A-03 ¿CÓMO PLANIFICAR UNA CAMPAÑA?

¿CÓMO PLANIFICAR UNA CAMPAÑA? 

Mt 4, 12-23 

  • El conocimiento del Evangelio que adquirimos en las lecturas de los domingos tiene el inconveniente de su fragmentación -leemos un domingo un parrafito de aquí; al siguiente otro parrafito de otra parte o de otro evangelista, etc.-, y de esa manera, perdemos de vista la secuencia narrativa que obtendríamos al leer de corrido un evangelista, y en todo caso, luego cotejarlo con lugares paralelos de los otros tres. De este modo puede darnos la impresión de que Jesús era lo que podríamos decir, un “espontaneísta” 
  • ¿De quién decimos que es un “espontáneo? En lenguaje taurino, el espontáneo es alguien que tiene cierto entrenamiento del toreo; pero que no tiene aún una disciplina formal, y que se lanza al ruedo improvisadamente. Es verdad que a veces puede hacer una buena faena; pero lo más seguro es que haga el ridículo (si no es que se lleve una cornada). 
  • Así pensaríamos que Jesús va de aquí para allá, obedeciendo a sus impulsos o a lo que va viniendo y que actúa conforme le van pidiendo las circunstancias. Sin embargo, si leemos el evangelio de corrido nos demos cuenta de que su misión obedece a un plan perfectamente programado, que seguramente diseñó en los 40 días del desierto. Hoy, al comienzo de su misión como Mesías –su vida pública-, podemos destacar algunos elementos que seguramente estarán presentes en cualquier campaña, sea comercial o política. 

Objetivo.- Lo primero que se requiere en cualquier campaña es señalarse un objetivo principal, es decir, algo general que se persigue como meta final de la campaña. Jesús, conciente de tener todo el poder de Dios en sus manos, pensó en un objetivo muy ambicioso en el tiempo y en el espacio, y que seguramente superaría las posibilidades de una sola persona (así fuese el Hijo de Dios): Hacer de todo el mundo una sola familia, que tuviera como Padre a Dios, y que por tanto, hiciera sentir a todos los seres humanos como hermanos. Es decir, estamos en el primer proyecto de globalización de la historia. Tendría que realizarse a largo plazo (máxime que sería previsible que no lo habrían de dejarlo terminar, sino que lo matarían). 

Slogan.- Ese proyecto ambicioso lo denominó “Reino de Dios”, entendiendo como tal, un mundo regido por los valores de la justicia, la paz, la verdad, la libertad, la fraternidad, la Gracia. Los publicistas aconsejan, para la propaganda, resumir ese objetivo general en un “slogan”, es decir, una frase breve pero con gran contenido, que resuma todo el proyecto y que tenga también una fuerte carga emotiva. El slogan de Jesús, que repetía en todas partes, fue “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los Cielos”, y para un pueblo de tradición monárquica teocrática, como Israel, despertaba resonancias históricas profundas. 

Estrategia.- ¿Cómo realizaría su misión? Eligió una forma itinerante, es decir, no se instalaría en algún lugar determinado (como le pedían sus paisanos de Nazaret), sino que iría recorriendo todas las aldeas de Galilea, enseñando en el camino a discípulos que le irían siguiendo: en cada aldea, predicaría en las sinagogas, sanaría enfermos y desenmascararía esa religiosidad legalista, ritualista y formal difundida desde Jerusalén por los omnipresentes fariseos. Buscaría preferentemente a los empobrecidos, los enfermos, los pecadores, los sufrientes, mostrando así el rostro compasivo y misericordioso del Padre Dios.  

Pedagogía.- El género pedagógico de su discurso serían las parábolas, o sea, comparaciones de la vida cotidiana como base de enseñanzas acerca del Reino de Dios. 

Equipo central de colaboradores.– Tendría que elegir un reducido grupo cercano –serían 12 apóstoles- a quienes daría una enseñanza y entrenamiento más especial. 

