A-06 ¿AMAR ES REALMENTE ÉTICA “LIGHT”?

Mt 5, 17-37

  • La moral judía era tenida como muy exigente: los fariseos se ufanaban de observar los 647 preceptos escritos en la Ley y ayunaban dos veces por semana. Jesús, en cambio, gustaba de las fiestas, de celebraciones populares y resumía toda normatividad en una sola palabra: AMOR (San Agustín glosaría: “Ama y haz lo que quieras”). Por tanto, parecía válida la crítica que le hacían a Jesús, quien supuestamente invalidaba la Ley me Moisés y sostenía a cambio una propuesta moral era demasiado “light”. En la perícopa del Evangelio de hoy Jesús responde que “no ha venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darles su plenitud”, a recuperar su sentido original. Muestra, además, que el amor que propone, llevado a sus últimas consecuencias, resulta más exigente que lo normado por la Ley mosaica, y lo ejemplifica con cuatro casos:
    1. El insulto- Ante el precepto del Decálogo -¡”No matarás”!- que exige competencia de los tribunales, Jesús lo extiende al simple “enojo” o al “insulto”. Por supuesto, no habla de la ira normal suscitada ante una agresión, sino de actitudes deliberadas, como la de quitar definitivamente la palabra a alguien, (voltear al otro lado para no verlo), que en como considerar que el hermano ha dejado de existir para uno; que ha muerto. En cuanto al insulto, no consiste en los fonemas (el sonido de las palabras). En realidad no hay “malas palabras”, pues el significado es convencional. Muchas veces se trata de expresiones clasistas: las “palabras vulgares” son las que emplea el “vulgo”, de la que las clases favorecidas se deslindan utilizando otro léxico considerado correcto. Entre nosotros, se utilizan calificativos que connotan a sectores de personas estigmatizadas, sea por su nacimiento (bastardos, hijos de mujeres violadas o de prostitutas), por discapacidades (retrasados mentales), por su orientación sexual (homosexualidad). Ya las palabras mismas si se dirigen hacia estos sectores resultan discriminatorias y ofensivas; pero además, se las endilgan a otros que no entran en tales grupos; a los que les reduzco par ofenderlos; es no reconocerles en lo que son y cambiarles su ser por otro inferior o discriminado (además del tono y el volumen de la voz). Jesús dice que al antes de llevar una ofrenda hay que reconciliarse, pues esos supuestos actos religiosos no son compatibles con conductas que lesionan la Caridad. ¿Cómo acercarse al sacramento de la “comunión” (eucaristía) si al mismo tiempo “excomulgo” (saco de mi comunión) a otro?
    2. El adulterio divide el corazón, que uno entregó a su cónyuge por entero. Jesús afirma de un mal deseo ya divide el corazón. Obviamente no se trata de alguna mirada furtiva que haya provocado cierta fantasía efímera, sino de verdaderos “deseos”, es decir, propósitos de ver cómo podría uno llevar a cabo la infidelidad; aun cuando esta no se dé.
    3. El divorcio.- Hoy como antaño, las tensiones de muchas parejas llegan a un punto en que la convivencia resulta demasiado difícil. La autoridad, en estos casos, debe apoyar a la parte más débil (dar un “certificado de divorcio” o llevar un proceso jurídico). En nuestro tiempo, la cultura actual no predispone a superar las dificultades, sino que parece más fácil romper los compromisos. Sin embargo, la lógica de la Caridad propuesta por Jesús implica un esfuerzo continuo de afrontar incompatibilidades y entrenar el diálogo, que si se practica desde el inicio día a día, muy probablemente no se llegue a las situaciones límite. Salvo casos en que la dignidad de una de las partes se vulnere sistemáticamente, la superación de las diferencias por medio de un amor auténtico ayudará a madurar
    4. El juramento.– Jurar en nombre de Dios se da cuando no existe confiabilidad en la palabra dada. La contraparte en alguna controversia puede tener cierta garantía (en ambientes de religiosidad social) si se apela a Dios (o a la madre, etc.), pues se presupone que la persona no querrá comprometer su salvación eterna. Por eso, “jurar en vano” es pecado grave, y para Jesús, un discípulo suyo movido por la Caridad no necesita jurar de ninguna manera, pues su palabra goza de crédito. Por supuesto, esos juramentos o promesas que hacemos a la ligera pueden ser objeto de revisión honesta.
  • De este modo, la exigencia del Amor resume toda la moral cristiana, que si bien es más exigente que cualquier ética puritana del deber, resulta más normal y llevadera, pues cuando actuamos por amor, no cuestan los sacrificios.

