Mesas de trabajo

Después de terminar este conversatorio, se pasó a los cinco grupos de trabajo en lugares confortables de la Residencia, en donde se profundizaron o discutieron estas opiniones. Según las listas de las Mesas, los participantes fueron los siguientes:

MESA I.-  Mariana Gómez Álvarez Icaza CEE(, Fidelina Remírez (SSM), Víctor Ramos, Luzma Longoria, Mara Girardi, Luis Gizmán, Olga Acolzin, Elio Masferrer, Bosque DAvid Iglesias

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MESA 2.– Miguel Ortega, Rosa Aurora Espinoza, Samuel, Rolando Macías, Enrique Ortiz, Miguel Concha, Fernando Bejarano (REDAM), Pedro Moctezuma (CENTU)

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MESA 3.– Ana y Antonieta Salazar, Jaime Lainez, Olga Montes, su tía, Elizabeth Brenis, Manuel Canto, Gustavo López

mesa 3 Gustavo

MESA 4.- Miguel Álvarez Gandara, Sebastián Mier, Federico Loss, Margarita Dalton (CIESAS OAX), Pablo Marroquín, Pablo Romo, Rafael López (Tepito Arte Acá)

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MESA 5.– Alejandro Ortiz (Ibero), Lilly Ramos, Rubén Costiglia, José Núñez y su esposa Margarita Pliego, Aline Ussel (fundación Don Sergio), Juanita Dalton

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LOGÍSTICA.– Jorge Camacho, Misael, Alfonso Leuvet, Sabás Cristóbal, Willy Agato, Manuel Delgado, Yina (Miguel, Ángel, Víctor Amontes,  etc., su grupo Marabunta), Eduardo Tejedo, Mike Camacho, Valeria Erlam,  los rocanrroleros tepiteños Rafael López y Miguel. Juanita Dalton

 

Se registraron también otros  participantes: Aurelia Muñoz (Residencia Universitaria Femenina), Lupita Covarrubias, Rafael Reygadas, Virginia Alvarado (GRIAL), Marcos Garnica cmf, CArlos Garma (UAM-I), Rubén Resendiz (Senado) y su esposa Diana Acuña, Pedro Álvarez Icaza, Ana su esposa y su hijo NIcolás, Margarita García, Manuel Zubillaga Isabel Miramontes (UNAM), Isabel Miramontes (UNAM), Irma Cynthia Rodríguez Álvarez (ENAH), Lilia Fernández (UNAM) Sara San Martín (CEE), Samuel Bravo (UNAM), Dr. Fernando González (IIJ UNAM), Fernando Falcó MSpS, Aline Ussel, Fernando Sánchez (La Fama), Daniel Ponce (Conaprel), Juana Navarrete, Guadalupe Covarrubias, Pablo Romo , Elvin Flores, Carlos Quiroz, Lilia Hernández, Elbia (Grial), Pablo González, etc.

Celebración Eucarística

Pasada hora y media, mi amigo Eduardo dio la señal de terminar, ejecutando un sentido blues. Los  participantes tomaron un “brake” –café y sandwichitos, donativo de Elio-. Después de media hora, el grupo Marabunta convocó al salón con una canción de la Misa Salvadoreña, para confrontarnos con la Palabra. Como canto de meditación se declamó una poesía de Mons Pedro Casaldáldiga, durante cuya lectura se exhibieron sendas pancartas con dibujos de Maximino Cerezo Barredo (fue el momento “claretiano”). Conforme yo iba proclamando el texto evangélico de las Bienaventuranzas, los jóvenes Mike y Valeria, de una parroquia pasionista, las iban escenificando a base de mímica. Después, los coordinadores de las Mesas dieron sus breves testimonios de su trabajo y yo pronuncié un sermón sobre la crisis actual del paradigma sacerdotal. En el rito penitencial habíamos pedido perdón por nuestras omisiones, complicidades y egoísmos, y Mike, acompañado de su guitarra,  interpretó un sentido canto de perdón. Entonces vino la preparación del altar: el grupo Marabunta arregló un altar de los pueblos originarios, con copal y canto en náhuatl; mientras los seminaristas ponían el mantel y traían los objetos litúrgicos. Entonces, al ritmo de percusión de un “cajón” de Bosque David, entró danzando la procesión de jóvenes con el vino, cestos con pan ázimo y mis memorias –mi vida-  que ofrecía a Dios y a los presentes. Para la concelebración, estuve acompañado por los sacerdotes Manuel Zubillaga y Federico Loss.

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Comida

Al terminar, después de que Eduardo nos ejecutó su composición “Las Alas Rotas”, basado en la letra de Amanda Arciniega. Entonces bajamos al comedor para una taquiza, partir el pastel y hacer un brindis. Durante la comida, el grupo Marabunta ejecutó canciones de protesta; Eduardo, un blues y un grupo de Tepito nos deleitó con rock de los 60’s (tenían 60 años). La convivencia estuvo muy alegre.

Viendo el regocijo de los participantes y su entusiasta respuesta, me dió la impresión de que la generación de los mayores, más reflexiva y con mayor claridad de planteamientos, ya va de salida. Los jóvenes, quienes ciertamente están trabajando por un futuro mejor desde los valores del Evangelio, se sienten decepcionados de la Iglesia y su sentido de pertenencia se ha debilitado, con riesgo a diluirse en los movimientos sociales generales. El reencuentro de personas conocidas que caminamos juntos en los mejores años del Movimiento, el diálogo y la conciencia de los nuevos desafíos, denotaban la importancia que para todos nosotros tuvo este evento.
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