El drama y su desenlace. Preparativos. Jesús decide asumir Él sólo las consecuencias. Ritual simbólico de despedida. Huida de los discípulos. Juicios religioso y político. Condena. El silencio del Padre. Fracaso de la causa de Jesús.
1) Preparativos para el drama (14, 1-16)
A. Preparativos del Centro judío (miércoles) (14, 1-2)
B. Preparativo simbólico de la sepultura: Unción (14, 3-9)
C. Preparativos de Judás (14, 4-11)
D. Preparativos de la cena (jueves am) 14, 12-16)
2) Opción de Jesús: asumir Él sólo las consecuencias (14, 17-21-42)
A. Jesús frente a la traición (viernes judío) (14, 17-42)
B. Acción profético-simbólica sobre el pan y el vino (14, 22-26)
C. Jesús frente a la inminente huida de los discípulos (14, 27-31)
D. Jesús frente a la muerte. Silencio del Padre; resistencia y
sumisión (14, 32-42)
3) Juicio y condena: el fracaso de la causa de Jesús (14, 53 al 15, 47)
Juicio de Judas: entrega y traición (14, 43 al 15, 4)
A1. Juicio religioso: (14, 53-65) (Sanedrín)
A2. Juicio de Pedro: (14, 66-72) (patio)
B1. Juicio político (15, 1-5) (adentro pretorio)
B2. Juicio popular (15, 6-20) (afuera pueblo y soldados)
C. Camino de cruz y crucifixión (15, 21-27)
D. En la cruz: tres burlas y tres juicios (15, 29-39)
- Preparativos para el drama
A y B- Preparativos del Centro judío, y de Judas (miércoles) (14, 1-2). “entrega – traición”
Las autoridades religiosas querían matar a Jesús antes de la Pascua, para evitar motines; pero no podían acercarse a su círculo íntimo por temor a que el pueblo fuera contra ellos, y no pueden entrar en su círculo. Necesitaban de alguien “de dentro” que se los entregase a los de “fuera”. Lo quieren matar durante la preparación a la fiesta celebrativa de la liberación de Israel, condenando a quien vivió para dicha liberación. Judas los contacta (goza de cierta libertad de acción por su cargo de proveedor). Acuerdan darle 30 monedas (el precio de un esclavo), y desde entonces, Judas estuvo buscando la oportunidad de entregarlo. Extraña las razones de la traición de uno de los Doce (bien elegidos y formados). El evangelio de San Juan le supone un motivo económico; pero, incluso, les botó las monedas. Quizás hayan sido sus tendencias zelotas, las que lo ilusionaron de creer que después de la toma del Templo se proclamaría rey, y los zelotas, seguramente, lo habrían ayudado. Creyó que Jesús habría traicionado la causa del reino.
C. Preparativo simbólico para la sepultura-unción (14, 3-9) En Betania
Jesús se refugia en la casa de un leproso. Entra una mujer con un frasco de perfume de nardo puro, muy costoso, lo quebró y lo derramó sobre la cabeza de Jesús, para ungirlo. Algunos (según Juan, fue Judas) criticaron a la mujer, pues con esos 300 denarios se habría podido ayudar a pobres; pero Jesús la defiende: “a los pobres los tendrán siempre entre ustedes y podrán socorrerlos cuando quieran; pero a mí no siempre me tendrán” (v-7). Intérpretes de Derecha, apoyados en esa frase, afirman que para Jesús, siempre habrá pobres, y por tanto, ayudarlos -aparte de inútil-, sería ir contra la voluntad de Dios que, en su Providencia, así lo dispuso. Pero para Jesús, lo que realizó la mujer fue adelantar un ritual de unción para la sepultura, que ya se temía venir.
D. Preparativos de la cena (jueves am) (14, 12-16)
Los discípulos le preguntaron a Jesús dónde quería celebrar la Pascua y Él envió a dos de ellos a la ciudad, donde les saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua, al que debían seguir. Aquí me detengo, para presentar un estudio exegético que aporta un dato algo curioso[1]: ir por agua a la fuente era tarea de mujeres, las cuales llevaban el cántaro sobre la cabeza (los varones, cuando llevaban agua, lo hacían con dos botes y un palo). Las instrucciones de Jesús, según el autor, connotaban que tenían que seguir a un varón homosexual, y adonde entrase, tenían que hablar con el propietario sobre el sitio donde el Maestro celebraría la Pascua, quien les mostraría una “sala grande, en el piso superior y preparado con divanes”, lo que podría dar pie a pensar que habría, además, otros discípulos (o discípulas) que tal vez habrían podido también estar presentes.
