberacionista, y formó un grupo de catequistas que le apoyaban. Ante el conflicto secular, este grupo católico optó por la “no-violencia”. Redactaron un documento con lenguaje profético muy convincente, al que varios ciudadanos se adhirieron.  
  • El grupo evangélico, en principio, también era partidario de la no-violencia; pero interpretaban textos bíblicos que advertían en la necesidad de apoyar a la autoridad (“no en balde lleva la espada”).  
  • Un grupo de matones era partidario de la guerra, y presionaban al Presidente Municipal para atacar a San Lorenzo (población indígena).  
  • Hubo un enfrentamiento en que resultaron muertas 23 personas, varias de ellas de Teojomulco. Los pueblos recurrieron a las autoridades agrarias, que viendo la magnitud del conflicto, lo interpretaron que no se trataba de un conflicto agrario, sino de “rencillas entre familias y venganzas personales”. Don Justino respondió a la demanda de los violentos alegando que no podía apoyarlos; pero les dio dinero para que fueran a un pueblo vecino a buscar apoyo en unos brujos (chamanes), herederos de la antigua tradición. Estos brujos dijeron que no tenían poder para garantizarles apoyo, y únicamente les dieron amuletos contra las balas enemigas. 

La dinámica de actores en este conflicto: 

  •       Con el instrumental weberiano podemos ahora analizar el conflicto precedente: el tipo “sacerdote” oficial sería el párroco, que por vivir en otra comunidad, delegó a un diácono permanente (realizó brillantemente todos sus estudios teológicos). Según Weber, el “sacerdote”, encargado del culto oficial, suele aliarse con  el “Rey” a fin de facilitar las funciones del gobierno político y de la institución religiosa. En el presente caso, el “Rey” sería el cacique Don Justino Díaz, presidente municipal. Aunque es pentecostal, astutamente, la primera obra que realizó recién nombrado, fue construir la casa parroquial para el sacerdote católico, y le insistía al párroco (residente en otra comunidad de la misma parroquia) para que nombre a un sacerdote ordenado para el pueblo, ya que el actual “no ha terminado su carrera y no desarrolla las actividades cultuales”. El cacique (“rey”) le disputa al diácono el tipo weberiano de  “sacerdote”. 
  • El grupo pentecostal, siendo portador de un nuevo discurso religioso, que cuestiona las supuestas “desviaciones” de la Iglesia Católica, podría caracterizar al “Profeta”, cuyos discípulos integrarían una “secta herética” (no en una concepción teológica, sino sociológica), al tratarse de un grupo minoritario de disenso. Su líder carismático, el mismo cacique Justino, en el conflicto político con el pueblo vecino, desactivó al grupo de “violentos” (es decir, ejerció aparentemente una gestión pacificadora), y a la vez ejerció una acción moralizante (prohibir el alcohol, el tabaco, los bailes y las modas “indecentes”).  
  • Cuando Justino obtuvo un fuerte reconocimiento por parte de la mayoría de la población, el pentecostalismo se volvió oficial y el cacique se convirtió en “sacerdote”  (se aprovechó un muro de su casa para construir el templo pentecostal, con un potente aparato de sonido). Al apoyar a su líder (“sacerdote”), el grupo pentecostal tuvo que reposicionarse, pues se hizo oficial (“rutinización del carisma”). Ahora tuvo que moderar su intransigencia de “profeta” y apoyar el pluralismo religioso, a la vez de procurarse mayor solidez doctrinal (demandar a las autoridades católicas otro sacerdote mejor preparado). En aras de legitimación, se aproximó al grupo de “violentos”, también necesitado de cierta legitimidad. Estos últimos se autoproclamaban herederos de la memoria ancestral (precristiana) y ofrecen a los pentecostales una legitimación tradicional (tipo “mago”) a cambio de apoyo en la lucha contra el pueblo vecino de San Lorenzo Texmelucan. Los pentecostales tuvieron que transar, por un lado, moderando su posición “no-violenta”, y por otro lado, con los mayordomos (“sacerdote”), al no objetar (contra sus principios) la hierofanía de su santo patrono, Santo Domingo, quien durante anteriores conflictos por linderos, se le veía a caballo, apoyando al pueblo. 
  • Como se dijo, el “diácono”, por su estatuto, preservaba el tipo oficial de “sacerdote”; aunque limitado al no ejercer el culto regular. Era apoyado por un grupo de varones catequistas, muy formados por el diácono en la Teología de la Liberación, que por congruencia, apoyaban al sector más pobre y vulnerable de la parroquia (San Lorenzo Texmelucan), en comparación con el pueblo mestizo Santo Domingo Teojomulco, de mayor poder económico.  
  • Los pentecostales, en principio, eran partidarios de la “no-violencia”, y desde su fe se oponían a la actitud del Presidente Municipal y líder religioso, quien a cambio, disminuyó un poco su apoyo a los “violentos”. El grupo pentecostal, confundido, trataba de conciliar sus principios no-violentos con el apoyo a su líder religioso y gobernante (obedeceremos a la autoridad, porque “no en valde lleva su espada”. Iremos a luchar; pero pidiéndole a Dios no encontrarnos con el enemigo”). Los violentos, al no sentirse apoyados por la autoridad, negociaron con el “Rey”, para que, al menos, les diera financiamiento para acudir a una ranchería cercana para hablar con los “chamanes” que mantenían ciertas formas de religión autóctona (“Mago”).  

2. LOS SACERDOTES: ENTRE LA TEOCRACIA Y EL “CESAROPAPISMO” 

  • Los sacerdotes, por su administración continua y repetitiva del culto ordinario, por su formación recibida (que les permite realizar trabajos intercambiables con otros tipos de burócratas) y por su influencia entre la gente del poblado, tienen que relacionarse con el “Rey” (según la tipología weberiana), en este caso, con la autoridad política municipal (a la cual suele venirle bien esa misma relación; aunque con frecuencia tenga tensiones y conflictos. 
  • En la arquidiócesis de Oaxaca, en el tiempo reseñado, ejercían su ministerio unos 150 ministros, tanto del clero diocesano, como religioso. Por diócesis: Tehuantepec tiene 42; Huajuapan tiene 108, Tuxtepec apenas 18 sacerdotes (varios de ellos, combonianos). Existen también “prelaturas”1 (pequeñas, en zonas indígenas, atendidas por religiosos): la mazateca, con 11 sacerdotes josefinos, y la mixe, con 28 (de los cuales 25 son salesianos). La extensión y abrupto del territorio y la falta de vocaciones hacen que el párroco tenga que atender varias localidades: hay parroquias con uno o dos sacerdotes que atienden a 20, 40 y hasta 80 poblados o rancherías (Tlaxiaco) mal comunicadas y con caminos sin pavimentación, con perjuicio para sus vehículos. La variedad de razas y lenguas indígenas, la situación de pobreza, la soledad del pastor y las injusticias a las que está sujeta la gente, hacen del trabajo del ministro de culto un heroísmo cotidiano. Por lo mismo, resulta inevitable algún tipo de relación entre el sacerdote y la autoridad municipal. 

Juquila y el cesaropapismo chatino 

  • Ocho años atrás del período reseñado tuvo lugar un caso insólito: en 1969, el pueblo eligió como presidente municipal de Panixtlahuaca al sacerdote franciscano Fr. Edmundo Ávalos ofm. El hecho tomó desprevenidas a las autoridades civiles y religiosas, que optaron por la tolerancia. La gestión política del padre fue bastante favorable: se sustituyó el cargo oneroso de mayordomías (asignadas a quien mejor le iba en  su cosecha), por otra forma más participativa (la cooperación de todos los vecinos); el cambio del cargo obligatorio de los topiles policías por una comisión de cincuenta voluntarios; se planificó el trazado de las calles, y se inició una cooperativa de café.  
  • Muy pronto, fray Edmundo entró en conflicto con el poderoso cura-cacique de Juquila -principal santuario de Oaxaca y cabecera parroquial-, don Cornelio Bourget, llegado a Juquila en 1942, quien en unión con el cacique local controlaba toda la región y exigía altos aranceles. En sus primeros años pacificó la región y dio realce al santuario, arreglando el camino y publicitando el santuario por todo el Estado, con gran flujo de peregrinos.2 A principios de los 60’s el cura entabló relaciones amorosas públicas con la hija de una prominente familia, con la cual construyó su cacicazgo, llegando el cura ser quien ponía a las autoridades civiles, y aumentó la fortuna de la familia de su amante. A comienzos de los años 80´s su hegemonía fue cuestionada por otra familia rival, representantes de un cacicazgo de nuevo cuño. Este grupo de inconformes tomó el palacio municipal y recurrió al arzobispo para quejarse del cura. Éste, a pesar de ser oficialmente removido, rehusó salir, hasta que el pueblo, ya más conciente, lo expulsó. 

