Pasada hora y media, mi amigo Eduardo dio la señal de terminar, ejecutando un sentido blues. Los participantes tomaron un “brake” –café y sandwichitos, donativo de Elio-. Después de media hora, el grupo Marabunta convocó al salón con una canción de la Misa Salvadoreña, para confrontarnos con la Palabra. Como canto de meditación se declamó una poesía de Mons Pedro Casaldáldiga, durante cuya lectura se exhibieron sendas pancartas con dibujos de Maximino Cerezo Barredo (fue el momento “claretiano”). Conforme yo iba proclamando el texto evangélico de las Bienaventuranzas, los jóvenes Mike y Valeria, de una parroquia pasionista, las iban escenificando a base de mímica. Después, los coordinadores de las Mesas dieron sus breves testimonios de su trabajo y yo pronuncié un sermón sobre la crisis actual del paradigma sacerdotal. En el rito penitencial habíamos pedido perdón por nuestras omisiones, complicidades y egoísmos, y Mike, acompañado de su guitarra, interpretó un sentido canto de perdón. Entonces vino la preparación del altar: el grupo Marabunta arregló un altar de los pueblos originarios, con copal y canto en náhuatl; mientras los seminaristas ponían el mantel y traían los objetos litúrgicos. Entonces, al ritmo de percusión de un “cajón” de Bosque David, entró danzando la procesión de jóvenes con el vino, cestos con pan ázimo y mis memorias –mi vida- que ofrecía a Dios y a los presentes. Para la concelebración, estuve acompañado por los sacerdotes Manuel Zubillaga y Federico Loss.
Categoría: Mis memorias
Comida
Al terminar, después de que Eduardo nos ejecutó su composición “Las Alas Rotas”, basado en la letra de Amanda Arciniega. Entonces bajamos al comedor para una taquiza, partir el pastel y hacer un brindis. Durante la comida, el grupo Marabunta ejecutó canciones de protesta; Eduardo, un blues y un grupo de Tepito nos deleitó con rock de los 60’s (tenían 60 años). La convivencia estuvo muy alegre.
Viendo el regocijo de los participantes y su entusiasta respuesta, me dió la impresión de que la generación de los mayores, más reflexiva y con mayor claridad de planteamientos, ya va de salida. Los jóvenes, quienes ciertamente están trabajando por un futuro mejor desde los valores del Evangelio, se sienten decepcionados de la Iglesia y su sentido de pertenencia se ha debilitado, con riesgo a diluirse en los movimientos sociales generales. El reencuentro de personas conocidas que caminamos juntos en los mejores años del Movimiento, el diálogo y la conciencia de los nuevos desafíos, denotaban la importancia que para todos nosotros tuvo este evento.










Presentación de mi libro en la clausura del IFTIM
El 9 de ma
yo, en la ceremonia de clausura del curso académico en el Instituto de Formación Teológica Intercongregacional de México tuve la primera presentación de mi libro de memorias, que fungió como el momento académico del evento. Ante la presencia de dos obispos, Mons. Antonio, de aquella Vicaría y Mons. Cecilo Félez, presidente del Consejo Superior y con los maestros y todos los estudiantes, me dieron 20 minutos para hablar. Hice un breve recorrido del medio siglo de historia que me tocó vivir, narrando los hechos desde el punto de vista personal, como testigo, narrador y protagonista. A los alumnos les interesó, pues si conocían algunos eventos eclesiales, era por historia, y al ser presentado por alguien que los vivió (y sufrió) fue para ellos toda una experiencia. Me corroboró el acierto de escribir estas memorias (por supuesto, descontando todos los errores e imprudencias); pero aún esto, daba el aire de conversación informal y espontánea. Fue pensando en lectores como ellos que se me ocurrió con-memorar (hacer “memoria-con” otros). Ya estoy disfrutando mi aniversario.























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