2) Jesús asumirá Él sólo las consecuencias (14, 17-21-42)
- Acción profético-simbólica sobre el pan y el vino (14, 22-26)
La Cena jueves anterior a la Pascua, Jesús y los suyos tuvieron una cena ritual, recordando el contexto del Éxodo (liberación). Implicaba una acción profética simbólica que condensaba toda su práctica y su suerte: la Alianza, por la que Israel se constituyó “Pueblo de Dios”, que en aquel momento se sellaría partiendo el pan y compartiendo (entregado) el vino. Con esto, Jesús entrega su vida como pan (multiplicado) y su sangre como vino (“tomen, esto es mi cuerpo… esta es mi sangre”). Esta entrega será certeza escatológica (“No beberé vino hasta que llegue el Reino”). El cordero, centro de la cena, no es la víctima expiatoria del sacrificio levítico, sino el cordero Pascual, signo de liberación.
- Previsión de la inminente huida de los discípulos (14, 27-31)
Jesús previó la cobardía de sus discípulos, secuela normal de la condición humana. Después de los salmos rituales, salieron del “cenáculo” camino al Monte de los Olivos y Jesús les enfrenta con su premonición –“Todos van a fallar, como está escrito”- pero también les reconoce una conversión, que tendrá lugar cuando resucite y los vuelva a ver en Galilea. Pedro alardea: “Aunque todos falle, yo no”; pero Jesús lo pone en su lugar: “Te aseguro que hoy mismo, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres”.
- Jesús frente a la opción final (14, 32-42)
Jesús es conciente de que llega el momento -previsto, aceptado, temido-: ya no huirá, pues esto desautorizaría su práctica y su causa (pero ¡qué más desautorización que su muerte!). Quizás pudo haber modificado a última hora la decisión de ir a Getsemaní, pero eso evidenciaría a Judas. Llegados al huerto de Getsemaní, Jesús se aparta del grupo, llevándose consigo a sus apóstoles más concientes –Pedro, Santiago y Juan-, objeto de las mayores oportunidades formativas, y les pide -les ruega- quedarse cerca y despiertos, para el apoyo que necesita en su angustia mortal. Postrado en tierra, demanda que, de ser posible, se evite un desenlace violento (por supuesto, sin recurrir a salidas mágicas o milagrosas): “Abbá, tú lo puedes todo, aparta de mí esta copa. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Sabe que no hay equivalencia entre su Padre y el poder; que Dios respeta la libertad humana, y que la voluntad de su Abbá, como siempre en la historia, será “kénosis” (abajamiento). Sabe que su muerte no es para satisfacer a un Dios vindicativo, necesitado de expiación, y que con esto, desenmascarará al poder homicida del Centro y de la Ley de la pureza… pero choca con el silencio del Padre. Aflora dramáticamente la condición humana de Jesús: necesita cualquier tipo ayuda; pero tropieza con la incomprensión de sus discípulos. Va a verlos cómo están… y los haya dormidos.
Dirigiéndose al “envalentonado” Pedro, le recrimina no haber estado despierto ni siquiera una hora: “Despierten y oren para no caer en la tentación. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”. Jesús, siendo humano, conoce nuestra naturaleza caída. No pretende quitarnos las tentaciones, sino aprender a superarlas, y para ello, aconseja la oración y la vigilancia. Nuevamente se retiró a orar -dos y tres veces- y los encuentra dormidos. Ha llegado el momento terrible; los despierta bruscamente: “¡Todavía dormidos y descansando! Basta, ha llegado la hora en que el Hijo del Hombre será entregado en poder de los pecadores. Vamos, levántense, se acerca el traidor.”
- Juicio y condena: el fracaso de la causa de Jesús (14, 53 al 15, 47)
Juicio de Judas: entrega y traición (14, 43-52). El beso, de ser signo de intimidad, ahora se vuelve signo de traición (contraseña de la entrega). Al percibir aquella señal, de inmediato se le echaron encima. Hubo un connato de resistencia: uno de los presentes sacó una espada de sicario, y de un tajo cortó la oreja al sirviente del sumo sacerdote. Finalmente, todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Marcos anota un detalle embarazoso que los otros evangelistas y los traductores mismos prefieren pasar en silencio: en la trifulca, “agarraron a un joven cubierto tan sólo con una sábana; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo” (vv. 14, 51-52). ¿Qué hacía ese joven desnudo aquella noche? ¿Será otro detalle de la supuesta homosexualidad de Marcos? ¿O se tratará de Marcos mismo?