  • Una vez diseñada su planificación, habría que echarla a andar, y para ello, planear su lanzamiento, fijando tiempo y lugar adecuado. Como lugar del lanzamiento pensó en su pueblo, Nazaret, adonde anunciaría su programa, como lo hizo. En cuanto al tiempo, habría que esperar una coyuntura. Dicha coyuntura fue el arresto de Juan Bautista, mandado por el Rey Herodes, como represión a la denuncia que le hacía el profeta. Hasta entonces, Jesús se había quedado junto a su primo, ayudándolo a bautizar; pero con este hecho se daba cuenta que aquel movimiento se acabaría y entonces decide tomar el relevo, transladándose a Galilea, una región más propicia, pues estaba más lejos del centro judío de poder y más preparado por la predicación de grandes profetas (como Elías y Eliseo). Así, además, se cumpliría la profecía que leímos en la primera lectura: “Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, Galilea de los paganos…” 
  • El evangelio de hoy se centra en la elección de los primeros apóstoles. Habiéndose instalado en Cafarnaúm, una vez que caminaba por la ribera del mar vio a los dos hermanos, Simón y Andrés, a quienes había conocido antes, entre los discípulos del Bautista. Eran pescadores y estaban entonces remendando sus redes. Amaban su oficio: levantarse muy tempranito, todavía de noche y tender las redes, quedándose silenciosos bajo la luz de las estrellas, ocasión para reflexionar, meditar y orar. Cuando Jesús llama a su seguimiento, no frustra las auténticas vocaciones personales, sino que las transforma para realizarlas desde otra dimensión más seductora. Jesús los invitó: Les gusta pescar, ¿verdad?, pues síganme “y los haré pescadores de hombres”. Lo mismo hizo con Santiago y Juan, quienes trabajaban con la barca de su padre, en la que también usaban los primeros hermanos. 
  • También nosotros, cuando Jesús llama, por supuesto siempre hay algo que perder; pero también es posible que nuestra vida descubra aspectos insospechados. Quizás también nosotros estemos enredados en nuestra cotidianidad, en nuestros trabajos y rutinas, quizás buscando superar nuestras soledades en el Internet y en las redes sociales, y quizás podamos escuchar a Jesús que nos diga: “dejen sus redes y síganme”… Aceptar esta invitación a sumarnos en un gran proyecto, muy ambicioso; pero que requiere una entrega total, hará entonces que nuestra existencia posea un sentido hasta entonces desconocido. ¿Aceptamos el llamado? 

