Utopía 8. DISTOPÍA EN LA LITERATURA

I  VISIÓN DE LA LITERATURA.

¿Cómo terminará el mundo? -o mejor- ¿Cómo y cuándo se extinguirá nuestra especie –“homo sapiens sapiens”–: ese extraño primate, anatómicamente la más frágil de  las especies, pero que el Planeta lo evidencia como su más irresponsable destructor? Esa es una de las fantasías que lo imaginario ha suscitado sobre el devenir humano, en especial desde los últimos siglos, cuando la reflexión sobre la historia en su totalidad comenzó a preocuparse más por su futuro que por su pasado inicial. A cierta vertiente futurista, le parecería obvio, para una especie, libre y racional como la nuestra, que el fin más probable fuera utópico; pero en el momento actual, cada vez menos personas piensan un final así. Los visionarios de hoy piensan que el futuro más probable será distópico. Comenzaremos preguntando a los literatos, quienes, por su capacidad de crear sueños o pesadillas, suelen adelantarse a los científicos en sus premoniciones. Recordemos al respecto las tres novelas prospectivas que, además de ser las más conocidas, plantean crudamente la distopía (en las que, por cierto, no deja de estar furtivamente ausente la sempiterna utopía).

  1. Aldous Huxley: “Brave New World” (“Un Mundo Feliz”, 1932)

Este novelista inglés presenta una distopía. Aunque la titule irónicamente (“feliz”) es una seudo utopía de un futuro, imaginado para el 2,049, de una sociedad norteamericana “feliz” (mejor dicho, enajenada). Esa sociedad situaba como período eje de toda la historia, el año en que Henry Ford descubrió el diseño industrial de la cadena de embalaje (la historia se distinguía en A.F y D.F.: antes y después de Ford). Las personas estarían programadas, mediante la manipulación genética del ADN, para que, desde el nacimiento, ejercieran “libremente” las funciones para las cuales fueron acondicionadas. Esto, además, estaría reforzado, por la “hipnopedia” (introyección durante el sueño de consignas educativas), y por el suministro frecuente de una droga (“soma”), para neutralizar eventuales depresiones o conflictos. Para completar esta situación ideal, se fomenta la plena libertad sexual (ya que la reproducción se realizaba artificialmente “in vitro”), y se habían erradicado ya las guerras y la pobreza. La población estaba dividida en cuatro castas, nombradas con sendas letras del alfabeto griego (que, además, podían tener un “plus”): Los “Alfa” –condicionados genéticamente entre los mejor dotados- se destinaban para la dirigencia. Luego vendrían sus subordinados “Betas” (funcionarios del sistema), pasando por los Deltas, Gammas y finalmente, los Épsilon, encargados de las labores más fatigosas y repetitivas, como sería el trabajo en la minería, pues les agrada el calor y el trabajo pesado. Cada una estas castas, puede incluir a algunos con un “plus”. De este modo, toda la gente vive “feliz” y goza de supuesta libertad. Sin embargo, dicha “felicidad” es lograda mediante la manipulación, las restricciones a la libertad de elección y de expresión, la inhibición de la crítica intelectual y de manifestaciones de emotividad, quedando eliminadas otras posibilidades importantes, tales como la familia, el amor, el arte, la ciencia, la religión y la filosofía. 

Los protagonistas principales son Bernard Marx y Lenina Crowne (en alusión a Marx y Lenin). El primero, es un Alfa Plus, de gran inteligencia, gracias a la cual no pudo ser condicionado; pero su baja estatura, menor que los de su casta, le ocasionan problemas y rechazos sociales. Se reconoce inadaptado; pero prefiere sufrir a tomar el Soma. Su comportamiento le ocasiona problemas con su jefe, director del Laboratorio de Incubación y Acondicionamiento; quien, finalmente, le permite visitar la Reserva Salvaje, donde conoce a otro personaje, John el Salvaje, hijo del jefe de Bernard y de la esposa de éste, una mujer moderna; pero oriunda de la tribu zuñi, quien educó a John y le dio a leer a Shakespeare. Esto le permite a Huxley introducir una comparación de esta sociedad “utópica” con la de los pueblos originales zuñi de la época del autor. El Salvaje entra a la sociedad “distópica”, y en diálogo con su padre, John sostenía que la conciencia crítica y las emociones son valores semejantes a la alegría, le dan sensación de libertad y son frutos del sufrimiento y del dolor.  