A. El Juicio religioso
Dentro del Sanedrín (14, 53-65)
- El juicio se desarrolló con varias irregularidades: para una pena capital, no podía convocarse Al Sanedrín por la noche, ni en sábado, ni en las fiestas; no se podía pronunciar sentencia de muerte el mismo día del juicio oral. Entre todos los testigos, Jesús era el único veraz (los discípulos habían huido). Habría, al menos, que cubrir las apariencias formales, por lo que Caifás le preguntó directamente a Jesús si era “el Mesías, Hijo del Bendito”. Dado que Caifás era la autoridad legítima, esta vez Jesús no quiso salirse “por la tangente”, como en otras ocasiones, y dio una respuesta afirmativa, clara e inequívoca: “Yo soy. Verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y llegando entre las nubes del cielo” (v.62, aludiendo a Dan. 7, 13). Caifás aprovechó la respuesta, presentándola como blasfemia; aunque en realidad no lo era (Jesús decía la verdad) y menos aún en aquel tiempo de expectativas mesiánicas.
Fuera del Sanedrín (14, 66-72)
- Marcos distingue dos juicios: mientras que en la interrogación del Sumo Sacerdote, Jesús afirmaba a Dios, comprometiendo su vida; Pedro, calentándose en una fogata del patio del palacio de Caifás, ante el interrogatorio de una sirvienta del sumo sacerdote –que lo había reconocido como seguidor del reo-, reniega de cuanto, desde la llamada de Jesús en la playa de Cafarnaúm, hasta ese momento, había sido su identidad: seguidor de Jesús; negándolo tres veces bajo juramento y poniendo a Dios por testigo. Volviendo al comentario de Manuel Villalobos quien, como se dijo, trata de resaltar elementos homosexuales en San Marcos, bajo el título “Rebequita la hocicona”.[2] Villalobos Llama a la criada “Rebequita”, en alusión a una experiencia autobiográfica, y la pone como juez y parte, imaginándola como “marimacha” (en el pueblo de Villalobos, las reuniones nocturnas en torno a una fogata callejera es espacio solo para varones) y recuerda a una tal Rebequita, marimacha, quien habiéndose quedado sola, participaba en las asambleas de varones y tenía comportamientos similares.
- En el episodio del evangelio, los criados se calientan en una fogata, en la que, además, está esta criada (“Rebequita”), y es quien pone a Pedro en su lugar. Al corregir al apóstol es como si quisiera decirle: “tu lugar debía estar allá adentro, con el reo”. Villalobos rescata aquí toda una fenomenología de la mirada “observante”: los varones son quienes de ordinario miran a las mujeres; pero aquí, fue la mujer quien “se le quedó mirando” a Pedro, y le interrogó. Ante su respuesta negativa, en otro lugar, nuevamente la mujer volvió a ver a Pedro y empezó a confirmarles a los presentes que era uno de ellos. Lucas hace que Jesús se asome al patio, se vuelva y mire Pedro, y entonces el gallo cantó (Lc 22, 61).
B. El Juicio político
Afuera del Pretorio (15, 1-5)
- Ya que el juicio religioso no reunió la legalidad necesaria, ante ciertas críticas de algunos miembros del Sanedrín, temprano al día siguiente, Caifás lo convocó de nuevo. Las autoridades quieren que Jesús sea condenado por el poder romano, y de la forma más cruenta posible, la crucifixión.
Pilato interrogó a Jesús sobre sus pretensiones de hacerse rey:; pero Jesús le responde: “Eso eres tú quien lo dice” (en realidad, lo está negando). Es proverbial la justicia romana (el Derecho Romano), y Pilato querría obrar correctamente. Después de interrogarlo, hizo algunos intentos: intentó aplacarlos liberando a Barrabás -un zelota arrestado por un homicidio “durante el motín” (probablemente, el borlote del domingo anterior). Según San Lucas, Pilato le envió a Herodes al preso, quien lo regresó… en fin, hizo lo posible; pero sin comprometerse, cuidando más su prestigio que hacer justicia, y viendo que la gente estaba furiosa y obcecada, liberó a Barrabás y entregó el reo a la soldadesca.
Dentro del Pretorio (15, 16-20)
- Dentro del Pretorio, los soldados convocaron a toda la guardia (la “corte”). Le pusieron las insignias del Imperio (andrajos de púrpura, corona de espinas y una caña a guisa de cetro) y le hacían reverencia, golpeándolo en la cabeza con esta. De allí lo llevaron a crucificar.
C. Camino de cruz y crucifixión (15, 21-27)
- El camino al Calvario, Jesús cargaba sólo el palo transversal de la cruz (el vertical ya estaba fijo para las crucifixiones). Ya se veía agotado y maltratado por los azotes y los golpes. El centurión teme que el reo no llegue a la cruz, lo que le representaría problemas, por eso, obliga a un emigrante (un vulnerable) a que ayude al reo cargando el madero. Se trataba de uno de los primeros conversos, conocido por la comunidad cristiana –“Simón de Cirene, padre de Alejandro y Rufo”-. Lo condujeron al Gólgota, “Lugar de la Calavera”, le ofrecieron vino mezclado con mirra (una especie de analgésico) que Jesús no tomó; lo desnudaron, repartiendo, por suertes, su ropa y a las 8 de la mañana lo crucificaron, en medio de dos asaltantes (“lestai”).