La Cruz Mesiánica 

  • Al contrario de estos curas-caciques, a veces el liderazgo del sacerdote se pone al servicio del pueblo, asociándose con los sectores desprotegidos: El Comisariado de Bienes Comunales de Santa Cruz Itundujia, Putla, formalizó un acuerdo con la compañía Forestal Bosques de Oaxaca, S. de R. L., para la explotación de 81,756 m3 de sus bosques; además, se apropió de un crédito de Banrural para equipo forestal el pueblo. El párroco trató de despertar la conciencia de los vecinos para oponerse a esta infamia, y logró que se integrara el Comité de Defensa de la Problemática del Pueblo. El 12 de octubre de 1985, organizaron una peregrinación desde Buenavista –comunidad distante 35 kms. de la cabecera-, que reunió a 300 personas, llevando consigo una bandera y la Santa Cruz patronal del pueblo (de origen maravilloso), apelando a su devoción a este símbolo patronal. En una entrevista, los peregrinos declararon:  

“Estamos haciendo esta peregrinación en favor del pueblo, pidiendo perdón a Dios porque esta Compañía Maderera está acabando con nuestros bosques y hemos estado parados…. Esta crucecita la tenemos aquí como reliquia del madero del Señor y esa es la que nos acompaña en esta peregrinación… porque tenemos la esperanza que Él también sufrió para redimirnos… incluso la muerte de cruz… y que nosotros podamos también sufrir algo como Él. Por eso nos pusimos a caminar desde hace 12 horas… Ya nos metimos en la defensa del pueblo y si nos hacen algo que quede de su parte, no de nuestra parte. Con eso damos fortaleza a todos los demás, para que no tengan miedo, para que no sean tímidos…” 

  • La peregrinación terminó en el palacio municipal, donde fueron recibidos por una asamblea convocada por el Comisionado de Bienes Comunales y la Secretaría de Reforma Agraria, en ella, los ejidatarios le pidieron al Comisionado cuentas de su gestión. Mucha gente no había sido concientizada o tuvo miedo: los partidarios del cura no lo supieron cuidar bien, por lo que los del Comisionado aislaron al sacerdote y lo encarcelaron… aunque se les pudo rescatar. 

Entre el clericalismo y el cesaropapismo.3 

  • A la seducción que mueve a los sacerdotes el ejercicio del poder político, corresponde la tentación de las autoridades políticas a inmiscuirse en los asuntos religiosos. En los pueblos de Oaxaca en este tiempo reseñado, el ámbito político y el religioso no tienen una separación clara: Hay numerosos signos de sacralización de la autoridad: entre los huaves, la víspera de la entrega, el bastón de mando se pone sobre el altar lateral, se vela y al día siguiente se tiene la misa que precede a la ceremonia del relevo de mando. Por el contrario, en algunas partes, el presidente municipal es el encargado de buscar sacerdote para la Semana Santa y asigna, incluso, hasta el horario para las confesiones. Otras veces es el cura quien pretende controlar a la autoridad política: en San Miguel Tlacotepec (Huajuapan), el cura, por medio de la Acción Católica, organizó una asamblea para desconocer a la autoridad. El evento terminó con un homicidio. Se registran casos en que se usa el púlpito para fustigar a las autoridades, o el cura trata a las autoridades como a sus empleados: el cura de Puerto Escondido los reprende: “Los quiero ver a todos ustedes de la autoridad para platicar cosas serias… Porque no se van a arreglar las cosas con lo que Ud. piense. Necesitamos platicar, porque se están dando saltos muy altos, estando el suelo tan parejo”. Sintiéndose los amos del pueblo, muchos curas tienden a dictar la moralidad pública y se oponen a bailes de beneficencia, a deportes o a otros eventos. Se inmiscuyen en cuestiones que no son de su competencia: en San Juan Mixtepec (Juxtlahuaca), acusan al cura que haberle quitado a la escuela pública la mitad de su terreno y oponerse a una escuela agropecuaria, etc.  

CONTEXTO HISTÓRICO CULTURAL 

  •      Las expectativas del desempeño sacerdotal dependen de la estructuración concreta que se dé en el campo religioso, y ésta siempre es histórica. La concurrencia entre los clérigos y otros agentes oscila entre dos formas de campo religioso: uno, con límites bien definidos, visibles y tajantes (uso de la sotana), y otro, con fronteras que parece diluirse, pudiendo salirse de los límites, sin percibirlo (Bourdieu 171ª, 255-261).  
  • En la remota antigüedad, el sacerdote y el rey se imbricaban: cada paterfamilias del clan satisfacía las necesidades religiosas de los suyos, mediante ciertos rituales mágicos domésticos. Algunos individuos, dotados de carisma especial, se fueron destacando, y el pueblo les reconocía una posición de autoridad, quedando así convertidos en reyes (Frazer, 1974: 113-123). Al mismo tiempo que la autoridad se sacralizaba, también la burocracia religiosa regente de la acción sagrada, gozaba de reconocimiento en lo temporal, de modo que ambos poderes quedaban compartidos. En el siglo IX, con la coronación de Carlomagno, se oficializó la unión trono-altar: El Papa coronaba al emperador (o el arzobispo, al rey) y éste quedaba obligado a proteger a la Iglesia. Se hizo célebre el caso del Borbón Enrique IV, rey de Francia, a quien, por abrazar el galicanismo, el Papa amenazó con excomulgarlo (lo que quitaba al pueblo la obligación de obedecer al monarca), y entonces, supuestamente arrepentido, se le oyó decir “París bien vale una misa”. Los “Reyes Católicos” –Isabel y Fernando- delegaron en la Iglesia Católica muchas atribuciones (el control demográfico, la asistencia social, la educación, la salud… y hasta la fuerza coercitiva (la Inquisición). Según el Real Patronato, los Reyes presentaban al Papa una terna de obispos y éste tenía que elegir a alguno de los tres, lo que sometía a la Iglesia a la Corona. La legitimación de la Iglesia, por otro lado, implicaba hacer pasar determinada estructura política como algo querido por Dios; como si formara parte de la naturaleza de las cosas. La separación tajante y radical entre la autoridad política y la Iglesia, data del Estado moderno, con el liberalismo occidental del siglo XVIII, con sus consiguientes conflictos y persecuciones, y la consolidación del Estado Laico. 
  • En Oaxaca, la autoridad civil imbrica elementos religiosos: en el “Sistema de Cargos”, el escalafón puede correr por dos vías (tres mayordomías dan derecho a postularse para los cargos mayores). Por otra parte, no necesariamente el sacerdote tiene que apoyar a la autoridad. En ciertos momentos, puede vincularse a sectores laicos subordinados y oponerse a las eventuales injusticias, comprometiendo su liderazgo en movimientos sociales contestatarios. 

LAS RELIGIOSAS: SACERDOTIZAS Y CURANDERAS 

  •     La falta de sacerdotes y la extensión y complejidad del territorio, posibilitó que, durante la gestión del arzobispo D Bartolomé Carrasco, se diese algo totalmente inusual. Se encomendaron varias parroquias a grupos de religiosas. Ellas predican, distribuyen la eucaristía, bautizan, celebran matrimonios, y si no pueden confesar, sí reciben confidencias y dan consejos. Ya que son ellas quienes tienen la jurisdicción, si alguna pareja invita a un sacerdote para que los case, tiene que contar antes con la autorización de la religiosa párroca, pues de no hacerlo, el matrimonio sería inválido (no sólo ilícito). Su compromiso y sacrificio va a la par de sus colegas sacerdotes varones: transitan por caminos difíciles, pasan situaciones de precariedad, pues a los parroquianos les cuesta trabajo aceptarlas (en un pueblo, condicionaron su aceptación a que al menos una de ellas se casase, “para que haya respeto en la casa”). Ya que la atención a la salud es una función femenina, se preocuparon por adquirir formación en herbolaria, lo que facilitó su aceptación. En Zaniza, cuando una religiosa se queda sola en la casa, un grupo de viudas se organizó para hacerle compañía por las noches. En Betaza, un catequista varón, de pronto, cobró una importancia inusitada para neutralizar a las religiosas, etc. Quizás su principal logro haya sido la promoción de la mujer indígena. Las catequistas, cuya función es la transmisión de la fe, adquirieron mayor significado por el cambio cultural que representa en estas sociedades patriarcales. Así, en Sola de Vega, la influencia de las catequistas fue decisiva para que un grupo político independiente lanzara como candidata a una mujer. 