La segunda protagonista, en contraposición con Bernard, es una mujer Beta Plus, plenamente “feliz” y ciudadana ejemplar. Tiene muchas relaciones sexuales; pero carece totalmente de pensamiento crítico. Se siente atraída por el Salvaje y esta atracción es recíproca; pero John no está dispuesto a ir más allá. Bernard es desterrado; pero a John no se le permite acompañarlo, por lo que el Salvaje se instala en un viejo faro. Quiere expiar su pecado de desear a Lenina, mediante la autoflagelación. Pero ya la publicidad lo ha convertido en atracción y es visitado por numerosos turistas, por lo que, aturdido y sofocado, se suicida. 

Huxley quedó insatisfecho de su obra, pues echaba de menos una verdadera Utopía. La recobra en otra novela posterior –“La Isla”-, situada en una isla imaginaria, donde un sabio sultán budista ha construido una auténtica utopía: todos los habitantes viven en plena conciencia crítica, sin enajenaciones (una parvada de loros recorre la isla, graznando el slogan “Be here, now” -“¡aquí y ahora!-). Los habitantes viven con sencillez, felicidad y tiempo libre, evitando el consumismo moderno occidental; si bien incorporando algunas técnicas avanzadas, para lo que fuera realmente importante. Finalmente murió el sultán sabio, y su hijo, joven modernizado y con contactos con el exterior, fue nombrado como nuevo sultán. La Isla contaba con buenos yacimientos petrolíferos sin explotar y el joven estableció contratos con empresas petroleras del extranjero, con lo que el modelo de la Isla se perdió, y con ella, su utopía. 

Excursus: los libros contra los audiovisuales. Marchall McLuhan, en su conocida obra “El Medio es el Mensaje: Las extensiones del hombre” (1964), sostuvo que, con la invención de la imprenta, se desarrolló el sentido crítico. Hasta entonces, en las universidades medievales, los alumnos, sentados sobre sus respectivos manteos en piso de tierra aplanada, escuchaban al Maestro, quien, sobre un estrado y a la luz de las antorchas, daba lectura (“lectio” = lección) al ejemplar único del libro (“Las sentencias”, de Pedro Lombardo: grande y escrito a mano, con pluma de avestruz y decorado con letreas capitulares y alegorías-. En los debates, cuando algún alumno afirmaba: “magister dixit” (“lo dijo el maestro”), la discusión se daba por concluida. Con la llegada de la imprenta, cada alumno pudo tener en la mano su propio ejemplar, y esto fomentó notablemente la conciencia crítica. No fue coincidencia, como sostendrá el autor unos años después en su obra “La galaxia Guttemberg”, que el primer libro impreso haya sido la Biblia, lo que benefició al “libre examen” del texto sagrado, propuesto por Lutero. 

2. Rad Bradbury: “Farenheit 451” (1953).

Se trata de otra novela distópica, desarrollada en una supuesta sociedad futurista estadunidense. Su autor se adelanta menos de una década a McLuhan, en su denuncia sobre los efectos en la conciencia de las tecnologías audiovisuales. Aquella sociedad ha desarrollado cierto material incombustible para la construcción, con lo que ya no había riesgo de incendios. Los bomberos, por tanto, quedaron desempleados, y ahora se encargaban de hacer fogatas para quemar los libros existentes, ya que todos estaban prohibidos. El título de la novela hace referencia a la temperatura en la que arde el papel, medida en grados Farenheit (232.8°C).  