A-05 SIGNIFICADO CRISTIANO DE NUESTROS SENTIDOS

Mt 5, 13-16

  • Nuestros cinco sentidos son las “ventanas” a través de las cuales percibimos (nuestra mente) la realidad. Son cinco vías maravillosas, prácticamente necesarias para vivir, gozar y evitar las amenazas (cuando algún sentido mengua, con frecuencia otro se potencia). Privilegiamos la vista, con la que percibimos un mundo de colores (los cuales no existen en la realidad), la belleza con que nuestro Padre arregla nuestra Casa Común. El olfato es el sentido más antiguo y se pierde en los orígenes del mundo animal y humano: el cavernícola que llega noche a su cueva, olfatea a su hembra para dar con ella, los perfumes franceses -deliciosamente descritos por Suskind- son empleados para la seducción. Con el oído percibimos el suave murmullo de las hojas, el soplar del viento, el oleaje del mar; y gracias a él podemos escuchar las confidencias o las correcciones de los hermanos. Por eso, la pérdida de audición nos hace suspicaces, pues pensamos que todo mundo está hablando mal de nosotros. El tacto es pulsado con maestría por amantes delicados, a todos nos relaja un buen masaje, disfrutamos el agua tibia de la ducha, la seda de alguna prenda o el fresco de una tarde veraniega. El arte culinario imagina sabores para mezclarlos y para sorprender (se dice que los abigarrados moles prehispánicos tenían como fin ocultar –o acentúa- el sabor prohibido del canibalismo).
  • En la actualidad los sentidos se nos están atrofiando: abusamos del volumen en los audífonos para escuchar la música electrónica, nos habituamos a los decibeles del tráfico urbano, tenemos atrapados nuestros ojos por las horas de computadora, usamos poco el olfato para comprobar si los alimentos están echados a perder, nos defendemos de las apreturas en el Metro, y el gusto está estragado con saborizantes artificiales estándar.
  • Lo importante de nuestros sentidos nos lleva a su uso metafórico: a veces, “la falta de tacto” es causa de errores en las relaciones (como quien no percibe el cambio de temperatura lo lleva a resfriarse); el instinto de un buen empresario sabe “olfatear” un buen negocio y percibir que cierta oferta “le huele mal”. Atrofiamos nuestros oídos al prestarlos a los chismes, al cerrarlos a peticiones de ayuda o al rehusarnos escuchar a los demás. Agudizamos nuestra vista para otear el futuro; pero pasamos de largo, indiferentes, sin ver a personas necesitadas de nuestra ayuda.
  • La realidad suele proyectar señales que algunos sentidos captan directamente (emanaciones olfativas, ondas sonoras, resistencias táctiles). En cambio, la vista y el gusto, aun suponiendo que se encuentren en excelentes condiciones, requieren de algún otro elemento externo (o al menos con este funcionan mejor): Uno puede tener muy buena vista; pero si no hay luz suficiente, no puede ver o percibe deformados los objetos. Por eso la fe es considerada como una luz, gracias a la cual vemos la realidad con los ojos de Dios: en aquel inmigrante sucio y hosco la fe descubre el rostro sufriente de Jesús. En aquel magnate “exitoso”, o en aquella mujer de belleza despampanante que se exhibe enjoyada con vestidos caros, la fe descubre a pobres solitarios, encerrados en su tristeza egoísta, acrecentando vanamente bienes materiales sin nunca encontrar en ellos satisfacción. En las amenazas de un Presidente loco engreído, un creyente sabe ver gérmenes de esperanza…