Contexto Cultural 

  • La mujer, por sus mismas actividades fisiológicas, se encuentra más inclinada hacia el misterio de la vida –el cuerpo, la cotidianidad, el amor-. Las culturas animistas, inclinadas a actividades agrícolas, tuvieron un culto predominante hacia lo telúrico: la fecundidad, la salud, el éxtasis, es decir, hacia lo “dionisiaco” (las “bacantes”, séquito de Dionisio, sobreviviente durante el medievo, convertidas en “brujas”). Mientras que las culturas patriarcales androcéntricas, como la judía, dedicadas al pastoreo seminómada, se inclinaron hacia cultos uránicos “apolíneos”.4 Dado que para los pastores, su fuente de riqueza era la fecundidad del ganado, la valoración de la mujer se centró en su función reproductiva, y eso contribuyó a su exclusión del sacerdocio y a su relegación a actividades secundarias, tales como la catequesis (prolongación de la educación de los niños). En la repartición de funciones por razón del género, los varones ven bien que las mujeres se ocupen de lo religioso, constituyendo la gran mayoría del clientelismo eclesiástico (el cura es un aliado del patriarcado para evitar adulterios y las abuelas, cercanas al cura, influyen cuando se tenga alguna demanda). Esto no obsta para que el poder de decisión lo conserve el varón. En el caso oaxaqueño que nos ocupa, las religiosas tuvieron que ocuparse de la herbolaria, lo que las acerca al curanderismo chamánico. 

FORMAS DE SACERDOCIO LAICAL 

Los sacerdotes, para su ejercicio, comparten sus funciones con algunos laicos: 

  1. Los relacionados con el culto festivo regular: los mayordomos, los encargados de custodiar el templo (sacristán, fiscales, topiles) 
  1. Los relacionados con el ritual sacramentario: los rezanderos (responsos en latín), los ritos del levantamiento de la cruz de difuntos y los novenarios, etc. 
  1. Los relacionados con la evangelización  y catequesis: las catequistas, los celebradores de la Palabra, los animadores de comunidades de base, los misioneros campesinos, etc.  

    Estos agentes religiosos laicos pueden tener tensiones entre sí o con respecto al párroco: 

  1. Los mayordomos  
  • En los inicios de la primera evangelización, los frailes delegaron a algunos laicos (mayordomos) la organización de las fiestas patronales. De los bienes comunales, se apartaban las “cofradías”: el Santo Patrono “recibió” un predio, en el que se pastoreaba su ganado. El mayordomo mataba una o dos reses para la fiesta y del tesoro del Santo sacaba el dinero requerido para los gastos. Se juzgaba como una buena gestión, cuando el mayordomo saliente entregaba acrecentado el tesoro del santo.  
  • El oaxaqueño Benito Juárez, al expropiar al clero sus tierras “de manos muertas”, expropió también los terrenos de las cofradías, que en realidad, no eran de la Iglesia, sino del pueblo (los utilizaban en caso de alguna catástrofe natural). Entonces, el Cabildo nombraba mayordomo a quien le había ido mejor en la cosecha, cargo que lo empobrecía; pero que a la vez, lo prestigiaba: por el “sistema de cargos” -en los que se imbrican trabajos municipales y eclesiales (fiscal, sacristán, topil, etc.)- 5 es el presidente municipal quien nombra a los mayordomos, pues con tres mayordomías se tiene derecho a postularse para los cargos mayores (presidente municipal, síndico, regidor). No es extraño que los mayordomos se sientan más obligados ante la autoridad civil que ante el párroco.  
  •      Llegó el momento en que nadie quería aceptar las gravosas mayordomías, y se decidió que las fiestas patronales se organizaran con cooperaciones forzosas de todos los  vecinos, de modo que al mayordomo sólo le tocaba la organización de la fiesta. Para mayor ayuda, el mayordomo en turno recibía la llave de la alcancía del santo. Siendo este sistema algo complicado, a veces el párroco no acababa de comprenderlo (o algún mayordomo truhan se posesionaba del cargo y de la alcancía, y no soltaba ninguno de los dos), por lo que había muchos conflictos entre el párroco y el mayordomo. 
  1. Los encargados del templo.  
  • Durante la persecución religiosa, se expropiaron los templos y su control se les dio a las “Juntas Vecinales”, nombradas por la autoridad civil. Ellos son quienes tienen las llaves del templo y de la casa parroquial misma, lo que originan conflictos de competencia, entre un párroco celoso de recuperar el control del templo y una Junta que siente que el cura es un funcionario temporal; pero que el templo pertenece al pueblo, o desvían limosnas de la alcancía para su provecho personal… de modo que si el cura quiere oficiar misa en horarios no previstos, tiene que recurrir a la junta vecinal. El párroco ni siquiera tiene las llaves del curato (sólo las de su cuarto personal). En algunos lugares se llegó hasta desconocer al párroco y sacarle sus cosas a la calle. Los párrocos en estos casos suelen apoyarse en los vecinos nuevos clase media (alguna asociación piadosa), quienes recurren al arzobispo y éste suele apoyar al clérigo; mientras que los lugareños iban a Gobernación, pues según la nueva Ley de Cultos y Asociaciones Religiosas de 1994, los templos antiguos son propiedad del pueblo, y deben permanecer abiertos (San Felipe del Agua, Mitla).  

II EL CHAMÁN: LA COMPETENCIA PROSCRITA 

El “MAGO”, de la tipología weberiana, goza de reconocimiento en la religiosidad popular de Oaxaca. Si el “sacerdote”, en dicha tipología, es el encargado del culto regular, estos otros agentes emergen en momentos extraordinarios de crisis; aunque sea al margen de lo tolerado. 

La vidente de Tututepec 

  •     Aquel 29 de septiembre de 1987, Alma Rosa, originaria de Guerrero y recién llegada al pueblo, dice que oyó que le hablaban fuera del camino. En los dos días consecutivos, sucedió otro tanto.  Al tercer día, la curiosidad la empujó y notó en la corteza de un árbol la figura de la Virgen de la Soledad (una figura triangular). Obedeciendo a la Virgen, dio parte a los encargados del templo y al sacerdote; pero no la creyeron. En cambio, varias personas la fueron acompañando los 15 kms. que separaban al pueblo del lugar donde trabajaba su amante y donde estaba la supuesta aparición. El sacerdote no le dio crédito y se negó caminar esa distancia para celebrar la misa. Los simpatizantes crédulos fueron aumentando, si bien, muchos veían sólo una mancha. El 11 de diciembre, la concurrencia fue grande, ya que la Virgen supuestamente había prometido que en esa fecha se dejaría ver. Alma Rosa, en determinado momento, se echó a llorar; la gente estaba expectante… entonces la vidente fue hacia una cubeta con flores y de allí sacó una imagen “kitch” de la Virgen. La gente decidió llevarla al templo, conforme a la supuesta voluntad de la Virgen. Topó con otra procesión a la Guadalupana, y la gente de la vidente aprovechó para obligar al sacerdote a recibir la imagen de yeso; pero sin celebrarle la misa. No sólo era el párroco quien no le creía, muchas personas más cultivadas la tachaban de “loca”. Los partidarios de Alma Rosa improvisaron un altar delante del sagrario y lo velaban día y noche. Entonces los devotos recurrieron al P. Manuel Esteban Camacho, que como ya vimos, era lefevbrista, suspendido por el arzobispo. La vidente dijo que la virgen se sentía incómoda en el templo y que prefería una casa particular, en donde el P. lefebvrista celebró una misa. Unas socarronerías del párroco provocaron que fuera expulsado del pueblo a pedradas.  
  • La división entre aparicionistas y escépticos encubría otras divisiones más profundas:  
  • Entre mestizos y mixtecos. Los mestizos controlaban todos los símbolos de poder, salvo los símbolos religiosos, de los cuales, los indígenas se encargaban (aún a costa de resultarles gravoso). 
  • Entre grupos políticos. Uno de los defensores de la aparición era el encargado de los Bienes Comunales y ejerce un cacicazgo en la región (había puesto a una mujer como presidenta municipal). Esto despertó la indignación del Consejo de Ancianos, quienes tradicionalmente eran quienes elegían a los candidatos para este puesto. Esto abrió el conflicto, primero, el interior del PRI, que propusieron sacar al Comisario de Bienes Comunales y proponer su propio candidato. Ante la renuencia del PRI, abandonaron este partido y se acercaron al Partido Socialista Unificado de México (PSUM), de fuerte presencia regional. La solución  fue la formación de un Consejo para gobernar, con representación de ambas facciones. La gente cayó en apatía política y se alejó. Los enfrentamientos políticos dividieron a los mixtecos, al punto de haber dos encargados del templo, con pugnas de competencia.  
  • Afectó a la mayordomía, de la que se hizo cargo  la Sra. Juana, por tres años consecutivos, lo que le resultaba demasiado gravosa, y -aparte de los gastos-, los enseres estorbaban en su casa. Ella apoyaba a los opositores de la vidente, y se quedó con los “santitos”, con lo que despojó a ésta de legitimación religiosa. Los partidarios de la vidente, ni siquiera entregaron el sello del municipio, ni los enseres de los “santitos”, y molestaban a los devotos que se acercaban a las imágenes. Los mestizos al quedar privados de legitimidad, apoyaron a la vidente y convirtieron su “virgen” en emblema, para hacerse de una imagen para su grupo. 