El protagonista principal, Montag, es un bombero que cumplía ciegamente con su deber. Vivía con su esposa Mildred, mujer enajenada, que pasaba todo el día ante una gran pantalla de TV al tamaño de toda una pared de la sala, y que ella deseaba conseguir tres pantallas semejantes para las otras paredes (el locutor, con una cuota extra, podía mover los labios y dirigirse por su nombre a cada espectador).  En cierta ocasión, cuando en la estación de bomberos sonó la alarma, indicando la localización de una biblioteca privada, quedó impactado al notar que sobre la pila misma en que ardían los libros, su anciana propietaria se autoinmoló con ellos. Por curiosidad, furtivamente, sustrajo un libro de la pila, que escondió y leyó, lo cual le produjo extraños sentimientos. Su nueva vecina, Clarisse, le cuestionaba si realmente era feliz; pero un día, desapareció sin que nadie supiera de ella. De este modo, se fue despertando en él la conciencia crítica. Se propuso leer más libros, preguntándose por las razones de su prohibición, con lo que se arriesgaba a ser descubierto. En otra ocasión, en que nuevamente sonó la alarma en el cuartel, quedó aterrado al ver que, adonde iban, era a su propia casa. Su jefe le dijo que su esposa Mildred, era quien lo había delatado. Enfurecido, quemó a su jefe con su lanzallamas. El cuartel de bomberos tenía un sabueso-robot, que podía programarse con las sustancias del ADN de alguna persona sospechosa, a la que perseguía implacablemente, hasta que, con su cola de alacrán, le inyectaba a su víctima una sustancia letal. Soltaron al sabueso que lo persiguió obsesivamente. Un conocido suyo –un profesor que le había hablado acerca de los libros–, le había informado de cierto lugar, a la otra orilla de un río, en donde mucha gente desaparecida se ocultaba. Se dirigió hacia allá, seguido del infatigable sabueso-robot, y cuando estaba ya a punto de darle alcance, lo quemó con su lanzallamas, cruzó el río y se encontró con una comunidad de resistencia, que había adoptado una estrategia para preservar el patrimonio cultural literario: convertirse cada uno en un libro viviente diferente, que aprendían de memoria y podían recitarlo a otros. Finalmente, la ciudad fue bombardeada, salvándose únicamente los nuevos intelectuales. La novela es una denuncia de la sempiterna censura de la que siempre han sido víctimas los escritores que se han opuesto al pensamiento único dominante. «No hace falta quemar libros –termina Radbury– si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe».

3. George Orwell: “1984” (1948).

Esta novela distópica tuvo también mucha repercusión. Escrita por Orwell en 1948, estando ya enfermo de tuberculosis, imaginaba como futurible la ciudad de Londres de 1984 (intercambiando dos dígitos de la fecha de publicación- 1948). Para entonces, en el mundo habría tres regiones, en guerra continua, disputándose la hegemonía: (1) Oceanía (“Ingsoc”, “English Socialism”), que comprendía Estados Unidos, Australia, Nueva Zelandia y toda América. (2) Eurasia: La Unión Soviética y la mayor parte de Europa. (3) Asia Oriental; China, Japón, Corea. Estas tres potencias habían acordado guerra continua, formando alianzas de 2 vs 1, y disputándose el resto del territorio mundial. Estas alianzas duraban poco tiempo, pues el enemigo de repente podía cambiar, y la gente, enajenada, asimilaba de inmediato la nueva situación (por ejemplo, en medio de un discurso, el líder recibe un mensaje y a mitad de la frase, cambia el nombre de la potencia enemiga –“Desde siempre, Oceanía ha estado en guerra contra Eurasia”-… mientras los trabajadores cambiaban los carteles publicitarios… y la gente ni cuenta se dio. 

La región de Oceanía tiene un Partido Único, y dentro de él, existen tres clases sociales: el “Círculo Íntimo”, que era el grupo dirigente; el “Círculo Externo”: la burocracia necesaria para los controles, mantenida al borde de la subsistencia, muy enajenada y fanatizada; y la tercera clase, la “Prole”, pauperizada e incapaz de pensar –y por tanto, incapaz de rebelarse–, lo que hace que la dejen en libertad, pues se conformen con recibir entretenimientos.  