  • Por esto, la luz de la fe recibida debe ser comunicada: todavía hoy, una de las artesanías que se venden e Oaxaca es el “celemín” –una olla de barro, con agujeritos, que si se coloca sobre alguna luminaria (una vela o un foco) proyecta una agradable penumbra y juego de sombras. Es muy agradable; pero no sirve cuando lo que uno necesita es ver bien en una habitación. Entonces lo que hay que hacer es poner la luminaria en la parte más elevada, para que la luz se desparrame. Es lo que Jesús pide a sus seguidores: que seamos “luz del mundo”; que nos convirtamos en ejemplo viviente, no por exhibicionismo vanidoso, sino para manifestar el amor misericordioso de nuestro Padre Dios. En nuestro tiempo, cuando las conductas condicionadas van hacia una indiferencia egocéntrica cada vez mayor, los cristianos hemos de mantener los valores de la solidaridad y la compasión, pues ante tanto discurso vacuo que nos embrolla, es el ejemplo lo que sigue arrastrando. Esperamos que nuestra Iglesia sea como aquellas ciudades antiguas construidas sobre los montes, que bien amuralladas, ofrecen seguridad.
  • El gusto se deleita con la variedad de sabores en los alimentos, con lo cual la búsqueda de los elementos necesarios para nuestra nutrición se hace más agradable. Aunque cada alimento tiene su propio sabor, las papilas gustativas suelen demandar una pizca de sal para que fijar el sabor de cada alimento (no demasiada, pues entonces los sabores se uniformizan y todo nos sabe “salado”). Esto explica la importancia que tiene la sal en muchos pueblos, que la compran a veces a precio considerable. Cerca del Mar Muerto existían las minas de sal, de las que extraía pedruscos de regular tamaño que las familias guardaban en su casa y que iban raspando para usarla. Lo malo es que a veces tales piedras se pudrían y entonces ya dejaba de servir: “se arroja a la calle para que la pise la gente”
  • Para Jesús, sus discípulos deben ser como la sal: se necesita tan sólo poca cantidad (no le importaban mucho los números), pero destinados a gran influencia social. ¿Sabían ustedes que las palabras “saber” y “sabor” tienen la misma etimología? Se derivan del indoeuropeo “sap”, de la que también se deriva “sapientia” (sabiduría). El “sabio” es aquel que encuentra el sabor real de las cosas, personas o sucesos: en aquellas situaciones de parejas enredadas en conflictos desgastantes que cada vez con más frecuencia terminan en divorcios, la Caridad de los creyentes encuentra oportunidades para superar dichos conflictos hacia relaciones más maduras. En aquellas relaciones laborales, generadoras del “moving” o de la “grilla”, que hacen insoportable las horas de trabajo, la Caridad cristiana descubre dinámicas no ensayadas que redundan en mejora de la productividad y en apoyos solidarios; en algunas manifestaciones de protesta ante las injusticias sociales que pueden derivar en vandalismo desesperado, la Caridad cristiana encuentra recursos más poderosos y efectivos que el odio y el rencor. Es la sal, que da sabor a la vida.
  • Jesús, pues, nos exhorta a que seamos luz del mundo y sal de la Tierra, en este mundo tan insípido, en el que hay tanta oscuridad y confusión: que nuestra conducta sea ejemplar, para que en los hechos contribuyamos a ver la realidad con los ojos de Dios. Que nuestra vida se conduzca con la sabiduría, para dar “sabor” a la insulsa trivialidad que nos envuelve.