Contexto cultural 

  • Mientras la autoridad del “Sacerdote” estriba en la administración de la revelación heredada, en el caso presente, la autoridad de la vidente la recibe de su comunicación directa con lo sobrenatural, con la seguridad que brinda la inmediatez. Participa de una forma específica del carisma personal: la del “extático” (Bourdieu, 1971ª: 18), la cual, por el poder que tiene de manipular lo sagrado y por la posibilidad que tiene de dispensar bienes de sanación inmediata (apelando a manifestaciones extraordinarias: voces, milagros, oráculos), en el medio indígena se  asemeja al “mago”. Sin embargo, en este caso, tiene también otros rasgos que la asemejan al “profeta”, pues la aparición se dio en momentos de crisis  social, en la que cambiaba la correlación de fuerzas en Tututepec: la división política y cultural del pueblo y la pérdida de lo simbólico-religioso de la facción caciquil mestiza.  
  • Las apariciones semejantes observadas en Oaxaca, parecen apegarse a un guión paradigmático de las apariciones guadalupanas (preferencia de la Virgen a una india más que al sacerdote, recurso a la autoridad al arzobispo, imagen milagrosa, petición de un templo como un nuevo espacio de culto alterno al oficial). El pueblo  está predispuesto a aceptar estas apariciones marianas, ya que en estas, lo sobrenatural comparte su hábitat: su tierra, un árbol, etc.  
  • Para tener éxito, el vidente necesita, tarde o temprano, del reconocimiento oficial: la institución eclesial no acepta revelaciones particulares, pues aparte del subjetivismo que implican, representan una religión libre, no sujeta al control. La vidente y su grupo lograron atraer gran cantidad de gente; si hubiesen logrado mantener la movilización de grandes contingentes laicales en forma duradera y constante, y satisficieran de alguna forma sus necesidades religiosas y políticas, es posible que la autoridad religiosa terminara dándole cierto reconocimiento, a cambio de que la vidente renunciara a cualquier tipo de magisterio paralelo, con lo que la autoridad ganaría tiempo para que el entusiasmo popular decreciera y se apoyará en otro sector laical para recuperar el monopolio de la gestión religiosa. 

La apropiación sacral 

  • El tipo weberiano de “Mago” tiene en Oaxaca gran variedad de exponentes: (a) algunos son supervivencia del antiguo sacerdocio prehispánico, reducidos por los sacerdotes de la situación vencedora, a la categoría de “brujos”; (b) están los “adivinos” que consultan el futuro interpretando la forma en que caen, al arrojar granos de maíz sobre una prenda del cliente; (c) los “chamanes”, especializados en el trance producido por plantas alucinógenas; (d) los “curanderos” especializados en diversas técnicas: sobadores, curadores de “espanto”, sopladores, etc.; (e) los letrados que saben qué tipo de animal hay que ir a sacrificar en las cuevas (v.gr., para demandar lluvia)…. y por supuesto, (f) los propiamente dichos “brujos”, sea en magia negra o blanca, herederos del antiguo nagualismo.  
  • Todos estos agentes tuvieron cierta forma de iniciación (un llamado en sueño durante alguna enfermedad), que después, perfeccionaron su formación con otros agentes semejantes. Suelen trabajar en una semiclandestinidad tolerada y cobran alto por su trabajo. Algunos de estos agentes necesitan del sacerdote, al que reconocen grandes poderes que no quieren usar, y aconsejan algunas prácticas furtivas: esconden extrañas ofrendas (cabello, sangre, plumas, etc) en algún lugar del templo. Un cura me contaba que al bautizar a un niño, al momento de echarle el agua, por consejo del curandero, el padrino sacó del ropón del niño un pajarito disecado para que quede “bautizado”, o se llevan “prestada” las llaves del sagrario para ponerla en la boca de un niño al que se le dificulta hablar, o piden aceite del santísimo, etc.  
  • Los conflictos entre estos agentes y los sacerdotes remiten a los tensionamientos sempiternos entre magia y religión, distinguidos por los antropólogos (v.gr., Malinowski, 1929: Frazer, 1974). El “mago” –describen- trabaja apoderándose coercitivamente de las fuerzas naturales, mientras que en la religión, los “sacerdotes” dirigen plegarias a los dioses para convencerlos a actuar, si en su benevolencia se dignan hacerlo. Dice Weber que en la oposición entre los poderes sobrenaturales –dioses y demonios- se expresa mediante diferentes tipos de acción religiosa, originados en la misma división del trabajo religioso. Los brujos, agentes de rango inferior, atienden las necesidades de las clases subordinadas, siempre más apremiantes e inmediatas, en tanto que los sacerdotes atienden al culto regular y atienden las necesidades e legitimación de las clases urbana, justificando el orden social vigente. 
  • El “profeta” se distingue del “mago” en que éste demanda de sus adeptos comportamientos ciertos rituales meticulosamente prescritos; mientras que el “profeta” exige un comportamiento ético ejemplar como condición para agradar a la divinidad. No era así el caso de Alma Rosa, que vivía en amasiato y realizaba fraudes descarados, tal y como lo hacía su padre. No importa mucho si el “mago” da muestras de alguna enfermedad mental, no así el profeta, a quien se le exige para ser creído, mostrar plena salud mental. 

LA DINÁMICA DE LOS AGENTES EN OAXACA 

  • Bourdieu critica a Max Weber por caracterizar a los tres tipos de protagonistas como “tipos ideales” comunes a todas las religiones, lo que le resultó un obstáculo epistemológico al empujarlo hacia un tratamiento abstracto y general. Para evitar esto, el autor propone un “interaccionismo simbólico”, superando la perspectiva sicosocial de aquel. Para Bourdieu, habría que contemplar primeramente la estructura completa de las relaciones objetivas que los protagonistas establecen entre sí y respecto a los diversos tipos de laicado. De ahí la necesidad de verificar su dinámica en la concreticidad del campo religioso que se analiza, tal como lo expuse en esta parte. 
  • Una de las razones que explican la supervivencia viva y actuante de la Iglesia católica durante dos milenios, es su capacidad para dar cause institucional a la profecía, lo que le permite la renovación constante y su adaptación –no sin conflictos- a las diversas circunstancias históricas. Por esto, junto al presbiterio diocesano encargado de las diversas demarcaciones territoriales de las parroquias, reconoce la diversidad de institutos religiosos, herederos del carisma espiritual de su fundador y una espiritualidad propia derivado de esto, en cada época.  

En principio, el presbiterio diocesano representa al “sacerdote”, y el clero religioso, al “profeta”, quien puede reclutar laicos a través de sus movimientos apostólicos vinculados a su carisma. Sin embargo, dada la “rutinización del carisma”, en la práctica, tanto los institutos religiosos como los movimientos apostólicos suelen estar ya demasiado institucionalizados y jurídicamente regulados, de modo que ambos cleros no difieren tanto. En el curso hemos visto como a veces, el arzobispo -forma plena de “sacerdote”- funge como “profeta”: mientras que hay algunos institutos religiosos (Opus Dei o Legionarios de Cristo, y por otra parte, jesuitas) que se comportan más como “Sacerdote”. 