A-02 EL BAUTIZO DE JESÚS

EL BAUTIZO DE JESÚS 

Jn 1, 29-34 

  • Estamos comenzando un nuevo tiempo litúrgico: el así llamado “Tiempo Ordinario”, que por cierto, no es tan “ordinario”, pues invita a reflexionar nada menos que sobre la vida pública de Jesús: si misión como Mesías. Por caer este año en domingo, la Adoración de los Reyes, el tiempo de la Epifanía -terminado el lunes pasado con la fiesta del Bautismo de Jesús- no permitió desarrollar bien el tema “epifánico”, tan importante para nuestra espiritualidad cristiana. Por fortuna, las lecturas de hoy nos permiten aún hacerlo. 
  • Como les decía el domingo pasado, la palabra griega έπιϕάνεια se compone del verbo ϕαινέιν (brillar, manifestar, dar a conocer, brillar) y del prefijo επι: algo que brilla o se manifiesta desde arriba. También explicaremos que tradicionalmente la fiesta comprende tres “manifestaciones” o sucesos en la vida de Jesús: la adoración de los reyes magos, bodas de Caná y bautizo de Jesús, y finalmente, trataremos nuevamente de aplicar la reflexión a nuestro compromiso bautismal.  
  • Para entender mejor estas tres “epifanías” importa fijarnos en “qué” se manifiesta. Se trata primeramente Nos encontramos con un signo (estrella, voz del Cielo, milagro), con los cuales Dios manifiesta que este Jesús, verdadero hombre, es al mismo tiempo el Hijo amado del Padre y el Mesías esperado. Importan también conocer los destinatarios -“a quienes” se da a conocer-. Los santos reyes fueron destinatarios, símbolos del llamado que Dios hace a todas las naciones. Ahora parece que los destinatarios fueron sólo Jesús mismo y Juan el Bautista (el Evangelio no registra ningún cambio en la multitud congregada; probablemente sólo escuchó un simple trueno).  
  • Esto nos remite a la antigua disputa teológica sobre la conciencia que tuvo Jesús: ¿sus dos “naturalezas”, la divina y la humana, implicaba una doble conciencia? ¿Por el hecho de ser Dios, conocía Jesús la existencia de nuestro Continente americano, la teoría de la relatividad, la evolución de las especies? Si así fuera, habría sido un monstruo y no hombre verdadero. Incluso Jesús mismo afirmó que nadie sabía cuándo llegaría el fin del mundo, “ni el Hijo”.  Jesús era un hombre como cualquiera de nosotros (salvo el pecado). Personalmente creo que la conciencia de su propia identidad como persona se fue desarrollando paulatinamente. Seguramente ya desde joven se sentía alguien especial, a quien Dios le pediría una misión importante. Es probable que María le hubiera narrado su Anunciación; pero las palabras podían ser interpretadas de varias maneras. Jesús fue, pues, un buscador. Informándose con interés de los movimientos espirituales más significativos de su tiempo, concluyó que el que el nivel espiritual más elevado lo representaba entonces el movimiento que había desencadenado su primo Juan, caracterizado por su rito original de bautismos en el río.
  • Juan fue hijo del sacerdote Zacarías: Le correspondía, por tanto, por derecho de su tribu, el sacerdocio de Leví, sacrificando corderos en el Templo de Jerusalén. Pero él no continuó con la tradición familiar. Dejó su casa y se fue a vivir en el desierto, a fin de clarificar la misión que intuía tener. Se instaló en la región de La Perea, en un recodo del río Jordán, justamente frente a Jericó, por donde, tiempo atrás, Gedeón había conducido al pueblo de Israel para entrar a la tierra prometida. Su mensaje era enérgico y contundente: el pueblo de Israel se alejó de la Alianza de Dios, de ese ideal ético de solidaridad con los sencillos, degradando su cumplimiento al sacrificio de animales que Juan había rehusado hacer. Era la última oportunidad: “Ya el hacha está a la raíz del árbol”. Lo que correspondía a cada cual era arrepentirse de sus pecados. El ritual imaginado por Juan era atrayente: la persona era sumergida por el Profeta, el agua corriente se llevaba los pecados y el converso salía en la otra orilla, en la Tierra Prometida, para un nuevo ingreso, frente a Jericó. 
  • Jesús llegó humildemente al río y pidió a Juan ser también bautizado. Esperaba que su Padre le manifestaría algo acerca de la propia persona, y efectivamente, en el momento mismo del bautismo, oyó claramente una voz del Cielo que decía: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”; pero además, el Espíritu Santo se posó sobre Él en una especie de paloma, lo que en aquella cultura religiosa se trataría de una unción (la palabra “ungido” en Arameo se dice “mesías” y en griego, “cristo”). Jesús, pues, es nada menos que el Hijo, el Verbo encarnado; el Mesías esperado de siglos atrás. 
  • Seguramente que Jesús ha de haber salido del río anonadado. Claramente conciente ya de su identidad y sabiendo que tenía todo el poder de Dios en sus manos, se preguntaba: ¿Cómo habría de desarrollar su misión como Mesías? Su primo le ha de haber aconsejado irse al desierto a poner en orden sus pensamientos, pues a él le había dado buen resultado, de modo que Jesús, poco tiempo después se retiró allá. 
  • Quizás podamos aprender nosotros de esta interpretación acerca de Jesús: Así como Él fue un buscador, también nosotros, quizás intuyamos que Dios quiere algún cambio de rumbo para nuestra vida. Es lo que teológicamente se llama una “vocación” (no necesariamente la que algunos jóvenes escuchan para entrar al seminario): la vida de un cristiano se transforma cuando se vive con una misión que cumplir; una misión más importante que la vida misma; una misión por la cual vivir, y tal vez, por la cual morir. 
  • Una vez discernido el llamado, no hemos de esperar que una voz del Cielo nos clarifique los detalles. Habremos de realizar una investigación intelectual para saber los ¿cómo? ¿cuándo? ¿dónde? ¿con quiénes?, y quizás acudir a quienes sepan algo de esto. Refrendando la consagración que recibimos en nuestro bautismo que nos hizo tendencialmente vivir nuestra fe como reyes, sacerdotes y profetas. 
  • Con esto empezamos nuestro Tiempo Ordinario siguiendo de cerca el desarrollo de la misión de Jesús, que seguramente obedece a su plan fraguado en el desierto.