D. En la cruz: tres burlas y tres juicios (15, 29-39)
Tres burlas contra su proyecto de reinado (15, 29-36)
- “No puede destruir el templo y salvarse” (29 ss)- Esta burla proviene del poder religioso y se trata de la “ordalía”: si no puede salvarse, es señal de que es culpable, pues Dios no permite que un inocente sufra.
- “No puede slavarse a sí mismo y a los otros dos ajusticiados.” (31-32) La hacen los sumos sacerdotes -secundada sólo por uno de los ajusticiados-, “Que baje de la cruz y creeremos en Él”. denota una fe débil, condicionada a la victoria sobre los enemigos, realizado de manera maravillosista, connotando poder.
- “¡Veamos si lo salva Elías!” (35-36). Jesús agoniza, y sufre al sentir el abandono de Dios. Lo increpa. Ahora ya no lo llama “Abbá”, sino “Eloí, Eloí, lamá sabatacní” (Dios mío, por qué me has abandonado?). Los soldados (que no entienden el arameo) piensan que invoca a Elías.
Tres juicios (15, 34-39)
- Primer juicio: el silencio de Dios (34). Jesús está desconcertado ante el silencio de Dos, quien en esa hora, guardó silencio. Es lo que más le entristece. Jesús no reclama, sino sólo expresa su desconcierto, sólo quiere saber… Y dando un fuerte grito, encomendando al Padre su espíritu, expiró.
- Segundo juicio: el velo rasgado (38). Comienza el juicio de Dios. Una señal escatológica: ha llegado el Día de Yahvé. El Templo ya no retiene la presencia de Dios. Se cumple la condena que había hecho Jesús frente al Templo. Es importante también para nosotros: saber, en la historia, dónde se encuentra Dios.
- Tercer juicio: el comienzo de la fe (39). En contraste con las condiciones de los sacerdotes, el Centurión no puso condiciones, sino creyó y confesó a Jesús como Hijo de Dios. Una fe que contrastaba con quienes lo insultaban. Tampoco las mujeres necesitaron señales mágicas. El silencio de Dios fue su última palabra. Las mujeres mantienen su gran confianza en el Padre, por encima de aquel tremendo silencio y de aquella infame muerte. La última palabra es la resurrección.
EL EPÍLOGO (16, 1-8)
Marcos concluye su evangelio con el episodio del primer día de la semana, muy temprano, cuando María Magdalena, María de Santiago y Salomé van con perfumes a ungir el cuerpo, preocupadas por encontrar a alguien que les Ayude a mover la gran piedra del sepulcro; pero la encuentran ya corrida. Al entrar al sepulcro, vieron a un joven vestido de blanco, quien les dice que, si buscan a Jesús Nazareno, el crucificado, no está ahí, ha resucitado; y les manda decirles a Pedro y a los demás, que vayan delante a Galilea y allá lo verán. Y Marcos en su último versículo: “Ellas salieron corriendo del sepulcro, asustadas y fuera de sí, y de puro miedo, no dijeron nada a nadie.” Con estas palabras, también a los lectores nos deja desconcertados, como habrá quedado el mismo evangelista.
En las versiones aprobadas de este Evangelio, se halla un epílogo que –por acuerdo unánime de los exégetas- no pertenece a Marcos, sino a otra pluma y otro estilo. En este epílogo. Jesús aparece a María Magdalena, quien va a ver a los apóstoles, los halla llorando y no la creyeron. Luego habla de los dos discípulos de Emaús, a quienes tampoco les creyeron. Por último, narra la aparición a los Once en la mesa; les reprende su obstinación por no haber creído a los que lo habían visto, y los envía por todo el mundo proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad… y así, mientras hablaba, se fue elevando al cielo.
[1] VILLALOBOS MENDOZA, Manuel: “Cuerpos abyectos en el evangelio de Marcos”, Ediciones El Almendro, Córdona /Uniclaretiana (Edición Universitaria Claretiana. Quibdó, Chocó. Colombia, 2016. El autor es un biblista “chicano” claretiano, que se reconoce abiertamente homosexual, y que pretende visibilizar estos elementos de género en el evangelista. Utiliza el lenguaje “chicano” popular lúdico; pero no carente de sólidos fundamentos exegéticos (Para este pasaje, vid. “Nachín el Machín” pp 119-149). El autor observa que, mientras Lucas simplemente sigue a Marcos, Mateo –quien siempre suele añadir detalles a Marcos- en esta ocasión, los elude completamente para no comprometerse.
[2] “Marimachas, descaradas, malcriadas y hociconas”, o.cit., pp 81-111
Debe estar conectado para enviar un comentario.