  • Ya que gran parte del clero local de Oaxaca es de extracción indígena y que su seminario (el SERESURE) procuraba no “desculturizar” a sus formandos, no extraña que un sacerdote anciano recurra al curandero para que le devuelva su “espíritu”, perdido en el “espanto” que sufrió cuando el río arrastró su camioneta, o aquel clérigo joven convencido que tenía un “tona” alacrán;6 o el seminarista mazateco hijo de un chamán, que cuando su padre viajaba en hongo, le dijo que le preguntase si llegaría a ser sacerdote.  
  • Otro tanto sucede con los “rezanderos” que interpretan su ritual también en forma mágica (“mago”) y que combinan cierto carisma con su capacitación (“saber hacer”), pues hacen sus responsos cantados en latín; son vitalicios y cobran bastante por sus servicios, por lo que no son dados a enseñar sus saberes a otros qe no sean sus hijos. De modo que el papel del cura y de los laicos oaxaqueños no se diferencian mucho del “mago”. 
  • Los nuevos grupos pentecostales, que en la tipología weberiana fungirían como seguidores de algún “profeta” (formarían una “secta herética”), ejercen un carisma extático o místico, proponiendo una religiosidad alterna a la “idolatría” del culto a los santos católicos; sin embargo, su gusto por el trance, la sanación por la fe, la glosolalia (hablar en lenguas desconocidas) los aleja de una propuesta moral profética y los acerca al “mago”. Al mismo tiempo, tienen una organización interna bastante rígida (“pastores” intercambiables, apostolado proselitista y suficiente formación doctrinal), que los acerca al “sacerdote”. 

OBSERVACIONES METODOLÓGICAS 

  • La forma de conflictos vistos en esta clase, es de tipo “multipersonal”, según la tipología de  Caplow (1971) y Rex (1985, 31-47). En ellos, aparece el rol del “tercer actor”: varios agentes religiosos compiten entre sí para ganarse una base social de vecinos. Lo vimos en Teojomulco, donde el antagonismo bipolar de dos pueblos en guerra pudo ser desactivado por el diácono y su grupo de catequistas, que deslegitimó a los “violentos” (tercer actor). Estos violentos trataron de deslegitimar a los catequistas acusándolos de traidores; pero ahora, desempeñar el “tercer actor” tocó a la comunidad pentecostal (como “juez”), con un discurso no-violento, que inclinó la balanza en favor de los catequistas, impidiendo represalias. Al haber perdido apoyo del “rey”, los “violentos” tuvieron que recurrir a los brujos del pueblo, recibiendo cierta legitimaron en nombre de la religión ancestral. Este ejemplo muestra, además, que pese a su “multipolaridad”, todos los enfrentamientos que se dieron fueron binarios (sacerdote/profeta; profeta/brujo; sacerdote/brujo); pero fue a la colectividad laical del pueblo la que, finalmente, tocó ejercer el rol del “tercer actor”. 
  • La estrategia de cada actor dependerá del “tipo” que juegue:  
  • Los “magos”, degradados a la categoría de “brujos”, quedan en situación muy precaria -perseguidos, desautorizados o ridiculizados por el sacerdote oficial- evitarán toda confrontación abierta con éste y con los “profetas”. Sin embargo, no dejan de ejercer una oposición práctica con sus respectivas estrategias, como la de simulación y clandestinidad (penetran en el espacio religioso mismo, escondiendo amuletos, refugiándose, camuflados, en el curanderismo (menos proscrito), reinterpretando la materia de los sacramentos para usos mágicos; yuxtaponiendo sus prácticas clandestinas (sacrificio en las cuevas), junto con su asistencia a los rituales oficiales. 
  • El “profeta” (pentecostal) denunciará la corrupción o contemporización del cuerpo sacerdotal con el “paganismo idolátrico” chamánico (imágenes de los santos). 
  • El “sacerdote” aprovechará su condición de oficialidad para deslegitimar al “profeta” y al “chamán” o para entrar en componendas con ellos. Así sucedió en la primera evangelización, que para aceptar una nueva fe obtenida por coerción, se hicieron los ciegos para tolerar la simulación que se relacionaba con sus antiguas deidades, al disfrazarlas de santos católicos (Santo Domingo luchando con los suyos en Teojomulco). De igual forma, los párrocos renunciaron a su derecho de nombrar a los mayordomos, cediendo a que fuesen elegidos por la autoridad  civil o por asamblea. Aquellas deidades que no lograron pasar el disfraz, por la magia sacerdotal quedaron convertidos en demonios, y sus adoradores, en “brujos” (lo cual no quita que en ciertas catástrofes vayan a adorar a sus ídolos ocultos en cuevas en la clandestinidad de la noche). 
  • El “sacerdote” y el “rey”, Por el carácter oficial, cada uno en su respectivo sistema; pero actuando en el mismo campo social, no puede dejar de relacionarse en acercamientos y distanciamientos, “clericales” o “cesaropapistas”. En caso de conflictos entre actores, la autoridad política del “rey” puede ser el fiel de la balanza (“tercer actor”), apoyando a un bando o a otro, en aras de obtener legitimación religiosa. Finalmente, como dice Bourdieu, la resolución de todos estos conflictos no dependerá tanto de la fuerza simbólica que cada actor maneje, sino de la fuerza de los grupos laicales que logre movilizar. 

CUESTIONARIO 

  1. ¿Cómo te parece el instrumental metodológico de Max Weber sobre los “tipos” (sacerdote, profeta, mago)? Al ser “ideales” (por su método comparativo de las cinco grandes religiones), ¿No será en mengua de la “concreción” sociológica? 
  1. La degradación de los antiguos sacerdotes a la categoría de “brujos”, realizada por los primeros evangelizadores aparece falsa e injusta. ¿Qué otra forma más digna podría haberse implementado? 
  1. Explica cómo entiendes la expresión weberiana de la inevitable  “rutinización del carisma” a la que tiende la profética “secta herética”. 
  1. Dada la imbricación de poderes religioso y civil en las culturas indígenas del período reseñado, ¿Cómo escapar a las tentaciones “clericalistas” o “cesaropapistas”, si no es mediante el recurso liberal del Estado laico? 
  1. Entre el “Estado confesional” colonial y el “Estado laico” propuesto por el liberalismo decimonónico, ¿cuál de ellos sería menos dañino para la función evangélica de la Iglesia? 
  1. ¿Cómo verías la posibilidad o conveniencia de un sacerdocio femenino? 
  1. ¿Puedes aportar algún caso que hayas sabido de alguna variante del “mago” weberiano (brujo, curandero, nagual, adivino, chamán, etc.)? 
  1. Entre la magia, la ciencia y la religión ¿cuál te parece más acorde, la diferencia evolutiva (Comte) o la relación de coexistencia (Malinovski)?  
  1. En la realidad concreta, ¿estarías e acuerdo en que los sacerdotes religiosos fungen como “profetas” y los diocesanos como “sacerdotes? 
  1. ¿Cómo entender el “tercer actor” (en la caracterización de Rex), propio de los conflictos de este tema? Además de “juez”, ¿sabes de casos en los que el “tercer actor” haya jugado el papel de “mediador” o de “tercero ladrón” en discordia? 

