Celebración Eucarística

Pasada hora y media, mi amigo Eduardo dio la señal de terminar, ejecutando un sentido blues. Los  participantes tomaron un “brake” –café y sandwichitos, donativo de Elio-. Después de media hora, el grupo Marabunta convocó al salón con una canción de la Misa Salvadoreña, para confrontarnos con la Palabra. Como canto de meditación se declamó una poesía de Mons Pedro Casaldáldiga, durante cuya lectura se exhibieron sendas pancartas con dibujos de Maximino Cerezo Barredo (fue el momento “claretiano”). Conforme yo iba proclamando el texto evangélico de las Bienaventuranzas, los jóvenes Mike y Valeria, de una parroquia pasionista, las iban escenificando a base de mímica. Después, los coordinadores de las Mesas dieron sus breves testimonios de su trabajo y yo pronuncié un sermón sobre la crisis actual del paradigma sacerdotal. En el rito penitencial habíamos pedido perdón por nuestras omisiones, complicidades y egoísmos, y Mike, acompañado de su guitarra,  interpretó un sentido canto de perdón. Entonces vino la preparación del altar: el grupo Marabunta arregló un altar de los pueblos originarios, con copal y canto en náhuatl; mientras los seminaristas ponían el mantel y traían los objetos litúrgicos. Entonces, al ritmo de percusión de un “cajón” de Bosque David, entró danzando la procesión de jóvenes con el vino, cestos con pan ázimo y mis memorias –mi vida-  que ofrecía a Dios y a los presentes. Para la concelebración, estuve acompañado por los sacerdotes Manuel Zubillaga y Federico Loss.

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