Al terminar, después de que Eduardo nos ejecutó su composición “Las Alas Rotas”, basado en la letra de Amanda Arciniega. Entonces bajamos al comedor para una taquiza, partir el pastel y hacer un brindis. Durante la comida, el grupo Marabunta ejecutó canciones de protesta; Eduardo, un blues y un grupo de Tepito nos deleitó con rock de los 60’s (tenían 60 años). La convivencia estuvo muy alegre.
Viendo el regocijo de los participantes y su entusiasta respuesta, me dió la impresión de que la generación de los mayores, más reflexiva y con mayor claridad de planteamientos, ya va de salida. Los jóvenes, quienes ciertamente están trabajando por un futuro mejor desde los valores del Evangelio, se sienten decepcionados de la Iglesia y su sentido de pertenencia se ha debilitado, con riesgo a diluirse en los movimientos sociales generales. El reencuentro de personas conocidas que caminamos juntos en los mejores años del Movimiento, el diálogo y la conciencia de los nuevos desafíos, denotaban la importancia que para todos nosotros tuvo este evento.