VI. Cuando la liberación se hizo oficial

  • Siguiendo el espíritu del Concilio Vaticano II, la Iglesia en México dividió 18 zonas pastorales para facilitar la entreayuda de obispos y la adecuación pastoral a las regiones. Entre ellas, está la Región Pastoral del Pacífico Sur, que comprende parte de los Estados de Oaxaca y Chiapas, con las diócesis chiapanecas de San Cristóbal, Tuxtla Gutiérrez y Tapachula y las oaxaqueñas de la Archidiócesis de Oaxaca, Istmo de Tehuantepec, Tuxtepec (combonianos), y las prelaturas de Huautla (josefinos) y Mixe (salesianos).  
  • Con obispos afamados -Samuel Ruiz, Arturo Lona, Bartolomé Carrasco-, la Región Pastoral Pacífico Sur se sintió interpelada por la problemática de esta zona, eminentemente indígena y decidió darle una respuesta colectiva. Para esto, requerían una teología adecuada, volviendo los ojos hacia la Teología de la Liberación latinoamericana; así como de la antropología culturalista que insistía en el respeto a las culturas indígenas, que superase el indigenismo integracionista cardenista. En 1977 ya tenían perfilados cuatro objetivos: 
  1. Expresar la colegialidad episcopal, superando protagonismos (frecuentes entre obispos) 
  1. Dar prioridad a la pastoral indígena, evitando actitudes colonialistas o de imposición cultural, apoyándose en el Centro Nacional de Misiones Indígenas (CENAMI).1 
  1. Promoción de agentes laicos, pues dada la extensión regional y la pulverización de pequeños poblados y rancherías, así como la falta de vocaciones sacerdotales, la evangelización era indispensable e imposible de otro modo. Estos laicos irían capacitándose para tomar decisiones en asambleas eclesiales y para conducir las comunidades laicales. 
  1. Democratización en decisiones de Asambleas Plenarias diocesanas. 
  • Una pastoral regional de conjunto abierta a la creatividad “profética”, pronto se volvió polo de atracción para muchos agentes foráneos de pastoral (sacerdotes, religiosa/os y laicos). 
  • La necesidad de contar con un clero formado desde estos objetivos, los llevó, en 1969, a fundar un seminario regional propio –el Seminario Regional del Sureste (SERESURE)-, ubicado en la ciudad de Tehuacán. En él, recibían una formación adecuada, asesorados por algunos Centros de Pastoral laicales. En 1989 habían pasado por él 739 alumnos. Los cursos de aula se complementaban con experiencias de campo (dos meses por semestre). Con estas iniciativas, y la mística que generaba entre los seminaristas (cada año tenían reunión de exalumnos), el SERESURE nutría la base teórica necesaria para la transformación social en el medio indígena de la Zona. 
  • Además de su función académica, el SERESURE contribuyó directamente a la pastoral de la región: promovió siete semanas de pastoral indígena, con participación de personas de dichos pueblos originarios, semanas sociales, en las que se relacionaban las ciencias sociales y las ciencias teológicas, etc. Con todo esto, se gestó una mística y el sentido de orgullo y pertenencia regional. Los exalumnos se siguieron reuniendo amistosamente y la Región era un polo de referencia y atracción de muchos agentes laicales. 
  • Pero junto con estas muestras de apoyo, se despertaban también  algunos recelos: personas acomodadas de la ciudad se sentían desplazadas, pues ahora el arzobispo daba preferencia a los “yopes”,2 y se fueron agrupando en algunos movimientos apostólicos. encontrando oídos favorables en el entonces Delegado Apostólico Girolamo Priggione. 
  • Al Vaticano vio con recelo la teología latinoamericana, que la veía demasiado audaz y manipulable por el comunismo internacional. Entre los pocos polos progresistas de México, preocupaba la Región Pacífico Sur, que agrupaba a varios obispos independientes y críticos a quienes había que controlar. A este fin se realizaron algunas Visitas Apostólicas (al Istmo), se enviaron discretos avisos conminatorios, etc.  
  • Pero adonde su puso la mira fue a la Arquidiócesis de Oaxaca. Bartolomé Carrasco, tenido como prudente y moderado; pero con mucho peso en la Región y en el país, siendo ya mayor, había solicitado un “obispo auxiliar” que le ayudara en las visitas a zonas indígenas, de difícil acceso. No le enviaron un obispo “auxiliar”, sino un obispó “Coadjutor” con derecho de sucesión: el obispo de Campeche, el conservador Héctor González, de conocida fidelidad eclesial. En la bula de nombramiento se detallaban las siguientes encomiendas: velar por el cuidado y disciplina de los sacerdotes, diáconos y religiosas, incluida su formación; encargarse de los seminarios menor y regional (SERESURE): procurar que se cumpliese la disciplina de la Iglesia, nombramientos y cambios de los sacerdotes, incluyendo sanciones canónicas, etc. Era evidente que se desautorizaba el proyecto diocesano y se enmendaba la orientación pastoral, como se vio en la misma misa de recibimiento del Coadjutor, el 6 de abril de 1988, en el zócalo de la ciudad. En ella, el Delegado Apostólico fustigó a la llamada “Iglesia Popular”, reprobando la “democratización de la Iglesia”; también deslegitimaba al Arzobispo titular, quien al nuevo obispo Coadjutor, le acababa de resumir una bella reseña del caminar diocesano, entregándole la “Cruz de Huatulco”, emblema de la Diócesis. El discurso del Delegado Apostólico fue aplaudido por los movimientos apostólicos burgueses, que llevaban pancartas de apoyo. De modo que el arzobispo titular tuvo que continuar visitando las difíciles comunidades indígenas. 
  • En el plenario sacerdotal de noviembre de 1989, el Delegado Apostólico, invitado al evento, expresó que, si bien ambos obispos marcharían de común acuerdo, en caso de discrepancia, la decisión final la debía tomar el Coadjutor. Al pedirle aclaraciones de tal aberración  jurídica, al Delegado respondió que así lo había decidido la Santa Sede, y al exigirle el rescripto, respondió que la consulta se hizo vía telefónica. La medida, prevista para casos de extrema gravedad, indignó unánimemente a todo el presbiterio, exigiendo la interpretación por escrito de la bula. El plenario invitó formalmente al Delegado Apostólico a hacerse presente a dialogar, el cual cumplió el 7 de marzo de 1990, pretendiendo, en vano, calmar los ánimos y apoyar al coadjutor. El, presbiterio, casi por unanimidad, ratificó la pastoral indígena por la que la Diócesis entera había optado -esto era lo que estaba en juego-; mientras que las faltas de disciplina o a la ortodoxia eran simple pretexto. Entretanto, en la catedral de Oaxaca abarrotada, grupos de laicos hacían oración. 
  • El conflicto trascendió a todo el país: se publicaron reportajes sensacionalistas,  se recibieron apoyos –del movimiento nacional de Comunidades Eclesiales de Base, del Secretariado Social Mexicano, de la Diócesis de Tehuantepec-, etc. Entre estos apoyos, se dirigieron sendas cartas al Presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana, manifestando inconformidad por la forma poco cristiana, de proceder. El arzobispo Carrasco, con su gran fidelidad eclesial, el día mismo de su 75° cumpleaños entregó su renuncia (18 agosto 1993). Poco a poco y no sin problemas, el Coadjutor, dado el respaldo institucional del que gozaba, se fue imponiendo. 
  • El siguiente golpe a la Región Pacífico Sur fue acabar con el SERESURE. Ya poco después de tomar posesión, el nuevo arzobispo Héctor González manifestó su idea de traerse a los seminaristas, de Tehuacán a Oaxaca, para contar con un seminario propio. La respuesta fue negativa por la mayoría de los sacerdotes; pero la decisión ya estaba tomada. El SERESURE tenía un Propedéutico en Etla, Oaxaca, y manipulados, los alumnos de Tehuacán, recién ingresados, se inconformaron con la formación inicial, exigiendo el uso obligatorio de la sotana y el rezo del rosario. El nuevo obispo de Tehuacán, Don Norberto Rivera, los “apoyó” para llevarlos a su diócesis. La crisis se agudizó con una visita pastoral con motivo del sínodo eclesial sobre seminarios que pronto tendría lugar. Los obispos que envió la Conferencia Episcopal a visitar el SERESURE, después de escuchar a los seminaristas, informó a Roma, y de allí llegó el decreto del 9 de agosto de 1990, que cuestionaba la formación allí impartida “que intenta transformar el contexto social, utilizando el método revolucionario de lucha de clases y de cambio radical de estructuras”. El responsable del Seminario quedaba en manos del obispo de Tehuacán, D Norberto Rivera, encargándole la corrección de las supuestas desviaciones. 
  • Los seminaristas, disgustados, no se reconocían en dichas acusaciones, y de común acuerdo, decidieron realizar una protesta –sin avisar a sus formadores y maestros- en forma de una procesión hasta la catedral de Tehuacán, con los laicos de las comunidades adonde hacían sus prácticas pastorales, y organizar allí una jornada de oración y ayuno. La catedral les cerró sus puertas, por lo que el acto se realizó en el atrio. La respuesta fue fulminante: se exigía la expulsión de los organizadores del evento; pero el alumnado mantuvo su unidad a lo “Fuenteovejuna”: –“¡Decidimos todos! y si expulsan a uno, nos vamos todos”- La mayoría de los obispos de la Región sacaron a sus seminaristas y ensayaron otras opciones. 