La sociedad tenía cuatro ministerios, cuyos nombres, en realidad, significaban lo contrario de lo que supuestamente protegían. Según la neolengua, se suprimieron las palabras peligrosas, pues quitando los nombres, se invisibilizan las realidades:  

  • El Ministerio del Amor: encargado de torturar a los disidentes (se les investiga sobre qué es lo que más teme cada ciudadano y con ello se les atormenta). También fomenta el amor incondicional y fanatizado por el Hermano Mayor (Big Brother), ubicuo, todopoderoso, que sabe y controla todo (y que probablemente sea sólo un ente propagandístico). Su vigilancia la hace mediante televisiones de circuito cerrado, que no se pueden apagar y que pueden también transmitir mensajes (se le puede, únicamente, bajar el volumen).  
  • El Ministerio de la Paz es el encargado de mantener un estado de guerra continuo entre las tres potencias, aliándose a una de las otras dos, y administrar un fuerte gasto en armamentismo. Al trasladar el miedo hacia el enemigo exterior, la ciudadanía ya no se levanta contra el Estado y es así como vive en paz, sin conflicto interno: “Hacer la guerra para tener paz”.  
  • El Ministerio de la Verdad es el encargado de falsificar o desaparecer cualquier registro histórico (para la hemeroteca, se publican ejemplares únicos para falsificar cualquier pasado que no concuerde con la versión oficial y rastrea cualquier huella de una persona problemática, borrándola de la existencia misma (nunca existió).  
  • El Ministerio de la Abundancia se encarga de mantener al borde de la subsistencia a las clases inferiores, mediante una racionalización planificada de los alimentos.  

El personaje principal de la novela es Winston Smith, quien trabaja en el Ministerio de la Verdad, manipulando los periódicos del pasado, y cobra conciencia de lo que está haciendo, y de allí pasa a conocer que todo lo que hace el Partido Único es pura falsedad. En su anhelo por conocer la verdad, encuentra a una mujer, Julia, también desengañada de toda la patraña de esa política. Ambos protagonizan la resistencia contra el Sistema. En sus investigaciones sabe de la existencia de un movimiento de oposición, la Hermandad, conducida por su líder, Emmanuel Goldstein, tan ubicuo como el Big Brother, tachado de traidor, quien escribió un escrito clandestino –“El Libro”-, que Winston consigue y lo lee. De él aprende todos los mecanismos de manipulación que tiene el Partido Único; pero lo que ignora es que esto es sólo un mito propalado por el Big Brother mismo, para controlar la disidencia. Poco después de su descubrimiento, Winston es apresado por la Policía del Pensamiento, y torturado con lo que más teme, las ratas. Colocan ante su cara una jaula con una rata, con su puerta intimidante. Ante el temor, reconoce que una preposición simple -como 2+2=5- es verdadera, y no lo que pensaba. Reconoce que lo que dice el Big Brother es verdadero y que lo que él pensaba no era cierto. Entonces queda libre. Vuelve a ver a Julia; pero ya han perdido la intimidad y el amor (actitudes prohibidas por el Sistema), y se retiran fríos. Winston sólo sabe que desaparecerá de la noche a la mañana, sin dejar ninguna huella de su existencia, y ahora, su única certeza es la de su muerte.1 

Algún comentarista de esta novela afirma, como anécdota, que la práctica de falsear el pasado fue utilizada por Stalin, quien borraba el nombre de algún enemigo hasta en los libros y periódicos, y retocaba hasta las fotografías archivadas. Un ejemplo de esto es el célebre discurso de Lenin en cuya foto se borró la presencia de León Trotski. El Hermano Mayor tiene semejanza al culto a la personalidad de Stalin, y León Trotski parece encarnar a Goldstein. 

Las tres novelas predicen ciertos aspectos del distópico futuro que pronto nos puede alcanzar. 

  • Aldous Houxley predice una modalidad que ya tenemos en nuestro IPhone: nos ofrece todo lo que deseamos: (“conocemos mejor que tú lo que deseas”, nos diría GAFAT2). Este control comunicativo es más eficaz que la represión, pues nos ofrecen “desinteresadamente” la “felicidad” que deseamos.  
  • Ray Bradbury desarrolla la intuición de McLuhan, de cómo la imprenta favorece la conciencia crítica, y por tanto, hay que disuadir la lectura, cambiándola por la imagen televisiva o los “memes” de las redes sociales.  
  • George Orwell Los controles que pronostica quedan superados por la realidad actual: la vigilancia extrema a través del celular (con micrófono incluido), los supermercados, el Uber, los bancos o el Amazon, etc. Se combinan, y esa información se archivan en las macro bases de datos programadas por quienes controlan la inteligencia artificial… Este es el pavoroso futuro científicamente previsible. 

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