A-04 CÓDIGO DE ÉTICA PARA CRISTIANOS

Mt 5, 1-12

  • Hace ocho días conocimos la planificación de Jesús sobre su campaña de misión mesiánica. Ahora el evangelio nos aporta un último elemento que faltaba: la normatividad ética que pide para sus discípulos.
  • También otros grupos proponen a sus integrantes cierto código de honor: Hace apenas algunas décadas, algunos Partidos Políticos exigían a sus militantes una ideología y ciertas actitudes de comportamiento. Ahora pareciera que lo que rige son códigos no escritos, pero sí compartidos, de consejos prácticos: “El que no transa no avanza”, “un político pobre es un pobre político”, “sin obras no hay sobras”, “la moral es un árbol que da moras”, etc.
  • Eligió cuidadosamente el lugar correcto: un tranquilo monte –“El Sermón del Monte”–, connotando así el Monte Sinaí, donde Moisés recibió el código de ética del antiguo pueblo hebreo: “Los Diez Mandamientos”. El paralelismo era claro -para el nuevo “pueblo de Dios” se requería una nueva legislación o una normatividad. Sin embargo, las diferencias son notorias. El Decálogo obedece a la “ética del deber”: se trata de prohibiciones, cuyo quebrantamiento es pecado que merece castigo: NO matarás, NO hurtarás, NO mentirás, NO fornicarás… En cambio, el código de Jesús obedece a la “ética del placer”, pues se encaminan a adquirir ese estado de felicidad, más estable y profundo que el simple “goce” o “alegría” o “contento” que son menos duraderos y que nombramos “bienaventuranza” (aunque la traducción de la liturgia lo cambie por el de “dicha”, que también es un estado espiritual; aunque quizás menos profundo). Por tanto, más que imperativos obligatorios parecen ciertos “tips” para alcanzar aquel estado.
  • Un problema para la intelección de los textos bíblicos son las traducciones. Los italianos dicen: “traduttore = traditore” (“todo traductor es un traidor), pues entre las posibles acepciones de un término, el traductor elige, y lo hace conforme a su propia ideología. Por tanto, habrá que buscar palabras equivalentes más cercanas a nuestra propia realidad. Comentemos, pues, estas “Bienaventuranzas”
    • “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Esto es un ejemplo de lo que acabamos de decir. A veces se le entiende como un desapego interior a los bienes, como una posesión que no se aferre a mantenerse. En ese sentido, el mismo Carlos Slim podría ser uno de ellos… al menos hasta que no se vea un peligro real de perder las fortunas, pues entonces se evidenciaría su grado de dependencia. Algunas Biblias traducen la frase como “Dichosos los que tienen espíritu de pobre”, que me parece más correcto, Hay pobres que tienen “espíritu de ricos”, que cuando pueden, se aprovechan de sus compañeros, iguales de pobres. En cambio, los pobres “con espíritu” suelen ser solidarios con sus hermanos (“hoy por ti, mañana por mí”); son humildes y no pretenciosos; no pretende enseñar e imponerse, sino siempre dispuestos a recibir.
    • “Dichosos los que lloran [con los que lloran], porque serán consolados”. El dolor –como la alegría- puede llegar a cierto umbral de intensidad que sea imposible de ser llevado solo, y que, por tanto, necesita ser compartido: encontrar alguien que se compadezca (que “padezca-con” mi dolor), un hombro acogedor donde se pueda descargar el llanto, da la posibilidad de consuelo.
    • “Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra”. Otras Biblias traducen “sufrido” como “manso”. Me parece que el mejor sentido de esa bienaventuranza en la llamada “no-violencia-activa”, elaborada por Ghandi, Martin Luther King, Dorothy Day, etc. Se trata de soportar la agresión, sin responder ni con miedo, ni con violencia, sino haciendo conciente al agresor de su abuso y prepotencia. Curiosamente, Jesús les promete que “heredarán la Tierra”, contra lo que se presupone, que la tierra la heredan los conquistadores, quienes la arrebatan con violencia.