LIBERACIONISTAS Y NEOCONSERVADORES 

  • La modernidad se consolidó mediante dos procesos revolucionarios opuestos, correspondientes a las dos clases antagónicas que produjo el capitalismo –la burguesía y el proletariado-. De ahí que la razón ilustrada pasó por dos momentos: el de las libertades económicas (el individuo) y el de la justicia social (la colectividad).  El ciclo de las revoluciones burguesas requirió de la democracia política; pero siguió necesitando de mecanismos autoritarios de control, y las promesas libertarias terminaron con el despotismo napoleónico; mientras que la revolución de la justicia social siguió requiriendo mediaciones aplicables, y terminó con el despotismo expansionista soviético. 
  • De manera semejante, la crítica religiosa de la ilustración se dio primero desde las ciencias naturales, contraponiendo fe y ciencia positivista (Augusto Comte). El segundo momento de esta crítica se dio desde las ciencias sociales, cuestionando la función de enajenación que ejerce la religión (Nietzsche, Marx, Freud). El joven Marx criticaba los presupuestos racionalistas de Feuerbach, por el aspecto ilusorio que daba a los problemas reales; pero el Marx maduro atendió a las funciones que la religión brindaba: para los sectores dominantes, el ser fundamento del Estado Prusiano; y para los sectores oprimidos, ser “expresión de la miseria” y “protesta contra ella”,  
    Esta crítica fue recogida por las autoridades soviéticas, y convertida en doctrina, sustentó las campañas stalinistas , de “ateísmo militante”, que desembocaría, por un lado, en una fuerte persecución religiosa y por otro lado, en el anticomunismo, que permeó a sectores eclesiales. Los dos momentos de la ilustración trajeron consigo,  entre cristianos, actitudes de clarificación o de rechazo. Entre ambas, hubo intentos de conciliación –la libertad del capitalismo y la justicia del comunismo-, es decir, la llamada “tercera vía” democristiana. 
  • Cuando terminó la II Guerra Mundial y el peligro del fascismo se había conjurado, Estados Unidos (el verdadero vencedor), viendo los beneficios que les había reportado tener un antagonista poderoso, cambio del enemigo fascista, para exagerar el peligro de la dictadura del expansionismo soviético: la “Guerra Fría” de Douglas MacArthur y Truman, a la que buscó atraer a la Iglesia Católica (golpeada por la persecución stalinista). La Iglesia se sumó a la campaña, y la Jerarquía en México, le encomendó a los “Católicos Sociales” (red de Secretariados Sociales) que la encabezaran.  
  • Por otra parte, la guerra había beneficiado en algunos aspectos al subcontinente, por medio de la “sustitución de importaciones” (y el cierre de empresas, ante la disminución de trabajadores varones, reclutados por el ejército). Latinoamérica, región que  disfrutaba de crecimiento económico, resultó beneficiada. Cuando Estados Unidos percibió que el anticomunismo virulento no hacía mella, lo sustituyó por la idea del “desarrollismo”: la “Alianza para el Progreso”, propuesta por John Kennedy el 13 de mayo de 1961. Fue así que llegó a nuestros países la euforia desarrollista, y se pensaba que pronto entraríamos en llamado “período de despegue” o transición entre el subdesarrollo y el desarrollo. Incluso las máximas autoridades de la Iglesia favorecieron esta doctrina, con los Papas postconciliares Juan XXIII (“Pacem in Terris”) y Pablo VI (“Populorum Progressio”) y de católicos europeos (campañas “Misereor” y “Adveniat”, de los católicos alemanes. 
  • Sin embargo, aparecieron varios científicos sociales –los llamados “Teóricos de la Dependencia”- que cuestionaron el modelo desarrollista, pues veían que, en realidad, a los que favorecían eran a los grandes capitales (por cada dólar que entraba en nuestros países por concepto de inversión extranjera, salían 3 dls, por la afectación del mercado interno). Cuba demostraba que un cambio de orientación era no sólo posible, sino necesario, y por todas partes aparecían Movimientos de Liberación Nacional promovidos por el legendario Ché Guevara. “LIBERACIÓN” se convirtió entonces en la nueva “palabra talismán”. 
  • La Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín, Colombia, en 1968 (CELAM II), alentaba a los católicos a un compromiso de transformación estructural del modelo de injusticia dominante, y alentaba a una reflexión teológica que lo respaldara. No fue casual que en ese contexto apareciese en el subcontinente (país católico y explotado) la reflexión teológica cuya experiencia fundante era la explotación estructural de las mayorías empobrecidas y la esperanza de su liberación. Como toda teología, la reflexión es un “segundo momento” a la que precede la praxis liberadora y el compromiso de muchos cristianos por la transformación de estructuras opresoras, que finalmente, alcanza la espiritualidad: la “religiosidad liberacionista”. 
  • En el Vaticano, el sector conservador –conciliarmente derrotado; pero no destruido- vio este cambio como un  peligro y vió también, en el Papa Wojtyla, ciertas posibilidades de recuperación. La experiencia de su patria lo habría marcado: el catolicismo integraba la identidad cultural de Polonia (rodeada de varios países de la antigua URSS (alguno musulmán) y de la protestante Alemania): su iglesia local, cohesionada y fuerte, fue baluarte contra todos los totalitarismos, y resultaba un modelo de afrontar tanto la injusticia capitalista como la opresión comunista. En plena posmodernidad, los tiempos modernos, con sus ideologías secularizantes y antirreligiosas, estaban en decadencia; mientras la Iglesia se mantenía más sólida que nunca: El Vaticano mantiene relaciones diplomáticas, prácticamente, con todos los países, los viajes pontificios congregaban multitudes y el Papa era bien recibido y había condiciones para el resurgimiento de una cultura católica…. a condición de que la Iglesia se presente bien cohesionada y de firme ortodoxia, capaz de dar seguridad a un mundo que los valores parecían desplomarse.  
  • Se reconocía –no sin cierto recelo- los documentos conciliares; el magisterio dogmático se actualizaba un poco con numerosas encíclicas y cartas pastorales, y sobre todo, con el “Catecismo de la Iglesia Católica”; en fin, se consolida una “religiosidad neoconservadora”, la cual se deslinda de otras “religiosidades”, como la “religiosidad tradicionalista” (se excomulga a Lefebvre) y la “religiosidad  modernizante”, controlando a los teólogos progresistas,3 (p.ej., el Catecismo holandés para adultos), y se la impuso un año de silencio a Leonardo Boff, etc. Se restringieron los elementos inculturizadores de teólogos africanos e indios y se pide mayor disciplina a los institutos religiosos (la CLAR). Desde luego, la mayor preocupación era la “religiosidad liberacionista”, sustentada en la Teología de la Liberación latinoamericana. 
  • Esta misma preocupación fue compartida desde fuera de la Iglesia Católica, por la Nueva Derecha norteamericana. El Informe del magnate Rockefeller en 1969, después de una gira por el subcontinente, destilaba miedo y animadversión. Decía que la Iglesia Católica había dejado de ser confiable, pues aceptaba, si fuese preciso, “cambios revolucionarios”, y colocaba a la Teología de la Liberación como el signo más preocupante contra la seguridad nacional de los Estados Unidos, por encima de la guerrilla misma.  Juan Pablo II no participó de esta postura: después de caído el Muro de Berlín, su principal oposición se orientó contra el Neoliberalismo, y a la entrada del Nuevo Milenio, con motivo la jubileo, apoyó la cancelación de la deuda de los países más pobres; aunque a través de su Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe publicara sendas instrucciones contra la Teología de la Liberación, en 1984 y 1986. Desde luego, también este Papa participó en los embates contra la Región Pastoral Pacífico Sur.  

ESTRUCTURA DEL CONFLICTO 

NIVELES DE CAMBIO SOCIAL4  

  • Recordemos que el diagrama de Melucci presenta dos ejes: el vertical (un continuum, entre (X) Conflicto y (X1) No Conflicto, y el eje horizontal (un continuum entre (Y) Ruptura  o (Y1) No ruptura de los límites de tolerancia. Igualmente, en torno al punto medio de ambos ejes convergen tres círculos concéntricos. Igualmente, teniendo como centro el punto en que convergen ambos ejes, se encuentran tres círculos concéntricos: el externo, de mayor intensidad, sería el “Modo de Producción”; el círculo intermedio, el “Sistema Político”, y el círculo interno, la “Institución”. Esto divide el esquema entre cuatro posibilidades: ACCION CONFLICTUAL (superior izquierda), MOVIMIENTO SOCIAL (superior derecha),  CONDUCTAS DE AGREGADO (inferior izquierda) y DESVIACIÓN (inferior derecha)  
  • Ahora, con este esquema podemos ubicar mejor este conflicto, partiendo del círculo periférico, la religiosidad  liberacionista (la del Obispo Titular) ciestioonaba las injusticias del sistema capitalista y presentaba una modificación cultural, la posibilidad de estructuras postcapitalistas; mientras que la Teología Conservadora prefería mantener el modo de producción imperante; aunque con algunas reformas). Por tanto, la feligresía vio aquella confrontación social como una innovación cultural, más que como “movimientos antagónicos”. En cuanto círculo intermedio -el Sistema Político-, probablemente el obispo titular se inclinaría, en su fuero interno, por la Izquierda (entonces el PRD) y el obispo coadjutor, por el PAN; pero estando ambos limitados, civil y eclesiásticamente, al prohibírseles toda intervención en política partidista, los pronunciamientos de ambos se reducían a habla de “política en general”, (si bien resaltando uno u otro principio), por lo tanto, no hubo conflictos abiertos en este sistema (“movimientos políticos”). En cuanto a la Institución Diocesana (el círculo interno), el antagonismo fue muy intenso; pero ambos obispos evitaron romper el límite de tolerancia de la unidad eclesial, así que lo que hubo fueron meras “acciones reivindicativas”. Por tanto, el conflicto entre religiosidades se ubicaría, a mi parecer como mera ACCIÓN CONFLICTUAL (“conflicto que no traspasó los límites de tolerancia”). 

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE LOS CONFLICTOS.  

Como en los temas anteriores, los conflictos vistos en esta clase se pueden estudiar desde las perspectivas sincronía coyuntural (parábola del conflicto) o diacronía estructural (modelo actancial mítico de Greimás). Colocándonos desde la perspectiva sincrónica: la “Parábola del Conflicto” Freunde (Introducción, esqauema 1: “Parábola del Conflicto”)  distingue las siguientes fases: 

  1. Antecrisis- Esta etapa inicia con el nombramiento del Arzobispo Bartolomé Carrasco, que llega de Huajuapan, donde había tomado contacto con la población indígena, lo que lo llevó a vincularse con la “pastoral inculturalizada”, y desde allí, organizar la Diócesis. 
  1. Precrisis. Cuando se instituyó la Región Pastoral del Pacífico Sur, al formarse un grupo de obispos progresistas y en contacto con movimientos liberacionistas (como las Comunidades Eclesiales de Base) y la fundación del SERESURE, se recela de esta Región, principalmente de parte del Delegado Apostólico.  
  1. Ruptura El nombramiento del Arzobispo Coadjutor con derecho de sucesión, con los apoyos de la cúpula jerárquica. Sus primeras e imprudentes actuaciones -dar marcha atrás a un modelo de pastoral tradicional-  sirvieron como detonador simbólico del conflicto. 
  1. Crisis. La unificación de todo el presbiterio en su conjunto, así como de los grupos laicales identificados con esta línea hasta entonces oficial (“communitas”), se expresa en varias reuniones del presbiterio, circulación de comunicaciones, publicidad, etc. 
  1. El nudo crítico el cierre del SERESURE y los apoyos extrarregionales recibidos protestando con dicha clausura; las tácticas del presbiterio, utilizando formas políticas de protesta (marcha, manifestaciones, sit-in, etc,), radicalizan el conflicto exigiendo la salida del Coadjutor, según el modelo de “juegos de Suma 0”. Por parte del coadjutor, el apelo a la autoridad, a la unidad eclesial, a la legitimidad jurídica y el recurso al Delegado Apostólico. 
  1. La acción reparadora facilitada gracias a la paciente prudencia del arzobispo titular, quien siempre llamó a la cordura: se realizaron compromisos tácitos y negociaciones a fin de que se pudiese continuar la marcha habitual de la arquidiócesis. Cuando el Coadjutor se consolidó, retiró de la diócesis a agentes venidos de fuera; aunque toleraba experiencias progresistas en los medios indígenas, con tal de que no ocasionaran problemas extralocales. Poco a poco los sacerdotes más exaltados fueron dándose cuenta de que la imposición ya era irreversible, y que había que aprender a trabajar en la nueva situación (sin perder los principios). 
  1. La reintegración, segunda fase: se veía que peligraba la gobernabilidad, con riesgo de dispersión pastoral, desánimo y frustración que hacía que cada párroco actuase como quisiese… Finalmente, se solucionó mediante un “tercer actor”: cuando ambas posiciones tienen fuerza semejante y hay parálisis, un tercer actor (mediador, “bonapartismo”, “tercer ladrón”, “árbitro”, etc), que se concretizó con el nombramiento de un obispo auxiliar, Miguel Ángel Alba Díaz, exrector del seminario de Monterey, hombre simpático, negociador y con sólida preparación, en quien ambas partes depositaron su confianza. 

ANÁLISIS DIACRÓNICO DE LOS CONFLICTOS  

  • Hay antropólogos (como Evans-Pirchard) que observan que todas las religiones requieren de unicidad; especialmente, en la Iglesia Católica la unidad y la cohesión disciplinaria son vitales, lo cual no quiere ser interpretado como “uniformismo” monolítico. El catolicismo comprende pluralidad de ritos, de teologías, de espiritualidades y de estilos disciplinarios; mientras se salvaguarde cierta unidad de creencias y de prácticas esenciales. 
  • Algunos científicos llegan a hablar de distintos catolicismos y pluralismos; aunque a la Jerarquía no agrade hablar de esto: estaría, p.ej., la llamada “religiosidad popular” (más bien, en plural). Para Antonio Gramsci, la religión no sería un conjunto superficialmente homogéneo, si no pluralidad de subrreligiones en el seno de la misma religión, y pone ejemplos: el catolicismo de campesinos, el de pequeños burgueses. el de obreros urbanos, el catolicismo femenino, el de intelectuales, etc. 
  • Leonardo Boff (1991) analiza estos distintos tipos de cristianismo en América Latina: 
  1. Catolicismo occidental romano (proceso de largo encuentro entre poder religioso y poder político,  partir de Constantino): muy jerarquizado desde la catequesis misionera del siglo XVI. 
  1. El cristianismo cultural:  la religiosidad popular (que más bien habría que hablar en plural) 
  1. El cristianismo popular de las Comunidades Eclesiales de Base. 
  1. El cristianismo occidental Reformador (el protestantismo histórico de las grandes denominaciones) 
  1. El cristianismo popular pentecostal (evangélicos y para cristianos) 
  1. Cristianismo asimilado por otras confesiones y místicas. Como movimientos esotéricos orientalistas (New Age) 
  1. Cristianismo mundializado, propio de la globalización (“Iglesia policéntrica de Metz o Hans Küng). 

II Esquema estructural de los conflictos expuestos.  

Diapositiva 15 del Power Point: Posibilidad 1  y esquemas 15 y 26 Power (libro pag 120).  

  • Ambas religiosidades –la neoconservadora y la de Liberación- se disputan una doble presea: allegarse la mayor base social y obtener el reconocimiento de la oficialidad eclesial. La neoconservadora tiene más posibilidades de allegarse la oficialidad eclesial de más alto nivel, y la Liberacionista, en cambio, más facilidades por el reconocimiento de base social. 
  • En cuanto a alianzas políticas, la neoconservadora puede aspirar más fácilmente a los apoyos neoliberales, y la Liberacionista, a movimientos sociales progresistas. 
  • Por tanto, la mayor oposición (de “contradictoriedad”) se daba entonces entre los gobiernos neoliberales y los movimientos sociales. 
  • La oposición entre religiosidades sería algo más que “oposición de contrariedad”, por la necesidad compartida de no llegar a rupturas cismáticas. 

CUESTIONARIO 

  1. ¿Cómo te parecen las prioridades de la pastoral arquidiocesana de Oaxaca con Bartolomé Carrasco? 
  1. Tu opinión sobre la política vaticana por medios oficiales, juzgada desde la congruencia con los valores cristianos. 
  1. ¿Qué peculiaridades deben tener las tácticas de lucha al interior de la Iglesia para que tengan viabilidad, en comparación con las luchas sociopolíticas? 
  1. Se dice que “De  Roma viene lo que a Roma va”: el Vaticano actúa en función de sus funcionarios locales (el Delegado Apostólico o nuncio). Con el apoyo de los niveles jerárquicos más elevados, el obispo coadjutor pudo afrontar al presbiterio local en pleno ¿Ante esto, cómo ves la política “sinodal” del Papa Francisco?  
  1. ¿Cómo te pareció la reacción de los alumnos indígenas, ante la supresión del Seminario Regional del Sureste? (tomando en cuenta su orientación indigenista y con un cuerpo de profesores de buen nivel, así como el rescripto llegado de Roma, en cuyo análisis no se reconocieron ni los alumnos, ni los profesores, ni más de la mitad de los obispos de la región. 
  1. ¿Observas las relaciones que tienen las diversas “religiosidades” con los modos de producción distinguidos por Marx? Un modo de organizar la religión (en favor o en contra), ¿tendría necesariamente implicaciones políticas?